So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Diecisiete: Tú y Yo Solos.

Bella POV.

Todos los hombres del instituto habían quedados loquitos por las "primas" de Alaska de los Cullen. Todos habían quedado boquiabiertos y baboseando. En cambio las mujeres del instituto habían quedado molestas. No les gustaba la idea de que –de la nada- aparecieran más chicas extremadamente guapas como Rosalie y Alice. Así que todas estaban extremadamente celosas. Al igual que yo. Lamentablemente -para mis pobres nervios- Tanya había tomado las mismas clases que Edward. Así que ella se pasaba todo el día pegado a mi novio. Y yo me pasaba todo el día pensando en qué estaban haciendo. La odiaba. Más que nunca. ¿Por qué se tenía que pegar a mi novio si sabía que no tenía oportunidad con él? ¿Por qué seguía insistiendo? ¿Tan masoquista era? Alice había tratado de tranquilizarme usando a Jasper. Pero eso sólo había durado un poco. Aún cuando agradecía el esfuerzo de Jasper por tratar de calmarme, no servía, ya que Tanya me sacaba de mis casillas…a cada momento.

-¿Quién es esa?-me preguntó Angela durante una clase que no tenía con Edward.

-Su prima.-mascullé.

-Si es su prima, ¿Por qué se pasa todo el rato colgada a su cuello?

-No son primos sanguíneos.-le recordé.- Edward es adoptado.

-Ah, se me había olvidado eso. Y… ¿Ella está interesada en él?

-Mucho.

-¿Estás bien?

-En este momento me gustaría asesinarla, pero sé que estaré bien.

-¿Es muy molestosa?

-Trata de hacerme la vida imposible…

-¿Qué hace Edward al respecto?

-Le ha tratado de decir que no continúe, pero ella no hace caso.

-Uf, difícil.

-Dímelo a mí.-le dije.- Lo único que quiero es que se vayan. Pero –después- me da remordimiento haber pensado eso porque su familia me agrada mucho. Por lo menos sé que no soy la única que está molesta con su presencia acá.

-¿Quién más está molesta?

-Rosalie.

-¿Por qué?

-Porque Irina está todo el día detrás de Emmett. Y Rosalie es muy territorial cuando se trata de su espo…novio.

-Ya veo. ¿Alice no tiene ni un problema?

-No. Ella es la más feliz al tener a sus primas acá. Con Kate son compañeras de compras. Así que se van de shopping todos los días.

-Por lo menos alguien es feliz.

-Por lo menos…-susurré.- Sabías que el pobre Emmett está todo el día disculpándose con Rosalie.

-¿Por qué?

-Porque Irina se le acerca y él trata de ser amable con ella. Lo cual molesta a Rosalie.

-Me imagino la escena.-dijo divertida.

No, no se la imaginaba. Yo ya había sido testigo de las escenas de celos de Rosalie durante las dos semanas que llevaban el aquelarre de Tanya acá. Yo había presenciado la batalla campal entre Rosalie e Irina para ganar la atención de Emmett e incluso la de Jack. En todas aquellas batallas Rosalie salía vencedora. Y obviamente, se vanagloriaba de su victoria frente a Irina. Edward me contaba que a Rosalie le encantaba demostrarle a Irina que ella era la única que podía tener una relación física con Emmett y que ella era la única para Emmett. Lo cual –obviamente- molestaba mucho a Irina.

La campana sonó y mi atención dejó de estar concentrada en Tanya y sus hermanas. Me levanté de la mesa y salí del salón junto a Angela. Las dos caminamos hasta la cafetería conversando y comentando lo aburrida que había sido la clase. Llegamos a la cafetería y nos separamos. Yo me dirigí directamente a la mesa de los Cullen. Me senté al lado de Edward y lo abracé.

-¿Qué tal estuvo tu clase?

-Aburrida sin ti.

-La mía estuvo igual.

-¿Y yo no te entretuve?-preguntó Tanya.

-Tu compañía es muy agradable, pero…

-¿Pero qué?-preguntó ella.

-No se compara con la mía.-le respondí.

Tanya entrecerró los ojos y siseó. Yo hice caso omiso a lo reacción y abracé con mayor fuerza a Edward. Él comenzó a hacerme cariño en el brazo. Alice ya me había servido una bandeja con comida, así que comencé a comer enseguida. Me estaba muriendo de hambre.

-Ay, Emmett.-suspiró Irina.

La vampira colocó sus manos sobre el antebrazo de Emmett y comenzó a acariciarlo.

-Quita tus manos de mi esposo, arpía.-le dijo Rosalie.

-No seas tan violenta.-le dijo Irina.

-Si no lo haces ahora, te juro que te arranco la cabeza.-la amenazó.

-¿Ah, sí?-dijo Irina con tono desafiante.

-Vamos a tranquilizarnos…-dijo Emmett.

-Sácalas ahora.-le ordenó Rosalie.

-No te tengo miedo.-siseó Irina.

-Pues me lo tendrás.-le prometió Rosalie.- Te lo juro.

-Chicas…-dijo Emmett.

Rosalie se paró de la mesa y Emmett se paró inmediatamente.

-No soportaré más tus intentos de conquistar a mi esposo.-le dijo Rosalie.

-No es mi culpa que ti esposo sea totalmente irresistible.

Si Emmett no hubiese sostenido a Rosalie por la cintura, ésta se hubiese tirado encima de Irina. Fue una lástima que Emmett la hubiese detenido. Yo tenía ganas de ver un poco de acción. Uno que otro miembro desgarrado brutalmente de su cuerpo. Yo tenía ganas de que Rosalie llevara a cabo todo lo que yo quería hacerle a Tanya. Emmett arrastró a Rosalie fuera de la cafetería. Muchos de los alumnos se quedaron mirando la escena boquiabiertos. Irina se paró de la mesa enfadada y se marchó. Seguida por su hermana Tanya.

-Bueno, eso ha sido…interesante.-dijo Jasper.

-Creo que necesito una buena sesión de compras.-dijo Kate.- Eso ha sido muy estresante.

-Yo te acompaño.-dijo Alice.- Haría cualquier cosa por salir de esa casa.

-¿Mucho estrés?-le pregunté.

-Ni te imaginas cuanto.-dijo Alice.- El pobre de Jazz sufre mucho…

-Trato de calmarlos, pero no resulta.-dijo él.- Todos están muy estresados y enfadados.

-Lo lamento, Jasper.-le dije.- Pero así son las cosas.

-Nunca había visto a Tanya y a Irina comportarse de esa forma.-dijo Kate.

-Tanya siente que su territorio está siendo violado.-dijo Jasper.

-¿Por qué?-pregunté.

-Por ti.-me dijo Kate.- Tanya te siente como una amenaza.

-¿Por qué estoy con Edward?

-Así es.-dijo Kate.

-Es una estupidez. Ella sabía a lo que venía.-dije enfadada.

-Sí, pero Tanya pensaba que sería más fácil ganarte.-dijo Kate.- Ella pensó que sería muy fácil ganarle a una humana. Además, ella está convencida que tú sólo eres un capricho para Edward. No logra darse cuenta de la real intensidad que hay en su relación.

-O sea… ¿no se rendirá tan fácil?-pregunté.

-Te dará batalla hasta el final.

-Genial.-siseé.

-¡Que genial idea!-dijo Alice cambiando de tema de repente.

Todos miramos a Edward. Él sonrió.

-¿Estás segura que funcionará?

-Sí.-afirmó Alice.

-Que bueno.

-¿Qué va a pasar?-pregunté.

-¿Te interesaría ir de paseo conmigo?-me preguntó Edward.

-¿A dónde?-le pregunté.

-A un lugar especial…

-Contigo voy a todas partes.-le sonreí.

-¿Crees que Charlie te dejaría salir conmigo un fin de semana completo?

-¿Los dos solos?

-Así es.

-Lo veo un poco difícil.-dije.- Charlie no es de los padres permisivos que dejan a sus hijas irse por el fin de semana a donde sea con sus novios.

-¿Alice?-le preguntó Edward a su hermana.

-Déjame ver.

La mirada de Alice se perdió. Nos quedamos en silencio esperando a que Alice saliera de su trance y nos contara lo que había visto. Después de un rato, Alice sacudió la cabeza. Todos esperamos expectantes, pero ella no habló. Alice frunció el ceño y entrecerró un poco los ojos.

-¿Qué ocurre?-le preguntó Jasper.

-No pude ver nada…-dijo frustrada.

-¿No pudiste ver?-le preguntó Kate impresionada.

-Así es.-dijo Alice.

-¿Por qué no?-le pregunté.

-No lo sé.-se encogió de hombros.

-Trata más tarde.-dijo Edward tratando de calmarla.- En este momento no es necesario saber.

-Me voy de compras.-dijo Alice.- Necesito aclarar mi mente. ¿Vienes, Kate?

-Voy contigo.

Kate y Alice se pararon de la mesa y se marcharon. Jasper nos miró y luego miró a su esposa marcharse.

-¡Espérame Alice!-gritó Jasper.

Jasper se marchó con su esposa, dejándonos a Edward y a mí solos. El resto de las clases fueron tranquilas…por suerte. Sabía que mis nervios no podrían soportar por mucho tiempo más a Tanya. Y –por eso- un par de clases sin ella me hacían bien. Edward insistió en no ir a la clase biología, así que se fue a refugiar al Volvo para esperarme para luego llevarme a casa. Me senté en mi asiento en el laboratorio, cuando apareció Lauren y Jessica.

-Bella.-me saludaron al unísono.

-Hola chicas.-traté de sonreírles.

-¿Dónde está Edward?-preguntó Lauren.

-Se ha marchado. Dijo que no tenía ganas de asistir a esta clase.

-Genial.-dijo Jessica.- Tenemos tanto de que hablar.

-¿En serio?-pregunté con sarcasmo.

-Así es.-dijo Lauren.- Primero que nada, ¿Quiénes son ellas?

-Las primas de los Cullen.-dije por trigésima vez en dos semanas.

-Hay una de las primas…-comenzó a decir Jessica.- Que le coquetea a Edward.

-Así es, se llama Tanya.

-¿No te agrada?-preguntó Lauren.

-No mucho. ¿Qué desean?

-Saber.-dijo Jessica.

-¿Saber qué, específicamente?

-Información sobre esas chicas. Son odiosas.-dijo Lauren.- El otro día tuve un encuentro no muy agradable con la tal Tanya.

-¿Ah, sí?-pregunté un poco más interesada.- ¿Qué pasó?

-Me dijo que Edward era suyo y que no lo mirara más. ¡Esa descarada!-dijo Lauren enfadada.

-¿Qué le respondiste?

-Que se fuera al infierno. Le dije que Edward no era de nadie y que lo podía seguir mirando cuanto quisiese.

-Edward es mío.-le aclaré.- Y mientras no coloques tus garras en mi novio, puedes continuar mirándolo.

Lauren y Jessica soltaron exclamaciones de asombro. Las dos guardaron silencio por un par de segundos. Luego, intercambiaron miradas de extrañeza.

-¿Podemos seguir mirándolo?-preguntó Jessica.

-Sin coquetearle –miré a Lauren-, ni tratar de seducirlo.-miré a Jessica.

-Es un trato.-me dijeron al unísono.

-Genial.-dije.- Pero deben prometerme otra cosa.

-¿Cuál?-preguntó Jessica.

-Deben hacerle la vida imposible a Tanya.

-Tienes un trato, Swan.-dijo Lauren.

Estrechamos nuestras manos y ellas volvieron a sus respectivos asientos. La clase de bilogía comenzó y me encontré con la desagradable sorpresa de que veríamos un video sobre una operación al corazón. Ahora sabía por qué Edward no había querido venir. Después de clases Edward me llevó de vuelta a mi casa. Íbamos conversando sobre la idea que él tenía para nuestro fin de semana, cuando detuvo el auto repentinamente. Lo miré. Su respiración se había agitado, había fruncido sus labios y el color de sus ojos se habían oscurecido. Puso reversa y comenzó a acelerar.

-¿Qué ocurre?-pregunté asustada.

-Nada.-gruñó.

-Edward…

Nunca había visto a Edward andar a esa velocidad. El Volvo volaba por las calles de Forks. Me agarré al asiento y cerré los ojos. Sabía que no era el momento adecuado para hablarle a Edward. Él estaba enfadado y era mejor no enfadarlo más. Llegamos a la casa de los Cullen y Esme salió corriendo por la puerta principal.

-¿Qué ocurre?-preguntó aterrada.

Salí del auto dando trompicones. Edward salió del Volvo y cerró la puerta con un portazo. Pasó por el lado de Esme sin decirle nada.

-¿Qué ocurrió, Bella?-me preguntó Esme.

-No lo sé. Estábamos llegando a mi casa, cuando se detuvo y puso reversa.

-Iré a hablar con él.

-No te preocupes, Esme. Yo iré.

Edward ya estaba en su habitación. Corrí escaleras arriba, tratando de no caerme. Pero no lo logré. Cada cierto número de escalones me tropezaba y tenía que volver a pararme. Cuando llegué hasta su habitación, golpeé su puerta.

-Vete.-me dijo.

-Por favor, Edward.-le rogué.- Necesitamos hablar.

-Vete, Bella.

-¿Por qué te estás comportando como un bebé?

-Es lo mejor.

-Entonces, me iré a casa.

-¡NO!

Edward abrió la puerta. Sus ojos irradiaban terror.

-¿Qué ocurre?-le pregunté muy asustada.

-No te vayas a casa.

-¿Por qué no?

-Jacob.-susurró.

-¿Qué ocurre con él?

-Está en tu casa con toda su manda.

-¿Y…?

-Nos estaban esperando.-gruñó y sus ojos se tornaron una pizca más oscuros.

-Edward…cálmate.

Coloqué mis manos sobre sus mejillas, pero él las apartó rápidamente. Noté que estaba aguantándose la respiración, como si no quisiera oler mi aroma.

-No puedo.-susurró.

-¿Qué estaban pensando?

-Querían atacarme. Estaba planeando una emboscada.-dijo agitado.

-¿Es por eso que diste media vuelta y me trajiste acá?

-Así es. Lo siento, sé que fue repentino. Pero te devolveré cuando Charlie llegue a casa. Así no harán nada.

-Pero… ¿Por qué no me querías hablar?

-Porque pensé que querrías hablar con él si te contaba lo que estaba pasando.

-¿Para tratar de convencerlo?

-Así es.-dijo avergonzado.

-No te preocupes, Edward. Comprendo lo que está pasando. Y agradezco tu preocupación en mí. No iré a hablar con Jacob si eso te deja más tranquilo.

-Gracias.

Lo miré a los ojos y él me sonrió con timidez. No volví a tratar de acariciarlo, ya que no quería provocarle dolor. Debía estar sediento en este momento.

-Ahora, ¿Estarán todos bien?

-Supongo.

-¿Supones? Recuerda que Alice, Jasper y Kate han salido de compras…

-Sé que estarán bien. Llamé a Alice.

-Que bueno. ¿Podemos seguir hablando de nuestro fin de semana?

-Por supuesto.-dijo más tranquilo.

Me dejó pasar a su habitación y cerró la puerta. Nos acomodamos en su sofá y comenzamos a hablar de nuestro fin de semana. Él no me quería contar a dónde íbamos, pero me había dado varias pistas. Pero la que más se había quedado rondando mi mente, había sido ésta: era un lugar que significaba mucho para él durante su vida humana.

Sabía uno que otro detalle de su vida humana. Así que repetí de manera incesante en mi cabeza cada una de las conversaciones que había tenido con Edward. ¿Dónde me llevaría? ¿Sería su ciudad natal? ¿Sería la ciudad en donde vivían sus abuelos? ¿Dónde podría ser?

-¿Sigues pensando en eso?-me preguntó divertido.

-Sí.

-No trates de averiguarlo, Bella. Quiero que sea una sorpresa.

-¡Pero yo quiero saber!

-Ya lo vas a saber.

-¿Nos iremos este fin de semana?

-Sí, es lo mejor.-dijo Alice.

Los dos miramos hacia el umbral de la puerta. Alice estaba parada allí. Entró a la habitación y se acercó a nosotros.

-¿No hubo problemas?-le preguntó Edward.

-No, ninguno.

-Que bueno.-dijo él.- ¿Pudiste ver algo?

-Sí. Cuando me alejé de todos y vi a Bella tomar la decisión de no volver, pude ver con tranquilidad.

-¿Qué ocurrió? ¿Por qué no podías ver?-pregunté.

-Por ellos.-dijo Alice.

-¿Quiénes?-pregunté.

-Puede ser.-dijo Edward.- Creo que tienes razón.

-¿Verdad? Jazz pensó que estaba loca.

-No comprendo.-dije confundida.

-Tu futuro estaba mezclado con el de los quileutes. Por eso no podía ver.-me dijo Alice.

-¿No puedes ver si los quileutes están entremedio?

-Algo por el estilo.

-Tiene sentido.-dijo Edward.

-Todavía tengo que hablar con Carlisle para contarle mi nueva teoría.

-Volviendo al tema, ¿este fin de semana?-preguntó Edward.

-Así es.

-¿Por qué este fin de semana?-pregunté.

-Porque si no fuese este fin de semana, tu futuro desaparece.-me dijo Alice.

-Oh, ya veo.-dije.- O estoy con Edward o estoy con los quileutes…

-Así es.-dijo Alice.

-Entonces, será este fin de semana. ¿Charlie aceptará?

-Le dirás que nos vamos a un spa.

-¿Un spa?-pregunté.

-Así es.

-¿Quiénes vamos, Alice?

-Tú, Rosalie, Esme y yo.

-¿Se lo creerá?-le pregunté.

-Sí.

-Genial.-dije emocionada.

Cuando Edward decidió ir a dejarme a mi casa, le pedía todos los Cullen que nos acompañaran. No quería encontrarme con alguna sorpresa. Así que Rosalie, Emmett, Esme, Carmen, Alice, Jasper y Kate nos acompañaron. Edward iba molesto, lo podía notar. Él quería un momento de privacidad conmigo, pero yo me preocupaba más por su seguridad. Nos habíamos tenido que ir en el jeep de Emmett porque era el auto más espacioso. Aún así, íbamos algo apretados.

-¿Aquí es donde vives?-me preguntó Kate.

-Así es.

-¡Que linda casa!-dijo Carmen.

-Gracias.

-¿Y vives con tu padre?-preguntó Kate.

-Así es.-le respondió Alice.- El padre de Bella es el jefe de policía de Forks.

-Ya veo.-dijo Kate.- Entonces, supongo que no te gusta mucho la manera de conducir de los Cullen, ¿no Bella?

-Algo por el estilo.-le dije sonriendo.

Me bajé del auto y me despedí de todos. Pero antes de entrar, me acerqué a la ventana del copiloto y me asomé hacia adentro.

-Ve de caza, Edward.-dije.

-¿Ah?-preguntó desconcertado.

-Tus ojos.-dije avergonzada.- Son negros, tienes sed.

-Que observadora.-dijo Carmen.

-Gracias, mi amor.-dijo Edward.- Gracias por preocuparte por mí.

-Sé que te duele.-me sonrojé.- Lo lamento.

-No es tu culpa.-me calmó.- Todo está bien.

-Yo lo llevaré de caza.-dijo Jasper.

-Gracias, Jasper.

Volví a dar un par de pasos hacia mi casa, pero me detuve. Vacilé por un par de segundos y volví al auto.

-No dejes que Tanya se le acerque, Jasper.

-Lo tengo todo bajo control, Bella.-Jasper me guiñó un ojo.

-Eres el mejor.-sonreí.

-¿Y qué hay de mí?-preguntó Alice.- ¿No soy la mejor también?

-Algo por el estilo, Alice. Eres la mejor cuñada vampiro que uno puede pedir. Y Rosalie es la más hermosa.-dije adelantándome a un posible ataque de celos de Rosalie.

-Bien dicho.-dijo Rosalie sonriente.

-Nos vemos mañana.-se despidió Edward.

-Sí, claro.-dijo Emmett con sarcasmo.

-Adiós.-me despedí.

Entré a mi casa deprisa. Edward no se marchó hasta que vio a Charlie saludar desde la sala. Después de que Charlie comprobó que Edward se había marchado, me llamó a la cocina para que habláramos.

-¿Qué ocurre?

-¿Qué hacía Edward con tanta gente en el auto?

-Unas de sus primas de Alaska quisieron venir a dejarme para conocer mi casa.

-¿Todos eran primos?

-No, también vinieron los hermanos de Edward.

-Oh, ya veo.

-Papá, tengo que preguntarte algo.

-Dime.

-Esme me invitó a pasar el fin de semana a un spa.

-¿Un spa?

-Así es. Esme invitó a Rosalie, Esme, a las primas de Alaska y a mí.

-¿Un fin de semana de chicas en un spa?-preguntó con incredulidad.

-Esa es la idea.

-Me parece una genial idea, Bella.-dijo al fin.

-¿De verdad?-pregunté incrédula.

-Te hará genial pasar un tiempo alejado de Edward.

-¿Lo dices sólo por eso?

-Bueno, no pero…

-¬¬

-Lo importante es que te doy permiso.

-Gracias.

-Pero con una condición.

-¿Cuál?

-Necesito hablar con Esme para confirmar.

-¿No crees que soy muy grande para que estés llamando a la madre de Edward para confirmar?

-Siempre serás mi pequeña niñita.

Puse los ojos en blanco y bufé. Charlie seguía pensando que era pequeña y que no sabía que decisiones tomar. Pero él no se daba cuenta de que ya tenía 17 años y que ya era lo suficientemente grande como para decidir sola. Cenamos y después me marché a mi habitación. Edward estaba allí como todas las noches. Ya era una costumbre para mí quedarme dormida entre sus brazos. Todos los días me despertaba alegre pensando en el fin de semana especial que tendría con Edward. Varios días después Charlie había llamado a Esme y ella le había mentido.

-No me gusta mentirle.-dijo Esme luego de haber colgado.

-Mentiste por una buena razón.-le aseguré.

-Lo sé.-dijo ella.- Aún así me siento culpable.

-Todo saldrá bien.-dijo Alice.

-Eso espero.-Esme volteó a mirar a Edward.- Cuida mucho a Bella y espero que no le pase nada.

-Te juro que haré cualquier cosa por mantenerla a salvo.

-Te creo.-le dijo Esme.- Yo también te juro que cuidaré de Elizabeth.

-No será necesario.-dijo Edward.

-¿Por qué no?-le pregunté.

-Porque la llevaremos con nosotros.

-¿De verdad?-preguntamos Esme, Alice y yo al unísono.

-Así es.-dijo Edward.- Quiero que sea un fin de semana muy especial.

-¡Ay qué lindo!-dijo emocionada Alice.- ¡Tengo que preparar el vestuario necesario para que Elizabeth y Bella se vean hermosas!

-Alice, no…

-¡Kate!

Alice salió de la sala chillando el nombre de Kate. Sabía que las dos estarían planeando un plan maestro para irse de compras y cambiar toda la ropa que tenía en mi closet. Después de la conversación, Edward me devolvió a mi casa. Me bajé del Volvo feliz por lo maravilloso que resultaría mi fin de semana. Entré a la casa y ésta estaba en silencio. Charlie todavía no llegaba. Cerré la puerta y busqué el interruptor de la luz para prenderla. La prendí y me quedé petrificada.

-Bella, no grites.-me trató de calmar Jacob.

¿Qué no grite? Mi sala estaba ocupada por ocho personas, contando a Jacob. Me acorralé contra la puerta. No podía dejar de mirar a cada una de las personas que estaba allí. Todos me miraban fijamente.

-¿Qué…qué diablos es esto?-pregunté.

-Tranquila.-me dijo Jacob.

-No me digas que me tranquilice. ¿Quiénes son ustedes?-pregunté enfadada. De repente, algo dentro de mí hizo clic.- Son la manada de Jacob.

-¿Le has hablado de nosotros?-preguntó la única chica del grupo.

-No. Lo juro.-dijo Jacob.

-No necesito que él me cuente las cosas.-dije.

-Los Cullen.-dijo uno de los jóvenes que había.

-Así es.-dije yo.- Lamentablemente tengo cosas que hacer, así que van a tener que marcharse.

-No tan rápido.-dijo otro joven.

-¿Perdón? Si recuerdo bien, esta es mi casa y tengo el derecho a hacer lo que yo deseé.

-No te conviene.-dijo un tercer joven.

-¿Ah, no? ¿Debo llamar a mi novio y a su familia para que estén presentes?

-No, si sabes lo que te conviene.-me dijo el segundo de los jóvenes que me había hablado.

-Si mal no recuerdo, este es su territorio. No el de ustedes.

-¿Cómo lo sabe?-siseó uno de los jóvenes.

-Sé muchas cosas.-dije.- ¿Qué quieren?

-¿Si te contamos, le contarás a los Cullen?-me preguntó el joven que más me había hablado.

-Eso es obvio, Sam.-dijo la mujer.

-Igual quiero escucharlo de sus labios.-dijo Sam.

-Sí.-le dije yo.

-Supongo que sabes que los Cullen son peligroso.-me dijo Sam a continuación.

No de nuevo con eso. Pensé molesta. ¿Es que nunca se cansarían todos de decirme lo mismo? ¿Es que nadie entendía que lo que sentía por Edward inhibía el miedo o el terror que –supuestamente- debía sentir? Bufé molesta.

-Lo sé. Y no eres la primera persona que me lo dice.

-Entonces, ¿Eres estúpida o qué?-preguntó la mujer.

-¡Leah!-dijo Jacob.

-¡Fuera!-dije enfadada.

Abrí la puerta y apunté hacia afuera. No quería que estuvieran acá y no me interesaba saber qué querían decirme.

-Bella, entra en razón.-me dijo Jacob.

-No permitiré que me ofendan y tampoco a la familia de mi novio.

Todos se estremecieron al escuchar la palabra "novio".

-¿Qué quieren?

-Supongo que sabes que hay otros vampiros que estuvieron de paso por la zona.-me dijo Sam.

-Sí, James y su aquelarre.-dije.- Lo conozco a él. Me atacó y Edward me salvó la vida…una vez más.-enfaticé.

-¿Ya habían estado acá con anterioridad?-preguntó Jacob.

-Sólo él y Carlisle le había dicho que se alejara de su territorio.

-Entonces, ¿Por qué volvieron?-preguntó Sam.

-¿Qué voy a saber yo? Sólo sé que todos los Cullen están alerta por si llegasen a aparecer de nuevo. No quieren que se derrame sangre inocente.

-Interesante.-dijo Sam.

-Es la verdad.-dije.

-Yo confío en ella.-dijo Jacob.

-Parece estar diciendo la verdad.-dijo el más joven del grupo.

-La estoy diciendo.-dije.

-¿Qué piensan hacer ahora los Cullen?-me preguntó Sam.

-Como dije, se mantendrán alerta.

-¿Y qué harán contigo?-me preguntó Jacob.

-¿Qué crees que van a hacer?

-No quiero ni imaginarme.-dijo Leah.

-Me van a proteger.-dije.

-¿Por qué estás tan segura de eso?-me preguntó Sam.

-Porque Edward nunca me deja sola. En este momento debe estar escuchando todo desde la…

Sonó el teléfono. Todos me miraron. Caminé hacia el teléfono y lo contesté.

-¿Sí?-pregunté sabiendo de quien se trataba.

-Charlie está cerca. Te recomiendo que los eches pronto.

-Y ¿Dónde estás tú?

-¿Dónde crees que estoy?-preguntó divertido.

-¿A la vuelta de la esquina?

-Más cerca.

-¿Mi habitación?

-Bingo.

-Lo sabía. No te puedes alejar de mí ni un segundo.

-Eres irresistible.

-¿Cómo es que ellos no se dan cuenta?-los miré de reojo.

-Mi olor es típico en tu casa…

-Ya entiendo.

-Charlie llegará en…dos minutos o menos.

-Ya entiendo.

-Nos vemos.

Colgué y volví a la puerta para hacerles entender que era hora de marcharse.

-¿Quién era?-preguntó Sam.

-Era Edward.-dije.- Charlie llegará en dos minutos o menos. Así que les recomiendo que se marchen.

-¿Dónde está él?-preguntó Jacob.

-Más cerca de lo que te imaginas.

Todos gruñeron despacio. Volví a insistir para que se marcharan. Y uno a uno comenzaron a salir de mi casa. Ni uno se despidió. Ni uno me miró. Cerré la puerta y esperé. A los pocos segundos legó Charlie. Le pregunté por su día y él comenzó a contármelo alegremente. Traté de comentar a lo largo de su historia, pero no le estaba prestando mucha atención. Después de la cena subí a mi habitación con la excusa de que había sido un largo día. Edward me estaba esperando pacientemente.

-Gracias por no decir nada sobre nosotros.

-No hay problema. ¿Por qué dejaste que hablaran conmigo?

-Quería saber cómo te defendías frente a eso. Carlisle me convenció de que eras capaz de defenderme frente a los chuchos aquellos.

-Ya lo he hecho con anterioridad.-le recordé.

-Lo sé.-sonrió.- Además quería escuchar lo que te iban a decir sobre James.-dijo con un tono más sombrío.

-Pero tú los puedes escuchar, ¿no?

-Sí, pero no es lo mismo.

-Ya veo… entonces, ¿Qué haremos con respecto a James?

-Tú nada.

-Edward, yo ya soy parte de tu familia.

-Lo sé.

-¿Entonces…?

-No quiero que dejes de ser de mi familia, así que te mantendré más cerca.

-¿Para cuidarme mejor?-pregunté con tono juguetón.

-Así es.

-Uy, me gusta cómo suena eso.

-Bella, no juegues con mi autocontrol.

-¿Es que no te gusta jugar conmigo?-le pregunté haciendo pucheros.

-Sabes que me encanta jugar contigo.

Me tomó por la cintura y me acercó a su cuerpo. Para después, besarme con pasión. Me encantaba cuando hacía eso.

º0º0º0º0º

Uf, un capítulo largo XD Desearía ser Bella para poder jugar con el autocontrol de Edward jajaja XD

Surfer Babe 69