So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Treinta y Cinco: Una Blanca Navidad al Estilo Cullen.

Bella POV.

El día siguiente apareció rápidamente y la casa de los Cullen –la cual era mía también- se hizo un hervidero de actividades. Las tareas estaban divididas. Yo estaba encargada de adornar el jardín. Alice, Jasper y Carlisle tenían que adornar los pisos superiores. Esme y Edward se encargarían del primer piso. Y por último, Rosalie y Emmett se encargarían del árbol de Navidad. Según Edward, eso era un muy importante suceso, ya que Alice siempre se encargaba de eso. Y esto demostraba que Alice se había transformado en una persona muy "caritativa".

La casa estaba totalmente arreglada alrededor de las seis de la tarde. Y yo era la que más me había demorado, ya que Alice quería que todo –dentro de un radio de quince kilómetros de la casa- estuviera adornado. Después de que cada uno estuvo listo con sus respectivos adornos, nos dirigimos a arreglarnos. Edward y yo nos encerramos en nuestra habitación, al igual que los demás. Primero que nada, quería darme un baño de agua caliente. Después, me encargaría de mi cabello, mi ropa y mi maquillaje.

-¿Piensas salir pronto?-me preguntó Edward desde el umbral de la puerta del baño.

-Nop.-sonreí.- ¿Quieres entrar conmigo?

-Mmmm, no creo que necesite un baño.

-Uh, yo creo que sí.

-¿Qué haré contigo, Bella?

-Meterte a la tina conmigo.-le sonreí juguetonamente.- Por favor.

-Desearía hacerlo. Pero sé que Alice querrá acabar con mi vida si lo hago.-me extendió sus manos.-Ven, vamos a vestirnos.

-Odio a Alice.

-Sé que no lo haces.

Tomé sus manos y salí de la bañera. Quité el tapón y el agua comenzó a drenarse. Sequé mi cuerpo con unas exquisitas toallas de algodón mientras caminaba hasta nuestra habitación. Edward ya estaba en el closet eligiendo qué ponerse. Me acerqué a él y suspiré.

-¿Es que todo en mi closet es azul?-pregunté.

-Alice sabe que es tu color favorito.

-Es tu color favorito que ahora es el mío.-aclaré.- Son dos cosas muy distintas.

Me puse a revolver la ropa hasta que encontré un vestido de tirantes finos de seda. Era ajustado y me quedaba de maravillas. Tenía un pronunciado escote y llegaba hasta sobre mis rodillas. Era informal, pero al mismo tiempo formal. En resumen, era perfecto para la ocasión. Me sequé el cabello y comencé a peinármelo. Gracias a mis rapidísimas manos, terminé en un instante con mi cabello. Bueno, tampoco era muy difícil hacerse una cola alta y hacerme bucles en las puntas.

Edward se había colocado una camisa blanca, un traje negro y una corbata roja. Todo le quedaba de maravillas. Yo estaba sentada frente a mi tocador –el cual yo encontraba que era desmesuradamente grande, pero Rosalie y Alice no concordaban conmigo- colocándome las joyas que Rosalie había seleccionado para mí, cuando Edward se colocó detrás de mí. Sonrió al ver nuestro reflejo en el espejo. Me besó en el cuello.

-Te ves deslumbrante.-sonrió con aquella sonrisa torcida que tanto amaba.

-No tanto como tú.-le dije.

-Esto no es una competencia de quien se ve mejor, Bella.-dijo Edward.- Porque los dos sabemos que yo no soy rival alguno contra tu belleza natural. Eres hermosa.-sus ojos brillaron.

Me coloqué los aros de perla y me levanté del taburete del tocador. Me acerqué a Edward y comencé a jugar con su corbata.

-Sabes muy bien que tú eres más deslumbrante que yo…sólo porque me ganas en los años. Has sido más deslumbrante y hermoso que yo por varios años.

-Un par de siglos…

-Uno.-solté una risita nerviosa.

Alguien se aclaró la garganta desde la puerta y los dos volteamos. Allí estaba Emmett. Mi hermano tosió para ocultar su carcajada y luego, caminó hacia nosotros.

-Vamos, es la hora. Nuestros invitados están a punto de llegar.

-¿Invitados?-pregunté arqueando una ceja.

-Sí… ¿Edward no te contó que el aquelarre de Tanya está invitado a nuestra celebración?

Mi mirada se fijó inmediatamente en Edward. Entrecerré los ojos y procuré subir mi barrera mental al máximo. Al ver la situación, Emmett se colocó a reír a carcajadas.

-Vamos.-Emmett me tomó del brazo y me arrastró fuera de la habitación, evitando que saltara sobre mi esposo e hiciera algo de lo que después me arrepentiría.- Todo saldrá bien, Bella. Rosalie tampoco está muy feliz que ellos hayan venido. Tú sabes cómo se pone mi Rose cuando Irina está en la misma sala.

-Por lo menos sé que no soy la única que las odia.-mascullé.

-No las entiendo.-Emmett bufó.- Todos los días le digo a Rosalie que ella es el sol de mi existencia, que ella es la única persona que le ha dado alegría a mi vida, que ella es mi ángel y que no hay nadie como ella…y aún así, se pone celosa.

-Se lo dices porque es eso lo que ella quiere escuchar.-le dije.

-Para nada.-sonrió y se detuvo cuando estábamos a punto de comenzar a bajar las escaleras.- Todo el mundo piensa que sólo se lo digo para alimentar uno de sus caprichos. Pero es lo que realmente siento. Para mí no hay nadie más en este mundo que Rosalie. Todas las otras mujeres –humanas o vampiros- son sólo rostros. En cambio mi Rose… ¡wow!-exclamó maravillado.- Ella no es un rostro cualquiera. ¡Ella brilla!

Emmett continuó tratando de describir su amor por Rosalie a través de palabras. Palabras que perdían todo su sentido, ya que Emmett hacía sonar aquellas palabras como si estuvieran vacías al compararlas con su enorme amor por Rosalie. En ese momento, me di cuenta de que estaba sintiendo celos. ¿Edward sentiría lo mismo por mí? ¿Sería yo capaz de hacer que Edward no supiera describir lo que sentía a través de palabras? No necesitaba de Jasper para saber lo que Emmett estaba sintiendo. Era muy difícil no hacerlo.

-¿Comprendes?-me dijo sonriendo.- Sé que Rosalie es caprichosa, pero esos detalles no me importan. Yo soy capaz de ver a Rosalie como un todo completo. Ella es mi ángel.

-Comprendo muy bien. Y lamento si alguna vez la hice sentir mal.

-Ella comprende, sé que lo hace. Después de todo…no podría ser una persona ególatra, si se pasa todo el día pensando en mí.

-¿Cómo lo sabes?-pregunté curiosa.

-Se le nota. ¿No has notado como –cuando estamos apartados- me mira cada tantos segundos? O ¿Cómo me acaricia? Todos esos pequeños gestos demuestran que no hay nadie más importante para ella que yo. Aún cuando sea inconsciente. Ella es mi todo y yo soy su todo.

-Te envidio.

-No deberías.-comenzó a caminar de nuevo, arrastrándome detrás de él.- Después de todo, el mundo de Edward gira en torno a ti.

Bajamos a la sala y allí se encontraban todos, incluyendo al aquelarre de Tanya. Suspiré resignada y puse mi mejor cara. Un par de segundos después, bajó Edward. Nos acomodamos en la sala y comenzamos a conversar y a esperar a que fueran las doce. Las botellas de champaña se acababan en un abrir y cerrar de ojos. ¿Quién podía discutir el hecho de que los vampiros también amaban el alcohol? Además, era más fácil beber alcohol como vampiro, ya que se necesitaba de mayores cantidades de éste para comenzar a sentir sus efectos.

El enorme reloj de péndulo que había en la sala comenzó a dar las doce campanadas. Todos nos paramos y nos abrazamos unos a los otros deseándonos felices Navidades. Noté como Alice arrastraba a Jasper para colocarse debajo del muérdago. Alice subió su mirada para observar a Jasper. Él sonrió. Y los ojos dorados de Alice brillaron.

-¿Eres feliz?-le preguntó ella.

-Más que nunca.-le respondió él.- ¿Lo eres tú?

-Más que nunca.-dijo ella repitiendo las palabras de su esposo.

Lentamente, sus rostros comenzaron a acercarse. Alice cerró los ojos, al igual que Jasper. Sus labios se unieron en un tímido y demostrativo beso. Tuvieron sus labios unidos por varios minutos. Durante ese intervalo, fui en busca de mi esposo, ya que él era la última persona que me faltaba pro abrazar. Lo encontré junto a Tanya. Me detuve a pocos pasos de ellos y decidí observar antes de actuar.

Se abrazaron y al poco rato se separaron. Traté de que eso no me afectara. Pero sabía que el amor que Jasper estaba irradiando, podía afectar a Tanya. Una suave tonada comenzó a sonar, era un vals navideño. Tanya sonrió y miró a Edward. Luego, me miró a mí.

-Supongo que no puedo tener el honor de bailar contigo.

-Lo lamento.-dijo Edward.- Pero el primer baile será con mi amada esposa.

Ella sonrió con amargura. Le dio un beso en la mejilla a Edward y luego caminó hacia mí.

-Jamás te perdonaré. Pero no puedo evitar estar feliz por él.

-Gracias.-susurré.

Ella sonrió con amargura de nuevo y se mezcló entre la gente. Edward tomó mi mano y la besó.

-¿Me concedería el honor de bailar conmigo esta pieza, señora Cullen?

Solté una risita nerviosa y él lo tomó como un sí. Alice y Jasper ya estaban dando vueltas por nuestra improvisada pista de baile, el cual era el centro de la sala. Eleazar y Carmen también estaban bailando. Esme y Carlisle se unieron a nosotros al poco rato. Las tres hermanas –Irina, Kate y Tanya- observaban desde los sillones. Sólo faltaban Emmett y Rosalie. Pero ellos dos estaban debajo del muérdago, besándose apasionadamente. Así que se demorarían un poco en unirse a nosotros.

Cuando el vals se acabó, todos aplaudieron. Volvimos a abrazarnos y a besarnos. Esme apareció con una última ronda de champaña.

-¿Pretendes embriagarnos, mi querida Esme?-le preguntó Carmen.

-Un poco de champaña no nos hará nada mal, mi querida Carmen.

Las dos rieron. Cuando todos teníamos nuestras copas en mano, Carlisle se aclaró la garganta. Todos guardaron silencio.

-Es un honor tenerlos a todos reunidos en esta hermosa ocasión. Me encanta ver que somos una gran familia y que todos nos llevamos bien. Aún cuando hay algunas asperezas por limar. Pero lo importante es que estamos todos juntos. Y que tenemos el agrado de compartir todos juntos. ¡Salud!

-¡Salud!-dijimos todos.

Bebí un sorbo de champaña y la dejé de lado por un momento.

-¡Es hora de los regalos!-dijo Alice.- ¡Yo comienzo!

Todos reímos. Alice agarró un paquete y se lo entregó a Jasper.

-¿Para mí?

-Así es.

-Gracias, mi amor.-Jasper sonrió y comenzó a abrir su paquete.

Alice se acercó a él para ver mejor su rostro. Esme fue la que continuó. Sacó del árbol un paquete y se lo dio a Carlisle. Después de eso, todos nos levantamos a buscar paquetes y a entregarlos. Le había dado paquetes a todos y sólo me faltaba entregarle a Edward, cuando el gritó de Rosalie me interrumpió. No me había dado cuenta de que Emmett se encontraba arrodillado frente a Rosalie con una cajita de terciopelo en sus manos. Todos soltamos exclamaciones de asombro.

-¡Sí, sí, sí, sí un millón de veces!-dijo Rosalie muy emocionada.

Emmett colocó el anillo de compromiso en su dedo anular. Luego, se abrazaron y todos aplaudimos.

-Aquí vamos de nuevo.-masculló Alice.

-¿Siempre le da un anillo?-le pregunté a Edward.

-Es siempre el mismo.-me respondió.- Emmett se las ingenia para robárselo sin que ella se dé cuenta.

-Siempre he tenido una duda.-dijo Jasper.- ¿No lo sabe?

-No, no lo sabe.-dijo Edward.- Increíble, ¿cierto?

-Mucho.-dijo Jasper.

Esme y Carlisle se acercaron a felicitar a la feliz pareja, lo mismo hicieron todos. Después de un rato, todo volvió a la normalidad. Busqué a Edward y lo encontré rápidamente. Estaba sentado en uno de los sillones, observando al resto de nuestra familia. Me senté a su lado. Él sonrió y apoyó su cabeza sobre mi hombro.

-Te tengo tu regalo.-le dije mostrándole el paquete que tenía entre mis manos.

-Tú eres mi regalo, Bella. No necesito nada más.

-Pues igualmente te tengo otro. ¿Lo quieres abrir?

-Está bien.

-Vamos.

-¿A dónde?-me preguntó.

-Ya lo verás.-le dije.

Nos paramos y salimos por las enormes puertas de cristal. Nadie pareció notar nuestra ausencia. Caminamos entre los árboles, hasta que me detuve. Él se detuvo un par de pasos detrás de mí. Volteé a verlo y le sonreí.

-Uf, esto es más difícil de lo que pensaba.

-¿Qué ocurre?-me preguntó.

-Supongo que sabes cómo me ponías cuando era humana.

-Así es.

-Y también puedes ver uno que otro detalle en mi mente.

-Algo borroso, pero sí. ¿Qué ocurre, Bella?

-Toma.-le extendí el paquete.- Para que veas mis recuerdos humanos cuando desees.

Él lo tomó y desgarró el papel de un tirón. Su rostro se desfiguró.

-Bella…

-Quiero que lo tengas.

-Pero…

-Mira.-me acerqué a él y le arrebaté el álbum de fotos de sus manos. Lo abrí.- Lamentablemente tenía más fotos mías que tuyas, pero Esme y Alice me han ayudado a encontrar varias.

Pasé las hojas del álbum rápidamente y Edward no apartó su mirada de las fotos que lo adornaban. Había fotos de bebés de los dos, de nuestras infancias, de mi adolescencia y muchas fotos de los dos; que incluían nuestra boda. Las últimas páginas estaban en blanco.

-¿Por qué están en blanco?-preguntó.

-Para que coloquemos fotos de nuestro nuevo futuro juntos. Sé que es un poco cursi, pero…

-No.-negó con la cabeza.- No es para nada cursi. Gracias, Bella. Es el regalo más hermoso que me han hecho.

-No hay de qué. Qué bueno que te haya gustado.

-¡Me ha encantado!-guardó silencio.- Es una lástima que mi regalo no sea tan considerado como el tuyo.

-¿Me tienes un regalo?

-Así es. Supuse que –como ahora eres una de nosotros- amas la velocidad.

-Nunca he conducido siendo vampiro.-le recordé.

-Te encantará.

-Pero… ¿para qué lo usaré?

-El parque tiene varios kilómetros de caminos abandonados. Además, ahora puedes usarlo para ir al pueblo.

-No lo había pensado.

-¿Quieres verlo?

-¿Será muy ostentoso?

-Un poco. Es un modelo que todavía no sale.

-¿Y cómo lo has conseguido?

-Rosalie tiene muchos contactos con vendedoras de autos. Ella me consiguió el descuento y el auto.

-Vaya, Rosalie es un encanto.

-¿Volvamos para que te lo muestre?

-Está bien.

Comencé a caminar, pero él se quedó quieto. Estaba pensando. Me acerqué a él.

-¿Qué ocurre?

-¿Por qué me trajiste acá?

-Porque no quería que Emmett se riera de mi regalo.-me encogí de hombros.

-¿No ves dónde estamos?

Miré a mí alrededor y negué con la cabeza.

-Este es el lugar en donde lo hicimos por primera vez; los dos como inmortales.

-Wow, no me había dado cuenta de eso.-dije sorprendida. Luego, reí.- Supongo que mi cuerpo me atrae instintivamente a este lugar.

-Puede ser.-rió a carcajadas.- ¿Vamos?

-Vamos.

Nos tomamos de la mano y salimos disparados hacia la casa. Cuando llegamos, Rosalie salió corriendo a recibirnos. Se lanzó a mis brazos y me abrazó con fuerza.

-¡Gracias, Bella!-se apartó de mí.- ¡Tu regalo es el que más me ha gustado, después del de Emmett!

-De nada.-le sonreí.

-¿Qué le has regalado?-preguntó Edward.

-Esto.

Rosalie le mostró la gargantilla de diamantes que estaba usando. Edward se sorprendió.

-¡Wow! Se ve caro.-dijo él.

-Cuando lo vi, pensé inmediatamente en ti, Rosalie.-le dije.- Pensé que te quedaría mejor que a cualquiera.

-¡Te adoro!-volvió a abrazarme. Después de un rato se apartó completamente de mí y me sonrió.- ¿Ya se lo diste?-le preguntó a Edward.

-No, eso voy a hacer a ahora.

-¿Puedo estar con ustedes?

-Por supuesto.-dijo él.

-¡Yo también quiero estar!-chilló Alice.

-Pueden venir todos.-dijo Edward.

Caminamos hacia el garaje de la casa y todos nos siguieron, murmurando cosas. Sentí varios flashes de cámaras fotográficas. Y supuse que Alice estaba detrás de eso. Entramos al garaje y Edward prendió la luz. Frente a mis ojos había un auto color azul metálico, que brillaba con intensidad.

-El diablo azul.-dijo Rosalie.

-¿Qué es?-pregunté sorprendida acercándome al auto.

-Es un Corvette C6 ZR-1.-dijo Edward como si supiera a lo que se estaba refiriendo.

-Es hermoso.

-Es más que hermoso.-dijo Rosalie.- Eres muy afortunada, ya que este modelo todavía no sale a la venta. Es exclusivo.

-¡Gracias a los dos!

-Más a Edward que a mí.-dijo Rosalie.

Toda mi familia soltó exclamaciones de asombro. Rosalie nunca había sido una persona que pensara en el resto antes que ella. Pero ahí recordé lo que Emmett me había dicho hace un par de horas. Todos la miraron extrañados y yo sonreí.

-Emmett tiene razón, Rosalie.-le dije.- Tienes que hacerle caso.

-¿Qué?-preguntó Alice.- ¿De qué están hablando?

Emmett sonrió ampliamente. Abrazó a Rosalie por la cintura y la besó en la mejilla.

-Mi Rose es la mejor del mundo.-dijo él.

-Eres muy afortunada, Rose.-le dije.

Ella sonrió, como si le estuviera haciendo un gran cumplido.

-Lo sé. No hay nadie más afortunada que yo en este mundo. Nadie tiene lo que yo tengo.

Nos miramos y reímos al unísono. Nuestras risas eran armoniosas y sonaban muy bien juntas. Todos nos miraron con extrañeza. Bajé un poco mi barrera mental y dejé que algunos fragmentos de la conversación que había tenido con Emmett escurrieran para que Edward lo escuchara. Después de un rato, sonrió.

-Ya veo, ya veo.-dijo.- Emmett, tienes toda la razón. Y se ha notado más durante estos últimos meses. Realmente has dejado tu marca en ella.

-¡Yo también quiero saber, Edward!-refunfuñó Alice tirando del brazo de su hermano.- ¡Cuéntame, cuéntame!

-Alice, deja de ser tan molestosa.-le dijo Edward divertido.- Hay cosas que no las tienes que saber.

-¡No seas malo!-miró a su esposo.- ¡Jazz, oblígalo!

Él colocó los ojos en blanco y sonrió.

-¿Por favor?-pidió Jasper.

-Lo lamento.-dijo Edward divertido.- Es un secreto.

-¡Oh, vamos!-dijo Alice.- ¡Sabes que me gustan los secretos!

Todos reímos. Luego de que Alice terminara con su rabieta, todos entraron a la casa; todos menos Edward y yo. Nos miramos y decidimos ir a dar una vuelta en mi nuevo Corvette. Me lanzó las llaves y sonreí. Nunca había conducido nada que no fuera mi antigua Chevy. Todo esto era muy nuevo para mí. Me senté en el asiento del conductor y dejé que mis dedos recorrieran cada detalle de éste. Se sentía maravilloso.

-¿Estás lista?

-Ugh, eso creo.

-Suenas nerviosa.

-Es porque lo estoy.

-¿Qué te preocupa?

-Chocarlo contra un árbol.

-No lo harás. Tenemos reflejos más rápidos que los humanos.

-¿Seguro?-pregunté mirándolo a los ojos.

-Muy seguro.

Suspiré.

-Si tú lo dices.

Coloqué las llaves y lo encendí. El motor rugió con fuerza y quedé maravillada. Podía escuchar cada mecanismo del motor moviéndose. Esto de tener una súper audición era ¡genial! Coloqué primera y aceleré. Escuchaba con claridad cuando el motor me pedía que colocara el siguiente cambio. El Corvette y yo nos llevaríamos muy bien. Edward me guió por un camino muy apartado, así no me cruzaría con nadie.

-¿Qué tal te sientes?-me preguntó.

-¡Siento que voy muy lento!

-Pues déjame decirte que ya vas en sexta y llevas una velocidad de 286 kilómetros por hora.

-¿De verdad?-lo miré, apartando mi mirada del camino.

-Así es.

Volví a mirar el camino y me quedé en silencio por un par de segundos.

-¿A cuánto puedo llegar?

-Lo máximo, es 346. Pero Rosalie cree que –con un par de arreglos- puede llegar a los 360.

-¡Wow! ¿Cuándo los puede hacer?

-¿Para qué quieres tan rápido?

-¡Me encanta como se siente!

Él rió con ganas.

-Ahora sabes cómo se siente.

-Lamento haber cuestionado tu velocidad. Ahora te comprendo.

-No hay problema.-colocó su mano sobre mi mano.- ¿Crees que podamos regresar?

-Obvio.

Esperé a que encontrara un lugar con el suficiente espacio y me di un trompo.

-¡Wiiii!-dije emocionada.

Detuve el auto y me puse a reír a carcajadas. Desde ahora, comenzaría a hacer más trompos. Por fin podía disfrutar de mi vida sin tener que pensar en lo frágil que era. Regresamos rápidamente a casa. El aquelarre de Tanya ya se había marchado y ahora sólo quedábamos los Cullen. Alice me interrogó sobre la conversación que habíamos tenido sobre Rosalie, pero yo no le dije nada.

-¡Eres una mala hermana, Bella!-se quejó.

-Lo lamento, Alice.-le dije.- Pero no puedo decirte. Es un secreto.

-¿Por qué nadie me quiere contar?-refunfuñó molesta.- ¡Me he enfadado con todos ustedes!–Nos apuntó a cada uno.- ¡Cuando quieran un favor, no se los haré!

Todos pusimos los ojos en blanco. Alice estaba muy enfadada con nosotros y podíamos sentir el nerviosismo de Jasper respecto al tema.

-¡Jasper, calma tus nervios que me estás volviendo loca!-dijo Rosalie molesta.

Edward se acercó a su hermano y colocó su mano sobre su hombro. Jasper se calmó lentamente. Se miraron a los ojos y Jasper asintió. Se apartó de Edward y comenzó a caminar lentamente hacia Alice. Ella lo miró de reojo, sospechando lo que se traía entre manos. Él se acercó a ella, hundió su rostro en el cabello de Alice e inspiró su aroma.

-¿Alice?

-¿Mmmm?-preguntó ella.

-¿Quieres subir?

-¿Estás tratando de desenfadarme?

-No, sabes que no soy capaz de quitarte una idea de la cabeza…

-Tienes razón.-ella sonrió juguetonamente.

Jasper se alejó de ella, le tomó de la mano y comenzó a caminar lentamente hacia la escalera, sin apartar la mirada de Alice. Le dio una pequeña vuelta y subieron corriendo las escaleras a una gran velocidad. Escuchamos como la puerta de su habitación se cerraba y escuchamos a Alice soltar un par de risitas nerviosas.

-Aquí vamos de nuevo.-susurró Esme bebiendo un sorbo de champaña.

Nos quedamos en silencio. Pero el silencio no duró mucho, ya que inmediatamente comenzamos a sentir la lujuria.

-Con permiso.-dijo Emmett.

Agarró a su esposa en brazos y subió hasta su habitación. La lujuria de Jasper era muy, pero muy fuerte. Y estaba muy segura de que no había sentido algo así en mucho tiempo. Esme y Carlisle intercambiaron miradas nerviosas. Carlisle se aclaró la garganta, todos lo miramos.

-Bueno chicos, ha sido un placer. Fue una hermosa velada. Nos vemos en la mañana. Esme cariño –volteó a mirar a su esposa-, ¿me acompañas a nuestra habitación? Tenemos muchas cosas que… conversar.

-Por supuesto.-Esme sonrió.- Nos vemos mañana, chicos.

-Así es.-dijo Edward.- Presiento que tendremos que salir a cazar.

Carlisle tomó a Esme de la mano y ella soltó una risita nerviosa. No tenía que ser Edward para saber qué era lo que estaba pasando por la mente de Carlisle y Esme. Los dos subieron rápidamente a su habitación, dejándome a solas con Edward. Lo miré de reojo y él sonrió. Dejé que mi barrera mental bajara. Él rió a carcajadas.

-No necesito que bajes tu barrera para saber lo que piensas, Bella.

-Sería la forma perfecta para terminar esta grandiosa velada.-le dije con inocencia.

-Vamos.-expendió su mano para que se la tomara.

Se la tomé. Él comenzó a subir las escaleras pero lo detuve. Él me miró y yo negué con mi cabeza.

-¿Qué?-me preguntó.

-Estaba pensando en un pequeño paseo al bosque…-dije con tono juguetón.

-Al parecer tu cuerpo sí te arrastra hacia ese lugar.-dijo divertido.

-No puedo hacer nada contra eso.-me encogí de hombros.

Comencé a caminar de espaldas, mirando fijamente a Edward. Él torció la sonrisa. Y yo sonreí con amplitud. Ese era mi Edward, mi macho perfecto y recio. El único que me amaba con todo su ser. El único que era capaz de llenar mi vida con alegría. El único que podría satisfacer mis deseos y el único que podía hacerme ronronear.

-Grrrr.-ronroneó Edward con su voz aterciopelada. Mi cuerpo se estremeció.

Salimos por la puerta de cristal y corrimos hacia nuestro lugar preferido, sin dejar de mirarnos.

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Les tengo una pregunta. Si escribo un fic de Nessie y Jacob, ¿lo leerían o no?

Gracias por los reviews ;)

Surfer Babe 69