So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Diecinueve: Niños Inmortales.

Bella POV.

El fin de semana con Edward había sido perfecto. Y había disfrutado cada minuto de éste. Cuando habíamos vuelto, nos encontramos con la noticia de que el aquelarre de Tanya se había marchado durante nuestra ausencia, lo que significaba que mi pacto con Jessica y Lauren se había roto por completo. Era una lástima saber que no sería testigo de la tortura que Jessica y Lauren tenían preparado para aquella odiosa vampira. Pero por otro lado, eso significaba que ya no mirarían tanto a mi novio. Lo que era algo totalmente positivo.

Volviendo al tema, según lo que Eleazar le había contado a Carlisle, ellos extrañaban mucho su hogar. Por eso habían decidido regresar. A mí no me molestaba su decisión y lo mismo sentía Rosalie. Las dos éramos las más felices con todo esto. Así Tanya no me molestaría más e Irina no molestaría más a Rosalie. Pero Alice había perdido a su compañera de compras y se sentía triste por eso.

-Te prometo que iremos de compras cuando quieras.-dijo Rosalie.

-Lo sé.-dijo Alice.- Pero Kate era especial. Con ella era entretenido ir de compras. Pensamos igual.

Lamentablemente no había podido terminar de escuchar la conversación entre Rosalie y Alice sobre quién era mejor compañera de compras, ya que Edward había insistido en llevarme a casa. Cuando llegamos, se estacionó frente a ésta, pero no se bajó. Se quedó mirando fijamente el volante del Volvo por varios segundos. Edward parecía estar en un trance, ya que no reaccionaba ante nada. Después de un rato, habló.

-Tienes visitas.-susurró.

-¿Qué tipo de visitas?

-Esas visitas.

-Oh…ya veo. ¿No quieres bajarte?

-Preferiría no hacerlo.

-Ok. ¿Algo más que deba saber?-dije.

-No tienen malas intenciones, pero sí quieren saber a dónde has ido realmente. Además, quieren cerciorarse de que sigas siendo tú.

-Ya veo.-Lo besé en la mejilla.- Gracias por todo.

-Nos veremos en la noche.

Me bajé del auto y bajé mis cosas. Edward se marchó enseguida. Abrí la puerta y fingí estar sorprendida al ver a Jacob y a su padre en mi sala.

-¡Bella!-dijo Charlie.- ¿Cómo estuvo el spa?

-Genial.-dije.- Fue una experiencia muy grata.

-¿Has ido a un spa?-me preguntó con cautela Billy.

-Así es, con Esme, Rosalie, Alice y sus primas de Alaska.

Me senté junto a Charlie, quien estaba cerca de Jacob. Éste me olfateó sin levantar las sospechas de Charlie, luego miró a su padre y asintió. A eso debía referirse Edward cuando me había dicho que se querían cerciorar de que siguiese siendo yo. Charlie y Billy continuaron conversando por un buen rato. Mi estómago rugió y decidí prepararme algo para comer. Así que fui a la cocina a buscar algo para comer. Y Jacob me siguió.

-¿Se quedaron más tranquilos?-le pregunté mientras buscaba algo en el refrigerador.

-¿A qué te refieres?-preguntó sorprendido.

-Sé que venían a cerciorarse de que siguiese siendo humana.

-¿Cómo…?

-Mi novio es especial, al igual que su familia. Y ustedes los subestiman.

Me senté en la mesa de la cocina, mientras me preparaba un sándwich. Jacob se sentó a mi lado y frunció el ceño.

-¿De qué manera son especiales?

-¿Crees que te lo voy a contar?-le pregunté.- Yo sé guardar secretos.

-Ja, claro.-dijo con sarcasmo.

-No me importa lo que pienses.

-¿Dónde estuviste realmente?

-En un spa.

-No te creo.

-Cree lo que desees.

-¿Dónde estuviste?-volvió a preguntar.

-En un spa.-dije molesta.

-¿Crees que voy a creer esa mentira?

-Ya te dije la verdad. Si tú no la crees, es cosa tuya.

Agarré mi sándwich y mis maletas, y subí las escaleras hasta mi habitación. Sabía que Edward no se arriesgaría a dejarme sola con ellos por mucho tiempo. Y no me equivocaba. A los pocos minutos entró por mi ventana y me hizo compañía. Nos acostamos sobre mi cama y él me cubrió de frazadas.

-¿Cómo están todos?-pregunté.

-Bien.-dijo Edward.- Elizabeth está profundamente dormida.

-Que bueno.

-¿Tienes sueño?

-Un poco.

-Será mejor que descanses.

-Nos vemos mañana.

-Aquí estaré.

Me besó en la mejilla y cerré los ojos. Inmediatamente quedé sumida en un sueño profundo. No sabía cuánto había dormido, pero cuando abrí los ojos, todavía estaba oscuro. Volteé para ver a Edward y no lo encontré a mi lado. Me senté sobre mi cama y llamé su nombre.

-Aquí estoy, Bella.-me respondió desde mi ventana.

-¿Qué haces allá?

Me paré con todas las frazadas –porque tenía frío- y caminé hacia su lado dando pasos muy cortos porque las frazadas me impedían dar pasos normales. Tuve que caminar lento, porque en cualquier momento podía perder el equilibrio y estamparme contra el suelo. Y no quería eso. Escuché un pequeño golpe en mi ventana y él gruñó.

-¿Qué ocurre?-le pregunté mirando por la ventana hacia afuera.

-No ha dejado de arrojarte piedras a la ventana.

-¿Quién?

Mi vista no era tan buena como la de él, así que me costó un poco adaptarme a la oscuridad y poder notar quién estaba parado debajo de mi ventana arrojándome piedras. Era Jacob. ¿Qué diablos quería ahora?

-No va a detenerse hasta que le abras.

-¿Sabe que estás acá?

-Me he mantenido fuera de su alcance visual.

-¿Qué quiere?

-Hablar contigo.

-¿A esta hora?

-Son sólo las doce.

-Oh.-dije sorprendida.

-¿No le vas a abrir la ventana?

-No quiero.

-No se irá…

-Que se congele, me da lo mismo.

-Bella…

-Está bien.-acepté a regañadientes.- Que no te vea y quédate cerca por cualquier cosa.

Abrí la ventana y me asomé.

-¡Bella!-dijo él.

-¿Estás demente? Charlie está durmiendo en la habitación de al lado.

-Lo siento, pero necesitaba hablar contigo.

-¿No podía esperar hasta mañana?

-Bueno…-dijo avergonzado.- Lo siento, no sabía que estabas durmiendo.

-Estoy muy cansada y estaba durmiendo como un bebé hasta que me despertaste.

-Lo siento.-volvió a decir.

-¿Qué deseas?

-Hablar contigo.

-¿Sobre qué?

-Es sobre lo especial que es tu chupasangre.

-¿Para eso me despertaste? Jacob, no te contaré nada sobre él.

-¿Es que no vez que pones en peligro a todos?

-Tienes una imagen totalmente distorsionada de Edward. Él no es malo.

-¡Es un chupasangre!

-Pero no se alimenta de humanos. Tú me dijiste eso.

-¡Es una leyenda!

-Es la verdad, Jacob.

-¿Lo has visto?

-¿Crees que Edward me va a permitir presenciar algo como eso?

-Supongo que no.

-Así es.-dije.- Edward jamás me haría ver eso. Él sabe que es algo "no apto para humanos".

Guardó silencio por un par de segundos. Miré a Edward y él gruñó. Algo en los pensamientos de Jacob lo estaba molestando.

-¡Tienen bebés raptados!-dijo repentinamente Jacob.

-¿Perdón?

-¡Es la verdad!

-Se nota que no te has informado bien. Buenas noches.

-¡Espera!

-¿Qué mentira me vas a decir ahora para tratar de mancillar la impecable reputación de los Cullen?

-¡Es la verdad, los tienen raptados!

-¡Los están cuidando porque Charlie se los pidió!-dije enfadada.

-¡No me sorprendería que ya los hayan transformado en chupasangres!

-Eso es la última ofensa que toleraré que diga.-me dijo Edward.

-Cálmate.-le susurré.

-¿Quién está contigo?-preguntó Jacob.

-Nadie.

-¡Tu chupasangre está contigo!-gritó.

-¿Bella?-escuché preguntar a Charlie desde la habitación continua.

-El chucho aquel ha despertado a tu padre.-dijo Edward.- Está todavía medio dormido.

Cerré la ventana y me metí a la cama. Edward se escondió como siempre lo hacía. Charlie entró a la habitación para cerciorarse de que estuviera dormida. Después de un rato, se marchó. Guardé silencio hasta que Edward salió de su escondite. Se acurrucó a mi lado y me susurró:

-Se ha quedado dormido de nuevo.

-¿Y Jacob?

-Se ha marchado a avisarle a su manada que estoy acá.

-¿Qué haremos?

-Tú no harás nada más que dormir en este momento.

-Como tú me digas.

Me acurruqué a su lado y cerré los ojos. Sentí sus dedos recorrer mi mejilla y su voz tararear mi nana. Los días transcurrieron con normalidad. Pero los Cullen se habían preocupado cuando Edward les había contado sobre mi conversación con Jacob. Yo no lograba comprender a cabalidad la importancia del asunto, pero Edward me había contado que lo que Jacob había dicho había sido una acusación muy grave. Ese jueves a la hora de almuerzo, Alice me preguntó sobre Charlie.

-¿A dónde va Charlie este fin de semana?

-No sé. No me ha dicho nada. ¿Va a salir?

-Lo puedo ver.-dijo dubitativa.- Pero todavía no está seguro hacia dónde va a ir.

-¿Por qué?

-No lo sé. ¿Te ha comentado algo?

-El martes me comentó que tenía una pista sobre el paradero de la madre de los bebés. Pero no me dijo nada al respecto.

-¿Crees que la haya encontrado?-preguntó Rosalie con tristeza.

-No creo.-dije.- Siempre que tiene pistas de ella, resultan ser mentira o callejones sin salida.

-Rosalie, recuerda que esos niños no pueden estar con nosotros para siempre.-le recordó Edward.

-Lo sé.-dijo ella.- Pero un par de años no es para siempre.

Edward no le respondió. Simplemente puso los ojos en blanco y bufó. Lo tomé de la mano para calmarlo. Él me sonrió e iba a decirme algo, cuando volteó bruscamente hacia la entrada. Sus hermanos lo imitaron.

-¿Qué sucede?-pregunté.

-¿Cómo se atreve a venir acá?-siseó Rosalie.

-Está traspasando nuestro territorio.-dijo Emmett sonriendo entre dientes.

-Ni se te ocurra.-le dijo Alice.- No queremos desatar una guerra.

-No son rivales para nosotros.-dijo Jasper.

-No lo incites a luchar.-le dijo Edward.- Recuerda que somos pacíficos.

-¿Alguien me puede decir qué está pasando?-pregunté un poco molesta.

-Jacob.-dijeron los cinco al unísono.

-¿Qué hace acá?-pregunté.

-Quiere hablar contigo.-me dijo Edward.- Piensa que acá estás libre de nosotros.

-Que ingenuo.-dijo Rosalie.

-Pues yo no quiero hablar con él.-dije.- Así que se puede quedar esperando para siempre.

-¡Esa es mi Bella!-dijo Emmett.- Si quieres que lo golpeé, sólo avísame.

Emmett me guiñó un ojo. Puse los ojos en blanco. Emmett era tan competitivo. Y le encantaba luchar. Por eso sabía que si yo le daba luz verde, él se lanzaría sobre Jacob para luchar. Cualquier cosa para tener un poco de acción –que no fuera una batalla esporádica contra Jasper- en su vida. Un poco más de la que recibía por estar con Rosalie. Por decir algo.

-Viene caminado hacia acá.-anunció Jasper.

-Cálmate.-le dijo Alice.- Y calma a Emmett.

-¡No es justo!-dijo Emmett.- ¡Yo quiero luchar!

-Después de clases iremos en busca de un par de osos, ¿ok?-le dijo Rosalie.

-Bueno.-dijo Emmett con cierto tono meloso.- Sólo si tú me acompañas para verme luchar.

-Tú sabes que me encanta verte luchar.

Rosalie ronroneó y Emmett rió entre dientes.

-¡Ya basta ustedes dos!-los reprochó Alice.- ¡Lo último que deseo es que Jasper se ponga nervioso!

En ese momento entró Jacob. Recorrió el lugar y entrecerró los ojos cuando me vio rodeada de los Cullen. Dio un par de pasos hacia nosotros, pero guardó su distancia.

-Bella, ¿podemos hablar?

-No.-dije yo.

-¿Por qué no?

-Porque no quiero hablar contigo.

-¿Puedes dejar de controlarle la mente?-dijo Jacob.

Miré a Edward y él sonrió con tranquilidad. Inmediatamente noté que la tranquilidad de Edward molestaba a Jacob.

-Yo no tengo esa habilidad.-dijo Edward.- Ella es libre de hacer lo que quiera, Jacob. Yo no tengo ningún tipo de control sobre sus decisiones.

-Eso es mentira. Bella dijo que eras especial.

-Pero no ese tipo de especialidad.-dijo Edward calmadamente.

-Entonces, ¿Qué?

-¿Piensas que te lo diremos?-le dijo Rosalie.- Debes estar loco.

-Mira, rubiecita cabeza hueca…

-Basta Jacob.-lo interrumpí.- No te permitiré que le faltes el respeto a mis amigos.

-¿Te has transformado en uno de ellos o estás más loca de lo normal?

Edward susurró algo a velocidad vampiro y vi –de reojo- como Jasper asentía.

-Cálmate.-le dije.- Yo no quiero hablar contigo. Ya los has ofendido bastante. Además, cada vez que hablamos dices algo malo sobre ellos.

-Es porque no hay nada bueno que decir sobre ellos.-dijo calmadamente.

Fruncí el ceño. ¿Estaba calmado? ¿Cómo había ocurrido eso? Y fue ahí cuando algo encajó. Edward le había pedido a Jasper que lo mantuviera bajo control, para evitar que Jacob se transformara frente a todo el mundo y causara una escena de terror.

-Vete.-le dije.

-Es sobre los bebés.-dijo Jacob.

Miré a Edward y él asintió. Jacob estaba diciendo la verdad.

-Puedes decírmelo frente a los Cullen.-dije.

-Preferiría que no.

-Entonces, no te escucharé.

-Por favor…

-No.

-Está bien.-aceptó.

-¿Qué sucede con los bebés?

-Sam desea saber si siguen siendo humanos.

-¿¡Cómo te atreves!?-siseó Rosalie.

Sus ojos se tornaron una pizca más oscuros. Eso quería decir, que Jacob había desatado su furia. Emmett la agarró de los brazos para mantenerla sentada y para que no armara un escándalo frente a todo el mundo.

-¿Qué ocurre?-pregunté.

-¡Este…chucho -lo miró despectivamente- nos ha ofendido!-acusó Rosalie.

-Yo no he ofendido a nadie.

-Cálmense los dos.-dijo Edward.- Jacob, nosotros no seríamos capaces de hacer una atrocidad como esa. Nosotros conocemos muy bien nuestros límites y de lo que tú estás hablando, va contra todas nuestras reglas.

-¿Tienen reglas?-preguntó Jacob sorprendido.

-Reglas y encargados de cuidarlas.

-Los Vulturis.-susurré al recordar aquel nombre.

-Así es.-dijo Alice.- Los Vulturis son los encargados de que nosotros nos mantengamos fuera del conocimiento humano. Y dentro de nuestras reglas, está la prohibición de crear niños inmortales.

-Son peligrosos.-dijo Edward.- Y no tienen control.

-Y nosotros nunca pondríamos en peligro la vida de los humanos.-dijo Alice.

-¿Sólo ustedes o todos los de su clase?-preguntó Jacob.

-Si alguno de nuestra clase –como le llamas tú- creara un niño inmortal, sería condenado a la muerte inmediatamente por los Vulturis.-dijo Edward.- Y nadie de nosotros desea perder su inmortalidad.

-Entonces, ¿los bebés siguen siendo bebés humanos?

-Sin duda alguna.-dijo Alice.

-Eso es lo que quería saber.-dijo Jacob.

Se dio media vuelta y comenzó a caminar lentamente hacia la salida.

-Jacob.-lo llamó Edward.

Él se detuvo y volteó a mirarlo.

-Te recomiendo que nunca más vayas a visitar a Bella mientras duerme. Si lo vuelves a hacer, te juro que volverás a tu casa sin un brazo…o pierna.

Jacob gruñó y se marchó sin decir nada. Miré a los Cullen uno por uno. ¿De verdad existían los niños inmortales? Y si existían, ¿eran tan atroces como ellos decían? Edward me miró y sonrió. Se acercó a mí, besó mi frente y tomó mi rostro entre sus manos.

-No te preocupes, Bella. Hace siglos que los niños inmortales ya no existen más.

-¿De verdad eran tan atroces?-pregunté.

-Eran encantadores en apariencia.-dijo Rosalie.- Pero despiadados en comportamiento. Si tenían hambre, no lo dudaban dos veces antes de arrasar con todo un pueblo o ciudad.

-Tenían una sed insaciable.-dijo Jasper.- Como cualquier neófito.

-Pero eran peores.-concluyó Emmett.- Eran neófitos por siempre.

-Ya veo.-dije.- ¿Es por eso que Sam estaba tan preocupado?

-Ellos tienen una idea errónea de nosotros. Todavía no conciben del todo la idea de que nosotros no nos alimentemos de humanos.-dijo Edward.- Pero lo que han pensado sobre los bebés, eso sí ha sido insultante.

-Me imagino.-dije.

-Pero tú no debes preocuparte por eso.-dijo Alice.- Tú eres parte de nuestra familia y tú sabes todo el amor que le brindamos a esos bebitos.

-Más del que muchos niños reciben.-comenté.

-Es por eso que me pregunto, ¿Quién dice que los vampiros somos malos y despiadados?-dijo Emmett.- Cuando en realidad somos tiernos y abrasables.

Todos nos pusimos a reír a carcajadas por aquel comentario. El almuerzo terminó y todos nos dirigimos a nuestras respectivas clases. Junto a Edward nos sentamos en nuestro asiento respectivo en biología. Me incliné a buscar mis libros de mi mochila, cuando sentí la mano de Edward sobre mi antebrazo. Levanté la mirada y lo vi sonriente. Me senté y dejé mis libros sobre el pupitre.

-¿Qué piensas hacer para las vacaciones de verano?

-No lo sé. ¿Por qué me lo preguntas?

-Es que a Esme se le ha ocurrido una idea.

-¿Cuál?

-Quiero que sea sorpresa.

-Entonces, ¿para qué me preguntas?

-Para que no hagas planes.

-No creo que haga nada. A lo más, iré a visitar a Renée.

-¿A tu madre?

-Así es. ¿Eso impide que pueda ir con ustedes?

-No creo. Pero trata de organizar ya ese tiempo con tu madre. Para que nosotros organicemos nuestro viaje.

-¿A dónde me llevarán?

-Sorpresa.

Sus labios formaron una sonrisa torcida. Y yo no pude evitar sonreír. La clase de biología comenzó, pero no logró captar mi atención. Así que comencé a jugar con los dedos de Edward. Yo era como Elizabeth, podía hacer cualquier cosa con Edward y él nunca se quejaba. Sonreí al recordar nuestro fin de semana en Chicago. Esme se había muerto de envidia al ver las fotos que Edward me había regalado. ¿Quién no quería tener una foto de Edward de bebé si era tan adorable? Edward entrelazó nuestros dedos y levantó mi mano para besarla.

Cerré los ojos y disfruté del contacto de sus labios con mi piel. Amaba sentir esa descarga eléctrica que me provocaba. No había nadie como él y no iba a haber jamás otro como él. Soltó mis dedos y comenzó a recorrer cada recoveco de mi cara con los suyos. Sabía que el profesor nos podía regañar en cualquier momento, pero no lo haría porque Edward y yo éramos sus alumnos preferidos. Después de que las clases terminaran, Alice se ofreció a llevarme a mi casa en su nuevo Porsche. El cual había causado tal revuelo en la casa, que Rosalie había decidido comprarse un auto nuevo. Alice se detuvo y me sonrió.

-Charlie se irá de viaje este fin de semana y me pedirá que te cuide.

-Ok.-dije.- ¿Hay algo más que deba saber?

-Ni yo sé lo que va a descubrir en su viaje. Pero le pediré a Charlie si te puedes quedar en nuestra casa. Así estarás más segura.

-De Jacob.-dije.

-Así es. A Edward no le gustó nada lo que Jacob pensó sobre nosotros. Le da mala espina.

-¿Qué hará?

-Nada.

-¿Por qué? Si le molesta tanto…

-No hará nada porque le importas mucho.

-¿Qué tengo que ver yo en todo esto?

-Edward quiere mostrar su mejor comportamiento frente a ti. No quiere que lo veas enfadado, hambriento o simplemente fuera de sí.

-Ya veo. Pero se ha portado muy bien hasta el momento.

-Y eso requiere de mucho esfuerzo para él. No es fácil estar a tu lado a cada momento del día sin desear beber de tu sangre.

-Edward está haciendo un gran sacrificio.

-Y lo hace porque te ama.

-Lo sé.-dije feliz.- Y yo lo amo tanto.

-Todos lo sabemos.

-Bueno, me voy.-dije.

-Nos vemos.

-Cuídate.

Me bajé del auto, cerré la puerta y Alice se marchó acelerando. Esa noche -durante la cena- Charlie me habló sobre su viaje.

-¿A dónde irás?-le pregunté.

-A Seattle.-me dijo.- Al parecer han encontrado algo.

-¿Una pista?

-No quiero hacerme ilusiones. Encontrar a la madre de los pequeños ha sido muy difícil.

-Me imagino.

-¿No te molesta que llame a Alice?

-Nop. Ella estará feliz de estar conmigo.

-La llamaré enseguida.

-Como desees.

Se paró de la mesa para hablar con Alice, mientras que yo levanté los platos y los dejé en el fregadero. Lavé los platos mientras escuchaba atentamente la conversación que Charlie estaba teniendo con Alice. Cuando colgó, se acercó para conversar conmigo.

-¿Qué tal ha ido la conversación?

-Alice me pidió algo.-dijo seriamente.

-¿Qué?

-Ella me pidió si tú eres la que se puede ir a dormir a su casa.

-¿Y qué le dijiste?

-Primero quiero cerciorarme de que tú no vayas a hacer algo con Edward.

-¡Papá!-dije ofendida.- ¡Están sus padres en su casa!

-No me hables con ese tono, Bella. Sé lo que hacen los jóvenes hoy en día. ¿Cuántas veces crees que he encontrado a Mike Newton con sus citas en el mirador?

-Mucha información.-le dije.

-Lo siento, pero es la verdad. Yo sé cómo piensan los adolescentes, Bella.

-Pero eso no quiere decir que yo vaya a hacer lo mismo que Mike.

-Quizás no tú, pero Edward es un joven con hormonas revolucionadas como cualquier otro.

-Papá, por favor.-le rogué.- No quiero escuchar esta conversación en este momento.

-¿Me prometes que no harás nada?

-Te lo prometo.

-Júrame que siempre te cuidarás si algo pasa, Bella.

-¡Papá!-chillé. Realmente no quería tener esa conversación con él. Así que decidí cambiar el tema.- ¿Qué le dirás a Alice?

-Ya le dije que sí.

-¿Y para qué me preguntaste todo esto entonces?

-Sólo para molestarte un momento.

Charlie rió entre dientes y se marchó a la sala para ver la televisión. Puse los ojos en blanco. ¿Por qué me hacía esto? Terminé con los platos y subí a mi habitación. Edward estaba tirado sobre mi cama jugando con una pelota de baseball. Me miró y sus labios formaron una sonrisa torcida.

-Te prometo que mis hormonas no son revolucionadas.-me dijo con tono juguetón.

-Ja, chistoso.-dije con sarcasmo, mientras me sentaba a su lado.- ¿Por qué estás con la pelota?

-Alice acaba de predecir una gran tormenta. ¿Te apuntas?

-Esta vez llevaré un paraguas.

-Que genial idea.

Volvió a sonreír con su sonrisa torcida y me incliné para besarlo. Cuando separamos nuestros labios, me tendí a su lado y esperamos a que Charlie se quedara dormido. La mano de Edward se entretuvo recorriendo mi rostro. Y yo me entretuve disfrutando sus caricias.

-¿Bella?

-¿Mmmm?

-¿Vamos?

-¿Charlie ya se quedó dormido?

-Profundamente dormido.

-Entonces vamos.

Me paré de la cama, pero él siguió tendido. Frunció el ceño.

-¿Qué ocurre?-le pregunté.

-Me gusta estar contigo en tu cama.

-Estaremos así cuando volvamos.-le dije divertida.

-Eres como una estufita.-me dijo.- Me agrada tu temperatura.

-Ya, vamos antes de que me arrepienta.

Le extendí mi mano y él me la tomó. Sabía que no la necesitaba para levantarse, pero igual la había tomado. Me acercó a su cuerpo y me besó la frente.

-Algún día te prometo que nos iremos juntos.

-¿Es esa una promesa de inmortalidad?-le pregunté sorprendida.

-Puede ser. ¿Te interesaría?

-No hay nada que me interesaría más que pasar la eternidad contigo.

-Te amo.

-Y yo más de lo que te imaginas.

-Yo te amo más.

-Edward, esta no es una competencia de quien ama más al otro.

-Tienes razón. ¿Te ayudo a subirte a mi espalda?

-¿De nuevo?

-Lo siento.-se excusó.- Esta será la última vez…

-Ya no te creo.-murmuré.

Busqué un paraguas, una chaqueta, una bufanda y un par de guantes. Luego, me subí a su espalda sin ningún problema. Ya estaba acostumbrada. Cerré los ojos y me aferré con fuerza a su cuello.

-Agárrate fuerte.-susurró.

Salió dando un salto por mi ventana y se echó a correr en la oscuridad de la noche. Acomodé mi cabeza en su espalda y sonreí. Después de todo, estaba comenzando a disfrutar de esta modalidad de viaje. Estar tan cerca de Edward me gustaba. Llegamos al campo y me vestí con todo lo que traía. La noche estaba helada y Alice había predicho una gran tormenta. Como siempre, Esme se quedó a mi lado arbitrando el juego.

Edward bajó al campo y me lanzó un beso desde allí. Luego, se pusieron a jugar. Por más que apreciaba la invitación de los Cullen, no podía ver nada en la noche. Así que sólo me concentré en escuchar. Después de todo, pasar un rato con Edward era mejor que nada.

º0º0º0º0º

¡182 reviews! Wow, no sé qué decirles…muchas gracias por todos los comentarios y espero que se siga llenando. ¡Gracias por todo!

Surfer Babe 69