So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Treinta y Ocho: La Ostentosa Boda de Rosalie Hale.

Bella POV.

-Bella…Bella… ¡Bella!-gritó Kate.

-¡Lo siento!-le dije rápidamente.

-¡Concéntrate, Bella!-dijo Kate-. Los invitados están por llegar.

-Lo siento.-repetí.

Kate, Alice y yo estábamos fuera de la casa, esperando que los invitados llegaran. Al principio, cuando Carlisle me había contado sobre sus "amigos" me había sorprendido que se llevara tan bien con otros aquelarres no-vegetarianos como nosotros. Pero él me había explicado que eran pacíficos y que todos se llevaban muy bien –a pesar de las distintas dietas. Sentía curiosidad por ver a estos otros aquelarres. Ninguno era tan numeroso como el nuestro y ninguno poseía miembros tan dotados como el nuestro. El sonido de las llantas de un auto me distrajo.

-Aquí están.-dijo Alice.

-¿Quiénes?-pregunté.

-Nuestros amigos de Europa.-dijo Alice-. El aquelarre irlandés.

Un ostentoso SUV Porsche –lo reconocí porque Rosalie me había estado enseñando sobre marcas de autos- negro con vidrios tintados apareció en el camino. El auto se detuvo a pocos centímetros de nosotras. Estaba ansiosa por ver cómo eran los vampiros que se iban a bajar del SUV. La primera puerta que se abrió fue una de las traseras. Una pequeña de rizos pelirrojos y sonrisa sincera salió del auto. Cerró la puerta e inmediatamente Alice se lanzó a sus brazos.

-¡Oh, Maggie!-gritó emocionada.- ¡Cuánto te he extrañado!

-Sé que eso es verdad, Alice. Yo también te he extrañado.

-¡Te ves hermosa!-dijo Alice apartándose de Maggie.- ¿Dónde está Siobhan?

-¡Mi querida Alice!

Una mujer de avasalladora figura y presencia se bajó del asiento del copiloto. Inmediatamente me sentí abrumada por su presencia. La mujer irradiaba algo especial. Algo que no sabía describir con palabras mundanas. La mujer abrazó a Alice y luego se apartó de ella para verme a mí.

-¿Es esta Bella?-preguntó emocionada.

-Ella es Bella.-le dijo Alice-. Y esta es Kate, parte del aquelarre de Tanya.

-Mucho gusto, Kate.

Siobhan y Kate se estrecharon las manos. La líder del aquelarre irlandés le sonrió a Kate e intercambiaron un par de palabras. La pequeña Maggie llamó un nombre, mirando hacia el SUV. Al poco rato, un hombre de rostro duro se bajó del asiento del conductor. El hombre se acercó a Alice y le estrechó la mano. Luego, hizo lo mismo con Kate. Mientras saludaba a las demás, Siobhan se acercó a mí con una gran sonrisa en su rostro. Su presencia me hacía sentir pequeña. Ella era tan... ¡magnánima!

-¿Cuál es tu nombre?-me preguntó.

-Isabella Masen, pero me gusta que me llamen Bella.

-Bella Masen.-repitió Siobhan.- Veo que has tomado el apellido humano de Edward.

-Así es.-le sonreí.- Me gusta como suena.

-Y no hay una pizca de mentira en sus palabras.-dijo Maggie.

-¿Perdón?-pregunté confundida.

-Maggie es como nosotros.-dijo Alice.- Como tú eres un escudo, como yo veo el futuro y como Kate es capaz de crear una corriente eléctrica por su cuerpo.

Miré a Kate y ella me sonrió ampliamente. Si algo había aprendido de ella, era que no sólo era la pajera ideal de compras para Alice, sino que también tenía un lado sádico y le gustaba jugar con la gente. Es por eso que Emmett y Jasper mantenían siempre su distancia de Kate. Miré a Maggie y ella me sonrió con inocencia.

-Tengo la habilidad de saber cuándo me mienten.

-Eso es interesante.-comenté sorprendida.

-Gracias.-dijo Maggie.

-¿Dónde está Carlisle?-Preguntó Siobhan.

-Está trabajando en el hospital del pueblo.-dijo Kate.- Nosotras tres somos las encargadas de los invitados. Los demás están adentro.

-Ya veo.-dijo Liam.- Entonces ustedes se encargarán del auto.

Le lanzó las llaves a Alice. Ésta rió.

-Gran elección de auto, Liam.-dijo Alice.

-Hemos venido a la boda de Rosalie. Por lo tanto, era obvio que teníamos que venir en un auto con estilo y ostentosidad. Y el Porsche Cayenne es la mejor opción entre las que nos ofrecían.

Liam le guiñó un ojo a Alice y entró a la casa. Siobhan soltó una risita tonta y se marchó detrás del hombre. Maggie nos miró e imitó a Siobhan. Alice se subió al Cayenne y lo estacionó en donde los autos de los invitados irían; un cobertizo especial para ellos, ya que nuestro garaje estaba lleno. Kate me miró y sonrió.

-Muy interesante aquella pequeña.-comentó.

-Así es. Su don es sorprendente. Que ganas de poseerlo y saber si te mienten o no.

-Debe ser muy provechoso utilizarlo con los hombres. Ellos siempre mienten.

Reí a carcajadas ante el comentario de Kate. En un abrir y cerrar de ojos Alice estaba de vuelta. Nos entretuvimos conversando sobre lo que Kate opinaba de los hombres, hasta que llegaron los siguientes invitados. Este era el aquelarre egipcio y Edward me había advertido que no serían invitados muy agradables. Y yo le había preguntado entonces "¿Por qué los invitan si no son agradables?". Edward había reído y me había respondido con la simpleza "Porque son amigos de Carlisle". Al parecer, eso le bastaba a todos para invitarlos a estar con nosotros.

El aquelarre egipcio llegó en una enorme camioneta de dos cabinas, de color rojo y vidrios tintados. La camioneta se detuvo cerca de nosotros, más cerca de lo que Liam se había detenido. Escuché un siseo por lo bajo y miré a Kate. Su semblante estaba serio y su ceño estaba fruncido. Alice colocó una mano sobre el antebrazo de Kate para calmarla. Kate la miró. Alice negó con la cabeza. Al parecer, Kate interpretaba eso como un gesto para molestarnos. Las cuatro puertas de la camioneta se abrieron cuando el motor se detuvo.

Cuatro vampiros se bajaron del auto. Eran dos hombres y dos mujeres. Y los cuatro tenían apariencias similares; su piel tenía cierto tono oliváceo y sus cabellos eran del mismo color negro, negro como la media noche. Los dos vampiros que se habían bajado de los asientos traseros se veían alegres y muy impresionados por la majestuosa vegetación que había a su alrededor. Kate y yo nos miramos una a la otra cuando Alice se acercó a saludar a los dos vampiros que se habían bajado de los asientos delanteros.

-Kebi, Amun –dijo Alice.-, es un gusto tenerlos por acá.

El hombre –llamado Amun- sólo asintió y se resistió a estrecharle la mano a Alice, como si eso le fuese a provocar daño. La mujer –llamada Kebi- se mantuvo pegada a Amun durante todo momento, y no se molestó en decir ni una palabra. Los dos vampiros jóvenes se acercaron a nosotros. El chico –que tenía una apariencia muy jovial, despreocupado y seguro de sí mismo- se acercó directo a Alice y la abrazó. Me sorprendí al notar que no parecía mayor que un niño.

-¡Alice!-dijo el chico.

-Benjamin.-dijo Alice devolviéndole en abrazo.- Me agrada verte por acá. Sé que no te agrada el frío…

-Cualquier cosa por volverlos a ver.-dijo Benjamin. Esta es Tia. No sé si la llegaste a conocer la vez pasada…

-No, no la conocía.-dijo Alice alegremente.- Es un gusto conocerte, Tia.

-El gusto es mío.

La joven –quien supuse era la pareja de Benjamin- se acercó a saludar a Alice con un abrazo, al igual que Benjamin lo había hecho. Alice les explicó dónde estaba Carlisle y el resto. Luego les dijo que ella se encargaría de acomodar el auto. Y por último, me presentó como la esposa oficial de Edward. Tanto Amun como Kebi lucieron molestos con mi presencia. Los dos me miraron con menosprecio y entraron a la casa. No lograba comprender su comportamiento, ¿Qué les había hecho yo para merecer aquella reacción? Pero Benjamin y Tia me sorprendieron con sus reacciones. Los dos me abrazaron y me felicitaron por –por fin- capturar el corazón solitario de Edward. Les sonreí con timidez y ellos se marcharon para saludar a los demás.

Alice me propinó un suave codazo en el abdomen y me sonrió alegremente. Luego de estacionar la enorme camioneta, volvió apara explicarnos que Benjamin tenía un don y eso era lo que lo hacía especial para Amun. Estuvimos toda la tarde esperando más amigos de Carlisle y de los demás. Después de horas, habían aparecido tres aquelarres más. El primero era un aquelarre japonés, que resultaron ser tres vampiros/monjes, ancianos amigos de Carlisle. Al parecer, Carlisle los había conocido durante uno de sus viajes tratando de buscar una respuesta a lo que era. Me sorprendí cuando Alice me contó que esta era la primera vez que salían de su templo que quedaba en lo recóndito de una montaña japonesa. Lamentablemente, no pude pronunciar sus nombres, ya que eran muy complicados.

El segundo aquelarre era uno pequeño y provenía de Argentina. Era una pareja de jóvenes vampiros –una mujer y un hombre-, guapos y muy conocedores del tango, ya que se ofrecieron a enseñarnos a todos. Nicolás y Emilia eran amigos de Rosalie y Emmett. Y se habían conocido en Ibiza, durante un viaje de éstos últimos a la isla. Emilia era delgada, alta y sus movimientos eran gráciles y livianos como una pluma. Su cabello era castaño oscuro, lo tenía largo y con rulos. Usaba flequillo y lo traía ladeado hacia la izquierda. Nicolás tenía el cabello rubio como la miel. Lo llevaba largo –le llegaba hasta el cuello- y desordenado, como si se acabara de bajar de una moto. Bueno, técnicamente habían llegado en una moto, así que era comprensible el estado de su cabello. Los dos eran risueños y alegres. Y cuando entraron a la casa en busca de sus amigos –Rose y Emmett-, desde afuera pudimos escuchar sus chillidos de júbilo al reencontrarse.

-Se parecen mucho.-comentó Kate refiriéndose a Emilia, Nicolás, Rosalie y Emmett.

-Más de lo que te imaginas.-le dijo Alice.- Los cuatro disfrutan de las fiestas y de la buena vida. No sé si se dieron cuenta, pero Emilia y Nicolás son como Rose y Emmett, sólo que al revés.

-¿Te refieres a su apariencia?-pregunté.

-Así es.-Alice sonrió.- Bueno, como dicen por ahí, uno se busca personas que se parezcan para hacerse amigos.

-Muy cierto.-dijo Kate.

El tercer aquelarre que había llegado provenía de las alejadas y frías tierras de Islandia. Eran dos gemelos, llamados Ragnar y Eidur. Al ser gemelos, compartían los mismos aspectos físicos; altos, bien fornidos, de cabello rubio platinado, guapos y de aspecto salvaje y sexy. Habían llegado en un Lamborghini plateado, muy lindo, pero muy ostentoso para mi gusto. Los dos eran amigos de Carlisle. Y nadie me supo explicar cómo los había conocido. Eidur y Ragnar hablaban inglés a la perfección y eran muy coquetos. A Tanya y a Irina casi les dio un síncope cuando vieron a los hermanos islandeses. Alice trató de molestar a Kate con los chicos, pero ella se defendió diciendo que "los gemelos islandeses, simplemente, no eran de su agrado".

Después de eso, llegaron un par de nómadas. Primero llegaron dos amigos de Jasper; Charlotte y Peter. Los dos habían llegados muy emocionados por ser partícipes de algo tan extraño como una boda entre dos vampiros. Lo que no se esperaban era lo que Rosalie y Emmett tenían planeado para su boda. Lo cual se podía describir en una sola palabra: impresionante. Luego, había llegado un solo nómada llamado Garrett. Tenía el cabello rubio como la arena, el cual lo llevaba tomado en una cola baja. Era alto y algo impaciente. Había acudido acá, ya que había escuchado –de la boca de una nómada llamada Mary- que aquí se llevaría una gran celebración.

-Pues no es una celebración de las que te imaginas.-dijo Alice.

-¿Ah, no?-preguntó Garrett.

-Es una boda.-dije.

-¿Una boda?-preguntó sorprendido y confundido, al mismo tiempo-. ¿Cómo es eso?

-Dos miembros de nuestro aquelarre van a casarse.-le explicó Alice.- En una ceremonia religiosa para luego compartir una fiesta.

-En donde habrán humanos para cenar… ¿no?-preguntó Garrett.

-No, te equivocas.-dijo Alice.- Nosotros somos un aquelarre que no se alimenta de humanos. Apreciamos sus vidas, es por eso que nos alimentamos de animales.

-¿Es así como logran tener sus ojos de aquel…extraño color?

-Así es.-dijo Kate.

-Nunca había escuchado de algo como eso.

-Somos dos aquelarres que llevamos ese tipo de dietas.-dijo Kate.- En total somos trece.

-Trece vampiros que no beben sangre humana, divididos en dos aquelarres. ¡Vaya, eso es genial!-dijo emocionado.- ¿Cómo funciona?-preguntó con curiosidad.

Alice, Kate y yo intercambiamos miradas de desconfianza. ¿Debíamos confiar en aquel nómada? ¿Estaba diciendo la verdad? Escuchamos una voz detrás de nosotras y volteamos.

-Dice la verdad.-dijo Maggie.

La pequeña Maggie estaba parada en el pórtico de la casa junto a Edward. Éste estaba de brazos cruzados y apoyado contra uno de los pilares del pórtico. Nos sonrió.

-Déjenlo pasar. Está impresionado con nuestra forma de vivir.-nos dijo Edward. Luego, miró a Garrett.- No todos los presentes son vegetarianos como nosotros. Tú y ellos pueden compartir presas humanas, pero que no sea de los pueblos cercanos. No queremos que nos vengan a perseguir. Nadie sabe de nosotros.

-No diré ni haré nada que pueda perjudicarlos. Lo juro.-dijo Garrett.

Todos miramos a Maggie. Ella sonrió con inocencia, asintió una vez con la cabeza y se marchó hacia dentro.

-Puedes entrar.-dijo Alice.- Bienvenido, Garrett.

-Gracias.

El nómada nos miró a cada una, pero permaneció más prendido de Kate. Edward soltó una carcajada. Garrett sonrió y entró a la casa. Edward lo siguió.

-¿Qué fue eso?-pregunté.

-No tengo idea.-dijo Kate.

-Ya lo verán.-dijo Alice.- Será una boda realmente linda y llena de romance.

-Como tú digas, Alice.-dijo Kate.

La joven me miró extrañada, pero Alice sonrió. Esperamos una hora más y al ver que nadie más iba a llegar, entramos a la casa. La sala estaba repleta de vampiros. Todo el mundo conversaba con todos, todo el mundo reía y compartía experiencias. Al parecer, todos se caían muy bien. Alrededor de las ocho de la noche llegó Carlisle. Inmediatamente muchos de los invitados se abalanzaron a saludarlo. Me impresioné como Carlisle comenzaba a hablar japonés con sus amigos monjes.

-¿Vampiros monjes?-pregunté sorprendida.

-Bizarro, ¿no?-dijo Edward.- Al principio yo tampoco entendía, pero luego de leer sus mentes, todo se me hizo muy claro.

-¿Les leíste la mente? ¿Comprendes japonés?

-Así es.

-¿Sabes cómo se llaman?-le pregunté.

-Por supuesto. El más alto de los tres se llama Yokosuka, el que le sigue en tamaño se llama Kimihiro y el más pequeño de los tres se llama Watanuk.

-De nuevo.-le pedí.- Me he perdido…

-Bella, no es tan difícil.

-Los llamaré monjes. Es más fácil.

-Como desees.-dijo divertido.- Ellos no comprenden inglés, así que no creo que se te acerquen. Están acá porque necesitaban un favor de Carlisle y él los invitó al matrimonio.

-¿Qué favor?-pregunté con curiosidad.

-No lo sé.-se encogió de brazos.- Pero era importante, ya que salieron de su refugio sin chistar cuando Carlisle habló con ellos.

-Vaya…

-No te preocupes, todo estará bien. Kimihiro tiene un don, el de la precognición.

-¿Cómo Alice?

-No, es diferente.

-Explícate.

-Alice ve las cosas, en cambio Kimihiro las dibuja.

-¿Las dibuja?-pregunté confundida.- ¿Cómo es eso?

-El tiene visiones, pero las dibuja y luego se hace consciente de lo que vio en su visión cuando ve en dibujo.

-¿Cómo…-me sentía un poco ridícula al preguntar esto- cómo aquel tipo en la series "Heroes"? El tal…Isaac Méndez ¿o algo por el estilo?

-Así es, igual a él. Kimihiro no es consciente de su visión hasta que la ve dibujada.

-Sorprendente.-dije extasiada.

-Así son los amigos de Carlisle.

-Carlisle es muy afortunado.

-Se podría decir que sí.

Edward me besó en los labios y nos dirigimos a conversar con los gemelos islandeses –que estaban siendo acosados por Tanya e Irina. Los pocos días que pasaron para la boda pasaron rápidamente. Y –cuando por fin- había llegado el día, Rosalie se había transformado en una persona completamente nerviosa. No dejaba de darnos órdenes sobre las cosas que teníamos que hacer, para luego criticar la forma en la cual hacíamos lo que ella quería.

El día de la boda Rosalie no dejaba de ir de un lado a otro en su habitación. Esme, Alice y yo éramos las encargadas de prepararla para la ceremonia. Pero no nos dejaba hacer nuestro trabajo, ya que estaba totalmente fuera de sí.

-¿La pista de baile está como lo ordené?-preguntó.

-Amplia, de madera pulida y opaca, para que no se vea nada que no se deba ver.-dijo Esme.

-Perfecto. ¿Y la vajilla?

-Los monjes pasaron a China y te trajeron la vajilla que tanto te gustaba.-dije.

-Perfecto, perfecto.-repitió.- ¿Y los manteles? ¿Son de seda como pedí?

-Rosalie, todo está en orden.-dijo Alice.- Todo como tú lo pediste.

-¿Segura?

-Muy segura.

-¡Ugh! Odio los nervios.

-Pero Rose, esta es como la veinteava vez que te casas.-dije.

-Es la boda número cincuenta y siete.-me corrigió la novia.

-¿¡Qué!?-exclamé sorprendida.- ¿Cómo te has casado tantas veces en setenta años?

-Por lo menos una vez al año.-dijo Esme.- Estamos acostumbrados a este tipo de ceremonias, Bella.

-Vaya, esto es impresionante.-comenté.- No pensé que fueran tantas veces. Y ¿aún así tienes nervios?

-Son nervios por ver a mi Em.-dijo con tono soñador.- ¡Tengo tantas ganas de verlo en su traje!

-Se verá guapo, eso lo supongo.-dije.- Pero si no te apuras, tú eres la que no se verá guapa.

-¡Oh, manos a la obra!-dijo Rosalie.

Las tres nos abalanzamos sobre ella y la comenzamos a vestir y arreglar para el evento. Todos los invitados ya estaban en el lugar del evento y todos estaban vestidos con mucha elegancia. Cuando Rosalie estuvo lista, nos apartamos de ella para que se viera en su enorme espejo. Rosalie estaba usando un vestido blanco perlado, de tirantes delgados y sin espalda. La parte superior era ajustada a sus curvas y la de abajo era suelta. Rosalie estaba usando la gargantilla de diamantes que le había regalado y una hermosa diadema de diamantes –la cual le pertenecía a ella. Su cabello estaba tomado en un moño bastante elegante. Se vio y sonrió. Estaba completamente radiante.

-¡Que hermosa te ves!-dijo Esme.

-Gracias.-susurró Rosalie. Nos miró, a mí y a Alice, y nos dijo: es hora de que ustedes dos se vayan. Esme es mi dama de honor así que ella se encargará.

-Ok.-dijo Alice.- Te ves hermosa y te deseo mucha suerte.

Alice se inclinó hacia adelante y la besó en la mejilla. Yo la imité. Luego, salimos corriendo hasta el lugar del evento. Alice llevaba puesto un vestido strapless, que le llegaba hasta las rodillas y de gaza. Era de color rosado y sus zapatos le hacían juego. Yo llevaba puesto un corsé azul y una falda del mismo color. La falda me llegaba sobre las rodillas y mis zapatos le hacían juego a mi conjunto. Además, estaba usando un collar de perlas que Alice me había prestado. Cuando llegamos al lugar, todos estaban esperándonos. Edward y Jasper se acercaron rápidamente a nosotras.

-¿Todo bien?-preguntó Jasper.

-Todo excelente.-dijo Alice.- ¡Rose se ve tan…!

Alice dejó de hablar abruptamente. Sus ojos estaban fijos en algo, así que volteamos para ver qué estaba mirando. Un ciervo pequeño estaba pastando al lado del altar. Miré a mi familia vegetariana y pude notar como a algunos les había bajado las ganas de un pequeño aperitivo antes de la boda. Alice salió corriendo con dirección hacia el animal, pero éste –censando el peligro- salió corriendo. Alice salió corriendo detrás del animal, provocando una pequeña persecución.

-¡No, animalito!-dijo Alice corriendo detrás del ciervo.- ¡No escapes de mí, yo no te quiero comer!

Alice continuó con su persecución del ciervo –ya que el animal sólo se movía en círculos o entre los demás invitados-, mientras que los demás invitados rieron deleitados por la diversión que Alice les estaba proporcionando.

-Cariño, arruinarás tu vestido.-le dijo Jasper.

-Quiero atrapar al maldito ciervo, Jazz.-dijo Alice entre dientes.

-¿Para qué? ¿Te lo quieres comer?

-¡Quiero salvarlo!

-Entonces deja de perseguirlo y que se marche solo. Él sabrá qué hacer, Alice.

Mi cuñada se detuvo a regañadientes y dejó que el ciervo se marchara entre los árboles. Alice volvió hacia donde estábamos nosotros, refunfuñando. Al parecer, no podía comprender que el ciervo escapara de ella, cuando solamente quería ayudarlo.

-Es un ciervo –le dije-, es obvio que va a escapar de nosotros. Somos peligrosos para él.

-¡Pero yo no quería comérmelo!

-Él no sabía eso.-le dijo Edward.

-Como sea.-masculló.

Una suave melodía comenzó a sonar y todos corrimos hasta nuestros respectivos puestos. Rosalie entró sola al pasillo que la llevaría al altar, seguida por Esme –quien era su dama de honor. En el altar se encontraba Carlisle –quien era el sacerdote-, Emmett y Edward –quien era su padrino. Cuando Rosalie llegó al altar, la música dejó de sonar. Y Carlisle comenzó con su prédica.

-Queridos familia, amigos y cercanos, estamos aquí reunidos para presenciar la unión de Emmett McCarty Cullen y Rosalie Lillian Hale en sagrado matrimonio.

Carlisle continuó con su prédica sobre la importancia del amor en la vida y del ser amado. Cada palabra que decía, hacía que alguien en la audiencia soltara un suspiro soñador. Carlisle sabía cómo decir cosas bonitas. Durante la ceremonia miré a Edward varias veces y recordaba lo afortunada que era. Él me había elegido a mí y eso me hacía especial. Tenía tantas ganas de cogerlo de la mano y apretársela para hacerle saber que estaba a su lado. Pero él era el padrino de Emmett, así que estaba junto a él en el altar. Miré a mi lado y vi como Alice se colgaba del brazo de Jasper y apoyaba su cabeza en su hombro. Él la miró de reojo y sonrió al verla muy alegre a su lado. Miré a mí alrededor y vi como varias parejas –algunas ya conocidas y otras recién formadas- compartían juntos las palabras que Carlisle decía. Así que a esto se refería Alice con una "boda llena de romance".

Cuando la ceremonia terminó –con el beso de los novios- todos aplaudimos y nos dirigimos hacia la improvisada sala de baile. Un par de mesas y sillas rodeaba la pista de baile. Sobre las mesas habían copas de champaña y pude notar como habían cajas y cajas de alcohol. Muchos de los vampiros se abalanzaron sobre el alcohol. La música comenzó a sonar y la fiesta comenzó. Me senté en una mesa junto a Jasper y a Alice. Los tres brindamos con champaña y comenzamos a beber.

A las pocas horas, más de un vampiro estaba hablando estupideces a causa del alcohol. A la mitad de la fiesta había aparecido un amigo nómada de Carlisle llamado Alistair. Él había llegado cargado de botellas de una de las mejores marcas de whiskey y diciendo que –por nada del mundo- se podía perder la boda de una de las hijas de Carlisle. A los pocos segundos estaba ebrio de tanto tomar su propio whiskey. Edward me había sacado a bailar y nos habíamos divertido en la pista de baile. Tanya bailó toda la noche con Ragnar e Irina bailó con Eidur. Kate se había hecho de rogar, pero finalmente había terminado bailando con Garrett. Al parecer, las tres hermanas habían sufrido de amor a primera vista o a segunda, como había sido el caso de Kate.

A las pocas horas había llegado la hora de que Rosalie lanzara el ramo. Todas las solteras corrieron para tratar de agarrarlo. Kate, Tanya, Irina, Maggie; fueron. Incluso las que estaban con pareja fueron a tratar de agarrar el ramo. Por lo tanto, al grupo se le había agregado, Tia, Alice, Siobhan y Emilia. Yo estaba sentada sobre las piernas de Edward. Sus brazos estaban a mí alrededor y miraba la escena sobre mi hombro. Se nos unió Jasper, quien sonreía al ver como su esposa se peleaba con las demás.

-¿Listas?-preguntó Rosalie.

-¡Sí!-chillaron todas.

-¿De verdad?-preguntó Rosalie.- ¡Aquí va!-gritó.

Rosalie lanzó el ramo y en ese momento, todo se volvió cámara lenta. Vi como las chicas luchaban como fieras por agarrar el ramo. De la nada, Tanya se adelantó al grupo. Todo parecía que iba a ser ella quien agarraría el ramo. Ragnar y Eidur llegaron a nuestro lado en ese momento.

-Cuidado, Ragnar.-bromeó Jasper.- Mira lo que tu nueva chica está a punto de agarrar…

Ragnar miró el ramo. Entrecerró los ojos y –misteriosamente- el ramo se congeló y se hizo añicos. Jasper miró a Ragnar y Edward también lo hizo. Eidur estalló en carcajadas. Las chicas observaron como los fragmentos del ramo caían al suelo. Ragnar observó hacia al lado, como si no supiera lo que había pasado. Miré a Edward.

-¿Ragnar también tiene un don?-pregunté.

-Puede congelar las cosas con su mirada.-me respondió Eidur.

-Es un don muy interesante.-comenté.

-No cuando vives en un lugar rodeado de hielo y nieve.-dijo Ragnar.

-Oh.-dije.

Todo el mundo comenzó a reír cuando vieron como las chicas se lamentaban por el ramo congelado. Ragnar y Eidur desaparecieron por un momento, hasta que las cosas se calmaron. Luego del fiasco del ramo, todo el mundo ocupó –de nuevo- la pista de baile. Y la fiesta continuó su ritmo. Los invitados se habían quedado un par de días más, continuando las celebraciones –porque la fiesta había durado una semana- y luego se habían marchado. A excepción de cuatro vampiros; Alistair, Garrett, Eidur y Ragnar. Alistar se había quedado porque sentía la necesidad de ponerse al día con Carlisle. Los hermanos islandeses habían cambiado su amor por sus tierras heladas por su nuevo amor por las hermanas. Y Garrett había decidido abandonar su condición de nómada para quedarse junto a Kate. Los tres habían aceptado todo lo que eso implicaba. Así que las hermanas se encontraban felices de enseñarles a sus nuevos hombres su nuevo estilo de vida.

-Bueno, algo positivo podemos sacar de todo esto.-dije.

Estábamos sentados en la sala –sólo los Cullen y yo- conversando. Alistar todavía seguía con nosotros, pero no se encontraba ahora acá, ya que había salido a cazar a los pueblos más lejanos para no causar problemas. Todos los presentes me miraron cuando hablé.

-¿Qué?-preguntó Rosalie.

-Tanya no volverá a rondar a mi hombre.-sonreí.

-E Irina dejará en paz a Emmett.-dijo Rosalie.- Muy buenas noticias.

-Le tomó cincuenta y ocho bodas para comprender eso.-bromeó Alice.

Todos reímos ante aquel comentario, que –después de todo- era muy cierto. Continuamos conversando sobre los invitados que habían venido, cuando –repentinamente- Alice guardó silencio. Su mirada se perdió y supimos que estaba teniendo una visión. Después de que un par de segundos transcurrieran, Alice sacudió la cabeza.

-¿Qué viste?-preguntó Jasper.

-Va a ver una tormenta.

-¿Qué?-preguntó Carlisle con preocupación.

Todos lo miramos, confundido. ¿Qué era lo que le preocupaba?

-Que habrá una tormenta en cinco días más. Y eso quiere decir, baseball.

-¡Yuhu!-gritó Emmett extasiado.

Todos celebramos aquella noticia, pero no pude dejar de notar como Carlisle se hundía cada vez más en el sillón. Había algo que le preocupaba y que no iba a decirnos. Miré a Edward. Él tenía su mirada fija en Carlisle. Y fue ahí, cuando comencé a preocuparme yo también. ¿Qué diablos iba a pasar en cinco días más?

º0º0º0º0º

¿Inspiración a dónde te has ido? Jajaja, en este momento estoy con 0 inspiración. No sé que voy a hacer porque quiero seguir escribiendo fics, pero tengo tantas cosas dando vuelta por mi cabeza… ¿Me odiarían mucho si no les diera un nuevo fic pronto?

Surfer Babe 69