So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Dieciséis: La Decisión del Aquelarre.

Bella POV.

Estaba parada en un bosque, sola. No sabía dónde estaba ni donde estaban los demás. Grité el nombre de Edward, pero no obtuve respuesta. Grité más fuerte, pero nada. ¿Edward no estaba conmigo? Comencé a desesperarme. ¿Por qué no estaba Edward conmigo?

-Tranquila Bella.-me dije.- Piensa, ¿Qué haría Edward?

Me quedé en silencio un par de segundos.

-Él trataría de buscar una salida.-me respondí a mí misma.

Así que eso comencé a hacer. Comencé a caminar derecho en busca de una salida. No sabía cuando había caminado, pero todo seguía luciendo igual. ¿Es que nunca saldría de este bosque?

-¡Bella!-chilló alguien.

Me detuve en seco. Conocía esa voz. Sabía que lo hacía. Pero… ¿Quién era?

-¡Bella!-volvió a chillar.

-Papá.-susurré.

Era Charlie quien me gritaba. Pero, ¿Dónde estaba?

-¿Papá?-pregunté.

-¡Bella, corre!

-¿Por qué?

-¡Porque viene por ti!

No lo pensé dos veces y comencé a correr. Corrí y corrí, pero sentía que no avanzaba. Comencé a llorar de frustración. De la nada, sentí a alguien correr detrás de mí. Volteé instintivamente y lo vi. Sus ojos eran rojos y tenía sed, mucha sed. Me miró y sonrió triunfal. Por fin atraparía a la presa que deseaba desde hace tanto tiempo. Volví a mirar hacia adelante. Y –a los pocos metros- pude distinguir a Edward. Sonreí.

-¡Edward!-grité.

Pero noté que su mirada era diferente. Él era diferente. Sus ojos eran rojos, pero no veía sed en ellos. Veía temor y furia. Comencé a disminuir mi paso. Y él de la nada saltó hacia el otro vampiro. Comenzaron a luchar sin piedad. El otro vampiro era muy fuerte y Edward no podría con él.

-¡No Edward, no lo hagas!-grité a todo pulmón.

Me incorporé agitada. No podía dejar de llorar. Y no tenía idea de dónde estaba. No estaba en mi habitación y no logré reconocer el lugar a primera vista. Sentí una mano fría sobre mi mejilla.

-Bella, tranquila cariño.-me dijo Edward.- Todo está bien. Acabas de tener una pesadilla.

-¿Edward?-pregunté aterrorizada.

-Dime, Bella.

Volteé para verlo. Sus ojos eran dorados y solamente demostraban preocupación por mí. Me lancé a sus brazos. Comencé a llorar con desesperación. Quería sacar todo lo que sentía adentro. Edward me abrazó y comenzó a consolarme.

-¿Qué le pasa?-escuché preguntar a Alice.

-Ha tenido una pesadilla.

-Bella, ¿recuerdas de qué se trataba la pesadilla?-me preguntó Alice.

Yo asentí. Escuché a Edward y a Alice hablar rapidísimo. Debían estar hablando a velocidad de vampiro. Edward y Alice me dejaron llorar en paz. Cuando ya no me quedaban más lágrimas, me separé un poco de Edward. Sentía mis ojos arder. Me coloqué la mano sobre éstos y los sentí hinchados. ¿Por cuánto tiempo había estado llorando? Alice se acercó a mí y me secó las últimas lágrimas que me quedaban.

-¿Estás mejor?

-Sí.-murmuré.

-Bella, no quiero presionarte, pero me gustaría saber de qué se trató tu pesadilla.

Miré a Edward y él asintió. Respiré profundamente varias veces y comencé a hablar.

-Estaba en un bosque y quería salir de allí, así que comencé a caminar. Después de un rato, escuché la voz de Charlie.

-¿Charlie?-me preguntó Alice.- ¿Qué te decía?

-Primero me llamó por mi nombre, después de dijo que corriera porque venía por mí.

-¿Quién?-me preguntó Edward.

-James.-susurré muy bajito.

-¿Después qué pasó?-preguntó Alice.

-Apareció Edward. Y de la nada comenzó a luchar con James.-dije con temor.

-No temas, Bella.-me dijo Edward.- No permitiré que nada malo te pase.

-No es eso.

-¿Qué es entonces?-me preguntó él.

-No quiero perderte, Edward. No quiero que luches contra James.

-No lo haré si tú lo deseas así.

-¿Me lo prometes?

-Te lo prometo.

-¿Alice?

-Lo cumplirá, Bella.-me dijo ella.

Suspiré aliviada. Ya estaba más tranquila.

-¿Qué hora es?-pregunté.

-Las seis de la mañana. ¿No quieres seguir durmiendo?

-No, Edward. No quiero más pesadillas.

-¿Quién dice que las tendrás?

-No quiero intentarlo.-susurré.

-Está bien.

Edward no insistió más. Me acurruqué contra su pecho y él me abrazó. Alice se quedó a nuestro lado durante todo el rato. A las ocho tomé desayuno. Y después de eso, me duché y me preparé para el lugar a donde los Cullen me llevarían. Por fin sabría porqué estaban tan emocionados por la tormenta. Edward me obligó a abrigarme mucho, ya que no quería que pasara frío. Pero Alice insistió en vestirme con "estilo". Después de una breve pelea entre los dos, decidieron vestirme abrigadamente con estilo. Me subieron al Volvo y Edward comenzó a conducir.

-¿A dónde vamos?

-Es una sorpresa.-me dijo Alice.

-Sé que no sabes guardar por mucho tiempo un secreto, Alice.

-Lo sé, pero esta vez tengo algo como para negociar contigo.

-¿Qué sería?-preguntó Edward curioso.

-Bella quiere saber cómo conocía Jasper. Así que –para saberlo- tendrá que guardar silencio hasta que lleguemos.

-Mala persona.-le dije.

-¡No te enfades!-dijo Alice.

-Aunque me cueste admitirlo, no puedo enfadarme contigo, Alice.

-¡Eres la mejor, Bella!

Alice se acercó a mí y me abrazó. Llegamos hasta el fin de una carretera secundaria y Edward detuvo el Volvo. Allí también estaba el jeep de Emmett. Nos bajamos del auto y noté que ínfimas gotas de lluvia estaban cayendo. Alice se colocó una gorra y sonrió.

-Me adelantaré y le diré a Jazz que se prepare para contarte el final de nuestra historia.

-Nos vemos.-le dije.

Alice desapareció a gran velocidad. Miré a Edward y él me sonrió.

-Vas a tener que viajar sobre mi espalda…de nuevo.

-¿No hay otra forma?-le pregunté.

-No si queremos llegar a tiempo.

-Está bien.-cedí a regañadientes.- Pero nunca más.

-No alegues.

Me subí a su espalda sin ninguna dificultad. Cerré fuertemente los ojos y él comenzó a correr. Sentí el helado viento golpear mi cara de lleno. Pero me resistí a la tentación de abrir mis ojos. Al poco rato, Edward se detuvo. Abrí un ojo primero. Luego de unos segundos, abrí el otro. Nos encontrábamos en un inmenso campo abierto en la ladera de un par de montes. Alice, Jasper, Esme, Carlisle, Rosalie y Emmett se encontraban allí. Al verme, Alice agarró a Jasper de la mano y lo arrastró hasta donde yo estaba. Me bajé de la espalda de Edward y me alisé la ropa que llevaba puesta.

-¡Cuéntale, Jazz!-insistió Alice.

-Ya voy, Alice.-dijo Jasper.- ¿En qué parte quedaron, Bella?

-En la parte en la cual Alice se para frente a ti.

-Ya veo.-Jasper carraspeó y continuó con la historia.- Yo me sorprendí al verla acercarse a mí. Alice emanaba sensaciones que nunca había sentido antes. Ella quería que yo sintiera la emoción que sentía –después de tanta espera- al conocerme. Ella me habló enseguida.

Jasper sonrió y le extendió su mano a Alice. Ella se la aceptó y soltó una risita nerviosa.

-Me has hecho esperar mucho tiempo.-dijo Alice.

-Y yo agaché mi cabeza y respondí: Lo siento señorita.

Miré a Alice y a Jasper consecutivamente. Los dos tenían un brillo especial en sus ojos.

-Ejem.-carraspeó Edward.

Alice y Jasper salieron de su encanto y rieron al unísono.

-Alice me tendió su mano y yo la tomé sin pensarlo dos veces. Con ese simple gesto, Alice me hizo sentir esperanza por primera vez en casi un siglo.

Alice le lanzó un beso a Jasper.

-Que romántico.-comenté.- Pero… ¿Cómo llegaron a ser parte de los Cullen?

-Tuve visiones sobre los Cullen.-me dijo Alice.- Aunque Jasper no le dio mucho crédito a lo que dije. No creyó que una familia con esos estilos alimenticios podía existir.

-Pero Alice siguió insistiendo y nos pusimos en marcha para encontrarlos.

-Cuando vimos a Jasper y a Alice por primera vez –comenzó a decir Edward-, fue chistoso. Alice se aceró a nosotros muy alegre y nombrándonos a todos por nuestros nombres.

-Y obviamente que dejó una primera impresión en todos nosotros.-dijo Emmett.

-¿Cuál fue tu primera impresión de mí?-le preguntó Alice.

-Que eras horriblemente molestosa para el tamaño que tenías.

-¡Emmett!-dijo Alice molesta.- ¿Cómo puedes haber pensado eso de mí si yo soy un encanto?

Emmett trató de agarrar a Alice para darle uno de sus conocidos "abrazos de oso", pero Alice se apartó de él rápidamente. Emmett siguió tratando de atraparla, pero cada vez, Alice se alejaba de él. Jasper, Edward y yo comenzamos a caminar hacia donde Carlisle, Esme y Rosalie estaban. Carlisle estaba jugando con un bate, mientras que Rosalie y Esme estaban sentadas sobre una piedra. Rosalie bufó al ver el estúpido juego de su marido.

-¿Cuándo dejará de comportarse como un bebé?-preguntó Rosalie.

-Nunca.-le respondieron Jasper y Edward al unísono.

-¿Qué esperamos?-pregunté.

-A los demás.-me respondió Esme.

-¿El aquelarre de Tanya?-pregunté.

-Así es.-dijo Carlisle.- Ellos también desean jugar con nosotros.

-Supongo que yo no jugaré.-dije.

-Supones bien.-me dijo Edward.- Nuestro juego es un poco diferente al juego de baseball normal.

-Además, ¿Quién va a querer a una humana en su equipo?-preguntó Emmett detrás de mí en tono de burla.

-¿Te cansaste de tratar de atrapar a Alice y no lograrlo?-le respondí.

-¡Me encanta que seas parte de nuestra familia!

Emmett me dio uno de sus descomunales abrazos de oso. Después de un rato, me soltó y se dirigió a molestar a su esposa. Los miré de reojo. Emmett se había acercado a Rosalie con una sonrisa juguetona en su rostro. Rosalie arqueó una ceja y se paró de la roca en la cual estaba sentada. En un rápido movimiento, Emmett se colocó a escasos centímetros de su esposa. Rosalie dio el último paso. Fusionó sus labios con los Emmett en un apasionado beso.

-¿Dónde están los chicos?-pregunté dejando de ver a la apasionada pareja besarse.

-Kate se ha ofrecido a cuidarlos.-dijo Esme.

-Pero…

-Todo saldrá bien. Kate los cuidará y los mantendrá a salvo.-dijo Alice.

Con eso me quedé más tranquila. Si Alice lo decía, sería verdad. De repente, todos los Cullen fijaron su mirada en un punto distante del bosque de helechos. Yo no podía ver nada, pero ellos –con su súper mirada de vampiro- sí. Después de un rato, lo vi. Irina, Tanya, Eleazar y Carmen. Los cuatro llegaron a donde nosotros nos encontrábamos muy rápido.

-Lamentamos la demora.-dijo Eleazar.

-No hay problema.-dijo Carlisle.- ¿Están listos para jugar?

-Sí.-dijeron los cuatro al unísono.

-Entonces, formemos los equipos.

Todos se pararon y se pusieron a discutir. La única que se quedó conmigo fue Esme.

-¿Tú no jugarás, Esme?

-Alguien tiene que ser el árbitro.

Después de una larga discusión, se formaron los dos equipos. Alice, Jasper, Carlisle, Carmen e Irina serían un equipo. Emmett, Rosalie, Eleazar, Edward y Tanya serían el otro equipo. Confiaba plenamente en Edward, así que no había motivo alguno como para molestarme por el hecho de que Tanya estuviera en su equipo. Un gran estruendo provocó que varios pájaros que estaban en el bosque salieran volando del lugar.

-¡Es la hora!-gritó Alice emocionada.

Los equipos tomaron sus posiciones. Yo me senté en la piedra en la que estaba sentada Rosalie con anterioridad. Esme se paró y dio rápidamente las instrucciones. El juego comenzó y Esme se acercó un poco a mí.

-Espero que no hagan tanta trampa.-me dijo.- Cualquiera que los viera, pensaría que los he criado mal.

Reí ante su comentario. La primera persona en lanzar la pelota fue Irina. Y la persona que iba a batear era Rosalie. Irina lazó la pelota a una velocidad que mis pobres ojos humanos no pudieron captar. Luego, escuché un enorme estruendo. Y esta vez, no venía de la tormenta. La hermana de Edward sonrió triunfal cuando la pelota salió a gran velocidad del campo. Me divertía ver el juego de los Cullen, aún cuando no era capaz de ver nada. Escuchaba los estruendos y veía sus figuras borrosas correr por el enorme campo.

Esme me preguntó reiteradas veces si no me estaba aburriendo. Pero ¿Cómo podía? Nunca había visto un juego como este. El juego se tuvo que detener por la incesante lluvia que había comenzado a caer de la nada. Quizás a ellos no les influyera, pero yo ya estaba empapada. Escuché como Tanya murmuraba:

-¿A quién se le ocurre traer a una humana?

Edward me abrazó para tratar de protegerme de la lluvia. Pero yo ya estaba empapada y castañeaba los dientes del frío que tenía.

-Será mejor que la lleves a su casa si no quieres que le de fiebre.-dijo Carlisle.

Edward me ayudó a subirme a su espalda y comenzó a correr por el bosque. Cuando llegamos al Volvo, Alice ya se encontraba allí. Me hizo entrar enseguida al auto y me cubrió de mantas. Edward se subí al auto y condujo lo más rápido que pudo. Alice subió la calefacción y me miró.

-Ya te sentirás mejor, Bella.

Asentí. Llegamos pronto a mi casa. Alice me ayudó a bajarme del auto y me arrastró hasta el baño.

-Quítate enseguida toda la ropa mojada y yo te buscaré ropa seca. Date una ducha con agua caliente para que tu cuerpo recupere su temperatura natural

-Gracias.-tartamudeé.

Alice me dejó sola y comencé a sacarme la ropa inmediatamente. Me metí a la ducha y dejé que el agua caliente calentara mi cuerpo. Estuve bastante rato dentro de la ducha, ya que me gustaba la sensación que provocaba el agua en mí. Cuando salí de la ducha, me sorprendí al encontrarme un montoncito de ropa seca. No había escuchado a Alice ni entrar ni salir. Me sequé y me vestí. Cuando estuve lista, salí del baño. Alice y Edward estaban sentados frente al televisor. Edward parecía molesto, ya que estaba de brazos cruzados y tenía el ceño fruncido. En cambio Alice, parecía alegre y tenía una gran sonrisa en su rostro. Me senté a su lado.

-¿Cómo te sientes?-me preguntó Alice.

-Mucho mejor.

-Esperemos que no hayas agarrado un resfriado.-dijo Alice.

-Esperemos.-dije yo.- ¿Qué te pasa, Edward?

-Nada.-dijo tajante.

-Cuéntale.-insistió Alice.

-¿Contarme qué?-pregunté.

-Edward me estaba espiando.-dijo Alice señalando su cabeza.- Así que le jugué una broma.

-¿Qué te hizo Alice?

-Nada.-gruñó.

-¿Alice?-le pregunté.

-Le di una pequeña miradita del futuro.-Alice me guiñó un ojo.- Eso le pasa por andar espiándome.

No entendía nada. ¿Qué podría ser tan terrible como para que Edward se molestara tanto? De la nada, estornudé. Alice y Edward me miraron preocupados.

-Estoy bien.-les dije.

-Voy a comprobarlo.-dijo Edward.

Colocó su palma sobre mi frente y acercó su rostro al mío. Inmediatamente mis mejillas se tiñeron de rojo intenso. Sentía mi cara arder, más de lo común. Edward se alejó de mí después de un rato y me miró preocupado.

-Tienes un poco de fiebre.-me dijo Edward.

-¿¡Un poco!?-exclamó Alice.- ¡Mira lo colorada que está!

-Eso no es por la fiebre.-susurré.

-Edward, llévala a su habitación. Yo le subiré una sopa.

-No, Alice. He probado tus intentos de cocina y son horrendos. Tú sube a Bella y yo le prepararé una sopa.

Alice me ayudó a subir a mi habitación. Me puse pijama mientras ella tenía cerrados sus ojos. Me metí a mi cama y Alice se cercioró de cubrirme con suficientes frazadas para que no pasara frío. Edward subió pronto y sonrió al verme tan…cubierta. Alice le guiñó un ojo y bajó la escalera. Se sentó a mi lado y comenzó a darme sopa a cucharadas.

-¡Está deliciosa!-le dije.

-Que bueno.-me dijo.

Me sorprendí lo rápido que se acabó la sopa. Estaba tan deliciosa. Edward bajó a dejar el plato y luego subió para hacerme compañía. Se sentó a mi lado, pero mantuvo su distancia.

-¿Por qué estás tan alejado?

-En este momento necesitas calor, no más frío.

-El frío me ayudará a bajar la fiebre.-le dije con tono juguetón.

-Bella, no sé si…

-Vamos, Edward. En este momento te necesito para mejorarme. Piénsalo de esta forma, serás como mi medicina.

Edward aceptó a regañadientes y se metió conmigo a mi cama. Se acercó a mí y me abrazó. Apoyé mi mejilla contra su pecho helado. El contacto con su piel fría, me hacía sentir mucho mejor.

-¿Qué te hizo ver Alice?-le pregunté.

-Nada.-gruñó.

-Edward, sé que algo te hizo ver.

-No es de importancia.

-Dime.-le demandé.

-Me obligó a vernos.

-¿A nosotros?

-Así es.

-¿Qué estábamos haciendo?

-…

-Oh…-dije.- ¿Estábamos haciendo eso?

-Digamos que Alice me mostró a nosotros saldando nuestra deuda.

Sentí como la temperatura de mi rostro comenzó a subir drásticamente. Ahora me arrepentía de haberle preguntado. ¿Por qué diablos era tan curiosa?

-Pero no te preocupes, no lo permitiré.

-¿Qué?

-Que esa visión se cumpla.-me dijo con seriedad.

-Edward, te tengo una pregunta.

-¿Qué?

-¿Es posible que una humana se quede embarazada de un vampiro?

-Es extraño, pero puede pasar. No he visto ningún caso, eso sí.

-Ya veo…

Miré a Edward al los ojos y él me sonrió. ¿Debía o no? Sabía que Edward no me lo permitiría, pero uno nunca podía dejar de intentar. Después de una rápida batalla mental contra mi deseo, decidí hacerlo. Me acerqué a Edward y lo besé. Él me respondió el beso. Pronto, éste se volvió más y más apasionado. Haciendo que Edward se colocara con delicadeza sobre mí. Nos separamos un rato y nos miramos a los ojos.

-Prometo que no te haré daño.-susurró.

-Lo sé, no tienes que prometerlo.

-¡Me voy de caza!-gritó Alice desde el primer piso.

Rayos. Pensé. Me había olvidado completamente de Alice. Ella hizo una teatral salida de mi casa y Edward me sonrió.

-Por fin solos.

-Edward…

-Dime.

-¿Me amas?

-Más que nada en este mundo.

Con esas palabras, acerqué mi rostro al de él y lo besé. Edward me trató con delicadeza, cuidando cada uno de sus movimientos. Y tratando de evitar dejarse llevar por sus deseos. Nunca pensé que disfrutaría tanto algo como eso. Pero debía admitir, que su deuda estaba más que saldada. Esa noche dormí abrazada a mi príncipe azul. Esa noche no tuve pesadillas. Y pude descansar mucho. Cuando desperté, Edward no estaba a mi lado. Me levanté de mi cama envuelta en mis sábanas y vi su camisa tirada en el suelo. Me puse los pantalones de mi pijama y su camisa. La acerqué a mi nariz e inhalé su intoxicante aroma. Bajé las escaleras y me lo encontré en la cocina. Tenía sólo sus pantalones puestos y me estaba dando la espalda. Me acerqué a él y lo abracé por la espalda.

-¿Qué cocinas?-le pregunté.

-Tu desayuno.

-Mmmm. Huele rico.

-Que bueno porque ya está listo.

Me aparté de él y me senté a la mesa. Edward me sirvió el desayuno y se sentó a mi lado.

-¿Qué tal te sientes?

-Cansada.-dije.

-Has dormido mucho, ¿Cómo es que te sientes cansada?

-Me dejaste agotada, Edward.-bromeé.

-Ja, que chistosa.

-Sabes que me encanta jugar contigo.-dije con tono juguetón.

-Primera y última vez.

-¿Alice todavía no regresa?-pregunté ignorando su comentario.

-Fue a cazar y luego se fue a casa a pasar la noche con Jasper.

-¿A pasar la noche como nosotros?

-No hagas más comentario al respecto o si no me arrepentiré.

-¿Lo pasaste igual de bien que yo?

-Sí.-admitió.

-Entonces, no hay nada de qué arrepentirse.

Me incliné hacia adelante para besarlo, cuando escuché la voz de Jacob a mis espaldas.

-¡Suéltala!

Me alejé instintivamente de Edward. Volteé y vi a Jacob parado en el umbral de la puerta de mi casa. ¿Qué hacía acá? Edward soltó un gruñido. Se paró y comenzó a caminar con dirección a Jacob. Oh, no. Jacob no sabía que yo le había contado a Edward sobre su condición. Me paré rápidamente de la silla y corrí a interponerme entre los dos.

-¡Basta!-dije.- ¿Qué deseas, Jacob?

-¿Qué hace este chupasangre acá?

-Edward es mi novio y tiene todo el derecho a estar acá. Es otra persona la que sobra.

Entrecerró los ojos y chirrió los dientes. Le había molestado mi comentario. Edward me acercó a su cuerpo instintivamente.

-¡Déjala tranquila!-le gritó Jacob a Edward.

-Tranquilízate, Jacob.-dijo Edward.- No pretendo hacerte daño.

-¡Te dije que dejaras a Bella!

-Suéltame.-le susurré.

Edward aceptó a regañadientes y me soltó lentamente.

-¿Qué hace él acá, Bella?-me preguntó Jacob.- ¿No se suponía que Charlie te había dejado a cargo de una amiga?

-Esa amiga soy yo.-dijo una voz detrás de Edward.

Alice estaba parada en la cocina. Estaba quieta y no tenía intenciones de moverse. Ya que podía ser peligroso.

-¿Charlie te dejó a cargo de un chupasangre?-preguntó sorprendido.

-No voy a permitir que los sigas ofendiendo.-le dije a Jacob.- Charlie confía en Alice, al igual que yo.

-Si tanto confía en ella, ¿Por qué te dejó a solas con el chupasangre?

-Porque tenía que alimentarme.-dijo Alice.- Si no lo hacía, podría resultar un peligro para Bella. Yo no tengo tanto autocontrol como Edward.

-¿Es que no te das cuenta de lo que ha pasado?-le espetó Jacob a Alice.

-¿Qué es lo que ha pasado?-le preguntó calmadamente Alice.

Jacob estaba a punto de perder los estribos. Alice estaba muy relajada y calmada. Edward estaba atento a cualquier movimiento que Jacob podría hacer. Y yo estaba muy pendiente de lo que podría pasar a continuación. Además, ¿Qué quería Jacob? ¿Por qué había venido?

-¡Bella y el chupasangre se han acostado!

-Vaya, que directo.-comenté.

-¡Es la verdad!-me gritó Jacob.- ¡No soy tonto!

-¿Y crees que te considero una persona tonta?-le pregunté.

-¡No trates de jugar con mi mente!-me dijo.- Sé lo que pasó acá y se lo contaré a Charlie.

-No tienes derecho a hacerlo.-le dije enfadada.

-¡Puedo hacer cualquier cosa que se me plazca!

-Charlie no le creerá.-dijo Alice.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque yo lo vi.-dijo ella.

-¿Cómo?-preguntó curioso.

-No sigas, Alice.-le aconsejó Edward.- Le va a contar a su manada todo lo que le digamos.

La mandíbula de Jacob se desencajó por la sorpresa. Eso sí que no se lo esperaba. Retrocedió un par de pasos y observó detenidamente a los Cullen. Suspiré y después de un rato en silencio, hablé.

-¿Qué ocurre Jacob? ¿A qué has venido?

-Quería que lo acompañaras a una velada con sus amigos.-me dijo Edward.

-Déjalo que hable.-le dije molesta.- ¿Era eso, Jacob?

-¿Cómo lo supiste?

-No puedo decirlo.-dijo Edward.

-No continúen.-dije.- Jacob, lamento tener que decirte que no podré asistir contigo. Tengo otros planes para esta tarde.

-¿Con él?-Jacob apuntó a Edward.

-Así es.

-¿Me vas a cambiar por él?

-Lo haces sonar como si fuera algo malo.-le dije.

-¡Lo es!

-Basta.-dije.- Vete, Jacob. Conversaremos algún otro día en el cual no estés tan molesto.

Jacob no me debatió. Se dio media vuelta y salió por la puerta de mi casa. Escuché el motor de su auto y suspiré aliviada. Miré a los Cullen.

-¿Qué tenemos para esta tarde?-pregunté.

-Nuestra familia de Denali quiere hacer un anuncio.-comunicó Alice.- Y desean que estemos todos presentes.

-Supongo que podremos dejar a Bella sola por un rato.-dijo Edward.

-Enfatizo: quieren que todos estemos presentes.-dijo Alice.

-¿También quieren a Bella presente?-preguntó sorprendido.

-Carmen ya la considera parte de nuestra familia.

-Entonces, me vestiré y nos iremos. No quiero hacerlos esperar.-dije.

Me preparé a velocidad luz para irnos rápido a la casa de los Cullen. Edward no había comentado nada. Él sospechaba algo y no quería decirlo. Alice tampoco sabía para qué nos habían reunido. Pero a mí no me interesaba tanto saber el porqué. A mí me interesaba saber que Carmen y los demás ya me consideraban parte de su familia. Y eso significaba mucho para mí. Llegamos a la casa de los Cullen y todos estaban reunidos en la sala. Me senté junto a Rosalie y Esme me pasó a Elizabeth para que la cargara un rato. Rosalie tenía a Jack sentado sobre sus piernas. Y Jasper tenía a Henry en sus brazos.

-Bueno –comenzó a decir Eleazar.-, he hablado con mis hermanas de aquelarre y hemos llegado a una decisión.

Todos lo miraron expectantes. Edward lanzó un casi inaudible bufido. Lo miré de reojo y lo vi fruncir el ceño.

-¿Qué ocurre?-preguntó Carlisle.

-Queremos pasar un tiempo acá, con ustedes.

-¿En Forks?-preguntó Esme.

-Así es.-dijo Eleazar.- ¿Es eso un problema?

-Para nada.-dijo Carlisle.- Son bienvenido en nuestra casa durante todo el tiempo que deseen.

-Gracias.-dijo Carmen.

-Irina, Tanya y yo hemos pensado asistir unos días al instituto de Forks un par de días.-dijo Kate.

-Que genial.-susurró molesta Rosalie.

-No creo que haya problemas si decimos que ustedes tres son primas de los chicos.-dijo Esme.

-¡Genial!-dijo emocionada Irina.

Todos los demás comenzaron a conversar sobre la excusa que dirían a los demás si preguntaban sobre esta extraña visita de Denali. Tanya se acercó peligrosamente a Edward y le susurró:

-Ahora no te podrás escapar de mí, Edward.

Tanya me miró y me guiñó un ojo. Me estremecí. Ella quería luchar conmigo por Edward. Y -al parecer- estaba dispuesta a hacer de todo para ganarme. Pero yo tenía una ventaja. Algo que ella nunca se imaginaría. Yo había sido la que había roto la pureza de Edward después de tantos años. Y ella ni había conseguido acercarse a eso. Pensándolo mejor, yo tenía mucha ventaja…

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No puedo dejar de agradecerles por los reviews que me han dejado. Espero que este capítulo les haya gustado ;)

Surfer Babe 69