(Unos días antes)
Nick avanzaba despreocupado por el pasillo que conducía a la cocineta de la estación, había guardado un par de bocadillos para después en la alacena más alta, donde sabía que Garraza no podría llegar ni con escalera; un pensamiento latía molesto en un borde de su conciencia, producto del chismorreo del recepcionista (Benji, solía llamarlo él), que lo había detenido en la mañana.
El periodista
—Wilde, ¿Sabes qué quería la liebre?
—Ah, ¿Es un acertijo? —Murmuró bajando la cabeza para mirar a su amigo sobre el filo de los lentes, ya que llevaba los dos cafés matutinos en las manos.
— ¿Por qué? ¿Sabes acertijos de liebres? —Irrumpió fascinado. Pero luego, priorizando la calidad de la información, continuó. —No, hablo del periodista que vino más temprano, quería hablar con Judy.
Y entonces obtuvo toda la atención del zorro.
Cualquiera que se acercara a su compañera tenía que pasar primero revisión con él. Se había vuelto muy meticuloso respecto a las personas que se acercaban a ellos, principalmente porque últimamente (Desde que se había colgado el poster de los mejores oficiales de la ciudad fuera de la estación, para ser exactos), Judy había tenido muchos visitantes, admiradores de su trabajo y fans de ella misma (No era la única, varios oficiales recibían visitas, pero por estadísticas de Garraza, de cada veinte fans que entraban a la estación, trece se dirigían a Judy, cuatro a Nick, y tres a cualquier otro oficial de policía); la mayoría de las visitas incluía regalos de todo tipo, como donas, dulces, canastas de frutas, peluches de diversos tamaños y, en alguna ocasión, un juego de pulseras que incluía un dije en forma de corazón. Aunque al principio, todo el mundo creía que la sobreprotección del zorro se debería a celos de hermano mayor, un día (Y que se note la ironía del asunto) llegaron siete comadrejitas con una canasta de dulces cuyo centro y atracción principal era una manzana cubierta de caramelo… envenenada.
¿Y cómo se habían dado cuenta?
Simple, Nick no confiaba en los niños que habían llegado con la canasta, así que sugirió a la coneja partir la manzana entre todos como un acto de gratitud. Cuando los muchachitos se negaron y Judy partió la manzana por mitad, bastó el fino olfato de Garraza para decir que valía la pena examinar la fruta.
—No huele precisamente a otoño. —Había dicho.
Los niños se habían ido y Judy había dejado la manzana para después. En medio de ese después, la fruta se había podrido hasta el corazón.
— ¿Y qué quería con Judy? —Soltó al fin, ya no tan sarcástico.
—Pues es obvio, una entrevista. Quiere hacer un reportaje de seguimiento al caso Bellweather. Pero se mostró muy interesado en el trabajo de la oficial Hopps, dijo que ella lo… Intrigaba sobremanera con esos ojos violeta que sólo eran capaces de ver la justicia en nuestra ciudad.
—Intrigado, ¿eh? —Musitó molesto, clavando sus garras en los cafés sin llegar a derramarlos.
—Yo no creo que sea simplemente una entrevista, creo que tiene interés personal en tu pareja.
— ¿Pareja? ¿Cómo que pareja? —Soltó perplejo.
—Pues son pareja, ¿No? De policías, siempre van en pareja.
—Ah, eso. Normalmente decimos colega o… compañero. ¿Partner?
—Sí, lo sé. —Dijo retorciendo el cable de su radio con una sonrisa tímida. —Pero he estado viendo una serie de policías y se dicen pareja. Creo que es algo poético llamarse así. Lamento haberte molestado.
—No me molestas, sólo me tomaste por sorpresa. Es creativo. —Admitió mirando a su amigo. —La liebre ésta…
—Éste. —Dijo entrelazando los dedos y componiendo una sonrisa. —Era una liebre, sí, pero macho. No sé si sea correcto decir un liebre, o un liebro… En fin, deberías haberlo visto. Primero creí que era detective, es decir, sólo por su facha. Camisa beige oscuro, saco y chaleco a juego en un color gris Oxford que realzaba con elegancia el tono marrón de su pelaje, ojos grises también, sombrero de lado y las orejas sobresaliendo por las hendiduras del ala del sombrero, sólo le faltó el cigarrillo, aunque olía a humo. ¡Parecía salido de una película!
— ¡Ya, ya-ya! ¿Y luego? ¿Qué dijo?
—Buenas tardes, busco a la oficial Judy Hopps para una entrevista. —Comentó imitando un tono galán y fanfarrón. —Así lo dijo, no miento.
— ¿Y qué le dijiste?
—Que no podía recibirlo porque estaba muy ocupada.
— ¿Muy ocupada?
—Sí, terminando el papeleo de un caso, ella siempre llega media hora antes que tú para terminar con lo que no se hizo el día anterior. —Nick sintió una punzada de culpa al escuchar esas palabras, sabía perfectamente que el trabajo que ella terminaba era el suyo. —El caso es que dijo que tenía interés en concretar una cita con ella para hablar sobre el caso Bellweather y… otras cuestiones profesionales. Dijo que había estado siguiendo muy de cerca a la primera presa que se había convertido en depredadora en la ciudad al graduarse con excelencia de la academia y que estaba muy intrigado por la manera en que sus preciosos ojos violáceos veían el crimen en la ciudad. Que era urgente concretar la cita.
— ¿Y se fue?
—Sí, pero dijo que volvería.
—Veamos si todavía quiere su cita cuando nos veamos. Gracias Benji, por cierto, hay una dona pendiente en la alacena, no me la he de comer. No es mi sabor favorito.
— ¿En serio me la das? —Preguntó esperanzado. —Eso es muy amable.
—Corre, yo me quedo en recepción mientras regresas.
Nick suspiró frustrado alcanzando la bolsa de papel con las galletas de zanahoria que tanto le gustaban a Judy, olfateó el paquete y tras llevarse una galleta a la boca recordó por qué no le robaba bocadillos a la herbívora, el gusto a tierra. Sonrió sacando además la taza del hornito y enfiló de nuevo hacia su escritorio para seguir fastidiando a su amiga, solía prepararse café por las tardes pero nunca le llevaba nada a Judy, después de meses de compartir el escritorio y el turno con ella como compañeros, seguía siendo un zorro mañoso.
Sonrió tras pensar en sí mismo de aquella manera y luego volvió su atención al camino.
Algo lo hizo agudizar el oído, la risa de Judy. Ella nunca revisaba redes sociales ni mucho menos cuando estaba trabajando, así que vio ahí una buena oportunidad para fastidiarla un rato antes de admitir que le había hecho un regalo.
— ¡Vaya, vaya oficial Hopps! —Exclamó antes de salir al cubículo que los dividía del resto de sus colegas, su escritorio estaba más cerca al pasillo que los demás, así que no necesitaba gritar, sin embargo, cuando se percató de que el periodista que Garraza había descrito estaba sentado en el escritorio (Tal como él hacía cuando husmeaba en el papeleo de Judy o cuando le revisaba la redacción de los archivos), sintió un baldazo helado en el estómago. —Oh, lo siento. No sabía que estuvieras ocupada.
— ¡Nick, ven un momento! —Exclamó ella levantándose a toda prisa y rodeando al periodista y el escritorio. El zorro dejó la bolsa y la taza para que Judy pudiera tomarle una mano y jalarlo junto con ella. —Quiero presentarte a Anthony Harewell.
—Tony para ti, preciosa.
—Gracias. —Murmuró apenada con media sonrisa en el rostro. Sin embargo miró a Nick con una sonrisa y continuó. —Es periodista, trabaja para The cheeta. Y está interesado en la historia de Bellweather.
— ¿De veras? —Exclamó fingiendo sorpresa sin soltar la mano de Judy.
—Le decía que se topó con el equipo indicado al…
—Ah, lo siento, querida. Sólo contigo. —Cortó Harewell tomando su sombrero y mirándolos alternadamente. —Él no era oficial cuando resolvieron el caso y, de todos modos, creo que a la comunidad le interesará más saber del punto de vista de los nuestros cómo ocurrió todo. No sé si Nicholas pueda…
—Oh. —Interrumpió ella apretando un poco la mano de su compañero y percatándose de que él le devolvía el agarre, lo soltó encarando al periodista. —Lo siento, pero somos un equipo ahora, y de no ser por él no habría resuelto el caso, ni siquiera seguiría siendo policía. Así que, desafortunadamente, si le interesa la entrevista tiene que ser a ambos.
—Ya veo… Bueno, guapa. De todos modos gracias por el encuentro, me encantaría tener esa entrevista contigo, de verdad… Pero será en otra ocasión entonces. Señor Wilde… —Dijo ofreciéndole la mano. Nick lo miró un momento antes de aceptar el apretón, percatándose de que en aquel simple hecho lo estaba retando. Sintió la presión en su mano y tuvo que luchar con todas sus fuerzas contra el instinto que lo obligaba a gruñir y encajarle las garras entre el pelaje para exigirle que se fuera inmediatamente.
Judy notó la tensión que había aparecido entre ellos mientras se miraban a los ojos y se aclaró la garganta en un intento desesperado por hacer que se soltaran la mirada.
—Ha sido un placer conocerlo, Harewell. —Dijo Nick con una sonrisa apretada.
—El placer ha sido mío. Cualquiera que ande tan cerca de ésta joya de la justicia merece mi respeto.
—Pero no una entrevista.
— ¿Qué quiere decir? —Preguntó entre dientes, componiendo una expresión feroz.
—Lo sabe perfectamente. —Respondió con idéntica actitud.
— ¡Vaya! Es tarde, Nick. —Exclamó Judy tomando la mano libre del zorro y jalándolo hacia sí. —No creo que quieras perder la oportunidad de hacer patrullaje. Es jueves.
—Cierto, Zanahorias. —Dijo cediendo ante el juego de miradas mientras soltaba a la liebre y ponía toda su atención con su amiga, retomando su actitud despreocupada y ligera. —Lo que quiere decir café cargado y yo por la derecha.
—El mío blanco, por favor, ésta vez compláceme.
—Zanahorias… —Musitó como si hablara con un niño pequeño mientras le acariciaba la cabeza. —Si no te cuido yo, nadie lo va a hacer, no te quiero diabética a los veintitantos.
— ¡Oh, vamos! —Exclamó quitándose al zorro de encima. —Te estoy dejando conducir todos los jueves del año, al menos cómprame mi moca blanco.
—Veremos. —Exclamó tomando las llaves del escritorio ignorando al periodista mientras se dirigía a la entrada, dejando a Judy atrás.
—Gracias por el interés. —Dijo Judy ligeramente nerviosa. —Pero sin mi compañero, no estoy interesada.
Harewell le ofreció una mano y cuando Judy aceptó la despedida, él le besó los nudillos y la miró a los ojos con la intensidad de una tormenta. —Espero hacerte cambiar de opinión.
