Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.


EL CALLEJÓN DIAGON


"UNIFORME:

Uniforme básico (Irán de acuerdo al color de su casa):

• Pantalón o falda (según sea el caso).
• Camisa.
• Sweater.
• Corbata.

• Tres Túnicas sencillas de trabajo (negras).

• Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).

• Una capa de invierno (negra,con broches plateados).

(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre).

LIBROS:

Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los libros correspondientes a las asignaturas de su curso. Estos pueden ser solicitados por paquetes en Flourish and Blotts. Favor de solicitarlos con su curso correspondientes y las asignaturas optativas que tomarán.

RESTO DEL EQUIPO:

• 1 varita.

• 1 caldero (peltre, medida 2).

• 1 juego de redomas de vidrio o cristal.

• 1 telescopio.

• 1 balanza de latón.

(Los alumnos también podrán traer una lechuza, un gato o un sapo).

El equipo de quidditch solo debe ser comprado por los miembros de este equipo. Cuando se le haya otorgado posicion en el equipo se le enviara una carta con lo necesario.
Al acabar las clases del día los alumnos tienen permiso de cambiarse y usar ropa informal.

P.D. A alumnos nuevos se les integrará a una casa (Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw, Slytherin)."

.

.

Ya era el último día de Agosto; Alex estaba tumbada en el sofá leyendo sus revistas como siempre, Justin puliendo uno de sus trofeos de su club de Lenguaje Extraterrestre, Max quizá en su habitación aunque realmente les tenía sin cuidado; los esposos Russo iban entrando por la puerta de su casa charlando.

— ¡JERRY! ¿Cómo pudimos olvidar ir a comprar los materiales de los niños? ¡Mañana deben irse a Hogwarts!

— ¡¿Mañana!? — exclamó Jerry con los ojos muy abiertos — Chicos, ¿Por qué no me recordaron? — preguntó acusadoramente.

— Papá, te lo he estado diciendo diario — rezongó Justin serio.

— Pudiste decirmelo más veces — dijo su padre intentando librarse de la culpa.

— No tendremos tiempo de conseguir todo eso en un día... ¡será mejor que no vayamos a Hogwarts y listo! — sugirió Alex como artimaña.

— ¡Por supuesto que no! Ya los sacamos del Instituto Tribeca y confirmamos su asistencia en Hogwarts — respondió Theresa, para luego dirigirse a su esposo — Jerry, que haremos, ¿Dónde conseguiremos todo el equipo?

— Ya sé, ¡Todo lo podemos conseguir en el callejón Diagon! Iremos a Londres hoy, Alex, Justin, preparen de una vez sus maletas.

— ¡Londres! será emocionaaaaante, iré por mi chaqueta — exclamó Theresa emocionada y subió corriendo las escaleras.

Max bajaba en ese momento y alcanzó a escuchar que se irían.

— ¿Londres? ¡Oh, sí! ¡Yo quiero ir a Disneylandia! — Max hizo aparecer con su varita un gorro ridículo con orejas de Mickey Mouse y se puso a bailar.

— Max — dijo su padre avergonzado, quitándole a su hijo el gorro — Eso no está en Londres, incluso hay Disneylandia en nuestro país.

— Sí, Max, Pfff — se burló Alex — Londres es donde hay... esa gente rara que habla con un acento tan... Pfff ¿el reloj grandote?

— Se llama Big Ben, Alex — explicó Justin harto de escucharla — no puedo entender como es que te han aceptado en Hogwarts — caminó a las escaleras y empezó a subirlas — Prepararé mi maleta, tengo que empacar mi espada láser y mi colección de figuras de...

— ¡Si, sí! A nadie le importa — lo hizo callar la Russo — Papá, le dije a Harper que viniera, ya debe estar por llegar, será mejor que yo me quede aquí y...

— ¡De ninguna manera, señorita! — le negó Jerry — Son tus materiales, además te servirá ir para familiarizarte con el mundo mágico del viejo mundo, es muy diferente al de acá.

— Está bien, papá, lo intentaré.

Padre e hija se abrazaron cariñosamente aminorando la tensión. Fue interrumpido su momento por el llamado del timbre; los dos se separaron y continuaron cada uno sus cosas con normalidad.

— ¡Oh, esa debe ser Harper!

— Dile que te ayude a preparar tu equipaje, Alex, porque sé que tú no lo harás — le dije su padre ya que la conocía muy bien — Yo iré a la guarida a buscar información de a donde vamos, avisa a los demás que nos veremos todos en la Subestación a las 1:00 de la tarde.

— ¡Como diga, señor! — respondió la castaña haciendo un saludo militar.

La Russo se dirigió a la entrada, giró la perilla de la puerta, la abrió y dejó pasar a la extravagante visitante, Harper Finkle. Como era usual en ella, vestía un atuendo ridículo con alguna temática que a nadie le importaba, en esta ocasión llevaba puesto un vestido amplio rosa pastel que le llegaba a la rodilla y tenía dibujadas gotas color magenta escurriendo desde la parte de arriba, lo complementaba con un suéter y zapatos magentas, y en el cabello llevaba un ridículo sombrero de lado que parecía un tubo pintado con franjas blancas y rojas verticales.

— ¡Vaya! Harper... te vez como... una verdadera lata de pintura.

— Asssh, no sabes nada de moda, Alex; soy una malteada, va dedicado a todas las personas que en alguna parte del mundo están bebiendo malteadas de fresa justo ahora — aclaró satisfecha la amiga de la maga.

— Oh, por supuesto, no sé como no me di cuenta antes — dijo con ironía la castaña — Ahora vayamos arriba, Harper, tengo que hacer mi maleta para la escuela esa de escocia.

— ¡¿En verdad te irás?! ¡Voy a extrañarte mucho! — exclamó la castaña-rojiza haciendo pucheros.

— Yo también a ti, pero tranquila, no creo durar más de una semana allí sin que me expulsen — rió Alex — ¿Puedes creer que no usan nada de tecnología allí? ¡Son tan anticuados!

Las dos amigas subieron riendo a la habitación de Alex. Max, de quien todos habían olvidado su presencia, seguía pie en la cocina solo porque todos estaban arriba o en la guarida.

— ¿Y yo también debo preparar mi equipaje? — habló para sí — Naaa, seguro mamá me lo preparará — sonrió campante el niño.

. . .

*En la Subestación...*

— Muy bien, ¿Ya tienen todo preparado? — preguntó Jerry a sus dos hijos mayores.

Justin llevaba una maleta travelers de plástico grande en color gris, estaba pesada puesto que llevaba varios libros de magia, algunos de sus inventos y unas cuantas cosas más que Alex llamaba "eran de perdedor". Su hermana por su cuenta llevaba dos maletas grandes de lona color negras en las que llevaba toda la ropa y zapatos que logró guardar de su armario, herramientas y cosas con las que podría hacer sus bromas.

— Listo, papá — contestó el mayor con rostro autosuficiente.

— Ya, algo así — dijo poco convencida Alex.

— ¡No se vayan sin mí! — llegó corriendo Theresa muy emocionada.

— Por fin llegas, mamá — dijo Max — ¿Traes mi equipaje?

— ¿De qué hablas hijo? Tú no tienes que llevar nada, sólo estamos acompañando a tus hermanos.

— Uff, ¡Qué alivio! no quería parecer Botones como ellos — señaló descaradamente el menor a sus hermanos.

— ¡Muy bien, entonces ya nos vamos!

— ¡Espere! señor Russo — exclamó la Finkle — quiero despedirme de ellos... — abrazó a su amiga — Suerte, Alex, espero que no te metan a una de esas prisiones europeas por tus travesuras.

— No prometo nada — bromeó la castaña.

— Hasta pronto, Justin — se abalanzó a abrazar al hermano de su amiga — Aunque estés estudiando muy lejos nuestro noviazgo seguirá — Habló con firmeza la chica.

— Harper, no somos novios — aclaró Justin apartándola incómodo de él.

— No arruines el momento, Justin.

La castaña-rojiza con su extraño atuendo de malteada salió de la subestación un poco melancólica de que su maga amiga ya no estaría todos los días con ella.

— Muy bien, todos tómense de las manos — habló Jerry — ustedes dos sujeten bien su equipaje, y ahora Justin, traza un ovalo sobre nosotros con la varita mientras dices "Transporto Diagon Auditoriu".

— Transporto Diagon Auditoriu — dijo Justin siguiendo al pie de la letra las indicaciones de su padre.

. . .

*En el callejón Diagon...*

A mitad del camino empedrado aparecieron cinco personas que desencajaban totalmente del resto, con sus vestimentas tan llamativas, coloridas, ropa muggle. Max llevaba puesto su sombrero con orejas de nuevo, que hizo aparecer durante la teletransportación que hicieron.

Todos los de la familia Russo miraban embobados el paisaje del callejón Diagon: era tan... antiguo, viejo, empolvado. Para ellos lucía igual que hace siglos atrás. Para Alex la gente era muy rara por las dichosas túnicas y capas con las que vestían.

— Wow, creo que incluso el profesor Crumbs tiene mejor estilo para vestir — comentó Alex.

— No critiques, Alex, aunque se vistan mal debemos tener respeto — dijo su madre sin darse cuenta que dos magos pasaban a su lado.

— Já, muggle — le dijo uno de ellos a Theresa.

— ¿Por qué es de noche aquí? — preguntó Max.

— Londres y Estados Unidos tiene una diferencia horaria de seis horas, lo que significa que aquí ya son las... — Justin miró su reloj de pulsera — las 7:14 de la noche. ¡MÁS DE LAS SIETE! Debemos apresurarnos, o los negocios cerrarán.

— Nos movilizaremos rápido — habló Jerry — Primero iremos a Gringotts para cambiar nuestro dinero por el dinero mágico.

Los cinco caminaron detrás de Jerry Russo por el callejón llegando frente a un edificio blanco con pilares en la entrada y puertas de bronce pulido que se alzaba sobre todas las pequeñas tiendas. Entraron todos, demasiado pegados unos con otros, parecían zarigüeyas; cruzaron unas segundas puertas de plata que tenían escrito algo que ninguno se molestó en leer. Duendes eran los que dirigían el banco y Max no podía quitarles la vista de encima, una vista muy incómoda.

Jerry se acercó a uno de los altos estrados que estaban desocupados y habló con el duende.

— Buenas noches — habló — venimos a cambiar nuestro dinero americano por el mágico.

— ¿Su nombre?

— Jerry Russo.

— ¿Qué cantidad de dinero cambiará?

— Am... un segundo — dijo Jerry, y se giró a su familia — ¿Cuánto dinero tienen?

— Sólo traemos 2,000 dólares — dijo Theresa a su esposo.

— ¡¿Y ustedes?!

— Jajaja, yo tengo 200 dólares — dijo Alex con una sonrisa burlona.

— Yo tengo 4,300 — contestó Justin — Pero son para mis gastos en el colegio — agregó.

Jerry se volvió hacia el duende.

— Tenemos eso, son dólares americanos.

— Muy bien, por los 2,000 son 202 galeones, 14 sickles y 8 knuts — el duende tomó el dinero que entregó Theresa y le devolvió una bolsa llena de monedas de oro, plata y bronce, Justin fue el siguiente en dar su dinero — Por los 4,300 te daré 436 galeones, 1 sickle y 23 knuts — Justin tomó su bolsa satisfecho y Alex por último dio su dinero — Por sus 200, jovencita, le daré 20 galeones, 4 sickles y 24 knuts. ¿Es todo, Sr. Russo?

— Sí, gracias.

— Pero que hombrecillo tan más raro, aunque creo que su máscara de Goofy ya está bastante arrugada.

— ¡Max! esto no es Disneyland, y ten más respeto — regañó su padre — Disculpeme, señor, ya... nos vamos.

Los Russo salieron apresuradamente de Gringotts, volviendo al callejón, para poder hacer sus compras antes que todos los negocios cerraran. Jerry, quien era el único que sabía un poco del lugar, empezó a hablar.

— Nos dividiremos así: Alex y Justin irán a "Mandame Malkin" a comprar su uniforme y túnicas, afortunadamente yo traje las capas y guantes para ustedes que teníamos en la guarida — dijo sus padre — ¿Podrás pagarlos por lo mientras tú, Justin? te reponemos el dinero cuando acabemos.

— Está bien, vámonos, Alex — Y los dos chicos salieron corriendo hacia el negocio que tenía maniquís en su aparador.

— Ahora nosotros — continuó el Russo mayor — Theresa, tú te llevarás 101 galeones e irás con Max a comprar los libros en "Flourish and Blotts", recuerda, son un juego de Cuarto año y otro de Sexto, yo me llevo la otra mitad del dinero para comprar los materiales faltantes.

— Entendido — respondió Theresa.

Se repartieron el dinero y se fueron a conseguir los materiales que les correspondía a cada uno.

. . .

Ya daban casi las nueve de la noche y ya se reunían los Russo en el lugar del que habían partido, a mitad del callejón. Todos habían conseguido lo que les correspondía, le repusieron su dinero a Justin, 86 galeones y 30 sickles, y por fortuna para ellos no necesitaron más dinero del que los señores Russo llevaron, gracias a que algunos materiales que la lista pedía, Jerry los tenía en la guarida. Justin, con su dinero, pasó a comprarse una lechuza color crema con alas café oscuras a la que llamó Bob.

— ¿Ya regresaremos a casa, papá? — preguntó cansada Alex.

— No, se quedarán aquí, por eso les pedí que hicieran sus maletas — respondió el señor Russo — el tren a Hogwarts saldrá a las 11:00 hrs de Londres, estos son sus boletos... me llegó una lechuza a mí con ellos — explicó mientras le entregaba a cada uno el suyo — Justin, te daré este mapa de Londres para que sepas llegar a la dirección que indica el boleto — hizo una pausa tratando de recordar algo — Mmm... ¡Oh, sí! Chicos, hagan aparecer un baúl de madera y un carrito para poder transportar sus cosas, una vez llegando a la estación, no podrán estar haciendo mágia fuera de los límites de Hogwarts.

— ¡¿Hablas en serio?! ¡Eso es muy bobo! — reclamó la castaña, pero sacó su varita y la agitó — Ashh... Si tus cosas mágicas quieres mover, un baúl y un carrito deberás aparecer, ya está, ahora A trabajar, acomoda todo en su lugar.

Todos los útiles necesarios para ir al colegio, incluyendo su uniforme y paquete de libros, volaron por los aires y se guardaron y ordenaron dentro de baúl de madera que había hecho aparecer, incluso los materiales que su padre cargaba consigo, se salieron de su mochila para ir a parar dentro de su caja. En el espacio que sobraba dentro del carrito, echó sus dos pesadas maletas con sus pertenencias que traía de casa.

Justin quedó perplejo por lo hábil y rápida que había sido su hermana con esos dos conjuros, que la imitó para preparar su equipaje también en pocos segundos.

— ¿Ahora qué? — inquirió Alex preocupada — ¿Estaremos de pie aquí hasta que de la hora a la que salga el tren?

— No, se quedarán en el Caldero Chorreante.

Caminaron por el empedrado hasta llegar frente a la fachada de un mugriento y pequeño bar que en cuya entrada tenía un letrero que decía "Caldero Chorreante" y la silueta de una bruja con un caldero. Al entrar, tal y como lucía por fuera estaba por dentro: destartalado, polvoriento y viejo. Se acercó la familia completa a la barra, donde estaba el tabernero.

— Buena noche, mi nombre es Tom, ¿Les sirvo algo de beber? — les preguntó el hombre.

— ¿Tiene whisky quemado con fuego de dragón? — preguntó Jerry con ojos chispeantes.

— ¡Jerry! Recuerda que ya no tenemos dinero — lo regañó su esposa.

— Oh, cierto... ¿Entonces tendrá habitaciones para estos dos muchachos? será por una noche.

— Claro, y de hecho nos queda una, suficiente para la joven pareja.

— ¡¿QUÉEE?! — gritaron al unisono los dos hermanos.

— ¡No somos pareja! — replicó la Russo — Este es desgraciadamente mi tonto hermano.

— Exacto, yo soy su tont... ¿Tonto? — reclamó Justin — Yo no soy el que sacó un cero en la prueba mágica de WizTech.

— ¡Ya basta, niños! Dejen de pelear — los reprendió Theresa.

— Esa habitación está bien — continuó hablando el Russo mayor con Tom.

— Aquí tienen su llave, su habitación es la 5.

Ayudaron a subir por las escaleras los equipajes y ya en la puerta, se detuvieron a despedirse.

— Mis hijos... — los abrazó Theresa — han crecido tan rápido, y ahora se van a un internado en escocia... — Lloriqueó.

— Alex... Justin... — habló Jerry — Mucha suerte, y me enorgullece que vayan a asistir a Hogwarts, en verdad los queremos — dijo complacido sus padre — Así que no lo arruinen, compórtense y Alex, no te metas en problemas porque allí no son tan pacientes como en América — la amenazó, o al menos lo intentó — Ah, y por cierto, aquí prefieren llamar "brujas" a las mujeres, no les parece apropiado decirles "magas".

— Un momento... — intervino Max — esto significa que... ¿Ahora seré como hijo único? ¡Oh, sí! — festejó, y luego se dirigió a sus hermanos, que lo veían atónitos — Ah, y también suerte chicos — y siguió festejando solo.

— De acuerdo, ya es hora de irnos, There, Max, tómense de las manos y Justin, ¿Puedes decir las palabras?

— Por supuesto, papá, Transporto Sub Waverly Auditoriu — dijo moviendo su varita en torno a ellos.

Y sus padres y hermano menor desaparecieron. Los dos adolescentes arrastraron sus maletas dentro de su cuarto, entraron junto con ellas y cerraron con llave la puerta. Adentro el lugar era muy pequeño aunque acogedor, con una sola cama, un sillón y algunos mueblecitos de roble en los que habían unos cuantos candelabros encendidos.

Inmediatamente al ver la única cama, Justin exclamó.

— ¡Me pido la cama! Lo siento, Alex — dijo burlón a la castaña.

— ¿En serio? — Alex bloqueó el camino de su hermano aventándole sus maletas y corrió con prisa a la cama para acostarse en ella, así acaparándola por completo — Lo siento, Justin — le devolvió triunfal.

Resignado, el ojiverde se acomodó en el sillón; su hermana le lanzó una sábana para que no se congelara, y una almohada también, pero no desaprovechó ese lanzamiento para molestarlo, ya que le dio un golpe en la cabeza. Rió escandalosamente por su travesura.

— Alex, ya deberías madurar.

— Jajajaja, ¡Por favor! admite que fue divertido — le decía mientras reía — Por cierto... ¿A qué se refiere la carta con lo de las casas?

— Leí algo en "El semanario del mago", Hogwarts conserva su información muy restringida fuera de sus muros, aunque afortunadamente lo de las casas si lo dan a conocer, el editor tomó su descripción de una publicación del diario "El Profeta" que...

— Blah, blah, blah, no me interesan esas ñoñerías — lo interrumpió su hermana rodando los ojos — ¿Qué es eso de las casas?

— Pfff... Hogwarts divide a su cuerpo estudiantil en cuatro casas de acuerdo a su... personalidad y características — hizo una pausa para ver si Alex le prestaba atención — Como en la carta lo mencionaba, las casas son Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin.

— ¿Y cuál es la diferencia entre cada una? — quiso saber impaciente la bruja.

— En Gryffindor se supone van aquellos que tienen valentía, decisión y coraje — dijo levantándose el cuello.

— Y... es seguro que en Gryffindor no quedarás — se burló la castaña.

— ¿Segura, Alex? Porque yo me veo con demasiadas posibilidades de quedar allí.

— Oh... ¿Apuesta? — retó con malicia — Si no quedas en Gryffindor, me darás 40 galeones, y si ganas, te daré todo mi dinero.

— Hecho, será una lástima cuando ya no tengas dinero ni para volver a casa cuando te expulsen — rió Justin casi sintiendo la victoria — La otra casa es Hufflepuff, y busca a aquellos que son leales y honestos, y estoy convencido que ahí nunca quedarás — se mofó.

— ¡Oye! yo si puedo ser muy leal y hones... Neee, esa no es mi casa — secundó Alex.

— Ravenclaw, suelen destacar por su sabiduría, honestidad e intelecto, pero también son bastante raros, chiflados — hizo una mueca estremecida — Por último, Slytherin... — Se estremeció un poco.

— ¿Qué pasa con ella? — inquirió curiosa.

— Es mal vista por las demás casas ya que los magos más oscuros y perversos han sido de allí — paró un momento — se caracteriza por tener jóvenes inteligentes, ingeniosos, astutos, líderes natos, aunque también son muy ambiciosos y gustan de romper las reglas... ¡Por Merlin, Alex! ¿Y si quedo en Slytherin? Tengo todas las cualidades — exclamó el Russo exasperado pero orgulloso.

— Oh, claro, Justin, te convertirás en el mago más perverso si eso llega a pasar — dijo con ironía la morena, ya que ella descartaba por completo que su hermano pudiera quedar en esa casa.

— Eso no pasará, porque tengo decisión — puso un gesto ridículamente arrogante.

— Como diga, Señor Russo — rodó los ojos.

— Bueno, Alex, ya deberíamos dormir, no quiero que lleguemos tarde.

— ¿En verdad puedes dormir ahora? En casa deben ser como las 5:00 pm — recriminó perezosa.

— Ya, para mí será complicado porque seis horas alteran gradualmente el horario que me autoestablecí — parecía un completo empollón explicando eso — pero tú puedes dormir a cualquier hora, de hecho siempre lo haces.

— Hey... ¡Tienes razón! — sonrió Alex afirmándolo — ¡Hasta mañana!

La bruja se giró dándole la espalda a su hermano mayor y quedó dormida al instante; Justin al ver que ya no le respondía, se levantó del asiento para apagar todas las luces, menos la que estaba junto a su sitio, se sentó de nuevo en el sillón, trató de acomodarse lo mejor que pudo para no despertar con dolor de espalda, se cubrió con la manta y se dispuso a dormir, aunque tardó varios minutos pensando sobre Hogwarts: para él, era un gran paso en su vida, iría al mejor Colegio de magia, acabaría con honores por sus brillantes calificaciones y así podría encontrar inmediatamente un buen puesto en el mundo mágico, aplicaría la justicia y usaría la magia apropiadamente.

Después de una hora dando vueltas en su cabeza, el ojiverde cayó rendido en un sueño profundo.