Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).
Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.
DÍAS DE CLASES
Ya era de mañana y Alex no quería despertar; estaba tan bien acomodada en su cama que de haber sido por ella, se hubiera quedado dormida allí todo el año.
— ¡RUSSO, LEVÁNTATE AHORA! — le gritó Pansy intentando despertarla — De acuerdo, tendré que ser más extrema... —sacó su varita y apuntó hacia Alex —¡Melofors!
La cabeza de Alex fue recubierta por una calabaza. La castaña se levantó como resorte tocando donde antes sentía su cráneo.
— ¡¿Qué has hecho, Parkinson?! — cuestionó asustada.
— Levantarte. De nada — dijo burlona la ojiverde — la primer clase será historia, te veré en el Comedor, no tardes — giró para verla de nuevo — te ves mejor con cabeza de calabaza, jajaja — se burló.
— ¡Cállate!... — sacó su varita y la giró entorno a sí misma — Desaparece la calabaza que a mi cabeza reemplaza — y la cabeza se desvaneció — Perfecto.
— Tienes una magia muy extraordinaria.
— Pff, ojalá te escuchara mi papá decir eso, siempre me está regañando — rodó los ojos.
— Ve a bañarte y cámbiate enseguida, te veré arriba.
Alex se dirigió al baño que estaba en sus dormitorio, ya no había ninguna de las chicas, vaya que eran madrugadoras. Se bañó lo más rápido que pudo para despabilarse, salió, fue directo a su equipaje y sacó su ropa interior y un par de medias negras, se los puso y posteriormente se vistió el uniforme que descansaba sobre su buró, el uniforme que ya la representaba como una fiel miembro de Slytherin. Por último se equipó con una túnica negra que igualmente llevaba la insignia y color verde esmeralda.
Cepilló su ondulado cabello, largo hasta media espalda; lo dejó suelto, aplicó un poco de labial rosado en sus labios y salió de la habitación. Cruzó la sala común y se encontraba vacía, al parecer todos los de Slytherin eran sumamente tempraneros. Salió de la sala, caminó fuera de las mazmorras y finalmente llegó hasta el comedor. Al entrar vio a su hermano con la despeinada rubia Ravenclaw que habían conocido en el tren, y lo que la sorprendió más fue el hecho de que se encontraba sentado en la mesa de Gryffindor, junto con los tres leones que Draco despreciaba, el chico de anteojos, un pelirrojo y una castaña despeinada.
Volteó hacia la mesa de su casa y vio a sus amigos ahí. Se acercó y tomó asiento al lado de Parkinson.
— Que bien luces con esos colores, Alex — la galanteó Draco.
— Gracias, eso mismo me dije al verme al espejo — rió la Russo, todos rieron con ella.
— Te presento a mis amigos, ellos son Blaise Zabini y Theodore Nott... — dijo señalando a un chico de piel oscura, y a un delgaducho castaño — Ella es Pansy, aunque me ha dicho que ya se conocen, y Millicent Bulstrode — finalizó señalando a una chica regordeta de cabello negro — Chicos, como ya saben, ella es Alexandra Russo.
— Un gusto conocerte, Russo — dijo Theodore muy cortés.
— Bienvenida, Alex — dijo Millicent.
— ¡Serpiente nueva! excelente — exclamó animado Zabini.
Conversaban sobre la cabeza de calabaza de Alex cuando de repente oyeron sobre ellos un batir de alas, y un centenar de lechuzas entró volando a través de los ventanales abiertos. Llevaban el correo matutino. Las lechuzas volaron alrededor de las mesas, buscando a las personas a las que iban dirigidas las cartas y paquetes que transportaban.
La lechuza más grande de ojos naranjas, voló hasta Malfoy y se posó sobre su hombro, le llevaba dulces y pasteles procedentes de su casa, que compartió con su pandilla, a la que ahora pertenecía la Russo.
— ¡Alex! — la llamó su hermano desde la mesa escarlata — ¡Llego carta de mamá y papá!
— Iré a ver que nos han escrito — comentó la castaña.
— ¿Ese es tu hermano? — preguntó despectiva Pansy — vaya amistades que se carga.
— ¡Es amigo de la lunática! — se burló Millicent señalando a la rubia mechuda, Alex rió porque le asentaba bien el sobrenombre.
— Y de San Potter y la comadreja — agregó Draco con desprecio.
— Y de la sangre-sucia, que bajo a caído — finalizó Blaise.
— ¿La desarreglada que no deja de hablar es sangre-sucia? — quiso confirmar la Russo.
— Así es, y es de lo peor, es una engreída sabelotodo, cree que es la única que sabe las respuestas sólo por ser la aduladora oficial de los profesores.
— Eso me suena a Justin, supongo que por eso se lleva con ella — hizo un mohín — volveré enseguida.
Caminó hasta la mesa de Gryffindor por el llamado de su hermano, se paró a su lado.
— Miren, ella es Alex Russo, mi hermana — luego le hablo a ella — Él... es ¡Harry Potter! — le anunció emocionado con sus ojos verdes casi salidos de órbita — ¡Es el famoso niño que vivió!, él es Ron Weasley, ella Hermione Granger y no sé si la recuerdes a ella, estaba en el mismo compartimiento que nosotros, Luna Lovegood.
— Oh, genial — dijo antipática — ¿Algo importante llegó? — cambió de tema ignorando a los leones.
— Sólo una carta diciendo nuestros padres que nos desean suerte... y que no te metas en problemas, Alex.
— Jajaja, no prometo nada — rió la Russo — de acuerdo, volveré a mi mesa, luego nos vemos, Justin — y volvió con sus amigos.
— Justin... tengo la impresión de que no le agradamos a tu hermana — dijo Hermione incómoda.
— Que puedes esperar, es una serpiente y se lleva con Malfoy — opinó resentido el pelirrojo.
— Sólo no nos ha conocido, es todo — dijo Harry optimista.
— No esperen mucho de ella, Alex es así — comentó acostumbrado el Russo.
. . .
La clase de Historia que compartían con los de Ravenclaw pasó aburrida que la Russo se durmió, afortunadamente no la descubrieron porque Justin la despertó a tiempo lanzándole una bola de papel. Sonó la campana señalando que la clase había finalizado, y el grupo de alumnos se dividió, los de color azul y bronce subieron al aula de Transformaciones, y los de Slytherin salieron del castillo hacia la pequeña cabaña de madera de Hagrid, el gigante peludo. Los de Gryffindor ya estaban ahí.
Estaban viendo unas criaturas que parecían langostas deformes de unos quince centímetros de largo, sin caparazón, horriblemente pálidas y de aspecto viscoso, con patitas que les salían de sitios muy raros y sin cabeza visible. Despedían un intenso olor a pescado podrido. Mientras más se acercaban escuchaban lo que el gordo hablaba.
— Recién nacidos — dijo con orgullo Hagrid — para que puedan criarlos ustedes mismos. ¡He pensado que puede ser un pequeño proyecto!
— ¿Y por qué tenemos que criarlos? — interrumpió con voz fría Draco, Crabbe y Goyle, los que parecían sus guardaespaldas, rieron. Hagrid se quedó perplejo ante la pregunta — Sí, ¿Qué hacen? — insistió Malfoy — ¿Para qué sirven?
Hagrid abrió la boca, según parecía haciendo un considerable esfuerzo para pensar. Hubo una pausa que duró unos segundos, al cabo de la cual le respondió bruscamente.
— Eso lo sabrás en la próxima clase, Malfoy. Hoy sólo tienes que darles de comer. Pero tendrás que probar con diferentes cosas. Nunca he tenido escregutos, y no estoy seguro de qué les gusta. He traído huevos de hormiga, hígado de rana y trozos de culebra. Prueben con un poco de cada...
Siguió hablando el barbudo. Alex se quedó al lado de Draco, viendo con asco el "alimento" que había llevado Hagrid.
— Que asco, ¿Y si mejor usa esa cosa viscosa para peinar esa maraña de pelo de su cabeza? — bromeó para sí la castaña, pero los que alcanzaron a oírla reventaron a reir.
El trío dorado, como llamaban a Harry, Ron y Hermione, fueron los primeros en tomar puñados de hígado despachurrado y tratar de tentar con él a los escregutos. Pronto los siguieron otros de su casa. Las serpientes no se molestaron siquiera en acercarse.
—¡Ay! —gritó un chico de túnica negra con escarlata — ¡Me ha hecho daño! — Hagrid, nervioso, corrió hacia él —¡Le ha estallado la cola y me ha quemado! —explicó enfadado el muchacho, mostrándole a Hagrid la mano enrojecida.
— ¡Ah, sí, eso puede pasar cuando explotan! — dijo Hagrid, asintiendo con la cabeza — algunos tienen aguijón —repuso con entusiasmo Hagrid — probablemente son los machos... Las hembras tienen en la barriga una especie de cosa succionadora... creo que es para chupar sangre.
— Ahora ya comprendo por qué estamos intentando criarlos — dijo el rubio platino sarcásticamente — ¿Quién no querría tener una mascota capaz de quemar, aguijonear y chupar la sangre al mismo tiempo?
Alex estalló en carcajadas, siendo secundada por Zabini, Parkinson, Crabbe y Goyle.
— El que no sean muy agradables no quiere decir que no sean útiles — replicó Hermione con brusquedad — La sangre de dragón es increíblemente útil por sus propiedades mágicas, aunque...
— Blah, blah, a nadie le interesa eso, chica come-libros — interrumpió la Russo riendo — y puede que yo no lea mucho, pero sé muy bien que la sangre de dragón no tiene propiedades mágicas.
Granger no supo que más decir, la habían pillado en su mentira para callar a Malfoy y frente a las dos casas. "Estúpida Russo" pensó.
El resto del día continuó aburrido, a excepción de la hora de comida ya que las serpientes se la pasaban gritando en la mesa sobre como Alex había dejado muda a Hermione en la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.
En la tarde, cuando se había logrado escabullir de Pansy, andaba paseando por los confusos pasillos la bruja americana, cuando escuchó un escándalo en el vestíbulo y se acercó curiosa a observar: El profesor Moody, o como lo llamaban, Ojoloco Moody, tenía la varita en mano y apuntaba con ella a un hurón blanco que tiritaba sobre el suelo de losas de piedra, parados sin moverse estaba el trío dorado, Crabbe, Goyle... y un hurón blanco que corría.
— ¡Me parece que no vas a ir a ningún lado! — gritó Moody apuntando al hurón con la varita. El hurón se elevó tres metros en el aire, cayó al suelo dando un golpe y rebotó.
— No me gusta la gente que ataca por la espalda — gruñó Moody, mientras el hurón botaba cada vez más alto, chillando de dolor — Es algo innoble, cobarde, inmundo...
El hurón se agitaba en el aire, sacudiendo desesperado las patas y la cola.
— No... vuelvas... a hacer... eso... —dijo Moody, acompasando cada palabra a los botes del hurón.
— ¡Profesor Moody! — exclamó una voz horrorizada. La profesora McGonagall bajaba por la escalinata de mármol, cargada de libros — ¿Qué... qué está usted haciendo? ¡¿Eso es un alumno?!
— Sí — contestó.
— ¡No! — vociferó la profesora McGonagall, bajando a toda prisa la escalera y sacando la varita. Al momento siguiente reapareció Malfoy con un ruido seco, hecho un ovillo en el suelo con el pelo lacio y rubio caído sobre la cara. Haciendo un gesto de dolor, se puso en pie. La Profesora McGonagall se puso a regañar a Ojoloco.
Malfoy, que aún tenía los ojos llenos de lágrimas a causa del dolor y la humillación, se fue enfurecido hacia las mazmorras. Pasó tan cerca de Alex al andar por el pasillo que chocaron sus hombros haciendo que la morena se golpease la espalda con la pared.
— ¡Aaauch! — gruñó — ¿Estás bien, Draco? — preguntó preocupada.
— ¡NO! ¡ESTOY HARTO DE ESOS TRES! — exclamó iracundo el ojigris — Todos están siempre de su lado... tú no sabes nada porque eres nueva, Alex... — hablaba arrastrando con suavidad las palabras — vayamos a la Sala común.
Los dos muchachos se dirigieron a las mazmorras para entrar a su estancia subterránea, y dentro tomaron asiento en un sofá negro frente a la chimenea llameante.
— Mi padre me ha contado... — comenzó a narrar Malfoy — que hace años hubo un mago muy poderoso que estaba empeñado en darle justicia a la magia, y magos de antiguas familias, sangre pura, lo apoyaban... Si nosotros somos tan poderosos... ¿Por qué debemos ocultarnos de aquellos que no tienen poder?. Los muggles deberían servirnos, y los sangre-sucia no deberían existir, ya que son aberraciones para la comunidad mágica.
— ¿Es por eso que te desagrada tanto Granger? — el rubio platino asintió — siempre me he sentido privilegiada de ser bruja, pero no sé si los muggles deberían ser tratados como sirvientes, recuerda que mi mamá es muggle.
— Que tu madre sea muggle no es culpa tuya, sino de tu padre, al menos tú vienes siendo una descendiente de un linaje mágico de hace generaciones por lo que entiendo — la Russo se puso a pensar porque, sí, en parte ella había visto inferiores a los mortales, pero n podía imaginar a su mamá siendo esclavizada — Ese mago, el heredero de Slytherin — continuó con su relato — cuyo nombre no debes mencionar, tuvo el control del Ministerio de Magia y gobernó toda Inglaterra; por una profecía se aventuró a asesinar a el hijo de los Potter, Harry, cuando era un recién nacido; fue por él, sus padres se opusieron pero no eran lo suficiente para poder enfrentarlo, así que los mató. Lamentablemente cuando lanzó la maldición imperdonable a su madre, le rebotó. Ella murió, el cuerpo del señor tenebroso fue destruido y el único que sobrevivió fue Potty. Su cicatriz en la frente fue lo que quedó de esa noche.
— Vaya, ahora entiendo lo de "El niño que vivió", Pff — rodó los ojos la castaña.
— Los seguidores del heredero tenían la esperanza de que Potter continuara el legado, pero no lo hizo, se convirtió en amigo de los sangre-sucia. Al igual que los Weasley, son traidores a la sangre. Lo más detestable es que todos protegen al cara rajada, siempre están a su favor por ser la gran celebridad, por ser "el niño que vivió"... — hizo una pausa — Pero él volverá, Lord... Voldemort regresará.
Después de esa charla Alex no sabía que pensar: admitía que compartía ideas con Draco, pero lo aterrador que sonaba esa historia le erizaba la piel, ese anterior Slytherin en vez de apreciarse como un salvador de la magia, parecía de aquellos hechiceros sedientos de poder, peor que Malvadini o Ronald Longcape Jr de WizTech.
. . .
Los dos días siguientes pasaron sin grandes incidentes, Alex había dejado de pensar en su conversación con Draco ya que cada vez que lo hacía, le recorrían escalofríos y una inmensa curiosidad por tener de frente a "El señor oscuro".
Ese día tendrían clase por primera vez con Ojoloco, y Malfoy estaba insoportable ya que no quería asistir. entre Pansy y Alex lo convencieron de entrar a clase y se sentaron a sus flancos para no dejarlo escapar. No tardaron en oír el peculiar sonido sordo y seco de los pasos de Moody provenientes del corredor antes de que entrara en el aula, tan extraño y aterrorizador como siempre.
El profesor dio la indicación a todos de que guardaran sus libros por que no servían de nada, "Creo que me gustará la clase" pensó la castaña. Comenzó a pronunciar los nombres, recorriendo la lista con su ojo normal mientras el ojo mágico giraba para fijarse en cada estudiante conforme respondía a su nombre. Cuando pasó el nombre de Malfoy, ambos se lanzaron miradas repulsivas.
— Bien — dijo cuando el último de la lista hubo contestado "presente" — Maleficios. Varían mucho en forma y en gravedad. Según el Ministerio de Magia, yo debería enseñarles las contramaldiciones y dejarlo en eso. No tendrían que aprender cómo son las maldiciones prohibidas hasta que estén en sexto. Pero estoy seguro que muchos aquí... ya les conocen poco más del nombre... — dijo observando sin disimulo a los de Slytherin — Un mago que esté a punto de echarles una maldición prohibida no va a avisar antes. No es probable que se comporte de forma caballerosa. Tienen que estar preparados. Tienen que estar alerta y vigilantes. Así que... ¿alguno de ustedes quiere decir cuáles son los maleficios más castigados por la ley mágica?
— El maleficio imperius — dijo Pansy levantando la mano.
— Así es — aprobó Moody — En otro tiempo la maldición imperius le dio al Ministerio muchos problemas.
Ojoloco se levantó con cierta dificultad sobre sus disparejos pies, abrió el cajón de la mesa y sacó de él un tarro de cristal. Dentro correteaban tres arañas grandes y negras. Metió la mano en el tarro, cogió una de las arañas y se la puso sobre la palma para que todos la pudieran ver. Luego apuntó hacia ella la varita mágica y murmuró entre dientes.
— ¡Imperio!
La araña empezó a hacer acrobacias con su tela, a bailar y dar vueltas sobre sus patas, todos se reían excepto e Profesor.
— Les parece divertido, ¿verdad? — gruñó — ¿Les gustaría que se lo hicieran a ustedes? — La risa dio fin casi al instante, excepto por la Russo que seguía divertida — Esto supone el control total, yo podría hacerla saltar por la ventana, ahogarse, colarse por la garganta de cualquiera de vosotros... Hace años, muchos magos y brujas fueron controlados por medio del maleficio imperius — explicó Moody — Le dio bastante que hacer al Ministerio, que tenía que averiguar quién actuaba por voluntad propia y quién, obligado por la maldición. Yo les enseñaré cómo combatir esta maldición, pero se necesita mucha fuerza de carácter, y no todo el mundo la tiene. Lo mejor, si se puede, es evitar caer víctima de ella. ¡ALERTA PERMANENTE! —bramó, y todos se sobresaltaron.
— ¿Otra maldición prohibida?
— La maldición cruciatus — habló ahora Zabini.
Ojoloco tomó otra araña y la puso sobre la mesa, le apuntó con su varita y susurró Engorgio para hacerla crecer, a la morena la araña grande le recordaba a la cabellera de Hagrid.
— La maldición cruciatus precisa una araña un poco más grande para que podáis apreciarla bien — el profesor levantó otra vez la varita, señaló de nuevo a la araña y murmuró — ¡Crucio!
De repente, la araña encogió las patas sobre el cuerpo. Rodó y se retorció cuanto pudo, balanceándose de un lado a otro. No profirió ningún sonido, pero era evidente que, de haber podido hacerlo, habría gritado. Moody no apartó la varita, y la araña comenzó a estremecerse y a sacudirse más violentamente.
— Jajaja... — Alex se tapó inmediatamente la boca para callar su risa, pero ya era tarde, Ojoloco ya la había escuchado. Reducio dijo y encongió a la araña, aún herida, a su tamaño habitual.
— Tú — dijo señalando a la castaña — ¿Alexandra Russo?
— Sí, profesor — dijo relajando su sonrisa del rostro.
— ¿Te ha parecido gracioso usar la maldición cruciatus? ¿Te gustaría que la usaran contra ti? — Moody la miraba intenso — No se necesitarían cuchillos ni carbones encendidos para torturarte con este maleficio — reprendió sombrío a la bruja — ¿Sabes cuál es la otra maldición?
Alex por supuesto, no sabía la respuesta, empezaba a decir frases como "Oh, la maldición prohibida... he escuchado de ella..." en lo que se le ocurría algo que responder, hasta que una voz fría a su lado contestó en su lugar.
— Avada Kedavra — dijo Draco lúgubre.
— ¡Ah! — exclamó Moody, y la boca torcida se contorsionó en otra ligera sonrisa — Sí, la última y la peor. Avada Kedavra: la maldición asesina — Agarró la tercer araña y la puso sobre su mesa —¡Avada Kedavra! —gritó Moody.
Hubo un cegador destello de luz verde y un ruido como de torrente, como si algo vasto e invisible planeara por el aire. Al instante la araña se desplomó patas arriba, sin ninguna herida, pero indudablemente muerta.
— No es agradable — prosiguió el profesor — Ni placentero. Y no hay contramaldición. No hay manera de interceptarla. Sólo se sabe de una persona que ha sobrevivido a esta maldición, Harry Potter — todas las serpientes fruncieron el ceño ante la mención de su nombre.
— Avada Kedavra es una maldición que sólo puede llevar a cabo un mago muy poderoso. Podrían sacar las varitas mágicas todos ustedes y apuntarme con ellas y decir las palabras, y dudo que entre todos consiguieran siquiera hacerme sangrar la nariz. Pero eso no importa, porque no les voy a enseñar a llevar a cabo esa maldición. No existe una contramaldición para Avada Kedavra, Pero tienen que conocerla. Ninguno de ustedes querrá hallarse en una situación en que tenga que enfrentarse a ella. ¡ALERTA PERMANENTE! — bramó, y toda la clase volvió a sobresaltarse — Esas tres maldiciones, Avada Kedavra, Cruciatus e Imperius, son conocidas como los maleficios imperdonables. El uso de cualquiera de ellas contra un ser humano está castigado con cadena perpetua en Azkaban. Quiero prevenirlos, quiero enseñarles a combatirlas. Saquen las plumas y copien lo siguiente...
El resto de la clase tomaron apuntes sobre cada uno de los maleficios imperdonables. Nadie habló hasta que sonó la campana.
— Son muy interesantes esos maleficios — "Justin se morirá cuando sepa que he visto lo mismo que él a pesar de ir en cuarto" Pensó Alex contenta.
— Sí son fascinantes — pausó el rubio — ¿Te has dado cuenta que pareces una bruja siniestra sonriendo por los maleficios? — sonrió Malfoy.
— ¡Calla, Draco! — rió — es cosa de Americanos reírnos hasta de lo más grave y espeluznante — susurró fingiendo contarle un secreto.
— Iré a la Sala común, ¿Vienes, Alex? — preguntó mirandola intensamente con sus ojos grises.
— No, lo siento, iré a la biblioteca — se disculpó la castaña.
— ¿Biblioteca? ¿Tú yendo a la biblioteca? — Draco enarcó una ceja burlón.
— En realidad no, sólo quería sonar interesante, jajaja — rió escandalosa — iré a espiar en las aulas de arriba, a ver si encuentro algo interesante, ¡luego te veo!
El rubio platino se fue en dirección a las mazmorras, mientras que Alex subió las escaleras de mármol. No sabía exactamente a donde iba, ella sólo continuó subiendo, vigilando que no hubieran prefectos, husmeando algunos salones que tenían las puertas abiertas y así hasta que llegó a la torre de Astronomía. En un principio no quería entrar, le parecía aburrida pero un murmullo le llamó la atención. "¿Qué debería hacer? retirarme antes de que alguien me vea, avisar a alguien que he escuchado algo por aquí, o entrar a averiguar yo sola con la guardia baja... bien, creo que entraré" y se adentró a la aula. Avanzaba con pasos cortos y lentos, hasta que llegó a un librero: del otro lado estaban dos pelirrojos idénticos sentados en el suelo con un par de botellas en las manos de lo que parecían pociones.
Se inclinó en un intento por ver mejor pero pisó su túnica y cayó sobre un telescopio.
— Excelente, ni siquiera soy buena para espiar — dijo a sí misma haciendo pucheros.
— Mira que tenemos aquí, George, una serpiente fuera de su agujero — dijo uno de ellos poniéndose de pie.
— Creo que ssssu lengua la ha delatado — Siseó el otro, ofreciéndole la mano para levantarse — ¿Qué haces por aquí, Slytherin?
— ¿Buscabas alimento?
— ¿Un ratón?
— ¿Una pequeña ave?
— ¿O un cerdo?
— Podrías comerte a la Señora Norris, la gata de Filch.
— Esa es una buena idea, Fred, así dejaría de acusarnos.
— Tal vez debería comerme un par de comadrejas — bromeó Alex, divertida por los chicos.
— O tal vez nosotros deberíamos comernos una serpiente — le sonrieron — Yo soy Fred, él es mi hermano George — se presentó uno de los pelirrojos.
— Yo soy George, él es mi hermano Fred — dijo el otro gemelo.
— Yo soy Alex y... — miró a sus costados — soy Alex — rió tontamente.
— Esta serpiente me agrada, ¿Eres Russo, la nueva? — le preguntó uno de los dos, que no sabía si era Fred o George.
— Esa soy yo — dijo sacudiendo su cabello — ¿Qué estaban haciendo con esas pociones? — inquirió curiosa.
— Aún no sabemos, experimentábamos a ver que salía.
— Será algo fabuloso.
— ¿Para qué servirá? — preguntó más interesada aún.
— Tampoco sabemos, pero haremos grandes travesuras con esto.
— ¡Oh, eso me gusta! — sonrió maliciosamente la Russo — les puedo ayudar, tengo muchas ideas — se ofreció feliz la castaña.
— No lo sé, nos serviría tener otra mente maestra, ¿Tú que dices George? — preguntó un pelirrojo viendo a su hermano.
— Y una Slytherin, podríamos hacer grandes cosas, me parece bien, Fred — respondió correspondiéndole la mirada de complicidad.
— Bienvenida a los Weasley, Russo — hablaron al unisono.
Cargaron a Alex sobre sus hombros y le contaron algunas historias de sus bromas pasadas, la morena hizo lo mismo narrándoles sus cotidianas travesuras que le jugaba a Justin. Pasaron toda la tarde así en la torre de Astronomía hasta que fue hora de que volvieran cada uno a su casa.
