So Wrong, It's Right
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.
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º0º0º0º0º
Capítulo Veinticuatro: Convertirme o Morir, He Ahí el Dilema.
Bella POV.
-No.-dijo Edward enfadado.
Aro y Carlisle estaban mirando hacia donde nosotros estábamos. Miré extrañada y preocupada a Edward. Me acercó más a su cuerpo –como si eso fuese posible- y gruñó molesto.
-Vendrá la guardia a buscarla.-dijo Eleazar.- Debemos ir.
-No.-volvió a decir.
-¿Qué está pasando, Edward?-pregunté.
-Aro desea hablar contigo.-dijo Alice.- Pero Edward no quiere…
-¿Llevarías tú a Jasper si la situación fuese así de peligrosa?-bramó Edward.
Alice retrocedió un par de pasos asustada.
-Cálmate.-dijo Jasper.
-¡NO!-bramó.
-¡Emmett!-dijo Jasper.
Esa era mi señal. Me aparté de Edward y Emmett se lanzó a sostener a su hermano. Caminé hacia donde Rosalie y Alice estaban. Emmett trató de sostenerlo, pero Edward estaba totalmente fuera de sí.
-¡Cálmense!-ordenó Esme.
Todos volteamos a mirarla. Estaba enfadada, muy enfadada. Tenía el ceño fruncido y el semblante serio. Edward se calmó y dejó que Emmett lo sostuviera. Nadie dijo nada. En ese momento, Carlisle volvió a entrar a la casa. Miró a Edward y negó con la cabeza, como si no aprobara lo que Edward había hecho. Edward bajó la mirada.
-Aro la quiere ver.
-No.-susurró Edward.- Carlisle, no puedes…
-No nos dejará tranquilos hasta que hable con ella, Edward. Él desea saber qué fue lo que la atrajo a nuestro mundo. Y también quiere hablar contigo.
-Esto es importante, Edward.-dijo Eleazar.- Los Vulturis no saldrían de su escondite sin que hubiese un buen motivo.
-¿Por qué?-preguntó él.
-No lo sé.-dijo Carlisle.- Eso quiero que averigües.
Todos posaron sus miradas en mí. Edward me miró a los ojos y me extendió su mano.
-Prometo que no te haré daño. Ya estoy bajo control…-dijo con ansiedad.
-Nunca me has hecho daño.-le aseguré con confianza.- Y nunca me lo harás.
Caminé hacia él y tomé su mano. Entrelacé mis dedos con los suyos con fuerza. Después de todo, Edward era mi ángel de la guarda. Él me protegería pasara lo que pasara. Jasper gruñó. Edward lo miró y sonrió.
-Ni yo sé leer sus expresiones y emociones.-sonrió con amargura.
-¿Vamos?-preguntó Carlisle.
-Vamos.-dijo Edward.
-Eleazar, quédate aquí.-le dijo Carlisle.- Y Alice, mantente pendiente de nuestros futuros y los de ellos.
-Sí.-dijo Alice.
Carlisle salió primero, luego Edward y yo. Caminamos a mi paso, sin apresurarnos, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Traté de mantener mi corazón calmado, pero me atemorizaba pensar en lo que podía ocurrir. Edward asintió mirando a Carlisle y se detuvo a varios metros de Aro. Carlisle continuó caminando, quedando entre Aro y nosotros.
-Ella es Isabella Swan.-explicó Carlisle.
-Ya veo. Acérquense muchachos, no me teman.
Miré a Edward. Él estaba mirando fijamente a Carlisle. Asintió y comenzó a caminar. Yo lo imité. Me pegué todo lo posible al cuerpo de Edward. Nos detuvimos junto a Carlisle. Estar en la presencia de un Vulturi era aterrador. Me intimidaba tanto, que tuve que esconderme detrás de Edward, como una niña pequeña. Aro me observó detenidamente, fijándose en cada detalle de mi ser.
-Interesante.-susurró. Me extendió su mano.- Un gusto.
Miré a Edward buscando su aprobación para estrecharle la mano. Él asintió y le estreché la mano a Aro.
-¿El gusto es mío?-pregunté temerosa.
Aro se quedó en silencio por un momento. Pude notar en el rostro de Edward, que él estaba leyendo cada idea que aparecía en la mente de Aro.
-Muy interesante.-susurró Aro.- Tu humana es muy especial, Edward.
-Se llama Bella.-dijo Edward.
-Lo siento, lo siento. No quise ofenderte, Bella.
-No…no me ofendió.-balbuceé.
-Dime una cosa, Bella…
-¿Qué?
-¿Amas a Edward?
-Sí.-afirmé con mucha convicción.
-Impresionante. ¿Y tú, Edward?
Edward le extendió su mano. Aro colocó la suya sobre la de Edward y después de escasos segundos, la retiró.
-El amor es un sentimiento muy fuerte. Marco.-llamó Aro.
El cuerpo de Edward se tensó. Una figura salió del grupo de personas que estaban detrás de nosotros. No me había percatado que había una mujer parada a pocos pasos de Aro. La mujer tenía su vista fija en Edward y en mí. La persona que se acercaba a nosotros, se detuvo al lado de Aro.
-¿Qué piensas?-le preguntó Aro a Marco.
-Impresionante.-susurró él.- Tienen una conexión muy fuerte. Quisiera probar algo… ¡Chelsea!
Edward gruñó enfadado. Carlisle colocó una mano sobre su pecho y negó con la cabeza.
-Tranquilo Edward.-dijo Aro.- No haremos nada que perjudique a tu humana.
Edward seguía gruñendo. Una mujer comenzó a caminar hacia nosotros. Toda esta situación se estaba saliendo de control. Mi corazón comenzó a latir desbocado. Tenía que concentrarme, tenía que lograrlo, así Edward podría escucharme. ¡Edward! Chillé. Él me miró sorprendido. ¡Te amo! Grité con desesperación en mi mente.
-¡Detenla, Aro!-gritó Edward.
Aro inmediatamente levantó su mano y Chelsea se detuvo.
-¿Qué ocurre?-preguntó con curiosidad Marco.
-La estás asustando.-dijo Edward.
-¿Cómo lo sabes? ¿No que no podías…?
-Y no puedo.-dijo él.- Pero mírale la cara. Está aterrorizada.
-Parece que nuestro pequeño experimento va a tener que esperar. ¿Y qué tal si Jane…?
-Ni lo pienses.-le advirtió Edward.- No permitiré que…
Edward me soltó y cayó de rodillas al suelo. Lo observé –aterrorizada- como se retorcía de dolor en el piso. Retrocedí un par de pasos. Carlisle se enfureció, nunca lo había visto tan fuera de sí como lo vi en ese momento. Aro, Marco, Chelsea y la otra mujer estaban estáticos mirando a Edward retorcerse de dolor. ¿Por qué nadie hacía algo? ¿¡Es que Carlisle lo dejaría sufrir!?
-¡Deténganse!-rogué.
-¡Ya basta, Jane!-gritó Carlisle.- ¡Aro!
-Jane.-dijo Aro.
Edward dejó de retorcerse. Su respiración era agitada. Caí de bruces al suelo y me acerqué gateando a él. Tomé su rostro entre mis manos y noté lo oscuro que estaban sus ojos. Me alejé de él instintivamente, pero él me acercó. Sus brazos rodearon mi cintura y pegó a su cuerpo. Apoyó su cabeza en mi hombro y cerró los ojos. Acaricié su cabello con mis manos, mientras él escuchaba mi corazón latir para calmarse.
-¿Por qué hicieron eso?-preguntó Carlisle.
-Carlisle, no hay motivo para enfadarse.-dijo Aro.- Jane no tuvo ninguna intención de dañar a Edward. ¿Estás bien, Edward?
-Sí.-susurró.
-Ahora bien –dijo Aro.-, creo que es el momento adecuado para conversar sobre nuestra visita.
-¿Qué más desean?-preguntó Carlisle.- Les hemos mostrado a Bella, como me lo han pedido.
-Ella es una humana.-siseó uno de los Vulturis saliendo detrás del grupo de vampiros.- ¡No puede saber sobre nuestra existencia!
-Bella no representa peligro alguno, Cayo. No va a hablar jamás con nadie sobre el tema.-me defendió Carlisle.
-¡Igualmente se han roto nuestras reglas, Carlisle!-siseó Cayo.
-¿Qué propones, Cayo?-preguntó Aro.
-Dos soluciones.-Cayo sonrió maliciosamente.- Una: matarla y que nuestro secreto se vaya a la tumba con ella.
Me aferré aún más a Edward y él hizo lo mismo. Cayo soltó una risita malévola.
-¿Cuál es la otra opción?-preguntó Marco.
-Que se transforme en una de nosotros.
-Transformarse o morir.-dijo Aro.- Bastante justo, ¿no piensas lo mismo, Carlisle?
-No nos dejan muchas opciones, amigo mío.
-Es lo mejor para nuestra raza. Debemos mantener un perfil bajo. Después de todo, los humanos no entienden nuestra forma de vida. Y no queremos crear un terror generalizado entre los humanos.-razonó Aro.- ¿Comprendes?
-Comprendo.-dijo Carlisle.
-Les damos seis meses.-dijo Cayo.- No más. La decisión es de ustedes.
-Un límite de tiempo muy cercano.-Carlisle meditó.
-Es nuestra decisión final.-dijo Cayo.- Ni un día más.
-Está bien.-aceptó Carlisle.
-Qué bueno que aceptes nuestras condiciones.-dijo Aro.- No me gustaría haber tenido que usar a nuestra guardia.
Aro apuntó al grupo de vampiros que estaba parado detrás de nosotros. Los miré temerosa. Seis meses… en seis meses más mi futuro cambiará radicalmente. Transformarme o morir, he ahí el dilema. Edward seguía refugiado entre mis brazos. Su respiración se estaba calmando de apoco. Le besé la cabeza y escondí mi rostro en su cabello.
-Edward…-dijo Aro.- ¿Comprendes lo que hemos dicho?
-Sí.-dijo Edward con voz monótona.- Comprendo muy bien, aún cuando no comparto sus opciones.
-Lamento escuchar eso.-dijo Aro.- En especial porque sabes que te considero muy especial. ¿No hay opción que te unas…?
-No, jamás dejaría a mi familia. Eso lo sabes muy bien, Aro.
Aro sonrió con amargura. ¿Los Vulturis deseaban a Edward? ¿Aro deseaba que Edward se uniera a su grupo asesino? Me estremecí al pensar en aquella aterradora idea.
-Creo que no tenemos nada más que hacer acá.-dijo Aro.- Espero que no te hayamos provocado muchos problemas, amigo mío.
Carlisle no respondió. Aro asintió y los tres comenzaron a caminar hacia el grupo de nuevo. La tan Chelsea y la otra mujer comenzaron a caminar detrás de Aro, Marco y Cayo. Todo el grupo de vampiros comenzó a movilizarse. Carlisle, Edward y yo nos quedamos por un buen rato inmovilizados en el lugar en el cual estábamos. Carlisle suspiró aliviado.
-Pueden levantarse.-dijo Carlisle.- El peligro se ha acabado.
Pero no fui capaz de moverme ni un centímetro. Estaba petrificada. Y sabía que Edward todavía no se había recuperado del todo. Los otros salieron de la casa corriendo y se acercaron a nosotros. Esme se lanzó a los brazos de Carlisle y lo abrazó con fuerza. Así dejó que todo su temor desapareciera al abrazar a su amor. Alice llegó a nuestro lado y se arrodilló inmediatamente. Colocó una de sus manos sobre la espalda de Edward y comenzó a acariciarlo. Jasper se paró pocos pasos detrás de ella. Todavía tenía la mirada fija en el bosque, como si todavía pudiera verlos.
-¿Edward?-preguntó Alice con voz temblorosa.- ¿Por qué no sueltas a Bella para que podamos ir a cazar? Estás sediento.
Edward negó con la cabeza.
-Amor…-susurré.- Hazle caso a Alice.
Edward se quedó quieto. Después de un rato, comenzó a apartarse de mí lentamente. Mientras me iba soltando, me di cuenta de la gran fuerza con la que estábamos unidos. Me miró a los ojos, luego miró mi cintura. Su rostro era de remordimiento. No entendía por qué estaba así, hasta que miré mi cintura. Mi polera estaba ligeramente levantada y se podía ver mi piel. Sobre mi piel había unas marcas moradas.
-Lo lamento.-susurró apenado.
-Ven, Bella.-me dijo Carlisle.- Te revisaré para cerciorarme de que Edward no te haya roto alguna costilla.
-¡Edward!-lo reprochó Esme.- ¡Debes cuidar tu fuerza cuando estés con Bella!
-¡Uf, eso se ve feo!-dijo Emmett.
-¡No hagas que Edward se sienta peor!-le dijo Rosalie.- No es su culpa.
Los miré sorprendida. No lograba entender porqué hacían tanto escándalo por un par de moretones.
-Estoy bien.-dije al fin.- No me duele. Edward no me hizo daño.
Todos me miraron como si estuviera loca. Me paré sin dificultad alguna. Nada dolía, nada molestaba. Todo estaba en su lugar. Me miraron escépticos, como si no pudieran creer que en realidad estaba bien. Puse los ojos en blanco y bufé.
-¿Segura?-preguntó temeroso Edward.
-Aparte de los moretones, no me duele nada.
-Igual quisiera revisarte, Bella.-dijo Carlisle.
-Si eso los deja tranquilos.
Los Cullen y sus visitantes –Eleazar, Tanya y Kate- intercambiaron miradas de asombro y de sorpresa. Más de uno soltó exclamaciones de asombro. Nadie podía creer lo que estaba pasando. Edward se levantó y me miró a los ojos. Colocó sus manos a cada costado de mi rostro y me miró con preocupación.
-¿De verdad estás bien?
-Sí. Vete a cazar.-le ordené.
-No me iré hasta saber que realmente estás bien.
-Vete, yo estaré bien.-insistí.- Carlisle me revisará y le puedes preguntar a él después si estoy bien o no.
Me miró dubitativo. Le sonreí para tranquilizarlo. Bufó y me soltó.
-Vamos, Alice.
Edward se dio media vuelta y salió disparada hacia el bosque. Alice se puso de pie inmediatamente y comenzó a correr detrás de Edward. Jasper los siguió. Miré a los Cullen y a sus vistas.
-Estoy lista, Carlisle.-dije.
-Vamos.
-¿Será necesario que vayamos al hospital?-pregunté.- Ya sabes, Charlie se puede enterar.
-Tengo todo lo necesario en el sótano.
-Oh, ok.-suspiré aliviada.
Eleazar nos acompañó a Carlisle y a mí al sótano. Eleazar se quedó parado en una esquina observando cada uno de mis movimientos, lo que me hacía sentir muy incómoda. Carlisle me revisó por completo y puso especial énfasis en los moretones. Sabía que –ahora- no me dolían, pero después de un par de horas, dolerían mucho. Los moretones tenían las formas de los brazos y manos de Edward. Y rodeaban toda mi cintura. Después de la revisión completa, subimos a la sala.
Kate, Tanya, Rosalie, Esme y Emmett nos estaban esperando. Les sonreí y me senté junto a Esme. Eleazar se dirigió al ventanal y fijó su mirada en el bosque. Pude notar que estaba meditando. Pero me moría de ganas de saber sobre qué estaba meditando. Carlisle se sentó frente a Esme y suspiró. Se quedó un momento en silencio y luego comenzó a hablar.
-No tiene nada roto.-dijo Carlisle.- Ni una hemorragia interna. Todo está en perfectas condiciones.
-¿Y qué pasará con lo que Edward le hizo?-preguntó Kate.
Me estremecí al escuchar el tono que Kate le daba a las palabras "le hizo". Su tono sonaba como si él lo hubiese hecho intencionalmente, como si hubiese deseado herirme. ¿Tan poco lo conocían como para no saber que –si fuera por él- no me tocaría ni un pelo? Negué con la cabeza. Que poca fe le tenían.
-Los moretones desaparecerán después de un tiempo. Pero no fue nada grave.-dijo Carlisle.
-Él nunca me haría daño.-dije y todos me miraron.- No lo conocen. Edward siempre está midiendo su fuerza cuando está a mi lado. Siempre está pendiente de no acariciarme muy fuerte o besarme con mucha pasión. Siempre está pendiente de mí y de mi frágil cuerpo humano.
-¿Qué clase de personas eres?-me preguntó Tanya.
-¿Perdón?-pregunté desconcertada.
-¿Qué clase de personas eres para hacerlo sufrir así?-me gritó.
-No…no comprendo.
-¿¡No crees que él también sufre con todo esto!? ¿Es que no viste su cara al ver lo que te hizo?
Estaba choqueada. No me había puesto a pensar en eso nunca. Y fue ahí cuando comprendí la mirada que Edward me había dado antes de marcharse. ¡Se sentía culpable! ¡Dios! ¿Cómo podía haber sido tan tonta como para no notarlo? Edward estaba sufriendo por mi culpa.
-Basta.-dijo Kate.- ¡Tú también eres una ciega Tanya al pensar que si Bella deja a Edward, él se irá corriendo a tus brazos! No le hagas caso a lo que dice, Bella. Tanya…
-Tiene razón.-dije. Luego fruncí el ceño.- Pero no por eso dejaré a Edward. No lo pienso dejar jamás.-enfaticé la última palabra.
-¿Ya lo has decidido?-preguntó Eleazar.
-Edward no se atrevería a ninguna de las dos.-dije pensando en las opciones que los Vulturis nos habían dado.- Pero entre las dos, sé que jamás me mataría.
-Pero Edward piensa que la inmortalidad…-comenzó a decir Rosalie.
-Pero no le queda otra opción.-dijo Emmett.- ¿O me equivoco?
-No, no te equivocas.-dijo Carlisle.- Es lo único que podemos hacer.
Miré la hora y me paré rápidamente.
-¿Qué ocurre?-me preguntó Esme.
-Tengo que llegar a casa antes de que Charlie lo haga. ¿Le pueden decir a Edward que me vaya a ver?
Tanya gruñó molesta.
-Por supuesto.-dijo Esme.
-Oh, gracias.-dije.
-Yo te iré a dejar.-dijo Rosalie.
-Gracias.
Me despedí de todos y me subí al BMW de Rosalie. Pasamos el trayecto en completo silencio. Cuando llegamos a mi casa y se estacionó, habló por primera vez. Primero suspiró y luego, me miró a los ojos.
-Gracias.-susurró.
-¿Por qué?-pregunté extrañada.
-Por todo lo que has hecho por Edward. Sé que no soy de las personas que suele agradecer a la gente, pero le tengo mucho cariño a Edward. Y me molesta verlo así. Y tú eres la única que conozco que logra sacarle una sonrisa. Él está tan…feliz desde que apareciste en su vida. Y por eso te quiero agradecer.
-No sabes lo que esto significa para mí.-susurré.
Un millón de sentimientos me invadieron y provocaron que me sintiera sobrellevada.
-No le digas a nadie.-me advirtió.- No quiero que nadie se burle de mí.
-Mis labios están sellados. Gracias Rosalie.
-No hay de qué.
Me bajé del auto y le sonreí antes de cerrar la puerta. Entré a mi casa y escuché el motor del BMW alejarse. Cuando Charlie llegó a casa, tenía toda la cena lista. Comimos en silencio y luego me marché a mi habitación porque me estaba quedando dormida. Subí a mi habitación y Edward no estaba allí. Me arreglé lentamente, dándole más tiempo para que llegara. Pero no lo hizo. Me acosté en mi cama sola y pensando en lo que Tanya había dicho.
¿Le habría dicho a Edward lo que pensaba de mí? ¿Lo había convencido para que me abandonara por "mi propio bien"? cerré los ojos y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas. Edward no sería capaz de abandonarme…no. Traté de convencerme. Pero sentía en mi corazón que había una ínfima opción para que lo hiciera. Traté de no pensar en ello, traté de concentrarme en otra cosa. Pero el dolor punzante que había comenzado a sentir en la cena por los moretones, me recordaban a Edward.
Cerré mis ojos con fuerza y me hundí en mis pensamientos. Y poco a poco, comencé a abandonar este mundo, para irme al mundo de los sueños. No logré descansar con tranquilidad. A cada momento uno de mis terrores nocturnos me venía a visitar. James, los Vulturis, las amenazas de los Quileutes, el abandono de Edward, todo junto en una de mis horribles pesadillas. Y no podía irme. No despertarme y eso me provocaba frustración. Una ola de dolor punzante hizo que mi cuerpo se estremeciera. Sentí el tacto frío de algo y me incorporé exaltada.
-Shhh, calma Bella.-susurró Edward.- Soy yo.
Lo miré a los ojos y noté mi mirada borrosa. Me refregué los ojos y noté que todo mi rostro estaba mojado por las lágrimas que había llorado. También noté que mis manos estaban temblorosas, mi respiración agitada y mi corazón latía desbocado. Me lancé a los brazos de Edward sin razón aparente y me aferré a su cuerpo. Él no me abrazó de vuelta.
-¡No me dejes!-rogué desesperada.- ¡No me abandones nunca!
-¿Has tenido otra de tus pesadillas?-me preguntó.
-¡No le hagas caso a lo que Tanya te diga!-le grité ignorándolo.
-¿Tanya debía decirme algo?-frunció el ceño.- ¿Qué te ocurre?
-¡Oh, Edward!-sollocé.
-Bella, tranquilízate o despertarás a Charlie.
Inmediatamente comencé a llorar en silencio. Edward me apartó de su cuerpo y me miró a los ojos.
-Tanya…ella-ella d-d-dijo que t-t-tú…-tartamudeé entre los sollozos.
-Lo que haya pensado Tanya, no debe importante. No me interesa saber lo que te dijo, pero si me dices que te dijo algo que provocó todo esto, me encargaré de regañarla.-me aseguró.
-Quédate conmigo.-susurré.
-No lo haré ahora.-me aseguró.- Ahora, ¿me puedes contar que está pasando?
-¿No estás molesto ni te sientes culpable?
-¿Por lo de los moretones?
-Así es.-asentí.
-Estoy molesto y también me siento culpable…
-¡Pues no te sientas!-dije.- ¡No me duele!
-No sabes mentir.-sonrió.- Sé que te estremeciste cuando te toqué los moretones. Sé que te duele. No tienes porqué mentirme.
-¡Puedo vivir con un poco de dolor!-me aferré a su camisa.- ¡Puedo vivir con todo lo que implique vivir contigo para siempre!
-Veo que has estado pensando en lo que los Vulturis dijeron.
-Elijo la inmortalidad, Edward. Tú y yo para siempre juntos.
-Bella, no creo que…
-¡Me dijiste que lo habías considerado!-dije desesperada.- ¡Vuelve a considerarlo! No quiero que lo nuestro termine, Edward. No quiero morir sin saber que te perderé para siempre.
Frunció el ceño molesto.
-No pienso dejar que ellos te maten. Si debo esconderte, lo haré.
-¡No seas imbécil!-le grité molesta.- ¡Nos cazarán!
-Es un riesgo que estoy dispuesto a pagar.
Lo miré enfada. Lo solté y bufé. Agarré lo primero que encontré en el suelo –que fue uno de mis zapatos- y se lo lancé molesta al rostro. Edward lo esquivó, pero quedó boquiabierto por mi comportamiento.
-¡Esto no terminará hasta que decidas por una de sus opciones!-le grité.- ¡Debes elegir o elegiré por ti!
-Bella, cálmate. Todavía nos queda suficiente tiempo como para…
-¡No!-lo interrumpí.- ¡No queda tiempo!
-¿Por qué no vuelves a dormir? Así hablaremos mañana en la mañana cuando estés más calmada.
-¿Por qué no me quieres a tu lado para siempre? ¡Haría cualquier cosa por ti, Edward!
-Bella…
-Quiero ir a ver a Rosalie, a Esme y a Alice.
Se sorprendió al escuchar el nombre de Rosalie como el primero.
-Charlie…
-¡No me importa! Quiero…
Edward no permitió que continuara hablando. Calló mis labios con los suyos. Cerré los ojos y me dejé llevar. Edward colocó una de sus manos en mi mejilla y la otra en mi espalda. Sin darme cuenta, me tumbó sobre mi cama y aprisionó mi cuerpo entre la cama y su cuerpo. No presionó para no hacerme daño y sus movimientos fueron gentiles y cuidadosos. Él sabía que no me podía resistir a mi deseo por él. Él sabía que para mí, él era irresistible. Disfruté cada beso, cada caricia que me dio. Y olvidé el porqué de todo mi sufrimiento. Cuando Edward estaba conmigo todo era perfecto, todo era color de rosas. Se preocupó de no dejarse llevar completamente por su pasión, ya que podía hacerme daño. Aún así, disfruté cada uno de sus movimientos.
Desperté con los primeros rayos del sol que entraron por la ventana. Abrí los ojos y tuve que pestañar varias veces para darme cuenta de que no estaba en mi habitación. Me miré y noté que estaba completamente desnuda acostada entre sábanas, las cuales reconocí que eran las de mi cama. Me arropé con las sábanas y comencé a recorrer el lugar. Me demoré un par de minutos en reconocer el lugar. Era la habitación de Edward. ¿Qué pensaría Charlie cuando no me viera en mi cama? Abrí la puerta silenciosamente, pero inmediatamente apareció Alice frente a mí. Tenía una gran sonrisa en su rostro, como niño pequeño en día de navidad.
-Ugh… ¿Qué ocurre?-le pregunté.
-Todos te estamos esperando.
Me agarró de la muñeca y me obligó a salir de la habitación de Edward. Me ruboricé intensamente, ya que no llevaba nada más que sábanas puestas.
-Ugh, Alice.-dije molesta.- ¡No estoy vestida!
-A nadie le importa. Además, ya te vimos en la mañana llegar así.
-¿Qué?-pregunté desconcertada.
Comenzamos a bajar las escaleras a paso de humano. Alice iba con cuidado, preocupándose de que no me tropezara con las sábanas. No recordaba nada más que haber hecho el amor con Edward en mi cama. Y luego quedarme dormida entre sus brazos. Nada más que eso.
-Edward te trajo hoy en la mañana.
-¿Por qué?
-Porque Charlie salió muy temprano a pescar. Y no quería dejarte sola.
-¿Y por eso me trajo así?-pregunté.
-Como si te molestara.-rió entre dientes.
-¡Me avergüenza aparecerme así frente a tu familia!-pensé en las infinitas burlas que tendría que escuchar por parte de Emmett.
-No te preocupes por ellos, Bella. Todos han salido a cazar hoy en la mañana. Estamos sólo Jasper, Edward, tú y yo.
-Vaya, eso sí que me deja tranquila.-dije entre dientes y con cierto tono sarcástico.
Alice rió de nuevo. Me llevó hasta la cocina. Allí estaba solamente Edward. Él sonrió al verme.
-Bueno, yo los dejo.-dijo Alice.
-¿A dónde vas?-le pregunté.
-Jazz me está esperando en la sala.
Ahí noté el sonido del televisor prendido. Alice nos sonrió y se marchó. Miré a Edward.
-¿Tostadas o leche con cereales?
-¿Qué es eso?-pregunté oliendo.
-Esme dejó hechas unas galletas de chispas de chocolate. ¿Deseas probarlas?
-¿Quién más lo haría si no soy yo?-pregunté divertida.
Edward rió. Me senté sobre un taburete y observé detenidamente a Edward. Me sirvió un vaso de leche y en un plato sirvió un par de galletas. Me las ofreció y comencé a desayunar feliz de la vida. Él no habló, sólo me observó. Después de un rato, colocó su mano sobre mi mejilla.
-Eres tan hermosa.-susurró.
Me ruboricé. Y no supe cómo responderle. Él suspiró.
-¿Qué ocurre?-le pregunté preocupada.
-He hablado con Carlisle. Los Vulturis no nos dejaron más opciones que transformarte. Ya que no resistiría acabar con tu vida. Por lo menos –si te transformo- seguirás a mi lado.
-Has decidido bien.-susurré.- ¿Cuándo…?
-Lo más cerca del límite de tiempo. Quiero que aproveches el mayor tiempo como humana.
-¿Eso incluye nuestras vacaciones en Isle Esme?
-Así es, junto con tus vacaciones junto a Renée y el baile de final de curso.
-Pensé que te olvidarías de eso.-gruñí.
-Alice se ha encargado de recordármelo constantemente. Pero no te preocupes por esas pequeñeces, Bella. Ya viste que bailamos increíblemente bien juntos.
-Eso lo dices porque tú eres el que baila.
Le besé la nariz y la arrugó cuando mis labios tocaron su piel. Luego, sonrió encantado. Colocó sus dedos sobre una de mis manos y comenzó a acariciarla. Nos quedamos en silencio, mirándonos uno al otro por mucho rato. Rompimos la conexión de nuestra mirada cuando escuchamos la voz de Tanya.
-¿Por qué huele a humana? ¿Es que esa pequeña molestia sigue acá?
-Aquí estoy, Tanya.-grité desde la cocina.
-¿Por qué?-me preguntó confuso Edward.
-Porque quiero verle la cara al verme.-sonreí maliciosamente.
-Eres mala.
-Lo sé.-me encogí de hombros.
Escuché los pasos de alguien acercarse a la cocina y me incliné hacia adelante, para juntar mis labios con los de Edward en un largo beso. Tanya se moriría al vernos. Y le daría un ataque de celos al verme en este estado; besando a Edward, con el cabello enmarañado y envuelta en sábanas. Mi vida no podía ser mejor. Aún cuando había una amenaza de muerte sobre mí.
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Desde ahora creo que puedo empezar a subir un capítulo por semana… sé que eso no es lo suficientemente rápido, pero ¿les gusta la idea? Es mejor que esperar varios días, ¿no?
Surfer Babe 69
