So Wrong, It's Right
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.
Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)
Someone to Save You: 4247900 (Twilight)
You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)
º0º0º0º0º
Capítulo Once: La Cita.
Bella POV.
-Estuve hablando con Alice.-me comentó Edward.
Volteé para mirarlo a los ojos. Él estaba tirado sobre mi cama mientras yo estaba sentada frente al ordenador, respondiendo los correos electrónicos de Renée.
-¿Ah, sí?
-Sí.
-¿De qué hablaron?
-De la cita.
-¿Y?-pregunté ansiosa.
-Me dio la fecha perfecta.
Salí corriendo y me tiré sobre él.
-¡Cuando! ¡Cuando!
-¡Cálmate!-me dijo riendo.
-¡No puedo!-dije.- ¡Si no me dices, creo que voy a explotar de la emoción!
-No creo que sea para tanto.
-Yo soy mujer y tú eres hombre.
-¿Y qué tiene que ver eso?-preguntó divertido.
-Pensamos distinto, Edward.-puse los ojos en blanco.
Edward tosió para ocultar una carcajada. Quería pegarle, pero varias veces me había advertido que –nunca- debía hacer eso porque podría salir lastimada.
-¡Cuéntame!-insistí.
-Me encanta cuando te comportas como una niña pequeña.
-¡Edward!
-Ok, ok, te cuento.
-¿Cuándo será?
-Este viernes.
-¿Dónde iremos?
-A uno de mis lugares favoritos.
-¿Me lo contarás todo?
-Todo.
-¡Yupi!
-Todavía no logro comprender por qué no te asustas.
-No das miedo, Edward Cullen.
-¿No?-arqueó una ceja.
-No.
-¿No parezco un león hambriento?
-No, más bien pareces una tierna oveja.
-¿Cómo sabes tú si no soy un lobo con piel de oveja?
-Porque si fueras eso, serías como Jacob.
Inmediatamente me di cuenta del error que había hecho. Me tapé la boca con las manos. Y Edward sospechó. Arqueó una ceja y su semblante se endureció.
-¿Bella?
-No puedo.
-¿Jacob no era un chico de La Push?
-Yo…
-Bella… ¿Qué sabes de ese chico?
-No puedo contarte, Edward.
-¿Es ese chico un licántropo?
-Edward, no insistas…
-Bella, los licántropos son peligrosos.
-Pero él no lo es… hace poco que se transformó en lobisón.
-¿¡Es un licántropo joven!?-dijo horrorizado.
-Edward, Jacob no es peligroso.
-Aléjate de él, Bella.
-Pero…pero…
-Los licántropos son muy temperamentales. Pueden perder los estribos en cualquier momento y cuando lo hacen, se transforman.
-¿Qué tiene eso de malo?-pregunté con inocencia.
-Cuando están en fase son aún más temperamentales. Más aún si son jóvenes, ya que no saben cómo controlar su temperamento. Si alguna vez Jacob se llegase a transformar frente a ti, es muy probable que te mate. Sin pensarlo dos veces.
-Pero…
-Después –cuando se dé cuenta de lo que hizo- sentirá culpa. Pero el daño ya estará hecho.
-¿Temes que me haga algo?
-Le temo a cualquier cosa que ponga tu vida en riesgo.
-No puedo dejar de ver a Jacob. Con Charlie vamos casi todos los fines de semana a su casa a almorzar.
-Entonces procura nunca hacerlo enfadar.
Tomé nota mental de lo que Edward me había dicho. Él me dio vuelta, colocándose él sobre mí.
-¿Te asusté?-me preguntó.
-Un poco.-admití- Pero sé que te preocupas por mí y por eso lo haces.
-Qué bueno que lo sepas.
Rodeé su cuello con mis brazos. Él acomodó su cabeza sobre mi pecho, para escuchar a mi corazón latir. Acaricié su cabello, mientras inspiraba su dulce aroma. Él comenzó a tararear –la que se había transformado en- mi nana. Cerré los ojos y me quedé profundamente dormida. Cuando desperté, Edward estaba sentado al borde de mi cama. En sus manos tenía unos de mis libros y lo estaba leyendo. Me senté y lo abracé por atrás.
-¿Cómo dormiste?-me preguntó.
-Como un angelito.
-Que bueno.
-¿Dije mucho tu nombre?
-Define mucho.
-¿Más que ayer?
-Sí.
-¿Cuántas más?
-Unas cinco veces más.
-Dios.-murmuré.
Apoyé mi cabeza en su espalda pata esconder mi rostro. Estaba muy avergonzada.
-No te avergüences, Bella. Es algo normal.
-Igual.-dije.
-Me gusta que digas mi nombre.
-¿Ah, sí?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque eso significa que –incluso cuando sueñas- piensas en mí.
-Siempre le ves el lado positivo a todo.
-Me gusta que sueñes conmigo.
Lo abracé con fuerza. No quería dejarlo ir. No quería apartarme de él.
-Tengo una idea.-dijo.
-¿Qué?
-¿Por qué no faltamos hoy al instituto?
-¿Faltar?
-Así es.
-¿Y qué vamos a hacer todo el día?
-Podemos quedarnos acá conversando.
-Suena tentador, pero hoy tenemos prueba de biología.
-Se me había olvidado.
-Quizás tú no tengas la necesidad de pasar el instituto, pero yo sí.
-Se me olvida que esta es la primera vez que estás en el instituto.
-Hablando de eso… ¿Cuántos años tienes?
-¿Eso importa?
-A mí me importa.
Suspiró resignado.
-¿Qué haré contigo? Eres muy curiosa.
-Vas a tener que acostumbrarte porque pienso estar siempre a tu lado. Ahora dime, ¿en qué año naciste?
-1901.
-¡Vaya, que eres viejo!-dije sorprendido.
-Tengo diecisiete.-rió entre dientes.- Como diría Esme, estoy recién comenzando a vivir.
-Quizás tengas diecisiete, pero hace mucho que los tienes.
-Será mejor que te vayas a cambiar.
-No quiero.
-Te ofrecí faltar a clases, pero tú me dijiste que no querías hacerlo por la prueba.
Me separé de él y me paré de la cama. Antes de salir de mi habitación le dije:
-Ya vuelvo, no te marches.
-Tengo que cambiarme de ropa.
-Ok, nos vemos en el instituto.
Me acerqué a él y le di un fugaz beso en los labios.
-Con eso te alcanza hasta que nos veamos.-le dije.
Él sonrió y salió de mi habitación. Me vestí rápidamente y antes de salir de mi casa, sonó el teléfono. Corrí a contestarlo.
-¿Aló?
-¿Bella?
-¿Jacob?
-Así es, soy yo.
-¿Qué pasa, Jacob?
-¿Estás apurada?
-Sí, tengo que irme al instituto.
-Oh, entonces te llamo más tarde.
-Como desees.
-Nos vemos…
Le colgué el teléfono antes que se despidiera de mí. Sabía que era de mala educación, pero iba llegaría atrasada al instituto si no lo hacía. Salí corriendo de mi casa para subirme a mi auto y me detuve en seco al ver el Volvo de Edward estacionado frente a mi casa. Caminé hacia el auto y él bajó la ventana.
-Supuse que todavía no salías de casa.
-¿Qué haces acá? ¿Y tus hermanos?
-Se fueron en el auto de Rosalie. ¿Vamos?
Rodeé el auto y me subí al asiento del copiloto. Todavía no me ponía el cinturón de seguridad, cuando Edward aceleró y partió.
-¿Qué tienen los Cullen con la velocidad?
-Es que sabemos que no podemos morir, así que no hay problema.
-O sea, humano en el auto.-dije con sarcasmo.
-Sé que estás acá, Bella. Pero no te pasará nada. Tengo muy buenos reflejos.-me miró y me sonrió.
-Confío en tus instintos, pero fija tu mirada en el camino.
Llegamos sanos y a salvo al instituto. Se estacionó al lado del BMW de Rosalie, el cual estaba rodeado de gente sacándole fotos. Nos bajamos del Volvo y caminamos hacia nuestra clase.
-¿Por qué todo el mundo le estaba sacando fotos al auto de Rosalie?
-Porque es genial.-dijo Rosalie.
Volteé y la vi apoyada contra una pared. Alice, Jasper y Emmett estaban con ella. Jasper, Emmett y Rosalie me miraron arqueando una ceja. Alice me miró con una dulce sonrisa en su rostro. Al parecer, su familia ya lo sabía. Les sonreí tímidamente. Las cuatro miradas se posaron en Edward. Él asintió y negó un par de veces. Luego, comenzó a caminar. Tuve que correr para alcanzarlo.
-¿Qué pasó?
-Nada.-me dijo.
-Oh, vamos. Sé que se estaban comunicando.
-Querían hacerme saber su forma de pensar.
-¿Sobre nosotros?- él asintió.- ¿Qué piensan?
-Sus pensamientos son…diferentes.
-¿Qué piensa Alice?
-Está de acuerdo. Ella lo acepta porque sabe que sería incapaz de dañarte.
-Ok. ¿Qué piensa Jasper?
-No logra entender porqué –si tu sangre es tan atrayente para mí- insisto en tenerte cerca.
-¿Mi sangre es atrayente?
-Más de lo que me atrae cualquier otro tipo de sangre.
-Entiendo. ¿Qué piensa Emmett?
-Cree que estoy demente y que soy un poco masoquista.
-No sé porque, pero me lo esperaba. ¿Y Rosalie?
-Piensa que estoy cometiendo un gran error.
-Vaya, que diferentes opiniones.
-A ti te tiene que importar lo que yo pienso, no lo que mi familia piensa.
-Lo sé. ¿Qué piensas tú de mí?
-Que eres muy adorable.
-¿Sólo eso?
Entramos al salón y nos sentamos.
-Eres adorable y linda.
-¡Edward!
-¿No te gusta los cumplidos que te estoy dando?
Me lanzó un beso. Las clases eran muy aburridas y lo más probable es que me hubiese quedado dormida, si no tuviera a Edward a mi lado en la mayoría de estas. Su presencia evitaba que yo me aburriera. Siempre había algo en qué pensar relacionado a él. Siempre me daba pequeños indicios sobre su vida. Y yo trataba de unirlos para crear la historia completa. Pero todavía había espacios vacíos en la historia que había creado. Y esperaba que el viernes –durante nuestra cita- averiguara toda la historia.
-¿En qué piensas?- me preguntó.
-En ti.
-Pero, ¿en qué más?
-Hoy me llamó Jacob.
-¿Qué quería?-su tono de voz era serio.
-Hablar conmigo. Pero le dije que estaba apurada y le colgué.
-Bien hecho.
-No lo hice por ti, Edward.-dije molesta.
Me sonrió y negó con la cabeza. Se acercó a mí y me besó la frente. Así me daba a entender que no le importaban mis razones, la acción había sido la correcta. Pasaron los días y llegó el viernes. Jacob no había vuelto a llamarme y a mí se me había olvidado por completo que tenía algo que hablar conmigo. El viernes me desperté más alegre de lo normal. Edward se había ido antes de que yo me despertara, pero me había dejado una carta. "Hoy no iremos al instituto. Así que vístete para tu cita conmigo. Edward" ¿Qué tenía planeado para mí? Me vestí rápidamente con lo más bonito que tenía y desayuné a mil por hora. No quería que Edward llegara y me encontrara tomando desayuno. Me lavé los dientes y me miré al espejo.
-Perfecto.-dije.
Tocaron a la puerta y salí corriendo a abrirla. Edward estaba parado con una gran sonrisa en su rostro. En su mano tenía un ramo de rosas rojas.
-Para la chica más hermosa del mundo.
Me extendió las flores. Y yo las acepté. Inhalé su olor. Olían bien, pero no tan bien como Edward. Le pedí que entrara mientras yo las ponía en un florero con agua. Observó la sala en silencio.
-¿Lista?-me preguntó cuando me vio salir de la cocina.
-No te imaginas cuanto.
Salimos de la casa y me sorprendí al notar que no había venido en su Volvo, sino que había venido en el jeep Wrangler de Emmett. Me subí sin preguntarle qué tenía en mente. Me ayudó a asegurarme y partimos. Durante todo el trayecto miré hacia afuera, por si lograba reconocer el lugar. Pero no tenía idea donde estábamos. Paramos cuando el asfalto se acabó y se transformó en una senda. Miré horrorizada a mí alrededor.
-¿Dónde vamos?
-Vamos a dar una pequeña caminata.
-Edward, yo soy imán para los accidentes. Lo más probable que pase es que me caiga o me tropiece con algo.
-¿Qué propones?
-No lo sé. ¿Tú no tienes alguna solución?
-Tengo un, pero…
-¿Pero?
-No te va a gustar.
-¿Qué es?
-La forma en la que yo me muevo hacia todas partes.
-¿Es más segura?
-Más segura y rápida.
-Entonces la acepto.
-¿Segura?
-No creo que sea tan malo.
-Como tú quieras. Súbete a mi espalda.
-¿Cómo?
-No te quejes y haz lo que te digo.
Me quedé perpleja. No sabía qué quería decir con eso. ¿Subirme a su espalda? Él –en un rápido movimiento- me subió a su espalda. Yo –instintivamente- rodeé su cuelo con mis brazos y su torso con mis pernas.
-¿Estás completamente firme?
-Supongo.-vacilé.
Me agarré con más fuerza. Sabía que a Edward no lo podía ahogar, así que daba lo mismo la cantidad de fuerza que usara para sujetarme.
-Cierra los ojos.-me recomendó.
-¿Para qué?
Pero no me dio una respuesta. Comenzó a correr a través del bosque tan rápido como una bala. Vi como los árboles pasaban volando a mi lado a gran velocidad. Como una persona normal, me aterroricé al ver los árboles pasar escasos centímetros de nosotros. Me agarré con más fuerza a Edward y escondí mi rostro en su espalda. Apreté con fuerza los ojos. No quería seguir mirando. Después de un par de minutos, todo se detuvo. No quería mirar. Tenía miedo a que me hubiese equivocado.
-Puedes abrir los ojos, Bella.
-¿Todo terminó?
-Sí.
Abrí lentamente los ojos. Todo estaba quieto. Traté de bajarme, pero mis piernas no me reaccionaron.
-¿Todo bien, Bella?
-No.-dije.
-¿Necesitas un momento?
-Más de un momento.
-¿Te mareaste?
-Edward, ¿me puedes dejar en el suelo?
Con delicadeza me bajó de su espalda y me colocó sobre el suelo. Me tiré boca arriba y me tapé los ojos con mis manos. Escuché como él se sentaba a mi lado. Comenzó a hacerme cariño en el cabello.
-Ya voy a estar bien.-le dije.
-Tómate tu tiempo.
-¿Por qué estamos acá?
-Este es mi lugar favorito.
-¿Dónde estamos?-traté de mirar, pero me mareé.
-Tranquila, Bella.
Me tomó con cuidado y me acurrucó contra su cuerpo. Sus brazos rodearon mi cuerpo.
-¿Dónde estamos?-repetí.
-En un prado.
-¿Un prado? ¿Por qué estamos acá?
-Porque me gusta.
-Pero, ¿Qué tiene de especial un prado?
-Me da tranquilidad estar acá. Y me gusta cuando hay sol.
-¿Está soleado?
-Sí, acaba de salir el sol.
-¡Necesito calor!-dije.
Me soltó y me ayudó a pararme con lentitud. Para mi desgracia, tuvo que ayudarme a caminar hacia la luz. Salí del bosque y enseguida el calor del sol de pegó de lleno en la cara. Se sentía tan bien estar así. Miré a Edward. Él estaba parado justo en el linde del bosque. Miraba con cautela.
-¿Qué pasa?-le pregunté.
-¿Estás lista?
-¿Para qué?
-Para verme al sol.
-¿Qué? ¿Te vas a derretir?
-No.
-¿Entonces?
Curvó la comisura de los labios y formó la sonrisa torcida que tanto me gustaba. Dio un paso hacia la luz y yo quedé boquiabierta.
-¡Brillas!-dije emocionada, él rió.- ¿Por qué?
-Así somos.
-¿Todos brillan?
-Así es.
-¡Que genial!
-¿Te gusta?
-¡Me encanta!
-Eres tan extraña.
Me senté sobre el suelo y él se sentó a mi lado. Le pedí que me contara su historia y no dudó en contármela con lujo y detalle. Él no se acordaba mucho de su historia humana, pero Carlisle le había contado que su madre le había pedido que lo salvara porque estaba muriendo. Edward me contó sobre lo que había pasado después. Sobre su etapa de rebelde, sobre la culpa que había sentido, sobre cómo pasó a ser parte -definitiva- de la familia Cullen. También me contó –superficialmente- las historias de los demás. No quiso entrar en detalles, porque esas no eran sus historias.
-Yo quiero saber qué es lo que los hace especiales.
-Supongo que sospechas lo que yo puedo hacer.
-¿Leer la mente?
-Sí.
-¿Puedes leer la mía?
-Tú eres la única persona a la cual no puedo escuchar sus pensamientos.
-¿Yo?
-Eso te hace especial.
-¿De verdad?-pregunté sonrojada.
-Sí. Por eso me gusta tenerte cerca. Eres una caja de sorpresas.
-Qué lindo.
-¿Qué más quieres saber?
-Quiero saber qué puede hacer Alice.
-Alice tiene el don de la precognición.
-¿Y los demás?
-Jasper manipula las emociones de las personas que lo rodean.
-Vaya… interesante.
-¿Te parece interesante?
-Así es.- él rió entre dientes.- ¿Por qué son especiales? ¿Son todos especiales?
-No, sólo nosotros tres.
-¿Y los demás?
-Trajeron ciertas cualidades de sus vidas pasadas, pero no son "especiales" como nosotros tres.
-¿Qué trajeron?
-¿Qué piensas tú?
-Emmett trajo su fuerza.
-Muy bien.
-Rosalie…-pensé un momento. ¿Qué podría haber traído ella?- ¿Su hermosura?
-Cerca, pero no. Rosalie trajo su obstinación.
-Ah… ¿Y Carlisle y Esme?
-Carlisle trajo su compasión y Esme su capacidad para amar con pasión.
-Con razón tiene tanta apariencia de madre.
-¿La sientes como una?
-Siempre me hace sentir querida cuando estoy a su alrededor.
-Así es Esme. Soy muy afortunado por haberla conocido. Ella me entregó su amor desde el primer momento que me vio.
-No me esperaba otra cosa de ella.
-¿Qué más deseas saber?
-¿Qué sientes por mí?
-Eso ya lo sabes.
-Quiero escucharlo de tus labios.
Se acercó a mí y me miró a los ojos. Su mirada era intimidante. Con su mano acarició mi mejilla. Nos quedamos en silencio un par de minutos. El calor del sol hacía que sus manos heladas estuvieran un par de grados más caliente. Lo que provocaba que el tacto con su piel fuera más agradable. No me molestaba su piel helada, pero que estuviera un poco más caliente lo hacía más humano y hacía que yo me olvidara de su condición no-humana.
-Te amo.-dijo al fin.
Lo miré con incredulidad. Y él sonrió ante mi desconfianza.
-Es la verdad. Te amo Isabella Swan.
-Y yo a ti, Edward Cullen.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza y Edward rió a carcajadas. Quizás no podía leer mi mente, pero mis latidos me delataban. Y eso a él le gustaba porque sabía qué era lo que estaba sintiendo.
-¿Soy predecible?
-Un poco.
-¿Te gusta?
-Mucho.
Me acurruqué contra su cuerpo y él comenzó a hacerme cariño. No quería marcharme de aquí. Este era mi lugar feliz y no necesitaba nada más para ser feliz. Sólo necesitaba a Edward.
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Sorpresa!!! Jajajaja, tenía un momento libre así que decidí subir un capítulo. ¿Qué les parece la idea? Les anuncio que la próxima semana término mis clases y he pensado subir más seguido.
¿Les gustaría?
Yo lo haría feliz, pero eso sí, igualmente me gustaría que siguieran llenando el fic de reviews.
Después de todo, un fic sin reviews, no es un fic feliz.
¿Qué opinan? ¿Si subo más seguido, seguirían dejando un review por capítulo?
Surfer Babe 69
