So Wrong, It's Right
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.
Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)
Someone to Save You: 4247900 (Twilight)
You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)
º0º0º0º0º
Capítulo Treinta: Tiempo de Despedidas.
Bella POV.
Di un paso fuera de la terminal y me encontré con todos los Cullen. Me vi rodeada de besos y abrazos. Y no sabía por qué estaban todos allí para darme su amor. Después de que todos –incluyendo a Rosalie y a Jasper- me abrazaran y besaran, apareció Charlie. Estaba molesto, eso lo podía notar. Miraba a Edward con cierto odio, como si supiera que él fuera la causa por la cual lo abandonaría.
-Hola papá.-lo saludé.
-Me alegra tenerte de vuelta.-Charlie me abrazó toscamente.- Te hemos extrañado.
-¿Quiénes son "nosotros"?-le pregunté.
-Los Black y yo.
-Ya veo.-susurré.
-Te han preparado una cena de bienvenida.
-Ah…
-Los Cullen también están invitados.-dijo rápidamente Charlie.- Es en nuestra casa.
-Gracias Charlie, pero creo que…-comenzó a decir Carlisle, pero Alice lo interrumpió.
-Claro que iremos.-ella sonrió.- Nos encantaría conocer a los Black.
-¿Nos encantaría?-preguntó Jasper sorprendido.
Todos los que entendíamos lo que estaba pasando miramos a Alice. Ella parecía no notar la sorpresa en nuestros rostros, ya que le sonreía alegremente a su esposo.
-¡Obvio que sí!-dijo Alice.- Iremos.
-Los estaremos esperando.-dijo Charlie.- ¿Vamos, Bella?
-Vamos.
Me despedí de los Cullen y salí con Charlie del aeropuerto. Estábamos subiendo mis maletas a su patrulla, cuando vimos pasar el Mercedes de Carlisle y el Volvo de Edward. Charlie bufó enfadado, como si la sola presencia de los Cullen le molestara. Y eso me extrañó. ¿No que los Cullen le caían bien?
-¿Qué ocurre?-le pregunté cuando nos subimos al auto.
-Nada.
-Oh, vamos papá. Te conozco. Sé que algo va mal.
-Son esos Cullen…
-¿Qué ocurre con ellos?
-Me molestan.
-¿Por qué? Los Cullen siempre te han caído bien. ¿Qué ocurrió ahora?
-No sé si deba decírtelo…
-¿Qué?
-Renée me contó sobre la visita de Edward a Jacksonville.
-Oh…lo lamento.-dije enseguida.- Estábamos peleados y Edward pensó que ir sería mejor que pasar las tres semanas enfadados. Además, quería conocer a Renée…
-¿Y por eso tuvo que quedarse en la misma casa que tú?
-¿Renée no te contó?
-¿Qué?
-Edward quiso quedarse en un hotel, pero ella fue la que insistió en que se quedara en casa. Ni Edward ni yo tuvimos que ver en el asunto. Fue idea de Renée.
-Esa Renée.-dijo entre dientes.- Si no fuese tu madre…
-Lo sé.-coloqué mi mano sobre la mano de Charlie.- Edward es un caballero, papá. Y sé que has pensado en todas las cosas que pudieron haber pasado, pero te aseguro que nada pasó.
Charlie se quedó un momento en silencio para procesar todo lo que le había dicho. Con el tiempo, me había vuelto una gran mentirosa. Bueno, la única persona a la cual no podía engañar era Edward. Él siempre sabía cuando estaba mintiendo. Charlie bufó.
-Si tú lo dices, te creo.
-Gracias por confiar en mí.
-Te he extrañado, Bella.
-Y yo a ti.
Guardamos silencio hasta que llegamos a casa. Me ayudó a bajar las maletas del auto y a subirlas hasta mi habitación. Luego, me dejó sola para que me pudiera preparar para la cena de bienvenida, saqué mi ropa de las maletas y la guardé en mi closet. Después me metí a la ducha. Cuando estuve lista, me encerré en mi habitación para vestirme. Me coloqué lo primero que encontré, ya que no tenía muchas ganas de tan sofisticada.
Agarré mi iPod y puse la lista de reproducción con todas las canciones que me recordaban a Edward. No escuchaba nada más que la música, así que no sabía si los Black habían llegado o no. Bajé al baño para peinarme y maquillarme. Y estaba en eso, cuando escuché a alguien gruñir detrás de mí. Apagué mi iPod y me saqué los audífonos con calma.
-Sigo siendo humana.-le dije sin dejar de mirarme al espejo mientras me peinaba.
-Sé que sigues siendo humana. Hueles como una.
-¿Entonces?
-Toda tu piel está impregnada con su olor.-susurró.
-Es porque siempre estamos juntos y quizás tres semanas no ayudan a quitar su olor de mi piel.
-Sé que te fue a ver.
-Así que Charlie les contó todo.-suspiré y volteé a mirarlo.- No pasó nada.
-Bella, lo que…-su voz se cortó.- Haces con él es peligroso.
-¿A qué te refieres exactamente?
-Sé que te estás acostando con él.-susurró.
-¿Por qué no entras y cierras la puerta? No quiero que Charlie escuche algo que no deba escuchar.
Jacob suspiró y me obedeció. Entró, cerró la puerta y se apoyó contra ésta. Bajó la mirada antes de continuar.
-Por favor, no lo hagas más.
-Jacob, Edward no me hace daño.
-Es un vampiro, ¿Cómo no te va a hacer daño?
-Pues me trata con mucha delicadeza.
Jacob se estremeció al escuchar mis palabras. Me sentía incómoda hablando sobre estos temas con él, pero necesitaba que me dejara de molestar con el tema.
-Pero puedes resultar herida alguno de estos días.
-¿Cómo qué?
-Puedes quedar embarazada o peor…
-No voy a quedar embarazada. ¿Cómo piensas que Edward me haría pasar por eso?-le pregunté sorprendida.- ¿Es que todavía no sabes lo mucho que me ama?
-Puedo saber que te ama, pero no lo comprendo.
-Jacob, Edward jamás haría algo que pusiera mi vida en peligro o que me provocara daño.
-Pues eso no lo creo.
-¿Qué?
-Sé lo que tiene planeado para cuando tus vacaciones con él terminen.-me espetó.
-¿Qué?-pregunté con ansiedad.- ¿Qué hará?
-¿Por qué tus ojos están brillando?-preguntó sorprendido.- ¿Por qué siento que estás pensando en algo bueno?
-Pues…porque en eso estoy pensando.-me ruboricé.- ¿Qué va a hacer Edward?
-¡Te va a dejar, Bella!-me gritó desesperado.- ¡No te va a transformar como tú desea que lo haga!
Recordé lo que había conversado tantas veces con Edward. Mi rostro se entristeció y bajé la mirada. No quería pensar en las palabras de Jacob. No quería darme cuenta lo que realmente significaban. No, no deseaba.
-¿De dónde sacaste eso?-susurré.
-¡Él me lo dijo!
-No…no puede ser la verdad.-negué con la cabeza.
-Es la verdad.-dijo desesperado.- Entra en razón, Bella.
Mi semblante se endureció inmediatamente.
-Te voy a dejar una cosa muy clara, Jacob.-le dije.
Inmediatamente retrocedió un par de pasos, asustado por mi reacción.
-Aún cuando Edward te haya dicho eso, aún cuando tenga todas las intenciones de hacerlo y aún cuando lo haga; volverá. Volverá por mí porque soy su vida y no puede dejarme.-sonreí ilusionada.
-Estás hablando locuras. ¡Él te va a dejar, Bella! ¡No te ama, compréndelo! Me lo dijo…
Un par de lágrimas rodaron por mi mejilla. Él se acercó a mí. Sus palabras habían herido lo más profundo de mi ser.
-¡No llores Bella!-me rogó.
Trató de acercarse, pero yo lo rechacé. Me alejé un poco de él y me sequé las lágrimas.
-Edward y yo tenemos algo mucho más fuerte que cualquier otra persona.-comencé a decir.- Lo nuestro es tan especial que nadie lo podrá romper jamás. Estamos hechos el uno para el otro. Oh, y hemos estado esperando tanto tiempo por el otro, que ninguno de los dos podría seguir viviendo sin el otro.
-¿Por qué tu idea suena tan suicida?
-Porque cuando nos separamos, nos morimos por dentro.-susurré.- ¿Comprendes?
-No, no puedo comprender que desees tanto a tu chupasangre que quieras morir por él.
-No lo deseo, lo amo.-dije con convicción.- Nuestra atracción es tan poderosa, que no espero que lo comprendas ahora porque no lo has vivido.
-¡Sí, lo he vivido!-dijo.- ¡Siento lo mismo por ti!
Me acerqué a él y sujeté su rostro con mis manos. Él se extrañó de lo que estaba haciendo y se sonrojó. Sonreí.
-No, Jake. No sientes lo mismo por mí. Sé que te gusto, pero jamás has sentido por mí lo mismo que yo por Edward.
-Eso no es verdad. No sabes cómo me siento.
-Jake, escúchame…no seas testarudo.-le sonreí de nuevo.- Sé que te gusto, pero se te pasará con el tiempo. Lo mío con Edward no es algo temporal. Jamás se me pasará y jamás es un largo tiempo.
-¿Y qué pasará cuando te deje?
-No lo hará…
-¡Lo escuché de sus propios labios!
Lo solté y volví a alejarme un poco de él. Bajé mi mirada y sonreí con amargura.
-Si lo hace, mi vida se acabará…
-¿Vas a abandonar tu vida sólo porque él se va? ¡Nunca sabes lo que puede pasar, Bella!
-No la estoy abandonando, Jake. Mi vida se acabará en el momento que Edward me diga adiós para siempre. Él es mi vida, el motivo de mi existencia. ¿Por qué no lo piensas así?
-No puedo.-negó con la cabeza y comenzó a llorar un poco.- No puedo verte abandonar todo por él.
-Por favor, déjame hacerlo. Necesito a Edward.
-Te dejará.
-Entonces deja que cometa mis propios errores. Si me va a dejar…déjame sufrirlo.
-Bella, no puedo hacer eso.
-Por favor, déjame hacerlo. No quiero irme de vacaciones sin saber que estarás mal con mi decisión.
-¿Cómo no voy a estar mal, Bella? Si sé que nunca jamás volverás a ser la misma. Volverán juntos a Forks y él te dejará.
-Por favor.-le rogué.- Necesito que me ayudes…
-No me pidas eso. No quiero ayudarte.
-Debes ser fuerte, Jake. Charlie te necesitará cuando yo ya no…
-No lo hagas.-me rogó.- Bella, por favor.
-Jake, esto no es algo que yo debo hacer y sé que es lo que deseo hacer.
Se quedó en silencio. Aparté mis manos de su rostro lentamente. Él suspiró y me miró a los ojos.
-¿No hay manera de que te convenza de no hacerlo?
-No. Ya lo tengo decidido.
-Entonces, creo que este es nuestro adiós.
-Algún día te volveré a ver.
-Pero no será lo mismo.
-Lamento escuchar eso.-susurré.
Guardó silencio un momento. Estaba pensando, ya que continuamente cambiaba la expresión de su rostro. ¿En qué estaría pensando? ¿Aceptaría lo que le estaba pidiendo? Repentinamente, se acercó a ella, colocándose a escasos centímetros.
-Adiós, Bella Swan.-susurró.- Ha sido un gusto ser tu amigo.
-Adiós, Jake Black. El gusto ha sido mío.-le estreché la mano.
Nos quedamos un rato en silencio, hasta que él se aclaró la garganta.
-Creo que debemos salir. Presiento que los chupasangre…-fruncí el ceño y él puso los ojos en blanco.- Los Cullen…
-Eso está mejor.
-Como iba diciendo, es mejor que salgamos antes de que lleguen.
-Me parece una genial idea.
Salimos del baño. Charlie y Billy estaban en la cocina cocinando y no se habían dado cuenta de todo el tiempo que Jacob y yo habíamos pasado en el baño. Me senté a la mesa y los observé cocinar. Jacob se puso a ayudarles inmediatamente, ya que Charlie no sabía muy bien qué hacer. Me sentía tan tranquila al haber conversado con Jacob y haber arreglado todo lo que estaba pasando. En ese momento, tocaron a la puerta. Me paré de la mesa inmediatamente.
-Yo voy.-dije.
-Gracias, Bella.-me dijo Charlie.
Caminé hasta la puerta y escuché risas. ¿Se estaban riendo? ¿Qué era lo divertido? Abrí la puerta y me encontré con los Cullen y con Rebecca. La hermana de Jacob venía muerta de la risa, al igual que Alice, Rosalie y Esme. Arqué una ceja.
-Hola.-me saludó Edward.
-Pasen.-dije.
Uno a uno comenzaron a pasar y se dirigieron a la cocina. El último en pasar fue Edward. Cerré la puerta y él me abrazó por la cintura. Me besó en la mejilla y me susurró al oído:
-¿Se lo creyó?
Asentí con la cabeza, sin que nadie más se diera cuenta de mi gesto. Volvió a besarme en la mejilla.
-Buena chica.
-Vamos.-le dije.
-Actúa afligida.-me susurró una última vez.
Me tomó de la mano y caminamos hasta la cocina. Billy se encontraba conversando muy tranquilamente con Carlisle y Esme. Rebecca estaba conversando con Rosalie y Alice; las tres estaban muertas de la risa. Y Jacob estaba observando como Jasper y Emmett discutían sobre mujeres. Esto era una imagen tan bizarra que nunca me hubiese imaginado algo como eso. ¿Quién lo diría? Hombres lobo –no todos- compartiendo un agradable momento con vampiros.
Charlie conversaba con Edward, mientras que yo estaba sentada a su lado. Tenía su mano entre la mía y la apretaba de vez en cuando. Noté que –repentinamente- la mirada de Jacob vagaba hacia mí. Así que decidí hacer lo que Edward me había dicho. Mi semblante cambió a tristeza. Después de todo, Jacob tenía que creer que Edward era capaz de dejar, o sino esto no funcionaría. Si él no creía que Edward era capaz de dejarme, no me dejaría ir en paz. Tenía que funcionar.
Suspiré y apreté una vez más la mano de Edward. Él notó cuales eran mis verdaderas intenciones y me ignoró. De forma actuada, por su puesto.
-Bien, sentémonos a la mesa.-dijo Charlie.
Todos le hicieron caso. Nos sentamos a la mesa y la comenzamos a pasarnos las fuentes de comida. Noté como los Cullen dudaban antes de servirse un poco de comida. Me daba tanta lástima verlos comer. Me sentía culpable. Edward me había contado sobre lo que pasaba cuando comían y sobre lo que sentía. Y no podía evitar sentirme culpable al verlos tener que pasar por eso. Todos estaban conversando, que nadie se dio cuenta cuando me incliné hacia Edward para susurrarle algo.
-Lo lamento.
-¿Por qué?-preguntó extrañado.
-Por hacerlos pasar por esta tortura.
-¿Lo dices por lo de la comida?
-Así es.
-No te preocupes, Bella. Aunque tú no lo creas, lo están disfrutando.
-¿Ah, sí?
-No el hecho de comer, sino que toda la situación. Así que olvidan que están comiendo.
-Que bueno.-suspiré aliviada.- Eso me deja más tranquila.
La cena transcurrió con normalidad. Al día siguiente me iría con los Cullen a Isle Esme y lo más probable era que no regresaría a mi vida normal. Observé detenidamente cada rostro que había en la mesa. Esta era mi familia y todos se veían tan…no sabía cómo describirlo. Me sentía tan a gusto con las personas que me rodeaban. Y sabía que a muchas no las podría ver jamás.
Después de que todos se fueran –alrededor de la una de la mañana- ayudé a Charlie con los platos. Entre los dos lavamos, secamos y ordenamos todo. Obviamente que conversamos sobre lo bien que lo habíamos pasado esta noche. Y sobre lo bien que se llevaron nuestros invitados. Lo que fue toda una sorpresa para mí.
-No sé cómo no se nos ocurrió antes.-comentó Charlie, mientras apagaba las últimas luces.
-No lo sé.-dije subiendo las escaleras.
Charlie me siguió y se detuvo junto a mí en la puerta de mi habitación.
-Bueno pues, mañana te irás de vacaciones con los Cullen.
-Gracias por comprender.-le agradecí.
-Ya no puedo cegarme al hecho que ya no eres mi pequeña niñita.-sonrió con amargura.
-Siempre lo seré, papá.-lo abracé y comencé a llorar.
-Ya, ya, Bella.-me acarició el cabello para tratar de calmarme.- Todo estará bien. Yo sé que eres responsable y que lo pasarás bien.
-Gracias por todo.-susurré.
Charlie me separó de él y tomó mi rostro entre sus manos.
-Nunca me digas eso, Bella. Soy tu padre y es mi responsabilidad como tal darte todo lo que necesitas. Y lamento no haberte dado todo lo que quería darte.
Negué con la cabeza.
-Me has dado todo lo que necesitaba y más.
-Eres un ángel.-me besó en la frente.- Que descanses.
-Buenas noches.
Me soltó y se marchó a su habitación. Cerró la puerta y yo me sequé las lágrimas. Sabía que Edward me estaba esperando en mi habitación y no quería ponerlo triste a él también. Entré e inmediatamente me abrazó. Cerró la puerta, para que nos quedáramos solos. Comencé a llorar desconsoladamente entre sus brazos. No me gustaba decir adiós. Él no dijo nada, sólo se encargó de acariciarme el cabello y la espalda para tratar de calmarme.
Lloré y lloré. No supe cuanto tiempo estuve haciéndolo, pero mis ojos me ardían de tanto llorar. Dejé de abrazar a Edward con tanta fuerza y él me tomó en brazos. Lo miré a los ojos, sin saber cómo reaccionar ante su conducta. Sus ojos estaban dorados, como siempre, pero esta vez había algo más en ello. Había un brillo especial.
-¿A dónde vamos?
-Te quiero mostrar algo.
-¿Vamos a viajar?
-Así es.
-Entonces llévame en tu espalda.
Asintió. Me ayudó a pasarme a su espalda y me aferré a él. Escondí mi rostro en su espalda y salió por mi ventana. Inmediatamente se puso a correr. ¿A dónde me llevaría? Cerré los ojos y me quedé profundamente dormida. No fue hasta que sentí gotas de agua mojar mi rostro, que abrí los ojos. Pero ya no estaba en la espalda de Edward, ahora estaba en sus brazos y él estaba tratando de protegerme de la lluvia, mientras corría.
-¿Edward?-le pregunté.
-¿Te he despertado?
-No. ¿Dónde estamos?
-Llegando a Chicago.
-¿Qué hacemos llegando a Chicago?-pregunté sorprendida.- ¿Cuánto tiempo llevas corriendo?
-Quiero mostrarte algo, por eso te he traído. Y llevo dos horas…
-¿Volveremos a tiempo?
-Sí, no te preocupes.
-¿Qué deseas mostrarme?
-Ya lo verás. ¿Te estás mojando mucho?
-Hay dos cosas que he aprendido a querer por ti.-le dije.- Una es el frío y la otra es la lluvia. Me da lo mismo si me estoy mojando. Mientras esté contigo, todo me parece agradable.
-Rara.
-Ya me lo han dicho antes.-sonreí.
-No te quedes dormida, ya que falta poco.
-¿Cuánto es poco para ti?
-Diez minutos. Lo que quiero mostrarte queda a las afueras de Chicago, así que no tendremos que entrar.
-Ok.
Me acomodé entre sus brazos y luché contra el deseo que sentía de cerrar mis ojos. Estaba todo escuro, así que no podía ver donde estábamos. Comenzó a bajar la velocidad de a poco hasta que se detuvo por completo. Traté de mirar y me di cuenta de que me encontraba frente a una enorme reja. Edward me bajó de sus brazos y me tomó de la mano.
-¿Dónde estamos?
-Ya lo verás.
Edward le dio un empujoncito a la puerta y ésta se abrió sin hacer ruido. Entramos y comenzamos a caminar. No tenía idea de donde me encontraba. Todo estaba oscuro, por lo que no podía distinguir nada. Y eso, me daba miedo. El lugar me daba piel de gallina y podía sentir que estábamos en un lugar tétrico. Edward me guió por el lugar. Y se detuvo repentinamente. ¿Qué era lo que íbamos a ver acá?
-Mmmm, ¿Edward?
-Dime.
-No veo nada.
-Esto ayudará.
De su bolsillo sacó una linterna y la prendió. Me petrifiqué al ver lo que había frente a nosotros. Eran dos lápidas, lo que señalaba que estábamos en un cementerio. Me acerqué instintivamente a Edward y miré hacia mí alrededor.
-¿Por qué me traes acá?-le pregunté.-No es un lugar muy romántico.
-Tontita, no quería llevarte a un lugar romántico…-dijo divertido.
-¿Entonces…?
-Mira las lápidas.-me dijo.
-¿Qué tiene eso que…?
Me quedé muda. Frente a mí, estaban las tumbas de Elizabeth y Edward Masen. ¿Me había traído a ver a sus padres? ¿Por qué? Lo miré de reojo; tenía los ojos cerrados y sus labios se movían sin soltar ni un sonido. ¿Estaba rezando? Cuando terminó, se quedó en silencio un rato y abrió los ojos lentamente.
-Son mis padres.-dijo.
-¿Por qué me has traído?-le pregunté.
-Bella, cuando te transformes en uno de nosotros, te darás cuenta que el tiempo no pasa de la misma forma para nosotros que para los humanos. Yo he vivido muchos años sin mis padres, pero ellos murieron antes que yo. Lo que es un alivio, si lo piensas bien.
-¿Un alivio?-pregunté.
-Así es.-me miró a los ojos.- Yo no tuve que lidiar un par de años de mi existencia con el hecho de que estuvieran vivos…
-No como yo lo voy a tener que hacer.-terminé su frase.
-Así es, y será muy duro para ti.
-¿Tratas de decirme que no lo haga?
-Quiero que lo hagas porque quiero estar contigo por toda la eternidad. Pero no puedo obligarte a hacerlo. Piensa en Charlie y en Renée.
-Sé que sufriré mucho, pero te tendré a ti a mi lado…para siempre.
-¿Estás segura?
-Sí, esa es mi decisión.
-Está bien.-suspiró.
-Gracias por traerme.
-De nada. Vamos.-sonrió.
-Quiero quedarme un rato más. Después de todo, no tuve el placer de conocer a tus padres.
-¿Estás segura?
-Sólo un rato.
-Como desees.
Nos sentamos cerca de las tumbas en silencio. No sabía que decir, pero sentía que debía quedarme un rato. Cerré mis ojos y pensé en lo que le hubiese dicho a la madre de Edward si la hubiese conocido. Estuvimos un rato conversando. Principalmente, Edward me contó sobre sus padres. Traté de imaginármelos y sonreí al hacerlo. Durante todo el rato que estuvimos allí, cayó una débil lluvia. Por lo tanto, me mojé completamente. Cuando comencé a temblar del frío, Edward decidió que era hora de volver. En contra de mi voluntad porque yo todavía quería quedarme un rato más. Me tomó en brazos para esconderme de la lluvia y me acomodé entre ellos. Cerré mis ojos y coloqué una enorme sonrisa en mi rostro. Adoraba estar en los brazos de Edward.
Debí haberme quedado dormida durante el viaje, ya que desperté en mi cama, arropada completamente. Esa mañana me desperté y procuré pasar todo el rato que podía junto a Charlie. Ya que en la noche, me despediría de él para siempre. Hice mis maletas con todo lo importante que quería llevarme a mi nueva vida. Además, sabía que -llevara lo que llevara- Alice me tendría una maleta con ropa especialmente para mí.
Charlie condujo en silencio hasta el aeropuerto de Seattle. Allí nos encontraríamos con los Cullen. Traté de que Charlie no notara todo lo que estaba pasando por mi mente en aquel instante. Pero lo más probable es que se hubiese dado cuenta. Cuando llegamos al aeropuerto, me ayudó a bajar mis maletas y me acompañó hasta el lugar donde nos encontraríamos con los Cullen.
-¿Qué llevas en esta maleta, Bella? ¿Un muerto?-bromeó para romper el hielo.
-No, sólo un par de cosas.
-¿Un par de cosas?-arqueó una ceja.
-Bueno, un par de cosas esenciales.-puse los ojos en blanco.
-Parece que te llevas toda tu vida.-bromeó.
No le contesté, ya que no sabía qué decirle si sabía que él tenía la razón. En esas dos maletas que llevaba, iba mi vida humana. Dios, ¿Por qué los adioses eran tan difíciles? Nos encontramos con los Cullen y el semblante de Charlie se entristeció. Traté de poner una sonrisa en mi rostro, como si todo estuviera bien. Charlie le preguntó un par de cosas a Carlisle y luego llegó la hora del adiós.
-Bueno Bella, espero que lo pases muy bien.-me dijo.
-Gracias, papá.
Lo abracé con toda mi fuerza y él hizo lo mismo. Era como nuestros cuerpos supieran que este era el final. Se separó de mí y me besó en la frente varias veces.
-Cuídate mucho y no hagas estupideces.
-Sabes que nunca las hago.
-Cuídala, Edward.-le dijo a mi novio.- O si no, te iré a buscar. Ya sabes que tengo una pistola siempre conmigo.
-Lo sé.-dijo Edward con seriedad.- Jamás sería capaz de hacerle daño a Bella. Por ella, daría mi vida.
-Más te vale, ya que mi Bella es muy especial.
-Lo sé.-sonrió.
-Es la hora.-dijo Carlisle.
-Que te diviertas.-me dijo Charlie.
-Adiós, papá.
-Prefiero un…hasta luego, Bella.-susurró.
Lo abracé por última vez y me marché con los Cullen. Nos subimos al avión y nos sentamos en asientos de primera clase. Inmediatamente me acurruqué contra el cuerpo de Edward. Él pasó delicadamente sus dedos por mi cabello. Todos los Cullen me miraban, apenados. Les sonreí.
-Todo está bien.-les aseguré.- Dejé todo arreglado para este momento.
-Lo que estás haciendo es muy difícil.-me dijo Esme.- No todo está bien, cariño.
-Esto es lo que quiero y sabía que debía sacrificar a mi familia. Estoy bien.-susurré.
-Edward te trajo algo.-dijo Alice.
-¿Qué?-pregunté levantando mi mirada para verlo.
-Sé que esto no suplirá lo que estás sintiendo en este momento.-sacó una bolsa de malvaviscos.- Pero pensé que un poco de azúcar te haría sentir mejor.
-Gracias, pero todo lo que necesito para sentirme mejor eres tú.
-¿No los quieres?-me preguntó Rosalie.
-Al contrario, me siento un poco falta de azúcar, así que esto me hará sentir mejor.
Edward me abrió la bolsa de malvaviscos, ya que mis manos estaban temblorosas. Saqué uno y me lo metí a mi boca. ¿Por qué no tenían el mismo sabor que antes? Edward me dio todos los malvaviscos en la boca, para cerciorarse de que comiera un poco. Durante todo el viaje a Isle Esme, los Cullen me observaron detenidamente. Traté de parecer lo más normal posible, pero sabía que ellos se daban cuenta de lo mal que la despedida me había dejado. Aún así, debía ser fuerte. Yo quería estar con Edward para la eternidad y –por fin- se cumpliría. El tiempo de despedidas había terminado. Ahora sólo debía concentrarme en mi vida con Edward.
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¿Ven? Edward no dejó a Bella después de todo. No podía hacer eso…no soy tan mala persona XD Espero que les haya gustado. ¡Comenten! :P
Surfer Babe 69
