So Wrong, It's Right

Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo esto pertenece a Stephenie Meyer.

Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)

Someone to Save You: 4247900 (Twilight)

You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)

º0º0º0º0º

Capítulo Treinta y Nueve: La Muerte De Un Amigo.

Bella POV.

Cinco días habían pasado y el día de la gran tormenta había llegado. Alistair estaba emocionado por ser partícipe de algo como esto. Él no conocía las tradiciones norteamericanas, así que no sabía qué diablos era el baseball. Aún así, estaba emocionado. Habíamos invitado al aquelarre de Tanya para que nos acompañara. Ellos eran ocho y nosotros éramos ocho. Esme había decidido que Alistair jugara en su lugar, ya que ella sería la réferi.

Estaba emocionada por el juego. Por fin podría jugar y disfrutar de un juego completamente vampírico –como le llamaba Alice. Aquella mañana amaneció completamente nublada. Alice había predicho la tormenta para la tarde. Así que estuvimos toda la mañana esperando con ansias que llegara la hora. Ya teníamos un claro seleccionado para jugar y todo estaba listo. Sólo faltaba la tormenta. Alrededor del medio día, todos nos marchamos a nuestras respectivas habitaciones para prepararnos. Edward estaba cambiándose, cuando me surgió una duda.

-Pero…

-¿Pero qué?-me preguntó desde el closet.

-¿Qué pasa si soy mala para esto?

Lo escuché reírse a carcajadas.

-Esto es serio, Edward.-dije enfadada.

-¿Lo dices enserio?-preguntó, asomando su maravilloso torso desnudo por la puerta del closet.

-Sí, lo digo enserio.-dije tratando de mantenerme concentrada en lo que estaba pensando.

-Pues…-Edward salió del closet, dejándome ver con mayor detalle su torso desnudo.- No conozco a ningún vampiro que sea malo en el baseball.

-Puede que yo lo sea.

Estaba sentada en el taburete de mi tocador. Edward se acercó a mí, dejando su pecho de perfecto mármol esculpido a pocos centímetros de mi rostro. Edward estaba jugando con mi autocontrol. Lamentablemente yo no era tan buena con eso.

-No seas tontita.-cogió mi rostro entre sus manos y me obligó a mirarlo al rostro.- No vas a ser la primera vampira mala para el baseball. Serás buena, al igual que el resto. Ya lo verás…se te hará fácil.

-¿Lo crees?

-Así es. Es más fácil que jugarlo como humano.

-Que bueno.-sonreí.

Edward soltó mi rostro, pero no se movió ni un centímetro. Me estaba incitando a que me lanzara sobre él. Todo mi autocontrol se estaba yendo. Oh, cuantas ganas tenía de lanzarme sobre él y hacerlo gemir mi nombre reiteradamente. Me mordí el labio inferior con lujuria. Él arqueó una ceja. Acercó sus labios a mi oído y me estremecí. Colocó sus manos sobre mis muslos para apoyarse.

-Hazlo.-susurró con voz seductora.- Juguemos un rato.

-Cuanto te odio.-susurré yo.

Apoyé mis manos en sus hombros y lo empujé hacia atrás, provocando que se tambaleara y que cayera sobre nuestra cama. Caminé hacia él de forma seductora, quitándome rápidamente la ropa, hasta quedar en ropa interior. Me subí sobre Edward y comencé a jugar con su cabello.

-Has sido un mal vampiro.-susurré.

-Mmmm, ¿piensas castigarme?

-Oh, sí.-susurré.

-Hazlo.-gruñó deleitado.

Comencé a besarlo con furia, como si el mundo se fuese a acabar. Mi mente me pedía a gritos que lo hiciera mío en ese instante y que acabara inmediatamente con los jueguitos. Y mi cuerpo me pedía que hiciera lo que mi mente me pedía. Pero a mí me gustaban los jueguitos, ya que los dos nos poníamos más lujuriosos con aquellos. En un rápido movimiento, Edward se colocó sobre mí. Cogió mis manos y las apoyó contra la cama, detrás de mi cabeza. Mis piernas se enrollaron en el torso de Edward. Él sonrió seductoramente y comenzó a besarme el cuello. Sus movimientos eran lentos y me hacían esperar –agónicamente- hasta que llegara lo mejor. Tocaron a la puerta y nos sobresaltamos.

-¿Edward, estás ahí?-preguntó Alistair.

Miré a mi esposo y él gruñó enfadado. Me lo quité de encima, cogí mi ropa del suelo y me dirigí al closet para vestirme. Le indiqué a Edward que DEBÍA abrirle la puerta a Alistair y conversar con él. Después de todo, era lo correcto. Edward caminó refunfuñando hasta la puerta. La abrió y se encontró a un sonriente Alistair. El vampiro entró a la habitación y yo salí del closet. Se sonreí, mientras salía de la habitación para dejarlos solos.

Bajé hasta la sala. Podía escuchar a Jasper y a Alice en su habitación. Al parecer, Jasper estaba persiguiendo a Alice por la habitación, ya que escuchaba las risitas tontas que Alice soltaba mientras escuchaba a los dos corriendo por su habitación. Emmett estaba cazando junto a su nueva esposa. Carlisle estaba trabajando y Esme estaba en la sala. Cuando entré a ésta, me senté junto a Esme. Ella estaba sentada en un sillón, leyendo una revista de decoración. Sin darse cuenta, estaba tarareando la melodía que Edward había compuesto para ella. Sonreí al verla tan radiante.

-Puedo preguntar, ¿Por qué estás tan feliz, Esme?

-¿Debo tener una razón para estarlo, mi querida Bella?

-Sé que siempre eres feliz, pero hoy estás radiante.

-Bueno, es sólo que hoy recibí una noticia muy importante.

-¿Qué noticia?

-Mira, contraté un investigador privado para que investigara a los chicos.

-¡Los chicos!-dije recordando repentinamente su existencia.- ¿Qué supiste de ellos? ¿Están bien? ¿Cómo está Elizabeth? ¿Ya habla de corrido o qué?

-Tranquila.-dijo sonriente.

-Me has colocado nerviosa. Necesito saber cómo están.

-Bueno, te agradará escuchar que los tres están en perfectas condiciones. Son muy felices con sus abuelos. Y éstos están ahorrando para que vayan a una buena escuela, para que –después- vayan a una buena universidad.

-¿Universidad? Todavía falta mucho tiempo para eso…

-Lo sé.

-Espera un momento…debe haber otra cosa por la cual estás tan radiante.

-El investigador privado me trajo esto.-dijo Esme.

Debajo de un sillón sacó un marco de fotos. Lo depositó en mis manos y soltó una risita. Miré la foto. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Elizabeth, Jack y Henry estaban en la foto. Salían sonriendo y jugando con un par de juguetes. Sentí como algo en mi pecho se estrujaba y supuse que sería mi corazón de piedra. Sentí un pequeño ardor en mis ojos, como si éstos quisieran soltar un par de lágrimas, pero –repentinamente- se dieran cuenta de que estaban secos.

-Están tan…grande.-susurré.

-Lo sé.-dijo Esme.- Se ven tan lindos y felices.

-¿Dónde la colocarás?

-Sobre la chimenea, al medio de todas nuestras fotos.

Miré hacia la chimenea. Allí había varias fotos. Una de mi boda con Edward, una de la primera y única boda de Alice y Jasper, una de la nueva boda de Rosalie y Emmett, una foto de la boda de Esme y Carlisle y, -por último- una foto de todos nosotros, como una familia. Me paré y caminé hacia la chimenea. Coloqué la foto al medio, entre todos nosotros. Luego, retrocedí un par de pasos para ver la foto mejor.

-Muy lindo.-susurró Esme.

Se paró y se colocó a mi lado. Las dos nos quedamos mirando fijamente la foto por varios minutos. Recorrí mis borrosos pensamientos humanos en busca de los momentos que habíamos compartido. Traté de concentrarme en mis recuerdos, tratando de verlos más nítidos, pero no podía. Había algo que los cubría y me imposibilitaba verlos nítidos. En ese momento, sentí un par de pasos.

-¿Qué ven?-preguntó Emmett.

-Mira aquella foto.-le indicó Esme.

Emmett se detuvo a nuestro lado y miró la foto que Esme le indicaba. Rió entre dientes y se acercó a mirar de cerca.

-Han crecido.-apuntó.

-Así es.-dijo Esme.

-A Jack le creció el cabello y ha bajado un poco de peso.-dijo Emmett.

-¿Quién ha bajado de peso?-preguntó Rosalie entrando a la casa.

-Jack.-dijo Emmett apuntando la foto.- Mira, Rose; son los chicos.

Rosalie se acercó a la foto para ver mejor. Luego de ver a los chicos, retrocedió.

-Oh, ya veo.-susurró Rosalie con tristeza.

-¿Qué ocurre?-le pregunté.

-Es sólo que…me da un poco de nostalgia al ver la foto. Ha pasado mucho tiempo sin que los vea. Los extraño mucho.

-Es parte de lo que somos.-le recordó Esme.

-Lo sé, es sólo que me rompe el corazón a ver a Jack.

-Están felices.-le dije.

-Lo sé, lo sé…

-¿Creen que…podamos visitarlos?-preguntó Emmett.

-No creo que eso sea posible.-dijo Esme.

-Oh, sólo para ver cómo están. Quizás visitarlos de noche, mientras duermen.-dijo Emmett.

-Emmett, es peligroso.-dijo Esme.- Viven en Florida. Hay mucho sol. Nos podemos exponer. Además, ellos nos recuerdan.

-¿Qué quiere decir eso?

-Es mejor visitar a las personas humanas que uno quiere cuando ya no pueden recordarte.-me explicó Rosalie.- O cuando no te conozcan. Yo hago eso de vez en cuando con mis sobrinos o con mis hermanos. Estos últimos están viejos y apenas recuerdan su pasado. Así que es algo beneficioso.

-Entonces, ¿podré visitar a Charlie y a Renée cuando estén viejos y casi con Alzheimer?-pregunté.

-Si tú quieres…-dijo Esme.

-Aparte de Rose, ¿alguien más lo ha hecho?

-Yo he fui varias veces a visitar a mis padres, cuando estaban en un hogar de ancianos.-dijo Emmett.

-Y yo fui a visitar a mi padre el día antes de que se muriera.-dijo Esme.- Estaba muy enfermo y me aparecí en su habitación aquella noche. Le dije que todo estaba bien. Él me preguntó si era un ángel y yo le respondí "nos vemos en el cielo". Fue bastante dramático, pero murió en paz y susurrando mí nombre. Mamá pensó que papá estaba delirando antes de morir.

-No quiero que Charlie ni Renée pienses que están delirando.

-Lamentablemente no puedes aparecerte de otra forma.-dijo Emmett.- A menos que no quieres que te vean. Yo me aparecía en las noches y conversaba con mi padre. Obviamente él pensaba que se trataba de un sueño, pero estaba feliz con eso.

-Y mis hermanos, apenas me reconocían.-dijo Rose.- Y cuando iba a visitar a mis sobrinos, los seguía a un club nocturno, me hacía amiga de ellos y les conversaba. Sólo para saber de sus vidas.

-Es…triste.-susurré.

-Lo sabemos.-dijo Esme.- Pero es la única forma que tenemos para que alguno de nosotros sepa de sus familiares humanos.

-Después de todo, tenemos sentimientos y no se nos hace fácil abandonar a nuestros seres queridos humanos.-dijo Emmett.- Todos tenemos a alguien que nos ancle al mundo humano.

-Somos personas con sentimientos y recuerdos.-dijo Rosalie.

-Lo comprendo, pero es triste. ¿Qué harán cuando ya no quede nadie más que los ancle al mundo de los humanos?

-Siempre hay alguien.-dijo Edward.

Los cuatro volteamos. Él estaba apoyado en el marco de la puerta, escuchando nuestra conversación. Alistair estaba detrás de él, escuchando también con mucho interés. Quizás él no tenía a nadie que lo uniera al mundo humano. Y por lo tanto, no comprendía a cabalidad lo que estábamos hablando.

-¿Y tú?-le pregunté.- ¿A quién tienes?

-Por muchos años no tuve a nadie y me sentía vacío. Observaba como los demás visitaban a sus familiares para verlos y cuidar de sus sueños. Y yo, estaba solo en este mundo. Hasta que apareció la luz en mi vida.

-¿Qué luz?-pregunté.

-La luz que me ancló al mundo de los humanos y me hizo verlo todo de forma distinta.

-¿Quién, Edward?-pregunté curiosa.

-Tú.

-¿Yo?

-Así es. Tú llamaste mi atención entre muchos rostros. Tú fuiste la que –con una fuerza indescriptible- me anclaste al mundo de los humanos.

-Pero ahora soy una de ustedes, ahora no te anclo.

-Ahora me anclan tus recuerdos, tu familia, tus amigos…tu ser completo, tu esencia es la que me ancla.

-Yo…

Quedé muda. ¿Qué debía decirle? Yo era el ancla de Edward y lo seguía siendo. Aún cuando ya no pertenecía a aquel mundo. Me sentí tan extraña en ese momento, entraña y hermosa. Como si las palabras de Edward hicieran sentido de una forma muy poco convencional. Había puesto un hechizo sobre Edward y lo había anclado. Yo era la razón de muchas cosas para él. Y lo más extraño de todo era, que yo ya sabía esas cosas. Yo sabía que era lo más especial que existía en el mundo para él. Yo sabía que lo había cambiado de muchas formas. Había tocado su interior y lo había hecho mío. Había hecho que su corazón hubiese vuelto a latir. Yo era su centro.

-Así es, Bella.-sonrió y caminó hacia.- Eres mi centro.

-Ay que tierno.-dijo Emmett, bromeando.

-Celoso.-le dije.

-¡Ja, claro!-dijo Emmett.- ¿Celoso, yo? ¡Para nada! Yo tengo a la mujer más hermosa y genial a mi lado. Soy el hombre más afortunado del mundo.

-Como digas.-dijo Edward.

Agarró mi rostro y fundimos nuestros labios en un cálido beso. Alrededor, escuché como Alistair les preguntaba cómo funcionaba todo esto del ancla al mundo humano. Esme rió y comenzó a explicarle, al igual que Emmett y Rosalie. Pero yo en ese momento me encontraba en Edwardland junto a mi maravilloso esposo. Nuestro beso duró varios minutos, ya que no necesitábamos aire para respirar. Y eso lo hacía más duradero. Pero nos tuvimos que separar porque Alice bajó corriendo las escaleras.

-¡Vamos!-chilló.- ¡Es la hora!

Edward y yo nos separamos parea mirarla. Alice estaba dando saltitos de emoción, mientras trataba de que Emmett se moviera. Alice lo tenía cogido del brazo y tironeaba de éste para que su hermano se moviera. Emmett estaba muerto de la risa y no se movía ningún centímetro. Jasper bajó las escaleras y suspiró al ver el comportamiento infantil de su esposa.

-Algún día madurará.-le dijo Edward, dándole esperanzas.

-Espero que no lo haga jamás. La amo tal como es; con su infantilidad incluida. Después de todos, si Alice no fuera infantil, no sería ella.

-Toda la razón.-dije.

Después de unos segundos, todos subimos a cambiarnos. Carlisle llegó a los pocos minutos y se preparó para salir con nosotros. A la media hora, estábamos en el campo preparándonos para jugar. Tanya y los demás llegaron al poco rato.

-¿Listos para perder contra nosotros?-preguntó Tanya.

-¿Nosotros, contra ustedes?-dijo Rosalie. Ella subió el bate que tenía en sus manos y apuntó a Tanya.- Ustedes serán los que morderán el polvo.

Tanya soltó una carcajada, al igual que sus hermanas. Rosalie se apartó de las chicas y se acercó a donde nosotros estábamos. Esme estaba con Alistair recorriendo el campo, enseñándole las reglas del juego. Carlisle y Eleazar estaban marcando las bases del campo. Jasper, Emmett, Alice, Edward y yo estábamos conversando, cuando llegó Rosalie.

-Vamos a patearles el trasero.-nos dijo cuando llegó a nuestro lado.

-Así se habla.-dijo Emmett.

Jasper y Emmett se miraron. Se alejaron y par de pasos y comenzaron a lanzarse la bola a gran velocidad. Obviamente estaban pavoneándose de su gran habilidad para el juego. A los pocos segundos, se les unió Edward. Rosalie sonrió y comenzó a jugar con el bate. Lo tomaba desde el mango y lo daba vuelta a gran velocidad, como un bastón de porrista. Alice se acomodó su gorra de baseball y miró al cielo. Yo me sentía muy inútil sin hacer nada. Tampoco quería hacer algo, ya que no sabía cómo jugar este juego. Lamentablemente mi experiencia humana con los deportes no era un gran referente.

-¡Es la hora!-gritó Alice.

Todos miramos al cielo. Éste tronó y sonreímos. La tormenta había comenzado. Corrimos hasta nuestras posiciones. La primera en batear era Tanya. Por experiencia sabía que Edward era muy rápido, así que –cualquier cosa que ella le lanzara- Edward atraparía la bola. Tanya se colocó en posición de bateo, esperando a que Alice le lanzara la bola. Alice lo hizo y la bola salió volando hacia Tanya con un sonido silbante. Mis ojos la podían ver con facilidad, pero estaba muy segura que mis ojos humanos jamás lo habían hecho. Tanya bateó con toda su fuerza, provocando un sonoro chasquido y que la bola saliera disparada por el campo.

Inmediatamente varios de nosotros salimos disparados. No sabía muy bien que estaba haciendo, pero sentía dentro de mí una fuerza que me impulsaba a salir corriendo detrás de la bola. Me adelanté a ésta y di un gran salto para agarrarla en el aire. Cuando la hice, se la lancé a Rosalie –quien estaba haciendo de cátcher. Vi como Rose agarraba la bola antes de que Tanya terminara la carrera.

-¡Out!-gritó Esme.

Mi equipo estalló en júbilo. Edward llegó a mi lado y me dio un par de palmaditas en el hombro.

-¡Bien hecho, Bella!-me felicito.- Corriste muy bien.

-Gracias.-dije avergonzada.

Emmett me dio una gran palmadita en la espalda, haciendo que me tambaleara un poco. Pero sabía muy bien que esa era la forma de felicitarme. Continuamos jugando. Los nuevos integrantes de nuestro juego –Ragnar, Eidur, Garrett y Alistair- estaban muy entusiasmados. Como jamás habían jugado algo como esto, estaban completamente fuera de sí. Era el turno de Carmen de lanzar. Su golpe era fuertísimo y mandó la bola a volar muy fuera del campo. Aún así, salimos todos corriendo detrás de ésta. En un momento –sin darme cuenta cómo- nos separamos. Al parecer, la bola se los había perdido. Me detuve para tratar de escuchar o ver por dónde podía estar. En ese momento, escuché a alguien correr hacia mí. Tanya apareció y se detuvo en seco cuando me vio.

-La he perdido.-le anuncié.

-¿Segura?-me preguntó mirando a su alrededor.- Puedo jurar de que cayó por acá.

-No la veo.-le dije mirando a mí alrededor.

-Qué extraño…-susurró.

Nos pusimos a revolver los matorrales que había a nuestro alrededor en busca de la bola. Mientras hacíamos eso, olisqueé el ambiente para buscar la esencia de la bola, que estaba impregnada con la esencia de nosotros. Pero tampoco la pude encontrar. Nos adelantamos un poco más en el bosque, hasta que escuchamos un par de pasos acercándose a nosotras. Dos hombres que caminaban en perfecta sincronía aparecieron frente a nuestros ojos. Tanya siseó y yo la imité, sin saber realmente porqué. Pero sentía que eran peligrosos.

Los dos estaban vestidos con capas largas color gris. Los eran altos y no podía apreciar muy bien sus cuerpos, ya que los llevaban cubiertos por las capas. Los dos poseían un cierto tono oliváceo en su piel, sus ojos eran borgoña y una sonrisa sarcástica adornaba sus rostros. El que iba a la derecha tenía el cabello corto, mientras que el que iba a la izquierda le caía el cabello hasta los hombros. Tanya se colocó en posición defensiva, yo la imité.

-Tranquila, mujer.-dijo el de la derecha.- No hemos venido para hacerles daño.

-Por lo menos no a ti.-dijo el de la izquierda con tono burlón.

Gruñí. Obviamente que se estaba refiriendo a mí. ¿Me venía a hacer daño a mí? ¿Qué le había hecho yo a él? Traté de recordar, pero mis recuerdos eran frágiles. Y por lo tanto, no sabía quién era aquel vampiro que estaba frente a mí y que me amenazaba. Tanya me miró y negó la cabeza. Me estaba advirtiendo que no hiciera nada. Pero tampoco había mucho que pudiera hacer. Yo era una neófita sin ninguna experiencia en combate.

En ese momento recordé la conexión que tenía con Edward. Con mucho esfuerzo bajé mi barrera mental y extendí mi escudo para que me protegiera a mí y a Tanya. Eso era algo no había pensado hacer jamás. ¡Edward! Grité con toda mi fuerza. A lo lejos, una manada de pájaros salieron revoloteando con gran escándalo. Los dos hombres desviaron su atención a aquello.

-¡Ahora!-gritó Tanya.

Las dos nos dimos media vuelta y salimos disparadas hacia el campo. Pude escuchar a uno de los hombres maldecir. Luego de un rato, salieron corriendo detrás de nosotras para darnos alcance. Corrí lo más rápido posible, y –al mismo tiempo- traté de no dejar a Tanya atrás. Cuando llegamos al campo, Esme volteó a vernos. Ella, Carlisle, Carmen, Alistair y Eleazar estaban sentados sobre una roca, solos en la mitad del campo. Esme se paró y me lancé a sus brazos.

-¡Esme!-grité.

-¿Qué ocurre?-preguntó sobresaltada.

-¡Ellos!-gritó Tanya.

Carlisle, Alistair, Carmen y Eleazar se pararon. Entre todos formamos una línea de ataque y nos colocamos en posición de defensa. Expandí mi escudo para protegerlos a todos, pero me sorprendí al notar que ya estaban protegidos. Sentía ansiedad al no tener protegidos a los demás miembros de mi familia. ¿¡Dónde diablos estaban!?

Rosalie POV.

Cuando Carmen sacó la bola del campó, salimos todos corriendo detrás de ésta. Mis ojos estaban fijas en la bola y no iba a permitir que ésta cayera en manos equivocadas. No me di cuenta cómo, pero de un segundo a otro, nos separamos. Emmett me siguió, pisándome los talones. Volteé y le sonreí. Yo iba a ganarle. No iba a permitir que mi hombre-mono me ganara.

-¡Ríndete Rose!-me gritó.

-¡Jamás!-dije divertida.

-¡No sabes contra quien estás peleando!-dijo divertido.

-¡Tú eres el que no lo sabe!

Corrimos varios metros, pero todavía no alcanzábamos la bola. De la nada, Emmett ronroneó y saltó sobre mí. Caímos al suelo, sin antes derribar un árbol. Comencé a reírme a carcajadas. Era tan infantil y no permitía perder en ningún juego. Comenzó a hacerme cosquillas, como si con eso me fuera a rendir.

-¡Di que soy el mejor!-dijo divertido.

-¡No, no lo haré!-dije entre carcajadas.

-¡Esta es una batalla perdida, Rose!

-No.-reí.

-¡Admítelo!

No pude decir nada más, ya que de mi boca sólo salían risas. Emmett continuó con su "tortura" para que admitiera que él era mejor que yo, hasta que lo admití.

-¡Ok, ok, lo admito!-se detuvo.- ¡Eres mejor que yo!

-¡Ja, lo sabía!

En aquel instante comenzó a llenarme de besos. Esta vez, solté un par de risitas tontas. Amaba cuando Emmett me llenaba de besos. Me hacía sentir tan amada que no podía evitar soltar risitas tontas. Realmente no era parte de mí soltar ese tipo de risitas, pero Emmett provocaba eso en mí. En aquel momento, escuchamos como alguien se aclaraba la garganta. Emmett se detuvo y juntos volteamos a ver. Irina, Ragnar y Eidur estaban parados a escasos metros de nosotros. Los islandeses estaban muertos de la risa, mirando cómo nos divertíamos. Irina estaba de brazos cruzados y nos miraba con una ceja arqueada.

-Supongo que no saben dónde está la bola, ¿cierto?-preguntó Irina.

-¿Pareciera que estamos buscando la estúpida bola?-le respondió Emmett divertido.

-No, parece que ustedes dos se han aburrido de nuestro juego y buscaron otra forma de divertirse.-le dijo Irina.

Emmett soltó una de sus sonoras carcajadas. Eidur y Ragnar lo imitaron. Me quité a Emmett de encima y me paré. Comencé a sacudirme mi ropa cuando olisqueé algo extraño en el ambiente. Era un aroma dulzón, bastante empalagoso. Me aguanté la respiración, tratando de dejar de olerlo. Pero el olor estaba por todas partes. Los otros se dieron cuenta de que algo andaba mal cuando torcí la nariz con desagrado.

-¿Qué pasa, Rose?-preguntó Ragnar con su acento islandés.

-¿No lo huelen?-pregunté.- Es horrendo.

Los cuatro olisquearon el ambiente. Emmett se paró rápidamente y me colocó detrás de su espalda.

-¿Qué ocurre?-le pregunté asustada.

-Ese es el olor de Jane.-susurró.

-Bravo.-escuchamos un par de aplausos.- Al parecer el monigote fue el único que se dio cuenta de mi presencia.

De las sombras aparecieron tres personas. Dos eran de pequeño tamaño y la tercera era una mujer alta. Jane salió de las sombras, mientras que su capa casi negra ondeaba con el viento que había comenzado a correr. Su cabello castaño claro y corto, también ondeaba con el viento. A su lado derecho la otra de figura de pequeño tamaño se hizo visible. Su cabello era castaño oscuro y su capa era de un color diferente al de Jane; aún así, los dos compartían características similares. La tercera figura era de cabello caoba y llevaba puesta una capa de color gris. La mujer me sonrió, como si supiera quién era.

-¿Qué hace la guardia de los Vulturis tan lejos de sus amos?-preguntó Emmett.

-¿Quién dijo que nuestros amos no estaban acá?-preguntó el joven con tono burlón.

-Muy buena respuesta, Alec.-dijo Jane.

-Gracias, Jane.-le respondió Alec.

Los dos compartieron una sonrisa triunfal. Así que Alec –el hermano gemelo de Jane- era el que la acompañaba. Entonces, ¿Quién era la otra mujer?

-Si desean hablar con Carlisle…-comenzó a decir Irina.

-Oh, no.-Jane negó con la cabeza.- Nosotros no queremos hablar con Carlisle. Nuestros amos, sí.

-¿Y dónde están sus amos?-preguntó Ragnar.

-Camino a ver a Carlisle.-dijo Alec.

-¿Y qué hacen ustedes tan lejos de sus amos?-siseó Eidur.

Alec y Jane comenzaron a reír malévolamente. Lo que me hizo pensar en que tenían permiso de sus amos para venir a buscarnos. Habían esperado a que nos separáramos para poder atacarnos. Gruñí, al igual que el resto. La mujer se mantuvo en silencio, con los ojos fijos en Emmett. Agarré de la camisa a mi esposo y obligué a que se pegara aún más a mí. Sabía que Emmett estaba esperando la oportunidad perfecta para atacarlos. Y eso me preocupó. Sabía que Jane era peligrosa, pero me atemorizaba aún más el don de Alec. Había escuchado de los labios de Carlisle lo terrible que era su don. Y me atemoricé al pensar en lo que iba a pasar a continuación.

En aquel momento, una bandada de pájaros salió volando a lo lejos. Los tres se distrajeron y nosotros salimos corriendo. Escuché como Jane le ordenaba a Alec que hiciera algo. Así que me preparé para sentir la nada misma. Pero nada ocurrió. Seguía sintiendo y utilizando todos mis sentidos. Miré al resto. Ninguno parecía preocupado, ya que nadie había notado que el don de Alec no estaba funcionando en nosotros. Corrimos hasta el campo de baseball. Y no nos detuvimos hasta que llegamos al linde del bosque y vimos –aterrorizados- como algunos miembros de la guardia Vulturi aterrorizaban a Bella, Carlisle, Esme, Carmen, Eleazar y Alistair. En ese momento escuché un gruñido gutural a mis espaldas. Volteé y vi como Emmett se lanzaba al rescate de Esme. Rugí junto a él y lo imité.

Jasper POV.

Alice y yo salimos disparados hacia el bosque. A mi lado, Alice danzaba en vez de correr. Sus movimientos eran gráciles y no realizaba esfuerzo alguno para hacerlos. A ella se le daban de forma natural. Sonreí y continué corriendo hacia adelante. Mientras lo hacía, analizaba todo lo que había a mi alrededor. Había cosas de mi vida militar que no había podido dejar de lado. Y ésta era una de aquellas.

No podía evitar analizar todo lo que había a mí alrededor y categorizarlo en: inofensivo, puede resultar peligroso, peligro inminente, peligro definitivo, muy peligroso y peligro de muerte. Era algo que se me daba con naturalidad. Todo lo categorizaba rápidamente en aquellas etiquetas mentales. Lo hacía de forma inconsciente y me molestaba categorizar a mi familia dentro de aquellas etiquetas. Al principio no podía evitarlo, pero ahora lo tenía muy controlado.

Miré de reojo a Alice. Sus ojos buscaban rápidamente la bola, sin dejar de concentrarse en la dirección a la que iba. Giramos hacia la izquierda en un roble y se detuvo. Yo me detuve un poco después que ella. La miré y la vi recorriendo su alrededor con la mirada. Miraba con incredulidad, como si desconfiara de algo. Caminé en silencio hacia ella y me detuve a su lado. Coloqué mi mano sobre su hombro y sin decir nada, comencé a inspeccionar nuestro alrededor. Ella estaba buscando algo y yo lo busqué con ella, sin saber de qué se trataba.

Escuchamos un ruido detrás de nosotros. Instintivamente coloqué a Alice detrás de mí para protegerla. Eso era algo que se había arraigado en mí desde el momento en el que la conocí. Sentía una gran necesidad de protegerla y mantenerla a salgo, costara lo que costara. Me coloqué en posición defensiva y solté un gruñido por lo bajo.

-¡No nos ataques, Jasper!-gritó Kate.

Alice me agarró de mi camisa y la tironeó para que bajara mi guardia. Pero no lo hice hasta que Kate y Garrett aparecieron de las sombras con las manos en alto. Sólo en aquel momento, bajé mi guardia. Me relajé instantáneamente. Los dos bajaron sus manos y Alice salió del refugio que le había hecho. Me quedé parado rígidamente en mi lugar. Alice comenzó a hablar con Kate y Garrett.

Yo la observé con detenimiento. Ella jamás desconfiaba de alguien. Alice era de las personas que se entregaban ciegamente y nunca salía herida. Bueno, eso también era parte de mi trabajo. Cualquier persona que se acercara a ella con malas intensiones, se las veía conmigo. Ella no lo sabía, pero yo me había encargado de varios vampiros y humanos que deseaban hacerle daño.

Mi Alice era sagrada. Nadie tenía permiso para tocarle ni un solo cabello de su hermosa cabellera. Alice era mi todo y jamás permitiría verla triste. Por eso me encargaba de cuidarla. Alice soltó una risita melodiosa y sonreí instintivamente. Ella sacaba a la luz lo mejor de mí y por eso, estaba muy agradecido. Era impresionante sentir lo que irradiaba. Alice se encargaba de irradiar una alegría constante, esperanza, confianza y –sobre todo- su amor por mí y por nuestra familia.

-Y, ¿han visto la bola?-preguntó Garrett.

-No.-le respondió Alice.- Me desconcentraron.

-Usa tu súper visión del futuro para verla.-dijo Kate.

-Bueno.

Alice les sonrió y se concentró en el futuro. En aquel momento, una gran ola de incertidumbre me golpeó. Siempre ocurría lo mismo con Alice cuando estaba viendo el futuro. Lo que el resto no sabía era, que Alice se abruma al tener sus visiones. Para ella no era nada fácil escarbar en el futuro y –de repente- le provocaban fuertes migrañas. Cuando terminó su visión, una gran ola de terror me invadió. Su respiración se agitó, y sus ojos se abrieron de par en par. Corrí hacia ella y la cogí de los brazos.

-¿¡Qué has visto!?-le preguntó preocupado.

-Yo…-sus ojos estaban perdidos en el horizonte.

-¡Háblame, Alice!-grité.

A mi lado, Garrett y Kate comenzaron a impacientarse. Alice no hablaba, sólo balbuceaba palabras sin sentido. Logré capar las palabras "Vulturis", "Chelsea", "Corin" y "Afton". En ese momento, me puse en guarda nuevamente. Coloqué a Alice detrás de mí y comencé a escanear nuestro alrededor. Alice continuaba balbuceando palabras sin sentido y podía sentir su desesperación y terror. En ese momento, los divisé. Tres figuras comenzaron a acercarse a nosotros.

Gruñí, enfadado. Kate y Garrett se colocaron en guardia. Debía concentrarme. Mi objetivo era proteger a Alice, fuese como fuese. Y eso implicaba arriesgar mi vida para lograrlo. Si Alice vivía, yo sería feliz. Alice se aferró de mi camisa y me inmovilizó. Traté de zafármela, pero era tan pequeña que nada funcionaba con ella. Gruñí, pero ella ni se inmutó. Escuché sus sollozos y sus balbuceos se habían hecho más entendibles.

-¡NO Jasper!-chilló.

-¡Alice!-bramé.- ¡Déjame protegerte!

-No si eso significa sacrificar tu vida.-sollozó.- ¡No lo permitiré!

-¡Alice!-bramé nuevamente.

-¡Vámonos!-chilló con desesperación.- ¡Vámonos ahora!

Me di media vuelta para enfrentar a Alice cara a cara. Sus ojos brillaban y pude sentir su tristeza. La tomé en mis brazos y salí disparado hacia el campo. Garrett y Kate nos siguieron de cerca. Pero yo era más rápido. Por lo tanto, nosotros llegamos primero. Sólo para ver las llamas elevarse hacia el cielo. Junto a la fogata, estaban todos los miembros de nuestra familia. Estaban abrazados y parecían sollozar por alguien de los nuestros. Me paralicé. ¿Habíamos perdido a alguien? En los lindes del bosque estaban varios miembros de la guardia y se les estaban uniendo más. Alice saltó de mis brazos y corrió hacia nuestra familia. Escuché el grito desesperado de Carlisle y mi mundo se vino al suelo.

-No.-susurré.- Por favor Dios, no.

Edward POV.

Cuando nos separamos, supuse que algo malo iba a pasar. Me quedé quieto en la mitad del bosque, esperando, escuchando, observando. Todo estaba en completo silencio. Hasta que escuché el grito desesperado de Bella. Me enfadé y golpeé un árbol, provocando que cayera. Una bandada de pájaros salió volando, temiendo que les hiciera algo. En aquel momento, percibí como varias personas se movían por el bosque. Inmediatamente los reconocí. Eran miembros de la guardia de los Vulturis. Me di vuelta, con todas las intenciones de salir corriendo para ayudar a mi familia, cuando una voz muy familiar me detuvo.

-Querido Edward.-dijo Aro.

-Aro.-dije calmadamente.

-¿Qué tal estás, Edward?

-Preocupado. Puedo sentir como tu guardia se divide y se pone en busca de mi familia. ¿Qué truco te traes entre manos, Aro?

-¿Yo? Nada, nada.-dijo calmadamente.- Sólo quiero juntarlos y como están dispersos, no encontré nada mejor que mi guardia los fuera a buscar.

-Mientras que Renata y Santiago los protegen.-dije mirando sobre el hombro de Aro.- Buenas tardes, Cayo y Marco.

-Edward.-dijo Cayo.- ¿Todo bien?

-Muy bien.-susurré.

-¿Qué tal tu humana? ¿También está bien?-preguntó.

-Está transformada, si a eso te refieres, Cayo.

-Oh, qué bien. Me gusta que cumplan las reglas. Después de todo, tu aquelarre no está exento a éstas.

-Si no hemos roto las reglas… ¿Qué hacen acá?-pregunté fijando mi mirada en Aro.

Cayo comenzó a darme un discurso sobre la importancia de las reglas que teníamos. Mientras lo hacía, yo escaneé sus pensamientos.

"Espero que se una a mi guardia después de esto. Edward sería una gran suma a ésta. Si lo hiciera, nadie nos podría vencer. Seríamos más invencibles de lo que somos ahora. Los Vulturis volverían a estar en su época dorada. Seríamos imparables. Cuando lo codicio" Pensaba Aro.

"Está mirando al amo. Un paso en falso y comienzo con mi ataque. Está analizando a mi amo. Lo mira con mucho detenimiento. Algo está planeando. ¿En qué piensas, asqueroso vegetariano?" Pensaba Renata con desprecio hacia mí. Desvié mi mirada hacia ella y le sonreí con sarcasmo. Jamás me vencería a mí. Ni ella ni Santiago eran competencia para mis habilidades. Ella se estremeció y comprendió que estaba leyéndole los pensamientos.

"Renata es muy estúpida. Es obvio que el lee-mentes está leyendo nuestras mentes. No es muy difícil notarlo. ¿Me estás leyendo la mente? Es una lástima que no te daré información importante. Conmigo no ganarás, maldito." Pensó Santiago. Pero podía notar el miedo que sentía por mí en sus pensamientos. Sería fácil ganarle.

"Oh, esto es aburrido. ¿Es que no pueden darle un respiro al chico? ¿Tienen que amargarle la vida de aquel modo? No comprendo por qué quieren separarlo de su pareja. Ni Aro ni Cayo comprenden lo que es perder a una pareja. Edward querrá suicidarse luego que vea el cuerpo de su amada en llamas. ¿Felix y Demetri la habrán matado, ya?"

Los pensamientos de Marco me cayeron como un balde de agua fría. ¿Eso era lo que la guardia había sido ordenada para hacer? ¿Matar a mi Bella para que yo me uniera a la guardia? Algo dentro de mí despertó con furia y no pude evitar soltar un rugido gutural. Los presentes retrocedieron un par de pasos, asustados. Cayo había guardado silencio inmediatamente y me miraba estupefacto. Ninguno de los presentes comprendía lo que estaba pasando. Eso creía hasta que vi a Marco sonreír. Él había puesto aquellos pensamientos en su mente para que me enterara de las verdaderas intenciones de los Vulturis. Le debía una muy grande.

-¿Edward?-preguntó Aro.- ¿Qué ocurre?

-¿Así que quieren asesinar a mi Bella?-pregunté con sarcasmo acercándome a él.

Tanto Santiago como Renata estaban estupefactos y paralizados. Solté una risa sádica, mientras me detenía. Mi visión se tiño de rojo y sentí las ansias. Necesitaba luchar, necesitaba saciar mi necesidad de lucha y sangre.

-Edward, nosotros no…-comenzó a decir Aro.

-¡Silencio!-grité.- ¡Bella jamás se dejará vencer por ustedes!-Sonreí con crueldad.- Bella destripará, hará pedacitos y quemará a su guardia. No la conocen, por lo tanto, no sabes cómo lucha.

-¡Ya basta de esta estupidez!-gritó Cayo.- ¡Ustedes rompieron las reglas!

-¿De qué forma?-bramé.- ¡La convertí en una de nosotros como ustedes pidieron!

-¡Pero no en el tiempo determinado!-bramó Cayo.

-¿Y por eso han venido a matarla? O tienen otra razón para hacerlo y esta fue sólo una excusa.

Los Vulturis intercambiaron una mirada de precaución y me puse a reír a carcajadas. En aquel momento escuché el grito desesperado de Carlisle. Todos los presentes miramos hacia donde provenía y miré –aterrorizado- como una columna de humo subía hasta el cielo. Alguien había matado a alguien. Y por el grito de Carlisle, podía notar que había sido uno de los nuestros. Más rabia sentí, más furia y frustración. Salí corriendo hacia mi familia y los Vulturis me siguieron a los pocos minutos.

Cuando llegué, no pude evitar buscar a mi Bella entre la multitud. Ella estaba en el suelo, aferrada a Esme. Las dos sollozaban desconsoladamente. Rosalie estaba abrazando a Emmett. A lo lejos, vi como Alice corría hacia los brazos de Carlisle y evitaba que hiciera algo estúpido. Jasper se acercaba a nuestra familia junto a Kate y Garrett. Carmen, Eleazar, Eidur, Tanya, Irina y Ragnar estaban a salvo. Entonces, ¿Quién había muerto?

Corrí hacia Bella y Esme. Las abracé con fuerza, sin comprender por quién sollozaban. En aquel momento, toda la guardia de los Vulturis se unió y sus amos llegaron al lugar del suceso. La guardia se formó a los costados de los tres Vulturis, protegiendo sus flancos. Se pusieron a conversar sobre el vampiro que estaba siendo calcinado. Ellos tampoco comprendían de quién se trataba. Jane se acercó a sus amos y dijo –muy complacida- el nombre del vampiro que se estaba quemando.

-Es Alistair, mis señores.-dijo Jane.

Miré inmediatamente la fogata. ¿Alistair había muerto? Pero, ¿Por qué? ¿Qué había hecho él para merecer tal castigo? Ahora comprendía porque Carlisle estaba tan afectado. Después de todo, Alistair era uno de sus mejores amigos y uno de los que más tiempo había conocido.

-Ah, ya veo.-dijo Aro con calma.- ¿Estamos hablando de Alistair, el fugitivo, mi querida Jane?

-Así es.-dijo Jane.

-Ah, un fugitivo menos en el mundo.-dijo Aro.

-¿Qué provocó su ejecución?-preguntó Cayo mientras observaba emocionado como Alistair se quemaba.

-Osó cuestionar su poder.-dijo Jane.

-Muy bien hecho, Jane.-dijo Cayo.- ¿Quién le prendió fuego?

-Yo.-dijo Corin.

-Muy bien, Corin.-lo felicitó Cayo.

Aro observó a Carlisle y pudo notar su dolor. En sus pensamientos se arrepentía de habérselo provocado a un amigo tan querido como él. Pero tanto Aro como yo sabíamos que ya todo el daño estaba hecho. Gracias a Dios, el cariño que sentía por Carlisle le prohibió continuar con la matanza. Cuando Cayo dio un paso hacia adelante –para continuar castigándonos-, Aro lo detuvo.

-Basta de matanzas, hermano.-dijo Aro con solemnidad.- Ya le hemos provocado mucho dolor a nuestro querido amigo Carlisle.

-La muerte del fugitivo era necesaria.-espetó Cayo.

-Lo sé y comprendo tus motivos. Pero no queremos ser recordados por estos dos aquelarres como bestias sanguinarias que abusan de su poder, ¿o sí?

Cayo miró a Aro y comprendió sus motivaciones. Después de un rato, respondió.

-No, claro que no.-dijo a regañadientes Cayo.

-Muy bien.-dijo Marco.- Odio las matanzas.

Los tres Vulturis asintieron. Luego, Aro nos miró.

-Mis buenos amigos, lamento todo el dolor que les hemos hecho sentir. Hemos llegado a la decisión de no castigarlos por la falta que han cometido. Pueden irse en paz.-dijo Aro.- Espero que me perdones, Carlisle.

Carlisle ni lo miró. Aro suspiró y dio la orden para que se marcharan. En perfecta sincronía se marcharon todos, sin mirar atrás. Nosotros sollozamos la muerte de nuestro amigo Alistair hasta que el cielo volvió a tronar y la lluvia comenzó a caer. La fogata se apagó a los pocos minutos. En aquel momento, me paré y comencé a buscar piedras. Nadie comprendía lo que estaba haciendo, pero yo sabía que esta era la última cosa que podía hacer por Alistair. Con ayuda de los chicos –Jasper, Emmett, Eidur, Eleazar, Ragnar y Garrett- junté suficientes rocas para hacer un montón bastante grande. Las colocamos sobre las cenizas de Alistair. Aquella sería su tumba. Nos colocamos a su alrededor y Alice dejó unas flores a los pies de la tumba.

-Que descanses en paz, amigo Alistair.-dijo Carlisle. Nos miró a todos.- Jamás debemos olvidar que hoy ha muerto un amigo.

Esme abrazó a su esposo y él comenzó a acariciarle el cabello.

-Es esto…-susurró Bella, todos la miramos.- ¿Es esto lo que vio Kimihiro?

-¿Cómo…cómo lo sabías?-preguntó Carlisle estupefacto.

-¿Es eso verdad?-preguntó Alice.- ¿Kimihiro vio que esto iba a pasar y yo no?

-Kimihiro vio que alguien de nosotros moría, pero no me dijo quién.

-Es por eso que bajaron de su monasterio.-comentó Eleazar.

-Así es.-dijo Carlisle.- Me trajeron el cuadro de una gran fogata y de mí, lamentándome al lado de ésta.

-Dios.-susurró Carmen y se santiguó.

-Carlisle…-susurró Esme.

-Estaré bien, cariño. En un par de días lo estaré. Debes tenerme paciencia.

-Todas la tendremos.-dijo Emmett.

-Sólo quiero que no nos olvidemos jamás de Alistair y de lo que hizo por nosotros.-dijo Carlisle.

-Por Alistair.-dijo Eleazar.

-¡Por Alistair!-gritamos todos.

El cielo tronó con furia, mientras veíamos por última vez la tumba de Alistair. Luego de eso, jamás volvimos. Pero Alistair vivió en nuestras memorias por los siglos y los siglos que duró nuestra existencia en este mundo.

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Algo triste, lo sé U.U Pero bueno, el final está a la vuelta de la esquina. El próximo capítulo es el final y creo que es la forma perfecta de cerrar el fic. Gracias por todo el apoyo que me han dado. Ha sido un encanto leer todos sus reviews, me alegran el día cuando los veo. Espero que comenten y me digan que opinan.

Surfer Babe 69