Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).
Es una historia escrita sin ánimo de lucro, con la única intención de entretener.
EL REGRESO
El torbellino paró y los tres jóvenes salieron lanzados contra el suelo.
— ¿Dónde estamos? —preguntó Harry levantándose adolorido.
Cedric sacudió la cabeza. Se levantó, ayudó a Alex a ponerse en pie, y los tres miraron en torno. Habían abandonado los terrenos de Hogwarts. Era evidente que habían viajado muchos kilómetros, porque ni siquiera se veían las montañas que rodeaban el castillo. Se hallaban en el cementerio oscuro y descuidado de una pequeña iglesia, cuya silueta se podía ver tras un tejo grande que tenían a la derecha. A la izquierda se alzaba una colina. En la ladera de aquella colina se distinguía apenas la silueta de una casa antigua y magnífica. Cedric miró la Copa y luego a Harry.
— ¿Te dijo alguien que la Copa fuera un traslador? — preguntó.
— Nadie — respondió Harry, mirando el cementerio. El silencio era total y algo inquietante.
— ¿Será esto parte de la prueba? — inquirió Alex.
— Ni idea — dijo Cedric bastante nervioso — ¿No deberíamos sacar la varita?
— Sí — asintió Harry quien seguía viendo alrededor — Alguien viene — dijo de pronto.
Escudriñando en la oscuridad, vislumbraron una figura que se acercaba caminando derecho hacia ellos por entre las tumbas. Era de pequeña estatura, y llevaba sobre la cabeza una capa con capucha que le ocultaba el rostro. La distancia entre ellos se acortaba a cada paso, llevaba algo en los brazos.
El desconocido se detuvo junto a una enorme lápida vertical de mármol, a dos metros de ellos. Durante un segundo, los tres chicos y el hombrecillo no hicieron otra cosa que mirarse. Y entonces, sin previo aviso, Harry comenzó a gritar de dolor y sujetarse la frente a la altura de su famosa cicatriz, soltó su varita y cayó al suelo. Russo quería acercarse a ayudarlo pero sus pies no le respondían, temblaba.
— Mata a los otros — dijo una voz fría y estremecedora.
Una segunda voz, gritó al aire de la noche y la varita del hombre encapuchado apuntó al pecho de Alex.
— ¡Avada Kedavra!
— ¡NO!... — exclamó una voz masculina.
Un rayo de luz verde surgió de la varita para dar de lleno en el cuerpo de la bruja y quitarle la vida, cerró los ojos, sintió un enorme peso que la empujaba hacia el lado derecho y la hacía caer al suelo, ¿Así se sentía morir? Un segundo después, cayó a su lado algo muy pesado.
Abrió sus ojos de sopetón, no estaba muerta, lo sabía, lo primero que vio fue a Harry tumbado en el suelo mirando horrorizado cerca de su dirección, siguió su mirada al lugar que veía... Era Cedric, yacía a su lado, sobre la hierba, con las piernas y los brazos extendidos. Quería llorar pero no podía, estaba inmóvil, Cedric la había salvado, había recibido el impacto de ese maleficio mortal, estaba ahí tumbado su cuerpo sin vida por culpa de ella.
El hombrecillo de la capa arrastró a Harry hacia la lápida de mármol. A la luz de la varita, se pudo leer el nombre inscrito en ella: TOM RIDDLE. El hombre de la capa hizo aparecer por arte de magia unas cuerdas que sujetaron firmemente a Potter, atándolo a la lápida desde el cuello a los tobillos. Una vez bien amarrado, sacó de la capa una tira larga de tela negra y se la metió a Harry en la boca.
Alex quería ayudarlo pero la mirada que Harry Potter le lanzaba era una clara indicación de que no podría, de que no se moviera del suelo y huyera en cuanto le fuera posible. Pero ella era terca, no se iría así, en cuanto tuviera su oportunidad se levantaría y atacaría.
El hombre volvió a donde estaba el Elegido atrapado acarreando un enorme caldero de piedra aparentemente lleno de agua. "¡Oh, no! ¡Se va a comer a Potter este caníbal!" . El desconocido hizo aparecer bajo del caldero unas llamas crepitantes.
— ¡Date prisa! — habló de nuevo la voz que había ordenado matarlos.
— Ya está listo, amo.
— Ahora... —dijo la voz fría.
El sujeto desenvolvió lo que había llevado en brazos, por la distancia no pudo observarlo bien, parecía un niño , bastante deforme. "¡No puede ser! ¡Se van a comer a un niño y a Potter! Debo hacer algo en contra de éstos satánicos..." El supuesto niño parecía cooperar perfectamente a lo que sucedía en aquél cementerio, podría decirse que el hombrecillo tenía menos entusiasmo en hacer ese ritual. Arrojó el cuerpecito extraño dentro del caldero y empezó a hablar, con voz temblorosa, hasta parecía aterrorizado, levantó la varita y cerró los ojos.
— ¡Hueso del padre, tomado sin permiso!
De la sepultura en que estaba atrapado Harry, salió un fino chorro de polvo y cayó suavemente en el caldero. Lloriqueando, el extraño sacó del interior de su túnica una daga plateada, brillante, larga y de hoja delgada. La voz se le quebraba en sollozos de espanto.
— ¡Carne... del sirviente... entregada voluntariamente...!
Extendió su mano derecha, le faltaba un dedo. Agarró la daga y se la cortó sin más, depositándola en el caldero que tomó un color rojo ardiente. Cayó al suelo aullando de dolor. Con dificultad se paró delante de Harry que permanecía con los ojos cerrados y lo apuntó con la daga.
— Sa... sangre del enemigo... tomada por la fuerza...
La punta de la daga plateada penetró en su brazo derecho haciéndolo sangrar y la sangre embarrada en la hoja afilada, el hombre la vertió en el interior del caldero.
El caldero hervía a borbotones, salpicando en todas direcciones chispas de un brillo cegador. Del interior del caldero se levantaba lentamente la oscura silueta de un hombre, alto y delgado como un esqueleto. El hombre sin una mano alcanzó con dificultad la túnica negra del suelo, se puso en pie, se acercó a su señor y se la colocó por encima con una sola mano.
El individuo delgado salió del caldero, mirando a Harry fijamente. Desvió su mirada y empezó a examinar su propio cuerpo: Sus manos eran como grandes arañas blancas, con los largos dedos se acarició el pecho, los brazos, la cara. De la túnica que llevaba puesta, sacó una varita mágica.
— Señor... — rogaba con voz ahogada el hombrecillo que sangraba por haberse cortado la mano — señor... me prometió... me prometió...
— Levanta el brazo — dijo el pálido con desgana.
— ¡Ah, señor... gracias, señor...! — Alargó el muñón ensangrentado, pero éste se rió.
— ¡El otro brazo, Colagusano!
— Amo, por favor... por favor...
Tiró del brazo izquierdo de "Colagusano". Le retiró la manga por encima del codo, a la distancia que la castaña se encontraba, sólo podía ver una extraña mancha en el brazo del de baja estatura.
— Ha retornado — dijo con voz suave — Todos se habrán dado cuenta... y ahora veremos... ahora sabremos... — Apretó con su largo índice blanco la marca del brazo de Colagusano. Retiró su dedo, sonrió ante los alaridos de dolor de su sirviente y miró a su alrededor — Al notarlo, ¿cuántos tendrán el valor de regresar? —susurró, fijando en las estrellas sus brillantes ojos — ¿Y cuántos serán lo bastante locos para no hacerlo?
Después de un minuto volvió a mirar a Harry, y una cruel sonrisa torció su muy extraño rostro.
— Estás sobre los restos de mi difunto padre, Harry — dijo con un suave siseo — Era muggle y además idiota... como tu querida madre. Pero los dos han tenido su utilidad, ¿no? Tu madre murió para defenderte cuando eras niño... A mi padre lo maté yo, y ya ves lo útil que me ha sido después de muerto.
El despiadado ser volvió a reírse. Seguía paseando, observándolo todo mientras andaba. Alex no se había percatado hasta entonces a una enorme serpiente paseándose en círculos en donde estaba el caldero.
— ¿Ves la casa de la colina, Potter? En ella vivió mi padre. Mi madre, una bruja que vivía en la aldea, se enamoró de él. Pero mi padre la abandonó cuando supo lo que era ella: no le gustaba la magia. La abandonó y se marchó con sus padres muggles antes incluso de que yo naciera, Potter, y ella murió dándome a luz, así que me crié en un orfanato muggle... pero juré encontrarlo... Me vengué de él, de este loco que me dio su nombre, Tom Riddle. Lo que son las cosas: yo reviviendo mi historia familiar... — dijo en voz baja — Vaya, me estoy volviendo sentimental... ¡Pero mira, Harry! Ahí vuelve mi verdadera familia...
El aire se llenó repentinamente de ruido de capas. Por entre las tumbas, detrás del tejo, en cada rincón umbrío, se aparecían magos, todos encapuchados y con máscara. Y uno a uno se iban acercando lenta, cautamente, como si apenas pudieran dar crédito a sus ojos. Russo procuró disminuir su respiración, aún no le prestaban atención, sdebían creerla muerta, todavía tenía una oportunidad.
Uno de los magos encapuchados se tiró de rodillas y se arrastró hacia el cruel mago delgado y le besó el bajo de la negra túnica.
— Señor... señor... — susurró. El resto hizo lo mismo. Todos se le fueron acercando de rodillas, y le besaron la túnica antes de retroceder y levantarse para formar un círculo silencioso en torno a la tumba de Tom Riddle, de forma que Harry, su señor y Colagusano, quedaron en el centro. Alex tan sólo quedó un paso atrás de uno de los encapuchados que recién habían llegado.
— Bienvenidos, mortífagos — dijo el líder en voz baja — Trece años... trece años han pasado desde la última vez que nos encontramos. Pero siguen acudiendo a mi llamada como si fuera ayer... ¡Eso quiere decir que seguimos unidos por la Marca Tenebrosa!, ¿No es así?
Echó atrás su terrible cabeza y aspiró.
— Huelo a culpa — dijo — Hay un hedor a culpa en el ambiente. Los veo a todos sanos y salvos, con sus poderes intactos... ¡Qué apariciones tan rápidas!... y me pregunto: ¿Por qué este grupo de magos no vino en ayuda de su señor, al que juraron lealtad eterna?
Nadie habló. Nadie se movió salvo Colagusano, que no dejaba de sollozar por su brazo sangrante.
— Y me respondo — susurró — debieron de pensar que yo estaría acabado, que me había ido. Volvieron ante mis enemigos, adujeron que habían actuado por inocencia, por ignorancia, por encantamiento... Y entonces me pregunto a mí mismo: ¿Cómo pudieron creer que no volvería? ¿Cómo pudieron creerlo ellos, que sabían las precauciones que yo había tomado, tiempo atrás, para preservarme de la muerte? ¿Cómo pudieron creerlo ellos, que habían sido testigos de mi poder, en los tiempos en que era más poderoso que ningún otro mago vivo? Y me respondo: quizá creyeron que existía alguien aún más fuerte, alguien capaz de derrotar incluso a Lord Voldemort.
"¿Lord Voldemort? ¿Él es el temible señor Oscuro? Estaré acabada si no escapo de aquí, pero Harry..."
— Tal vez ahora son fieles a ese alguien... ¿Tal vez a ese paladín de la gente común, de los sangre sucia y de los muggles, Albus Dumbledore? — pausó mientras oía a sus seguidores "mortífagos" murmurar — Me resulta decepcionante. Lo confieso, me siento decepcionado...
Uno de los hombres avanzó hacia Voldemort, rompiendo el círculo. Temblando de pies a cabeza, cayó a sus pies.
— ¡Amo! — gritó — ¡Perdóneme, señor! ¡Perdónenos a todos!
Lord Voldemort rompió a reír. Levantó la varita.
— ¡Crucio!
El mortífago que estaba en el suelo se retorció y gritó. Voldemort levantó la varita. El mortífago torturado yacía en el suelo, jadeando.
— Levántate, Avery — dijo con suavidad — Levántate. ¿Ruegas clemencia? Yo no tengo clemencia. Yo no olvido. Trece largos años... Te exigiré que me pagues por estos trece años antes de perdonarte. Colagusano ya ha pagado parte de su deuda, ¿no es así, Colagusano? — Bajó la vista hacia éste, que seguía sollozando — No volviste a mí por lealtad sino por miedo a tus antiguos amigos. Mereces el dolor, Colagusano. Lo sabes, ¿verdad?
— Sí, señor — gimió Colagusano — Por favor, señor, por favor...
— Aun así, me ayudaste a recuperar mi cuerpo — dijo fríamente Voldemort, mirándolo sollozar en la hierba — Aunque eres inútil y traicionero, me ayudaste... y Lord Voldemort recompensa a los que lo ayudan.
Volvió a levantar la varita e hizo con ella una floritura en el aire. Un rayo de lo que parecía plata derretida salió brillando de ella. Sin forma durante un momento, adquirió luego la de una brillante mano humana, de color semejante a la luz de la luna, que descendió y se adhirió a la muñeca sangrante de Colagusano. Los sollozos de éste se detuvieron de pronto.
— Señor — susurró — Señor... es hermosa... Gracias... mil gracias — Avanzó de rodillas y besó el bajo de la túnica de Voldemort.
—Que tu lealtad no vuelva a flaquear, Colagusano — le advirtió.
— No, mi señor... nunca.
Colagusano se levantó y ocupó su lugar en el círculo, sin dejar de mirarse la mano nueva. Voldemort se acercó al hombre que estaba a la derecha de Colagusano.
— Lucius, mi escurridizo amigo — susurró, deteniéndose ante él — Me han dicho que no has renunciado a los viejos modos, aunque ante el mundo presentas un rostro respetable. Tengo entendido que sigues dispuesto a tomar la iniciativa en una sesión de tortura de muggles. Sin embargo, nunca intentaste encontrarme, Lucius. Tu demostración en los Mundiales de quidditch estuvo bien, divertida, me atrevería a decir... pero ¿No hubieras hecho mejor en emplear tus energías en encontrar y ayudar a tu señor?
— Señor, estuve en constante alerta — dijo con rapidez una voz desde debajo de la capucha que a Alex le pareció muy familiar — Si hubiera visto cualquier señal suya, una pista sobre su paradero, habría acudido inmediatamente a su lado. Nada me lo habría impedido...
— Y aun así escapaste de la Marca Tenebrosa cuando un fiel mortífago la proyectó en el aire el verano pasado — lo interrumpió Voldemort con suavidad, y el hombre dejó bruscamente de hablar — Sí, lo sé todo, Lucius. Me has decepcionado... Espero un servicio más leal en el futuro.
— Por supuesto, señor, por supuesto... Es misericordioso, gracias.
Voldemort se movió, y se detuvo mirando fijamente al hueco que separaba a Lucius del siguiente hombre, en el que hubieran cabido bien dos personas.
— Aquí deberían encontrarse los Lestrange — dijo Voldemort en voz baja — Pero están en Azkaban, sepultados en vida. Fueron fieles, prefirieron Azkaban a renunciar a mí... Cuando asaltemos Azkaban, los Lestrange recibirán más honores de los que puedan imaginarse. Los dementores se unirán a nosotros: son nuestros aliados naturales. Y llamaremos a los gigantes desterrados. Todos mis vasallos devotos volverán a mí, y un ejército de criaturas a quienes todos temen...
Siguió su recorrido. Pasaba ante algunos mortífagos sin decir nada, pero se detenía ante otros y les hablaba.
—Macnair... Colagusano me ha dicho que ahora te dedicas a destruir bestias peligrosas para el Ministerio de Magia. Pronto dispondrás de mejores víctimas, Macnair. Lord Voldemort te proveerá de ellas.
— Gracias, señor... gracias — musitó Macnair.
— Y aquí — Voldemort llegó ante las dos figuras más grandes — tenemos a Crabbe. Esta vez lo harás mejor, ¿no, Crabbe? ¿Y tú, Goyle?
Se inclinaron torpemente, musitando:
— Sí, señor...
— Así será, señor...
— Te digo lo mismo que a ellos, Nott — dijo Voldemort en voz baja, desplazándose hasta una figura encorvada que estaba a la sombra del señor Goyle.
— Señor, me postro ante usted. Soy su más fiel servidor...
"No puede ser, son los padres de Crabbe, Goyle y Theodore..."
Llegó ante el hueco más grande de todos, y se quedó mirándolo, como si pudiera ver a los que faltaban.
— Y aquí tenemos a seis mortífagos desaparecidos... tres de ellos muertos en mi servicio. Otro, demasiado cobarde para venir, lo pagará. Otro que creo que me ha dejado para siempre... ha de morir, por supuesto. Y otro que sigue siendo mi vasallo más fiel, y que ya se ha reincorporado a mi servicio.
Los mortífagos se agitaron. Harry vio que se dirigían miradas unos a otros a través de las máscaras. —Ese fiel vasallo está en Hogwarts, y gracias a sus esfuerzos ha venido aquí esta noche nuestro joven amigo... Harry Potter ha tenido la bondad de venir a mi fiesta de renacimiento. Me atrevería a decir que es mi invitado de honor.
Se hizo el silencio. Luego, el mortífago que se encontraba a la derecha de Colagusano avanzó, y la voz de Lucius habló desde debajo de la máscara.
— Amo, nosotros ansiamos saber... Le rogamos que nos diga... como ha logrado... este milagro... cómo ha logrado volver con nosotros...
— Ah, ésa es una historia sorprendente, Lucius — contestó Voldemort — Una historia que comienza... y termina... con el joven amigo que tenemos aquí. Naturalmente, saben que a este muchacho lo han llamado «mi caída». Todos saben que, la noche en que perdí mis poderes y mi cuerpo, había querido matarlo. Su madre murió para salvarlo, y sin saberlo fue para él un escudo que yo no había previsto... No pude tocarlo. Su madre dejó en él las huellas de su sacrificio... esto es magia antigua; tendría que haberlo recordado, no me explico cómo lo pasé por alto... Pero no importa: ahora sí que puedo tocarlo — Posó uno de sus blancos dedos en la frente de Harry y luego lo retiró.
—Me equivoqué, amigos, lo admito. Mi maldición fue desviada por el loco sacrificio de la mujer y rebotó contra mí. Quedé convertido en algo que era menos que espíritu, menos que el más sutil de los fantasmas... y, sin embargo, seguía vivo. Ustedes conocen mi meta: conquistar la muerte. Y entonces fui puesto a prueba, y resultó que alguno de mis experimentos funcionó bien... porque no llegué a morir aunque la maldición debiera haberme matado. No obstante, quedé tan desprovisto de poder como la más débil criatura viva, y sin ningún recurso que me ayudara... Me establecí en un lugar alejado, en un bosque, y esperé... Sin duda, alguno de mis fieles mortífagos trataría de encontrarme... Pero esperé en vano.
Un estremecimiento recorrió de nuevo el círculo de los mortífagos. Voldemort dejó que aquel estremecimiento creciera horriblemente antes de continuar.
— Sólo conservaba uno de mis poderes: el de ocupar los cuerpos de otros. Pero no me atrevía a ir a donde hubiera abundancia de humanos, porque sabía que los aurores seguían buscándome por el extranjero. En ocasiones habité el cuerpo de animales pero en ellos no estaba mucho mejor que siendo puro espíritu, porque sus cuerpos son poco aptos para realizar magia... y, además, mi posesión de ellos les acortaba la vida. Ninguno duró mucho. Luego... hace cuatro años... encontré algo que parecía asegurarme el retorno. Un mago joven y confiado vagaba por el camino del bosque que había convertido en mi hogar. Era la oportunidad con la que había estado soñando, pues se trataba de un profesor del colegio de Dumbledore. Fue fácil doblegarlo a mi voluntad... Me trajo de vuelta a este país, y después de un tiempo ocupé su cuerpo para vigilarlo de cerca mientras cumplía mis órdenes. Pero el plan falló: no logré robar la piedra filosofal. Perdí la oportunidad de asegurarme la vida inmortal. Una vez más, Harry Potter frustró mi intento...
Volvió a hacerse el silencio.
— Mi vasallo murió cuando dejé su cuerpo, y yo quedé tan debilitado como antes — prosiguió Voldemort — Volví a mi lejano refugio temiendo que nunca recuperaría mis poderes. Entonces, no hace ni un año, cuando ya había abandonado toda esperanza, sucedió al fin: un vasallo volvió a mí. Colagusano, aquí presente, que había fingido su propia muerte para huir de la justicia, fue descubierto y decidió volver junto a su señor. Me buscó por el país en que se rumoreaba que me había ocultado... ayudado, claro, por las ratas que fue encontrando por el camino. Sus sucios amiguitos le dijeron que, en las profundidades de un bosque albanés, había un lugar que evitaban, en el que animales pequeños como ellas habían encontrado la muerte al quedar poseídos por una sombra oscura. Pero su viaje de regreso a mí no careció de tropiezos, ¿verdad, Colagusano? Porque una noche, hambriento, en las lindes del mismo bosque en que esperaba encontrarme, paró imprudentemente en una posada para comer algo... ¿y a quién dirán que halló allí? A la mismísima Bertha Jorkins, una bruja del Ministerio de Magia. Aquél podría haber sido el final de Colagusano y de mi última esperanza de regeneración, pero Colagusano convenció a Bertha Jorkins de que lo acompañara a un paseo a la luz de la luna; la dominó... y la trajo hasta mí. Y Bertha Jorkins, resultó ser un regalo mejor del que hubiera podido soñar... porque, con un poco de persuasión, se convirtió en una verdadera mina de información. Fue ella la que me dijo que el Torneo de los tres magos tendría lugar en Hogwarts durante este curso, y también la que me habló de un fiel mortífago que estaría deseando ayudarme, si conseguía ponerme en contacto con él. Los medios que utilicé a fin de romper el encantamiento que le habían puesto para borrarle la memoria fueron demasiado fuertes que tenía la mente y el cuerpo en tan mal estado que no había arreglo posible. Ya me había servido. No podía encarnarme en su cuerpo, así que me deshice de ella.
Voldemort sonrió con su horrenda sonrisa. Sus rojos ojos tenían una mirada cruel y extraviada.
— El cuerpo de Colagusano, por supuesto, era poco adecuado para mi encarnación, sin embargo, él fue el vasallo que yo necesitaba, dotado de un cuerpo que puso a mi servicio. Y, aunque no es un gran mago, pudo seguir las instrucciones que le daba y que me fueron devolviendo a un cuerpo, al mío propio, aunque débil y rudimentario; un cuerpo que podía habitar mientras aguardaba los ingredientes esenciales para el verdadero renacimiento... Uno o dos encantamientos de mi invención, un poco de ayuda de mi querida Nagini... —los ojos de Voldemort se dirigieron a la serpiente, que no dejaba de dar vueltas—, una poción elaborada con sangre de unicornio, y el veneno de reptil que Nagini nos proporcionó... y retomé enseguida una forma casi humana, y me encontré lo bastante fuerte para viajar. Estaba deseando abrazar de nuevo la vida mortal, antes de buscar la inmortal. Me conformaría con retornar a mi antiguo cuerpo, y a mi antigua fuerza. Sabía que para lograrlo necesitaría tres ingredientes muy poderosos. Carne ofrecida por un vasallo... El hueso de mi padre y la sangre de un enemigo... yo sabía a quién tenía que usar si quería ser aun más fuerte de lo que había sido antes de mi caída: quería la sangre de Harry Potter. Pero ¿cómo atraparlo? Pues, por supuesto, aprovechándome de la información de Bertha: usando a mi único mortífago fiel, establecido en Hogwarts, para asegurarme de que el nombre del muchacho entraba en el cáliz de fuego, usándolo para asegurarme de que el muchacho ganaba el Torneo... de que era el primero en tocar la copa, la Copa que mi mortífago habría convertido en un traslador que lo traería aquí, lejos de la protección de Dumbledore, a mis brazos expectantes. Y aquí está... el muchacho que todos ustedes creían que había sido «mi caída» — Voldemort avanzó lentamente, y volvió su rostro a Harry. Levantó su varita — ¡Crucio!
— Creo que ven lo estúpido que es pensar que este niño haya sido alguna vez más fuerte que yo — dijo Voldemort — Pero no quiero que queden dudas en la mente de nadie. Harry Potter se libró de mí por pura suerte. Y ahora demostraré mi poder matándolo, aquí y ahora, delante de todos ustedes, sin un Dumbledore que lo ayude ni una madre que muera por él. Le daré una oportunidad. Tendrá que luchar, y no les quedará ninguna duda de quién de nosotros es el más fuerte. Ahora, Colagusano, desátalo y devuélvele la varita.
Mientras Colagusano liberaba a Harry Potter, avanzó hacia el cuerpo sin vida de Cedric y a Alex.
— Uh... vaya que era un muchacho apuesto, que... desperdicio.
— ¡No lo toques! — Aulló Harry asustado de que descubriera a Alex.
— ¿Por qué no?... — Voldemort dirigió su mirada al otro cuerpo tendido, y con su vista de halcón notó la respiración. Tomó su varita y la elevó por los aires — Pero veo que tú sigues viva, jovencita...
"Me ha descubierto, ya no sirve de nada fingir más..."
— ¡Suélteme!
— Te haré el favor... — la dejó caer en picada al suelo — He escuchado sobre ti... Alexandra Russo, la bruja americana que erradamente también obtuvo su lugar en el Torneo.
Alex se puso de pie e intentó encarar al mago tenebroso pero antes de que siquiera lo intentara, éste la sujetó por el cuello y la miró directamente con sus ojos de color rojo amoratado y pupilas que parecían de felino. Ya de cerca, notó que tenía la nariz tan aplastada como la de una serpiente, con pequeñas rajas en ella en vez de orificios.
— Insignia Slytherin — dijo mirando el uniforme que vestía — ¿Por lo menos le das honor a tu casa? Yo fui de Slytherin, el mejor, y por lo que he escuchado de ti, no eres tan mala bruja... podría decirse que eres buena aunque poco disciplinada — le sonrió — tengo entendido que mantiene amistad con sus hijos, sobre todo con el tuyo, Lucius — agregó dirigiéndose a los Señores Crabbe, Goyle, Nott y Lucius.
"¿Qué? ¡¿Acaso ese hombre es el padre de Draco?!"
— No suelo ser tan optimista con niños, pero contigo lo seré. Te ofrezco unirte a mis filas, Alexandra Russo. Yo confío en ti, puedo ver que hay un poder muy grande que aún no logras descubrir, pero conmigo lo desarrollarás y no tendrás que seguir a nadie más que a mí.
Alex permaneció callada, ese hombre era imponente, tal como Draco una vez le había contado, pero causaba temor, ¿Era esa la clase de poder que le había mencionado? Tan cruel, tan despiadado, ¿Era acaso ese poder que ella mantenía oculto? ¿Era como el mundo de la magia podría al fin ser libre? Relajó sus músculos, no quería atacar a Lord Voldemort, estaba confundida.
— Creo que aún no estás lista para responder, pero te aseguro que volveré y sé que aceptarás formar parte de mí.
Soltó a la castaña dedicándole una malévola y extrañamente esperanzada sonrisa, y volvió hacia Harry cuando lo escuchó caer con brusquedad tras ser desatado.
— ¿Te han dado clases de duelo, Harry Potter? — preguntó Voldemort con voz melosa — Saludémonos con una inclinación, Harry — dijo Voldemort, agachándose un poco, pero sin dejar de presentar a Harry su cara de serpiente — Vamos, hay que comportarse como caballeros... A Dumbledore le gustaría que hicieras gala de tus buenos modales. Inclínate ante la muerte, Harry.
Los mortífagos volvieron a reírse. La boca sin labios de Voldemort se contorsionó en una sonrisa. Harry no se inclinó. No iba a permitir que Voldemort se burlara de él antes de matarlo... no iba a darle esa satisfacción...
— He dicho que te inclines — repitió Voldemort, alzando la varita.
Harry se inclinó obligado por el señor Oscuro.
— Muy bien —dijo Voldemort con voz suave.
— Ahora da la cara como un hombre. Tieso y orgulloso, como murió tu padre... Señores, empieza el duelo.
Al tiempo que Harry gritó «¡Expelliarmus!», Voldemort lanzó su «¡Avada Kedavra!». De la varita de Voldemort brotó un chorro de luz verde en el preciso momento en que de la de Harry salía un rayo de luz roja, y ambos rayos se encontraron en medio del aire. Un estrecho rayo de luz que no era de color rojo ni verde, sino de un dorado intenso y brillante, conectó las dos varitas.
Tanto Harry como Voldemort estaban elevándose en el aire, y sus varitas seguían conectadas por el hilo de luz dorada. Se alejaron de la lápida del padre de Voldemort, y fueron a aterrizar en un claro de tierra sin tumbas. Los mortífagos gritaban pidiéndole instrucciones a Voldemort mientras, seguidos por la serpiente, volvían a reunirse y a formar el círculo en torno a ellos. Algunos sacaron las varitas. Alex había avanzado también a donde se enfrentaban los dos magos.
La luz dorada expandió burificaciones a su alrdedor, entrelazándolas alrededor de Voldemort y Harry, encerrándolos.
Dentro, el poder de Voldemort comenzó a dominar, su haz de luz verde iba acercándose a Potter, luego fue al revés, y en ese momento todos los mortífagos empeazron a armar alboroto. Dentro de la red dorada que envolvía a los peleadores, aparecieron los espectros de personas que intentaban proteger a Harry, Cedric también estaba ahí. Como no lo había hecho antes, Alex derramó lágrimas, se apartó de la escena y corrió de vuelta junto al cuerpo del castaño, tenía que irse, escapar... pero iba a esperar a Potter.
De un momento a otro, Harry se soltó del rayo que lo unía a la varita de su enemigo y corrió con todas sus fuerzas a donde estaba el cuerpo de Diggory, gritando el nombre de Alex para llamarla. Voldemort no podía atacar, bultos grises se anteponían a él, sus seguidores buscaban al chico y le lanzaban hechizos para detenerlo pero Harry los esquivaba bien. La castaña decidió ayudarlo, desde su ubicación lanzó algunos hechizos aturdidores a los mortífagos más cercanos.
Harry llegó hasta ella a salvo.
— ¡Accio! — gritó Harry, apuntando a la Copa de los tres magos con la varita.
La Copa voló por el aire hasta él. Harry la cogió por un asa, Alex por la otra. Se oyó un grito furioso de Voldemort en el mismo instante en que los pies de los muchachos se sacudían, significaba que el traslador había funcionado. Regresaban...
. . .
Cayeron de golpe en el césped, agarrados al cuerpo inerte de Cedric.
Harry no se movía, Alex intentaba mirar a su alrededor mientras contenía las lágrimas, vislumbró donde estaba: habían vuelto al Torneo, eso explicaba el bullicio de alrededor, ya estaban a salvo...
— ¡Harry! ¡Alexandra!
— Ha vuelto... Voldemort volvió... — decía temblando Potter y abrazando con más fuerza el cuerpo del castaño.
— ¡Dios mío! ¡Cedric esta muerto, Albus! — dijo un hombre de la multitud y pronto se corrió la voz entre el resto de espectadores.
— Yo me llevaré a Harry a la enfermería...
— ¿Y la señorita Russo?...
— Amos Diggory viene hacia acá, ¿Cómo le decimos lo de su hijo?...
— Yo hablaré con él...
— Harry, ven, debes acostarte...
— ¡Alex! — varias manos la sujetaron y jalaron — ¡¿Qué pasó?! ¡¿Estás bien?! — preguntaba Pansy. Alrededor de ella estaban el resto de sus amigos.
— Escuché a Harry decir que el señor Tenebroso volvió... ¿Es verdad? — cuestionó Nott.
— No es el lugar apropiado para conversar, Theo — interrumpió Draco muy serio — A la Sala Común, ahora.
Las serpientes se fueron inmediatamente a las mazmorras, llevando a la Russo del brazo, ya que seguía impactada por lo que hace menos de cinco minutos había ocurrido. Una vez dentro de su guarida, se establecieron en los elegantes sillones frente a la chimenea y comenzaron a hablar.
— Ahora dinos, Alex... ¿Qué fue lo que pasó? — preguntó Zabini.
— Lord... el señor Oscuro volvió. Lo vi resurgir en el cementerio donde está la tumba de su padre...
— ¿Habían más? ¿Te hizo algo? ¿Cómo es que te dejó con vida? — quiso saber Nott.
— Sí, habían varios mortífagos... los padres de Crabbe, Goyle, el tuyo... y tu padre, Draco — agregó mirándolo a los ojos — se suponía que su sirviente nos mataría a Cedric y a mí, pero como Cedric se puso frente a mí para protegerme y ambos caíamos al suelo... debió creer que también había muerto yo — no pudo evitar pensar en el castaño y derramar una lágrima, acto que no pasó desapercibido Malfoy — después del renacer del señor Tenebroso y darse cuenta que yo seguía con vida... me... ofreció unirme a ellos...
Todos sus amigos quedaron boquiabiertos por tal comentario.
— ¿Por qué lo habría hecho? No ofrece un espacio en sus tropas y menos a tan jóvenes — mencionó Parkinson.
— Dijo que tal vez no estaba lista para responder pero que... volvería después — agregó.
— El señor Oscuro nunca se equivoca, ha visto tu magnífico potencial con la magia y por ello te ha ofrecido un digno puesto entre los mortífagos, no puedes rechazar dicha propuesta — objetó Draco — pronto volveremos a la cúspide del mundo mágico, amigos, le demostraremos a los muggles, sangre-sucia y traidores a la sangre quienes son los mejores.
. . .
El resto del tiempo que pasó en Hogwarts, Alex apenas y salía de su habitación. No acudía a clases, total, ya casi terminaba el año, lo único que deseaba ahora era volver a casa con su familia, cambiar de continente para no estar constantemente recordando la muerte de Cedric Diggory y la propuesta de Lord Voldemort...
En el último banquete del colegio, decidió no entrar, el profesor Dumbledore había dedicado palabras a la memoria de Cedric, llorar frente a todo el cuerpo estudiantil, frente a sus amigos, no le parecía buena idea, no quería parecer una niña sentimental. Sin embargo las serpientes cercanas a ella notaron el especial interés que tenía Alex por el fallecido castaño, sobre todo Draco, quien tomó una actitud más hosca con el trío dorado que odiaba y a Alex la evitaba.
El día de partir, sus padres insistieron en no tomar el tren, se enviarían por correo con el "Envius Espontaneous" y la llave mágica, para llegar inmediatamente a la Subestación.
— Tranquila, hija, ya estás en casa — decía Theresa a su hija — ¡Te prepararé tu comida favorita!
— Alto — interrumpió Max — ¿El secreto para que seas buena madre es que te sientas culpable por ver sufrir a tu hija por presenciar la muerte de un chico? ¡Quién entiende a las mujeres!
— Max, guarda silencio — hizo callar Jerry — también se siente culpable por haber aceptado el premio de los mil galeones que le dio el chico huérfano.
— De acuerdo, ustedes dos no ayudan en nada — interrumpió Justin, mirándolos con desaprovación — Alex, será mejor que vayamos arriba.
— Sí, será mejor — dijo Alex rodando los ojos — Aunque... mamá, si me interesa lo que vayas a cocinar, podrías traerlo a mi habitación, gracias — sonrió pícara mientras subía por las escaleras.
— Alex, si quieres no vuelvas a Hogwarts el próximo año, yo puedo convencer a papá de que...
— No, Justin, no te vas a deshacer de mí tan fácil — le sonrió a su hermano agradecida por lo que intentaba hacer.
— Al menos lo intenté — le devolvió la sonrisa y la abrazó.
— El próximo año será mejor, estoy segura.
Por sus venas, sintió hervir su sangre con poder, fuerza que nunca antes había sentido, sabía que si las cosas se ponían mal, ahora tendría más valor de enfrentarlas, tal vez Lord Voldemort tenía razón, ella tenía un gran poder que aún no conseguía sacar a la luz.
. . .
— ¿Qué pasará ahora que ha regresado el señor Tenebroso? — preguntaba impaciente una voz profunda y fría.
— No lo sé, Severus, debemos derrotarlo antes de que aumente su poder o no podremos... — no logró terminar su frase.
— ¿Sigues pensando que fue buena idea sólo dejar ir a Russo? Ella estuvo ahí... ¿Cómo logró evitar que él la matara? Debimos interrogarla, yo te lo dije — reprochó Snape dándole la espalda a Dumbledore — Potter no pudo salvarla si apenas podía protegerse a sí mismo.
— Recuerda que la señorita Russo tiene gran habilidad con el uso de la magia, no la desacredites — argumentó — quizá tuvo ideas brillantes para combatirlo el tiempo suficiente para sobrevivir...
— ¿Y a todos los mortífagos también? — su mirada se endureció — Potter no mencionó nada sobre Russo cuando te informó sobre su estadía en ese cementerio, de haber hecho algo tan sorprendente no lo habría pasado por alto en su declaración.
— Entiendo tu punto, Severus, pero es sólo una niña que ha corrido con suerte...
— Yo lo descubriré.
Snape salió de la oficina de Dumbledore con las pupilas totalmente congeladas y con el rostro paralizado por la preocupación. Voldemort había regresado, era su momento de actuar.
