So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Treinta y Seis: Visita Inesperada.

Bella POV.

Edward y yo habíamos salido al pueblo de compras, y a probar mi nuevo auto. Él había insistido en que aprendiera a controlar la velocidad así que me había puesto a prueba, dando vueltas por el pueblo sin detenernos. Podía notar como las miradas curiosas de los pueblerinos se clavaban en mi auto. Era normal que sintieran curiosidad al ver un auto de ese estilo, pero no cumplía con la regla de los Cullen que decía que debíamos pasar desapercibidos.

Luego de un rato dando vueltas a una velocidad normal –muy lenta para mí- por el pueblo, nos detuvimos y salimos a hacer nuestras compras. Carlisle estaba trabajando en el pequeño hospital del pueblo y Esme estaba comprando materiales para construir el lugar en donde la boda de Emmett y Rosalie se llevaría a cabo. Me sorprendí de la velocidad con la que habían organizado todo. Alice era la encargada de organizar y comprar todo lo necesario. Esme construiría el lugar en donde se llevaría a cabo la boda. Carlisle conseguiría al sacerdote. Y los demás no teníamos nada que hacer.

-¿Te sorprende la velocidad de Alice?-me preguntó Edward mientras bebíamos café en un pequeño local de la calle principal.

-¿A ti no?-le pregunté.

-Pues no. Alice lo había visto, así que ya tenía una que otra cosa lista.

-Ya veo.

Guardamos silencio por un momento. Tomé mi taza de café y soplé con cuidado –pretendiendo soplar para entibiar el café-, para luego beber un sorbo. Los chicos me habían dado prácticos consejos para parecer humana. Debía pestañar al menos tres veces por minuto, cruzar las piernas cada cinco minutos y luego cambiar, no quedarse muy quieto ni moverse muy rápido, que mis ojos vaguen y mover mis manos o algo por el estilo. Todos tenían uno que otro consejo para mí.

Mi mirada vagó por el lugar y pude notar que había varios hombres mirándome fijamente. Que mala educación, ¿no ven que estoy casada?; pensé molesta. Quizás ellos no sabían aquello, así que decidí mostrárselos. Con mi mano izquierda –y con un movimiento lo suficientemente lento para que vieran mi anillo- me coloqué un mechón de cabello detrás de la oreja. Luego, coloqué la misma mano sobre la de Edward, lo miré con dulzura y le sonreí.

-Te amo tanto, cariño.-dije en voz alta para que me escucharan.

Escuché varios suspiros de resignación y sonreí con satisfacción. Edward arqueó una ceja.

-¿Por qué pasó eso?-me preguntó con curiosidad.

-¿Qué estaban pensando esos hombres?-pregunté y al mismo tiempo, los señalé con un rápido movimiento de cabeza.

-Estaban pensando en lo hermosa que eres. ¿Por qué?

-Lo supuse.-sonreí y bebí otro sorbo de café.

-¿Bella?

-¿Ahora qué están pensando?

Edward entrecerró los ojos y se concentró en los pensamientos de los humanos. Luego, rió a carcajadas. Varias personas voltearon a verlo.

-Lo supuse.-murmuré.

-Impresionante.-dijo él.- ¿Cómo sabías que estaban pensando en lo hermosa que eres?

-Porque los vi mirándome fijo.-eso lo enfadó un poco.- Es por eso que les mostré que estaba felizmente casada con el hombre más guapo del mundo.

-Vampiro.-susurró.

-Tecnicismos.-coloqué los ojos en blanco.

-Si tú lo dices. ¿Cómo está tu café?

-Delicioso. Aunque no es lo más delicioso que he bebido.

-¿Tienes sed?-me preguntó con preocupación.

-Un poco, pero no es insoportable.

-Si tienes sed Bella, dímelo.

-¿De qué color son mis ojos?

-Casi del color de los míos.-sonrió.

-No tengo sed.

-Bueno, si tú lo dices.

Miré la hora y suspiré; ya era hora de volver a casa para continuar con los preparativos. Edward pagó y nos marchamos tomados de la mano. Caminamos hasta donde el auto se encontraba. Cuando llegamos a casa, me sorprendí al encontrar nuestra sala llena de tablas, martillos, clavos, pintura y muchos otros objetos de construcción. Carlisle estaba sentado en un sofá, en la esquina de la sala. Estaba tratando de leer, pero todos los materiales le incomodaban.

-¿Carlisle?-preguntó Edward.

-No pregunten.-masculló.

-No pareces muy cómodo.-observé.

-¿Tanto se nota?-preguntó levantando la mirada.

-Aja.-dijimos al unísono con Edward.

Dejó el libro sobre una mesita que había a su lado y caminó hacia nosotros –esquivando sin problemas todos los obstáculos.

-¿Qué es todo esto?-pregunté

-Las cosas para construir el altar para Rose.-dijo Carlisle.

-¿Ya decidieron el lugar?-preguntó Edward.

-Así es, cerca de la cascada.

-Ah, un magnífico lugar para casarse.-dijo Edward.- Y ser cazado…

Edward soltó un gruñido juguetón y trató morderme el cuello. Yo solté una risita nerviosa y aparté su rostro con mi mano. Aún así, no se rindió. Carlisle colocó los ojos en blanco.

-Niños, déjense de jugar.-murmuró.

Me demoré exactamente trece segundos en quitarme a Edward de encima. Al parecer, estaba con ganas de jugar. Luego, volví a tener compostura.

-¿Harás tú la ceremonia, Carlisle?-le pregunté con más seriedad.

-Así es. Rose me lo pidió como favor. Emmett todavía no deja de odiar al último sacerdote que los casó.

-¿Qué pasó?-pregunté.

-Nada…bueno, quizás se dijeron cosas que no se debían haber dicho.-Edward se cruzó de brazos y sonrió divertido.

-No es divertido, Edward. La vez anterior –gracias al escándalo de Emmett- casi nos descubren.

-¿Dónde fue esto?-pregunté.

-New York.-dijeron al unísono.

-¿Vivieron en NY?

-Un invierno.-me respondió Edward.- No pudimos vivir más porque a Emmett se le ocurrió hacer un escándalo.

-No fue un escándalo, Edward.

Todos volteamos hacia donde la voz de Emmett provenía. Él estaba parado detrás de nosotros; cargando –al menos- treinta palos de madera sobre su hombro izquierdo. Nos hicimos a un lado y él depositó los palos sobre el suelo con poca delicadeza. Una gran humareda de polvo se elevó después de que Emmett dejara los palos sobre el suelo.

-¡Ugh, tendré que limpiar cada rincón de la casa!-dijo Esme desde su sala de dibujo que estaba en el último piso.

Sonreí al escucharla. Aún que dijera eso con sorna, amaba limpiar su casa. Después de todo, de todas sus casas, esta era la favorita.

-¿Qué ocurrió?-pregunté.

-El sacerdote era un poco…chapado a la antigua.-comenzó a explicarme Emmett.- Así que nos puso ciertas reglas que fueron totalmente fuera de lugar…

-¿Y tú no las respetaste?-pregunté divertida.

-Algo por el estilo.-Emmett rió con inocencia.- El sacerdote nos descubrió e hizo un escándalo.

-¿Y por qué Edward dijo que se habían dicho cosas que no debían haberse dicho?

-Emmett llamó al sacerdote "viejo obsoleto y virgen"-dijo Alice.

En un segundo la sala se llenó con mi familia. Alice y Rosalie estaban paradas cerca de la puerta. Esme había caminado hasta detenerse al lado de Carlisle. Y Jasper estaba pegado a la ventana, mirando hacia afuera.

-¿Llamaste así a un sacerdote?-pregunté entre sorprendida y divertida.

Traté de poner mi mejor cara de seriedad, pero –al parecer- no estaba funcionando. Sabía que Emmett jamás se guardaba algo para él, ya que siempre decía lo que pensaba. Pero tenía las esperanzas de que pudiera medir sus palabras cuando estaba frente a un sacerdote o a una persona de importancia. Esto me demostraba que me equivocaba.

-Él comenzó con los insultos.-Emmett se defendió.- Me llamó "monigote degenerado y suelto".

-Luego Emmett le contestó con lo que dije anteriormente. Comenzaron a intercambiar insultos. Hasta que el sacerdote pensó que estaba poseído por un demonio, ya que sus ojos cambiaron de color.-dijo Alice.

-Así que te enfadaste de verdad.-dije.

-No por lo que me haya dicho a mí. Yo puedo soportar que un humano cualquiera me llame como quiera, pero lo que no pude soportar fue lo que le dijo a mi Rose.

Todos miramos a Rosalie. Ella resopló y colocó sus ojos en blanco.

-¿Te dijo algo?-preguntó Esme sorprendida.

-Así es.-respondió Rose entre dientes.

-¿Cómo no sabíamos eso?-preguntó Alice.

-Porque nunca se los conté.-respondió ella.

-¿Qué te dijo?-preguntó Edward.

-¿Ni tú lo sabes?-preguntó Carlisle.

-Nop.

-¿Qué te dijo, Rose?-insistió Esme.

-Me llamó demonio de la noche. Me dijo que mi cuerpo era el templo de la perdición. Dijo que obviamente era un demonio y que tenía a Emmett bajo mi posesión. Finalmente, me lanzó agua bendita y casi intentó clavarme una estaca en el corazón.

-¿Qué lo detuvo?-pregunté.

-Mi hombre-mono.-dijo con tono seductor.

Todos miramos a Emmett. Él mostró una de sus mejores sonrisas seductoras a su esposa. Todos colocamos los ojos en blanco. No quería saber nada más sobre el tema. Ya todo me había quedado muy claro. Los demás comenzaron a molestar a Emmett y a Rosalie sobre el tema. Yo –en cambio- miré fijamente a Jasper. Él no se había inmutado con la historia de Emmett y eso era extraño. Ya que él era el primero en reírse de este tipo de historias.

Jasper estaba con la mirada fija en el bosque, como si estuviera esperando a que algo o alguien aparecieran. No quería molestarlo, así que decidí dejarlo tranquilo. Volteé a mirar a los demás, lista para comenzar a conversar con ellos, cuando Jasper soltó un gran y gutural gruñido. Todos lo miramos, instintivamente. Jasper estaba gruñendo y mostrando sus dientes hacia la ventana. En un rápido movimiento abrió la ventana francesa y salió al jardín. Edward, Emmett y Carlisle lo siguieron sin dudarlo dos veces. Nosotras intercambiamos miradas de preocupación. De un momento a otro, la mirada de Alice se perdió. Luego de un par de segundos, volvió en sí.

-¡Detengan a Jasper!-chilló conmocionada-. ¡Edward, Emmett; deténganlo!

Las cuatro salimos corriendo al jardín. Emmett y Edward tenían a Jasper sostenido y controlado. Traté de mirar hacia donde Jasper miraba, pero no pude ver nada. ¿Era solamente yo la que no podía ver nada? Miré a mi familia y noté como los ojos de cada uno se movían –inquietos- entre los árboles.

-¿Qué es, Alice?-preguntó Edward, enfadado.

-¡Ya lo verán!-dijo ella.- Tú preocúpate de mantener a Jasper controlado.

El aludido gruñó con más fuerza, demostrando su desaprobación con respecto a eso. Alice se acercó a él y tomó su rostro entre sus manos. Sus finos dedos acariciaron las mejillas de Jasper con delicadeza.

-Lo lamento, amor.-susurró-. Pero debes recordar que ellos también son humanos. Y en este momento estás sediento…tienes las ansias de sangre.

Humanos. Eso quería decir que no eran los Vulturis. Pero… ¿Qué tipo de humanos eran para descolocar a Jasper de tal manera? Alice lo besó en la frente y se colocó a mi costado derecho.

-Prepárense…allí vienen.

Miré hacia donde estaba mirando, pero no pude ver nada. Sentía como la ponzoña comenzaba a acumularse en mi paladar. Sentía muchas ansias de conocer de qué se trataba este peligro tan inminente. Repentinamente, el olor me golpeó de lleno en el rostro. Mis fosas nasales ardieron al oler el aroma a perro mojado que venía acercándose. Aquel aroma se mezclaba con el olor a sangre humana. Me cubrí la nariz, para tratar de evitar que aquel hedor horroroso –de perro mojado- dejara de quemarme.

-¿Qué es eso?-pregunté asqueada.

-Licántropo.-me dijo Rosalie.

-¿Licántropos? ¿En Denali?-pregunté sorprendida.

-No es normal.-dijo Esme.- Nunca antes ha habido licántropos acá.

-No son de la zona. Son de…-Edward dejó su frase inconclusa y me miró.

-De Forks.-terminó Alice.

-¿De Forks?-pregunté confundida.- ¿Eso no significa que…?

-Es Jacob y su manda.

-¿Qué hacen acá?

-Una visita inesperada.-susurró Edward.

-¿Puedes escuchar lo que piensas?-preguntó Carlisle.

-Sí. Sus pensamientos son…confusos.

-¿En qué piensan?-preguntó Carlisle.

-Por una parte, piensan en sus estrategias de combate. Primero, eliminar a los puntos fuertes de nuestra defensa; Emmett, Jasper y yo. Segundo, eliminar a los otros potenciales problemas; Rosalie y Alice. Tercero, convencer a Carlisle y a Esme de que no desean hacerles daño a ellos dos.

-Ja, déjalos que vengan.-dijo Emmett y sus labios formaron una sonrisa sarcástica.- No les tengo miedo.

-Emmett, cálmate.-dijo Carlisle.- No estamos buscando pelear con nadie.-luego miró a Edward.- Dijiste "por una parte". ¿Cuál es la otra?

-Bella.-gruñó entre dientes.

-¿Qué pasa conmigo, Edward?

-Piensan en ti, en cómo te encontrarán. Tratan de imaginarte transformada en un monstruo.

-Pero no lo soy, no soy un monstruo.

-Lo sé mi amor, pero ellos no.

Tomó mi mano y la acarició. Me miró a los ojos y me sonrió con dulzura. Como si se estuviera despidiendo.

-No, Edward no.-dije repentinamente.

Todos me miraron, mientras que yo miré a Edward. Estaba enfurecida. ¿¡Cómo se le ocurría hacerme eso a mí!? Solté su mano molesta y siseé.

-¿Qué ocurre?-preguntó Esme con ansiedad.

-Eres muy fácil de leer, Edward Cullen. Y déjame decirte que no te lo voy a permitir.

-Bella, yo…

-¡No tenemos tiempo, Edward!-chilló Alice.- ¡Deja los dramas para después!

-¡Sabes que quizás no haya después!-bramó.

Todos guardamos silencio. ¿No habría después? ¿Es que Alice había visto nuestra destrucción como familia? No, eso no podía ocurrir. No después de todo lo que había sufrido para estar junto a Edward. No después de abandonar mi vida mortal y a toda mi familia para siempre. Algo dentro de mí comenzó a funcionar. Sentí como una especie de adrenalina comenzaba a recorrer mis venas vacías. Sentí como mi corazón comenzaba a bombear de nuevo; como trataba de hacer que esta adrenalina llegara a los espacios más recónditos de mi cuerpo. Sentí como un sonido comenzaba a subir por mi garganta. Hasta que salió entre mis dientes apretados. Escuché otros gruñidos tan feroces como los míos. Curvé hacia atrás mis labios, mostrando mis afilados dientes. Alice me agarró del brazo y me obligó a mirarla.

-He visto peligro.-admitió.- Pero hay una posibilidad de que no sea este.

-¿Más peligro?-siseé.

-Puede ser, no lo he visto con claridad.-Alice hablaba con mucha calma, como si estuviese segura de que saldríamos ilesos de este enfrentamiento.- Debes controlarte porque ellos están esperando una excusa para atacarnos. Y tú se la puedes dar.

-Me calmaré.-le prometí.

-Tendrás que llevarla a cazar luego de esto.-le dijo a Edward.

-Todos tendremos que ir.-dijo Emmett sonriente.- Todos sentimos las ansias.

-¡Cálmense que allí vienen!-anunció Alice.- Cinco, cuatro, tres, dos, uno…

-Show time.-susurró Emmett.

En nuestra visión aparecieron dieciséis enormes lobos. Eran más de los que había conocido. Eso me colocó nerviosa. Eran más que nosotros. Los lobos se detuvieron a tres metros de nosotros. De las sombras apareció un humano, era Sam. Se acercó un poco más a nosotros y levantó sus manos para señalarnos que venía en paz.

-Paz.-dijo.

Carlisle miró a Edward y éste asintió. Carlisle levantó las manos y caminó un par de pasos hacia Sam.

-Paz.-dijo Carlisle.- ¿Qué desean en nuestras tierras?

-Necesitamos un favor.-dijo Sam.

-¿Cuál?

Sam miró a su manada y luego nos miró a nosotros. En un rápido, pero sutil movimiento Edward me cogió por la cintura y me escondió detrás de su cuerpo. Por más que gruñí y siseé, él no me dejó salir de mi escondite. Rodeó mi cuerpo con sus brazos y me aprisionó contra su espalda.

-¿Qué ocurre?-pregunté molesta.

-Bella no hará nada que la ponga en peligro.-gritó Edward.

-Es un favor.-dijo Sam.

-No, no es un favor si me piden eso.-dijo Edward.

-¿Qué?-pregunté.

-¡Quieren que vuelvas a Forks a vivir allá!-dijo Edward.

-¿A Forks?-pregunté confundida.- No puedo, Charlie se daría cuenta de lo que soy. Además, mi vida está en Denali con mi familia. No podría hacerlos ir de nuevo.

-No quieren que vayas con nosotros.-dijo Edward.- Planean dejarnos acá…sin vida.

-¿Qué?-chilló Esme.

-¡NO!-siseó Rosalie.

-¡Suéltenme!-chilló Jasper.- ¡Déjenme pelear!

-Cállense todos.-ordenó Carlisle.- Nadie va a luchar hoy.

-Esa no es la idea de ellos.-Edward apuntó a los hombres lobo.

-¡Déjame salir, Edward!-traté de soltarme.

-No, Bella. No dejaré que les hagas daño. Después te arrepentirás.

-¿Y tengo que observar como ellos les hacen daño a ustedes?-exclamé.

-¡Cálmate!-me gritó.

Su grito me dejó muda. Edward no me había gritado jamás con esa intensidad. Me quedé inmóvil como él quería que me quedara. Pude notar su desesperación y su preocupación por mí.

-No queremos.-dijo Sam.- Pero si debemos, lo haremos.

-¿Acabarán con vidas inocentes?-preguntó Carlisle entrecerrando los ojos-. ¿Eso hacen ahora? ¿Asesinan?

-¿Vidas inocentes?-preguntó Sam. Su manada gruñó cuando pronunció la palabra "inocente".- ¡Ustedes también asesinan!-bramó.

-¡Pero no más!-gritó Carlisle.- ¡Nosotros respetamos las vidas humanas y su significado!

-Y nosotros velamos por su seguridad. En este momento nuestra principal misión es devolverle la felicidad a Charlie.

-¿Haciendo qué?-preguntó Carlisle.- ¿Poniendo en peligro la vida de Charlie?

-No estará en peligro. Nosotros la vigilaremos.-Sam me apuntó con la cabeza.- Si da un paso en falso, la mataremos.

-¡Bella también es una persona!-gritó Rosalie.

-No, ella es un monstruo.

Carlisle omitió aquel comentario y continuó tratando de convencerlos. ¿Cómo había cambiado el día de forma tan radical? Hace un par de horas yo estaba disfrutando de mi vida con mi esposo y mi familia. Y ahora todo eso estaba siendo amenazado por un par de críos peludos. ¿Es que no había descanso para mí? ¿Es que no podía ser feliz? Pensé en Charlie y en lo que esto significaba. Mi partida lo había dejado tan mal que aquello había obligado a los quileutes a hacer algo que ellos no querían. Pero… ¿no se daban cuenta de que Charlie notaría las diferencias? Yo ahora no me parecía en nada a lo que solía ser. Ya no era la misma Bella. Y Charlie lo notaría, después de todo, no era tonto.

Miré a Edward y noté que el temor lo estaba inundando. Eso era una mala señal. Miré a Carlisle y vi como sus intentos de hacer que los lobos entraran en razón fallaban. Luego, miré a mi familia. Jasper y Emmett estaban listos para pelear. Y sabía que cuando los quileutes dieran un paso en falso, Emmett soltaría a Jasper. Esme estaba hecha un manojo de nervios. Podía ver como miraba fijamente a Carlisle con ansiedad y temor. Alice y Rosalie –en cambio- estaban mirando constantemente a sus respectivos esposos. Suspiré y subí mi barrera mental. Edward lo notó. Me miró con los ojos abiertos del pánico. Me solté de su protección.

-No, Bella no.-susurró.

-Es lo mejor.-tomé su rostro entre mis manos.- No quiero que nadie salga herido. Me odiaría por siempre si algo malo les pasara.

-No, Bella.-dijo Carlisle.- No dejaré que te lleven.

-Gracias Carlisle. Pero no los arriesgaré. No puedo permitir eso. Si me entrego, no les harán daño a ustedes.

-No, Bella.-Edward me sostuvo por los brazos.- Mi vida acabará si tú no estás conmigo.

-Nos volveremos a ver.-le aseguré sin creer mucho en mis propias palabras.

-¡Bella, ellos no piensan dejarte volver!-dijo desesperado.- ¡Después de un cierto tiempo te quitarán la vida!

-Nos volveremos a ver.-repetí.

-¡El cielo no existe!-chilló.

-El cielo existe donde estés tú.-susurré.

-¡No, Bella!-chilló Esme.

Apoyé mi frente contra la de Edward. Su cuerpo se agitaba por la rabia y el miedo que sentía. Cerré lentamente los ojos y me quedé así un momento. Edward continuaba balbuceando palabras y sosteniéndome con toda su fuerza. Pero yo era más fuerte que él y podría escaparme con facilidad. Esme cayó de bruces al suelo y comenzó a sollozar. Escuché como Alice y Rosalie corrían a su rescate. Besé la punta de la nariz de Edward y me separé de él.

-Emmett, sostenlo.-le ordené a mi hermano.

-Bella…

-Hazlo ahora, Emmett.-siseé.

Emmett lo sostuvo con el brazo libre que le quedaba; con el otro tenía sostenido a Jasper. Comencé a avanzar hacia ellos. Esto no se los perdonaría jamás. Nadie amenazaba a mi familia y salía vivo. Nadie, ni siquiera un perro faldero. Carlisle me observó con precaución y retrocedió hasta donde Emmett, Jasper y Edward se encontraban. Me detuve a un metro de ellos. Mi semblante era serio y en mi mente había una sola idea que se repetía de manera incesante. De repente, un tinte rojizo cubrió mi mirada; la sed me invadió; y comencé a sentir ansias de beber sangre. Miré a cada uno de los miembros de la manada de Sam. Y lentamente comenzaron a retroceder, menos Sam. Levanté mi mano y lo apunté.

-¿Bella?-su voz tembló de temor.

-Tú.-susurré.

En ese momento algo dentro de mí despertó; la bestia sanguinaria que tenía encerrada en mí y no pude evitar soltar una carcajada sombría, casi cruel. Ahora todo estaba teñido con este tinte rojizo. La ponzoña se acumulaba en grandes cantidades en mi boca. Y mi mente de cazadora me rogaba que desgarrara su cuello sin piedad. Mi parte humana había quedado escondida en lo más recóndito de mí ser. Y mi parte asesina había salido a la luz.

º0º0º0º0º

Chan-chan! Jajajaja espero que les haya gustado. Y lamento si el capítulo fue corto, pero quería dejarlo en suspenso XD

Por otro lado, aprecio mucho sus comentarios sobre el próximo fic. Así que decidí –para dejarlas a todas felices- tener varios proyectos. He pensado escribir cuatro fics más, no tan largos como este. Los fics son los siguientes:

-Nessie & Jacob.

-Alice & Jasper.

-Esme & Carlisle

-Rosalie & Emmett.

Esos son mis proyectos, no sé cual voy a empezar primero. Quizás empiece con todos al mismo tiempo. Todavía no lo sé, pero sé que me voy a demorar un poco para subir capítulos. Espero que tengan paciencia. Y eso. Gracias por todo.

Surfer Babe 69