So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

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Capítulo Treinta y Dos: ¿Sí, quiero?

Bella POV.

Inhalé y exhalé varias veces. Estos habían sido los dos días más agitados de toda mi existencia. Miré por la ventana y me puse aún más nerviosa. El sol estaba a punto de comenzar su descenso. Ya era la hora. Agarré firmemente el ramo de rosas blancas que tenía entre mis manos y comencé a caminar hacia la salida de la casa.

Agradecí a Dios porque mis piernas estaban obedeciéndome y no se habían paralizado por el nerviosismo. Caminé tranquilamente, recordando que debía dar un paso a la vez para evitar caerme. Escuché el dulce sonido de un arpa y mi corazón comenzó a latir apresuradamente. Mis pies tocaron la cálida y blanca arena, y me estremecí. Pronto, encontré el pasillo que Alice y Rosalie habían creado para mí. Comencé a caminar por él sin levantar la mirada, como si estuviera revisando cada uno de mis pasos.

Llevaba puesto en corsé blanco de satén con encaje y una hermosa falda –no tan larga porque estábamos en la playa- también de satén. El pasillo estaba formado por velas blancas y pétalos de rosas blancas. Cuando noté que estaba llegando al final del pasillo, decidí subir la mirada. Lo que fue una mala idea porque quedé completamente deslumbrada con lo que veía.

Edward estaba usando una camisa blanca con los dos botones de más arriba abiertos, mostrando su hermoso cuerpo que brillaba con la luz del crepúsculo. Estaba usando unos pantalones color caqui y no estaba usando zapatos, como yo. Su cabello se revolvía levemente con el viento. Me sonrojé al verlo y él sonrió. Me extendió su mano para que diera los últimos pasos hacia el altar tomado de su mano. Llegué a su lado y sonreí nerviosamente. El arpa dejó de sonar y Rosalie se paró del banquillo en donde estaba sentada y caminó hacia su esposo.

Todos estaban vestidos de blanco, la cual había sido idea de Alice. Carlisle se paró frente a nosotros y sonrió. Esme, Alice, Jasper, Emmett y Rosalie eran los únicos invitados para nuestra íntima ceremonia. Todo había ocurrido tan rápido, que ni si quiera había tenido tiempo para procesar del todo lo que iba a pasar. Carlisle alzó sus manos y con habló con voz solemne.

-Querida familia, estamos aquí reunidos para ser partícipes de la unión en sagrado matrimonio de dos integrantes de nuestra familia; Edward Anthony Masen Cullen e Isabella Marie Swan.

Solté una risita nerviosa al escuchar nuestros nombres. Carlisle me sonrió, pero antes de que pudiera continuar, Alice habló.

-¡Las fotos!-exclamó.- ¡Jazz comienza a sacar fotos!

Jasper sacó una enorme cámara fotográfica y me paralicé. ¿Con eso me sacarían fotos? Apretó el botón y la cámara comenzó a sacar –por lo menos- cien fotos por segundo. Me sentía paparazzeada y muy cohibida. Carlisle se aclaró la garganta para llamar nuestra atención. Todos lo miramos, pero eso no quería decir que Jasper dejara de moverse por todas partes tratando de capturar el ángulo perfecto. Carlisle volvió a hablar.

-Por pedido de los novios y por pedido de la familia, esta será una ceremonia muy corta en donde sólo se dirán los votos de los respectivos novios.

-¿Por qué tiene que ser tan solemne?-preguntó Emmett.

Todos volteamos a mirarlo. Éste se encogió de hombros inocentemente.

-Volvamos a la boda, por favor.-dijo Esme.

-Continúen.-dijo Emmett divertido.

-Como iba diciendo, sólo diremos los votos. ¿Están listos los novios?

-Sí.-dijimos en perfecta sincronización.

-Damas primero.-dijo Carlisle.

Este era mi momento. Ahora debía decir lo más importante y debía hacerlo bien. Tragué saliva ruidosamente y traté de retener las lágrimas que luchaban por salir de mis ojos.

-Yo, Isabella Marie Swan prometo amarte y respetarte por toda la eternidad. Porque eres el único que ha logrado derribar todas mis barreras, porque eres el único que me hace sentir especial, porque eres el sol de mi existencia y lo seguirás siendo siempre. Te amo.

Le coloqué el anillo en donde debía con mucha dificultad, ya que las lágrimas nublaban mi vista. Escuché sollozos en el público y sonreí. Miré a Edward y él sonrió con dulzura.

-¿Por qué todo tiene que ser tan cursi?-preguntó Emmett desde el público.

Todos volvimos a voltear para verlo. Rosalie lo golpeó para que guardara silencio y respetara la ceremonia. Edward miraba a Emmett con ganas de asesinarlo en ese mismo momento.

-Te prometo que no volverá a hablar.-nos aseguró Rosalie.- Si lo hace, lo castigo.

-Gracias.-dijo Edward.

-Continuemos con la ceremonia.-dijo Carlisle.- Es tu turno Edward.

Él sacudió la cabeza y volvió a colocar una gran sonrisa en sus labios.

-Yo, Edward Anthony Masen Cullen prometo amarte y respetarte por toda la eternidad. Porque eres la única que ha traído alegría, amor y luz a mi existencia, porque eres la única que nunca me juzgó por lo que soy, porque eres la única que logra llegar hasta el centro de mi ser y no asustarse con lo que ve. Te amo más que a mi propia existencia, tú eres mi vida.

Me colocó el anillo y comencé a llorar desconsoladamente. ¿Por qué no podía controlar el torrente de sentimientos que estaba sintiendo? ¿Dónde estaba Jasper cuando lo necesitaba? Edward secó las lágrimas que caían por mi mejilla con sus dedos.

-Shhh, calma.-susurró.- Todo está bien, Bella.

Asentí con la cabeza varias veces, tratando de convencerme más a mí que al resto. Carlisle esperó pacientemente que me calmara para poder continuar. Miró a Edward y éste asintió.

-Por el poder que me concede la iglesia anglicana de los años 1600 y algo –sonrió divertido y todos reímos ante aquel comentario-, los declaro marido y mujer. Señor Cullen, puede besar a la señora Cullen.

Edward me tomó por la cintura y me acercó a su cuerpo. Sus labios formaron mi sonrisa preferida y dijo:

-He estado esperando mucho tiempo por usted, señora Cullen.

-Pues no siga esperando, señor Cullen.-susurré.- Aquí estoy.

Tomó mi rostro entre sus manos y comenzó a acercarse. Cerré lentamente los ojos y esperé el contacto de sus labios con los míos. Presionó con suavidad y comenzó a moverlos.

-¡Con más pasión!-gritó Emmett.

Sentí como Edward sonreía y comenzó a mover sus labios rápidamente, transformando nuestro beso en uno más apasionado. Escuché como Emmett vitoreaba y los otros aplaudían. Edward se apartó de mí para dejarme respirar.

-Humanos.-susurró él.

-No por mucho tiempo.-le recordé.

-¡El ramo, el ramo!-exclamó Alice frenéticamente.

Se me había olvidado que todo el mundo estaba allí. Carlisle ya había abandonado su puesto de sacerdote y ahora se encontraba abrazado a Esme. Edward se alejó de mí para darme espacio para que pudiera lanzar el ramo.

-Bien –dije.-, ¿Quién quiere casarse?

-¡Yo!-dijo Rosalie saltando.

-¡Tú ya te has casado muchas veces!-Alice empujó a Rosalie molesta.- ¡Ahora es mi turno!

-¡No te gusta la idea de casarte varias veces!-replicó Rosalie empujando a Alice.

-¡Pero ahora quiero!

-¡Sólo porque vista a Bella!

-¡Tú también!

-¡Mentira!-replicó Rosalie.- ¡Ya es tiempo para que me case de nuevo!

Las dos se miraron y comenzaron la pelear dándose manotazos. Jasper estaba tomando fotografías de la pelea de chicas, mientras que Emmett alentaba a su esposa. Miré a Edward y éste bufó.

-¡Basta chicas!-dijo Esme.- ¡Compórtense!

-¡¡El ramo es mío!!-gritaron las dos al unísono.

-Dios, ¿Qué hice mal al criar a estas dos?-preguntó Esme en voz alta.

-Consentirlas tanto.-le respondió Carlisle.

-¡Aquí va el ramo!-grité.

Las dos se apartaron y me miraron atentas. Sus ojos brillaban y estaban fijándose en cada uno de mis movimientos. Sus respiraciones eran agitadas y sus ganas de agarrar el ramo eran muchas. Por un instante, sentí que las dos se habían transformado en predadoras y el pobre ramo era su presa. Sacudí la cabeza y volví a la realidad.

-¡A la una, a las dos y a las tres!-grité y lancé el ramo.

Miré maravillada como las dos se empujaban mutuamente mientras saltaban para agarrar el ramo. Pero miré aún más maravillada sus rostros al ver que el ramo pasaba a su lado y ninguna de las dos lo agarraba. Finalmente, el ramo cayó en las manos de Emmett, quien miró sorprendido el ramo. Jasper –obviamente-sacó un millón de fotos de toda la secuencia.

-¿Yo agarré el ramo?-preguntó desconcertado.

-¡Ja, eso cuenta como si yo lo hubiese ganado!-se vanaglorió Rosalie mientras se arreglaba su cabello.- ¡Te adoro, Em!

-¿¡Yo agarré el ramo!?-volvió a preguntar sorprendido.

-Esto es nuevo.-comentó Edward.

-¡No es justo!-protestó Alice.- ¡Que Bella lo haga de nuevo!

-No, Emmett lo agarró.-Rosalie le sacó la lengua.

Se lanzó a los brazos de su esposo y lo besó apasionadamente.

-¿Este es mi premio por agarrar el ramo?-le preguntó Emmett después de que se separaran.

-Una pequeña parte, Em. Lo mejor de tu premio está por venir.

Emmett ronroneó y volvió a besarse con Rosalie. Edward llegó a mi lado y me cubrió los ojos.

-¡Hey!-dije molesta.

-Esto no es apto para menores de edad.-me dijo.

-Ahora estoy casada, Edward. Creo que tengo derecho a mirar a mis cuñados besarse y demostrarse su amor.

-Si tú crees que es prudente….

-Espera un momento.-dudé.- ¿Qué están haciendo?

-¿En este momento?-me preguntó.

-Así es.

-¿Has escuchado el término "hacer el amor con ropa"?

-¿Por qué no me llevas mejor a nuestra habitación para que podamos tener nuestra Luna de miel?

-Como usted ordene, señora Cullen.

Solté una risita nerviosa, pero Edward no se movió.

-¿Qué ocurre?-pregunté.

-Espera un momento.-me dijo.- ¿Qué decías, Carlisle?

-Vamos a dejarles la casa a ustedes dos.-dijo Carlisle.

-¿Y qué haremos nosotros?-preguntó Emmett.

-Hay bastantes cuevas submarinas.-dijo Rosalie.

-Me encanta cuando piensas así, Rose.

-A mí también, Em.

Si Rosalie y Emmett estaban usando sus apodos cariñosos, era porque estaban muy necesitados de amor físico.

-Me parece una muy buena idea.-dijo Alice.- Tengo ganas de darme un baño nocturno, ¿tú no, Jazz?

-Si tú quieres nadar, yo también.-dijo Jasper.

-Y creo que nosotros podemos ir a ver a los papagayos, ¿no te parece, Esme?

-Hace tiempo que no exploramos Isle Esme.-rió ella.

-Todo está decidido.-dijo Carlisle.- Nos vemos en la mañana, chicos.

-Adiós.-dijo Edward.

-¡Linda boda, Bella!-escuché a Emmett decir.

De la nada, todo se quedó en silencio. Edward destapó lentamente mis ojos y me di cuenta de que ya estaba oscuro. Volteé para mirarlo.

-¿Estás lista?-me preguntó nervioso.

-Hablas como si esta es fuera nuestra primera vez.

-Esta vez es diferente.-se acercó a mi oído.- Ahora estamos casados.

-Mmmm, suena tentador.

-Después de usted, señora Cullen.

-Gracias, señor Cullen.

Comencé a caminar hacia la casa y sentí como Edward levantaba la pequeña cola de mi vestido. Me detuve y lo miré.

-¿Por qué haces eso?-le pregunté extrañada.

-Creo que debemos mantener un par de tradiciones, ¿no?-se encogió de hombros.

-Pero lo de la cola es a la entrada de la iglesia, Edward.

-Oh…lo lamento.-soltó la cola.

-Pero en este momento sería el momento indicado para que me cargaras hasta nuestra habitación.-dije con tono juguetón.

Edward sonrió complacido y me tomó en brazos. Nos miramos fijamente. No había nada ni nadie que fuera a interrumpir nuestro momento de felicidad. Me tendió con delicadeza sobre la cama y él se tendió a mi lado. Nuestras miradas no se habían apartado ni un segundo.

Edward comenzó a avanzar lentamente hacia mí. Sonreí, como si esta fuera la primera vez que lo hacía con Edward. Cada uno de sus movimientos, cada una de sus caricias, cada uno de sus besos, denotaban eso; nuestra primera vez. Cerré los ojos y me dejé llevar por su suave tacto. Su piel tenía una agradable temperatura, ya que el calor que hacía en esa isla era abrazador. Edward estaba sobre mí y antes de continuar, acarició mi rostro con sus dedos.

-¿Qué ocurre?-le pregunté.

-Bella, se me ha olvidado hacerte una promesa durante mis votos.

-¿Cuál?

-Prometo cuidar de tus sueños durante toda la eternidad.

-Edward…eso es lo más lindo que me podrías haber dicho.-susurré agradecida.

-Te amo.

-Y yo a ti.

Me besó y continuó. Ahora sí que estaba completamente derretida por mi esposo. ¿Cómo había sido tan tierno al decirme eso? Los dos sabíamos perfectamente que –pronto- no volvería a dormir nunca más. Y aún así, él me había prometido cuidar de los míos. Era tan hermosa la metáfora que había querido decir, que no pude evitar soltar un par de lágrimas. Después de todo, esta era mi Luna de miel y yo podía hacer lo que yo quería.

El sol golpeó de lleno mi rostro, provocando que me despertara a la mañana siguiente. Edward no estaba a mi lado cuando abrí mis ojos. ¿Es que esa sería su costumbre durante mis últimas mañanas como humana? Me levanté molesta y me vestí con lo primero que encontré en el suelo –que era la camisa de Edward y unos shorts míos que había usado durante el día de ayer. Salí de la habitación e inmediatamente escuché voces, pero no eran voces en inglés. Así que supuse que eran en portugués. Entré a la cocina y me encontré de frente con dos personas; una mujer y un hombre.

-Bella.-dijo Edward.- Estos son Gustavo y Kaure. Son los encargados de la limpieza.

-Mucho gusto.-dije avergonzada.

-Ve a esperarme en la sala. Enseguida termino.

-Está bien.-susurré algo avergonzada.

Salí de la cocina y me dirigí a la sala. Me acomodé en el sillón frente al televisor y me escondí entre los cojines. Cogí el control remoto y prendí el televisor. No tenía ganas de ver televisión, aún así, continué cambiando de canal. Escuché voces y ruidos desde afuera. Pronto, las voces se hicieron más diáfanas.

-¡…Deja de hacer eso!-dijo Jasper muy molesto.

-¡No he hecho nada!-replicó Emmett.

-Shush, cállense.-dijo Esme.

-Están levantados y presentables.-dijo Alice.

Escuché un suave golpeteo en la puerta francesa de la sala que daba a la playa. Puse los ojos en blanco y sonreí.

-Pasen.-dije.

Esme asomó su cabeza por la puerta.

-¿Se puede?-preguntó.

-Adelante.-le dije.- Edward está en la cocina con…eh…no sé cómo se llaman.

-¿Gustavo y Kaure?-preguntó Carlisle.

-Así es.

En un abrir y cerrar de ojos todos los Cullen estaban dentro de la sala, ya acomodados en los sillones y sofás. Noté lo molesto que se encontraba Jasper y no pude evitar preocuparme por eso. Él levantó su mirada –que hace un par de segundos estaba fija en el suelo- y me sonrió con timidez.

-Todo está bien, Bella.-me dijo.

-Es sólo que…me preocupo, Jasper.-me encogí de hombros. Él resopló.

-Todo es culpa de Emmett.-dijo él.

-¿¡Yo!?-preguntó el aludido sorprendido.- ¿Por qué?

-Porque tus…mejor dicho, las emociones que emanas me tienen vuelto loco.

-¿Mis emociones?-preguntó sorprendido.- ¡Pero si estaba al otro lado de la isla!

-¡¡Igual te sentía!!

Jasper y Emmett se pararon de sus asientos y se aceraron al otro para discutir. Había sido una mala idea preocuparme por Jasper. Miré a Rosalie –sólo por si deseaba matarme- y me sorprendió al verla muy relajada conversando con Alice. Ninguna de las dos estaba atenta a la pelea de sus esposos. Esme y Carlisle habían desaparecido de la sala –lo que me hizo suponer que estaban en la cocina junto a Edward y el equipo de limpieza.

-Podía haber sido Bella y Edward los que sentiste.

-No, Emmett. Fueron Rosalie y tú.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque los conozco. Además, Bella y Edward no son tan pasionales como ustedes dos.-Jasper me miró.- No te ofendas, Bella.

-No…no me ofendo, Jasper.-dije enseguida.

-¿No son como nosotros?-preguntó Emmett divertido.

-Ni lo pienses, Emmett.-dijo Edward.- Y basta ustedes dos. Sus voces se escuchan hasta la cocina y están asustando a Kaure.

Edward se sentó a mi lado y me acercó a su cuerpo. Jasper se alejó un poco de Emmett y se sentó lentamente en un sofá sin apartar la mirada de su hermano. Los labios de Emmett se curvaron en una enorme sonrisa. Jasper se estremeció, al igual que Edward. Miré a mi esposo –que extraño sonaba eso- y luego miré a mi cuñado. Los dos estaban asustados. Emmett se acercó a su esposa y la tomó por la cintura. Rosalie soltó una risita nerviosa.

-¿Qué ocurre?-le preguntó.

-¿Por qué no nos vamos a dar una paseo por la isla?

-¡Yuks, Emmett!-dijo Alice asqueada.

Mi cuñada se tapó los ojos, como si eso fuese a ayudarla a borrar sus visiones. Edward se tapó los oídos y Jasper se colocó con cojín en la cara.

-Mmmm….suena… tentador.

-¡Yuks!-dijimos los cuatro al unísono.

Me separé de Edward y me moví incómoda en el sillón. Rosalie y Emmett intercambiaron miradas de complicidad. Luego, los dos desaparecieron por la puerta. Esme entró a la sala y se sorprendió al ver que su familia no estaba completa.

-No preguntes.-le dijo Edward.

-Si tú lo dices…-Esme me miró.- ¿Todo bien, Bella?

-Sí, todo perfecto.

-¡Que grandiosa idea, Esme!-dijo Edward.- ¿Qué piensas, Alice?

-El tiempo es perfecto, todo encaja.-respondió ella.

-¿De qué están hablando?-pregunté.

-Déjame vestirla.-dijo Alice.

Te tomó del brazo y me arrastró –contra mi voluntad- hasta mi habitación. Me encerró y me mantuvo cautiva durante una hora viendo qué me iba a poner. Mi estómago rugía hambriento. Después de un rato se aburrió de escuchar los quejidos de mi estómago, así que decidió darme algo para comer. Aproveché ese pequeño intervalo de tiempo que me dio para escaparme de la habitación. Salí corriendo hacia el bosque. No tenía ganas de ser el juguete de Alice de nuevo, sólo tenía ganas de salir de allí.

Caminé entre los frondosos árboles tropicales, tratando de buscar una salida a la playa. Sabía que pasara lo que pasara, Edward sería capaz de encontrarme. Vi algunos rayos del sol traspasar el frondoso bosque y me dirigí hacia ellos. Después de caminar un par de minutos, salí a la playa…o eso pensaba yo. Me acerqué cada vez más a lo que parecía el comienzo de la playa, cuando me detuvo en seco. No me encontraba en la playa, sino que me encontraba en el borde de un acantilado enorme.

Miré hacia abajo y me dio vértigo al ver unas enormes rocas sobresaliendo la superficie del mar. Traté de retroceder, pero estaba tan cerca y me dio tanto vértigo, que perdí el equilibrio. Una fuerte y gélida mano sostuvo mi brazo e impidió que me cayera. De un tirón, me acercó de nuevo a tierra firme. Volteé a ver a mi salvador y sonreí. El efecto que tenía el sol en el cabello de Edward me dejó completamente deslumbrada. Él torció la sonrisa.

-¿Qué?-me preguntó.- ¿Ya te aburriste de mí que deseas acabar tu vida tirándote de un acantilado?

-Todavía no me aburro de usted, señor Cullen.

-Que bueno, señora Cullen. Ya me estaba preocupando.

Me tomó por la cintura y me acercó a su cuerpo. Apoyé mis manos en su duro pecho. Mi mirada estaba fija en mis pies. Temía levantar la mirada y que viera mi rostro. No quería que supiera lo avergonzada que me encontraba ahora.

-¿Por qué no me miras al rostro?-me preguntó.

-Mis pies son lindos.-me defendí, él rió.

-Esa es una excusa muy patética, Bella.

-Lo sé.-me encogí de hombros.- Pero me gusta.

Con ternura agarró mi mentón y levantó mi rostro para que lo viera a los ojos. Mis mejillas ardieron y él volvió a torcer la sonrisa.

-Tonta Bella.-susurró.- Me encanta cuando te pones así.

Acercó sus labios a mi mejilla. Sentí su frío aliento chocar con mi mejilla. Cerré lentamente mis ojos y disfruté de sus caricias. Una de sus manos se hundió en mi cabello, la otra se perdió entre mis ropas. Sus labios se perdieron entre las facciones de mi rostro humano. Sentía como el calor del sol comenzaba a dejarme y el frío de Edward comenzaba a envolverme. Me aprisionó contra su cuerpo con más fuerza, como si no quisiera dejarme ir. Sus labios bajaron hasta el hueco de mi cuello. Sentí como sus labios se abrían lentamente. ¿Lo haría?

-Oh, Edward.-susurré.

-Quieta, Bella.-susurró con una voz totalmente cautivante.- Has permitido que mi lado salvaje salga a la luz.-chasqueó la lengua.- Bella, Bella, Bella… ¿Qué haré contigo?

-Uh… ¿transformarme en tu esposa inmortal?-mi voz sonó más como una súplica que como una pregunta.

-Bella, Bella, Bella… ¿Estás lista para dar ese paso?

No podía ver su rostro, ya que lo tenía escondido entre mi cuello y mi cabello. Tragué saliva ruidosamente y él rió entre dientes. Comenzó a alejarse lentamente de mí.

-No, no, no. Estoy lista.-le aseguré.

Él se detuvo y sin mirarme, volvió a hablar.

-¿Segura?

-Muy segura.

-Bella, ¿quieres transformarte en alguien como yo?

Suspiré aliviada. No se había referido a él como un monstruo o como una bestia. Eso debía ser bueno.

-Sí, quiero.-susurré confiada.

-Eso quería escuchar.

Volvió a acercarme a su cuerpo. Nuestros cuerpos se acoplaron a la perfección, como si estuvieran esperando a este momento. Sus labios rodearon un sector específico de mi cuello. Mi respiración se agitó. Él resopló y susurró:

-Quédate tranquila. Trataré de hacerlo lo menos doloroso posible.

Sentí como sus labios rozaban mi cuello con sus movimientos al hablar. Sonreí y asentí. Traté de quedarme lo más quieta posible. Sus labios se detuvieron repentinamente, sentí como se abrían y sentí dos filosos dientes clavarse en el lugar que él había elegido. Mis ojos se abrieron por la sorpresa. Mis manos se aferraron a su ropa. Y mi cuerpo se estremeció varias veces. Nunca en mi vida había sentido tanto dolor. ¿Era posible para alguien sentir lo que yo estaba sintiendo? Mi cuerpo no dejaba de estremecerse. Comencé a sentir como un abrazante fuego comenzaba a quemarme. Solté un grito agónico y perdí todas mis fuerzas. Sentí como las manos de Edward trataban de capturar mi cuerpo antes de que cayera al suelo.

-¡Bella, Bella, Bella!-gritó desesperado.- ¡Oh, rayos!

-¿Qué ocurre?-escuché gritar a otra voz.

-¡¡Creo que he hecho algo mal, Alice!!-dijo con desesperación.

Estaba tan perdida en el dolor, que ya no sabía en dónde estaba o quién era. Pero fui fuerte y reuní toda la fuerza que quedaba en mi cuerpo para mover mis labios y soltar mis últimas palabras.

-Para siempre…

º0º0º0º0º

Mmmmm ¿Y? ¿Qué opinan?

Surfer Babe 69