So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

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Capítulo Treinta y Siete: Instinto Asesino.

Bella POV.

-Bella, cálmate.-dijo Sam.- ¡Hemos venido en paz!

-¿Paz?-pregunté con sarcasmo.- Oh, sí claro. Yo también quiero paz, Sam.

Comencé a caminar lentamente, sin apartar los ojos de mi presa. Nadie se movía, ya que si lo hacían, se arriesgaban a que los atacara. Mi familia estaba muy quieta, observando la situación. La manada de Sam había retrocedido varios pasos porque su Alfa les había ordenado. Pobres chuchos, se quedarían sin líder.

-Bella, esto no es necesario.

-¿Tienes miedo, Sam?-solté una carcajada sombría.- No parecías tenerlo cuando me llamaste monstruo, o cuando amenazaste a mi familia.

-No…yo…nosotros…-balbuceó.

-No pienso hacerle daño a tu familia.-le aseguré.- Sólo quiero tu cabeza. Y quizás probar de tu sangre. Aún cuando me han dicho que la sangre de chucho es asquerosa. Lo intentaré igual.

Sabía que en este momento tenía una mirada sádica y eso me gustaba. Provocar temor en otros me daba poder. Y aquella sensación era indescriptible. Estaba dando vueltas en torno a Sam, esperando que entrara en fase para que fuese más divertido. Después de todo, me buscaba cazar lobos.

-Bella, no quieres hacer esto.-me dijo.

-¿¡Qué no quiero!?-bramé. Me detuve frente a él.- ¡Tú no sabes lo que quiero, chucho asqueroso!

-¡Quieres a Edward!-dijo con desesperación.

-¡¡Y tú me ibas a apartar de su lado!!-bramé.

-¡Quieres a tu papá!

-¡Pero yo decidí dejarlo por su propio bien!

-¿Cómo va a ser por su propio bien? ¡Charlie está depresivo desde que te marchaste! Esto no le hace bien. Su salud está delicada, no quiere trabajar, no quiere ver a nadie…

-Mírame.-susurré.

-¡Ha alejado a todo el mundo de su vida!-me ignoró.

-Mírame.-dije un poco más fuerte.

-Tu madre lo fue a visitar, para consolarlo y él la echó.-volvió a ignorarme.- ¡Ha comenzado a beber! ¿Eso estaba dentro de tu plan, Bella?

-¡¡Mírame!!-bramé.

Guardó silencio inmediatamente. Todos lo hicieron. Volví a dar vueltas a su alrededor, como un predador rodeaba a su presa.

-¿Qué quieres que mire?-me preguntó con temor.

-Soy una máquina asesina. Todos mis instintos me llaman a asesinar, desgarrar y beber. ¿Y –aún así- crees que no lo hice por su bien? Yo elegí mi vida, junto a Edward. Y acepté todo lo que eso implicaba. Charlie ya no es compatible con mi vida. En cualquier momento, puedo asesinarlo sin piedad.

-Bella, te están controlando ahora.-me dijo.

-No por mucho tiempo.-reí.- No por mucho tiempo, Sam.

-Bella…

-Es una lástima que Emily vaya a quedar viuda tan joven. Pero estoy segura que encontrará a otro.

-No metas a Emily en esto.-me gruñó.

-¿Qué pasa, chucho? ¿Te has enfadado?

-No me provoques, Bella. Deberías temerme.

-No eres más rápido que yo…ni más fuerte. ¿Crees que debería?

-No sabes de lo que soy capaz.-miró a su manada.

-Oh, ya veo. Arriesgarás a los jóvenes que todavía tienen mucho por delante, ¿sólo para vencerme?

-¡Jamás!

-Entonces, ¿Por qué los miras como si les estuvieras pidiendo ayuda?

-Tú no le harás daño a ellos.

-No, te lo prometí. A menos que ellos me hagan daño a mí.-continué dando vueltas.- Verás, Sam…las cosas son muy fáciles. Tus chicos se pueden ir, pero tú te quedas y pagas las consecuencias por hacerme enfadar. Con tu sangre.

-Soy su líder.

-Presiento que encontrarán otro. ¿Cuántos alfas pueden haber?

-¡No muchos!

-Entonces tu beta será el próximo alfa. Listo, caso cerrado.-dije molesta.- Ahora, quiero acabar contigo rápido.

Guardó silencio por un momento. Me miró con seriedad.

-Deja que se marchen. No quiero que…

-¿Te vean sangrar o que me vean matarte?

-Déjalos ir.-me rogó.

Levanté la mirada de mi presa y miré a su manada. Los miembros más jóvenes de ésta me miraban amedrentados por el miedo que sentían. Genial, esto me gustaba.

-¡Váyanse antes de que sea demasiado tarde y decida acabar con sus insignificantes vidas ahora mismo!-bramé.

Ninguno se movió. Miré a Sam, mostrándole mis dientes con ferocidad.

-Hagan lo que ella les dice.

Los lobos aullaron.

-Por favor, es por su propio bien.-les rogó.

Sam y sus lobos intercambiaron miradas y éstos asintieron. Uno de los lobos aulló más fuerte que los demás y comenzó a retirarse.

-Sabré si siguen acá.-les dije.- Váyanse lo más lejos posible y no les daré caza. No desearía confundirlos con mis presas predilectas a la hora de cazar.

Los lobos corrieron por el bosque. Continué caminando alrededor de Sam, sin detenerme ni un segundo. Él miró fijamente el suelo y comenzó a hacerse la idea de que todo estaba a punto de llegar a su final definitivo. Miré de reojo a mi familia. Esme tenía su rostro escondido en el pecho de Carlisle; Rosalie y Alice se estaban abrazando mutuamente; y Emmett tenía sostenido a Jasper y Edward. Éste último me miraba con desconcierto y temor. Me detuve cuando ya no pude escuchar a los lobos. El cuerpo de Sam se tensó y su respiración y ritmo cardiaco se aceleraron. Comencé a caminar lentamente hacia él.

-Ha llegado tu fin, Sam Uley.-pronuncié su nombre con aborrecimiento.- ¿Estás listo?

-¡Hazlo de una vez por todas!-gritó.

-Como desees.

De un rápido movimiento me coloqué detrás de él. Con una mano sostuve su rostro y con la otra inmovilicé sus brazos y su torso. Solté otra carcajada sombría. Podía sentir su sangre correr a gran velocidad por sus venas. Su sangre apestaba, pero la sola idea de probarla me embelesó. Mojé mis labios con la ponzoña, ansiosa por beber. Escuché como Esme soltaba un jadeo. Y sin pensarlo dos veces, arremetí contra su cuello.

Todo se quedó en silencio. Observé encantada como todos habían cerrado sus ojos para no presenciar el asesinato de Sam Uley. Lamí el cuello de Sam y lo solté; sin antes soltar otra carcajada sombría. Sam cayó al suelo, jadeante.

-¿Realmente pensabas que iba a acabar con tu vida?-le pregunté divertida.

Sam me miró a los ojos, confundido. Mi familia se incorporó, sorprendida. Emmett soltó a Jasper y a Edward. Mi esposo corrió a mi lado para cerciorarse de que todo estuviera en orden. Los Cullen se pararon y se acercaron a mí. Al ver que Sam me miraba, aterrorizado, volví a reír.

-Oh, Sam. Eres tan inocente.-dije.- Nunca quise matarte y tampoco tenía las intenciones de abandonar a mi familia.

-¿Qué…qué fue todo eso?-preguntó Esme.

-Lamento eso, pero les quería enseñar una lección.-sonreí volviendo a ser yo misma. Me arrodillé al lado de Sam.- Quizás sea un monstruo sanguinario, pero tengo un lado humano. Y ese lado humano me prohíbe matar personas inocentes. También me prohíbe acercarme a Charlie.-me paré.- Es mejor que jamás me vea de nuevo.

-¿Todo esto lo hiciste para enseñarme una lección?-preguntó enfadado.

-Sam debes aprender que no eres todopoderoso. En un abrir y cerrar de ojos podía matarte, pero me controlé.

-Sentí…sentí tus ganas.-dijo Jasper.- Estabas lista para desgarrarle el cuello cuando –de un segundo a otro- cambiaste de opinión y te calmaste.

-¿Ves, Sam? Jasper te está diciendo lo afortunado que fuiste. Ahora vete y jamás te vuelvas a aparecer. Quizás la próxima vez no seas tan afortunado. Nadie me asegura que pueda controlar mi instinto asesino.

Sam se quedó mudo y paralizado en el suelo.

-¡Ya la escuchaste!-bramó Edward.- ¡Vete!

Sam se paró enseguida, pero no se marchó.

-¿Es que todos los licántropos son imbéciles?-preguntó Emmett con sarcasmo.- ¡¡Vete o te tiraremos a Bella!!

-Me la pagarás.-me apuntó.

-No, me debes una.-le dije yo.

Sam gruñó y se marchó a regañadientes. Me volví hacia mi familia y les sonreí. Esme se me tiró enseguida. Hundió su rostro en mi cuello y sus manos se envolvieron alrededor de mi cuerpo.

-¡Oh, Bella!-sollozó.- ¡Pensé que lo matarías!

-Por un segundo eso quería, Esme. Pero no lo hice.

-¿Por qué no?-preguntó Rosalie.- Ese chucho asqueroso se lo merecía.

-Porque le demostré lo nobles que somos y que no somos tan asesinos como piensan.

-¡Bien hecho, Bella!-Emmett me dio una palmadita en el hombro.

Esme no me soltó y –aún así- me permitió recibir las felicitaciones de toda mi familia. Alice me contó que había tenido una visión de mí arrasando con la manada completa de Sam. Luego de contarme eso, me tranquilizó diciéndome que se alegraba de que no lo hubiese hecho. Esme se apartó cuando Edward quiso abrazarme. Me acercó a su cuerpo y no dijo nada. Acaricié su espalda de arriba a abajo con mis dedos.

-Tranquilo, Edward.-susurré.

Se apartó de mí y me sostuvo por los brazos. Sus ojos echaban chispas. Estaba completamente fuera de sí.

-No me vuelvas a hacer algo como eso.

-Ahora sabes lo que se siente.

-¿Qué?-preguntó confundido.

-Que te traten de dejar repetidamente y sentir que no puedes vivir sin aquella persona.

-Bella…-guardó silencio.- ¡No es lo mismo!

-Tienes razón, no es lo mismo. En ese entonces era humana y mi corazón era frágil.

-¡Bella!

-¡Ya basta, Edward! Hice lo que era mejor para mi familia. No pensaba entregarme tan fácilmente. Era obvio que pondría resistencia. ¿Por qué no mejor me llevas a cazar? Tengo sed.

Me miró por un segundo a los ojos. Luego, suspiró aliviado.

-Son borgoña.

-Porque tengo sed.-insistí.

-Vamos a alimentarte.

-Genial, porque me quedé con ganas de comer lobo.

-Ja, que graciosa.-dijo Edward.

-Nosotros volveremos a casa.-dijo Carlisle.- Estoy muy orgulloso de ti, Bella. Has actuado maravillosamente.

-Gracias, Carlisle.

-Muy valiente, muy valiente.-dijo Esme lanzándome un beso.

-Gracias Bella.-dijo Rosalie.- Por impedir que mi Emmett tuviera que luchar.

-No hay de qué. Además, si Emmett hubiese luchado, se hubiese llevado toda la diversión.-reí.

-Y no te equivocas.-Emmett me guiñó un ojo.

-Jasper y yo también iremos a cazar.-dijo Alice.

-Vamos.-dijo Jasper.

-Nos vemos en un rato más.-dije.

Comenzamos a correr por el bosque hasta que nos separamos para ir en busca de presas distintas. Pasaron un par de semanas y todos habían dejado de hablar del tema. Ni quería recordarlo, ya que hacía que me arrepintiera un poco. Aún así, me alegraba estar junto a mi familia. Si los asquerosos chuchos no habían podido separarnos, nadie lo haría. Y eso me daba esperanzas. Después de todo el revuelo que había causado la visita de los quileutes, habíamos vuelto a concentrarnos en los planes para la boda de Rosalie y Emmett. Alice era la encargada de conseguir todo lo que necesitábamos. Esme era la que nos daba las instrucciones. Y Emmett, Jasper, Edward, y yo éramos los encargados de construir. Carlisle y Rosalie no podían, ya que el primero estaba muy ocupado en el hospital del pueblo y la segunda no podía, ya que ella era la novia; y las novias no trabajaban.

-Ugh… ¿estás seguro de esto?-le pregunté a Edward.

Era nuestro primer día de construcción y Esme me había puesto a trabajar con los chicos. Me había pasado un martillo y una caja llena de clavos.

-¿Qué pasa, Bella?-me preguntó Emmett divertido.- ¿Le temes a un martillo?

-Yo…no soy muy buena con este tipo de cosas.-dije.

Edward rió divertido. Al igual que mis hermanos.

-Bella, recuerda que ahora eres como nosotras.

-¿Y eso me asegura que no me martillaré los dedos?-pregunté.

-Si te los llegaras a martillar, a ti no te pasaría nada. Sería el martillo el que sufriera las consecuencias.

-Ah.-solté.

Emmett y Jasper volvieron a reír, pero esta vez más fuerte. Agarré el martillo con seguridad y clavé mi primer clavo con mucha precaución. No quería arruinar nada. Aún así, la fuerza mínima que había utilizado fue suficiente para hundir el clavo más de la cuenta. Obviamente, esto desató carcajadas entre mis hermanos. Incluso mi esposo se rió junto a ellos.

-Ups.-dije.

-No, todo está bien.-dijo Edward.- Tienes que emplear menos fuerza para la próxima vez.

Le hice caso y lo intenté. Después de varios intentos, Esme decidió que la construcción no era lo mío. Así que decidió ponerme junto a Alice. Lo cual era como un castigo. Alice me hizo recorrer todos los centros comerciales de Alaska y los de Canadá en busca de las cosas que necesitábamos. Al parecer, Rosalie era muy quisquillosa con las marcas de las cosas que debíamos comprar. Así que sufrí una semana acompañando a Alice de compras.

Alice me había dejado un día libre, así que aquel día me lo había pasado en la sala leyendo y haciendo cosas que a mí me gustaban. Mientras que todos los demás trabajaban. Por una parte me sentía mal por estar relajándome cuando el resto trabajaba. Pero por el otro, me gustaba pasar un rato a solas. Cuando todos se habían ido, había decidido leer toda la colección de Shakespeare que Carlisle tenía. Estaba en eso, cuando alguien no muy agradable me interrumpió.

-Contigo quería hablar.

Tanya se sentó con delicadeza sobre uno de los sillones que había frente a mí.

-Hola Tanya.-la saludé sin apartar los ojos del libro.

-Tenemos que hablar.

-¿Sobre qué?

-Edward, por supuesto.

-Creo que ya hemos dejado claro aquel tema.-le dije.- En Navidad…

-Lo sé, pero hay algo que me molesta.

-¿Qué?-aparté los ojos de mi libro.

-¿Por qué tú y no yo?

-¿Eso te molesta?

-No logro comprender.-dijo suspirando.- Soy más guapa, más hábil, más grácil y sobre todo, con más experiencias.

-Sólo porque seas más vieja que yo, no te hace todas esas cosas.

-No soy vieja.-dijo entre dientes.

-Como digas. Continúa.

-Como iba diciendo, no logro comprenderlo. Llevo años seduciéndolo y nada resulta.

-Bueno, quizás no eres su tipo.

Tanya rió. Su armoniosa y sarcástica risa hizo que arqueara una ceja. ¿Había dicho algo divertido o qué?

-Su tipo.-rió.- Muy gracioso, Bella.

-Digo la verdad. Quizás yo soy su tipo.

-¿Tú, su tipo?-preguntó incrédula.- Yo soy el tipo de todos los hombres, Edward incluido.

Tanya se paró de su asiento y yo presentí que esto iba a terminar mal. Dejé el libro sobre la mesita que había al costado del sillón.

-Tanya, no quería decir eso.-traté de calmarla.

-Ja, obvio que no.-se acercó a mí.- Yo soy el tipo de cualquier hombre. Todos me desean, todos anhelan mi compañía. Edward no es ninguna excepción.

Cálmate, Bella, cálmate. Me dije a mí misma. Sabía que no debía desafiarla. Le había prometido a Edward que no la molestaría más, pero aquella promesa era muy difícil de mantener cuando Tanya me incitaba a pelear con ella a cada rato.

-Pues yo creo que…-no sabía qué decirle.- Quizás alguna vez se haya interesado en ti.

-Eso también es obvio. ¿Te puedo contar algo?

-Eh, ¿supongo?

-Llevo años convenciéndolo de que me regale el anillo de su madre. Sé que ese anillo me pertenece y que no se lo dará a nadie.

-Eh, Tanya…yo soy su esposa. ¿Recuerdas?

-No por mucho tiempo.

-Tanya, Tanya, Tanya…

Me paré, molesta. ¿Qué se creía esa arpía? Me rasqué el mentón con la mano izquierda y bufé. Abrí mi boca para decir algo, cuando Tanya chilló.

-¿Qué?-pregunté asustada.

-¡¡Es el anillo de la madre de Edward…en tu mano!!-chilló.

Instintivamente me miré la mano y la escondí detrás de mi espalda.

-Eh…como te decía, yo soy su esposa.

-¡Eso no te da derecho a quitarme ese anillo!-chilló y me dio un empujón.

La miré enfadada. ¿Qué no tenía derecho? ¿Es que esta vampira no comprendía el significado de la palabra "esposo"?

-Tanya –le advertí-, me estás haciendo enfadar.

-Que bien porque ya me cansé de ser gentil contigo. No vales la pena, ¡roba hombres!

Volvió a darme otro empujón. Hasta aquí llegaba su reino de celos. Le di un empujón bastante fuerte y la impulsé hasta afuera por la ventana que estaba abierta. Tanya aterrizó con gracia y me miró con burla.

-¡Eso es todo lo que puedes hacer, neófita!-me gritó.

-¡Prepárate para sufrir las consecuencias de tus palabras, arpía!-grité.

Corrí hacia ella y ella corrió hacia mí. Nuestros cuerpos colisionaron y todo el bosque se estremeció. Caímos al suelo, golpeándonos y tirándonos del cabello. No dejábamos de luchar para estar sobre la otra y tener la ventaja. Debía admitir que Tanya era bastante buena en esto de pelear. Y sospechaba que esta no era la primera vez que lo hacía. Mientras luchábamos, nos insultábamos. Cuando comenzó a insultar a mis padres, el instinto asesino volvió a mí.

Con toda mi fuerza le arranqué un gran mechón de cabello. El grito que Tanya lanzó fue aterrador. Pude sentir su dolor y me estremecí. Traté de apartarme de ella, para dejar de luchar, pero ella no desistió. Así que volví a pelear contra ella. Volvimos a rodar por el suelo, pero esta vez, arrollamos a varios árboles en nuestro camino. De la nada, dos manos me agarraron por las axilas y me levantaron del suelo, apartándome de Tanya. Comencé a patalear para que me soltaran.

-¡Suéltame!-grité sin saber a quién.

-¡Bella!-dijo Edward.- ¡Cálmate!

-No, Edward, tengo que matar esa arpía.

-¡Mira lo que me has hecho, asquerosa quita hombres!-chillo mostrándome su mechón de cabello.- ¡Ahora no seré nunca más hermosa!

-¡Te lo mereces!-espeté.

-¡Calma a tu esposa, Edward!-dijo Eleazar.

-Y tú calma a Tanya, Eleazar.-dijo Edward.

Edward me sostuvo con más fuerza. Me moví un poco más, pero luego desistí. Si continuaba moviéndome hasta soltarme, le haría daño. Y no deseaba eso. Repentinamente noté que todos estaban acá, observando la pelea entra Tanya y yo. No era de lo que estaba orgullosa, pero nadie se metía con mi esposo.

-¿Qué ocurrió ahora?-me preguntó Edward.

Antes de que pudiera responderle, Tanya lo hizo.

-¡Le diste mi anillo!-chilló ella.

-¿Cuál anillo?-preguntó Kate.

-¡El de su madre!

-¿Tu anillo?-preguntó Edward sorprendido.- Nunca fue tuyo.

-Yo sé que sí.-sollozó Tanya.- Me pertenecía, Edward. Y tú lo sabías.

-Ese anillo es una de las pocas cosas que me queda de mi madre y era obvio que se lo entregaría a la mujer de mi vida, Tanya. Y esa mujer es mi Bella. No hay nadie más en este mundo que se lo merezca. Lamento si te hice pensar que podría ser tuyo.

Irina corrió al rescate de su hermana dolida. La abrazó y dejó que sollozara sobre su hombro. Irina acarició su cabello con mucho cuidado y la consoló. Me sentía mal por Tanya, pero ella era la que había malinterpretado las cosas que Edward le había dicho. Eleazar y Carmen también fueron a consolarla. Kate en cambio se quedó mirando a su hermana por un momento. Luego suspiró.

-Llévenla a casa. Hablaremos después de esto.-dijo ella.

Los tres asintieron y se llevaron a Tanya hasta su casa. Kate volteó a mirarnos y nos sonrió alegremente.

-¿Segura que todo estará bien?-preguntó Carlisle.

-Tanya es muy obsesiva cuando se trata de Edward. Ahora que sabe que aquel anillo nunca le pertenecerá, está destrozada. Quizás sea hora de que se busque otro hombre.

Kate rió a carcajadas, haciendo que algunos de los miembros de mi familia –como Esme, quien estaba muy preocupada por Tanya- sonrieran con timidez.

-¿Segura que todo estará bien?-preguntó Esme.

-Muy segura, Esme.-Kate le sonrió.- Ahora sólo quiero ir a cazar.

-Yo te acompaño.-dijo Alice.

-Yo voy con ustedes.-dijo Jasper.- He olido el aroma de nómadas en el área.

-¿Nómadas?-pregunté.- ¿Cómo James?

-Así es.-dijo Jasper.

-¿Para qué vas?-le preguntó Kate.

-Para protegerlas.-dijo Jasper como si fuese obvio.

-Yo me puedo proteger sola.-dijo Kate.- Nadie puede resistirse a mis corrientes eléctricas.

-Quizás tú sepas protegerte sola y sea muy efectivo. Pero, ¿Quién protegerá a mi Alice?

Alice soltó una risita nerviosa y le extendió su mano a Jasper. Él se la tomó. Juntos comenzaron a caminar hacia el bosque. Kate colocó los ojos en blanco y segundos después, los siguió. Edward me soltó y no pudo evitar reprocharme con la mirada.

-Lo sé.-admití.- Falté a mi promesa, pero ella me sacó de quicio. Ja, pensó que mi anillo le pertenecía…

-Bella…-Edward me miró.- Esta vez tienes razón. Quizás no debiste ser tan violenta con ella…

-¿Tan violenta?-preguntó Emmett.- ¡Debió ser más violenta!

-Emmett, Tanya es parte de nuestra familia.-dijo Carlisle.

-Lo sé. Aún así, no hay nada más emocionante que ver a dos chicas pelear.

-Vamos, Em.-dijo Rosalie agarrándolo de la muñeca.- Hay muchas cosas que hacer todavía. Y quiero terminar temprano porque tengo ganas de ir a las termas.

-Como digas, mi amada Rose.-dijo Emmett con tono seductor.

Los dos se marcharon a terminar de hacer sus cosas. Carlisle y Esme también decidieron entrar a la casa, pero para descansar un poco.

-Como iba diciendo, gracias por defenderme.

-No hay de qué. Pero te advierto, no volveré a soportar ningún comentario que haga sobre mi anillo.-recalqué.

-Por supuesto. Hablaré con Eleazar para que la haga entender.

-Gracias. Más le vale que no diga nada más. Es mi anillo.

-Estás muy territorial.-dijo Edward.

-Es mi instinto asesino. Al parecer, se activa cuando tú estás involucrado en este tipo de cosas…

-Así que yo soy el motivo que gatilla tu instinto…interesante.

-Como si no lo supieras.

Lo empujé divertida y comencé a caminar hacia la casa. Edward llegó rápidamente a mi lado.

-Por lo menos sé que eres capaz de desmembrar y asesinar por mí. Eso es lindo…

-¿Lindo?-pregunté divertida.- ¿En qué mundo vives, Edward Cullen?

-En uno en el cual tú eres capaz de todo para defenderme.

-Cursi.-susurré.

-De igual manera me amas.-me dijo.

-Oh, cállate.

Me tomó la mano y entrelazamos nuestros dedos. Adoraba sentir el contracto de nuestras pieles. Era tan cálido. Entramos a la casa y nos acomodamos en la sala junto a Carlisle y Esme.

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No se desesperen por saber lo que iba a pasar. ¿Cómo iba a dejar que Bella se fuera? Eso era imposible, XD espero que les haya gustado. ¡Gracias por los reviews!

Surfer Babe 69