So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Veintiuno: El Vestido Perfecto.

Bella POV.

Después de todo lo que había pasado con la madre de los chicos no sentía ganas de celebrar. Pero Alice había insistido que tenía que asistir al baile de final de curso junto a Edward. Así que fijé la fecha para ir de compras con Angela y Alice. Las dos estaban muy emocionas. Pero a mí no me hacía ninguna gracia. ¿Qué era lo divertido de ir de compras? Nunca lograría entenderlo por completo. Así que esa tarde Alice y yo habíamos pasado a buscar a Angela en el ostentoso Porsche de Alice. Angela estaba completamente sorprendida por el auto.

-¿Te gusta?-le preguntó Alice.

-¡Me encanta!

-Que bueno.-dijo Alice.- Es mi nuevo bebé. Lo quería en rosa, pero no había.

-Parecerías barbie con tanto rosado.-comenté.

-La barbie es Rosalie.-comentó Alice riendo a carcajadas.

-Tienes razón.-dije.

Alice y Angela conversaron todo el viaje sobre los colores y los modelos de los vestidos que querían encontrar en Port Angels. Iba a extrañar estar con Edward durante todo el día. Ya estaba tan acostumbrada que un día sin él un calvario. ¿Por qué Alice no lo había dejado ir con nosotras? Miré por la ventana. Ya estábamos llegando a Port Angeles y podía sentir la ansiedad de Angela y Alice por lanzarse inmediatamente a comprar. Pobre de mí…

Alice se estacionó en la calle principal. Nos bajamos e inmediatamente nos guió a la primera tienda. Alice se conocía las tiendas de memoria. Y sabía cómo regatear con todos los vendedores, así que ella nos había asegurado que los vestidos tendrían descuento. Nos paseamos por varias tiendas, pero ningún vestido nos convenció del todo. Así que Alice decidió ir a una tienda especial. Después de todos los vestidos que nos había hecho probar, Angela y yo estábamos un poco cansadas. Cuando entramos a la tienda, el dueño de ésta salió a saludarnos personalmente, ya que –al parecer- conocía a Alice.

-¡Señorita Cullen!-dijo el dueño.- ¡Que agrado tenerla por acá!

-Hola Andy, ¿tienes algo nuevo para nosotras?

-Por supuesto, vengan por acá.

El dueño nos llevó hasta la parte trasera del local. Alice caminaba junto al dueño feliz de la vida, como si ya hubiese hecho esto antes. Angela me miró preocupada.

-¿A dónde nos lleva?-me preguntó.

-No tengo idea.-me encogí de hombros.- Alice es muy impredecible.

-Eso lo puedo ver.

Llegamos a una pequeña habitación que estaba llena de vestidos envueltos en bolsas especiales para que no se arrugasen. Los vestidos eran hermosos, de distintos colores y modelos. Angela y yo nos sorprendimos al ver que Alice se acercaba a un vestido muy provocativo.

-¿De quién es?-le preguntó Alice.

-D&G.-dijo el dueño.- Es avance de temporada. Y ni siquiera lo hemos soltado al mercado.

-¿Cuántos tiene?

-Un modelo. Usted sabe que esta tienda sólo tiene un modelo de todos los vestidos. Ofrecemos exclusividad, señorita Cullen.

-Me gusta, ¿a ustedes no?

-Es un poco…revelador.-dijo Angela.

-¿De verdad?-preguntó Alice sorprendida.

-¿Lo piensas usar tú, Alice?

-No, lo tenía pensado para ti, Bella.

-¿Para mí? Oh, no. Yo soy un poco más conservadora.

-Aja.-dijo Alice divertida.- Como si todavía siguieses siendo una blanca paloma…

Me ruboricé inmediatamente con aquel comentario. Miré a Angela de reojo y la vi sonriendo. Trágame tierra. Pensé avergonzada.

-Bueno, ¿lo quieres Bella?-me preguntó Alice.

-Nop.

-¿Y tú, Angela?

-A Ben no le gusta el rojo. Creo que prefiere el verde.

-Entonces verde será tu vestido.-dijo Alice.

Se puso a buscar entre todos los vestidos uno verde que se adecuara a Angela. Después de un rato apareció con dos vestidos. Uno verde y uno azul. El vestido verde era strapless, ajustado en la parte de arriba y suelto desde la cintura hacia abajo. Terminaba en corte recto y tenía una cinta color blanca sobre la cintura. El vestido azul era de gaza, tenía tirantes que se amarraban detrás del cuello y tenía un pronunciado escote.

-¿Para mí?-le preguntó Angela.

-Es Versace y es avance de temporada.-dijo Alice.

-Debe ser carísimo.-dijo Angela.

-No te preocupes, te lo conseguiré con un 50% de descuento.

-¿Segura?

-No te preocupes, Angela. Déjamelo a mí.

-Gracias.

-Pruébatelo.

Angela se dirigió a los probadores. Alice volteó y me sonrió.

-¿Qué ocurre?

-Este es para ti, Bella.

-¿Es de un diseñador famoso?-le pregunté.

-Sí.

-Pero no me vas a decir cual, ¿cierto?

-Así es. Sé que no te gusta que gastemos dinero en ti, pero este es mi regalo para ti.

-Alice, no tienes porqué comprármelo. Yo puedo pagarlo.

-No, esto va por mí cuenta.

-¿Por qué insistes tanto?

-Porque…

Alice guardó silencio repentinamente. Frunció el ceño y su sonrisa desapareció. Luego, bufó.

-Ese estúpido.-susurró.

-¿Quién?

-Tu novio. Ha venido a espiarnos.

-¿Edward está acá?-pregunté emocionada.

-No te emociones. Lo mandaré a volar inmediatamente.

Alice guardó silencio y se concentró en un punto específico. ¿Se estaba comunicando con Edward por medio de su mente? ¿Qué le estaría mostrando? Alice rió entre dientes. Luego de un rato me miró sonriente.

-¿Qué?-le pregunté.

-Se marchará.

-¿Qué le mostraste?

-Nuestro siguiente paso.

-¿Vamos a seguir de compras?

-Bella, quiero que te veas perfecta.

-Alice, tú sabes que no me gusta ir de compras.

-Pero si es tan entretenido. Además, Rosalie nos ayudará.

-¿Qué tienes pensado, Alice Cullen?-guardé silencio por un momento.- No, mejor no quiero saberlo.

-No seas aguafiestas, Bella. Rosalie quiere que te veas hermosa para la noche de graduación. Quiere que todo salga perfecto.

-¿Y eso significa jugar con los frágiles nervios de tu hermano?

-Algo por el estilo.-se encogió de hombros.- Vamos, Bella. Cambia esa cara. Todo esto es chistoso.

-Pobre Edward.-dije.- Él no se merece esto, Alice.

-Él quiso seguirnos. Es su culpa.

Puse los ojos en blanco. No ganaba nada si seguía insistiendo. Alice y Rosalie ya me tenían preparado algo. Algo que había molestado a Edward y me dejaría en estado de shock a mí. Angela salió de los probadores con su vestido puesto.

-¡Angela!-dijo Alice sorprendida.- ¡Te ves hermosa!

-¿De verdad?

-Así es.-dije yo.

-Supongo que te lo llevarás.-le dijo Alice.

-Obvio que sí. Me encanta el vestido que has elegido para mí, Alice. Muchas gracias.

-No hay de qué. Cuando lo vi, supe inmediatamente que era perfecto para ti.

-Me lo llevaré.-dijo emocionada.

-Buena decisión.

Angela volvió a los probadores y miré a Alice con una ceja arqueada.

-¿Lo viste y supiste?-le pregunté.

-Obvio.-dijo apuntando a su cabeza.

-Entonces, ¿necesito probarme mi vestido?

-No será necesario. Te quedará perfecto y tú sabes que a Edward le encanta el azul…

Solamente sonreí. Alice era tan impredecible a veces. Cuando Angela salió del probador, nos dirigimos a la caja a pagar. Alice le consiguió el descuento a Angela y ésta quedó feliz con su nuevo vestido. En cambio yo, había insistido en pagar. Pero Alice me lo había prohibido. Después salimos de la tienda y dejamos los vestidos en la cajuela del auto.

-Tenemos que hacer otra parada, Angela.-dijo Alice.- ¿Te molestaría acompañarnos?

-Claro que no, ¿A dónde vamos?

-La tienda se llama Silk.-dijo Alice.- Y Rosalie nos está esperando allá.

-Pero Alice, Silk es una tienda de…-comenzó a decir Angela cuando comprendió las verdaderas intenciones de Alice.

-¿Una tienda de qué?-pregunté yo.

-No le cuentes, Angela. Quiero que sea sorpresa. Además, lo tengo todo fríamente calculado.

Alice le guiñó un ojo a Angela y ésta se puso a reír a carcajadas. ¿Por qué me habían dejado fuera de la conversación? Y ¿Por qué me querían esconder esto? ¿Sería tan terrible como me estaba imaginando? Alice me tomó la mano y me arrastró hasta la tienda. Entre las dos iban conversándome para que no pensara en el asunto. Pero yo sólo quería que Edward me rescatara. Fue entonces, cuando mi celular sonó. Nos detuvimos y yo sonreí al ver que era Edward quien me llamaba. Iba a contestar, cuando Alice me arrebató mi celular.

-¡No!-dije.

-¡Nada de novios!-dijo Alice.

-¡Pero si él me quería salvar!-mustié.

-Edward no vendrá a salvarte en su brillante Volvo como si fuese un caballero de armadura y espada.-dijo Alice.- De acá nadie te puede salvar.

Me arrastraron entre las dos hacia el interior de una tienda. Mis ojos se desorbitaron y mi mandíbula se desencajó. Esto debía ser una broma. No había otra explicación sensata para esto. Rosalie nos estaba esperando con una gran sonrisa. Traté de escapar, pero Angela y Alice –más Alice que Angela- me lo impidieron.

-¡No te irás a ninguna parte, señorita!-dijo Alice.

-¡Por favor!-le rogué.- No quiero esto.

-Oh, vamos Bella.-dijo Rosalie.- Esta es una simple compra de ropa interior. Nada más.

-¡Yo sé cuáles son sus intenciones! Quieren jugar con los nervios de Edward.

-¿Nosotras?-preguntó Rosalie riendo.- Al parecer, no nos conoces tan bien.

-Por favor…

-No.-dijo Alice.- Te llevaremos pronto a casa si nos ayudas.

-¿Con qué?-les pregunté.

-Elige, Bella.-Rosalie levantó dos modelos de ropa interior muy provocativos.- ¿Rosa o rojo pasión?

-Ninguno.-dije.

-Ayúdanos un poco, Bella.-dijo Alice.

-No.-me negué

-Con algo tendrás que salir de esta tienda.-dijo Rosalie.- Así que tú eliges.

Eso no era justo. Fruncí el ceño enfadada. Angela estaba muerta de la risa. Claro, ella encontraba todo esto muy chistoso, pero yo no. Yo entendía las verdaderas intenciones de Rosalie y Alice. Y me iba a negar. No iba a permitir que sus planes malévolos se cumplieran.

-¿No vas a decir nada?-preguntó Alice.

-Nop. Ninguno me gusta.

-¿Qué tal en azul?-preguntó Angela.- Últimamente la mayoría de tu ropa es de ese color. ¿Es el color favorito de Edward?

-¿Cómo lo sabes?-le pregunté sorprendida.

-Se te nota.-me dijo.

-Entonces, ¿prefieres alguno de estos modelos en azul?-preguntó Rosalie.

-No quiero ninguno.-recalqué.

-Entonces te probarás los dos.-dijo Alice.- Vete al probador inmediatamente.

Rosalie me pasó los dos modelos que traía en su mano y me empujó hacia los probadores. Las escuchaba conversar a la distancia. Pero eso no me importó. ¿Cómo podía salir de acá? El probador era bastante espacioso, pero no tenía ninguna ventana o salida. Alguien tocó a la puerta.

-Todavía no estoy lista, Rosalie.-dije molesta.

-No soy Rose.

-¿Edward?-pregunté extrañada.

-Ábreme la puerta.-susurró.

No lo dudé dos veces y abrí la puerta. Edward entró rápidamente. Cerré la puerta y lo miré divertida.

-¿Dónde estuviste toda mi vida?-le pregunté.

-Graciosa pregunta, pero he venido a rescatarte.

-Tus hermanas se enfadarán.

-Pero me perdonarán pronto.-dijo.- ¿Estás lista?

-Tengo que probarme estos dos y elegir uno. Si no lo hago, me matarán.

-Me gusta ese.-dijo apuntando al que estaba en mi mano derecha.

-¿Te gusta?-arqueé una ceja.

-Después de todo es para mí, ¿no?-se encogió de hombros.

-Eres tan especial.-dije sonriendo.- ¿Tienes lápiz y papel?

Me pasó ambos y me apoyé contra una pared para escribirles una nota a Alice y a Rosalie. Dejé ambos modelos y la nota sobre un taburete. Miré a Edward. Él sonrió.

-¿Estás lista?

-Obvio.

Me tomó de la mano y asomó su cabeza para cerciorarse de que no hubiese moros en la costa. Al ver que no había peligro, salió del probador y comenzó a correr. Obviamente que yo lo seguí lo más rápido que podía. Me sacó de la tienda por una puerta trasera. Allí nos esperaba su Volvo. Me subí al asiento del copiloto y me aseguré. Inmediatamente puso el auto en marcha y aceleró.

-Gracias.-le dije.

-No hay de qué.-me dijo sonriendo.- Estaba esperando el momento indicado. Pero Alice no me dejaba ver cuáles eran sus planes. Así que esperé hasta el momento en el cual se distrajera.

-¿No se enfadará?

-Ya está enfadada. Todavía puedo escucharla.

-¿Qué dice?

-Nada muy agradable.

En ese momento sonó su móvil. Lo agarró y contestó.

-Alice, antes de que me digas que me quieres matar, Bella cumplió con ustedes.

Lo miré divertida mientras trataba de convencer a Alice de que era lo correcto. Pero Alice estaba muy enfadada. Y lo sabía porque podía escuchar su voz por el teléfono. Después de un rato Edward colgó y me miró divertido.

-¿Todo bien?-pregunté.

-Me quieren sacar la cabeza pero sobrevivirán.

-Me alegro por ellas.

-Pero parece que tú no te has salvado del todo.

-¿Por qué?

-Porque –por venganza- han decidido comprar varios modelos de ropa interior provocativa para ti.

-Dios.-suspiré.

-Lo sé, pero no dejaré que ellas te obliguen a usarla.

-Si a ti te gusta no tengo ningún problema en usarla.-le dije con tono juguetón.

-No necesito de esos incentivos.-dijo divertido.

-Lo sé.-me mordí el labio inferior.

-Te ves tan sexy cuando haces eso.

-Me encanta verme sexy para ti.-dije con tono juguetón.

-¿Qué tienes en mente, Bella Swan?

Edward arqueó una ceja al verme el rosto. Lo miré con inocencia y me encogí de hombros.

-Tú sabes que soy un angelito, Edward.

-Sí, claro.

-No me digas esas cosas, que me siento mal.

Tomó mi mentón con una de sus manos –ya que con la otra estaba sosteniendo el volante- acarició mi mentón y sonrió.

-¿Te interesaría hacer un pequeño viaje conmigo?

-Contigo voy a cualquier parte.

-Me encanta cuando dices eso.

Se acercó a mí y me besó con pasión. Sabía que él debería estar preocupado por conducir, pero me encantaban esos besos. Siempre desataban en mí una reacción química. Más adrenalina de lo normal comenzaba a correr por mis venas cuando él me besaba de esa manera. Se separó de mí y fijó sus ojos en el camino.

-¿Por qué?-le pregunté.

-Porque hay una patrulla de policía cerca.

-¿Así que desacelerarás y me dejarás de besar así?

-Ya tendremos más tiempo para besarnos así. Además, te llevaré a un lugar especial.

-Uy, me encantan esos lugares.

-Cálmate.-se rió.

-No sé por cuánto tiempo pueda controlarme.

Edward rió a carcajadas. Pasamos frente a la patrulla con una velocidad moderada. Pero cuando ya no estábamos a su alcance, aceleró. Vi como Forks pasaba a mi lado rápidamente. Edward condujo hasta un camino de tierra y se detuvo.

-¿Vamos a tu lugar favorito?-le pregunté extrañada.

-Así es.

-¿Deberé irme en tu espalda?

-Así es.-volvió a repetir.

Suspiré. Él se acercó a mí y me besó en los labios.

-Esta vez no estaremos solos.

-¿Trajiste a Elizabeth?

-Quizás debí plantearlo de otra forma. ¿Te gustan las acampadas?

-¿Por qué? ¿Me tienes preparada una acampada?

-Según los pronósticos meteorológicos de Alice, hoy será una noche estrellada. Sin nube alguna tapando el cielo.

-¿Y quieres que yo acampe contigo?

-Pensé que sería una linda experiencia que pasemos una noche solos los dos…bajo las estrellas.

-¿Hará mucho frío?

-Traje un arsenal de mantas para taparte. Pero Alice no predijo frío.

-¿Y qué harás con Charlie?

-Déjame encargarme de eso ahora.

Agarró su celular y llamó a Alice.

-Hola hermanita preciosa. Sí, yo también te quiero mucho.-me sonrió.- Necesito un favor, Alice… ¿Por favor?-guardó silencio un rato.- Eres la mejor, gracias.

Colgó y me sonrió.

-¿Todo arreglado?

-Alice le dirá a Charlie que decidiste quedarte en Port Angeles porque todavía había mucho que comprar.

-No se lo creerá.

-Tranquila, deja que Alice se encargue de todo.

-Entonces, ¿Una noche bajo las estrellas?

-Tú y yo solos.

-¿Sin nadie que nos interrumpa?

-Tanya ya se marchó y a menos que decida beber de ti hoy, los chicos nos serán molestia.

-¿No piensas hacerlo?-pregunté divertida.

-No me incites.-dijo serio.- Ahora ayúdame a bajar las cosas.

-Pero si soy una frágil humana, Edward.-dije con inocencia.

-Vamos.

Refunfuñé un rato. No quería salir del auto, ya que tenía una temperatura agradable. Aún así, me obligó. Salimos del auto y él sacó todas las cosas necesarias.

-¿Serás capaz de no accidentarte por un par de minutos?

-¿A dónde irás?

-A arreglar la carpa y las cosas.

-¿Me puedo quedar dentro de la seguridad del Volvo?

-Obvio.

-Gracias.

Me metí al Volvo y cerré las puertas. Lo vi desaparecer entre la espesura del bosque. Prendí la radio para ver que CD estaba escuchando.

-Debussy.-susurré.

Edward era tan predecible. Escuché varias canciones y no había señales de Edward. Comencé a preocuparme cuando el CD se dio la vuelta completa. Comencé a mirar hacia afuera, pero no era capaz de ver nada. Malditos ojos humanos. Pensé. Sabía que no podía salir a buscarlo porque me perdería. Me sentía tan frustrada en el momento. No podía hacer nada. Me acomodé en el asiento y comencé a jugar con mis dedos.

De repente, lanzaba una que otra mirada nerviosa hacia el bosque sólo por si lo veía emerger. Pero nada. ¿Dónde estaba Edward? Sentí un golpeteo en la ventana y me sobresalté. Edward estaba afuera sonriéndome con dulzura. Lo miré enfadada y bajé la ventana.

-¿¡Dónde estabas!?

-Montando el campamento.

-¿Tanto te demoraste?

-Lamento la demora, pero montar una carpa es más difícil de lo que piensas. ¿Vamos?

Lo miré de reojo. Quería hacerlo sufrir, pero no podía decirle que no. Cerré la ventana y salí del Volvo. Él lo cerró y me ofreció su espalda. Pero antes de subirme, noté algo.

-¡Mentiroso!-le dije enfadada.

-¿Qué?-me preguntó extrañado.

-Te detuviste a comer.-dije apuntando sus ojos.- Están más brillantes. ¿Por qué no me cuentas la verdad?

-¿Te diste cuenta?

Su mandíbula estaba desencajada. No podía creer que lo había notado.

-Obvio que sí. Conozco cada color por el cual pasan tus ojos. Y en este momento estás recién alimentado.

-Bueno, quizás pasé a alimentarme.

-¿Qué tienes planeado?-pregunté curiosa.

-Nada.

-Mentiroso. Si no tuvieras algo planeado, no te hubieses alimentado. Estabas bien antes.

-¿Por qué no dejas de hacer preguntas y nos vamos?

-Claro, no quiero arruinar tu sorpresa.

-Vamos.-dijo sonriente.

Me subí a su espalda y cerré los ojos. Llegamos pronto al prado. No me gustaba para nada este tipo de viajes y Edward lo sabía. Me bajé de la espalda de Edward con mis piernas temblorosas. Él me ayudó a sostenerme por un par de segundos hasta que me recuperara por completo. Aún así me prohibió abrir los ojos.

-¿Por qué tanto misterio?

-Porque quiero que sea perfecto.

-Si estás tú, es perfecto.

-Abre los ojos.-me dijo.

Y lo hice. Me sorprendí mucho al ver todo lo que Edward tenía preparado para mí. La carpa estaba instalada y cerca –no tanto- había una fogata.

-¿Te gusta?

-¿Todo esto es para mí?

-Así es.-dijo emocionado.

-Wow, gracias Edward.

-De nada.

Me besó la mejilla. Me acerqué a la fogata para calentarme las manos. Pero Edward guardó su distancia. Fruncí el ceño y lo miré.

-¿Qué ocurre?

-No me gusta el fuego.

-En tu casa siempre está la chimenea prendida.

-Pero a mí me trae malos recuerdos.

-¿Por qué?

-Porque el fuego es lo único que nos destruye por completo.

-Oh. No lo sabía.

-No es nada del otro mundo.-dijo quitándole un poco de peso al asunto.- ¿Quieres comer?

-¿Qué tienes pensado?

-No sé si te gustan. Pero Alice dijo que sí.

-¿Qué es?

-Si no te gustan es culpa de Alice.

-Dime.-insistí.

Sacó una bolsa de malvaviscos. Mis ojos brillaron con intensidad. Le arrebaté la bolsa y los miré deseosa. No los comía desde que era pequeña, ya que Renée había decidido que tanta azúcar me hacía mal.

-¿Te gustan?-preguntó cauteloso.

-¡Me encantan!-lo abracé.- ¡Gracias Edward!

-De nada.

Nos sentamos sobre un tronco y comenzamos a hacer los malvaviscos cerca de la fogata. Probé el primero temerosa, pero después de darle el primer mordisco, recordé lo delicioso que sabían. Después de eso, nadie me pudo detener. Hasta hice que Edward lo probara, pero para él, toda la comida humana sabía mal. Me lo describió como una masa chiclosa y sin forma que caía por su esófago, hasta quedar en su estómago. Luego, me dijo que debía encontrar una forma de sacarlo de ahí, ya que su cuerpo no hacía digestión con eso. En ese momento me sentí mal y él decidió cambiar el tema.

-¿Saciaste tus ganas de comer?-me preguntó después de haberme devorado todos los malvaviscos.

-Sí.-dije tímidamente.

-Me recuerdas a Jasper.

-¿Por qué?

-Porque se abalanza sobre su presa al igual que tú.

-Oh.-dije avergonzada.

-No te ruborices, Bella. Te ves bonita comiendo malvaviscos…aún cuando te los comiste en tiempo record.

-¡Edward!

-Lo siento.

-Más te vale.

-Me encantan todas tus facetas.-me susurró.

Se paró y caminó hacia el interior de la carpa. Cuando volvió, trajo con él un par de parlantes de iPod que funcionaban a base de pilas recargables y su iPod.

-¿Qué intentas hacer?-le pregunté.

-Poner un poco de música.

-¿Para qué?-pregunté alarmada.

-Para escuchar… ¿Está todo bien?

-Sí, sí, obvio.

-¿Hay algo que me estás escondiendo?

-Nop.

-Entonces no te molestará bailar conmigo un poco…

-Nada de bailes.-dije tajante.

-¡Aja! Lo sabía. ¿Qué está pasando?-quiso saber.

-Nada.

-Bella… ¿no sabes bailar?

-Soy un poco torpe para bailar.

-¿Más de lo normal?-preguntó con preocupación.

-¡Edward!-lo regañé molesta.

-¡Lo siento!

-No voy a bailar.

-Inténtalo…por mí.

-Nop.

Puso los parlantes sobre el suelo y puso Claire de Lune de Debussy. Me extendió su mano.

-Una vez.

-Soy torpe, Edward. No sé bailar.

-Entonces te obligaré.

-Ay, Edward. Eso no funcionará conmigo.-dije divertida.

Sus labios formaron una sonrisa torcida. Y en un rápido movimiento me agarró de la cintura y me acercó a su cuerpo. Colocó mis brazos alrededor de su cuello y volvió a sonreír. Nos alejamos de la fogata para tener un poco más de espacio para bailar. Lo sorprendente era que mis pies solamente rozaban el suelo.

-¿Segura?

-¿Para qué me haces discutir contigo si sabes que me puedes obligar?-pregunté divertida.

-¿Te gusta que te obligue?

-Un poco.

Comenzamos a dar vueltas, como si estuviésemos bailando. Cualquiera que nos hubiese visto, hubiese estado celoso. Edward bailaba tan bien y me hacía bailar tan bien a mí también. Me encanta estar cerca de él. Acomodé mi cabeza en su pecho y cerré los ojos.

-No te quedes dormida.-me susurró.

-No sé si pueda.

-¿Si doy más vueltas no te quedarás dormida?

-Si damos más vueltas, vomitaré.-dije divertida.

Levanté mi mirada y lo vi sonriendo. Comenzamos a reírnos a carcajadas. Edward me separó un poco de su cuerpo, soltó mis brazos y tomó uno para darme una vuelta.

-¿Qué ocurre?-me preguntó divertido.

-Me está dando un poco de sueño.

-¿Quieres irte a dormir?

-Ni pensarlo.

-¿Qué deseas hacer?

-Lo que quería hacer en el auto.

-¿Qué?

-Jugar contigo hasta que amanezca.

Se acercó a mí y susurró seductoramente en mi oído:

-¿Qué te lo impide?

Me tumbó sobre el suelo y reí nerviosamente. ¡Dios! Era tan inexperta en esas cosas. Edward acercó sus labios a los míos y comenzamos a besarnos. Él se encargó de todo. Así que yo solamente tuve que disfrutar. Me encantaba esa parte. Sonreí mientras sentía las manos de Edward deslizarse debajo de mi blusa. Acaricié su cabello y él besó la línea de mi mandíbula.

-Te amo.-susurré soltando una risita nerviosa.

-Quédate quieta. O te haré daño.

-Lo siento.

Me molestaba tanto que Edward hiciera salir mi lado estúpido. Me quedé quieta como me ordenó. Bueno, no durante todo el proceso. Me encantaban sus caricias. Y no había nada en este mundo que se comparara. Edward me hacía olvidar que el resto del mundo existía. Cuando estábamos solos, no existía nada ni nadie más. Cuando estábamos solos, todo era perfecto.

º0º0º0º0º

R&R

Surfer Babe 69