So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Veintitrés: Tu Peor Pesadilla.

Bella POV.

Carlisle me había hecho una revisión médica completa. Había revisado todo lo que había en mi cuerpo y no había encontrado respuesta alguna. Así que habían decidido quedarse tranquilos hasta que Eleazar viniera a visitarnos. Por mientras, Esme, Alice y Rosalie habían comenzado con los preparativos de la despedida. Esa tarde había ido a la casa de los Cullen a estudiar. Allí podía esconderme en la oficina de Carlisle y tener un poco de silencio. Iba caminando por uno de los pasillos de la casa con mis libros en la mano, cuando pasé junto a la habitación de Rosalie y Emmett.

Escuché sus voces. Estaban hablando. Me detuve en seco. Sabía que ellos sabían que yo estaba allí. Aún así, no se detuvieron. Rosalie era la que hablaba. Su voz era dulce, calmada y tranquilizante. Me asomé por la rendija de la puerta y los vi sentados frente a Jack. Rosalie tenía las pequeñas manitos de Jack entre las suyas y las acariciaba con ternura. Emmett estaba sentado a su lado y le acariciaba el cabello.

-¿Lo comprendes, Jack?-le preguntó con dulzura Rosalie.

-¿Nunca más?-preguntó él con timidez.

-Siempre estaremos presentes en tus sueños. Rosalie y yo.-dijo Emmett.- Cada vez que nos desees ver, te visitaremos en sueños.

-Pero… ¿nunca más mami Rose y papi Emmett?

-Ay, cariño.-suspiró Rosalie acariciándole la mejilla.- Nosotros también te extrañaremos. Pero son tus abuelos. Y ellos quieren que ustedes vivan con ellos. Son…familia.

Jack miró a Rosalie y sus ojos se llenaron de lágrimas. Se abalanzó hacia Rosalie y la abrazó por el cuello. Comenzó a llorar sin consuelo alguno. Rosalie lo abrazó y comenzó a acariciar su espalda. Sus dedos recorrían de arriba abajo su vértebra. Emmett le acarició el cabello. Vi como los labios de Rosalie se movían, pero no escuché nada. Súper velocidad de vampiro. Comencé a caminar de nuevo.

¿Dónde estaría Edward? ¿Estaría haciendo lo mismo? Caminé hacia su habitación y me detuve en el umbral de la puerta. Elizabeth estaba jugando en el suelo y Edward estaba tirado sobre el suelo jugando con ella. Repetí su nombre constantemente, tratando de lograr lo mismo que había logrado con la palabra imbécil. Edward, Edward, Edward. Repetí incesantemente. Volteó a mirarme y sonrió.

-¿Lo escuchaste?-le pregunté.

-Nop.

-Vaya, parece que sólo funciona con insultos.

Caminé a su lado y me senté sobre el suelo. Elizabeth ni notó mi presencia. Ella sólo tenía ojos para jugar con Edward.

-¿Cómo estuvo el estudio?

-Muy productivo.

-Que bueno.

-La oficina de Carlisle es muy silenciosa. Me gusta estudiar allá.

-Me alegro que yo no sea una distracción.

-¿Has hablado con ella?-le pregunté.

-¿Qué gano con eso? No me puede entender.

-Eso es lo que tú crees.

-No me engaño.-se encogió de hombros.

-¿Cómo lo hacen tus hermanas?-le pregunté molesta.

-Algo por el estilo.

-¿Cuál es todo el asunto con Rosalie, Edward? ¿Por qué la tratas tan mal?

-No la trato mal, Bella. Solo trato de que vea la realidad.

-¿Obligándola?

-No la obligo.

-Eso es lo que haces.-dije.- La molestas hasta que se enfade contigo.

-No entiendes.-puso los ojos en blanco.

-Pues no.-dije molesta.- Y no quiero entender si tienes una excusa estúpida.

-¿Qué te pasa?-frunció el ceño.- Estás más sensible de lo normal.

-Y tú más tonto de lo normal.

Guardamos silencio por un momento. Estábamos peleando por una estupidez. Pero los dos tratábamos que el otro entendiera nuestro punto de vista.

-¿Me odias?-preguntó.

-Aunque quiera enfadarme contigo, no puedo.-suspiré.

-Lamento comportarme de esta forma, pero yo sólo estoy tratando de que todo este asunto de la despedida no me afecte tanto.

-¿Por qué no?

-Porque no quiero hacerla sufrir.-apuntó a Elizabeth.- No quiero que me vea triste, no quiero que me vea…

-Triste.-terminé su frase.

-Así es.

-Pero eso no es cierto, Edward. Sólo estarás demostrando tu preocupación.

-Me siento…débil.-dijo entre dientes.- No me gusta sentirme así.

-¿Y Jasper no puede ayudarte a controlar tus emociones para que aclares tu mente?

-No, ya que él se siente más triste que yo. Y lo peor es que lo ha estado transmitiendo a todo el mundo.

-Edward, todo saldrá bien. Tú y yo sabemos que Elizabeth estará bien. Además, yo estaré aquí para cuidarte.

-¿Tú me cuidarás?-arqueó una ceja.

-Sí.-dije divertida.- Cada vez que sientas que todo esto es superior a ti y ya no puedas más, yo estaré cuidándote.

-Bella, eso no es justo.

-¿Por qué?-le pregunté sorprendida.

-Porque yo soy el que debe cuidarte. Se supone que yo debo ser el hombro al cual asistas para llorar.

-Edward, esta relación –nos apunté.- es recíproca. Yo te doy y tú me das. Si sientes que necesitas ayuda, aquí estaré.

Nos quedamos en silencio. Edward estaba pensando en lo que le había dicho. Su semblante era serio. Su mirada estaba fija en Elizabeth. La bebita estaba tan entretenida jugando, que no se dio cuenta de que estábamos discutiendo. Edward frunció el ceño y los labios. Me acerqué a Elizabeth y la tomé en brazos.

Al principio se molestó porque la aparté de sus juguetes, pero cuando se dio cuenta que era yo, se calmó. Comenzó a jugar con mi cabello mientras que yo la paseaba por la habitación. La acuné en mis brazos, pero no quería comenzar a tararear, ya que sabía que mi voz no era tan hermosa como la de Edward.

-Te necesito.-le dije.

-Lo estás haciendo muy bien.-me alentó.

-Pero tu voz es más hermosa que la mía.-le sonreí.

Puso los ojos en blanco. Se paró y se puso a mi lado. Mientras yo la acunaba, Edward comenzó a tararearle y a acariciar sus cabellos. Elizabeth nos miró y mantuvo fija su mirada en nosotros, como si no deseara perderse ni un momento. Pero sus ojos comenzaron a cerrarse lentamente. Y por más que ella batallara para mantenerlos abiertos, no lo logró.

-Te amamos.-susurró Edward.

Aquellas palabras me hicieron estremecer. Eran tan sinceras y tan cargadas de emociones, que no pude contener las lágrimas que salieron en ese momento de mis ojos. Edward retiró a Elizabeth de mis brazos para poder tranquilizarme. Dejó a Elizabeth en su cuna, me senté en su sofá y se acuclilló a mi lado.

-¿Qué ocurre, Bella?

-La vamos a perder para siempre, ¿cierto?-dije entre sollozos.

-Lamentablemente sí. Pero no te preocupes, Bella. Todo saldrá bien.

-¡No quiero perderla!

Me incliné hacia él y lo abracé por el cuello. Apoyé mi cabeza en su hombro y me refugié allí. Sus dedos comenzaron a acariciar mi espalda.

-Bella, sabes que si deseas tener…

-No.-dije tajante.- Sin ti en mi vida, ésta no tiene sentido.

-Pero si quieres tanto un bebé.

-No lo entiendes.-dije molesta. Salí de mi escondite y lo miré a los ojos.- No quiero a cualquier bebé, quiero a Elizabeth.

-Bella, eso es…

-Lo sé.-le grité. ¿Por qué le estaba gritando?- ¡Yo te quiero a ti, Edward!

-Bella…tú…

Me acerqué a su rostro y no lo dejé terminar. Fusioné nuestros labios en un necesitado beso de cariño. Lo necesitaba en este momento tan amargo. Lamentablemente el beso no pasó al siguiente nivel, ya que alguien tocó a la puerta. Edward se separó de mí y volteó a mirar. Esme estaba parada en el umbral de la puerta.

-Han llegado.-susurró Esme.

-Elizabeth está durmiendo.-dijo Edward.- Yo me encargo de arreglarla.

-Bella, cariño… ¿te puedo ayudar en algo?

-No, estoy bien.-susurré.

-Oh, está bien. Pero te he traído esto….por si acaso.

Dejó sobre un mueble una caja de pañuelos desechables y una barra de chocolate. No era cualquier chocolate, sino que mi favorito. Esme se retiró de la habitación. Edward se paró y me buscó los dos objetos. Me los entregó y se puso a recoger las cosas de Elizabeth. Me sequé todas las lágrimas y me soné varias veces, mientras veía a Edward arreglar todo. Bajó varias maletas con la ropa y los juguetes de Elizabeth.

Lo escuché saludar a dos personas. Y supe que todo había terminado. Respiré profundamente varias veces para calmarme. Luego, me paré y recogí a Elizabeth de su cuna. Ella ni se inmutó. Estaba profundamente dormida y no escuchaba nada. Bajé con cuidado las escaleras. Edward me sonrió.

-Esta es Bella, mi novia.-dijo Edward.

Dos personas estaban paradas frente a mí. Y se parecían mucho a los chicos. Puse una sonrisa en mi rostro y los saludé.

-Es un gusto.-me dijo la mujer.

-El gusto es mío.-dije sin mucha convicción.

-¿Está dormida?-preguntó el hombre.

-Así es.-dije.- Se acaba de quedar dormida.

-Se ve tan pacífica.-susurró la mujer.- Se parece tanto a su madre.

-Hablando de eso –dijo Carlisle.-, no les hemos dicho nada sobre su madre. No creímos que fuese prudente que nosotros le contáramos la verdad.

-No se preocupe, doctor Cullen.-dijo el hombre.- Nosotros nos encargaremos. Además, creo que nosotros somos los más aptos para esto. Después de todo, somos sus abuelos.

-Así es.-dijo Esme con melancolía.

-Hemos hablado con Susan –dijo el hombre apuntando a su esposa.- y hemos decidido que ustedes puedan venir a verlos cuando deseen.

-Oh, eso es muy amable.-dijo Carlisle.- Pero mi familia y yo nos mudaremos dentro de poco a Alaska.

-¿Alaska?-preguntó Susan.

-Así es.-dijo Carlisle.- Me han ofrecido un trabajo y no he podido rechazarlo.

-Ya veo.-dijo el hombre.- Es una lástima. Los chicos los extrañarán mucho.

Todos sonreímos. En ese momento, bajaron Rosalie, Emmett y Jack. El pequeño sonrió al ver a sus abuelos, pero no se apartó de los brazos de Rosalie.

-¡Hola Jack!-dijo Susan emocionada.- ¿Listo para irte a casa?

Rosalie se detuvo en seco frente a la mujer. Jack la miró y le acarició la mejilla con ternura. Rosalie cerró los ojos y le susurró algo a Jack en el oído. Él asintió. Le dio un beso en la mejilla a Rosalie y extendió sus manos hacia Emmett. Éste lo tomó en brazos y le dio un beso en la mejilla. Jack comenzó a llorar.

-No llores Jack.-le dijo Emmett.- Todo saldrá bien.

-Debes ser fuerte como Emmett.-dijo Rosalie.

Él asintió. Se secó las lágrimas. Emmett caminó hacia el abuelo de los chicos y se lo entregó. Rosalie agarró el brazo de Edward con una de sus manos y lo apretó. La mano de Edward acarició la de Rosalie. Yo también me acerqué a los abuelos y le entregué a Elizabeth con cuidado.

-Gracias.-susurró Susan.

-No hay de qué.-dije.

Volví a pararme al lado de Edward y le tomé la mano. Alice, Jasper y Henry bajaron. Jasper –quien llevaba a Henry en sus brazos- caminó directo hacia los abuelos y le entregó a Henry. Los dos guardaron silencio absoluto. Carlisle y Esme les dieron algunas indicaciones y llegó el momento de decir adiós. Ninguno de nosotros se movió de su lugar. Los ocho nos despedimos desde nuestro lugar. Vi como los abuelos metían a los chicos con mucho cuidado al auto.

Se pusieron en marcha y a los pocos minutos desaparecieron de mi vista. Pero los Cullen seguían mirando fijamente el camino que llevaba a Forks. Después de varios minutos los Cullen comenzaron a moverse y a respirar –no es que lo necesitaran tampoco-. Miré a Edward de reojo. Él estaba mirando fijamente a Carlisle y de repente, asentía con la cabeza.

-¿Qué ocurre?-preguntó Alice.

-Le estaba preguntando a Edward qué opinaba de los abuelos.-dijo Carlisle.

-¿Qué opinas?-preguntó Jasper.

-Son buenas personas. Aman a los chicos y los cuidarán bien.-dijo Edward.

-¿Qué opinan de nosotros?-pregunté.

-Nos encuentran algo extravagantes.-se encogió de hombros divertido.- Piensan que estás loca por estar conmigo.

-No son las únicas personas que lo piensan.-dije divertida.- Pero aparte de eso, ¿todo bien?

-Todo bien.-nos aseguró Edward.- Nos tenemos que quedar tranquilos.

-Yo estoy tranquilo.- dijo Jasper.

-Más de lo que esperaba. ¿Cómo lo hiciste?

-Alice me aseguró que los volveríamos a ver.

Todos miramos a Alice. Ella sonrió y se encogió de hombros.

-Sus futuros se volverán a entrelazar con los nuestros.

-¿Pronto?-preguntó Rosalie.

-No tan pronto como quisiéramos, pero el tiempo se nos pasará volando.

-Que bueno.-dijo Esme.- Eso me deja más tranquila.

-Esperen un momento.-dijo Edward.- ¿No nos reconocerán?

-No.-le aseguró Alice.- El tiempo es capaz de borrar muchos recuerdos de las frágiles mentes humanas. Se acordarán de nosotros por lo menos tres años más. Después de eso, nunca más. Pero tendrán una noción de que nos conocen.

-Interesante.-dijo Carlisle.

-Muy interesante.-dijo Alice.- Ahora, ¿Quién está dispuesto a un fin de semana para pasarlo bien después de tanto drama?

-Yo.-dijimos al unísono todos.

-Bien.-dijo Alice.

-¿Qué tienes en mente?-le preguntó Emmett.

-¡Un viaje a Denali!-dijo Alice emocionada.

-¿Para estar con Tanya? Olvídenlo.-dije.

-Oh, vamos Bella.-dijo Emmett.- Ni verás a Tanya.

-Nop.-dije.

-Esperen un momento, chicos.-dijo Esme.- Acuérdense que Eleazar vendrá a vernos. Así que no podrán irse.

-Oh, tendremos que posponer nuestro viaje.-dijo Alice.

-¡Oh, qué lástima!-dijo Emmett decepcionado.- Realmente quería ir a visitar los bares de Denali.

-Para otra vez será.-dijo Rosalie.- ¿Cuándo llegará Eleazar?

Alice se concentró por un momento. Todos guardamos silencio.

-El viernes…a medio día.

Todos los Cullen fijaron sus miradas en mí. Y sabía que todos estaban pensando en lo que ocurriría ese viernes. Pero lo que no entendía todavía era, ¿Por qué Eleazar era tan importante? ¿Qué lo hacía importante en esta situación? Edward comenzó a acariciarme la mejilla para tranquilizarme.

-Todo saldrá bien.-me aseguró.- Eleazar es…especial.

-¿Especial en qué sentido?-le pregunté.

-Como Edward, Jasper y yo.-dijo Alice.

-¿Y él sabrá lo que está pasando?

-Creemos que sí.-dijo Esme.- Pero no te preocupes, Bella. El don de Eleazar es inofensivo.

Eso me dejó más tranquila. Pero no pude dejar de mirar a Edward con temor. Pasaron un par de días y todo Forks sabía lo que había pasado con los chicos. Así que los Cullen y yo volvimos a ser el centro de atención en el instituto. Emmett lo disfrutaba, como siempre. Pero a mí me preocupaba lo que los rumores podían hacer con Edward. Sabía que todavía estaba algo triste por la despedida, pero no había querido hablar conmigo al respecto. El viernes por la mañana me desperté nerviosa. No sabía cómo iba a transcurrir mi día.

Edward me había ido a buscar. Así que durante el trayecto al instituto analicé su rostro. Pero éste no me dio mucha información. Edward sonreía y eso me tranquilizaba. Estábamos saliendo de clases y caminando hasta el comedor, cuando llegó Alice corriendo.

-¿Qué ocurre?-le preguntó.

-Esme me acaba de llamar. Eleazar está acá.-dijo Alice.

Inmediatamente nos marchamos. Yo iba en el asiento del copiloto y los hermanos de Edward iban apretados en el asiento trasero. Esta vez, el semblante de Edward era serio, lo que me preocupó. Había llegado el momento decisivo. Pero… ¿Por qué no era capaz de ver lo importante que era todo esto? Me gustaba que Edward pudiera escucharme, aún cuando sólo resultaba con la palabra "imbécil". Edward gruñó.

-¿Qué hice ahora?-me preguntó.

-¿Por qué?-le pregunté.

-Para que me llamaras imbécil

-Nada, sólo pensaba en todo lo que está pasando. ¿Estás preocupado?

-Un poco, pero no creo que esté pasando nada grave.

-Tienes tus teorías.-afirmé.

-Así es.

-¿Qué dicen?-pregunté con curiosidad.

-Son variadas.

Yo gruñí esta vez. Él sonrió.

-No te enfades.

-Cuéntame.-le pedí.

-Pienso que cuando estás viviendo alguna situación de gran emocionalidad, se escapan ciertas palabras de la "fortaleza" que rodea tu mente.

En ese momento algo dentro de mí encajó. Miré a Edward sorprendida. No lo podía creer. Alice le estaba reprochando lo tonta que era su teoría, cuando lo interrumpí.

-Esta no es la primera vez que me escuchar.-murmuré.

Todos en el Volvo guardaron silencio y miraron a Edward. Éste torció sus labios para formar una sonrisa torcida.

-Así es.

-Pero… ¿Cómo?-pregunté sorprendida.

-No lo sé.-se encogió de hombros.- Pero ya te había escuchado antes.

-¿Cuándo?-preguntó Alice.

-Eso no te incumbe.-dijo él.

-¡Ja!-dijo Emmett.- Te apuesto que fue cuando se acostaron.

-¿Es eso verdad?-pregunté avergonzada.

-Ya te dije, Bella. Son momentos de gran emocionalidad…

-Dios.-susurré.

-No te avergüences.-me dijo.- Sólo te he escuchado pensar mi nombre. Es por eso que hasta el día que pensaste que era in imbécil, pensé que lo había alucinado todo.

Me ruboricé intensamente. En el asiento trasero Emmett se reía a carcajadas. Escuché como Rosalie lo regañaba para que guardara silencio. Yo seguía ruborizada. ¿Por qué me estaba pasando esto a mí? ¡Y frente a sus hermanos! Llegamos a la casa y Carlisle salió a recibirnos.

Entramos a la casa e inmediatamente reconocí la voz de Tanya. Fruncí el ceño y miré a Edward. Todos comenzaron a caminar hacia la sala. Comencé a caminar detrás de ellos, pero Edward me detuvo para que nos quedáramos un momento a solas.

-¿Qué ocurre?-le pregunté.

-No te preocupes por su presencia. Ha venido porque todo esto le parece divertido y curioso.

Bufé. Esa era yo, la divertida humana novia de un vampiro. Edward colocó sus manos a cada costado de mi cara con ternura. Por más que tratara de correr mi mirada, él logró que lo mirara a los ojos. Me sonrió y me derretí inmediatamente. Acercó su rostro lentamente al mío y fundió nuestros labios en un beso muy significativo. Con él, me estaba diciendo "Bella, eres más hermosa que cualquier vampiro que pisa la tierra." Se separó de mis labios con lentitud, como si quisiera seguir saboreando cada instante de nuestro beso. Abrí lentamente los ojos y mis labios formaron una sonrisa.

-Me encanta cuando haces eso.

-Y a mí me encanta escuchar a tu corazón latir desbocado.

Ya no me daba cuenta de todos los cambios fisiológicos que Edward provocaba en mí. Le sonreí con inocencia. Y él comprendió que deseaba que me besara de nuevo. Se inclinó hacia mí, pero el sonido de alguien aclarándose la garganta, nos interrumpió.

-Si quieres provocarle a Bella un ataque cardiaco, no lo hagas frente a todos.-se burló Emmett.

Edward puso los ojos en blanco. Soltó mi rostro y tomó una de mis manos para entrelazar nuestros dedos. Caminando hacia la sala. Allí estaban Eleazar, Kate y Tanya. Inmediatamente sentí el nerviosismo de Jasper. Edward y yo nos sentamos junto a Esme.

-Lamento la demora.-dijo Edward.

-No te preocupes.-dijo Eleazar.- ¿Cómo estás, Bella?

-Bien, gracias.-dije.

-Comencemos.-dijo Eleazar con tono solemne.- ¿Qué está ocurriendo?

-Tú sabes que Bella es "muda" para Edward.-dijo Carlisle.

-Eso había escuchado.-dijo Eleazar.

-Pues bien, el otro día, Edward fue capaz de escucharla.-dijo Carlisle.

-¿Cómo es eso posible?-preguntó sorprendido.- ¿Qué tienes en mente, Edward?

-Esta no es la primera vez que la escucho.

-Explícate.-dijo Eleazar.

-la mente de Bella siempre ha sido un terreno desconocido para mí, lo que me provoca mucha fascinación y al mismo tiempo mucha frustración. La frustración es principalmente porque nunca puedo saber lo que realmente está pensando.

Mientras hablaba, pude sentir su frustración. Nunca me había puesto a pensar en lo que él sentía al escuchar el silencio en mi mente.

-Es por eso, que la primera vez que la escuché, pensé que estaba alucinando. Escucharla provocó en mí algo totalmente indescriptible. Cuando volvía a escucharla, me sorprendí de nuevo. Pensé que algo extraño estaba pasando. Pero no me molesta escucharla, aunque me gustaría escuchar más que palabras sueltas.

-Ya veo.-dijo Eleazar.

-¿En qué piensas, amigo mío?-preguntó Carlisle.

-Un escudo.-dijo Eleazar.

-Wow.-dijo Carlisle.- Eso es…extraño.

-Muy poco común.-dijo Jasper.- ¿Estás seguro?

-No 100%, pero sí. Aunque me gustaría probarlo cuando sea una de nosotros. ¿Cuándo piensas transformarla, Edward?

Miré a Edward sorprendida. ¿Yo? ¿Una de ellos? Edward frunció el ceño. Mi corazón comenzó a latir desbocado y deseaba que nadie más lo pudiera escuchar, pero sabía que eso no se podía.

-Nunca.-respondió.

-¿Nunca?-preguntó sorprendido.

-No pienso quitarle la vida. Ella debe vivir su vida como humana.

-Sabes que Aro no lo permitirá.

-No me interesa lo que él piense.

-Deberías, Edward.-dijo Eleazar.- Aro es capaz de eliminarte de la faz de la tierra sólo porque has roto las reglas.

-Soy algo que desea.-dijo confiado.- No creo que lo haga.

-No le importará perder un tesoro como tú. No le importará lo valioso que eres para su colección cuando mande a la guardia a matarte.

Tragué saliva ruidosamente. ¿Matarlo? Me estremecí al pensar en eso. Edward gruñó.

-Tranquila Bella.-me dijo Edward.- No me pasará nada.

-No le mientas.-susurró Eleazar.- Los Vulturis son la peor pesadilla para cualquiera de nosotros.

-¡No la asustes!-le gritó Edward enfadado.

-Tranquilo.-le susurré.- Estoy bien.

Edward me miró para cerciorarse de que eso fuera verdad. Asentí para que se quedara tranquilo. Comenzó a desenfadarse poco a poco, con ayuda de Jasper. Nos quedamos en silencio por un momento, hasta que Alice se paró de su asiento. El cuerpo de Edward se tensó y un gruñido comenzó a formarse en su garganta.

-Dios.-susurró Alice.

-¿Qué?-preguntó Rosalie.

-¡Van a venir!-dijo aterrorizada.

-¿Qué? ¿Quién?-preguntó Carlisle.

-¡Vulturis!

Alice apuntó hacia el patio trasero. Todos voltearon a mirar. No fui capaz de ver a nadie, hasta que varias personas salieron del bosque. Todos los Cullen se pararon, listos para recibir a nuestras visitas. Por lo que había escuchado de los Vulturis, eran mi peor pesadilla. Edward volteó a mirarme. Pude notar el terror en sus ojos.

-Bella.-susurró.

No sabía que decir, ni cómo actuar. Me acerqué a él y lo abracé con toda mi fuerza. Cerré los ojos. ¿Sería este mi final? ¿Acabaría todo en este momento?

-Tranquilos.-siseó Jasper.- No queremos que nos ataquen.

-Que nos ataquen, si así lo desean.-dijo Emmett entre dientes.- Estamos listos para enfrentarlos.

-Ni lo pienses.-dijo Rosalie.- No te quiero ver herido.

-Son ellos los que tendrán que curar sus heridas después.-Emmett rió entre dientes.

-No.-dijo Carlisle.- Veré que es lo que quieren. No hagan nada que pueda provocarlos.

-Carlisle…-susurró Esme.

-Tranquila amor. Estaré bien.

-Cuídate.

Carlisle le sonrió y salió de la casa. Caminó lentamente hacia el grupo de vampiros que venía caminando hacia nosotros. Del grupo salió una persona, que se acercó a Carlisle y lo abrazó. Me apreté más a Edward y tragué saliva ruidosamente. Vi como el hombre apuntaba hacia la casa. Carlisle asintió y continuó hablando con él. Edward gruñó. Obviamente todos estaban escuchando la conversación. ¿Qué estaba pasando? Y ¿Por qué sentía que todo esto tenía mucho que ver conmigo?

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IMPORTANTE!!!!!

Sé que me van a odiar, pero me voy de vacaciones a un lugar en donde no tendré internet U.U lamento tener que dejarlas aquí, pero me tengo q ir de vacaciones. Pero volveré el 17 para dejarles otro capítulo porque el 19 me voy de nuevo XD Pero vuelvo el 25 y de ahí, les prometo que tendrán más capítulos para leer! Espero que no me odien tanto U.U

Surfer Babe 69