So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Veintiocho: Lejos de ti.

Bella POV.

Desde lo que había pasado con James, había comenzado a moverme lentamente y con mucho cuidado, ya que cada movimiento brusco me producía dolor. Y sabía muy bien que Edward no podía soportar verme sufrir. Por lo tanto, yo no podía soportar verlo sufrir a él. Así que trataba de moverme lento y él trataba de no tocarme tanto. Pero casi no nos tocábamos por culpa de mi castigo. Pero por suerte, mi castigo había desaparecido al poco tiempo, ya que Charlie simplemente no soportaba verme pegada al teléfono todo el día.

Aún cuando Edward estaba en mi casa todo el día –ahora que teníamos todo el día libre porque no teníamos clases- Charlie no se daba cuenta de la delicadeza con la cual Edward me trataba. Además, Charlie no se sabía nada sobre lo que había pasado. No como Edward, que sabía todo y veía todos los días los enormes moretones que cubrían ciertos sectores de mi cuerpo.

-Estoy bien.-le dije cuando se movió incómodo.

-No, no estás bien. Te duele.

Se movió con cuidado y dejó de abrazarme. Puse los ojos en blanco y me senté sobre mi cama. Edward me miró con preocupación.

-No me duele. Ya estoy mejor.

-Bella, mírate.

Me levanté la parte de arriba de mi pijada descubriendo sólo mi estómago. Los moretones estaban desapareciendo lentamente.

-Ya se están yendo.

-Todavía los puedo ver. Y son peores que los que te hice yo.

-¿Y eso no debería hacerte sentir mejor? Tú no me provocaste éstos.-apunté los moretones.

Tomó mi mano entre la suya y negó con la cabeza.

-¿Cómo quieres que me sienta bien si yo fui el causante de todo esto?

-¿Cómo fuiste el causante, Edward?-pregunté molesta.

-Porque yo no te protegí lo suficiente.

-¿Protegerme lo suficiente? Edward, no me podías acompañar al baño. Yo te dije que podía ir sola. No fue tu culpa.

-Bella, por favor compréndeme. Me siento muy culpable por lo que pasaste.

-No deberías. ¿Jasper no te está ayudando?

-Jasper no es una especie de droga tranquilizante.-frunció el ceño.- Su don no funciona así.

-Pues tendré que hablar con él para que mejore su don.

-Bella, eso no es necesario.

-Sí, sí lo es. No soporto verte sufrir por mi culpa, Edward.

-¿Cómo es tu culpa todo esto?

-Pues lo es. Yo fui la tonta que fue sola al baño. Y aquella mujer me capturó. Punto final.

-Nada de punto final.-dijo molesto.

-¿Por qué siento que estamos volviendo al comienzo de nuestra relación?

-¿A qué te refieres?

-Hemos estado peleando todos los días obre el mismo tema. Lo mismo que cuando peleábamos sobre si era peligroso o no estar contigo.

-Creo que esto te demuestra que sí lo es.

-Vete.-dije enfadada.

-¿Qué?

Su mandíbula se desencajó por la sorpresa. Apunté hacia la ventana.

-Vete.-repetí.

-Bella, creo que no te das cuenta de lo que dices.

-Sí, me doy cuenta. Quiero que te vayas.

-No…

-Fuera de mi habitación.-dije molesta.- Si no quieres estar conmigo, vete.

-Me estás malinterpretando.-dijo nervioso.

-No, sé perfectamente lo que estás diciendo. ¿No es esto lo que querías?-dije mordazmente.- ¿No querías que estuviera alejada de ti?

-Bella, por favor. No es eso, es sólo que…

-¿Qué, Edward? Estoy cansada de tu bipolaridad. Estoy cansada de todas tus dudas sobre lo nuestro. Creo que un momento apartados del otro estará bien.

-Bella, mañana te vas donde Renée, ¿recuerdas? No te veré en mucho tiempo.

-Son tres semanas.-dije molesta.- No te quiero ver.

-¿Lo dices de verdad?

-Cuando regrese conversaremos. Pero no sé que voy a hacer. No puedo vivir así, Edward. Y quiero que pienses sobre eso.

-¿Me estás castigando?-arqueó una ceja.

-Nos estoy dando un tiempo.-suspiré resignada.- Nada de castigos. Sólo quiero que pienses con claridad.

-Pues estoy pensando con claridad.-dijo molesto, muy molesto.

-No te enfades, Edward.-traté de calmarlo.- Sólo quiero que pienses en lo que estás haciendo.

-Sé lo que hago, Bella. No necesito que nadie me lo diga. Y menos una…

Su voz se apagó en el instante en el cual se dio cuenta de lo que estaba pasando. El volumen de su voz había subido y estaba completamente fuera de sí. Sus ojos se desorbitaron cuando vieron mi cara de tristeza. Sabía que todo esto dolería, pero necesitaba abrirle los ojos a Edward. Después de todo lo que habíamos pasado juntos –lo bueno y lo malo- no podía creer que quería seguir apartándome de su vida. ¿No me habría transformado en su todo?

-Ya veo.-susurré.

-No, Bella.-dijo arrepentido.- No quería decir eso.

-¿Ah, no?-entrecerré los ojos.- Te escuché perfectamente, Edward.

-Bella, por favor.

-Vete y piensa. Eso es todo lo que pido.

-¿Eso quieres? ¿Quieres que me vaya?

-Ahora.-susurré.

Edward bajó la mirada, entristecido. Me rompía el corazón verlo así. Pero era una necesidad. Se paró de mi cama y se deslizó por la ventana. Esperé un momento antes de tirarme sobre mi cama y romper a llorar. Odiaba esto. Odiaba la indecisión de Edward. Odiaba que mi almohada oliera a él. A la mañana siguiente Charlie me llevó al aeropuerto de Seattle y se sorprendió del hecho de que Edward no hubiese ido a despedirme. Sonreí con amargura.

-Tenía cosas que hacer.-lo excusé.

-Pero es tu novio. Cualquier cosa es menos importante que tú.

-Era un asunto familiar. Algo con su abuela.-susurré.

-¿Muy importante?

-Eso parece.

-Bueno, lo verás dentro de tres semanas.

-Sí, lo sé.

En ese momento, tres semanas se veían como una eternidad. Charlie se despidió de mí y entré al sector de espera. Me senté en uno de los asientos y me coloqué los audífonos de mi nuevo iPod Touch que Alice me había regalado. Miré mi móvil por última vez antes de apagarlo. Apoyé mi cabeza contra un pilar que había a mi lado y suspiré. Cerré los ojos. Edward no había venido a despedirse.

¿Qué pasaba si lo había dañado? ¿Estaría tan molesto y dolido conmigo que –ni siquiera- había venido a despedirse? ¡Tonta Bella! Grité mentalmente. ¿Por qué le tuviste que decir eso? ¿No ves que le provocaste daño a la persona que más amas en la vida? Cerré los ojos con más fuerza. Sí, Edward era mi aire, mi mundo, mi todo. Pero no podía soportar su indecisión. Si me amaba tanto, que lo demostrara. Eso quería, una demostración de todo su amor. Sentí que alguien me sacudía con delicadeza y abrí los ojos.

-Lamento molestarla, pero su avión está a punto de irse. ¿Abordará o no el avión?

Tentadora idea, Bella. ¡Corre, ve a verlo y dile cuanto lo amas! Gritó una vocecilla en mi cabeza.

-Sí, lo abordaré. Gracias por avisarme.

-No hay de qué. Ahora, sígame para que pueda abordar.

Me paré del asiento y apagué mi iPod. ¿Cuánto tiempo había pasado que no me había dado cuenta que era momento de abordar? Caminé mecánicamente detrás de la mujer que había venido a sacarme de mis pensamientos. Terminé el papeleo y entré al avión.

-Bienvenida.-me saludó una azafata dentro del avión.

Le sonreí y me dirigí a mi asiento de turista. No más primeras clases para mí. O por lo menos no más si no estaba con los Cullen. En ese momento, todos mis pensamientos se desviaron a Edward, otra vez. Me senté en mi asiento. Volví a escuchar música cuando el avión se estabilizó en el cielo. El viaje a Jacksonville sería largo. Por lo menos para mí.

-¿Ya no me quieres?-susurré.

Lo miré a los ojos. Estábamos en la playa y el sol se estaba poniendo. La arena y el mar estaban bañados por el tinte rojizo de la puesta de sol. Y su piel brillaba a causa de éste.

-Tenías razón. Debo dejar de ser tan indeciso.

-¿Qué tratas de decirme?

Sus ojos brillaron, pero no por emoción, sino que por tristeza.

-Lo lamento.-susurró.- Lo pensé y no soy lo mejor para ti.

Mi corazón se rompió en mil pedacitos cuando pronunció aquellas palabras. Me iba a dejar. Mi respiración se hizo pesada. Me estaba costando pensar con claridad. ¿Lo había dicho con seriedad? Lo miré y él asintió.

-Lo lamento.-susurró.

Se dio media vuelta y comenzó a alejarse de mí. Mis rodillas flaquearon y caí de bruces a la arena. Toda mi vida había perdido sentido. Ya nada importaba. Comencé a llorar de frustración al no poder decir nada. No podía hablar, no podía pensar. Pero la única palabra que abandonó mis labios fue su nombre.

-Edward…

Me incorporé sobresaltada. Nadie a mí alrededor se había dado cuenta de mi extraño comportamiento. ¿Había sido una pesadilla o era algún tipo de sueño premonitorio? Me llevé la mano a mi frente y traté de contener las lágrimas que luchaban por salir de mis ojos. Inhalé y exhalé varias bocanadas de aire para calmarme. En ese momento, una azafata dio el aviso de que aterrizaríamos en diez minutos. Ya estaba en Jacksonville y no había nada que hacer. Edward estaba lejos, muy lejos de mí.

Todo pasó tan rápido. En un abrir y cerrar de ojos estaba caminando hacia Renée y Phil. Cuando Renée me vio, corrió hacia mí con sus brazos abiertos. Me abrazó con toda su fuerza, como si no me hubiese visto en años. Traté de aguantarme la exclamación de dolor. Se alejó de mí y agarró mi rostro entre sus manos.

-Algo anda mal.-dijo enseguida.

-Nada anda mal, mamá.

-Lo puedo notar en tus ojos. Estás triste. ¿Qué ocurrió?

Miré a mi alrededor, nerviosa. Mucha gente estaba pasando a nuestro alrededor. Renée notó que estaba mirando a la gente.

-Si quieres, podemos hablar en casa.

-Por favor.-susurré.

Volvió a abrazarme.

-¡Estoy tan feliz de que estés conmigo!

Se separó de mí, me tomó de la mano y me arrastró hacia el auto de Phil. Apenas me había dado tiempo para saludarlo. Phil condujo hasta su nueva casa y Renée me conversó sobre todo lo que me había perdido durante este año. La escuché atenta, pero no podía evitar pensar en mi sueño. ¿Por qué había sido tan tonta de alejar a Edward? Ahora me arrepentía de todo lo que había dicho.

Renée no insistió en el tema. Me dejó estar un par de días sola para acomodarme a Jacksonville. Pero no quería adaptarme a Jacksonville. Yo quería mi Forks, mis nubes, mi mal clima y mi Edward. Una mañana estaba tirada sobre mi cama -mirando al vacío- cuando Renée entró cargando una bandeja con mi desayuno.

-Despierta dormilona.-dijo cariñosamente.

Me moví inquieta en mi cama y volteé a verla. Se sentó al borde de mi cama y dejó la bandeja en el suelo. Colocó su mano sobre mi frente y me miró con preocupación.

-¿Te encuentras bien, cariño?-preguntó.

-Supongo.

-¿Cómo que supones, Bella? ¿Qué ocurre? Has estado extraña desde que llegaste de Forks. ¿Es que no te gusta Jacksonville?

-Mucho sol. No es como Forks.

-Pero si a ti no te gusta el frío.

-Pues ahora sí.

-¿Qué ocurre? Sé que algo te ocurre.

-¿Has llamado a Charlie?

-Me has descubierto.-susurró avergonzada.- Pero sólo lo hice porque estoy preocupada por ti.

-¿Y te contó sobre lo que pasó?

-Me contó que Edward no te fue a despedir. ¿Cómo es eso?

-Pues nos distanciamos.

-Por lo que yo he oído de ti y de Charlie, tú y Edward son inseparables.

-Pues ya no.

Hundí mi rostro en mi almohada y comencé a llorar desconsoladamente. Renée se acomodó a mi lado, pasando sus dedos por mis cabellos con delicadeza.

-Oh, Bella. Todos los novios se pelean.

-No, Edward ya no me ama.-dije entre sollozos.

-¿Cómo sabes eso? ¿Has hablado con él?

-No necesito hablar con él para saberlo.

-¿A qué te refieres?

Levanté mi rostro de la almohada y la miré a los ojos.

-Si me amara, hubiese llamado o intentado darme un mensaje.

-Bella, ¿Cómo sabes si no ha llamado?

-Porque he estado revisando mi móvil cada tres segundos. Y no hay señal de él. ¡Oh, mamá!

Me senté y me arrojé a sus brazos. Ella me acunó con estos.

-No llores, Bella. Todo estará bien.

-No, mamá. No lo estará. ¡Si hubieses visto su cara cuando le dije que se marchara y que pensara las cosas!

-¿Tú le pediste un tiempo?

-Sí.-sollocé.- ¿Por qué te ves tan sorprendida?

-Porque Charlie me dijo que eras un zombi a su lado, que no eras capaz de razonar cuando estabas con él.

-¿Un zombi?-pregunté sorprendida.- ¿Por qué?

-Porque dice que estás ciega cuando estás con él.-sonrió.- Charlie lo encuentra algo perturbador, pero yo sé de qué se trata.

-¿De qué?

-Amor. El más puro amor que puede existir en este mundo. Oh, hija mía, estás enamorada hasta los pies de Edward.

Tomó mi rostro entre sus manos.

-Pero él no me ama como yo a él.

-¿Por qué tienes esa idea tan tonta en tu cabeza?

-Porque lo sé.-bajé la mirada.- Edward nunca ha estado seguro sobre lo nuestro.

-¿Me vas a decir que durante todo este tiempo que has estado con él, no ha estado seguro sobre su relación?

-Así es.

-Eso no es verdad, Bella.

-Tú no lo conoces, mamá.-dije molesta.- Tú no sabes cómo es él.

-Pues Charlie me ha contado cosas.

-¿Cómo qué?

-Por ejemplo, la delicadeza con que te trata. Charlie dice que siente que Edward te trata como si tú fueras la rosa más delicada de todas. Dice que te mira sólo a ti y a nadie más. Dice que tú eres la única para él.

-Pues se equivoca. Y tú también.

Aparté molesta las manos de Renée y volvía refugiar mi rostro en la almohada.

-Bella no te enfades cuando te digo la verdad.

-No es verdad. No quiero seguir escuchándote.

-La verdad duele, Bella.-dijo.- Pero quiero que sepas que creo en todo lo que Charlie me ha contado. Y otra cosa, esta tarde Phil tiene un juego muy importante e iré a verlo. Si tienes ganas puedes ir. Y si no, puedes hacer lo que quieras. Pero preferiría que no te quedaras encerrada en casa.

Escuché sus pasos y la puerta cerrarse. Levanté la mirada. Renée no estaba allí. Suspiré aliviada y continué con mis sollozos. ¿Por qué ella insistía en todo esto? ¿Es que no entendía que me dolía? Pasé toda la tarde encerrada en mi pieza. Sólo salí a comer cuando era necesario. Renée y Phil se marcharon al estadio y me quedé sola.

Miré por la ventana y sentí que debía salir un momento. Estar sola en la casa me estaba asfixiando. Me vestí y salí a caminar a la playa. Ésta estaba completamente vacía. Quizás todo el mundo en Jacksonville estaban en el estadio viendo el partido. No sabía qué hacer. ¿Debía sentarme sobre la arena o debía seguir caminando?

El sol comenzó a ponerse y fue ahí cuando recordé mi pesadilla. Mi corazón comenzó a latir desbocado. ¿Sería este el momento en el cual aparecería Edward y me decía que no me quería a su lado?

-Bella.

Me sobresalté al escuchar mi nombre. Volteé mecánicamente para verlo. Él estaba allí, parado a pocos metros de mí. Mi mentón tiritó levemente. Dios, esto no me podía estar pasando a mí.

-¿Ya no me quieres?-susurré.

Lo miré a los ojos. Todo era igual a mi sueño. Estábamos en la playa y el sol se estaba poniendo. La arena y el mar estaban bañados por el tinte rojizo de la puesta de sol. Y su piel brillaba a causa de éste.

-Tenías razón. Debo dejar de ser tan indeciso.

-¿Qué tratas de decirme?

Sus ojos brillaron, pero no con tristeza.

-Me vas a dejar.-susurré.

-¡No, no es eso!-dijo con desesperación.

-¿No venías a decirme eso?

-No, ¿Qué te hizo pensar aquella calamidad?

-Lo soñé…-susurré.

Mis rodillas flaquearon y caí de bruces a la arena. Comencé a llorar, pero no de frustración. Esta vez lloraba de alegría. ¡Edward no me iba a abandonar! No podía hablar, no podía pensar. Todo era muy abrumador. Pero la única palabra que abandonó mis labios fue su nombre.

-Edward…

-¡Bella!

Se arrodilló a mi lado y tomó mi rostro con desesperación. No lograba comprender qué era lo que estaba pasando.

-¡Todo fue un mal sueño, Bella!

Lo miré y él me sonrió. Sin pensarlo dos veces, agarré un puñado de arena y se lo tiré a la cara. Sabía que no le hacía ni un efecto, pero estaba enfadada. Algo dentro de mí despertó. Me paré enfadada y comencé a alejarme de Edward.

-¡Bella, detente!-comenzó a correr detrás de mí.- ¿Qué hice mal?

-¡Te demoraste mucho!

-¿Qué?-se detuvo en seco.- ¿Es por eso que estás enfadada?

-¿Te parece poco?-me detuve yo también.- ¡No he hecho nada más que llorar estos días!

-¡Pero si fuiste tú la que quiso que pensara!

-¿Y tanto te demoraste en pensar?

-Pero si fui a buscarte el día que te fuiste.

-¿Cómo?-me acerqué más a él.- ¿Fuiste a mi casa?

-Fui al aeropuerto. Convencí a muchas señoritas que trabajaban allí que me dejaran entrar, pero cuando te encontré, estabas abordando el avión y no me escuchaste.

-¿Me fuiste a buscar al aeropuerto?-repetí sorprendida.

-Así es.

Otra cosa despertó dentro de mí en ese momento. Caminé hacia él con determinación. Edward evitó retroceder asustado por mi próximo ataque. Pero lo que pasó a continuación, no lo vio venir. Me lancé a sus brazos y uní nuestros labios en un apasionado beso. No me importaron las reglas estúpidas que alguna vez tuvo Edward. En ese momento solamente me importaba transmitirle mis sentimientos. Quería que comprendiera mi frustración, mi amargura, mi dolor, mi amor hacia él.

Y –al parecer- Edward lo sintió. Colocó sus manos sobre mi cintura y me acercó más a su cuerpo. Sin darme cuenta, me tumbó sobre la arena y comenzó a besarme con mayor pasión. Sus labios abandonaron mi boca y comenzaron a recorrer mi cuerpo, comenzando por mi cuello. La adrenalina comenzó a fluir por mis venas. Mi corazón comenzó a latir desbocado. Todo indicaba que Edward daría el siguiente paso. ¿Así se sentía tener sexo de reconciliación?

-Ejem, ejem.-se aclaró una voz la garganta.

Edward me dejó de besar inmediatamente. Y los dos volteamos para ver de quién se trataba. Un oficial de policía estaba parado junto a nosotros, de brazos cruzados y de ceño fruncido. Edward se paró y luego me ayudó a pararme. Me escondí –instintivamente- detrás de Edward, ya que el policía me recordaba a Charlie. Pero en ese momento me acordé del sol. Miré hacia el horizonte marítimo y me di cuenta de que el sol ya no estaba. Así que no había problema con su piel.

-Supongo que se habrán dado cuenta de que este es un lugar público.-dijo.

-Lo lamentamos.-dijo Edward.- Nos hemos dejado llevar por nuestros…instintos. Sabemos que estuvo mal.

-Muy mal, muchachos.-dijo el policía.- Es más, los dos se ven como menores de edad….

-Sé que debe estar pensando en llamar a nuestros padres, pero no creo que sea necesario.

-¿Por qué piensa así, joven?

-Porque quizás sea joven, pero estoy muy enamorado de esta chica.

-¿Y eso tiene relevancia porque…?

-Porque en este momento le pediré que se case conmigo.

-¿Qué?-preguntó sorprendido el policía.

-¿¡QUÉ!?-chillé yo.

Esto no estaba en mis planes de reconciliación. Nunca había pensado en matrimonio. ¡Era muy joven todavía! Edward se arrodilló frente mío. Para mi sorpresa y para la del policía, sacó una cajita aterciopelada de su bolsillo. Comencé a negar con la cabeza.

-No, Edward…esto no es necesario.-susurré asustada.

-Por favor, Bella. Déjame terminar.

-Muchacho, esto de verdad no es necesario.-dijo el policía nervioso.

Esperen un momento. ¿El policía estaba nervioso? ¿Por qué lo estaba si no era él al que le iban a pedir matrimonio adelantadamente? Edward se traía algo entre manos. Y estaba comenzando a sospechar. ¿Quería Edward ponerlo nervioso? ¿Qué ganaba con eso?

-Silencio.-dijo Edward.- Quiero hacer esto como se debe.

-¡Ya basta!-dijo el policía.- Comprendo que sean jóvenes, pero no debes cometer esta estupidez.

-¿Estupidez?-pregunté.

-Pero si yo la…

-No pronuncies esa palabra.- el policía colocó sus manos sobre los hombros de Edward.- Hijo, hay otras formas de hacer esto. ¿Por qué no esperas para que tus hormonas se calmen y puedas pensar con tranquilidad?

-Pero si estoy pensando con tranquilidad.

-Hijo, casarse así de joven no es la solución. ¿Por qué no se van a casa a pensar un momento y yo me olvido de todo lo que acaba de pasar?

-¿Está seguro?-le preguntó Edward.

-Claro, claro.-el policía sonrió con nerviosismo.- ¡Vayan a disfrutar de su juventud! No hay nada que los apure.

-Gracias.-dijo Edward.

-Váyanse.

Edward me tomó de la mano y comenzamos a caminar en dirección contraria al policía. Nos quedamos en silencio hasta que –de la nada- Edward rompió a reír. Nos detuvimos y Edward continuó riendo. No tenía ni idea del porqué de su risa, pero estaba más concentrada en interiorizar su risa que en pensar en la razón.

-Eso fue chistoso.-susurró después de terminar de reírse.

-¿Qué lo fue?

-¿No viste su cara?

-Sí, pero todavía no entiendo porqué me ibas a proponer matrimonio.

-No lo tenía pensado. Al principio, pensé en sobornarlo.-fruncí el ceño al escuchar su idea principal.- Pero después vi sus miedos reflejados en nosotros.

-¿Cómo es eso?

Edward se sentó sobre la arena y me invitó a sentarme entre sus piernas. Lo hice. Y él me abrazó por la cintura. Apoyó su mentón en mi hombro e inspiró el olor de mi cabello.

-Él se casó muy joven por dejarse llevar por lo que sentía –en ese entonces- por aquella mujer. Así que se me ocurrió jugarle una broma para que no nos molestara.

-¿Es por eso que me querías pedir matrimonio?

-Así es.

-Oh, ya veo…-susurré.

-¿Por qué suenas tan desilusionada? Por lo que sé, a ti no te gustan las bodas.

-No es que no me gusten. Es sólo que no me gustan para mí.

-Eres tan extraña.

-¿Qué hay en la cajita?

-Es algo que siempre traigo conmigo.

-¿Qué?

-Algo muy importante.

-¿Me vas a contar?

Guardó silencio por un rato. Después suspiró.

-No.

-Malo.

-Lo lamento, pero es algo muy importante para mí y no creo que estés preparada para verlo.

-¿Qué?

-¿Por qué no mejor vamos donde Renée? Debe estar volviéndose loca por tu ausencia.

-Le dejé una nota.

-Vamos.

Se paró del suelo y me levantó a mí también. Caminamos en silencio hasta la casa de Renée y Phil. Cuando entré a la casa, inmediatamente Renée salió corriendo desde la cocina a mi encuentro. Me abrazó con toda su fuerza, provocando que soltara un pequeño gemido de dolor. Vi por el rabillo del ojo como Edward se movía nervioso a nuestro lado. Negué con la cabeza. Todo estaba bien. Renée se separó de mí y me inspeccionó por completo. Luego, miró a Edward con curiosidad.

-Mamá, este es Edward Cullen.

-Mucho gusto.-la saludó Edward.

Renée se quedó en silencio observando a Edward detenidamente. Sabía que estaba procesando rápidamente todos los detalles que componían a mi novio. Edward torció sus labios y formó mi sonrisa preferida. En ese momento, sabía que Renée había perdido la cordura por completo.

-Mucho gusto, Edward. Por fin te conozco.

-Lamento que haya tenido que ser así.-me acarició el cabello.- Pero Bella y yo nos peleamos antes de que ella viniera a verte y yo simplemente no puedo vivir sin ella. Así que tuve que venir a verla para que me disculpara.

-No me des explicaciones, Edward.-Renée rió armoniosamente.- Yo no soy como Charlie.

-De igual manera. Siento que se las debo dar. No es de muy buena educación aparecerse de la nada, como yo lo he hecho.

Renée soltó una risita tonta. Y yo puse los ojos en blanco. ¿Por qué se tenía que comportar como una niñita pequeña con Edward? Renée lo invitó a cenar con nosotros y a pasar la noche en nuestra casa. Pero Edward se negó.

-¿Por qué?-le preguntó Renée.

-Porque no es de caballeros dormir bajo el mismo techo que mi novia. Conozco mis reglas, Renée.

-Que buen muchacho.-comentó Phil.- Bien educado, buenos modales, el hombre perfecto para Bella.

-Pues yo quiero que se quede.-insistió Renée.- Además, yo confío que mi hija no hará nada indebido en mi casa.

Los tres me miraron. Y yo negué con la cabeza. ¿Cómo se le ocurría que iba a hacer algo en su casa si dormía en la habitación continua a la suya? Edward aceptó después de varias insistencias por parte de Renée. Así que todo estaba decidido. Edward dormiría en el sillón de la sala del primer piso. Y yo dormiría en mi habitación.

Esa noche me acosté tranquilamente en mi habitación. Podía escuchar el sonido del televisor de la habitación de Renée y Phil. Lo más probable era que se hubiesen quedado dormidos con éste prendido. Apoyé mi cabeza en la almohada y cerré los ojos dispuesta a ponerme a dormir. Pero la voz de Edward interrumpió mis deseos.

-¿Te quedarás dormida al tiro? ¿No vamos a retomar lo que estábamos haciendo en la playa?

-Renée y Phil están en la habitación de al lado.-dije divertida.

Edward caminó hacia mi cama y se acostó a mi lado. Volteó su rostro para mirarme. Tomó una de mis manos entre las de él y la acarició. Acerqué lentamente mi rostro al de él. Cerré mis ojos y rocé mis labios con los suyos. Soltó un suspiro.

-No se despertarán.-susurró.

-Ok.-susurré.

Volví a rozar mis labios con los suyos. Hasta que –por fin- me atreví a juntarlos definitivamente en un beso apasionado. Las manos de Edward se colocaron en mi rostro, para sujetármelo. Comencé a besarlo con deseo, necesitaba probarlo. Con sus manos alejó mi rostro del suyo. Mi respiración era agitada y la de él también. Abrí los ojos y lo miré molesta.

-¿Por qué te detienes?

-Solamente quería ver tu convicción.

-Te deseo.-le dije.- Te he extrañado tanto estos días que necesito saciar mi deseo por ti.

-Eso era lo que necesitaba escuchar.

Sonrió y volvió a besarme con pasión. Esa noche, nos amamos como nunca antes lo habíamos hecho. Yo lo necesitaba y él a mí. Por fin todo se estaba ordenando y el peligro se estaba marchando de nuestras vidas. Y por fin, todo era perfecto como en un cuento de hadas en el cual no había nada ni nadie que nos pudiera separar.

º0º0º0º0º

Surfer Babe 69