So Wrong, It's Right
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.
Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)
Someone to Save You: 4247900 (Twilight)
You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)
º0º0º0º0º
Capítulo Doce: Preguntas.
Bella POV.
A Charlie casi le dio un ataque cardiaco cuando Edward le había pedido su consentimiento para ser mi novio. Él le había dado su consentimiento a Edward, pero en el preciso instante que Edward se marchó de mi casa, Charlie me tapizó de preguntas. Traté de respondérselas todas, sin dar mucho detalle. Lo último que quería hacer era contarle toda mi vida privada a Charlie. También le había mandado un correo electrónico a Renée con la simple frase "Tengo novio y es el chico más guapo de Forks." Segundos después había sonado el teléfono. Renée me había tenido hasta la una de la mañana hablando sobre Edward. Cuando se terminaron los interrogatorios, subí a mi habitación. Edward me estaba esperando.
-¿Por qué te demoraste tanto?
-Interrogatorios.-bufé.
Me tiré sobre la cama. Estaba muerta de sueño. Había sido un día lleno de emociones. Cerré los ojos y me quedé en silencio.
-¿Bella?
-¿Mmmm?
-¿Estás durmiendo?
-No.
-Ah.
Silencio. Suspiré y abrí los ojos. Edward estaba sentado al borde de mi cama.
-¿Qué pasa?
-Es que quería preguntarte algo.
-Pregunta.
-¿Te arrepientes de haber aceptado ser mi novia?
-¿Por qué me preguntas eso?
-Respóndeme.
-No. ¿Por qué?
-Cosas que se me ocurren.
-Que no se te ocurran más.
Volví a cerrar los ojos para tratar de quedarme dormida.
-¿Bella?
-Dime.
Abrí los ojos. Su rustro estaba serio y tenía la mirada fija en el suelo.
-Sabes el peligro que significa todo esto, ¿cierto?
-Le temo más a otras cosas que a estar contigo.
-¿Cómo a qué?
-Que me dejes.
-Bella…
-Edward, cállate.-dije con autoridad.
Arqueó una ceja y me miró. No estaba acostumbrado al tono que había usado. Ni yo lo estaba.
-No me interesa si eres un sanguinario vampiro que bebe de humanos para alimentarse. No me importa.-le dije enfadada.- Así que deja de preguntarme cosas estúpidas porque –pase lo que pase- voy a estar a tu lado. Te guste la idea o no.
-Eres extraña.
-No eres la primera persona que me lo dice.
-Bueno, te dejo dormir.
-Buenas noches.
-Que sueñes con los angelitos.
-Prefiero soñar contigo.
Esta vez cerré los ojos y me quedé dormida profundamente. La noticia de mi noviazgo con Edward había causado gran impacto en el instituto. Los rumores habían aumentado y todo el mundo me miraba de reojo cuando pasaba caminando por un pasillo. Los Cullen habían tomado la noticia de distintas maneras. Alice era la más feliz de todos. Ya tenía planeada una salida sólo para las mujeres de la familia Cullen. Así yo podría conocerlas mejor y viceversa. Emmett me había dicho que estaba de acuerdo con el noviazgo, pero seguía pensando que debía haber algo extraño en mí. Jasper me había dado a entender –asintiendo con la cabeza- que estaba de acuerdo. Rosalie había sido la única que me explicó su decisión.
-No tengo problemas en aceptarte. Es más, a una parte de mí le agradas.
Los Cullen tuvieron diferentes reacciones ante esa declaración por parte de Rosalie. Alice se atragantó de la nada. Jasper dejó caer la botella de agua de la cual estaba fingiendo tomar. Emmett abrió los ojos de par en par. Y Edward torció la sonrisa.
-Vaya…-dije ignorando a los demás.- Eso es muy importante para mí Rosalie. Muchas gracias.
-Tengo una condición.-dijo.
-¿Cuál?-pregunté tímidamente.
-No nos metas en problemas. Lo último que deseo es que los Vulturis se vengan a meter acá.
-¿Vulturis?-pregunté desconcertada.
-¿No le has explicado quiénes son los Vulturis?-le preguntó Rosalie a Edward.
-No. Todavía no es el momento correcto.
Rosalie puso los ojos en blanco. Ella no estaba de acuerdo con la decisión de Edward.
-Entonces, ¿aceptas la condición?-me preguntó.
-Lo intentaré, Rosalie. Aún cuando no sé quiénes son los Vulturis.
-Eso espero.-dijo.- Bella, quiero que tengas muy claro que pienso igual que Emmett. Debe haber algo extraño en ti. Esto no es normal.
-Lo sé.
-Qué bueno que lo tengas claro.
Dijo eso y –por primera vez- me sonrió. A Alice, Jasper y Emmett les dio otro ataque cuando vieron a Rosalie sonreírme. Estaban siendo muy exagerados con sus reacciones. Por lo menos me agradaba que se comportara bien conmigo. Sabía que Rosalie en el fondo –quizás muy en el fondo- era una gran persona. Y entendía su miedo. No quería que nadie le hiciera daño a su familia. Los días pasaron y Charlie me dio una noticia que él pensó que era genial y yo me aterroricé.
-¡Los Black vendrán a cenar mañana!-me anunció con entusiasmo.
-Genial…-susurré.
-¿Qué? ¿No te parece genial?
-Me parece genial, pero no creo que pueda estar.
-¿Por qué no?
-Porque Edward me invitó a su casa. Quiere que conozca a sus padres.
-Pero tú ya los conoces.
-Pero no como la novia oficial.-puse los ojos en blanco.
-Se me acaba de ocurrir algo.
-¿Qué?
-¿Por qué no invitamos también a la familia Cullen? Así tú te puedes presentar como la novia oficial y Edward se puede presentar como tu novio oficial frente a nuestros amigos, los Black.
-No lo sé.- ¿Qué debía inventarle?- Tú sabes que a los Cullen no les gustan mucho las visitas de personas extrañas.
-Nosotros los fuimos a visitar.
-Que voy a saber yo, ellos tienen un problema con eso.
-¿Segura que el problema lo tienen los Cullen?
-¿Qué insinúas?
-Que no quieres ver a los Black.
-Papá…
-¿Es porque no les gusta la familia Cullen?
-Papá…
-Bella, en nuestra casa no hay problemas con ellos. Así que los Black van a tener que soportarlo.
Iba a replicarle, cuando sonó el teléfono. Charlie se paró de la mesa y lo contestó.
-¡Ah, Edward!-dijo con alegría.- ¡Justo estábamos hablando de ti!
Charlie me guiñó un ojo y yo desee que me tragara la tierra. Él le contó a Edward sobre sus planes. Yo rezaba para que Edward le inventara alguna excusa. Sabía que si Charlie invitaba a los Black y a los Cullen, iba a haber una tercera guerra mundial y esta vez los protagonistas serían dos tipos de seres mitológicos. Charlie colgó y se sentó a la mesa.
-¿Qué pasó?-le preguntó.
-Edward agradeció la invitación, pero la rechazó porque ha venido la madre de Carlisle. Y ella te quiere conocer.
-¿La madre de Carlisle?-arqueé una ceja.
-Así es. La señora está de paso y quiso pasar a visitar a sus queridísimos nietos.
-¿Queridísimos nietos?
-Esas palabras usó.-se encogió de hombros.- Al parecer, Carlisle es hijo único.
-Ah.-dije.
-Tú deberías saber esas cosas.
-Todavía no conozco bien a la familia, papá.
-Bueno, tienes razón.
Me paré de la mesa y saqué los platos para dejarlos en el fregadero.
-Yo lavo, Bella.
-Ok. Buenas noches.
-Espera un momento, Bella.
Me detuve en seco y volteé para mirarlo. Charlie tenía el ceño fruncido.
-¿Qué tiene Edward que no tiene algún otro chico de Forks?
-¿A qué viene esa pregunta?
-¿Es su dinero? Porque Mike Newton también tiene dinero y es un chico muy esforzado.
-No papá, no es por su dinero.-puse los ojos en blanco.- Y te voy a dejar claro que Mike es sólo un amigo. Nada más.
-¿Segura?
-Muy segura.
-¿Y Jacob?
-¡Papá!-dije exasperada.
-¿Qué tiene de malo?
-¡Jacob es sólo un crío!
-Tiene un año menos que tú.
-No estoy interesada en chicos menores que yo. Me gustan los que son maduros.
-Vale, vale. Te comprendo.-suspiró resignado.
-Buenas noches.
-Que duermas bien.
Subí las escaleras y me encontré a Edward muerto de la risa dentro de mi habitación. Cerré la puerta, agarré una almohada de mi cama y lo golpeé. Sabía que –ni siquiera- lo había sentido. Pero era la intención la que contaba.
-¡No te rías!-le dije.
-¡No te enojes!
-¡Edward!
-¡Es chistoso!-dijo entre carcajadas.- ¡Mike Newton!
Me crucé de brazos y lo miré enfadada. Después de un par de segundos se detuvo.
-Lo siento, pero es tan entretenido leer los pensamientos de Charlie.
-¿En qué estaba pensado cuando me preguntó sobre Mike Newton?
-Estaba pensando en que, si te casabas con Mike, te quedarías para siempre en Forks.
-¿Piensa que me quiero ir de Forks?
-Ve esa posibilidad si estás conmigo. Él piensa que yo tengo el prototipo de chico europeo.
-¿europeo?-arqueé una ceja
-Así es.-se encogió de hombros.- Como piensa que tengo ese prototipo, teme que te aleje de él y te lleve a Europa.
-Bueno, algún día todos los hijos abandonan su casa.
-Sí, pero…
-No comencemos porque no tengo ganas de pelear contigo.
-Como desees.
-¿Qué estaba pensando cuando me preguntó sobre Jacob?-cambié de tema.
-Tiene sus dudas sobre mí. Y piensa que te llevas mejor con Jacob.
-¿Por qué piensa eso?
-Porque los estuvo espiando el otro día.
-¿Cuándo Jacob me contó sobre lo que era?-pregunté aterrorizada.
-Sí, pero sólo los miró desde la cocina. Nada más.
-Que bueno.-suspiré aliviada.
-Piensa que Jacob es mejor para ti de lo que soy yo.
-Está muy equivocado.-le dije.- No hay nadie mejor para mí que tú. Y se va a tener que acostumbrar a la idea de que tú vas a estar por mucho tiempo por acá.
-No nos podemos quedar por mucho tiempo en un mismo lugar.
-¿Es porque nunca envejecen?
-Así es.
-Pero… ¿Qué pasará conmigo cuando tú te vayas?-pregunté aterrorizada.
La sola idea de estar sin Edward –ahora que me había acostumbrado a su presencia cerca de mí- me aterrorizaba. Mi labio inferior comenzó a temblar levemente. Traté de imaginarme mi mundo sin Edward. Y resultó una imagen espeluznante. Edward se acercó a mí y me abrazó. Sus manos acariciaron mi cabello desde las raíces hasta las puntas.
-Bella, Bella…-susurró a mi oído.- Tranquilízate. No pienso dejarte.
-¿Me lo prometes?
-Obvio que sí, tontita. Quizás tú puedas vivir sin mí, pero yo ya me he acostumbrado a tu presencia. Sería un gran sacrificio apartarme de ti.
Me aferré a su ropa. No quería que me dejara nunca jamás.
-Yo no puedo vivir sin ti.-mascullé.
Se quedó el silencio y continuó abrazándome. Cuando me encontraba más tranquila, le pregunté algo que rondaba en mi cabeza.
-Así que… ¿tu abuelastra te viene a visitar?-pregunté de repente.
-Pensé que te habías quedado dormida.
-No me voy a quedar dormida hasta que me expliques cómo surgió esa mentira.-dije divertida.
-Se le ocurrió a Esme. Me dijo que Charlie no se podría negar a esa mentira. Y después se lo consulté a Alice y ella me dijo que él se la tragaría.
-Muy ingenioso por parte de Esme.
-Así es Esme.
Guardó silencio y yo me quedé dormida en sus brazos. Ya estaba acostumbrada a la temperatura de su cuerpo. Por primera vez podía decir que me gustaba el frío. Me tranquilizaba estar en sus brazos. Amanecí con poco ánimo. Hoy vendrían los Black a cenar y la idea no me agradaba. Sabía que me mirarían extraño y tendrían un millón y medio de pretextos para decirme que no me convenía estar con Edward Cullen. El día pasó rápidamente. Volví a casa después del instituto y subí rápidamente a mi habitación. Hoy también tenía la cena en la casa de los Cullen y quería verme presentable. Charlie había llegado más temprano de lo normal y se encontraba cocinando. Entré a mi habitación y miré –extrañada- un par de bolsas sobre mi cama.
-¿Charlie?-pregunté.
-¿Qué ocurre?-preguntó desde la cocina.
-¿Me has comprado ropa nueva?
-No, fue Alice.
-¿Alice?
-Se me olvidó contarte que pasó hace un rato y te dejó esas bolsas. Me dijo que ella te las había comprado porque quería que impresionaras mucho a su abuela.
-Vaya, que genial.-dije.
-También me comentó que era el color favorito de su abuela.
-¿Su color favorito?-susurré para mí.
¿Qué se traía Alice entre manos? Abrí las bolsas y descubrí un hermoso vestido strapless azul, tenía una cinta blanca sobre la cintura y era precioso. También había un par de zapatos que le hacían juego al vestido y –aparte- venía un abrigo blanco. Todo el conjunto era hermoso y muy casual. Era perfecto para la visita de la "abuelastra" de los Cullen. Me di un baño y me hice un peinado casual, pero al mismo tiempo, se veía elegante. Me coloqué la ropa y me maquillé un poco. Ya estaba aprendiendo una que otra técnica de maquillaje y peinado. Alice era una gran profesora. Miré la hora. Edward estaría a punto de llegar. Tocaron la puerta y bajé corriendo las escaleras.
-¡Yo voy papá!-grité.
Charlie se asomó al umbral de la puerta de la cocina. Abrí la puerta principal con una gran sonrisa en mi rostro, pero esta se desvaneció al ver a Jacob parado frente a mí.
-¡Wow!-exclamó.- No sabía que esto era semi-formal.
-Esto no es para ustedes.-susurré muy bajito.
-¿Ah, no?-arqueó una ceja.
-Bella hoy irá a conocer a la madre de Carlisle.-dijo Charlie.
El semblante de Jacob se endureció. Retrocedí un par de pasos. Edward me había advertido lo peligroso que era si se enojaba. Pero el incidente no llegó a mayores, ya que Billy lo interrumpió y apareció.
-Te ves hermosa, Bella.
-Gracias.-susurré.
-¡No que queden parados allí!-dijo Charlie.- ¡Entren, entren!
Me alejé de la puerta y los dejé pasar. Charlie y Billy comenzaron a conversar enseguida. Jacob se quedó parado en una esquina de la sala y me miraba de reojo. Traté de no hacer contacto visual con él, ya que me atemorizaba saber qué era lo que estaba pasando.
-Así que conocerás a la madre de Carlisle.-me dijo Billy.
-Así es.-susurré. Sabía que él sabía que era una gran mentira.- Estoy muy emocionada.
-Me imagino. Pero me parece extraño que Edward le presente una simple amiga a su abuela.
-Bella no es una simple amiga de Edward.-dijo Charlie.
Oh, oh. Pensé. Esto se va a poner feo. ¿Edward, dónde estás?
-¿Ah, no?-preguntó Jacob.
-¡No!-dijo Charlie emocionado.- ¡Bella es la novia de Edward! ¿No te lo había contado?
-No.-dijo Jacob.
Su mirada y la de su padre se clavaron en mí como cuchillas. Sabía que ni uno de los dos lograba comprender lo que estaba pasado por mi cabeza. Los dos me habían advertido que los Cullen eran peligrosos y yo lo único que hacía era involucrarme más con ellos. Ignorando por completo sus advertencias. Charlie les contó con lujo y detalle cómo Edward había tenido la valentía de pedirle su consentimiento para que seamos novios oficiales.
-¿No es algo pasado de moda?-me preguntó Jacob.
-Ahora que lo dices…-dijo Charlie.- No lo había pensado, pero tienes toda la razón. ¿Es Edward muy anticuado para sus cosas?
-No.-dije con autoridad.
No iba a dejar que los Black me arruinaran mi relación con Edward. Él era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo y no iba a renunciar a él. Charlie se marchó a la cocina para revisar como iba la cena. Me quedé en silencio y con la mirada fija en el suelo.
-Bella…-comenzó a decir Billy.
-¿Qué?-pregunté de mala gana.
-Esto es peligroso.
-Edward me dijo lo mismo.
-¿Por qué no le haces caso?
-Porque lo amo y no quiero alejarme de él jamás.
Jacob tuvo un escalofrío y Billy negó con la cabeza.
-Eres muy joven como para saber qué significa realmente el amor.
-¿Seguro?-le dije.- Creo que lo sé.
-Bella…
-Basta, Billy. Es mi vida y yo hago lo que yo quiero.
-No me dejas otra opción que hablar con Charlie.
-¿Y qué le dirás?-dije con perspicacia.- ¿Le dirás lo que es Edward en realidad? Porque si lo haces, tendrás que explicarle que tu hijo no sufrió un típico crecimiento de adolecente, sino que le pasó otra cosa.
-¡Ya basta!-dijo Jacob.
-Cálmate.-le dijo Billy.
-¡Está loca!
-¿Por qué últimamente todo el mundo me ha dicho lo mismo?-pregunté molesta.
-¡Porque lo estás!-dijo Jacob.- ¡Nadie en su sano juicio haría lo que tú estás haciendo!
-Ya basta, no quiero seguir escuchándolos. Voy a esperar a Edward afuera.
Charlie entró en ese momento a la sala. Él no había escuchado nada y no tenía idea de qué era lo que estaba pasando. Me vio salir de casa y escuché cuando le preguntaba a los Black qué era lo que estaba pasando. Vi las luces del Volvo dar vuelta a la esquina. Edward había llegado para salvarme, como todo príncipe azul lo hacía. Abrí la puerta del copiloto y le sonreí. Antes de entrar, Charlie salió de casa y me paró en seco.
-¡Bella Swan!-gritó.
Volteé y lo miré extrañada.
-¿Qué pasa, papá?-le pregunté.
-¿Por qué te marchaste sin despedirte de mí?
-Porque Edward estaba acá esperándome.
-Ah.-me dijo.- Hola Edward.
-Hola Charlie. ¿Cómo estás?
-Bien, gracias. ¿Cómo está la familia?
-Muy emocionados con la visita de nuestra abuela. Ella es la que da el veredicto final cuando se trata de nuestras relaciones.
-Debe ser una persona muy influente en sus vidas.
-Ni te imaginas cuanto.-dijo Edward divertido.
-Te deseo suerte, Bella.-me dijo Charlie.
-Gracias, papá.
Me subí al auto, cerré la puerta y Edward se puso en marcha. Los primeros minutos del trayecto los pasamos en silencio, hasta que le pregunté a Edward una duda que me rondaba en la cabeza.
-¿Por qué te demoraste tanto?
-Quería ver cómo se desarrollaban las cosas.
-¿Qué?
-Quería saber qué pensaban los Black al respecto. Sus mentes son muy interesantes.
-¿Te demoraste sólo para eso?
-Sí y también quería saber cómo te enfrentabas a eso. Al estar conmigo te estás ganando muchos enemigos.
-No me importa.-le dije.- Mientras tú no te transformes en mi enemigo.
-Cabeza dura.-rió entre dientes.
Le saqué la lengua, divertida. Edward estaba comenzando a flexibilizar con ese tema. Al parecer, se estaba haciendo la idea de que yo no era una persona fácil de convencer. Llegamos a su casa y se estacionó frente a la puerta de entrada. Iba a abrir la puerta del auto, pero él me detuvo.
-¿Pasa algo?-le pregunté.
-Me gustó como te defendiste frente a los Black.
-No me estuve defendiendo a mí.-le aclaré.
-¿Ah, no?
-Estuve defendiéndonos a nosotros.-le dije.
-¿Nosotros?
-No me importa que todo el mundo piense que estoy loca o que no sé lo que significa el amor. Yo estoy acá y soy tu novia. Y lucharé por ti hasta el final.
Me besó en los labios, pero su beso fue corto.
-¿¡Por qué!?-reclamé.
-Porque he sido muy irresponsable.
-¿¡Por qué!?-volví a reclamar.- ¡Me gusta lo irresponsable!
-Bella, tengo que ser más cuidadoso con lo de los besos.
-¿Ya no van a ser pasionales?
-Así es.
-¿Por qué?
-Es lo mejor. Tú eres muy frágil y yo debo cuidarte.
-¿Quién te dio esa estúpida idea?-le pregunté enfadada.
-Carlisle piensa que…
-¿Carlisle piensa? A mí no me importa lo que piensa él. A mí me importa lo que piensas tú.
-Yo pienso igual que él.
-¡Genial!-bufé.
-No te enfades.
-Muy tarde.
-Creo que es tarde para comentártelo, pero me gusta cómo estás vestida.
-Alice me dio esta ropa.
-Lo supuse.-rió a carcajadas.
-¿Por qué te ríes?
-Porque a Alice siempre le gusta hacer ese tipo de cosas.
-¿Qué tipo de cosas?
-Jugar con tu ropa.
-¿Jugar con mi ropa?
Ahora no entendía nada de nada. ¿Qué tenía que ver Alice con todo esto?
-Alice te regaló eso, ¿no es cierto?
-Así es.-admití.
-Pero esta no es la primera vez que lo hace.
-¿Ah, no?
-No, ella se ha metido antes a tu habitación a dejarte ropa en tu closet.
-Eso explica muchas cosas. ¿Y por qué te gusta ese conjunto?
-Porque el azul es mi color favorito.
-Alice le dijo a Charlie que…
-¿Qué?
-Que era el color favorito de tu abuela.
-Pero yo no tengo abuela, ¿cierto?
-Cierto.-admití.
-Alice siempre logra lo que desea.
-Ya veo.-sonreí.- Así que… ¿este es tu color favorito?
-Así es. ¿Cuál es el tuyo?
-Depende.
-¿De qué?
-No lo sé.-me encogí de hombros.
-Debe haber un color que sea tu favorito.
Lo miré de reojo y me fijé en el color de sus ojos.
-Dorado.-susurré.
-¿Por qué te gusta ese color?
-¿Hay alguna explicación racional para que te guste el azul? La vida no siempre tiene explicaciones racionales. Nadie puede explicar mi amor alocado y pasional por ti…así es la vida.
Edward puso los ojos en blanco ante mi cursi respuesta. Sonreí, pero no quería admitirle la verdadera razón de mi gusto por el dorado. Nos bajamos del Volvo y me tomó de la mano. Entramos a su casa riendo.
-¡Llegamos!-dijo Edward.
Enseguida aparecieron todos para recibirnos. Los Cullen siempre se encargaban de hacerme sentir en casa. Todos se pusieron a alabar mi vestido y Edward les explicó toda la historia. Alice me confesó todas las veces que ella se había metido a mi habitación a dejarme ropa. Estábamos conversando, cuando sonó el teléfono de los Cullen. Esme se levantó a contestarlo. Luego, me lo pasó.
-Es para ti, Bella. Es Charlie.
Tomé el teléfono y al otro lado del auricular escuché mucho ruido.
-¿Papá?
-¿Bella? Sí, sí, sí.-le decía a otra persona.
-¿Qué pasa?
-Es que hubo un problema.
-¿Un problema?-miré de reojo a los Cullen.
-Así es. Algunos chicos de La Push quedaron heridos después de un choque.
-¿Un choque?
-Así es. Sam Uley con sus amigos resultaron heridos. Jacob incluido.
-¿Jacob? ¿No estaba en casa?
-Se marchó después de que te fuiste. Sam lo llamó. Al parecer, era una emergencia.
-Ah, ya veo. Entonces, ¿para eso me llamabas?
-No, era para decirte que voy a ir a La Push con Billy y lo más probable es que me quede con él durante toda la noche. Así que cuando regreses, ni se te ocurra meter a Edward a la casa.
-¿Cómo se te ocurre que…?-algo dentro mío encajó de repente.- No te preocupes papá. Todo estará bien.
-¿Segura?
-Muy segura.
-Nos vemos en la mañana.
Le colgué y miré a los Cullen. Los siete me miraban preocupados.
-Al parecer, Jacob y sus amigos tuvieron un accidente.-les dije.- Aunque no creo esa sea la verdad.
-¿No?-me preguntó Carlisle.
-¿Cómo voy a creer que Jacob y todos sus amigos que son hombres lobo tuvieron un accidente de auto y se lastimaron? Creo que los hombres lobo son capaces de soportar un choque…
-Tienes razón.-dijo Edward.- Esto no es normal.
-¿Qué más te decía Charlie?-me preguntó Alice.
-Nada.-mentí.
-¿Segura?-me preguntó con incredulidad.
-Así es.-asentí con la cabeza.
Los Cullen se pusieron a conversar sobre el tema. Todos decidieron que era mejor que me llevaran a casa después de la cena. Me senté junto a todos en la mesa principal. Yo era la única que comía y sentir todas las miradas de los Cullen sobre mí era incómodo. No sé porqué encontraban tan interesante verme comer.
-Así que… ¿Cómo están los chicos?-pregunté para que dejaran de verme comer.
-Muy bien.-dijo Esme.- Son tan abrazables.
-Me imagino.-sonreí.- ¿Están durmiendo?
-Profundamente dormidos.-dijo Rosalie.
Todos se pusieron a hablar sobre los chicos. Comenzaron a reírse sobre las últimas ocurrencias de Jack y de Henry. Me comentaron todo lo que había pasado estos últimos días. Pensé en lo que se me había ocurrido hacer en mi casa sola. Sonreí con picardía. Esto sería mejor de lo que me esperaba.
-¿Lista, Bella?-me preguntó Edward.
-Sí.-dije.
Me paré y Edward me condujo hasta el auto. Lo único que deseaba era que a Edward se le olvidara esa ridícula idea de ser más cuidadoso. No me iba a rendir tan pronto.
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Surfer Babe 69
