So Wrong, It's Right
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.
Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)
Someone to Save You: 4247900 (Twilight)
You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)
º0º0º0º0º
Capítulo Nueve: Te Necesito.
Bella POV.
-Bella, ¿me estás escuchando?-me preguntó Charlie.
Sacudí la cabeza y lo miré a los ojos. No había puesto atención a nada de lo que él había dicho. Había pasado una semana desde que le había confesado a Alice que estaba enamorada de su hermano y muchas cosas habían cambiado. Edward me ignoraba, como si tuviera miedo de hablar conmigo. Los otros Cullen me miraban de reojo cuando trataba de hablar con Edward. Alice era la única que me trataba como si nada hubiese pasado.
-Lo siento.-susurré.- ¿Qué decías?
-Da lo mismo.- Charlie me miró preocupado.- ¿Ocurre algo?
-No.-mentí.
-¿Segura?
-Así es.
-Bueno.-dijo más tranquilo.- Lo que te estaba diciendo era sobre los Black.
-¿Qué pasó con ellos?
-Nos invitaron a almorzar mañana.
-Papá…no creo que sea buena idea.
-¿Por qué?
-Porque a Billy no le caen bien los Cullen y yo soy amiga de ellos.
-Eso no tiene nada que ver, Bella. A mí también me caen bien los Cullen, pero eso no significa que nunca más vaya a ver a Billy.
-Como desees.-me rendí.- Me voy a dormir, estoy cansada.
-¿Fue una semana larga?
-Muy larga.
-Ve a descansar.
-Buenas noches.-me dijo.
Subí las escaleras hasta mi habitación. Entré y cerré enseguida la puerta. Me lancé sobre mi cama. No quería ir a la casa de los Black. Sabía que Billy me iba a advertir –de nuevo- que los Cullen eran peligrosos. ¿Es que nadie entendía que no me importaba si eran monstruos mitológicos? ¿Era por eso que Edward no quería acercarse a mí? Suspiré resignada. Edward me había escuchado –o Alice le había dicho- decir que lo amaba. Lágrimas de frustración comenzaron a salir de mis ojos. No me gustaba sentirme así. Cerré los ojos y traté de dormir. Mañana sería otro día.
Una suave sacudida hizo que me despertara. Abrí los ojos lentamente, tratando de acostumbrarme a la luz y al lugar. Levanté la mirada y me encontré con Charlie. Me miraba con preocupación. ¿Me habría encontrado llorando o había dicho algo entre sueños? Me senté sobre y cama y me refregué los ojos.
-¿Qué ocurre?-le pregunté.
-Estabas teniendo una pesadilla.-dijo tímidamente.
-¿Ah, sí?
-Así es.
-¿Por eso me despertaste?
-No.-dijo.- Ya es la hora para irnos a la casa de los Black.
-Está bien.-dije.
Bostecé y comencé a estirarme para sacarme la última pizca de sueño que quedaba en mi cuerpo. Charlie comenzó a caminar hacia la puerta. Se detuvo en el umbral y volteó para mirarme.
-Gritabas su nombre.
-¿Qué?-pregunté asustada.
-Gritabas el nombre de uno de los Cullen en sueños.
-¿Edward?-susurré.
-Ese mismo. ¿Te pasa algo con él, Bella?
-Sólo somos amigos.-dije con un hilo de voz.
-Parecías bastante desesperada cuando decías su nombre.
-Yo…
-Lamento haberte puesto nerviosa.-se disculpó.
-No hay problema.
Se marchó de mi habitación. Escondí mi rostro entre mis manos. Eso había sido vergonzoso. Mi propio padre me estaba preguntando si tenía algo con Edward. Sacudí la cabeza y me paré. Traté de parecer lo más normal. No quería que Charlie pensara que había algo malo conmigo. No quería que sospechara. Me vestí y bajé alegremente las escaleras. Charlie me miró de reojo. ¿Se tragaría mi falsa alegría? Al parecer, se la había tragado. Le pasé las llaves del Monovolumen y condujo hasta La Push. Le conversé de cualquier cosa durante el trayecto y él me siguió la corriente. Billy salió a recibirnos cuando llegamos.
-¡Charlie, Bella!-dijo alegremente.- ¡Qué bueno que hayan podido venir!
-Siempre hay tiempo para estar con los amigos.-le dijo Charlie.
Charlie iba caminando delante de mí. Yo iba mirando al suelo, ya que no quería encontrarme con la mirada de Billy. De la nada, Charlie paró en seco y yo me golpeé contra él.
-¡Papá!-dije.
-¡Cielo Santo…!-dijo Charlie.
-¿Qué pasa?-pregunté.
Salí de mi escondite detrás de él y miré hacia el porche de los Black. Me quedé atónita. Jacob estaba parado al lado de su padre, pero no era el mismo Jacob que me había ido a visitar hace un par de días. Era una versión de él totalmente distinta. Se había rapado su larga cabellera, dejando solamente una fina capa de cabello. Sus facciones habían cambiado, aparentando más edad de la que tenía. Todo su cuerpo estaba diferente. Ya no era el dulce niño que había conocido. Ahora era un adulto.
-¿¡Qué le das de comer a este chico!?-preguntó Charlie.
-Se llama pubertad.-Billy rió entre dientes.- Le pasa a todos los chicos de La Push.
-Pero… ¿tan radical es el cambio?-preguntó Charlie.
-Así nos desarrollamos nosotros.-Billy se encogió de hombros.
Charlie comenzó a caminar hacia ellos, yo lo seguí por inercia. La mirada de Jacob era perturbadora. Sentí temor cuando llegué a su lado para saludarlo. Charlie le estrechó la mano y entró a la casa seguido por Billy.
-Hola Jacob.-susurré.
-Hola Bella.-me dijo tajante.
Dio media vuelta y entró a la casa. ¿Qué le había dicho? Entré después de él y cerré la puerta detrás de mí. Charlie y Billy estaba conversando de lo mejor en la cocina. Jacob estaba parado detrás de ellos, en silencio. Me acerqué a ellos, temerosa. Al parecer, ni Charlie ni Billy se daban cuenta de lo feo que me miraba Jacob. Aunque trataba de ignorar su mirada, todavía sentía como Jacob me la clavaba. El almuerzo fue incómodo. Y me sentí fatal cuando Charlie propuso que Jacob me llevara a conocer su auto.
-Por favor…-susurré.
-No te pasará nada malo.-me trató de tranquilizar.
Charlie me empujó hacia Jacob y éste aceptó de mala gana. Comenzó a caminar hacia el garaje de la casa. Yo lo seguí un par de pasos detrás de él. Entré. Estaba oscuro. Jacob prendió la luz de repente. Él estaba parado al lado de un Golf.
-Vaya, ¿es tuyo?
-Sí.-dijo tajante.
-¿Billy te lo ha comprado?
-Sí.-repitió.
-Pero no es nuevo, ¿cierto?
-Aja.
-¿No me vas a decir nada más que monosílabos?
-¿Qué quieres que haga, Bella?
-Explicarme tu comportamiento. Porque –sinceramente- no lo entiendo.
-No eres tú, son tus amigos.
-¿Mis amigos?
-Los Cullen.
-Ah, esos amigos. No me vas a decir que ahora tú también crees esas leyendas, ¿cierto?
-Puede ser.
-Increíble.-bufé.- ¡Tú mismo me dijiste que no creías en ellas porque eran estúpidas!
-Las cosas cambian.
-Eso parece.-me crucé de brazos y fruncí el ceño.
-No me mires así.
-No te estoy mirando de ninguna forma.
-Estás enfadada.
-¡Obvio que sí!
-¿Por qué? No logro comprender…
-Porque si tú crees en esa leyenda, significa que es verdad.
-¿Quién te dijo eso?
-Es tan obvio.
-Quizás no sea así.
-No me mientas. Puedo notar cuando lo haces.
-¿Ah, sí?
-Sí. Me estás mintiendo. Tú crees ahora en esa leyenda, lo que significa que viste o te contaron algo que te hizo creer en ella.
-¿Tienes alguna prueba?
-No, pero tengo una teoría.
-¿Teoría?-arqueó una ceja.
-Si crees en la leyenda, eso quiere decir que los Cullen son los fríos de la leyenda.
-¿Esa es tu teoría?
-No.
-¿Entonces…?
-Si los fríos son los Cullen, por conclusión, tú eres un hombre lobo.
El cuerpo de Jacob se tensó. Se cruzó de brazos y frunció el ceño. ¡Bingo! Jacob se había transformado en uno licántropo durante los pocos días que no lo había visto. ¿Era eso posible?
-Hueles feo.-me dijo.
-¿Qué?-pregunté desconcertada.
-Hueles feo.-repitió.
-No logro comprender…
-Hueles como huelen ellos.
-Así que tengo razón.-dije.
Nos quedamos en silencio. En ese momento, comencé a atar cabos. Todo encajaba, todo tenía un sentido coherente ahora. Y fue ahí, cuando me di cuenta de la verdad. Edward era –después de todo- un vampiro. Dios… ¿¡Estoy enamorada de un vampiro!? Pensé escandalizada. Sentí mariposas en mi estómago y sonreí. Estaba enamorada. Y eso era lo que importaba. Todo el cuento de los vampiros había pasado a segundo plano. Me sentía en las nubes. Estaba en un mundo totalmente nuevo. Un mundo en donde sólo estábamos Edward y yo. La voz de Jacob me trajo de vuelta de "Edwardland". Sacudí la cabeza y lo miré.
-No debes decirle a nadie.-me dijo con seriedad.
-¿Quién me va a creer?
-Ellos.
-Ni siquiera ellos me han contado que son vampiros.
-¿No lo han hecho?
-No.
-Aún así, no debes hablar de mí.
-No lo haré.
-Confío en ti, Bella.
-Ya te lo dije.-puse los ojos en blanco- ¿Por qué eres tan insistente?
-Porque esto es importante.
-Si quieres que guarde el secreto, lo haré.
-Eso espero.
Bufé y él rió. Por primera vez –en todo el rato que había estado en su casa- vi al antiguo Jacob. Le sonreí. Me agradaba el Jacob de antes. Aunque era algo insistente, era buena persona.
-Ahora -me dijo.-, supongo que no volverás a acercarte a los Cullen.
-¿Por qué?
-Porque sabes qué son en realidad.
-¿Y eso quiere decir que me voy a alejar de ellos?
-Sí.
-Supongo que eso significaría que tampoco puedo ser tu amiga.
-No, no es lo mismo.
-Si ellos son peligrosos, tú también lo eres. Por algo eres el enemigo mortal de los Cullen.
-Yo no soy peligroso para ti.
-¿No?-pregunté.
-No, porque yo no quiero alimentarme de tu sangre.
-¿No crees que si quisieran hacerlo, ya lo hubiesen hecho?
-Yo…
-Ya lo hubiesen intentado.-afirmé.- He estado un millón de veces en su casa y no han hecho nada más que protegerme.
-¿Protegerte?
Sonreí tímidamente y me encogí de hombros. Él arqueó una ceja. No iba a contarle lo que había pasado y no cedería. Cambiamos de tema. Al final de la tarde, Charlie me fue a buscar para que nos marcháramos. Íbamos camino a casa, cuando Charlie decidió romper el hielo.
-¿Cómo lo pasaste?
-Bien.-dije tratando de que sonara muy casual.
-Que bueno. Dime una cosa, Bella.
-¿Qué?
-¿No te gustaría ir más seguido a la casa de los Black?
-¿Por qué me lo dices, papá?
-No lo sé.-se encogió de hombros.- Es que pasas tanto tiempo en la casa de los Cullen…
-Los ayudo a cuidar a los bebés y ellos me ayudan con mis deberes.-dije a la defensiva.
-Ah, los bebés.-dijo.
-Sí.-dije.
-Pero si no estuviesen los bebés, ¿irías más seguido?
-No lo sé, papá.-puse los ojos en blanco.
Se estacionó al lado de su patrulla y yo salí rápidamente del auto. Justo en ese momento, sonó el teléfono. Corrí a contestarlo.
-Casa de los Swan.
-¿Bella?-era la voz de Alice.
-Hola, Alice. ¿Todo bien?
-Sí, sí, sí. Quería cerciorarme de que estuvieras en casa.
-Acabo de llegar de La Push.
-Ah, eso lo explica.
-¿Qué?
-He estado llamando durante toda la tarde.
-Oh, lo siento. Pero Charlie y yo fuimos a comer a la casa de los Black.
-Oh.- Alice guardó silencio por un par de segundos.- Bueno, no te molesto más.
-¿Para eso me llamabas?
-Así es. Nos vemos el lunes.
-Adiós, Alice.
Ella colgó primero. Dejé el teléfono en su lugar y volteé para encontrarme con Charlie. Él tenía una ceja arqueada y me miraba fijamente.
-Era Alice Cullen.
-¿Qué deseaba?
-Saber si estaba en casa.
-¿Por qué?
-No lo sé.
Antes de que pudiera preguntarme algo más, subí a mi habitación. Estaba cansada y quería dormir. Charlie no se opuso. La tarde del domingo pasó lentamente. Como no tenía nada que hacer, me pasé toda la tarde fantaseando con Edward. Ahora que sabía que era verdad lo de la leyenda quileute, ¿Qué debía hacer? ¿Debía alejarme o seguir adelante? Suspiré. Todo era tan complicado. No sabía qué hacer. Y el hecho de que estuviese enamorada de Edward, complicaba aún más todo.
Por suerte llegó rápidamente el día lunes. Tenía muchas ganas de ver a los Cullen, porque sabía que así, tomaría una decisión. Edward y Alice me estaban esperando a la entrada del instituto. Al parecer, estaban discutiendo sobre algo importante porque cuando llegué a su lado, los dos guardaron silencio inmediatamente. Me miraron de arriba abajo, como si hubiese algo extraño en mí. Me miré yo también. Pero no encontré nada fuera de lo común.
-¡Bella!-me dijo Alice.- ¿Vamos?
-¿Pasa algo?-pregunté.
-Nada, ¿Por qué?-me preguntó ella.
-Porque me miraron extraño.
-Oh, eso…
-Sí, eso.
-Bueno, es que hueles extraño.
-¿Extraño?
-Así es.-dijo ella- Debes haber cambiado de perfume. ¿Vamos a clases?
Asentí. ¿Olía extraño? Traté de olerme sin que ellos se diesen cuenta. Olía como siempre. Y no había cambiado de perfume. Algo extraño estaba pasando. Alice nos dejó –a Edward y a mí- en la entrada del salón y se marchó. Los dos entramos y nos sentamos en nuestros respectivos asientos. Esta vez. Edward se sentó un poco más alejado de mí. Iba a pedirle explicaciones, cuando el profesor entró. Éste comenzó con su clase y yo traté de concentrarme en lo que él decía. Pero no podía. Seguía pensando en el porqué de "extraño olor". Hasta que recordé la conversación que había tenido con Jacob el sábado. Si para Jacob huelo a vampiro, para ellos debo oler a licántropo. Miré a Edward de reojo. Él estaba con la mirada fija en su cuaderno. No tomaba nota, pero no apartaba su mirada de allí.
-Lamento el olor.-le susurré.
-No es tan malo como Alice te hizo pensar.-sonrió sin mirarme.
¡Mírame! Grité en mi mente. Edward ni siquiera levantó la mirada de su cuaderno. Así que opté por otra cosa.
-No me importa.-le susurré.
Esta vez, Edward levantó la mirada y me miró a los ojos. Eran de color dorado, eso significaba que estaba de buen humor.
-¿Qué no te importa?
-Lo que eres.
-¿Qué?
-No me importa que seas un frío…digo, un vampiro.
El pánico inundó su mirada. No sabía cómo reaccionar. Al parecer, lo había sorprendido con mi respuesta. Con un rápido movimiento rozó sus labios con los míos, provocando que mis mejillas se tornaran rosa y que mi cara comenzara a arder.
-Profesor.-dijo Edward.
-¿Qué pasa, señor Cullen?
-Creo que Bella Swan tiene fiebre.
-¿Seguro?
-Mire su cara, señor. Está ardiendo.
El profesor se acercó a inspeccionarme. No lograba comprender que quería lograr Edward con esto. El profesor puso su mano sobre mi frente.
-¡Santo cielo!-exclamó.- ¡Señorita Swan, usted está ardiendo en fiebre!
-No…-susurré muy bajito.- No es eso…
-Señor Cullen, llévela a la enfermería.
-Como ordene.
Edward se paró de su asiento y me cargó en brazos.
-Esto no es necesario.-protesté.
-No proteste, usted está delirando.-me dijo el profesor.
Edward me sacó del salón. Estaba muy enfada. ¿Por qué estaba empedernido en hacerme pasar vergüenza pública? Me sacó del edificio y cuando debía virar a la derecha para llegar a la enfermería, no lo hizo. Él dobló a la izquierda. Supongo que pudo notar mi cara de pánico porque me dijo:
-Tranquila, te llevaré a tu casa.
-¡Pero si acabo de llegar al instituto!-protesté.
-Estás delirando.
-¡No lo estoy!
Sin darme cuenta, lágrimas comenzaron a salir de mis ojos. Edward me arrebató el bolso y sacó las llaves de mi Monovolumen. Me sentó en el asiento del copiloto y él se sentó en el asiento del conductor. Prendió el motor y me miró.
-No sabes lo que dices.
-Sí, lo sé.
-No, no lo sabes. Lo que acabas de decir está mal.
-¿Por qué?
-Porque debería importarte.
-Así que lo admites.
-No saco nada si te hago pensar lo contrario.
-¿Por qué está mal?
-Porque soy peligroso.
-Eso es mentira.
-Bella…
-Es mentira.-sollocé- Porque si fuera verdad, me hubieses dejado morir las dos veces que me salvaste.
-No…
-La primera fue cuando el otro vampiro quería comerme y la segunda fue con la furgoneta. ¡Admítelo!
-¿Qué quieres que te diga?-bufó.
-La verdad.
-Bella, yo no puedo alejarme de ti. Pero tú todavía lo puedes hacer.
-Es demasiado tarde.-protesté.
-No, no lo es.
-Sí, lo es. Yo te…
-No lo digas.-me tapó la boca con sus dedos.- Es mejor que no lo digas. Te dejaré en tu casa y conversaremos un poco.
Sacó sus dedos y condujo hasta mi casa. Cuando se estacionó, me bajé del auto dando un portazo. No tenía ganas de que me diera una cháchara sobre lo inmoralmente incorrecto que era esto. No quería que me diera excusas para alejarse de mí. Entré a mi casa y él me siguió. Subí las escaleras, me tiré sobre mi cama y escondí el rostro en la almohada. Él suspiró.
-Bella, entra en razón.
-No.-sollocé.
-Es lo mejor.
-No.
-Si no entras en razón, deberé marcharme.
-¡¡NO!!-dije desesperada.
-Bella, no es tan terrible.
-¡Sí, lo es!-me senté para mirarlo a los ojos.- ¡Te necesito!
-No, Bella…
-Sí, Edward.
Me paré frente a él. Trató de esquivar mi mirada, pero no lo logró. Traté de acortar la distancia que había en nuestros rostros y él no se opuso. Rocé mis labios con los suyos, con temor a que se enojara. Pero me sorprendió su respuesta. Él no se alejó de mí, sino que me atrajo a su cuerpo con sus manos y me movió hasta quedar apoyada contra la pared. Transformó el tímido roce de labios en un beso pasional. Edward Cullen me estaba besando de verdad. Era tal mi sorpresa, que se me olvidó respirar. Cuando él se dio cuenta de esto, se alejó de mí. Me miraba con una ceja arqueada mientras yo tratada de recuperar el aliento.
-¿Estás bien?-me preguntó.
-Eres la primera persona que logra acorralarme contra la pared y lograr que se me olvide respirar.
Él sonrió con mi comentario.
-Hay veces que se me olvida que eres humana.-confesó.
-Vas a tener que recordarlo si vas a darme más de esos besos.
-Ese fue el último.-dijo seriamente.
Me agarré de su camisa, con todas las intenciones de que no se alejara de mí. Él curvó la comisura de los labios y sonrió pícaramente.
-No me dejes.-susurré.
-¿Qué haré contigo?-suspiró resignado.
-Quédate conmigo.
-Bella, no logras ver el trasfondo del asunto.
-No me interesa. Yo te necesito, Edward.
-Y yo a ti.
-¿Entonces?
-Es que… te puedo hacer daño, Bella.
-No me lo harás. ¡Si hubieses querido, ya lo hubieses hecho!
-Pero, Bella…
-Por favor.-le rogué.
-Te hago mal.
-¡Me haces bien!
-Eres muy insistente.-me sonrió.
-Soy cabeza dura.
-Es peligroso.
-Acepto todo los efectos secundarios que vengan con el hecho de estar contigo.
-¿Por qué eres tan extraña?
-No lo sé. ¿Qué esperabas?
-Que cuando lo supieras, salieras corriendo del susto.
-No me asustas.
-¿No?
-Para nada.
-No debiste haber dicho eso.
Con un rápido –y delicado- movimiento, me tiró sobre la cama y él se colocó sobre mi cuerpo con cuidado. Me miró y me sonrió. Yo comencé a jugar con los botones de su camisa. Acurrucó su cabeza en mi cuello. No quería que él notara que me había asustado, pero el ritmo de mi corazón me delataba.
-No te haré daño.
-Lo sé.-susurré.
-Entonces, ¿Por qué tu corazón late tan desbocado?
-Porque eres el primer hombre que está así conmigo.-susurré.
Levantó su cabeza y alejó un poco su cuerpo del mío.
-No te alejes.-protesté.
-Bella, te puedo hacer daño.
-Pero…pero…
-¿Qué deseas de mí?-me preguntó.
-Todo.-le dije.- Te quiero completo, Edward. No quiero ser sólo tu amiga…
-¿Qué quieres que seamos?
-Novios.
-Eso es imposible.
-No, no lo es. ¿Por qué no me dejas estar contigo?
-Porque…
-¡No me des las mismas excusas! ¡Yo te amo, Edward! Y nada de lo que hagas, hará que cambie lo que siento.
-Eres tan extraña.
-Pero así te gusto, ¿cierto?
-Más de lo que crees.
Él sonrió y fundió sus labios con los míos en un cálido beso. Cuando nos separamos, me acurruqué contra su pecho.
-Cuéntame un poco de ustedes.-le pedí.
-¿Qué quieres saber?
-No lo sé.
-Pregúntame algo y te lo responderé.
-¿No tienen colmillos?
-No.
-¿No se derriten con el agua bendita?
-No.-rió
-¿No se mueren si los atraviesan con una estaca?
-¿Quieres hacer el intento?-preguntó divertido.
-No, porque presiento que saldré herida.
-Muy sabia decisión.
Sonrió y acortó la distancia que había entre nosotros. Volvió a besarme y yo volví a entrar en Edwardland, lugar en donde podía dormir entre las nubes y sentir un millón de mariposas revolotear en mi estómago. ¡Qué maravilloso se sentía estar allí con él!
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La próxima semana no sé si pueda subir el viernes (21). Si subo el jueves, ¿leerán igual o no? Si van a leer, lo subo el jueves, si no, esperaré hasta el viernes que le sigue al próximo (28). Así que necesito que me digan si van a leer o no.
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Surfer Babe 69
