Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.


CAMPEONES


Alex salió del Gran Comedor justo detrás de Harry Potter y se encontró en una sala más pequeña, misteriosa y empolvada como todo el castillo. Las puertas oxidadas se abrieron en automático cuando los dos jóvenes se pararon enfrente, ambos se lanzaron una mirada indecisa tratando de encontrar respuestas en sus ojos pero ni uno de los dos las tenía. Cruzaron al interior encontrándose con una habitación muy curiosa, las paredes estaban tapizadas de retratos de magos y brujas y habían mueblecillos y escaparates repletos de copas y trofeos de oro que evidentemente habían quedado en el profundo olvido de esa habitación. Delante se hallaba una chimenea, Viktor Krum, Cedric Diggory y Fleur Delacour estaban de pie ahí. Con sus siluetas recortadas contra las llamas, tenían un aspecto curiosamente imponente. Krum, cabizbajo y siniestro, se apoyaba en la repisa de la chimenea, ligeramente separado de los otros dos. Cedric, de pie con las manos a la espalda, observaba el fuego. Fleur Delacour los miró cuando entraron y colocó hacia atrás su larga cortina de pelo rubio.

— ¿Qué pasa? — preguntó, creyendo que habían entrado para transmitirles algún mensaje — ¿«Quieguen» que volvamos al «comedog»?

Detrás de ellos, la puerta volvió a abrirse para dar paso a un grupo numeroso de gente: el profesor Dumbledore, seguido de cerca por el señor Crouch (un hombre canoso), Bagman (un famoso ex golpeador de Quidditch), el profesor Karkarov, Madame Maxime, la profesora McGonagall y el profesor Snape.

— ¿Qué significa todo esto, «Dumbledog»? —preguntó Madame Maxime imperiosamente.

— Es lo mismo que quisiera saber yo, Dumbledore — dijo el profesor Karkarov. Sus azules ojos parecían pedazos de hielo — ¿Tres campeones de Hogwarts? No recuerdo que nadie me explicara que el colegio anfitrión tuviera derecho a tres campeones. ¿O es que no he leído las normas con el suficiente cuidado?

— C'est impossible! — exclamó Madame Maxime — «Hogwag» no puede «teneg» tres campeones. Es absolutamente injusto.

— Creíamos que tu línea de edad rechazaría a los aspirantes más jóvenes, Dumbledore — añadió Karkarov — De no ser así, habríamos traído una más amplia selección de candidatos de nuestros colegios.

— No es culpa de nadie más que de Potter y Russo, Karkarov —intervino Snape con voz melosa y llena de malicia — No hay que culpar a Dumbledore del empeño de estos niños en quebrantar las normas, y Potter desde que llegó no ha hecho otra cosa que traspasar límites...

— Gracias, Severus —dijo con firmeza Dumbledore, y Snape se calló, aunque sus ojos siguieron lanzando destellos malévolos.

El profesor Dumbledore miró a Alex por un momento y su mirada se recorrió a Harry. Parecían tener un duelo de miradas, cada uno tratando de leer la mente del otro. La morena aprovechó esa distracción para alejarse de la manada de magos furiosos parándose cerca de la chimenea con los campeones.

— ¿Pusiste tu nombre en el cáliz de fuego, Harry? — le preguntó Dumbledore con tono calmado.

— No — contestó Harry.

— ¿Le pediste a algún alumno mayor que pusiera tu nombre en el cáliz de fuego? — inquirió el director.

— No — respondió Harry con vehemencia.

— Él no pudo cruzar la línea de edad — dijo severamente la profesora McGonagall.

— «Dumbledog» pudo «habeg» cometido algún «egog» — replicó Madame Maxime, encogiéndose de hombros.

— Por supuesto, eso es posible — admitió Dumbledore por cortesía.

El profesor Snape que no había pasado desapercibido la huida de la joven bruja, llegó tras sus espaldas haciéndola brincar del susto.

— Russo... ¿Puso o no su nombre en el cáliz? — preguntó exigiendo su respuesta.

— Yo... — titubeó sonriendo buscando una escapatoria — Es posible que sí — admitió.

Al parecer el profesor de Pociones no esperaba tal respuesta por el modo sorpresivo en que abrió sus oscuros ojos más de la cuenta.

— ¿Cómo lo hizo?... — cada vez se veía más serio Snape.

— Se los dije, «Dumbledog» cometió un «egog» si esta niña pudo «buglag» su «seguguidad» — exclamó Madame Maxime.

— Señor Crouch... señor Bagman —dijo Karkarov, de nuevo con voz afectada — ustedes son nuestros jueces imparciales. Supongo que estarán de acuerdo en que esto es completamente irregular.

— Hay que seguir las reglas, y las reglas establecen claramente que aquellas personas cuyos nombres salgan del cáliz de fuego estarán obligadas a competir en el Torneo.

— Voy a presentar mi queja ante el Ministerio de Magia y la Confederación Internacional de Magos...

— Si alguien tiene motivos para quejarse es Potter — gruñó Moody que acababa de entrar a la sala — arrojaron su nombre al cáliz para un torneo que todos sabemos puede ser mortal... todos sabemos de su fama, tal vez alguien espera que Potter muera — replicó Moody, con un levísimo matiz de exasperación en la voz — Fue una bruja o un mago competente el que echó el nombre del muchacho en el cáliz.

A estas palabras les siguió un silencio extremadamente tenso. Ludo Bagman, que parecía muy nervioso, se alzaba sobre las puntas de los pies y volvía apoyarse sobre las plantas.

— ¡Ah!, ¿qué «pgueba» hay de eso? — preguntó Madame Maxime, alzando sus enormes manos.

— ¡Que consiguió engañar a un objeto mágico extraordinario! —replicó Moody—. Para hacerle olvidar al cáliz de fuego que sólo compiten tres colegios tuvo que usarse un encantamiento confundidor excepcionalmente fuerte... Porque creo estar en lo cierto al suponer que propuso el nombre de Potter como representante de un cuarto colegio, para asegurarse de que era el único en su grupo...

— Parece que has pensado mucho en ello, Moody —apuntó Karkarov con frialdad — pero estás olvidando el detalle de que no han sido seleccionados cuatro, sino cinco, y esta niña ha aceptado que arrojó su nombre dentro del cáliz.

— Puede que... el encantamiento haya sido muy descontrolado ocasionando que el Cáliz de fuego, al considerar a Russo competente para el torneo, sacara su nombre también — analizó Ojoloco.

— Já — se burló Karkarov — una teoría muy ingeniosa... aunque he oído que recientemente se te metió en la cabeza que uno de tus regalos de cumpleaños contenía un huevo de basilisco astutamente disimulado, y lo hiciste trizas antes de darte cuenta de que era un reloj de mesa. Así que nos disculparás si no te tomamos demasiado en serio...

— Hay gente que puede aprovecharse de las situaciones más inocentes — contestó Moody con voz amenazante — Mi trabajo consiste en pensar cómo obran los magos tenebrosos, Karkarov, como deberías recordar.

— ¡Alastor! —dijo Dumbledore en tono de advertencia a Ojoloco, para luego dirigirse a los demás — No sabemos cómo se ha originado esta situación, pero me parece que no nos queda más remedio que aceptar las cosas tal como están. Tanto Cedric como Harry y Alexandra han sido seleccionados para competir en el Torneo. Y eso es lo que tendrán que hacer.

Alex ya había olvidado la razón por la que se encontraba allí hasta que el director dijo su nombre. Era evidente que la conversación se concentraba en que Hogwarts tenía el triple de campeones, o en Potter, pero definitivamente a ella no la consideraban, más que para recriminar el número de participantes. "¿No se supone deberían castigarme? ¿Dónde está ese espíritu de romper las reglas?" pensaba.

— Bueno, ¿Manos a la obra? tenemos que darles las instrucciones a nuestros campeones, ¿no? — habló Bagman entusiasmado — Barty, ¿quieres hacer el honor?

— Sí — respondió — La primera prueba está pensada para medir vuestro coraje — les explicó a Alex, Harry, Cedric, Fleur y Krum— así que no les vamos a decir en qué consiste. Se llevará a cabo el veinticuatro de noviembre, ante los demás estudiantes y el tribunal. A los campeones no les está permitido solicitar ni aceptar ayuda de ningún tipo por parte de sus profesores para llevar a cabo las pruebas del Torneo. Harán frente al primero de los retos armados sólo con su varita. Cuando la primera prueba haya dado fin, recibirán información sobre la segunda. Debido a que el Torneo exige una gran dedicación a los campeones, éstos quedarán exentos de los exámenes de fin de año — El señor Crouch se volvió hacia Dumbledore. — Eso es todo, ¿no, Albus?

"¡¿Exenta de los finales?!, hey... tal vez esto no es tan malo..." pensó la Russo.

— Creo que sí — respondió Dumbledore — Profesor Karkarov, Madame Maxime, ¿Una bebida antes de que nos retiremos a descansar? — ofreció Dumbledore.

Pero fue ignorado por los directores que tomaron a sus campeones y se retiraron de la sala en silencio.

— Harry, Cedric, Alexandra, les recomiendo que suban a los dormitorios — les dijo Dumbledore, sonriéndoles — Estoy seguro de que las casas de Hufflepuff, Gryffindor y Slytherin los aguardan para celebrarlo con ustedes.

Los tres jóvenes salieron juntos y caminaron por el despoblado comedor.

— O sea — comentó Cedric Diggory con una sutil sonrisa encantadora — ¡Que desde ahora somos rivales!

— Eso parece —repuso Harry. Alex simplemente no respondió.

— Bueno, cuéntame, Harry — dijo Cedric cuando entraban en el vestíbulo, pálidamente iluminado por las antorchas — ¿Cómo hiciste para dejar tu nombre?

— No lo hice — contestó Harry levantando la mirada hacia él — Yo no lo puse. He dicho la verdad.

—Ah... vale — respondió Cedric. Era evidente que no le creía — Bueno... hasta mañana, pues.

Cedric y Alex que tomaban el mismo rumbo escaleras abajo, abrieron una puerta y desaparecieron en ella dejando a un Harry Potter solo y preocupado en el vestíbulo.

— ¿Alexandra Russo, cierto? — le sonrió el galante chico — ¿Tu sí me contarás?

— Esa soy yo — dijo la morena sin mucho ánimo — pues improvisé con dos hechizos de América, uno para mover objetos y el otro para atravesar lo que sea.

— ¿Y con eso bastó? ¿No hubo repercusiones? — preguntaba asombrado el mago — ¡Wooh! ¡Por eso te seleccionó el Cáliz!

Terminaron de bajar las escaleras de piedra, se despidieron con un sencillo "Hasta mañana" y cada uno tomó rumbo a su Sala común, el Hufflepuff se dirigió a las cocinas y la Russo a las mazmorras. Anduvo hasta llegar al muro que daba a su sala, pronunció "Shiddit Dsi-esss" para abrir el pasaje y entró. Recién llegando a la Sala común, todas las serpientes sisearon en honor a la campeona de Slytherin, Alex. La estancia estaba decorada por elegantes estandartes con el escudo de Slytherin y mesas con manteles esmeraldas junto a la chimenea en las que se podían divisar charolas de plata con montañas de dulces y bebidas.

— ¡ARRIBA, ALEXANDRA! — gritó a coro la concurrencia en la sala, que había hecho aparecer serpentinas y confeti sobre ella.

Todos los presentes abrían camino a una cabeza rubia casi blanca que sobresaltaba sobre los demás, al príncipe de Slytherin, que apetecía de felicitar a la castaña cara a cara.

— No sólo triunfaste sobre el secular Dumbedore, te has perfilado como campeona también... — arrastraba armónico las palabras — ¡Vanaglorias nuestra casa! ¡Eres el paradigma Slytherin!

— ¿Eso es una felicitación, Draco? — rió Alex sin haber entendido la mitad de lo que le había dicho su amigo.

— Probablemente — enarcó una ceja, se acercó a ella y la abrazó.

Una vez consumado su estrujón, como imanes al hierro el resto de las serpientes se abalanzaron sobre la Russo para abrazarla, una abrazo grupal aunque se sentía a morir aplastada por una avalancha, o asfixiada por el larguirucho cuerpo de las víboras.

— Ya, ya, ya, demasiados abrazos, vayan a las botanas — habló Zabini por encima del bullicio, corriéndolos con sutileza — ¡Es mi turno, Russo! — el moreno la envolvió en un amistoso abrazo de oso.

— Suficiente, Blaise — dijo el pálido ojigris ocultando su recelo bajo una falsa sonrisa — no acapares a Alex, que me debe gratificar por encenderle el foco esta tarde — tomó la mano de la bruja y la jaló hacia él — ¿Gustas unas tartas de melaza, grageas, meigas fritas...?

— Oh, me quedo con las grageas — sonrió la campeona — veamos a quien le toca una sabor a mocos — lo retó sonriendo y corriendo enganchada a Malfoy hasta las mesas de dulces.

. . .

En la Sala común de Gryffindor, una celebración igual le aguardaba a Potter. Harry no estaba animado en lo absoluto, al contrario.

Consiguió desprenderse de todo el mundo para poder subir a su dormitorio lo más rápido posible

Para su alivio, frente a la puerta del dormitorio estaba de pie su mejor amiga Hermione Granger.

— Harry... dime que no pusiste tú tu nombre en el cáliz — le preguntó preocupada lanzándose a sus brazos.

— No lo hice, Hermione — simplemente respondió. No quería preocuparla contándole acerca de la teoría de Ojoloco sobre que "alguien quería que muriera".

— ¿Y? ¿Dumbledore hará algo para que no participes? — quiso saber la castaña de rizos alborotados.

— No... Crouch dice que son las reglas, el Cáliz de Fuego eligió mi nombre y el de Alexandra... debemos participar — respondió intentando mantener baja su preocupación en su tono de voz.

— ¡¿Russo también?! ¡¿Y su nombre cómo llegó ahí?! — exclamó encolerizada Hermione — Es muy irresponsable e incompetente para este torneo, si participa no sólo se pone en riesgo ella, sino a todo Hogwarts, ¡Destruirá la mitad del Colegio antes de poder terminar una prueba!

— Concuerdo contigo en que es un poco irresponsable...

— Já, ¡¿Un poco?! — interrumpió.

— Pero es bastante hábil — prosiguió Harry con voz calmada — logró ser la única en burlar el encantamiento de Dumbledore, es astuta.

— Cuestión de suerte, no me parece que sea una buena bruja — reprochó. Pensó por varios segundos hasta que a su enorme cabeza le atravesó una duda — si ella fue... la única en traspasar la línea de edad, ¿No crees que...

— ¿Que pudo ser ella quien puso mi nombre? — terminó la frase el azabache — Sí. Lo he pensado, aunque ¿Por qué lo haría?

— Por Godric Gryffindor... ¡Es una Slytherin! y peor aún, del serpentario de Malfoy — dijo obviando su respuesta — incluso corren el rumor de que están saliendo. Así que si el hurón se empeña en perjudicarte, claramente su secuaz también lo hará.

— Trataré de averiguar si fue ella o no — sentenció. Dado por terminado ese tema, preguntó — ¿Y Ron?

— Adentro, ya debe estar dormido — contestó de manera maternal — pero, Harry... Ron cree que tú pusiste tu nombre en el Cáliz y no le quisiste decir... — movía demasiado su ceño por los nervios — él... está muy enojado.

— Vaya... hablaré con él en la mañana, ahora es cuando más necesito a los dos.

— Descansa, Harry, te veré en la mañana.

Granger abrazó al elegido lo más fuerte que sus débiles brazos le permitieron y se fue escaleras abajo para luego irse al dormitorio de chicas. Potter por su cuenta la vio bajar hasta perderla de vista, abrió la puerta de su habitación compartida y sin deparar en nada más, cayó rendido por la preocupación en su cama, quería dormir para no pensar en más.

. . .


A la mañana siguiente, lo que debía ser un típico domingo tranquilo, se convirtió en lo opuesto, empezando a primera hora con un abrupto escándalo en el Gran Comedor, unos estruendosos bramidos que podrían escucharse desde el bosque prohibido, de no ser por una rubia de ojos saltones que se esmeraba por hacerlos callar.

— ¡Justin, ya basta! Los torposolos abundan alrededor de tu cabeza — jaloneaba de la manga al ojiverde.

— Es que... ¡NO ES POSIBLE! ¿Alex, campeona...? ¡¿ALEX?! — subía y bajaba su tono de voz — Yo llevo las mejores calificaciones de Ravenclaw, ¡Yo debía ser el campeón de Hogwarts! ¡NO ALEX!

— ¡Ni siquiera pudiste depositar tu nombre en el Cáliz, Justin! Así no podías ser elegido — lo regañaba Lovegood sin perder la calma.

— Sabía que no podía pasar Alex tanto tiempo sin meterse en problemas, entre más espera, peor lío es el que arma, papá la regañará, estoy seguro — trataba de confortarse el pelinegro imaginando tremenda reprimenda que le darían en casa a su hermana.

— ¿Le dirás a tus padres en la carta? — preguntó Luna ya con su voz pacífica y soñadora de siempre.

— Sí, se supone que es un torneo mortal, ¿No? Tienen que saber a que peligros nos expondrá Alex — respondió sonriendo.

— Se supone que en el torneo quien participa es quien corre el peligro, no...

— Justin tiene razón, Luna — interrumpió una castaña con cabello maltratado que acababa de acercarse a la mesa de Ravenclaw — la participación de Russo nos pone en riesgo a todos por su imprudencia con el uso de la magia.

— ¿Ves, Luna? no soy el único que opina eso — la miró decidido — gracias, Granger.

— Es irresponsable y holgazana — concordó la rubia — pero he oído decir a varios estudiantes que tiene talento con los hechizos.

— ¿Talento? — se burló Justin — para lo único que tiene talento es para meterse en problemas — miró el pergamino en su mano — eso me recuerda que debo enviar la carta acusando a Alex. Las veré más tarde, estaré en la biblioteca después de llevar esto con las lechuzas — salió del comedor.

— Yo no creo que sea tan problemática la participación de Alexandra... — comentó Luna.

— ¡Sí lo es! Es una niña que va... totalmente... — tomó una bocanda de aire — ¡En contra de las reglas! Pff...

— ¿No te agrada, verdad? — cuestionó curiosa Lovegood — ¿Por qué? ¿Es por lo de la clase de Hagrid?

— ¡No! O tal vez tiene un poco que ver... — tenía todo que ver — pero además es una Slytherin muy insoportable y del séquito del hurón. Me da rabia pensar en ella, mejor... olvidemos ese tema.

— Como gustes, ¿Te quedarás a desayunar, Hermione?

— No... — tomó algunas tostadas de la mesa — iré a ver a Harry, no creo que quiera bajar al comedor después de lo de ayer.

— Oh, su elección. No se veía nada bien cuando lo anunciaron.

— No, por eso lo buscaré, te veo luego, Luna — y Granger también salió pero con rumbo a la torre de Gryffindor.

En otra parte del castillo, era ovacionada una castaña por ser campeona. Su popularidad aumentó en los confines de Hogwarts: ya no era sólo interesante para los de su casa por ser una bruja creativa con la magia y amiga del adorado Malfoy, ahora también flipaba para varios estudiantes de Ravenclaw, hasta de Hufflepuff. Los profesores la trataban de modo ausente pero eso no era algo que a ella le importara, de por sí nunca habían sido muy cordiales a su persona.

Los días, semanas... transcurrieron del mismo modo para Alex, por donde sea que pasara, recibía saludos de alumnos cuyos nombres no recordada o ni sus rostros reconocía. Últimamente miradas de chicos guapos le sobraban, hasta de séptimo grado le sonreían seductores, sin embargo todo eso se mantenía a distancia de ella por el poderoso escudo de la amistad de Malfoy y Zabini que no los permitía acercarse ni dos metros a su redonda. Los celos de ese par de serpientes eran tan grandes que casi se podían palpar, y justo esa era la razón por la que a la Russo prácticamente no la dejaban ni ir al baño sola; si no fueran tan encantadores sus dos amigos, ya se habría hartado.

La castaña salía casi corriendo por el pasaje de su Sala cuando se encontró con el chico de cabellos platinados.

— ¿A dónde vas tan deprisa? — soltó con lentitud sin dejar de mirarla.

— ¡Oh, Draco! A cualquier lugar... Blaise ha vuelto a armar su ronda de chistes malos — rodó los ojos — aproveché que se le acercó Pansy para poder escapar.

— La cordura ocasionalmente se fuga de Zabini — se burló — Demos una paseo, Alex, desde que eres casi tan popular como yo no hemos pasado tiempo juntos.

— ¿Seguro, Malfoy? — se cruzó de brazos — porque estas semanas tú y Blaise no han hecho otra cosa más que estar pegados como estampas a mí, a veces temo despertar y encontrarlos durmiendo en las camas de al lado — recriminó.

— Ja já, en primera, no sabía que mi presencia resultase hostigadora, aunque me atrevo a sugerir que eso es culpa de Blaise — se defendió — siguiente, yo hablaba de tiempo solos tú y yo como al principio, y para terminar, te puedo asegurar que si nos mudáramos a tu dormitorio no usaríamos las camas de al lado, cabemos todos en la tuya — sonrió pícaro.

— Yo no dije que fuera hostigadora, si fuera así ya les habría lanzado un Incarcerous y encerrado en la Sala de los Menesteres — rió al imaginárselos enrollados por las cuerdas cual salchichas por el tocino — tienes razón... ya no hemos pasado tiempo así, no olvido que fuiste mi primer amigo... — puso su mano en el hombro del rubio — ¡Y no seas puerco! — con la misma mano jaló su corbata ahorcándolo por un instante.

— ¿Debo ponerme sentimental, Alex? — escenificó ridículamente un desconsuelo nada creíble que hizo carcajear a los dos.

— No pierdes tu carisma, Draco, vámonos — lo tomó de la mano y guió lejos de las mazmorras.

La pasaban bien juntos, sin duda Alex Russo era la persona con quien mejor había congeniado Draco en toda su vida, podía jugar y bromear con ella sin tener que sacar a flote su arrogante, narcisista y elitista Malfoy. Sólo a ella le permitía tomarlo de la mano, arrastrarlo a algún sitio sin su previo consentimiento, tocar su fina vestimenta por sentir la textura de la tela... poco tiempo tenían de conocerse, pero él estaba seguro de que la apreciaba, la quería, era su amiga y si de el dependiera, no sería amiga de nadie más.

— ¿Ya sabes cuál será tu primer prueba? — inquirió el ojigris. Al ver que la bruja no entendía, especificó — del Torneo...

— ¡Oh! pues... no — hizo memoria — sólo dijeron que será el 24 y que no dirían de que trataba porque con esa medirán nuestro coraje — explicó torciendo la boca.

— Mmm... quedan muy pocos días... debes prepararte — dictaminó.

— No lo creo necesario, de todos modos no sé a que prepararme, mejor no pierdo mi tiempo — sonrió y lo miró dejando relucir toda su holgazanería — ¿Qué hora es?

El rubio miró su reloj, faltaba pocos minutos para que acabara la hora de comida e iniciara su clase de Pociones.

— Hora de volver a las mazamorras, falta poco para la clase de Snape... ¡Casi lo olvido! — exclamó de imprevisto, metió la mano dentro de su pantalón y sacó dos objetos redondos — coloca esta insignia en tu túnica, hará enfadar a Potter — sonrió mientras él se ponía una en la pechera de la capa.

Era un distintivo circular color negro con letras rojas luminosas que decían:

.

DIGGORY & A. RUSSO

¡Verdaderos campeones de Hogwarts!

.

— Ignora el "Diggory", tuvimos que escribirlo para persuadir a los de Hufflepuff a usarlos — dijo, no del todo convencido — cuando yo lo presione en las mazmorras, deberás hacerlo también — le guiño un ojo.

Ambos muchachos bajaron al aula donde impartía la clase Severus Snape, faltaban algunos minutos aún, pero todas las serpientes ya estaban ahí con la misma insignia color negro, y algunos de Gryffindor esperando. El "niño que vivió" llegaba bajando por las escaleras siendo escoltado por Granger; sus miradas capturaron voraz las letras rojas de las enseñas de los Slytherin, y Draco al advertirlo los interceptó en su camino.

— ¿Te gustan, Potter? — preguntó en voz muy alta — Y eso no es todo, ¡Mira!

El rubio apretó la insignia contra el pecho, y el mensaje desapareció para ser reemplazado por otro que emitía un resplandor verde:

.

POTTER APESTA

.

Los de Slytherin silbaron de risa, sobretodo Alex y Zabini que solían ser muy desvergonzados. Todos apretaron su insignia hasta que el mensaje POTTER APESTA brilló intensamente por todos lados. Harry comenzaba a colorarse, algo raro en él, ya que la Russo en el tiempo que lo había visto siendo fastidiado por otro, conservaba la calma.

— ¡Qué divertido, prodigan ingenio! — dijo sarcástica Hermione a Parkinson.

— ¿Quieres una, Granger? — le dijo Malfoy, ofreciéndosela — Tengo montones. Pero con la condición de que no me toques la mano. Me la acabo de lavar y no quiero que una sangre-sucia me la contamine.

En un abrir y cerrar de ojos, Potter ya tenía empuñada su varita apuntando con ella al rubio platino. Todos los que estaban alrededor se apartaron y retrocedieron hacia el corredor.

— ¡Harry! — gritó Hermione.

— Vamos, Potter — lo desafió Draco con tranquilidad, también sacando su varita— Moody no te protege ahora. A ver si tienes lo que hay que tener...

Los ojos grises y verdes se miraron durante una fracción de segundo, y luego, exactamente al mismo tiempo, los dos magos atacaron.

— ¡Furnunculus! —gritó Harry.

— ¡Densaugeo! —gritó Malfoy.

De las varitas salieron destellos de luz, que chocaron en el aire y rebotaron en ángulo. El conjuro de Potter le dio a Goyle en la cara, y el de Draco a Granger.

Goyle chilló y se llevó las manos a la nariz, donde le brotaban en aquel momento unos forúnculos grandes y feos. Hermione se tapaba la boca con gemidos de pavor, los dos incisivos superiores de Hermione, que ya de por si eran más grandes de lo normal, crecían a una velocidad alarmante.

— JAJAJA, ¡De Poodle pasó a Castor! — exclamó la Russo señalando deliberadamente a la amiga de Harry. Todas las serpientes se rieron de la sabelotodo.

—¿A qué viene todo este ruido? —dijo una voz baja y apagada. Acababa de llegar Snape.

Los de Slytherin se explicaban a gritos, salvo Draco, a quien Snape apuntó con su largo dedo amarillo.

—Explícalo tú.

— Potter me atacó, profesor...

— ¡Nos atacamos el uno al otro al mismo tiempo! — gritó Potter.

—... y le dio a Goyle. Mire...

Snape examinó a Goyle, cuya cara parecía una pizza en descomposición... aunque eso no le quitó el hambre a Alex.

— Ve a la enfermería, Goyle — indicó Snape con calma.

— ¡Malfoy le dio a Hermione! — intervino Ronald Weasley — ¡Mire sus dientes!

— No veo ninguna diferencia.

Granger profirió un gemido y echó a correr por el corredor con los ojos llorosos hasta perderse de vista. La comadreja y cara rajada reclamaron al profesor al mismo tiempo que ni uno ni otro se podía entender, pero al final habló Snape.

— Muy bien — declaró con su voz más suave — Cincuenta puntos menos para Gryffindor, y Weasley y Potter se quedarán castigados. Ahora entren, o tendrán que quedarse castigados una semana entera.

Si no fuera porque Snape la miraba como si se tratase de Potter, podría ser el profesor favorito de Alex: injusticia, frialdad y se burlaba de sus alumnos, siempre quiso tener un profesor así.

— ¡Antídotos! —dijo Snape, mirándolos a todos.

— Ahora deben preparar sus recetas. Quiero que las elaboren con mucho cuidado, y luego elegiremos a alguien en quien probarlas...

No era difícil adivinar a quien aludía, sus profundos ojos negros estaban puestos sobre la figura de un chico de anteojos sentado en un pupitre del fondo que le devolvía la misma frívola mirada; aunque sin necesidad de seguir la fulminante trayectoria de su vista se podía descifrar que hacía referencia a Potter. Inesperadamente llamaron a la puerta de la mazmorra, era un chico de cabello marrón con uniforme de Gryffindor quien entró y fue hacia la mesa de Snape.

— ¿Sí? — preguntó éste escuetamente.

— Disculpe, señor. Tengo que llevar a Harry Potter y a Alexandra Russo arriba.

—A Potter y Russo les queda otra hora de Pociones —contestó Snape con frialdad— subirán cuando la clase haya acabado.

El niño se ruborizó y bajó la mirada ante el tajante escrutinio del profesor de Pociones.

— Señor..., el señor Bagman quiere que vayan — dijo muy nervioso — Tienen que ir todos los campeones. Creo que les quieren hacer unas fotos...

"¿Me rescatarán de esta clase por fotos mías? Adoro ser campeona" se decía para sí la castaña sonriendo sin poderlo evitar y sacudiendo su cabello para acomodarlo.

—Muy bien, muy bien —replicó Snape con brusquedad—. Potter, usted deja aquí sus cosas. Quiero que vuelva luego para probar el antídoto.

— Disculpe, señor, tiene que llevarse sus cosas, todos los campeones...

— ¡Muy bien! — lo cortó Snape — ¡Potter y Russo, tomen sus mochilas y salgan de mi vista!

Harry se echó la bolsa al hombro, se levantó y se dirigió a la puerta, seguido a sus espaldas por la Russo.

— Es alucinante, ¿No, Harry? — comentó el niño en cuanto Harry cerró tras él la puerta de la mazmorra — ¿No te parece? ¿Tú, campeón? Oh, también felicidades a usted, señorita — agregó al recordar la presencia de la morena.

— Sí, realmente alucinante —repuso Harry con pesadumbre — ¿Para qué quieren las fotos, Colin?

— ¡Creo que para El Profeta!

— ¿El periódico mágico ese? — intervino Alex. El chico llamado Colin asintió — estupendo, Justin enfurecerá cuando me vea en el periódico — sonrió perversa.

— Aquí es, suerte — se despidió el pequeño Gryffindor y se fue dejando a los muchachos frente a una puerta.

Antes de entrar, Alex no pudo evitar hablar.

— Estuvo muy divertido lo de los hechizos a Goyle y Granger, jajaja — rió la bruja agarrándose el estómago.

— Lo fue sólo para las serpientes como tú — contestó áspero.

— No seas tan odioso, Potter — dijo la castaña parando de reír — entiendo que Snape fue muy descarado con su iniquidad... pero no te amargues por eso — le sonrió — y lo siento por lo de la insignia, no sabía lo que decía de ti, yo sólo me la puse — trató de contener la risa.

— Por supuesto, tú sólo haces lo que Malfoy diga — afirmó el pelinegro.

Harry llamó a la puerta y los dos entraron sin volver a hablar. Era un aula bastante pequeña. Habían retirado hacia el fondo la mayoría de los pupitres para dejar un amplio espacio en el medio, pero habían juntado cinco de ellos delante de la pizarra, y los habían cubierto con terciopelo. Detrás de los pupitres habían colocado cinco sillas, y Ludo Bagman se hallaba sentado en una de ellas hablando con una bruja a quien Harry no conocía, que llevaba una túnica de color fucsia. Como de costumbre, Viktor Krum estaba de pie en un rincón, sin hablar con nadie. Cedric y Fleur conversaban.

Bagman los vio llegar y avanzó a saltos hasta ellos.

— ¡Ah, aquí están! ¡Los campeones más jóvenes! Entren, no hay de qué preocuparse: no es más que la ceremonia de comprobación de la varita. Los demás miembros del tribunal llegarán enseguida...

— ¿Comprobación de la varita? — preguntó Harry nervioso, antes de que lo pudiera hacer la Russo.

— Tenemos que comprobar que sus varitas se encuentren en perfectas condiciones, que no den ningún problema — explicó Bagman — El experto está arriba en estos momentos, con Dumbledore. Luego habrá una pequeña sesión fotográfica. Esta es Rita Skeeter —añadió, señalando con un gesto a la bruja de la túnica de color fucsia— Va a escribir para El Profeta un pequeño artículo sobre el Torneo.

— Tal vez no tan pequeño, Ludo — apuntó Rita Skeeter mirando a Harry y a Alex. Tenía peinado el cabello en unos rizos muy elaborados y curiosamente rígidos que ofrecían un extraño contraste con su rostro de fuertes mandíbulas; llevaba unas gafas adornadas con piedras preciosas, y los gruesos dedos terminaban en unas uñas de varios centímetros de longitud, pintadas de carmesí.

—Me pregunto si podría hablar un ratito con estos dos chicos antes de que empiece la ceremonia — le dijo a Bagman sin apartar los ojos de ellos.

— ¡Por supuesto! —aceptó Bagman— es decir, si no tienen inconvenientes...

—Eh... —vaciló Harry. Alex se limitó a abrir los ojos.

— Excelente —exclamó Rita Skeeter. Sus dedos como garras tomaron a los dos jóvenes por el brazo y los sacó del aula y abrieron una puerta cercana. Era el armario de la limpieza.

— Entren, está muy bien. Excelente —repitió Rita Skeeter.

Los tres se sentaron donde y como pudieron.

— ¿Les molesta si uso una vuelapluma?

— No... — contestaron a coro los estudiantes, sin saber a que se refería.

Rita sacó de su feo bolso de piel de cocodrilo una pluma de color verde amarillento y un rollo de pergamino que extendió entre ellos. Se metió en la boca el plumín de la pluma verde amarillenta, la chupó por un momento con aparente fruición y luego la puso sobre el pergamino, donde se quedó balanceándose sobre la punta, temblando ligeramente.

— Bien, Harry, Alexandra ¿Qué los decidió a entrar en el Torneo?

— Eh... — vaciló Harry, pero la pluma lo distraía.

Aunque él no hablara, la pluma se deslizaba por el pergamino a toda velocidad, y en su recorrido Potter pudo distinguir una nueva frase: Una terrible cicatriz, recuerdo del trágico pasado, desfigura el rostro por lo demás muy agradable de Harry Potter, cuyos ojos...

— No mires a la pluma, Harry — le dijo con firmeza Rita Skeeter.

De mala gana, el chico la miró a ella.

— ¿Y bien?

— Yo no...

— Yo sólo quería lanzar mi nombre al cáliz, no tenía intención de participar — habló Alex, desviando la atención de él, cosa por la que se sintió agradecido Potter.

Rita Skeeter alzó una ceja muy perfilada.

— ¿Segura? — inquirió la periodista — ¿Acaso no fue por el jugoso premio de mil galeones?

— No — contestó sin más la castaña.

— Oh, por supuesto que te entiendo — le guiñó un ojo la rubia, con lo que Alex cambió su semblante a uno confundido — ¿Qué les parecen las pruebas que tienen por delante? — prosiguió Skeeter — ¿Están emocionados? ¿Nerviosos?

— No he pensado realmente... Sí, supongo que estoy nervioso —reconoció Harry.

— ¿Y tú, Alexandra? — le sonrió la de lentes brillantes.

— Me da igual — declaró sin más. El elegido la miraba sorprendido porque parecía decir la verdad.

— En el pasado murieron algunos de los campeones, ¿no? ¿Han pensado en eso?

— Bueno, dicen que este año habrá mucha más seguridad —contestó el ojiverde.

— Desde luego, tú te has enfrentado en otras ocasiones a la muerte, ¿No? — prosiguió Rita, mirándolo atentamente — ¿Cómo dirías que te ha afectado?

— Eh...

— ¿Piensas que el trauma de tu pasado puede haberte empujado a probarte a ti mismo, a intentar estar a la altura de tu nombre? ¿Crees que tal vez te sentiste tentado de presentarte al Torneo de los tres magos porque...?

— Yo no me presenté — la cortó Potter, empezando a enfadarse. La entrevista ahora se centraba de nuevo en el niño que vivió.

— ¿Recuerdas algo de tus padres?

— No.

— ¿Cómo crees que se sentirían ellos si supieran que vas a competir en el Torneo de los tres magos? ¿Orgullosos? ¿Preocupados? ¿Enfadados?

El pelinegro harto, frunció el entrecejo, evitó los ojos de la mal vestida reportera y miró las palabras que acababa de escribir la pluma. "Las lágrimas empañan sus ojos, de un verde intenso, cuando nuestra conversación aborda el tema de sus padres, a los que él a duras penas puede recordar..."

— ¡Yo no tengo lágrimas en los ojos! —dijo casi gritando.

Inmediatamente Rita cambió de tema y se enfocó en la chica que continuaba ahí sentada.

— ¿Y tú, Alexandra? ¿Tus padres están a favor de tu participación? ¿Saben ya de tu relación más que amigos con el apuesto y opulento Draco Malfoy?

— ¿Qué? ¡Eso es una mentira! — exclamó molesta — Usted es igual de farsante amarillista que todas las reporteras de las revistas muggles que lee Harper.

Dicho eso, la Russo tomó de la manga a Potter, abrió la puerta del armario y salieron los dos, ambos más contentos por librarse de Rita Skeeter. Unos pasos adelante se encontraron a Dumbledore.

— Me alegro que ya estén aquí, entren, la comprobación de las varitas está a punto de empezar.

Los otros campeones ya estaban sentados en sillas cerca de la puerta, Alex se sentó rápidamente al lado de Cedric y Harry al lado de ella.

Los miembros del tribunal ya estaban reunidos en su mesa: el profesor Karkarov, Madam e Maxime, el señor Crouch y Ludo Bagman. Rita Skeeter tomó asiento en un rincón.

— Permitanme que les presente al señor Ollivander —dijo Dumbledore, ocupando su sitio en la mesa y dirigiéndose a los campeones — se encargará de comprobar sus varitas para asegurarse de que se encuentran en buenas condiciones antes del Torneo — el director señalaba a un anciano mago de grandes ojos claros que aguardaba en silencio.

—Mademoiselle Delacour, ¿le importaría a usted venir en primer lugar? — dijo el señor Ollivander, avanzando hacia el espacio vacío que había en medio del aula. La rubia fue a su encuentro y le entregó su varita.

La Russo ya estaba más que aburrida, esperaba que eso fuera una rápida sesión de fotos, no una entrevista con una farisea periodista y una revisión de varitas con un veterano. Hasta ese momento la había pasado bien regocijándose en su fama de campeona, liberada de lo que serían los exámenes finales... pero al parecer no sería un paraíso siempre, lo fastidioso de ese dichoso torneo cada vez estaba más próximo, empezando por esa tediosa "Comprobación". Un Orchideous la sacó de sus pesamientos, el viejo de las varitas había hecho brotar un ramo de flores que le entregó a la bruja de Beauxbatons.

— Bien, muy bien, está en perfectas condiciones de uso —declaró — señor Diggory, ahora usted.

El guapo chico de cabello castaño claro que estaba sentado a su lado, se puso de pie y avanzó al centro del aula con su varita en mano.

— ¡Ah! veamos, ésta la hice yo, ¿Verdad? — dijo el señor Ollivander con entusiasmo — está muy bien cuidada ¿La trata usted con regularidad?

— Le di brillo anoche —repuso Cedric con una sonrisa.

Por impulso, Alex miró su varita: estaba grasosa, aún salpicada de comida del desayuno, vio a su alrededor para ver si podría limpiarla sin ser vista, cuando observó que Potter intentaba con su túnica frotar la suya con disimulo, soltó una risita por lo bajo que llamó la atención de Harry, alzó la vista a la bruja y no pudo evitar sonreír porque la chica se encontraba en la misma situación que él.

— Señor Krum, si tiene usted la bondad...

El famoso jugador de Quidditch se levantó y avanzó hasta el señor Ollivander, mientras que el Hufflepuff regresó a su lugar, hizo lo mismo que con los otros, la miró, la probó, y la devolvió.

— Señorita Russo, su turno — la morena caminó al centro y entregó desvergonzada su maltratada varita que medio había limpiado — Interesante... Alerce, 26 cm, su núcleo es... ¿Esmeralda? no había tomado una varita cuyo núcleo fuera una piedra preciosa... — murmuró un conjuro que Alex no pudo escuchar, y de su varita salieron chispas rojas que se elevaban como serpentinas — singular... sin problemas, puede sentarse. Ahora queda... el señor Potter.

Volvió a su asiento siendo seguida por los resplandecientes ojos grises de Cedric Diggory, la observaba absorto y curioso. Pasaron unos minutos y Ollivander declaró la varita de Harry en perfectas condiciones.

— Gracias a todos — dijo Dumbledore, levantándose — pueden ir directamente a cenar, porque falta poco para que...

— ¡Las fotos, Dumbledore, las fotos! — gritó Bagman — Todos los campeones y los miembros del tribunal, y luego tal vez podríamos sacar unas individuales.

Las fotografías llevaron más tiempo del esperado. Madame Maxime se tuvo que sentar por su prominente altura que no le permitía salir completa en las fotos, mientras los demás se quedaban de pie a su alrededor. Krum se escondió al fondo para quedar medio oculto, Alex quiso imitarlo pero Rita Skeeter la jaló junto a Potter, ubicándolos al frente para destacarlos. Cedric se puso de pie detrás de Russo y Delacour detrás de el Elegido.

Terminadas esas fotos, Rita insistió en que se tomaran fotos individuales de los campeones, tras lo cual por fin pudieron irse.

— Hey, Alexandra — llamó una voz a la castaña por el corredor.

— Hola, Diggory — respondió.

— Tienes una varita muy curiosa... Esmeralda ¿Eh? Ya estabas destinada al color de Slytherin — comentaba el apuesto joven que aún estaba sorprendido por la varita.

— ¡Es verdad! No lo había pensado, jajaja — rió más relajada la bruja.

— ¿Vas al comedor? podríamos ir por algo de comer antes de que sea la hora de...

— Hoy no iré a cenar, Diggory, gracias, necesito ir a mi sofá para recuperar las horas que no dormí en clase — dijo, pareciendo una broma pero sus ojos dejaban más que claro que decía la verdad — podemos ir otro día — agregó.

— Te tomaré la palabra — le sonrió el castaño — y... dime Cedric.

— Está bien... Cedric — respondió imitando su tono de voz — te veré luego. Cada uno tomó su rumbo, uno al Gran Comedor y la otra a las Mazmorras.