So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Quince: Tanya.

Bella POV.

-Se van a adelantar.-nos había informado Alice el jueves.

-¿Qué?-le había preguntado yo.

-La llegada de Tanya y los demás.

-¿Cuándo llegarán?-le había preguntado Edward.

-Mañana en la mañana.

Esa conversación había rondado mi mente durante toda la noche. Por lo tanto, no había dormido nada. La mañana del viernes me levanté sin ánimo. No quería conocer a Tanya. Y no quería ni verla. Sabía que iba a ser más hermosa que yo. ¿No lo eran todos los vampiros? Me vestí y bajé las escaleras para desayunar con Charlie. Me detuve en seco cuando estaba en el umbral de la puerta.

-¿Alice?

-¡Hola Bella!-dijo emocionada.

-¿Qué haces acá?

-No seas así de mal educada, Bella.-dijo Charlie.

-Oh, lo siento.

-No te preocupes, Bella.-me tranquilizó Alice.

Me senté a su lado en la mesa de la cocina y me serví desayuno.

-¿A qué hora llegaste?-le pregunté.

-Hace diez minutos. Te vine a buscar.

-¿Hay alguna razón en particular?

-Sí, vine a traer mis cosas. Así Charlie se quedará más tranquilo.- Alice se sonrió a Charlie.

-Ya veo. ¿Viniste en el Volvo?

-¿El Volvo? ¡No!

-¿En qué viniste? ¿Le quitaste el auto a Rosalie o a Emmett?

-¿Edward no te contó?

-¿Qué?-le preguntó Charlie.

-Hice una apuesta con Edward. Y si yo ganaba, me compraría un auto.

-¿Y fue lo realmente tonto como para apostar contra ti?

-Así es.-dijo Alice sonriendo de oreja a oreja.

-¿Por qué tonto?-preguntó Charlie.

-Porque soy muy buena ganando apuestas, Charlie.-le dijo Alice.

-Ah, ya veo.

-¿Qué auto le pediste?

-Uno pequeño.-dijo Alice con modestia.

-Alice…

-Ok, ok…no es pequeño. Es…diferente.

-¿Alice?

-Me compró un Porsche 911 turbo de color amarillo.-dijo aplaudiendo emocionada.

-¿Un Porsche?-preguntó Charlie sorprendido.

-¡Así es!-dijo Alice emocionada.- ¡Ay, Bella te vas a morir cuando te subas!

-Lo presiento.-le dije.

-¿Estás lista para irnos?

-Vamos.

Había terminado mi desayuno durante la conversación, así que me paré y fui a buscar mis cosas. Pude escuchar como Charlie le pedía a Alice que manejara con cuidado y que me mantuviera vigilada a cada minuto. Ya que no quería encontrarse con ningún tipo de sorpresas cuando volviera de su viaje a Port Angels. Nos despedimos de Charlie y salimos de mi casa. Quedé boquiabierta al ver el nuevo auto de Alice.

-Hermoso, ¿no es cierto?

-Aja.

Ahora sí que todo el mundo se moriría al ver la nueva adquisición de los Cullen. Esto no era pasar desapercibido. Me senté en el asiento del copiloto y me puse el cinturón de seguridad enseguida. Alice prendió el auto y aceleró. Llegamos al instituto en tiempo record. Alice iba muy rápido, más rápido que Edward. ¿Es que los Cullen no entendían el sentido de "velocidad adecuada"? Alice se estacionó al lado del Volvo de Edward. Él estaba apoyado contra éste, esperándonos. Alice se bajó alegremente del auto. Y yo me bajé a trompicones, ya que el viaje no me había hecho muy bien.

-Cuando me pediste ir a buscar a Bella, te dije que no manejaras tan rápido.-la regañó Edward.

-Todo está bien.-le dije mientras trataba de luchar con las nauseas que sentía.

-Ves, ella dijo que todo está bien.

-¿La ves bien?-le preguntó Edward.

-Está algo verde…pero ya se le pasará.

Edward me ayudó a caminar hasta el salón, mientras que Alice caminó a nuestro lado contándome lo feliz que se sentía con su nuevo auto. Después de tanto tiempo junto a los Cullen sabía que Rosalie se sentiría celosa del nuevo auto de Alice. Y me imaginaba que –muy pronto- se compraría otro auto. Aún más ostentoso que el BMW que tenía ahora. Nos sentamos y de pronto, lo recordé.

-¿Cómo está Tanya?-pregunté con tono casual.

Edward me miró de reojo. Sabía en su cabeza estaba teniendo una batalla campal. ¿Debía o no contarme sobre Tanya?

-Todos llegaron muy bien.

-Ah, qué bueno.-le dije.

-Que bueno. ¿Eso es todo lo que me dirás?

-¿Necesitas escuchar algo más?

-No, con eso está bien.

El profesor comenzó a hablar y la clase comenzó. No le volví a tocar el tema a Edward hasta la hora de almuerzo. Tenía muchas dudas y quería preguntarle todo. Pero sabía que no obtendría muchas respuestas. Estábamos todos juntos sentados almorzando –solamente yo almorzaba- cuando solté la primera pregunta que le quería hacer.

-Así que… ¿Tanya me quiere conocer?

Edward –quien estaba riendo a carcajadas por un chiste que Emmett le había contado- guardó silencio inmediatamente. Sus hermanos lo miraron atentos. Nadie se quería perder la respuesta que él iba a dar. Lo pensó un momento. Pero luego, me respondió.

-Así es.

-¿Qué pasa si yo no quiero?

-No tiene nada de malo. Si no la quieres conocer, no lo harás. Nadie te obliga a hacerlo.

-Sé que tienes un pero.

Él me sonrió con mi sonrisa favorita y yo quedé deslumbrada inmediatamente. Con eso, había olvidado lo que le iba a decir a continuación. Maldito vampiro. Pensé enfadada.

-¿Qué decías?-me preguntó divertido.

-No es justo que hagas eso.-le repliqué.- Recuerda que soy una simple humana a la cual le afectan mucho tus encantos.

-Lo sé.-Edward rió entre dientes.

-¿En qué estábamos?-pregunté.

-Estaban hablando sobre Tanya.-me respondió Emmett.

-¡Emmett!-dijo Edward enfadado.

-¿Qué? No hice nada malo. Bella preguntó algo y yo se lo respondí. Así de sencillo.

-Gracias Emmett.-le dije.- Ahora, ¿Cuál es tu pero?

-Todo el aquelarre está deseoso de conocerte, Bella. Y ellos son parte de nuestra familia.

-¿Estás tratando de usar algún tipo de psicología en mí?

-¿Está funcionando?-me preguntó con inocencia.

-Quizás.

-Porfis.-me rogó.

-Bueno ya. Pero quiero que sepas que voy en contra de mi voluntad.

-Gracias, Bella.-dijo él.- Te debo una.

-Me debes dos.-le dije.

-¿Dos?-preguntó extrañado.

-No comiences a jugar conmigo. Sé que tu memoria es mejor que la mía, Edward.

-Bella, eso es peligroso.-dijo enfatizando el eso.

-¿A qué te refieres con eso?-le preguntó Emmett.

-No es asunto tuyo.-le dijo Edward.

-Oh, vamos Edward. Ya lo dijiste.-insistió Emmett.

-No.

-¡Vamos, dilo!

-No, Emmett.

-¡Dios santo!-exclamó Alice de repente.

Todos la miramos. Sacudió la cabeza para salir del estupor en el cual estaba.

-¿Qué pasó?-le preguntó Rosalie.

-Acabo de tener una visión.-Alice rió nerviosamente.

Miré a Edward de reojo. Sabía que estaría tratando de ver la visión en la cabeza de Alice. Gruñó y supe que no había podido ver.

-¿Qué va a pasar?-preguntó Jasper.

-Nada malo.-nos tranquilizó Alice.

-¿A quién involucra tu visión?-le pregunté.

-No sé si deba decirlo…

-Vamos, Alice.-la incentivó Emmett.

-Mi visión involucra a Tanya y a Edward.-dijo Alice.

Todos volteamos a mirar a Edward. Y él sólo me miraba a mí. ¿Tanya y Edward? Oh, no. Eso no lo toleraría. Esa vampira no se acercaría a mi novio. Yo lo impediría. Aún cuando fuese arriesgado, lo haría. Ya que Edward valía la pena.

-Bella…-comenzó a decir.

-No quiero excusas.-le dije.- Te quiero mantener vigilado.

-¿Qué propones?

-Charlie no estará en casa este fin de semana. Te podrías venir a alojar junto a Alice.

-Sí así lo deseas, así lo haré.

-Gracias.

-Estás dominado.-dijo Jasper.

-Totalmente.-concordó con él Emmett.

Emmett trataba por todos los medios de contener el ataque de risa que tenía. Edward lo miró molesto. No hablamos más del tema –ni durante el almuerzo ni durante las clases- porque Edward se enfadaría aún más. Y no quería eso. Pero después de que las clases terminaran, Edward volvió a mencionar el tema.

-¿Vamos?-me preguntó.

-¿A dónde?

-A mi casa, para que conozcas a nuestra otra parte de la familia.

-Ah, eso.

-Lo prometiste.

-Sí, lo sé. Y tú me debes dos.

Edward bufó y puso los ojos en blanco. Y como castigo, me obligó a irme junto a Alice. Amaba a Alice, pero manejaba muy rápido para una pobre humana como yo. Temí que con ella llegaríamos antes y tendría que conocer a Tanya sola. Pero no fue así, ya que Edward le pasó sus llaves a Rosalie y ésta le hizo carrera al Porsche de Alice. Esme salió corriendo por la puerta cuando nos escuchó llegar. Rosalie y Alice no habían encontrado nada mejor que terminar su "pequeña" carrera con un par de trompos. Edward tuvo que ayudarme a salir del auto porque mis piernas no me daban. Estaba tan mareada que no sabía hacia donde estaba el suelo y hacia donde estaba el cielo.

-Cierra los ojos por un momento.-me susurró.

Le hice caso y cerré mis ojos. Luego, lo abracé y apoyé mi cabeza en su helado pecho. Mucho mejor. Pensé. Su temperatura era de gran ayuda en este momento.

-Odio a tu hermana, Edward.

-Lo sé. No debí dejarte ir con ella.

-¡Miren como dejaron a Bella!-escuché a Esme decir.- ¡Para la próxima vez que se les ocurra hacer otra de sus carreritas, recuerden que Bella es una humana y se marea!

-Lo siento, Esme.-dijeron Alice y Rosalie al unísono.

-Bella, cariño, ¿te sientes mejor?-me preguntó Esme con su típico tono maternal que tanto amaba.

-Edward ayuda mucho.-le respondí.

-Me imagino.-escuché decir una voz totalmente extraña.- Así que esta es tu humana, ¿no Edward?

-Esta es mi Bella, Tanya.

Edward había enfatizado en "mi". Y eso me gustaba, ya que me hacía sentir especial y única.

-No le veo nada fuera de lo ordinario.

-Te puede escuchar.-dijo Edward molesto.

En ese momento, un par de palabras se repetían constantemente en mi cabeza. Y eran insultos para ella. ¿Qué se creía? Si Edward me consideraba especial, cosa de él. Ella no tenía ni voz ni voto en el asunto. Abracé con más fuerza a Edward. Ella no me ganaría. Él era mío y de nadie más. Además, no me daría por vencida tan fácilmente. Ya había pasado por muchas cosas como para abandonarlo. Edward era mío. Mío, mío, mío, mío. Repetí incesantemente en mi cabeza.

-Bella, ¿te llevo a la sala para que te recuestes en el sillón?

-Puedo caminar, estoy mejor.

-¿Segura?

Asentí con la cabeza y abrí lentamente los ojos. Frente a mí había una hermosa mujer de cabello rubio rojizo. Oh, diablos. Pensé. Tanya era hermosa. Y debía admitirlo. Tenía curvas perfectas y hermosas facciones. Lo que me molestaba de ella era que, tenía una sonrisa triunfal en su rostro. Como si supiera lo que yo estaba pensando de ella.

-Vamos.-gruñí.

Me solté un poco de Edward y él me ayudó a entrar a su casa. Caminamos directo a la sala. Allí estaban todos, hasta Carlisle –quien yo pensaba que estaba trabajando. Además, había cuatro personas más en la sala. Cuatro personas que –supuse- eran el aquelarre de Denali.

-Amigos, esta es mi Bella.-volvió a presentarme Edward.

-Hola.-saludé tímidamente.

-¡Bienvenida, Bella!-dijo cariñosamente una mujer de cabello negro y piel olivácea.

La mujer se acercó a mí, me arrebató de los brazos de Edward y me abrazó con cuidado para no romperme. No supe cómo reaccionar. ¿Debía abrazarla o no?

-Bella, ella es Carmen.-me dijo Carlisle.

La mujer se apartó de mí para mirarme mejor.

-Eres hermosa.-me dijo con sinceridad.- Adoro la idea de que te unas a la familia.

-Wow, gracias.-dije un poco avergonzada.

-No hay de qué. Este es Eleazar, mi pareja.

Un hombre alto, de cabello negro y del mismo tono oliváceo en la piel que Carmen, se me acercó. Él me extendió su mano para que se la estrechara. Y lo hice.

-Soy Eleazar.-dijo con voz grave.- Bienvenida, Bella.

-Gracias.

No sabía que más decir, ya que nunca me habían enseñado qué debía decir cuando se conocía la familia vampiro de tu novio.

-Mi nombre es Katrina, pero todos me llaman Kate.

Una vampira de cabello rubio claro y largo se acercó a saludarme.

-Mucho gusto.

-Y yo soy Irina.-dijo una vampira de cabello rubio, casi plateado.

Todos los miembros del aquelarre de Denali eran hermosos. Y yo me sentía muy fea a su lado. Después de las presentaciones Esme me obligó a sentarme. Y Edward se sentó a mi lado. Tomó una de mis manos y la apretó con delicadeza. Apoyé mi cabeza en su hombro y me quedé en silencio. Eleazar, Carmen, Carlisle y Esme conversaban alegremente sobre todo lo que había pasado últimamente. Yo no los escuchaba. Estaba más concentrada en mi Edward. Tenía mi mirada fija en nuestras manos. Nos veíamos tan lindos juntos. En ese momento escuché un grito. Levanté inmediatamente la mirada. Todos miraban hacia donde yo estaba mirando. En ese momento, apareció Tanya en la sala. Respiraba agitadamente y parecía furiosa. Me miró y me apuntó con su dedo.

-¡Tú!-chilló.

-¿Qué pasa, Tanya?-preguntó Eleazar.

-¡Ella!-volvió a chillar apuntándome.

¿Qué diablos estaba pasando ahora? Se acercó a mí y Edward se paró inmediatamente para interponerse entre las dos.

-Tranquilízate, Tanya.-dijo.

-¿¡Cómo me pides que me tranquilice con lo que me acaba de contar tu hermana Rosalie!?

-¿Qué te contó?-Edward arqueó una ceja.

-¡Elizabeth!

-¿Quién es Elizabeth?-le preguntó Carmen.

-Su hija…-Tanya me apuntó.- Con Edward.

-¿Qué?-pregunté sorprendida.

Eleazar, Kate, Irina y Carmen me miraron. Sus mandíbulas estaban desencajadas y sus ojos estaban abiertos como plato. ¿De verdad habían creído eso? Pero lo que en realidad quería saber era: ¿podía una humana quedar embarazada de un vampiro? ¿Sería posible? Sus reacciones me llevaban a una conclusión: sí, era posible.

-¿Carlisle?-preguntó Eleazar con voz de pánico.

-Es mentira, Eleazar.-lo calmó Carlisle.- Rosalie le jugó una simple broma a Tanya. Tú sabes cómo son las chicas con sus juegos.

-Por un momento pensé que había ocurrido una atrocidad así.

-¿No crees que los Vulturis hubiesen venido a matar esa criatura ellos mismos?-le preguntó Carlisle.- Ni Cayo ni Aro ni Marco se arriesgarían a que una criatura de esa naturaleza naciera.

-Tienes razón.

Tanya todavía estaba enfadada. En ese momento bajaron los Cullen restantes con los chicos en brazos. Rosalie se reía descaradamente en la cara de Tanya. Y yo también lo hubiese hecho, pero sabía que era muy peligroso. Emmett me entregó a Elizabeth. La bebita enseguida se acurrucó contra mi pecho y agarró uno de los mechones de mi cabello para jugar.

-¿Quiénes son estas preciosuras?-preguntó Carmen.

-Son tres hermanos que encontramos abandonados.-le explicó Esme.- Ahora los estamos cuidando mientras que el padre de Bella está haciendo la investigación pertinente.

-¡Son preciosos!-exclamó Carmen.

-¿Por qué los tenían escondidos?-preguntó Irina.

-Porque no sabíamos como llegarían.-dijo Esme refiriéndose a la sed.

-¡Son adorables!-dijo Kate.

Las tres se acercaron a ver a Jack y a Henry mejor. Al parecer, todas las vampiras tenían un lado maternal. Edward comenzó a acariciar la cabeza de Elizabeth. Lo miré y le sonreí. Me encantaba verlo con Elizabeth. Lo hacía ver tan…humano. Tanya gritó otra vez y salió indignada de la sala.

-No le hagas caso a la loca de la tía Tanya.-le dijo Kate a Jack.- Ella es así.

Rosalie miró triunfalmente a Irina. Como si le estuviera diciendo "yo estoy criando un bebé y tú nunca podrás hacer eso…ja, ja, ja". Irina bufó y se marchó detrás de su hermana Tanya. Rosalie era muy territorial cuando se trataba de su marido y de Jack. Nadie los podía mirar si ella no lo permitía.

-¿Y cómo se llama esta preciosura?-me preguntó Carmen.

-Elizabeth.-dijo Edward.

-¿Cómo tu madre humana?-le preguntó sorprendida Carmen.

-Así es.-dijo él.

Carmen le hizo uno que otro cariño a Elizabeth y luego se fue a conversar con Carlisle, Esme y Eleazar.

-¿Tu madre humana se llamaba Elizabeth?-le pregunté.

-Así es. ¿Nunca te lo conté?

-No.

-Lo siento, pensé que lo había mencionado.

-¿Cómo se llamaba tu padre?

-Edward, como yo.

-Lindo nombre.

-Lo sé.

Se acercó a mí y me besó. Sabía que el aquelarre de Denali no estaba acostumbrado a esas cosas. Y pude escuchar como soltaban exclamaciones de asombro. Edward se separó de mí y yo quería más. Pero sabía que no iba a ganar nada si le insistía en este momento. Por lo menos sabía que iba a pasar la noche conmigo…y con Alice. Pero ese era un pequeño detalle. Cuando llegó la noche, Edward, Alice y yo nos marchamos. Así que Rosalie se encargó de cuidar a los tres bebés. Y –obviamente- ella era la más feliz con eso. Llegamos a mi casa y Alice se encargó de prender todas las luces de la casa. Yo comencé a caminar hacia la cocina.

-¿A dónde vas?-me preguntó Edward.

-A cocinarme algo. Tengo hambre…tú sabes, cosas de humanos.

-¿Qué deseas?

-No lo sé. Tengo que ver que tengo en el refrigerador.

-Dime que deseas comer y yo te lo consigo.

-¿Me vas a cocinar?-le pregunté sorprendida.

-No lo tenía en mente. ¿Quieres que te cocine?

-¿Sabes cocinar?

-Cuando está aburrido, se pasa mirando el canal de cocina.-dijo Alice.

-No lo sabía.

-Antes de conocerte tenía mucho tiempo libre.-Edward se encogió de hombros.

-Tengo ganas de comer pizza.-dije.

-Enseguida iré.-me dijo Edward.

Salió de mi casa rápidamente. Por mientras, me senté en el sillón frente a la televisión. Alice se sentó a mi lado.

-¿Alice?

-Dime, Bella.

-¿Te puedo preguntar algo?

-Claro.

-Edward nunca quiso contarme tu historia de cómo te transformaste…-comencé a decir.

-A decir verdad, ni yo sé cómo pasó.

-¿No lo sabes?-le pregunté sorprendida.

-No. Un día desperté y ya era lo que soy.

-Qué extraño.-comenté.

-Lo sé.

-¿Y qué hiciste?

-Vagué por mucho tiempo. Hasta que un día…-Alice sonrió.

-¿Qué pasó un día?

-Vi a Jasper.

-¿Y qué hiciste?

-Yo estaba sentada en una cafetería semivacía. Llevaba tiempo esperándolo allí. Pero cuando lo vi entrar, sabía que me buscaba.-dijo sonriente.- Así que me paré del taburete en el cual estaba sentada y me dirigí directamente a él. Sabía que él era especial…y que podía sentir lo que yo sentía. Así que decidí demostrarle toda la emoción que sentía al haberlo encontrado.

-¿Y?-pregunté emocionada.

-Le hablé.-me dijo con simpleza.

-¡Detalles, Alice!-le pedí.

-Es que me da un poquito de vergüenza.-dijo.- Jazz cuenta la historia mucho mejor que yo. Que él te la cuente.

-¬¬

-Lo siento, Bella. Pero te juro que haré que Jazz te la cuente.

-¿Tendré que esperar mucho?

-Nop.-me dijo ella.- Lo obligaré a que te la cuente mañana.

-Eso espero.

-Pero te puedo adelantar una cosa.

-¿Qué?

-Jazz era simplemente perfecto. Era mejor que cualquier otra persona que hubiese visto. Desde el momento en el cual lo vi en mi visión, esperé cada segundo con ansiedad. Quería saber si él sentiría lo mismo que yo sentí por él.

-¿Cómo?

-Desde el primer momento que lo vi en mi visión…lo amé con todo mi ser –dijo en un susurro.

Si Alice se hubiese podido sonrojar, ese hubiese sido el momento perfecto. Pude notar que hasta sus dorados ojos tenían un brillo especial cuando hablaba de Jasper. Alice estaba completamente enamorada de él. Quería decirle algo, pero en ese momento entró Edward a la casa cargando mi pizza. Se sentó entre Alice y yo y me puso la pizza frente a mí.

-Come.-me dijo.

-Gracias.-le agradecí con una sonrisa.

-No hay de qué.

Edward y Alice se pusieron a conversar, mientras yo comía. Miré a Alice de reojo. ¿Sentiría Edward lo mismo por mí? ¿Sentiría Edward por mí el mismo amor que sentía Alice por Jasper? Ese amor que traspasaba todas las barreras de lo físico. Ese amor que no necesitaba palabras ni acciones para expresarlo. Fue en ese momento que me di cuenta de que sentía muchos celos por la relación que tenía Jasper y Alice. Los dos eran muy afortunados. Y no podía evitar preguntarme si Edward y yo éramos –o seríamos en algún punto- igual de afortunados.

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Holaaa! Gracias por los reviews que me han dejado. Espero que les haya gustado el capítulo. Y lamento si describo a Tanya tan…molestosa, pero tengo que hacerlo para describir la relación que se va a formar entre ella y Bella en futuros capítulos.

Surfer Babe 69