Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).
Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.
EL BAILE
Alex no sabía si reír o preocuparse. Las cosas dentro del colegio habían cambiado después del aviso a todos los estudiantes respecto al baile de navidad. Las chicas se arreglaban más de la cuenta para ser invitadas, y los chicos rehuían temerosos de ser rechazados; era algo cómico pero Alex se encontraba tan tensa, igual que el resto. Prefería quedarse dentro de su sala común tumbada en su sofá para evitar pensar en conseguir pareja de baile; cada vez que salía a dar una vuelta por el castillo, tres o cuatro chicos la invitaban, bastante guapos y de grados superiores, pero sus nervios la invadían por completo, que los rechazaba y se iba a paso veloz.
— Pansy... ¿Ya tienes pareja de baile? —preguntó la Russo.
— ¡Aún no! ¡Eso es lo que me falta! ¿Y tú, Alex?
— Pues... aún no... ¿Puedes ayudarme? — se atrevió por fin a decirle.
— ¡¿En verdad no tienes pareja?! — exclamó — he escuchado que varios chicos te han invitado... ¿Por qué no aceptaste a Ernest Macmillan? Es un sangre-pura.
— Yo... me pongo muy nerviosa, Pansy, por eso no he aceptado a ningún chico — admitió.
— ¿Entonces por qué no vas con un amigo? Yo por ejemplo, iré con Blaise.
— Creí que no tenías pareja aún — comentó confundida la castaña.
— No, pero dudo que me rechace — dijo petulante — es más, ahí viene, se lo diré de una vez.
Zabini iba entrando a la sala común con Malfoy, Parkinson los llamó haciéndoles señas para que se acercaran a ellas.
— Hey, Blaise, ¿Irás conmigo al baile? — preguntó la ojiverde.
— Por supuesto, mi Pansyti — respondió el moreno — ¿Lo ves, Draco? conseguí pareja antes que tú — se burló.
— ¿Draco no tiene pareja? — interrogó sorprendida Pansy — ¿Por qué no vas con Alex? Se sentirá mejor yendo contigo que con cualquier otro, claro, considerando que a alguno llegue a decirle que sí.
— ¿Acaso has rechazado a tus... pretendientes...? — quiso saber el rubio, y no pudo evitar sonreír.
— Digamos que sí, no me dan suficiente confianza para aceptarlos — hizo un mohín — ¡¿Irías conmigo, Draco?!
— Por supuesto, Alex, en realidad había pensado en pedírtelo — confesó colorándose todo lo que un pálido Malfoy podía.
— ¡Gracias, Draco! — exclamó feliz abrazándolo con fuerza — saldré un momento, luego vuelvo — dijo la castaña animada.
Por fin podía caminar con tranquilidad por los empolvados pasillos que hace días no recorría, puesto que si la volvían a invitar, ya no se sentiría incómoda ni nerviosa, porque podía decirles que ya tenía pareja; y seguramente después de decirlo un par de veces, lo vociferarían a todo el Colegio y la dejarían en paz. Cabía decir que iría con una pareja envidiable, Draco: un Malfoy, príncipe de Slytherin, buscador del equipo de Quidditch de su casa, además considerado de los más atractivos chicos de todo Hogwarts... sin duda había hecho bien, porque además de todo eso, era su mejor amigo, la mejor compañía que podía tener. Avanzaba cerca de la torre de Astronomía cuando se encontró a un castaño de frente.
— ¡Alexandra!
— ¡Cedric! — le respondió en el mismo tono.
— Últimamente no te he visto — le dijo sonriéndole encantador.
— Ah, sí, he... estado mucho tiempo en mi sala común — comentó omitiendo el por qué.
— Vaya, jaja — rió — ¿Te gustaría ir al baile conmigo? — preguntó sin dejar de mirarla a los ojos.
— Lo siento, ya tengo pareja — respondió la castaña, un poco sentida porque de haberla invitado antes, seguramente le hubiera respondido que sí.
— Oh, está bien, igual dudo que los profesores nos dejaran ir juntos por lo que "tenemos que abrir el baile" — imitó la voz de McGonagall.
— Jajajaja, "y no debemos dejar en mal el colegio" — secundó la bruja, y ambos se echaron a reír.
— Bueno, te dejo, me alegro de verte — se despedía sin dejar de verla.
— Yo igual, Cedric, te veo luego — dijo Alex, y ambos continuaron su propio camino.
. . .
El día de navidad llegó y con él los regalos. Alex despertó muy temprano, como hacía todas las navidades, para abrir sus regalos: recibió cupones vencidos de 2x1 de la Pizzemagos, un vestido ridículo estampado de ojos, con un ojo de unicel en el hombro izquierdo (Harper lo había hecho), una bolsita con 100 galeones y una caja que tenía un elegante vestido muy bonito, con unas zapatillas Prada, al parecer su madre quería que Alex no fuera mal vestida al baile... Debía haber gastado una fortuna, esta vez le escribiría personalmente una carta a sus padres para agradecerles.
En un pergamino, la escribió contándoles como le iba en la escuela, sobre las buenas calificaciones que llevaba, hasta a ella misma le sorprendía, sobre su casa Slytherin, el Torneo y como pasó la primer prueba, y sus amigos. Al terminar de escribir, enrolló el pergamino y lo ató con un lazo. Ahora sólo lo llevaría a la lechucería, pero primero bajaría a almorzar.
Se vistió un short de algodón negro, un suéter holgado tejido gris con negro que le llegaba al muslo, unas calcetas negras que le cubrían las rodillas y unos tenis negros. Tomó el dinero que le habían mandado y bajó al comedor, habían pocos estudiantes. Engulló un emparedado y justo iba saliendo cuando una conocida voz la llamó.
— ¡Alex! ¿Tú tan temprano aquí?
— Sí Justin, enviaré una carta desde la lechucería...
— Oh, puede enviarla Bob si quieres.
— Eso me parece bien, gracias Justin — le sonrió a su hermano — ¿Qué te han obsequiado?
— Max me envió una nota diciendo que había roto mi martillo eléctrico, pero ese martillo no es mío, creo que es de papá — sonrió — Harper mandó muchas cartas y corazones... — rodó los ojos — y mamá y papá enviaron una bolsa con 100 galeones y un traje de gala muy fino.
— ¿Harper sigue diciendo que eres su novio? — El ojiverde asintió — era de esperarse. ¿Con quién irás al baile?
— Con Luna Lovegood, la chica rubia de mi casa...
— Pff, Lunática, jajaja, al menos esta vez no saldrás con una centauro — se burló.
— ¡Eso ya tiene mucho tiempo, Alex!... y Luna es una persona agradable, aunque rara — admitió Justin — además Fleur Delacour no iba a aceptar si la invitaba.
— ¿Te enteraste de lo de Ronald Weasley? ¿Que la invitó a gritos y se echó a correr?
— Oh, sí, Hermione me lo contó — rió animado el pelinegro — así no puedes decir que yo sea el más pringado de aquí — dijo Justin cruzándose de brazos satisfecho de sí.
Los Russo caminaron hasta el vestíbulo, por primera vez desde que entraron al colegio, platicando y sonriendo juntos armónicamente. Al pasar junto a unas armaduras, estas entonaron unos villancicos.
— Vaya, se nota que se han esforzado con la decoración — comentó la castaña.
Miró las barandillas de la escalinata de mármol, les habían añadido carámbanos perennes.
— Y aún falta los típicos doce árboles que colocan en el Gran Comedor — comentó Justin sonriendo — Sabes... creí que pasar navidad lejos de casa sería aburrido, triste. Por lo que me habían contado, una minoría de alumnos suelen quedarse en el castillo en estas festividades, parece que el Torneo ha hecho que la mayoría quisiese pasar sus fiestas aquí este año... hasta ahora, va todo bien, incluso estamos hablando sin pelear y eso es casi imposible.
— Jajajaja, tienes razón, "milagro de navidad" — comentó la bruja fingiendo sorpresa — pronto será el desayuno, iré a ver si mis amigos ya están ahí.
— ¿Las serpientes también celebran navidad? — bromeó el pelinegro — dame tu carta, yo la enviaré, ve al Comedor, me dijeron que el desayuno navideño incluye al menos cien pavos y budines de Navidad, junto con montones de petardos sorpresa.
— Gracias Justin.
Los dos hermanos se abrazaron y cada uno tomó su propio camino.
La castaña encontró a su amigos sentados en la mesa de Slytherin disfrutando el manjar que había aparecido, tomó asiento con ellos y pasaron toda la mañana conversando. En la tarde, salieron un rato a merodear cerca del bosque y luego volvieron a su sala común, para sentarse plácidamente en los sillones frente a la cálida chimenea. Mientras se relajaban, vieron pasar corriendo a Crabbe y Goyle a sus dormitorio, demasiado emocionados, cargando un par de trajes de gala color verdes.
— ¿Con quién irán Crabbe y Goyle? — preguntó Pansy.
— No tienen pareja, pero aún así deliran por ir — rió Draco.
— ¡No puede ser! ¡Ya son las siete! Debemos arreglarnos ahora o no estaremos a tiempo — exclamó Parkinson al tiempo en que se levantaba de su asiento y tomaba de las muñecas a Bulstrode y Russo — ¡ustedes chicos, vayan a arreglarse también! — les gritó antes de salir corriendo arrastrando a sus dos amigas hasta el dormitorio.
Draco, Blaise y Theodore hicieron caso a la de ojos verdes y también fueron a sus dormitorios a vestirse.
Las chicas por vez primera, demoraron menos de diez minutos en la ducha, se iban turnando. Una vez afuera, usaban hechizos de viento para secar sus cabellos y poción alisadora para dejarlo cepillado y manejable. Millicent se hizo una elegante trenza de lado y se emperifolló con un vestido largo amarillo con corte asimétrico en la parte de arriba. Pansy se recogió su negro cabello en un chongo bajo y se puso un vestido rosa pastel largo y amplio con muchos volantes, cabía decir que su maquillaje era exagerado.
Alex que era la más problemática con arreglarse, se rehusó rotundamente a usar un peinado recogido, lo llevaría suelto así que alació su cabello hasta la mitad de su cabeza, y desde ahí hasta las puntas se hizo ondas pronunciadas y definidas, su sedoso cabello castaño le caía hasta la mitad de la espalda como una cascada de chocolate. Por último se arropó con un vestido negro que le llegaba arriba de las rodillas y moldeaba bien su figura: de encaje en la parte superior (con fondo color piel) y escote en forma de corazón, en la cintura estaba adornado por una cadena de cristales tornasol y la falda era amplia y de tul negro. Calzó sus zapatillas negras de terciopelo con cintillo en los tobillos, aplicó un poco de máscara y delineador negro en sus ojos, labial carmín y estuvo lista.
Las brujas salieron a la sala común, sus respectivas parejas ya estaban esperándolas de pie, Malfoy, Zabini y Nott lucían elegantes gabardinas negras, Blaise y Theodore llevaban camisas y corbatas de moño negras, y Malfoy blancas, que hacían juego con su pálida piel y cabello rubio platino. Los tres estaban muy guapos y resaltaban sobre el resto de chicos Slytherin, se podría decir incluso que sobre todos los del colegio.
Subieron hasta el vestíbulo. En cuanto los seis chicos se dirigieron escaleras arriba, el resto de Slytherin caminó detrás de ellos rumbo a la recepción. En el instante que abrieron la puerta al terminar de subir las escaleras, la profesora McGonagall la interceptó con la mirada e hizo un movimiento de mano para que fuera a ella.
— ¡Los campeones por aquí, por favor!
Caminó hacia la profesora de cabello cano y aguardó de pie al lado de Malfoy, escondida detrás de los otros campeones con sus parejas. El vestíbulo cada vez se vaciaba más. En lo que los últimos estudiantes se acomodaban en el Gran Comedor, hechó un vistazo a sus compañeros del frente: al primero que vio fue a Potter, se podía apreciar que estaba muy incómodo, por eso en cuanto el cruzó la mirada con la castaña, ella le sonrió, sabía que una sonrisa cálida para él tenía mucho más valor que un elogio. Siguió recorriendo la mirada hasta que sus ojos se posaron en Cedric... él ya estaba observándola, le dedicó una sonrisa encantadora y desvió su vista hacia su acompañante: Cho Chang.
— Es la hora de entrar, colóquense detrás de mí con su pareja en el respectivo orden: Delacour, Krum, Diggory, Russo y Potter.
Al entrar al Gran Comedor todos los aplaudieron mientras cruzaban la entrada y se dirigían a una amplia mesa redonda situada en un extremo del salón, donde se hallaban sentados los miembros del tribunal. Habían recubierto los muros del Gran Comedor de escarcha con destellos de plata, y cientos de guirnaldas de muérdago y hiedra cruzaban el techo negro lleno de estrellas. En lugar de las habituales mesas de las casas había un centenar de mesas más pequeñas, alumbradas con farolillos, cada una con capacidad para unas doce personas. El lugar se veía mágico, aunque no del habitual y empolvado "mágico" de Hogwarts.
Alex hizo aparecer en su plato de oro todo lo que en el menú decía, devoró hasta la última miga del pan, nada la hacía sentir más satisfecha que comer, a excepción tal vez, de estar recostada en su sofá.
— Alex, hoy luces excepcionalmente hermosa — alagó un pálido chico a su acompañante.
— Jajaja, que adulador, Draco, eso no va contigo — le dio un codazo — tu sí que te ves muy bien, apuesto a que al entrar, tú parecías más campeón que yo.
— Que puedo objetar, soy un Malfoy, mi sublime presencia es la de un campeón — se irguió en su asiento — pero tú, Alex, brillas esplendorosa e imponente que aseguro nadie puso en duda que tú eres una campeona.
— Creo que tanta comida te ha dejado más chiflado que a Dumbledore — rió la Russo.
En eso, como si la hubiera escuchado, el director se levantó de su asiento y pidió a los alumnos que hicieran lo mismo. Movió su varita y las mesas se retiraron y alinearon junto a los muros, dejando el suelo despejado, y luego hizo aparecer por encantamiento a lo largo del muro derecho un tablado. Sobre él aparecieron una batería, varias guitarras, un laúd, un violonchelo y algunas gaitas. Las Brujas de Macbeth, el grupo de música que tan afamado era entre los jóvenes magos, subieron al escenario entre aplausos entusiastas. Eran todas melenudas, e iban vestidas muy modernas, con túnicas negras llenas de desgarrones y aberturas. Tomaron sus instrumentos y empezaron a tocar una melodía lenta y triste; los campeones y sus parejas se pusieron de pie, era el baile que debían abrir.
Invadida por los nervios, Alex se dejó llevar en el baile por Draco, le causó gracia mirar que Harry hacía lo mismo con su chica. La gente muy pronto empezó a unirse al baile, de forma que los campeones dejaron de ser el centro de atención. Las Brujas de Macbeth empezaron a tocar una nueva pieza, mucho más rápida que la anterior.
En la pista, todas las serpientes se fueron agrupando como si hubieran encontrado un nido que devorar; danzaron hasta agotarse, reían e incluso habían amistado con varios estudiantes de Durmstrang. Alex un poco agotada por el alto volumen de la música, salió un momento al tocador y cerca de la entrada se topó con un castaño.
— ¡Alex!... te ves muy bien — dijo Cedric con una sonrisa tímida.
— Tu también, Hufflepuff — respondió Alex alegre — ¿Y Cho?
— Fue al baño, me pidió que la esperara aquí... Oye, tú y... — El ojigris vaciló unos segundos — ¿Tu... huevo de oro gime cuando lo abres?
— ¿Ah..? Sí, ¿El tuyo también?
— Sí... Deberías tomar una ducha caliente, con el huevo — le sonrió.
— ¿Qué? — frunció el ceño.
— Usa el baño de los prefectos. Es la cuarta puerta a la izquierda de esa estatua de Boris el Desconcertado del quinto piso. La contraseña es «Frescura de pino».
— ¿Que, qué? ¿Es acaso un juego enfermo, Diggory? — cuestionó abriendo los ojos como platos.
— ¡No! — se ruborizó el chico — lo que intento decir es... — meditaba sus palabras — sólo hazme caso, te ayudará a reflexionar la pista para la próxima prueba.
— Lo consideraré, pero no deja de sonarme extraño — hizo un mohín gracioso — Bien, me voy, mis amigos deben estar esperándome.
— Claro... oye — bajó la vista, para luego mirar a los ojos a la castaña — Así que Malfoy es tu pareja... ¿Están saliendo?
— Todos piensan eso, jaja — rió dubitativa — pero no.
— ¡Bien! Disfruta lo que queda del baile — dijo un más animado Diggory.
— Tu también, Cedric — sonrió y volvió al Gran Comedor.
El tiempo que restó del baile, Alex la pasó muy bien canturreando, bailando y bromeando con sus amigos. Cuando a la medianoche terminaron de tocar Las Brujas de Macbeth, todo el mundo les dedicó un fuerte aplauso antes de emprender el camino hacia el vestíbulo. Las serpientes siseaban inconformes de que el baile no durara más, la noche les había parecido muy corta y aún tenían ganas de diversión.
Todos de la pandilla de Malfoy bajaron abrazados, cansados por danzar tanto. Fue de las mejores noches de Alex.
. . .
Las siguientes semanas pasaron como agua entre los dedos. A principios de enero Alex decidió hacer caso a la desconcertante recomendación de Cedric Diggory: una mañana que no tenía ánimos de asistir a clase, prefirió escabullirse al baño de prefectos del quinto piso y tomar una ducha con el huevo, fue a hora temprana porque había descubierto que los pasillos del castillo tenían menos vigilancia de Filch que en la noche.
Entró usando las palabras que el Hufflepuff había dicho, dentro hechó el cerrojo a la puerta y miró alrededor. El baño estaba suavemente iluminado por una espléndida araña llena de velas, y todo era de mármol blanco, incluyendo lo que parecía una piscina vacía de forma rectangular, en el centro de la habitación. Por los bordes de la piscina había unos cien grifos de oro, cada uno de los cuales tenía en la llave una joya de diferente color. Había asimismo un trampolín, y de las ventanas colgaban largas cortinas de lino blanco. En un rincón vio un montón de toallas blancas muy mullidas, y en la pared un único cuadro con marco dorado que representaba una sirena rubia profundamente dormida sobre una roca; el largo pelo, que le caía sobre el rostro, se agitaba cada vez que resoplaba.
Considerando que al no asistir a ninguna clase disponía de toda la mañana y tarde si quisiese, Alex sentía que debía resolver con prisa el enigma de ese escandaloso ovoide dorado. Abrió todos los grifos de la piscina, vio salir de cada uno un chorro de agua de diferentes colores y esencias, pero no les tomó importancia. Cuando la profunda piscina estuvo llena de agua, espuma y burbujas cerró todos los grifos, se quitó su atuendo, los zapatos y se metió en el agua junto con el huevo.
"De acuerdo, ya estoy en el baño de prefectos, estoy tomando una ducha con el huevo... ¿Esto como me ayuda a reflexionar?" se tomó un par de minutos observandolo y su entorno... "¿Qué hay aquí que no haya habido en mi habitación todas las veces que lo intenté descifrar?".
Bajó la vista para mirar a sus pies sumergidos bajo el agua, eso solía ayudarla a pensar desde que tenía cinco años. "Ni siquiera puedo ver mis pies, las burbujas del agua son muy espesas... Agua... ¡Agua!".
Sin chistar, se zambulló junto con el huevo en la piscina y una vez completamente cubiertos por el agua, lo abrió. En vez de los usuales graznidos, un coro de voces misteriosas cantaron.
.
Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos,
que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos.
Y estas palabras medita mientras tanto,
pues son importantes, ¡no sabes cuánto!:
Nos hemos llevado lo que más valoras,
y para encontrarlo tienes una hora.
Pasado este tiempo ¡negras perspectivas!
demasiado tarde, ya no habrá salida.
.
Alex se sumergió varias veces más analizando lo que ese mensaje significaba, hasta que por fin obtuvo su conclusión.
"Sirenas. Las sirenas viven en las profundidades y tengo una hora para recuperar lo que sea que me roben... necesitaré algo para sobrevivir".
. . .
Ya era 23 de febrero y Alex no había investigado absolutamente nada que la ayudara a pasar la segunda prueba... la había olvidado por completo.
— ¡Alex! Yo puedo ayudarte, tengo amplios conocimientos sobre todo tipo de magia — llevaba insistiendo Draco en la última semana, que se encontraba más nervioso por la prueba que la Russo — no quiero que te ocurra un evento desafortunado por... tu despreocupación — acarició tenso su cabello platino.
—Bah, yo lo solucionaré, ya tuve un primer lugar en la Primer Prueba — se acostó sonriente en su sofá de la Sala Esmeralda.
— Mi pequeña bruja... — la levantó para poder tomarla en sus blancos brazos — te juegas la vida en ese desequilibrado Torneo... ¡No te confíes! — la zarandeó.
— ¡Ya entendí! — exclamó separándose de él — Ahora mismo iré a la biblioteca para investigar algo de mi prueba, todo irá bien — le sonrió con suficiencia y salió de las mazmorras.
Trataba de aparentar tranquilidad pero por dentro se sentía a morir por la ahogante preocupación, que, literalmente, la ahogaría si no encontraba un modo de sobrevivir una hora debajo de las profundidades del agua. Iba rumbo a la biblioteca pero cuando vio a Potter y sus dos amigos leer arduamente todos los libros que encontraban, entendió que él se encontraba en la misma situación y era mejor no mezclarse.
Prefirió desviarse a la torre de Astronomía y cuando entraba a ella, dos figuras altas aparecieron a sus espaldas, causándole un sobresalto.
— ¡Booh! — susurraron.
— ¡Par de comadrejas! ¿Cómo se atreven a aparecerse así?
— Hace tiempo que no te arrastrabas por aquí, serpiente, ¿Qué ratones te trajeron hoy? — preguntó Fred Weasley.
— Creímos que ya nos habías cambiado por el hurón — torció el ceño George.
— He estado bastante distraída — argumentó la castaña — ni siquiera sé como resolveré la prueba de mañana — admitió.
— ¡La gran Russo no sabe como pasar su Segunda Prueba!
— ¡La chica que obtuvo el primer lugar en la Primer Prueba! — secundó George.
— Y sin planerarlo.
— Y vaya que fue un gran acto.
— Sorprendente — finalizó Fred.
— Sí, pero esa prueba no era nada comparada con la de ahora, necesito al tío Kelbo, no puedo recordar el hechizo que nos colocó para convertirnos en criaturas marinas cuando inundó La Guarida — lloriqueó.
— Así que esta prueba será bajo el agua — miró Fred cómplice a su hermano — ¿Por qué no te conviertes en un animal marino con el hechizo de usaste para ser dragón?
— ¡Oh, sí! eso fue impactante — agregó el otro pelirrojo.
— No me servirá, ese hechizo no durará ni diez minutos...
— Entonces crea un casco de oxígeno.
— Lo intenté hace más de un mes, no puedo, termino creando un casco de Amonio — torció la boca.
— Haz algo que Alexandra Russo sabe hacer muy bien — la motivó Fred.
— ¿Fracasos? ¿Bromas estúpidas?
— Un espectáculo de magia diferente — remató George.
. . .
El día de la Segunda Prueba llegó. Alex vistió un traje aerodinámico negro, se puso una túnica negra encima y salió de su Sala Común sin dirigirse a nadie, comió temprano para encontrarse a la menor cantidad de gente posible y se fue directamente a la explanada donde continuaría el Torneo; vio que las mismas tribunas que habían rodeado en noviembre el cercado de los dragones estaban ahora dispuestas a lo largo de una de las orillas del Lago Negro de Hogwarts.
Las gradas reflejadas en el agua, estaban casi vacías, en poco estarían rebozadas por la multitud de espectadores. Llegó a la mesa con tela dorada del tribunal y fue la primera en tomar su lugar. Con el pasar de los minutos, fueron llegando Cedric, Krum, Delacour y Potter, quien llegó cuando estaba por empezar la prueba. Para esa hora, las gradas estaban infestadas por la concurrencia que no parecía callar nunca su algarabía.
— ¿Dónde estabas, Harry? ¡La prueba está a punto de dar comienzo! — le regañó un pelirrojo bastante joven y autoritario.
Harry respiró agitado, era evidente que había llegado corriendo al Lago.
Ludo Bagman hizo a los campeones pararse en la orilla del lago y los fue espaciando entre sí a una distancia de tres metros. Alex quedó al lado de Delacour.
Bagman volvió a la mesa del tribunal. Apuntó a su garganta con la varita, dijo «¡Sonorus!», y su voz retumbó por las oscuras aguas hasta las tribunas.
— Bien, todos los campeones están listos para la segunda prueba, que comenzará cuando suene el cañón. Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha quitado. Así que, cuando...
"¡PUM!" lo interrumpió la señal de inicio de la prueba. Las tribunas se convirtieron en un hervidero de gritos y aplausos. Tres de los campeones se arrojaron instantáneamente al Lago. Alex se desprendió de su túnica, empuñó fuerte su varita y la giró levemente mientras susurraba un "Incarcereta correntus". A todo su alrededor se crearon corrientes de aire como anillos en todo su cuerpo.
