So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

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Capítulo Tres: La cena en casa de los Cullen

Bella POV.

No había pasado ni semana en el instituto de Forks y ya me había convertido en el centro de rumores y atención de todo el mundo. Al principio era algo molestoso. Pero después lo tomé todo con calma. Además, era chistoso escuchar los rumores que se creaban. Mi favorito era el que decía que los Cullen eran una gran familia de mafiosos que se estaba escondiendo en Forks y que yo era una espía que trabajaba apara ellos. Cuando –por fin- llegó el viernes, todo el mundo estaba impaciente por saber qué iba a hacer realmente en la casa de los Cullen.

-Ya les dije.-repetí por trigésima vez en el día.- Voy a cenar en la casa de los Cullen. Nada más.

-¿Segura?-me preguntó Eric.

-Muy segura. Ni siquiera los conozco muy bien. ¿Por qué no me creen?

-Porque Alice Cullen te está llamando con la mano.-me dijo Tyler.

Volteé a ver. Alice Cullen me estaba haciendo señas para que me sentara con ella en su mesa…junto a todos sus hermanos…incluyendo a Edward. Rayos, ¿Qué hago?

-Eh…no lo creo, chicos.-dije volteando a ver a mis amigos.- Debe estar llamando a alguien más.

-¡Bella Swan!-gritó Alice.

¿Les ha pasado alguna vez que todo el mundo se queda en silencio, deja de hacer lo que estaba haciendo para mirarte fijamente? Bueno, eso me pasó a mí en ese momento. Sentí como todas las miradas se posaban en mí. Comencé a ponerme nerviosa. No me gustaba llamar tanto la atención. Prefería pasar desapercibida. Pero con todas las miradas estaban fijas en mí, mientras que Alice Cullen se paraba de su asiento y caminaba hacia mí, no era fácil pasar desapercibida. ¿Qué había hecho para merecerme toda esta atención?

-¿No me escuchaste?

-Eh…

-Bueno, da lo mismo. ¿Quieres ir a almorzar con nosotros?

-Es que estoy almorzando con los chicos.-apunté a mis amigos.

-Oh, Bella, no te preocupes por nosotros.-dijo Angela.- ¿Verdad chicos que Bella puede ir a almorzar con los Cullen si así lo desea?

Respondieron con un par de gruñidos y débiles murmullos. Alice sonrió al interpretar todos esos ruidos incoherentes como un "sí".

-Entonces, ¿vamos Bella?

-¿Tus hermanos están de acuerdo con eso?

-No te preocupes por esa nimiedad.

Alice agarró mi bandeja y esperó a que me parara. Suspiré e hice lo que ella estaba esperando sin alegar. Caminé un par de pasos detrás de ella. Todas las miradas me siguieron. Sí que me sentía incómoda. Alice dejó la bandeja sobre la mesa y yo me senté en silencio. Todos volvieron a hacer lo que estaban haciendo.

-Ella es Bella Swan.

-Hola.-dije tímidamente.

Edward se paró y se marchó en silencio, dejándome algo sorprendida. ¿Por qué se comportaba así conmigo?

-¿Por qué se comporta así?-preguntó Emmett.

-Déjalo, Emmett.-Alice puso los ojos en blanco.- Edward es algo antisocial, Bella. No es tu culpa.

-Oh…ok.

-Por cierto. Este es Emmett Cullen. Creo que no se conocían.

Emmett sonrió burlonamente y me extendió su mano para que se la estrechara. Y –obviamente- lo hice. Al parecer, no había comentado nada sobre el otro día. Su sonrisa cambió y pude darme cuenta que se le formaban hoyuelos cuando sonreía. Le sonreí de vuelta y Rosalie –quien estaba sentada frente a mí- me miró con odio.

-Y este es Jasper Hale.-dijo Alice.

Jasper no me extendió su mano para estrechársela, sino que me hizo un gesto con la cabeza. El cual interpreté como "un gusto en conocerte".

-Y la amargada es Rosalie Hale. La hermana de Jasper.

-Mucho gusto.-dije.

Ella frunció el ceño y se marchó. ¿Había dicho algo malo para que se molestara de esa manera?

-No te preocupes, ya se le pasará.-me tranquilizó Emmett.- La conozco muy bien. En un rato más estará muy amable…y feliz.-rió entre dientes.

-No le des esos detalles, Emmett.-dijo Alice entre dientes.

-No he dicho nada malo, ¿verdad, Bella?

-Eh, eso creo.-dije.

No tenía ni idea de lo que estaba hablando. Jasper estaba con la mirada fija en mí. Como si estuviera en una especie de trance o algo parecido. Alice le dio unos golpecitos en el brazo y él sacudió la cabeza.

-¿No piensas comer, Bella?-me preguntó Alice.

-A decir verdad, no tengo mucha hambre.

-¿Por qué?-me preguntó Emmett.

Mis mejillas se tiñeron de rosa y bajé la mirada.

-Es que…bueno…-balbuceé.

Me estaba poniendo nerviosa, lo que provocaba que no pudiera ordenar mis pensamientos. Las palabras querían salir de mi boca sin ningún sentido lógico. No sabía que iba a hacer, hasta que –de repente- me sentí calmada. Sentí como las palabras y los pensamientos se ordenaban. Y todo volvía a tener sentido de nuevo.

-¿Qué pasa?-me preguntó Alice.

-Todo el mundo me está mirando.-susurré.

-¿Y eso que tiene que ver?-preguntó Emmett divertido.- A nosotros nos miran todo el rato.

-No es lo mismo, Emmett.-le replicó Alice.- La pobre Bella se ha visto envuelta en una gran cantidad de rumores por nuestra culpa.

-Lo sé- Emmett rió entre dientes.- Mi favorito es el de la mafia. ¿A quién se le ocurrirán estas cosas?

-A una persona sin vida social, que pasa todo el día viendo Gossip Girl y que tiene mucha imaginación.

Esa fue la primera vez que escuché a Jasper hablar. Me sorprendió mucho que lo hiciese. Alice y Emmett comenzaron a reír a carcajadas con el comentario de Jasper. A decir verdad, su comentario había sido muy ingenioso. Jasper no volvió a hablar durante todo el almuerzo. Debía admitir que lo había pasado muy bien junto a Emmett y a Alice. Los dos eran muy amables conmigo. Y se notaba que les importaba lo que les decía. Después del almuerzo tenía biología. Y eso significaba ver a Edward, de nuevo. Me senté en el asiento que se había hecho mi asiento regular en clases de biología. Edward ya estaba allí. Me senté en silencio con todas las intenciones de omitirlo, de fingir por un momento que él no existía. Pero el destino me tenía preparada otra cosa.

-Lamento haberme ido del almuerzo. Pero tenía…-dudó un momento.- Cosas que hacer. Espero que no lo tomes como un gesto en contra tuya.

¿Me estaba hablando a mí? Esto no lo podía creer. Yo que quería fingir que no existía y él me estaba hablando. ¡Esto era increíble! Miré a mí alrededor para cerciorarme de que me estaba hablando a mí. Cuando me di cuenta de que –en realidad- me estaba hablando a mí, comencé a balbucear. Una suave sonrisa se formó en sus labios.

-Eh…yo…

-Lo lamento. Mi intención no fue ofenderte.

-N-n-no…-balbuceé.- No me ofendiste.

-Que bueno. Estaba preocupado de haberlo hecho.

Después de eso, no me habló más durante la clase. Sonó la campana y él fue el primero en salir del salón. ¿Por qué Edward era tan bipolar? Me pedía disculpas por comportarse maleducadamente y luego se comportaba así. Saliendo del salón, Jessica –junto a Lauren y Angela- me detuvo porque quería conversar conmigo. Me tuvo una hora conversando sobre lo maravilloso que era Edward Cullen y cada parte de su cuerpo. Yo asentía de vez en cuando. Lo que –obviamente- le molestaba, ya que ella lo único que estaba tratando de lograr con esta conversación era sacarme información de Edward. Pero no lo logró. Me estaba contando lo asombroso que era el cabello de Edward, cuando la interrumpí.

-Lo siento Jessica pero debo irme.

-Pero, ¿Por qué?-me preguntó algo molesta.

-Porque tengo que prepararme para la cena en la casa de los Cullen. No te habrás olvidado, ¿cierto?-dije con ironía.- Le mandaré tus saludos a Edward.

Ella se quedó boquiabierta con la respuesta que le había dado. Me di media vuelta y comencé a caminar hacia mi auto. ¿De dónde había salido esa respuesta? Busqué las llaves de mi auto y me marché enseguida. No tenía ganas de ir donde los Cullen, aún así sentía cierta curiosidad por saber donde vivían. Llegué a casa y me sorprendí al ver que Charlie ya estaba en casa. Miré el reloj y me sorprendí aún más. Eran las seis y media. Charlie salió de la casa.

-¡Apúrate, Bella! No quiero llegar atrasado.

-Ya voy, papá.-dije a regañadientes.

Entré a la casa y subí corriendo las escaleras. Agarré lo primero que vi en mi closet y me lo puse. Cuando me miré al espejo fruncí el ceño. ¿Cuándo me había comprado esto? Llevaba puesto un jeans azul –que parecía nuevo-, una polera de tirantes rosada y un chaleco blanco. Esto no era mío, ¿o sí? No podría ser de nadie más, ya que yo era la única mujer en la casa. Me volví a mirar al espejo. ¿Cómo podía ser tan distraída?

-¡Vamos Bella!-me gritó Charlie desde abajo.

-¡Voy!

Me tomé el cabello en una cola y bajé las escaleras. Charlie me extendió su mano.

-¿Qué pasa?

-Voy a necesitar las llaves de tu monovolumen.

-¿Por qué?

-¿Prefieres ir en patrulla?

Le pasé las llaves de mi monovolumen sin discutirle. Cualquier cosa era mejor que viajar en su patrulla. Me subí al asiento del copiloto y Charlie encendió el auto. Salimos de casa y no hablamos hasta que entramos al camino que llevaba a la casa de los Cullen.

-¿Estás seguro que es por acá?-pregunté extrañada.

-Muy seguro. El doctor Carlisle pasó hoy por la comisaría y me dio las instrucciones de cómo llegar.

-Al parecer, a los Cullen no les gustan las visitas.-comenté.

Charlie rió. Él sabía que yo tenía razón. De pronto, pudimos apreciar la enorme casa de los Cullen. Estaba toda iluminada, lo que hacía que se viera aún más enorme. Charlie se estacionó al lado del Volvo de los hermanos Cullen. Pero ese no era el único auto. También había un convertible BMW rojo, un jeep Wrangler y un Mercedes negro. Mi pobre auto se veía desahuciado junto a esos ostentosos autos. Nos bajamos del Monovolumen y caminamos hasta la puerta de la casa. Antes de tocar la puerta, Charlie me sonrió.

-Me gustó que te hayas comprado ropa nueva para esta ocasión, Bella.

Tocó el timbre y yo me quedé pensando en lo que me había dicho. No había sido la única que se había dado cuenta de que esta ropa era nueva. Algo extraño estaba pasando. Antes de que le pudiera decir algo a Charlie, Esme nos abrió la puerta.

-¡Jefe Swan, Bella!-nos saludó.- Es un gusto que hayan podido venir.

-Muchas gracias por invitarnos, señora Cullen.

-Es Esme, jefe Swan.

-Entonces usted me puede decir Charlie.

Esme rió dulcemente. Nos hizo pasar a su casa y la seguimos hasta la sala. Desde la puerta se podía escuchar como alguien tocaba una hermosa melodía en piano. Entramos a la sala y pude ver a Edward Cullen sentado sobre un taburete tocando el piano con una mano. Esme se acercó a él y puso su mano sobre su hombro. Edward dejó de tocar enseguida. Se paró y fue ahí cuando lo vi. Él estaba tocando el piano con una mano, ya que en la otra tenía a Elizabeth. La bebita estaba completamente dormida.

-Bienvenidos.-susurró Edward.

Charlie le estrechó la mano y yo también.

-Iré a dejar a Elizabeth a su cuna, Esme. Vuelvo enseguida.

Edward se marchó de la sala. En ese momento entró el doctor Cullen a la sala. Nos saludó amablemente y Esme nos hizo sentarnos. Charlie conversaba con el doctor Cullen sobre algunos sucesos que había pasado en Forks. En ese momento entraron a la sala Alice, Jasper, Rosalie y Emmett. Los cuatro nos saludaron y se sentaron junto a Esme.

-¿Cómo ha ido la escuela, Bella?-me preguntó Esme.

-Bien.-dije.

-Los chicos me contaron sobre los rumores.-Esme negó con la cabeza- No puedo creer la imaginación que tienen los jóvenes de hoy en día.

-Bueno, es normal.-dije.- Todo el mundo me dice que soy la única persona con la cual han hablado su hijos.

-Es porque nos cambiamos de casa muy seguido por el trabajo de Carlisle.-Esme suspiró.- Mis chicos sienten que ya no es necesario formar amistades con otras personas. Y por eso me alegra que tú seas su amiga.

-Bueno, ellos han sido muy amables conmigo.

Edward entró a la sala y se sentó junto a sus hermanos. El doctor Cullen y Charlie estaban muy ensimismados con su conversación, así que ninguno de los dos notaba si nosotros estábamos hablando o no.

-¿Elizabeth está durmiendo?-le preguntó Esme a Edward.

-Sueño profundo.

-Que bueno. Rose, ¿está Jack durmiendo?

-Así es, Esme. Lo metí a la cama y enseguida se quedó dormido.

-Muy bien. ¿Alice?

-Henry estaba muy cansado después de estar jugando todo el día con Jasper.-Alice le sonrió a Jasper.- Le di un baño, puso la cabeza sobre la almohada y se quedó dormido.

-Perfecto.-dijo Esme.

-¿Cómo están los bebés, Esme?-le preguntó Charlie.

-Son un encanto, Charlie. Entre todos los cuidamos y les damos todo nuestro amor. Me encanta tener bebés en casa. Sus risas nos dan alegría.

-Que bueno.

-¿Cómo va la investigación?-le preguntó el doctor Cullen.

-Mal. No ha habido ningún avance. No se han reportado ni una desaparición de niños.

-Pobres chicos.-dijo Esme.- Me rompe el corazón cuando Jack nos pregunta por su mamá.

-Hablando de los niños, necesito saber sus edades y nombres. Quizás así aparece algo.

-Obvio que sí, Charlie.-dijo Esme.- ¿Te doy los datos ahora?

-Si fueras muy amable.

Charlie sacó un lápiz y un papel.

-Muy bien. Jack tiene tres años. Henry tiene uno y medio. Y la pequeña Elizabeth tiene seis meses.

-¿Cómo lo saben?-pregunté.

-Jack nos dijo.-me respondió Edward.

Me quedé mirándolo. Sus ojos me cautivaron de nuevo. No podía despegarme de ellos. Luché contra la fuerza que me mantenía pegada a sus ojos. Y gané. Volteé y mis mejillas se pusieron rojas. Sentí como comenzaban a arder. ¿Por qué me pasaba esto ahora? Volví a la realidad y puse atención a lo que estaban hablando. Charlie y Carlisle estaban parados, mirándome fijamente.

-¿Segura que está bien, Charlie?-le preguntó Carlisle.

-Sí. Lo que pasa es que Bella ha estado algo extraña últimamente.

-¿Por qué?

-No lo sé. Hace un par de días llegué a la casa y me la encontré en la sala con un chuchillo en su mano.

-Eso fue porque escuché un ruido en la sala y me asusté.-interrumpí.

Todos me miraron. Lo que hizo que me sintiera incómoda –de nuevo.

-¿Un ruido?-me preguntó Esme.

-Así es. Es que últimamente he estado algo paranoica.

-¿Por qué?-me preguntó Alice.

-No lo sé. He visto sombras, he escuchado ruidos y voces.-dije esto último mirando de reojo a Edward.

-¿Por qué no me dijiste nada?-me preguntó Charlie.

-Porque pensé que no era importante.

-Bueno, si Bella piensa que no es importante, no lo es.-dijo Carlisle.- ¿Vienes Charlie?

-Voy.

Carlisle y Charlie salieron de la sala, dejándome sola con todos los Cullen.

-Bella.-me dijo Esme.

-¿Ah?

-Dijiste que has visto sombras, ¿a qué te refieres con eso?

-No es nada importante. No se preocupe.-dije tratando de cambiar el tema.

-Sí me preocupo, Bella. Por favor, cuéntame.

-Está bien.-suspiré.- Hubo un día que me acerqué a mi ventana y vi a una persona –más bien a la sombra de una persona- apoyada contra el tronco de un árbol. Y como que -cuando me vio- desapareció rápidamente.

-¿Una sombra?-me preguntó Esme.

-Sí, lo sé. Es algo estúpido. Pero estoy segura de haberlo visto. Además, he escuchado pasos en mi habitación.

Esme se quedó en silencio. De repente, todos se pusieron a mirar a Edward. Él arqueó una ceja y negó con la cabeza.

-¿Estás seguro?-preguntó Esme.

-Muy seguro Esme.

-No le creo.-dijo Alice.

-Yo tampoco.-Emmett rió entre dientes.

-¿Qué pasa?-pregunté.

-Nada importante, Bella. No tienes nada de qué preocuparte.-me tranquilizó Esme.

-Oh, ok…-dije.

Por algún motivo no me convencían las palabras de Esme. Había algo raro, lo podía presentir. Ellos sabían algo que yo no sabía. Y eso me molestaba. No es que lo quisiera saber todo siempre, pero esta vez era algo relacionado conmigo. Nos sentamos a la mesa y Esme sirvió espagueti con salsa Alfredo. Charlie, Carlisle y Esme estaban teniendo su propia conversación, mientras que nosotros –los Cullen y yo- estábamos en silencio. Mientras comía, pude notar que los Cullen a penas tocaban la comida. Lo que era muy extraño, ya que la comida estaba deliciosa.

-¿Bella?-me preguntó Alice.

-¿Ah?

-¿Qué piensas de nosotros?

-¿Ah?-pregunté desconcertada.

Su pregunta me desconcertó. ¿Tanto se notaba que los encontraba extraños?

-¿Te caemos mal?

-Para nada.-les aseguré.

-Entonces, ¿Por qué no te quisiste sentar con nosotros el otro día?

-Eh…yo…

Me sentía incómoda hablando de este tema. Los hermanos Cullen habían dejado sus respectivos tenedores de lado y me miraban en espera de mi respuesta.

-Es que…cuando estoy con ustedes, todo el mundo me mira y habla a mis espaldas.-dije cohibida.

-¿Es sólo por eso?-me preguntó Emmett.

No, también es porque tu hermano y tu hermana me miran feo. Pensé, pero dije:

-Sí.

-No me convences del todo.-me dijo Jasper.

-Hmmm. ¿Qué quieren que les diga?-me encogí de hombros.

-Déjame adivinar.-Alice me sonrió.- ¿Edward y Rosalie te ponen nerviosa?

-¿Qué?- ¿Cómo lo sabía? ¿Era tan obvio?- Eh…yo…

-Lo sabía.-dijo Alice.- Ustedes dos deben ser más amables con Bella. Después de todo, ella es una amiga de la familia.

-Cómo tú digas, Alice.-dijo Edward.- Lamento ponerte nerviosa, Bella. Te prometo que no me comportaré así de nuevo.

-Ugh…está bien.-dije.

Todo esto era tan incómodo. ¿Por qué Alice le había dicho eso a sus hermanos? Podía jurar que Edward estaba tratando de reprimir una carcajada, ya que apretó los labios y formó una sonrisa después de hablar. Sus labios temblaban levemente, como si –en cualquier minuto- estallaría en risas. Todos miraron a Rosalie. Ella bufó y se cruzó de brazos.

-Yo intentaré comportarme mejor cuando estés a nuestro alrededor.-puso los ojos en blanco.

-Gracias.-murmuré.

-Bueno, ahora que Rosalie se comprometió a intentarlo, puedes almorzar con nosotros todos los días.-propuso Alice.

-¿No habrá problemas con eso?-le preguntó Edward.

-El único problema que puede haber, Edward, es que tu admiradora se enfade.

-¿Admiradora?-pregunté.

-Esa chica que es amiga tuya.-me dijo Alice.- Esa tal Jessica.

Me relajé inmediatamente cuando comenzaron a hablar de Jessica. Así que Jessica era una fiel admiradora de Edward. ¡Con razón trataba de sacarme información sobre él!

-Ah, hablando de Jessica.-dije.- Te manda saludos, Edward.

Alice, Jasper, Emmett e incluso Rosalie, se pusieron a reír a carcajadas. Edward se cruzó de brazos, algo enfadado por lo que le había dicho. Me miró y yo le sonreí amablemente. Él me sonrió de vuelta.

-No me puedo enfadar contigo, Bella. Es imposible.

Curvó la comisura de los labios para formar una sonrisa torcida. Yo me quedé perpleja. Al parecer, había sido la única que había escuchado lo que me había dicho y visto aquella sonrisa. ¿Por qué me había dicho eso? Y ¿Por qué me había sonreído así? Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Y mis mejillas comenzaron a arder. Edward volvió a sonreír.

Volvimos a casa alrededor de las diez de la noche. Hice mis cosas rápido y me metí enseguida a la cama. Ese maldito Edward Cullen. Lo odiaba…lo odiaba solamente porque era completamente irresistible. Y con esa idea me quedé dormida. A la mañana siguiente me desperté con todo el sol dándome en la cara. Se me había olvidado cerrar las cortinas antes de acostarme. Me levanté y bajé a hacerme el desayuno. Charlie me estaba esperando en la cocina.

-Buenos días, papá.

-Buenos días, Bella.

Me acerqué al refrigerador y lo abrí para buscar la leche.

-Bella.

-¿Qué pasa, papá?

-¿Hoy te pondrás algo lindo como ayer?

-¿Cómo?

-Quiero saber si te vas a vestir al igual que ayer.

-No lo sé. ¿Quieres que me vista como ayer?

-No es necesario. Los Black son como de la familia.

-Como quieras.

Tomé desayuno para luego darme una ducha. Me vestí y me peiné. Luego, me dediqué a responderle los correos electrónicos a mi mamá. Se notaba que tenía mucho tiempo libre, ya que me escribía uno cada diez minutos. Se los respondí todos en uno. Alrededor del medio día, Charlie me gritó para que nos marchemos. Billy y su hijo vivían en La Push. Y Charlie se sabía muy bien el camino, lo que significaba que –de nuevo- iría sentada en el asiento del copiloto.

Cuando llegamos, Billy y su hijo salieron a saludarnos. Yo no tenía muchas ganas de hablar. La cena en la casa de los Cullen me había dejado muy pensativa. Tenía la necesidad de saber cuál era el secreto que guardaban. Durante todo el almuerzo guardé silencio. A lo más respondía con monosílabos cuando me preguntaban algo. Si había algo que había podido notar, era que Jacob –el hijo de Billy- no había despegado sus ojos de mí. Eso me hacía sentir incómoda, mucho más incómoda de lo que me hacía sentir la mirada de Edward. Hablando de Edward, ¿Qué estaría haciendo en este preciso momento?

-Recapacita, Billy.-dijo Charlie algo enfadado.

Volví a la realidad de pronto. Y la voz de Charlie había sido la culpable.

-Charlie, entiéndelo. El doctor Cullen me da mala espina.

-Eres muy supersticioso. Los Cullen son una familia muy amable. Es más, Bella y yo fuimos a cenar ayer a su casa y nos trataron increíblemente bien.

-Bueno, ese eres tú, Charlie. Yo no iré a tratarme con el doctor Cullen. Prefiero morirme a hacerlo.

-Eres tan terco.

Billy se encogió de hombros. Cambiaron de tema y se pusieron a conversar sobre la pesca. ¿Por qué Billy prefería morir antes de atenderse con Carlisle Cullen? Por lo que había escuchado, él era el mejor doctor que había trabajado en el hospital de Forks. Lo que Billy me había dicho, despertaba aún más mi curiosidad en los Cullen. Sentía que me estaba acercando a un territorio muy peligroso, pero no podía dejar de sentir, que ya no había nada que yo pudiese hacer para dar vuelta atrás. Ya estaba atrapada en el encanto de los Cullen, en especial el encanto de Edward Cullen.

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Gracias por los reviews!!

Espero que este capítulo

Les haya gustado!

Surfer Babe 69