Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).
Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.
PRIMER PRUEBA
Transcurría todo como de costumbre en la vida de los campeones, Potter cada vez más tenso, Cedric y Krum acosados por las chicas, Delacour por los chicos, y a Alex poco le faltaba para poner precio a sus autógrafos que eran tan solicitados entre los estudiantes de primero a quinto año.
El día que apareció el artículo de Rita Skeeter, el ambiente dentro de Hogwarts cambió, empezando por el hecho de que las biografías alteradas de Russo y Potter abarcaban casi todo el reportaje de los "Campeones", y sobre todo por las dramáticas confabulaciones escritas por Rita.
— ¡Explícame esto, Alexandra Russo! — exclamó una exacerbada Pansy entrando al Gran comedor.
La morena de ojos verdes lanzó sobre la mesa frente a Alex, un ejemplar de "El Profeta" justo en la página donde aparecía una foto de Russo con Malfoy.
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La seductora e implacable bruja americana, con su ávida sed por el jugoso trofeo no sólo nos sorprende por su prodigioso talento con la magia, también por su divino gusto al escoger a su hombre perfecto; se sabe que actualmente mantiene una relación amorosa con el gallardo y magnánimo Draco Malfoy, único heredero de la gran fortuna del estirpe Malfoy. Alexandra no da un paso en falso y sabe...
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— ¿Qué? ¡Esto es una mentira, Pansy! — bufó la castaña aventando el diario.
— No intentes disimular más, ya todos tienen conocimiento sobre nuestra relación... — dijo serena una voz aterciopelada y masculina.
Malfoy había llegado a la mesa de Slytherin y abrazó a Alex por la espalda, mientras tomaba asiento con el resto de sus amigos.
— ¡¿Entonces es verdad?! ¿Por qué no me lo dijeron? — reclamaba la pelinegra furiosa.
— No es cierto eso, Pansy, ¡No tengo nada con Draco! — se defendía la Russo nerviosa por la mirada asesina de la chica.
— Sólo jugaba, querida Pansy, Skeeter es una embustera — aclaró el rubio.
— ¡No les creo! ¡Hay media página que describe sus situación sentimental! — cada vez levantaba más la voz — ¡¿Por qué no me dijeron?! ¡SOMOS AMIGOS!
— Ya, Pansy, el artículo no dice la verdad — decía Millicent para calmar a su amiga.
— ¿Segura? ¡Está en el Profeta, no pueden mentir con algo tan grande!
— Sabes muy bien que son amarillistas y mentirosos, Pansyti — intervino Blaise — como con la noticia del mundial de Quidditch...
Alex sin ganas de discutir, se levantó de su asiento sin escuchar ya el parloteo de sus amigos, y se dirigió a la salida del comedor. Iba bajando las escaleras cuando escuchó el sonido de un trotar justo detrás de ella. Giró 180 grados y vio que era Cedric el responsable de las pisadas, se acercaba a ella.
— ¡Alexandra! — exclamó — Hey... ¿Cómo estás? Ya leí el artículo de Rita...
— Bah, como todos — rodó los ojos —esa reportera exagera con sus mentiras tanto como con su maquillaje — manifestó.
— ¿Eso quiere decir que no andas con Malfoy...? — una sonrisa iluminó su bonito rostro.
— ¡No! Sólo somos amigos — explicó la Russo.
— ¡Bien! ¿Entonces podríamos algún día...
— ¡CEDRIC! — interrumpieron unos chicos de Hufflepuff de sexto, y se acercaron a él — ¡Tenemos que ir a clase, campeón!
Al percatarse de la presencia de la bruja, el grupo de chicos la observó, algunos voltearon a ver a Cedric y sonrieron. Uno de ellos se dirigió a la castaña con una sonrisa amistosa.
— Nosotros también te apoyamos, Russo, ¡eres sorprendente! — y le guiñó un ojo.
— Jajaja, lo sé, gracias — respondió Alex devolviéndole la sonrisa.
— Bueno... tengo que irme a clase... luego nos vemos, Alexandra — se despidió Diggory con la más encantadora sonrisa que pudo ofrecer. Continuó su camino rodeado de sus amigos que no dejaban de causar bullicio a su alrededor.
La castaña permaneció erguida en el mismo sitio por unos segundos, distraída, que no se percató cuando alguien se quedó de frente a ella.
Harry Potter se sentía confundido, había descubierto cuál sería la primera prueba del torneo, y seguramente Krum y Delacour ya habían sido informado por sus directores, no podía dejar que los otros dos competidores de Hogwarts participaran en desventaja, y menos cuando de algo tan peligroso se trataba. Había visto a Russo y Diggory salir del Gran Comedor, esa era su oportunidad para advertirles, después de todo ellos no le desagradaban, era lo correcto ¿No?
Se deshizo de Hermione para poder alcanzarlos, afortunadamente en las escaleras vio de pie a Russo. Caminó hasta ella, se para al frente y le habló. Tenía la mirada perdida, estaba absorta en sus pensamientos.
— ¿Alexandra? — la llamó de nuevo el Elegido.
— ¿Eh? ¿Potter? — reaccionó la bruja.
— La primera prueba son dragones — habló rápido el chico.
— Oh... ¿Tenemos que alimentarlos como a las criaturas tontas de Hagrid? — preguntó con rostro tranquilo.
— No... — a Harry le sorprendía y asustaba la extrema calma de la chica — Tenemos que burlarlos, hay un dragón para cada uno.
— ¡Genial! no suena complicado — comentó — ¿Cómo te enteraste? ¿Rompiendo las reglas de nuevo, Potter? — sonrió traviesa Alex — tranquilo, no le diré a nadie, y gracias — dijo sin dejar de sonreír.
— Ah... Has... ¿Visto a.. Cedric? — preguntó confundido, no esperaba esa reacción de la Russo, en verdad era una chica rara, si se mantenía tan confiada, seguro moriría.
— Sí, se fue por allá — señaló en la dirección en que se había ido el castaño con sus amigos.
— Gracias, y Alexandra... no te confíes, las pruebas serán más difíciles de lo que crees — el pelinegro se fue en la dirección que ella le indicó y se perdió de vista.
De algún modo, ese último comentario de Potter la hizo sentir escalofríos, tenía razón. Se estaba tomando todo muy a la ligera, dejándose llevar por el viento y la suerte, sin ella esforzarse un poco, ya era lunes y la primer prueba sería mañana. Sabía sobre dragones, en Manhattan había tenido un incidente con un charlatán vendedor, que le había vendido un perro dragón, y desde entonces tuvo su oscura afición de la que nadie sabía aún: leía cada vez que nadie la veía sobre dragones.
Con cada segundo más que pasaba plantada en el mismo lugar, más se consumía en ansiedad. Se le revolvió el estómago, en vez de asistir a clases, prefirió volver a las mazmorras y aprovechar que su sala común estaría sola, para tranquilizarse y pensar un método para sobrevivir a la prueba. No platicó con nadie y se quedó dormida temprano. El día siguiente sería difícil.
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Martes, día de la primer prueba del Torneo de los Campeones. En el colegio había una tensión y emoción enormes en el ambiente. Las clases se interrumpieron al mediodía para que todos los alumnos tuvieran tiempo de bajar al cercado de los dragones. Aunque, naturalmente, aún no sabían lo que iban a encontrar allí.
Alex se había mantenido a distancia de sus compañeros y de todos, ignorando a toda persona que le deseara suerte, o no; incluso en el Gran Comedor se mantuvo ausente a pesar de estar sentada con sus amigos.
— La primer prueba no será nada para ti — la animaba Zabini — dragones... tú todos los días tienes que sobrellevar con este dragón engreído y mitad serpiente — dijo señalando a Malfoy, cosa que hizo reir a todos, hasta a Russo, Draco sólo gruñó aunque no puedo evitar sonreír.
— ¿Ya has ideado alguna estrategia, Alex? — preguntó preocupado el rubio platino.
— Creo que... improvisaré.
Los hermosos ojos grises del chico se abrieron estrepitosamente reflejando el pánico que Malfoy sentía, estaba por decirle algo cuando la silueta oscura e imponente de Snape se posó detrás de ellos.
— Los campeones tienen que bajar ya a los terrenos del colegio... Tiene que prepararse para la primera prueba — informó, y miró a Alex en señal de que se debía levantar inmediatamente.
Sin chistar, Alex se puso de pie, sonrió a sus amigos, miró a los ojos a Draco intentando decirle que no se preocupara, y siguió con paso veloz a Snape, dejando a sus espaldas los gritos de ánimo que le dirigían todos los de Slytherin.
Mantuvo la vista clavada en los zapatos de Snape, no quería mirar nada más que el suelo, pero tampoco quería perderse en el camino, avanzaban bordeando el bosque hasta donde estaban los dragones seguramente. Llegaron hasta una tienda que ocultaba el cercado donde debían estar los animales lanza fuego, la capa de Snape dejó de ondear, ya se había detenido frente a la entrada y habló hacia ella.
— No cometa estupideces, Russo, esto no es un juego, si no lo toma en serio morirá mediocremente — escupió burdo las palabras — Entre.
La empujó al interior de la tienda y se fue.
Su torpe entrada llamó la atención momentáneamente de los campeones que estaban ahí, el único que faltaba era Harry Potter. Pudo observar en sus rostros que estaban preocupados y más inseguros de lo normal, ya no tenían ni una pizca de su altanería habitual. Cuando el niño de vivió por fin llegó, encajaba perfecto con el resto, con su rostro nervioso y tenso.
— ¡Harry, ven! — habló Bagman, el ex golpeador de Quidditch — Acérquense todos... ¡Ya están todos los espectadores afuera! — declaró con alegría. Sacó una bolsa roja de seda de su túnica y continuó — formen un círculo... Así está bien. Cada uno de ustedes deberá sacar de esta bolsa la miniatura que les tocará enfrentar, el objetivo es tomar el huevo de oro. Las damas primero —dijo tendiéndosela a Fleur Delacour.
Ella metió una mano temblorosa en la bolsa y sacó una miniatura perfecta de un dragón: un galés verde. Alrededor del cuello tenía el número «dos».
Posteriormente le tocó a Alex, metió la mano y sacó un Albo Noruego, era un dragón delgado y alargado totalmente blanco "Vaya coincidencia, este dragón me recuerda a Draco" cuyas enormes alas parecían navajas. Tenía el número «cuatro».
Krum sacó un bola de fuego chino. Alrededor del cuello tenía el número «tres».
Cedric metió la mano en la bolsa y sacó un hocicorto sueco de color azul plateado con el número «uno» atado al cuello.
Harry metió la mano en la bolsa de seda y extrajo un colacuerno húngaro con el número «cinco».
— ¡Bien! —dijo Bagman — a ese dragón se enfrentarán y el número es el del orden en que saldrán, ¿comprenden? Yo tendré que dejarlos dentro de un momento, porque soy el comentador. Diggory, eres el primero. Tendrás que salir al cercado cuando oigas un cañonazo, ¿De acuerdo?
"¡PUM!", sonó al instante.
— ¡Señor Diggory, vaya, esa es la señal! — miró al castaño salir de la tienda — ¡Oh, no, esa también es mi señal! — Y Bagman también salió.
Los nervios de Alex se dispararon. Se recostó en un taburete y cubrió la cabeza para intentar no escuchar nada, quería un último momento de paz y escuchar a Bagman como comentarista del Torneo no era apacible.
— ¡Lo ha logrado! — escuchó gritar a Bagman después de un largo rato, y sonó otro cañonazo — ¡Señorita Delacour, si tiene usted la bondad!
La rubia de Beauxbatons temblaba, era su turno. Salió de la tienda con la cabeza erguida y agarrando la varita con firmeza. Cada vez se acercaba más su turno. Cerró los ojos mientras escuchaba los exagerados comentarios de los narradores que sólo la tensaban más. Varios minutos más tarde resonaron fuertes los aplausos del público que indicaba que Delacour lo había logrado. Un tercer cañonazo.
— ¡Y aquí aparece el señor Krum! — anunció Bagman cuando salía Krum con su aire desgarbado.
— ¿Estás bien, Alexandra? — preguntó el chico de anteojos a Alex.
— Sí, yo... no, estoy muy nerviosa, ¿Y tú, Potter? — respondió. Hablar con él la estaba tranquilizando un poco, hacía más amena la espera.
— Estoy igual que tú — le sonrió — ¿Ya tienes algún plan?
— Eh... no, creo que improvisaré — admitió resignada la castaña.
— Te diré algo, piensa en tu mejor habilidad y úsala para superar esta prueba, eres una buena bruja, vas a poder.
— Gracias, Potter, pero mi única habilidad es jugar bromas y asustar a Justin, ¿Eso como puede funcionar?
— Puedes hacer...
— ¡Sí señores, acaba de coger el huevo! — Krum había acabado, demasiado rápido para Alex.
Un cuarto cañonazo, Russo le dedicó una sonrisa al pelinegro y salió de la tienda, insegura, que prefirió no ver las caras de los espectadores.
La arena constaba de un suelo escarpado, pudo ver el huevo de oro brillar entre las rocas, avanzó hacia él pero por encima de su cabeza pasó la enorme criatura y se posó frente a ella. El dragón lanzó sus feroces llamas en su dirección e instintivamente, Alex se tiró, rodó por el suelo y se ocultó detrás de una roca; tomó una bocanada de aire y corrió a toda velocidad a un hueco entre rocas que le pareció seguro, pero en su camino el dragón la interceptó y la rasguñó con sus alas en el brazo derecho antes de que se pudiera refugiar en ese agujero. Soltó un grito sordo por el dolor y apuntó al dragón con su varita.
— ¡Aresto Momentum!
El Albo Noruego se quedó inmóvil por unos segundos, tiempo que le fue suficiente a Alex para refugiarse.
"¿Qué voy a hacer?... mi mejor habilidad, mi mejor habilidad..." Pasado un minuto, Alex se dispuso a salir y se apuntó con su varita.
— ¡Aminosa Espinosa! — exclamó, y se convirtió en un feroz dragón negro, aunque más pequeño que al que se enfrentaba. Inmediatamente pronunció un segundo hechizo aunque ahora con una aterradora voz grave y ronca — ¡Engooorgiooo!
La bruja, ahora dragón, aumentó de tamaño casi al doble del que tenía el Albo y lo enfrentó de frente. El de alas como navajas no tuvo otra salida más que alejarse de donde estaba, dejándole el camino libre a la Russo para tomar el huevo de oro entre sus garras y dirigirse a la salida. En el camino murmuró otros dos hechizos para volver a la normalidad.
— Reducio... Huminoza Espinosa...
Alex volvió a la normalidad junto con su ropa, a excepción de la rasgadura en su traje y partes empapadas de su propia sangre.
— Acuda con la señora Pomfrey, en esa tienda — señaló Snape — sobrevivió, Russo.
Severus mantenía su mismo rostro serio y desagradable, pero estaba más que sorprendido por la actuación de Alex.
La castaña llegó con la señora Pomfrey, que no dejaba de parlotear disgustada sobre el Torneo y la curó. La joven bruja no le prestó atención por estar viendo el huevo, que casi la corren de la tienda ya que había estado curada. Caminó frente al jurado que estaban en lo alto en sillas doradas, para que dictaran su calificación: todas las serpientes la miraban atentos desde su palco verde esmeralda.
Madame Maxime lanzó un haz de luz al cielo que tomó forma de un número: un nueve; el señor Crouch lanzó un diez; Dumbledore: un nueve; Bagman: un diez; y por último Karkarov: un seis. Alexandra Russo se había posicionado en el primer lugar, todos los de Hogwarts estaban que no cabían de la emoción.
La bruja americana se fue a sentar al palco Slytherin con sus amigos y compañeros, para celebrar que había logrado superar la prueba. El último en pasar fue Harry Potter, quien hizo una muy buena táctica usando su escoba para burlar a su dragón, era muy bueno volando el chico de anteojos, en la arena se veía fuerte, sin temor, nada que ver con el chico de la tienda. Su calificación fue más baja que la de ella, injustamente calificado por Karkarov con un cuatro. Potter quedó empatado en segundo lugar con Krum.
Los campeones volvieron a la tienda por orden de Bagman, que les daría información. Al entrar, Alex fue felicitada con calidez por parte de Potter y Cedric.
— ¡Muy bien todos! — dijo Bagman, entrando en la tienda — ahora, sólo unas palabras. Tienen un buen período de descanso antes de la segunda prueba, que tendrá lugar a las nueve y media de la mañana del veinticuatro de febrero. ¡Pero mientras tanto les daremos algo en que pensar! Si se fijan en los huevos que sujetan, verán que se pueden abrir... ¿Ven las bisagras? Tienen que resolver el enigma que contiene el huevo porque les indicará en qué consiste la segunda prueba, y de esa forma podrán prepararse para ella. ¿Está claro? ¿Seguros? ¡Bien, entonces pueden irse!
Alex salió y sus serpientes amigos ya la estaban esperando ansiosos para celebrar con ella.
— ¡FELICIDADES, ALEX! — gritó Blaise mientras se acercaba para abrazarla.
— ¡La competidora de Slytherin en primer lugar, eso es fantástico! — agregó Millicent.
— Yo... ¡Perdón Alex, por enfadarme! — se disculpó Pansy mientras la abrazaba — y créanme que me parecen una pareja hermosa, pero me puse demasiado celosa porque lo dijeran antes en el reportaje que a mí — hizo un puchero.
— ¡NO ESTÁN SALIENDO, PANSY! — gritaron a coro Blaise, Theodore y Millicent.
— Eres la mejor, Alex — dijeron emocionados Crabbe y Goyle.
— Alex, ¿Tu herida está bien? Vi tu brazo... — comentó Draco serio, pero después sonrió y la abrazó — ¡Debes detallarme como has realizado esos conjuros, eres impresionante!
— ¡Ella es mi hermana! — exclamó un Ravenclaw que se acercaba.
— ¡Oh! Ahora si me conoces... mejor ve a escribirles una carta a mamá y papá para que sepan que sigo viva, y diles que los quiero — dijo cortante la castaña.
— Perdona, Alex... no sabía que este torneo fuera tan arriesgado, y estaba celoso porque fuiste elegida por el cáliz — dijo apenado.
— Sí, LO SÉ — recalcó — y te perdono, Justin... pero ahora ve a escribir la carta — rió.
— Já, lo haré, bueno... me voy... — titubeó — ¡No olvides mencionar que soy tu hermano!
Las serpientes hicieron una mini fiesta en su sala común festejando el magnífico espectáculo que la Russo había realizado, tenían mesas con deliciosos bocadillos. Malfoy no se separó de ella ni un instante, al punto que incluso Blaise dudó si el artículo de Rita era verdad o pura farándula... o si por azares de la vida, Skeeter había acertado. La principal atracción de la noche, fue la herida en el brazo de Alex, porque a pesar de haber sido atendida por la señora Pomfrey, las poderosas navajas del dragón blanco habían penetrado varios centímetros su piel, lo que en consecuencia le dejó tres visibles y abultadas cicatrices dibujadas en paralelo una con otra.
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Diciembre llegó tan rápido como la ventisca del invierno. Ignorando el agobiante frío que congelaba hasta la mucosidad si no se limpiaban la nariz, era una buena época porque empezaría la festividad de navidad y... ¿A quién no le gusta recibir obsequios al despertar? ¿O el inmenso y apetitoso banquete?
— Señorita Russo, esté atenta al hacer el hechizo o la rata no se transformará — la reprendió la profesora McGonagall.
— Bien — contestó fastidiada — De rata a copa, cambia como de ropa — La rata que tenía, se transformó en una copa de cristal — listo, profesora — sonrió satisfecha.
— De acuerdo, señorita Russo, pero para la otra espero que lo haga con el hechizo que estemos utilizando — volvió a su escritorio y habló para toda la clase — Tengo que darles una importante anuncio: Se acerca el baile de Navidad, constituye una parte tradicional del Torneo de los tres magos y es al mismo tiempo una buena oportunidad para relacionarnos con nuestros invitados extranjeros. Al baile sólo irán los alumnos de cuarto en adelante, aunque si lo desean pueden invitar a un estudiante más joven...
Todas las chicas bramaron emocionadas, se miraban entre ellas y luego a los chicos (que definitivamente no les emocionaba demasiado la noticia), el aviso aún no terminaba y ellas ya estaban pensando en quien podría ser su pareja.
— ¿Se puede ir vestido de zombie? Siempre he querido ir a una fiesta de zombies — comentó Alex imitando con los brazos adelante y estáticos, a Frankenstein.
— Es un baile, señorita Russo, no una fiesta de disfraces — objetó la profesora acariciando su apretado peinado — Será obligatoria la túnica de gala y el baile tendrá lugar en el Gran Comedor, comenzará a las ocho en punto del día de Navidad y terminará a medianoche. Ahora bien... compórtense, no dejen en mal a nuestro Colegio.
— Supongo que eso significa que tendré prohibida la entrada, que triste — comentó Alex, haciendo reír a todos en la clase.
— Aunque sería la mejor medida para tener un baile sin dificultades, para su desgracia usted deberá asistir por ser una de los Campeones.
El timbre sonó indicando que la clase había acabado y todos salían por la puerta del aula.
— Joven Russo, tengo que hablar con usted.
La castaña recogió sus pergaminos en su mochila, se acercó a su escritorio y esperaron a que todos habían salido para hablar.
— Es evidente que para usted el baile no tiene importancia, pero es necesario que asista, es tradición que los Campeones y sus parejas abran el baile.
— ¿Qué? — exclamó la bruja — yo no soy buena bailando, y.. ¿Pareja? No, no, ya es suficiente con que asista con un incómodo y ridículo vestido.
— Representas a Hogwarts, por el honor de tu colegio, sigue la tradición, Russo... A no ser que quieras que te asignemos a tu pareja — amenazó McGonagall.
— Ya entendí — se resignó — déjeme eso a cargo, no quiero ir acompañada de algún pringado.
Alex salió del salón arrastrando los pies, refunfuñando, no quería asistir a un baile, prefería pasar toda la noche recostada en el sofá de su sala común comiendo golosinas o leyendo sobre dragones. Ni hablar de conseguir pareja. Simplemente... eso no se le daba, se ponía muy nerviosa cada vez que la invitaban a salir. Necesitaba a Harper, pero no estaba ahí, y no sabía si Pansy podría ayudarla en eso, aunque sería mejor intentarlo.
