Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.


"A SUS CASAS" Y NOTICIAS


La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo, Justin inmediatamente la eligió como uno de sus futuros modelos a seguir, y Alex supo que se se encontrarían muy seguido yendo a la oficina del director.

— Los de primer año y los nuevos, profesora McGonagall —dijo el greñudo.

— Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era muy grande y cavernoso aunque en el suelo habían charcos de agua, probablemente por el resto de alumnos que había llegado antes, con la entrada de los nuevos, el suelo quedó más mojado aún. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas, el techo era tan alto que no se veía y una majestuosa escalinata de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Llevó a los Russo y los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor, Alex estaba incómoda por estar entre niños más pequeños, y Justin era el más nervioso y extasiado de la sala.

— Bienvenidos a Hogwarts — dijo la profesora McGonagall— El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de tomar sus asientos en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, sus casas serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasarán el tiempo libre en la sala común de esa. Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos vosotros sean un orgullo para la casa que les toque. La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Les sugiero que, mientras esperan, se arreglen lo mejor posible — dijo dubitativa ante el hecho de que todos estaban completamente empapados; los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la camisa parcialmente desabotonada y desarreglada de Alex, mirada que ella no comprendió — Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall— Por favor, esperen tranquilos.

Salió de la habitación. Todos los chiquillos murmuraban entre ellos sobre la selección, un par de niños se dirigió a los hermanos Russo.

— ¿Ustedes también entrarán a primero? — inquirió un niño de cabello oscuro.

— Son muy grandes para estar en primer año — opinó el segundo.

— No, yo me integraré a sexto año y mi hermana a cuarto — respondió Justin levantándose el cuello.

— Vaya... ¿Y saben cómo es el proceso de selección?

— No, pero si es una prueba estoy más que preparado, no tengo miedo de nada — sonrió engreído el Russo.

— ¿No eras tú el que gritaba por los relámpagos cuando cruzábamos el lago? — preguntó uno de los niños, borrando la sonrisa del rostro del ojiverde.

— ¡Sí, sí era él!, ¡MAMI! Jajajaja — reventó en carcajadas su hermana, siendo secundada por los dos niños y otros más que habían escuchado la conversación.

— ¡No grité por estar asustado! — intentó defenderse Justin — Sólo estaba practicando un hechizo y... ¡AAAAH! — gritó como niña al ver un fantasma pasar cerca de él.

— ¡JAJAJAJAJA! — se burlaron todos los chicos incluyendo a su hermana.

Unos veinte fantasmas más pasaron a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los nuevos. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:

— Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...

— Mi querido Fraile, ¿No le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos, y más con lo de hoy... ¿Lanzar globos con agua a los chicos y oponerse a McGonagall?... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?

El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año. Nadie respondió.

— ¡Alumnos nuevos! — dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos — Parece que han estado nadando con sus capas puestas — observó al verlos completamente mojados — Están esperando la selección, ¿no?

Algunos asintieron.

— ¿Ustedes también son nuevos? — continuó el Fraile al mirar a los Americanos.

— Sí, y también vamos a la selección — respondió Alex riendo por como su hermano se paraba detrás de ella aún con temor — Por cierto, ¿Conoces a un fantasma de nombre Mantooth? — El pelinegro bramó asustado en cuanto escuchó el nombre del fantasma que lo atemorizaba desde niño. Alex rió más.

— Por desgracia no, jovencita, y ayuda a tu compañero, parece que se hará en los pantalones.

Todos los niños estallaron en risas y señalaban burlones a Justin.

— En marcha — dijo una voz aguda — la Ceremonia de Selección va a comenzar.

La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.

— Ahora formen una hilera — dijo la profesora a los de primer año — ustedes dos, al final — indicó a los Russo — Síganme.

Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor encabezados por la Profesora; se hizo el silencio, el único ruido que se podía percibir era el chapoteo de los zapatos de los niños de primero y el de sus túnicas chorreando e inundando el pasillo central, los que estaban sentados no parecían haberse mojado tanto.

Estaba iluminado por cientos y cientos de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. Alex miró hacia el techo y vio el oscuro cielo cubierto de nubes con truenos destellando en la oscuridad.

— ¡Genial, mira Justin! no hay techo, pero no entiendo por qué arriba no llueve si en las ventanas se puede ver la tormenta — comentó la morena señalando a todos lados.

— No es el cielo de verdad, debe ser un encantamiento — explicó sin más.

— Estos encantamientos sí valen la pena aprender — dijo aún maravillada.

La profesora McGonagall condujo hasta el frente al nuevo alumnado y los hizo detener y formar una fila de cara al resto, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros expectantes que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas, pero se centraban especialmente en los Americanos por ser mayores, era raro que transfirieran a nuevos jóvenes al Colegio.

La bruja de túnica verde colocó un taburete de cuatro patas en el suelo ante los alumnos de primero y, encima de él, un sombrero extremadamente viejo, sucio y remendado. Toda la concurrencia lo miraba, los Russo estaban completamente confundidos. Entonces se abrió un desgarrón que el sombrero tenía cerca del ala, formando como una boca, y empezó a cantar:

"Hace tal vez mil años
que me cortaron, ahormaron y cosieron.
Había entonces cuatro magos de fama
de los que la memoria los nombres guarda:

El valeroso Gryffindor venía del páramo;
la bella Ravenclaw, de la cañada;
del ancho valle procedía Hufflepuff la suave,
y el astuto Slytherin, de los pantanos..."

Alex muy aburrida de esa canción, siguió observando el techo.

"...echaré un vistazo a tu mente
¡Y te diré de qué casa eres!"

En el Gran Comedor resonaron los aplausos (que despertaron a la joven bruja de su trance) cuando terminó de cantar el Sombrero Seleccionador. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez. Justin estaba más que nervioso, que no perdía de vista ni un detalle de lo que pasaba. La profesora McGonagall sacó y desplegó en aquel momento un rollo grande de pergamino.

— Cuando pronuncie sus nombre, se pondrán el sombrero y se sentarán en el taburete — dijo dirigiéndose a los de primero — Cuando el sombrero anuncie la casa a la que pertenecen, irán a sentarse en la mesa correspondiente.

Los hermanos visualizaron el acto: uno a uno, los niños al ser llamados pasaban al frente, se sentaban, colocaban el roído sombrero en sus cabezas y éste gritaba fuerte y claro la casa en la que eran seleccionados; con algunos era al instante de tocar sus cabezas que gritaba la casa, con otros demoraba varios segundos. Cada vez que un chico era mandado a una casa, los miembros de esa se levantaban y festejaban en recibimiento.

La fila se iba acortando, hasta que todos los pequeños ya habían sido distribuídos, sólo faltaban ellos dos. Albus Dumbledore, el hombre más viejo que estaba sentado en el centro de la mesa de profesores y que ya había sido mencionado que era el director, se puso de pie, caminó hacia una tarima y habló a todos los de comedor.

— Como ya se habrán dado cuenta, tenemos la presencia de dos jóvenes nuevos — hizo una pausa — ellos vienen desde Estados Unidos de América y se integrarán a sexto y cuarto año. Se han transferido desde el Colegio WizTech, les pido les den la bienllegada.

Los alumnos aún intrigados por sus presencia, aplaudieron fuerte para darles la bienvenida. La profesora continuó con su labor.

— Justin Vincenzo Pepe Russo.

El ojiverde aún temblando, avanzó con dificultad hacia el taburete, tomó asiento y se colocó el sombrero, una voz le murmuró.

— Que tenemos aquí... una mente muy brillante, haces todo por sobresalir... ¡RAVENCLAW!

Toda la mesa de Ravenclaw aplaudió feliz de recibir a su nuevo compañero, Alex le envió una sonrisa maliciosa a su hermano y le dijo sólo moviendo los labios "Perdiste", para luego aplaudir. En ese momento Justin recordó la apuesta... perdió, no quedó en Gryffindor.

— Alexandra Margarita Russo.

La sala nuevamente estaba en silencio, ella caminó con decisión y curiosidad, se sentó y se puso el sombrero.

— Interesante... otra Russo, eres una bruja muy poderosa, inteligente, muy ingeniosa sobre todo cuando se trata de bromas... aunque también tienes mucho valor, creo que a ti te pondré en... ¡SLYTHERIN!

Se quitó el sombrero de la cabeza y se dirigió hacia las serpientes, que se habían levantado para recibirla como se lo merecía ahora que era una de ellos y dirigirla su lugar, al lado de los de primer año.

McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador. El profesor Dumbledore sonrió a los alumnos, con los brazos abiertos en señal de bienvenida.

— Tengo sólo dos palabras que decir — dijo, y su profunda voz resonó en el Gran Comedor — ¡A comer! — y volvió a tomar su asiento.

Alex miró su plato vacío, estaba a punto de protestar cuando de pronto, ¡Puf! se quedó con la boca abierta. Los platos que había frente a ella de pronto estuvieron llenos de comida. Nunca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa y que no fuera comida rápida en paquetes grasientos de cartón: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsa de tomate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.

— ¡Esto sí que es el paraíso! — exclamó hipnotizada la morena y colocando en su plato un poco de todo. "Tal vez vivir en Hogwarts no estará nada mal..." pensó.

Devoraba como serpiente la nueva Slytherin, metiéndose bocados grandes a la boca y los tragaba casi sin masticar. Cuando aparecieron los postres, tomó tres que estaban cerca de ella y los engulló también. No deparaba a ver que la observaban atónitos por su velocidad al comer. Ni siquiera se dio cuenta que una figura varonil se había acercado a ella a tomar el asiento a su lado.

— Sabía que no me decepcionarías, Russo — habló una refinada y profunda voz cerca de su oído.

Alex miró a su lado izquierdo y se encontró con un rostro pálido que la miraba entretenido.

— Hola de nuevo, Malfoy — lo saludó sonriente, bebiendo de su copa.

— Que privilegio tenerte en Slytherin. En nuestra casa puedes tener la seguridad de que te relacionarás con las mejores familias de magos — pausó, lanzando una mirada llena de desprecio hacia un grupo de tres chicos de Gryffindor — Y no con los de la clase indebida.

— ¡Excelente! Al menos así papá dejará de decir que voy por mal camino — exclamó la bruja — Tú me agradas, estás en mi equipo, Malfoy — le sonrió la castaña.

— Dime Draco — dijo complacido.

— Y tú puedes llamarme Alex.

Dumbledore carraspeó un par de veces, llamando la atención de todo el cuerpo estudiantil, el rumor de charla que llenaba el Gran Comedor se apagó al instante, y sólo se oyó el silbido del viento y la lluvia golpeando contra los ventanales.

— ¡Bien! —dijo Dumbledore, sonriéndoles a todos — Ahora que todos estamos bien comidos debo una vez más rogar su atención mientras les comunico algunas noticias: El señor Filch, el conserje, me ha pedido que les comunique que la lista de objetos prohibidos en el castillo se ha visto incrementada este año con la inclusión de los yoyos gritadores, los discos voladores con colmillos y los 127 bumeranes-porrazo. La lista completa comprende ya cuatrocientos treinta y siete artículos, según creo, y puede consultarse en la conserjería del señor Filch.

La boca de Dumbledore se crispó un poco en las comisuras, luego prosiguió:

— Como cada año, quiero recordarles que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo — hizo una pausa, luego prosiguió — Es también mi doloroso deber informar de que la Copa de Quidditch no se celebrará este curso.

— ¡¿Qué?! ¡No puede ser! — bramó el rubio ante el comunicado.

— ¿Qué es Quidditch? — le preguntó Alex.

— Es el deporte sobre escobas más popular en la comunidad mágica, yo estoy en el equipo de Slytherin, soy el buscador — presumió Draco — y esta vez estaba seguro que ganaríamos, ¡No es justo!

Dumbledore continuó.

— Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores... pero estoy seguro de que lo disfrutarán enormemente. Tengo el gran placer de anunciar que este año en Hogwarts... — en aquel momento se escuchó un trueno ensordecedor, y las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe.

En la puerta apareció un hombre que se apoyaba en un largo bastón y se cubría con una capa negra de viaje. Todas las cabezas en el Gran Comedor se volvieron para observar al extraño, repentinamente iluminado por el resplandor de un rayo que apareció en el techo, Justin al ver esa escena no pudo evitar temblar de nuevo que se aferró al brazo de una de sus compañeras de Ravenclaw, quien se notaba incómoda

. Se bajó la capucha, sacudió una larga melena en parte cana y en parte negra, y caminó hacia la mesa de los profesores. Un sordo golpe repitió cada uno de sus pasos por el Gran Comedor. Llegó a un extremo de la mesa de los profesores, se volvió a la derecha y fue cojeando pesadamente hacia Dumbledore.

El resplandor de otro rayo cruzó el techo. Aquella luz había destacado el rostro del hombre, un hombre bastante horrendo, que a Alex le recordaba a Franken-Girl, pero en viejo y regordete. Cada centímetro de su piel parecía una cicatriz. La boca era como un tajo en diagonal, y le faltaba un buen trozo de la nariz. Pero lo que lo hacía verdaderamente terrorífico eran los ojos. Uno de ellos era pequeño, oscuro y brillante. El otro era grande, redondo como una moneda y de un azul vívido, eléctrico. El ojo azul se movía sin cesar, sin parpadear, girando para arriba y para abajo, a un lado y a otro, completamente independiente del ojo normal... y luego se quedaba en blanco, como si mirara al interior de la cabeza. De no ser porque estaban en Hogwarts, la Russo podría haberlo confundido con otra de las fallidas creaciones de su hermano... o con su hermano, sólo para fastidiarlo.

El extraño llegó hasta Dumbledore. Le tendió una mano tan toscamente formada como su cara, y Dumbledore la estrechó.

El extraño se sentó y sacudió su melena para apartarse el pelo entrecano de la cara; se acercó un plato de salchichas, lo levantó hacia lo que le quedaba de nariz y lo olfateó. A continuación se sacó del bolsillo una pequeña navaja, pinchó una de las salchichas por un extremo y empezó a comérsela, los Russo no pudieron evitar mirarse y reír calladamente, porque sus padre alguna vez comió así a falta de cubiertos.

— Les presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras — dijo animadamente Dumbledore, ante el silencio de la sala — el profesor Moody.

Nadie aplaudió, excepción de Hagrid y Dumbledore, y de Alex que se había distraído. pero paró en cuanto se dio cuenta de que la miraban desconcertados todas las casas y que era la única estudiante aplaudiendo.

Dumbledore carraspeó de nuevo.

— Como iba diciendo — siguió, sonriendo a la multitud de estudiantes que tenía delante, todos los cuales seguían con la mirada fija en Moody — tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informarles de que este curso tendrá lugar en Hogwarts... ¡El Torneo de los tres magos!

Los alumnos se veían entre sí emocionados; unos cuantos estaban confundidos como Alex, Justin y un chico de lentes redondos de Gryffindor. Antes de que la Russo pudiera preguntarle a su nuevo amigo ojigris, el director prosiguió.

— Bien, algunos de ustedes seguramente no sabe qué es el Torneo de los tres magos, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa: El Torneo de los tres magos tuvo su origen hace unos setecientos años, y fue creado como una competición amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Para representar a cada una de estas escuelas se elegía un campeón, y los tres campeones participaban en tres pruebas mágicas. Las escuelas se turnaban para ser la sede del Torneo, que tenía lugar cada cinco años, y se consideraba un medio excelente de establecer lazos entre jóvenes magos y brujas de diferentes nacionalidades... hasta que el número de muertes creció tanto que decidieron interrumpir la celebración del Torneo.

"Muertes... así que será divertido" pensó la castaña con una enorme sonrisa dibujada en su rostro, nada fuera de lo normal, ya que todas las serpientes sonreían igual de animados.

— En todo este tiempo ha habido varios intentos de volver a celebrar el Torneo — continuó el viejo — ninguno de los cuales tuvo mucho éxito. Sin embargo, nuestros departamentos de Cooperación Mágica Internacional y de Deportes y Juegos Mágicos han decidido que éste es un buen momento para volver a intentarlo. Hemos trabajado a fondo este verano para asegurarnos de que esta vez ningún campeón se encuentre en peligro mortal. En octubre llegarán los directores de Beauxbatons y de Durmstrang con su lista de candidatos, y la selección de los tres campeones tendrá lugar en Halloween. Un juez imparcial decidirá qué estudiantes reúnen más méritos para competir por la Copa de los tres magos, la gloria de su colegio y el premio en metálico de mil galeones.

— ¡Mil galeones! — exclamó interesada la Russo — Tentadora condecoración, pero el esfuerzo no es lo mío.

— ¡Va! Mil galeones no son nada, mi padre tiene millones.

— ¿En serio? — preguntó sorprendida Alex — Oye... creo que me empiezas a agradar más — rió, y Draco junto con ella.

En todas las casas, los jóvenes cuchicheaban y murmuraban entre sí emocionados ante la idea de participar y ser los campeones de Hogwarts. Dumbledore los interrumpió.

— Aunque me imagino que todos estarán deseando llevarse la Copa del Torneo de los tres magos — dijo — los directores de los tres colegios participantes, de común acuerdo con el Ministerio de Magia, hemos decidido establecer una restricción de edad para los contendientes de este año. Sólo los estudiantes que tengan la edad requerida, diecisiete años o más, podrán proponerse a consideración. Ésta... — el director levantó ligeramente la voz debido a que algunos hacían ruidos de protesta en respuesta a sus últimas palabras, especialmente unos gemelos pelirrojos, que parecían de repente furiosos — es una medida que estimamos necesaria dado que las tareas del Torneo serán difíciles y peligrosas, por muchas precauciones que tomemos, y resulta muy improbable que los alumnos de cursos inferiores a sexto y séptimo sean capaces de enfrentarse a ellas. Me aseguraré personalmente de que ningún estudiante menor de esa edad engañe a nuestro juez imparcial para convertirse en campeón de Hogwarts. Así pues, les ruego que no pierdan el tiempo presentándose si no han cumplido los diecisiete años. Las delegaciones de Beauxbatons y Durmstrang llegarán en octubre y permanecerán con nosotros la mayor parte del curso. Sé que todos tratarán a nuestros huéspedes extranjeros con extremada cortesía mientras están con nosotros, y que darán su apoyo al campeón de Hogwarts cuando sea elegido o elegida. Y ya se va haciendo tarde y sé lo importante que es para todos ustedes estar despiertos y descansados para empezar las clases mañana por la mañana. ¡Hora de dormir! ¡Andando!

Todos los magos y brujas se pusieron de pie y se dirigieron hacia la doble puerta del vestíbulo y de ahí se perdieron cada casa por su camino. Los niños de primero eran guiados por los prefectos de su casa, Alex no tuvo que ir tras ellos, ya que su rubio compañero la guiaba a ella.

Bajaron por unas escaleras a lo que le habían dicho eran las Mazmorras, y las serpientes se detuvieron frente a un muro. El prefecto que iba hasta adelante habló.

Shiddit Dsi-esss — farfulló.

Una puerta disimulada de piedra se abrió en la pared, dejando al descubierto el pasaje a la guarida verde esmeralda. Todos entraron.

La sala común de Slytherin era una sala larga, semisubterránea, con los muros y el techo de piedra basta. Varias lámparas de color verdoso colgaban del techo mediante cadenas. Debajo de la repisa labrada de la chimenea, crepitaba la hoguera, aunque a pesar de estar encendida, no dejaba de hacer frío. Los muebles de la sala común eran grandes sofás de cuero en color negro con botones plateados, además de copas de madera oscura, Alex ya estaba apartando con la mirada cual sería su sofá desde ahora. Lo más llamativo de esa sala era que a través de las ventanas podían observarse las profundidades del Lago Negro.

— Confortable... ¿Cierto? — le preguntó el ojigris.

— Lo es, aunque también lúgubre, me gusta — consintió la Russo.

— Es tarde, deberías ir a tu dormitorio — avisó Malfoy — es por allí — señaló una puerta — Descansa, Alex.

— Igualmente, Draco.

La sala ya se estaba vaciando, entonces caminó a donde el rubio platino le había indicado y entró al dormitorio. Pegadas a la pared habían varias camas con dosel de color esmeralda y plata, que en la mayoría ya habían chicas acostadas. Caminó hacia una de las camas vacías, una de ellas tenía a su lado su baúl y maletas; notó que sobre el buró al lado de la que parecía ser su cama, descansaba las prendas de su uniforme que le faltaba vestir, como la corbata, bufanda y suéter, ya con el escudo bordado y color de su casa, al igual que sus otras túnicas.

— ¿Tú eres Alexandra Russo? — preguntó una chica de cabello negro y piel pálida, que se estaba acomodando en la cama de al lado.

— Sí, soy yo, ¿Y tú?

— Pansy Parkinson — respondió — que gusto que hayas quedado en Slytherin, es una lástima que tu hermano no.

— Supongo... Aunque según lo que escuché sobre el perfil de las casas, no tenía posibilidades de quedar aquí — rió la castaña.

— Entonces mejor que quedara en Ravenclaw — sonrió con soberbia — suerte mañana, si necesitas ayuda, avísame. Noté que te llevas con Draco, y los amigos de él, también son míos — dijo fraternal.

— Gracias, Pansy — agradeció alegre Alex.

Las dos chicas se acostaron y la Russo no pudo evitar sonreír para sí pensando lo bien que le estaba yendo; en WizTech todos la detestaban y alababan al sabelotodo de su hermano, sin embargo aquí en tan solo una noche había conseguido hacer reír a los niños de primero con sus bromas, y también tenía ya dos amigos. Hogwarts sin duda era grandioso, no olvidaba el banquete.