Judy tenía puesto un audífono mientras esperaba a que su compañero regresara con los cafés, el otro oído lo tenía libre por si escuchaba algo en la radio y se mantenía alerta mirando a su alrededor. Si podía jactarse de algo era de su habilidad para poder hacer varias cosas al mismo tiempo. Sonrió al ver a Nick charlando alegremente con un par de corderitos que, si acaso, tendrían cuatro o cinco añitos de edad y le acababan de pedir una firma en la fotografía arrancada de una revista, de la portada del Times, precisamente. Ambos aparecían en portada, espalda con espalda, mirándose con complicidad como si ocultaran un gran secreto.

Si leías el artículo completo te dabas cuenta de que venía acompañado con varias fotografías tomadas durante la entrevista, mismas en las que aparecía la pareja charlando con una periodista y otras más en las que ellos aparecían discutiendo entre ellos. Cuando Judy había comprado la revista para leer el reportaje hecho a la ZPD, se dio cuenta de que en realidad el departamento era tocado muy por encima puesto que la prioridad del artículo eran sus dos oficiales estrella. Había una nota anexa en la que hablaban del jefe Bogo y en la que venía una confesión firmada en la que había odiado a Leonzales cuando asignó a Hopps a la unidad, y que había desconfiado de Wilde, pero gracias a los resultados de casos cerrados de la pareja, había cambiado de opinión.

Ellos son la muestra de que nuestra sociedad ha avanzado en los últimos años. Había añadido para cerrar la entrevista. Hopps y Wilde son el claro ejemplo de que las diferencias y los prejuicios están de más y creo que vemos el surgimiento de una era distinta. De verdadera equidad.

Judy suspiró. Si Bogo lo creía, ¿Por qué no ella?


Sobre la pista


—Oye Nick. —Dijo pensativa recibiendo el café. — ¿Por qué no te gusta Harewell?

—Pues porque es una liebre. —Soltó como si aquello fuera obvio, permitiendo que una sonrisa de lado a lado le llenara el rostro mientras daba un portazo, mismo que hacía que Judy le gritara casi cada jueves.

Judy le dio un trago al café, confiada, se arrepintió al instante, escupió por la ventana el trago amargo que la acababan de hacer pasar y le atestó un golpe en el hombro a Nick. — ¡Ni siquiera le pusiste azúcar! —Gritó revisando no haberse bañado a sí misma para luego, con voz trémula, agregar. —Y es café negro.

Nick soltó una carcajada retorciéndose en el asiento, cuidando de no derramar el contenido de su vaso y cuando Judy lo golpeó de nuevo, le arrebató el vaso de la mano y le entregó el que él llevaba consigo. La coneja olfateó el contenido antes de darle un sorbito y luego un trago largo al percatarse de que sí le había cumplido el capricho.

— ¡Cielos, Zanahorias! Tu cara, no tuvo precio tu cara. Desearía…

—Debiste hacer una foto si tanto te gustó. —Espetó molesta cruzándose de brazos.

— ¡La hice! Sonríe. ¡Oh, vamos! ¿Te molestaste conmigo, pedacito de algodón?

— ¡No me llames así!

—Ah, pero si es mi apodo favorito.

—Yo pensé que Zanahorias era tu favorito.

—Te queda mejor. ¿Qué decías de Harewell? —Preguntó tratando de zanjar el tema de los apodos.

Judy suspiró, conocía mejor que nadie al zorro que pilotaba y conocía cada treta, así que dándose por vencida con el tema, preguntó en medio de un suspiro. — ¿Por qué no te cae bien?

—Es reportero para un periódico amarillista y burlón que está interesado personalmente en hacerle una entrevista a mi pareja de patrullaje. No le interesa nadie más en la fuerza y aunque quiere hablar del caso Bellweather, tampoco le interesa hablar con el colega que ayudó a resolver el caso. Eso sólo para empezar.

—Así que hay lista. —Murmuró dándole otro sorbito a su café mientras Nick arrancaba la patrulla.

—Sí-p. ¿Quieres escucharla? —Judy soltó una carcajada ante el descaro del zorro y asintió frenética mientras se llevaba el café a la boca. —Sabes que soy bueno para saber cómo son los animales de la ciudad, recuerda que yo conozco a todo el mundo. —Judy asintió volteando los ojos. —Bueno. No me gusta Harewell. Es todo, en realidad no hay razón, algo, mi instinto me dice que desconfíe de él porque puede voltearse contra nosotros en cualquier momento. —Guardó silencio un momento para poder organizar sus ideas y al final añadió. —Darle la entrevista es peligroso, no dársela sería peor.

—Pero no quiero hablar con él si no estás presente. —Interrumpió girándose en su asiento para mira a su compañero. —Tú eres parte del equipo. Somos…

— ¿Pareja? —Soltó malicioso, pensando en Garraza mientas sonreía con picardía. Judy arrugó la nariz y miró a Nick con cara de pocos amigos. — ¿Qué? Siempre salimos en parejas a patrullar.

—Pues sí.

—Ya, orejas, no hagas caso de mi instinto. Tal vez te estoy sobreprotegiendo y no quiero que pienses que soy un zorro celoso nada más.

—Me gusta que seas un zorro celoso. —Murmuró con la boca pegada al borde del café.

— ¿Cómo dices? No entiendo tus balbuceos.

—No importa, sólo digo…

¡Unidades cercanas al Centro comercial Madisson repórtense inmediatamente! —Urgió la voz de Garraza en el radio. —Se acaba de reportar un tiroteo cerca.

Judy tomó el radio antes de que Wilde se diera cuenta. No le gustaba del todo que su amiga tomara cada llamada de Garraza puesto que la mayoría de las urgencias tenían tonos peligrosos y estaban involucradas con persecuciones y tiroteos.

— ¡Garraza! Dame los detalles.

Hopps, civiles llamaron para decir que un grupo de mapaches abrieron fuego contra la seguridad del centro comercial sin previo aviso y se dieron a la fuga, parece que hay una baja.

— ¿Civil?

No lo sabemos.

—Vamos en camino.

.

La escena del crimen ya estaba delimitada por las características bandas amarillas. Los animales se aglomeraban alrededor de las cosas para seguir echando vistazos a lo que había pasado pero varios oficiales ya estaban ahí para impedirles el paso y obligarlos a retroceder.

Judy y Nick se acercaron a echar un vistazo descubriendo que Harewell ya se encontraba fotografiando la escena del crimen.

— ¡Qué sorpresa verlo por aquí, detective! —Exclamó observando al oficial Nick, que se acercaba seguido de cerca por Judy mientras ella miraba a todos lados. —Preciosa, siempre es un placer verte, no pensé que terminaría viéndote en la escena del crimen. Pensé que no estabas en brigadas especiales.

—Si un crimen se llevó a cabo en mí ciudad, yo haré hasta lo imposible por resolverlo. —Espetó con voz gutural, casi amenazante mientras se colocaba a la derecha de Nick.

—Y por eso es que la admiro tanto.

—Sí, sí, sí… —Espetó el zorro empujando a Harewell para abrirle el paso a Judy. —Halagos cuando resolvamos el crimen.

—Oficial Hopps, Wilde, qué gusto tenerlos por aquí. —Admitió el tigre que les dio la bienvenida. —No sabíamos cómo abordar esto.

— ¿Qué tenemos? —Urgió Judy mirando el escenario.

—Un cuerpo. Sin identificación ni números de emergencia, ni siquiera cartera o algo que nos dé una pista sobre su origen. Sólo unas cuántas manchas de sangre y nada más.

—Ya veo. —Murmuró Judy. Nick se acercó a la escena del crimen indagando en todos lados, mirando en todas direcciones y tratando de descubrir algo que el equipo de investigación no hubiera visto o hubiera pasado por alto.

Se agachó sobre una de las manchas más extensas de sangre y se agachó para poder olfatearla más de cerca, su expresión se tornó de confusión y sacó una bolsita de evidencias del bolsillo.

— ¡Oye, Zanahorias! —Exclamó agitando una mano en dirección a su compañera sin dejar de mirar la mancha oscura que yacía a sus pies. —Trae tu pedacito de algodón para acá. Necesito recoger esto.

—Ja, ja. —Musitó la chica tomando nota de los últimos detalles que le daba el otro oficial. —Mil gracias por la información. ¡Wilde! No hagas nada de momento, no nos han dado el caso todavía.

—Pero no tardas en obtenerlo. —Espetó mirando la patrulla que se estacionaba frente al centro.

Bogo salió a toda prisa, pasando bajo las bandas amarillas y mirando a sus oficiales. — ¿Qué tenemos aquí?

—Nada concluyente, señor. —Informó Judy solemne mientras guardaba su libreta. —Hasta ahora sólo podemos decir que el mapache en cuestión recibió un impacto de bala y llevaba consigo un arma ligera, un revolver cualquiera, pero no lo tenemos registrado en nuestras bases de datos según Garraza; el impacto que el sujeto en cuestión recibió en el costado fue fulminante.

—Parece cosa de escopeta. —Murmuró Nick mirando las manchas de sangre en el suelo. —No hay muchas otras armas que consigan hacer éste desastre. Ah, tengo algo interesante aquí.

— ¿Qué tienes, Wilde?

—Droga. ¿Gusta un poco?

— ¡Perdón! —Exclamó Bogo mirando iracundo al zorro.

—La sangre huele extraño y no es precisamente… líquida, está densa. Pasa cuando le inyectas algunas sustancias al organismo. No es que sepa mucho de drogas, ni que haya estado cerca de personas que consumieran esto en concreto. —Por su actitud desgarbada y trivial se ganó una mirada sarcástica y una sonrisa de medio lado por parte de Judy, pero una expresión gélida por parte de su jefe. —Yo creí que ya no estaba en circulación. —Admitió en tono serio. —Pero parece que me equivoqué.

— ¿De qué estamos hablando?

—De sonámbulos, señor.

— ¿Podría ser más específico?

—Sí, es una droga de laboratorio que hace a las personas caer en un estado de somnolencia muy fuerte, ellos apenas son conscientes de lo que hacen. Aunque causa una sensación de placer y tranquilidad muy profunda en quienes lo consumen, el aletargamiento consigue que sean sumamente susceptibles a recibir órdenes y cumplirlas sin darse cuenta de que lo hacen, claro, para esto deben recibir una dosis bastante medida.

—Leí respecto un caso de Sonambulismo hace unos años en el periódico. —Admitió Judy recargando la barbilla en una pata mientras miraba el suelo. —El sujeto en cuestión había recibido disparos cuando trataba de robar un banco en una ciudad que está a unas dos horas de Zootopia si sales por el lado de Tundra Town. —Volvió la mirada a su jefe, que la observaba con una ceja levantada. Mala señal. Porque cada vez que la miraba así…

—Tienen el caso.

Hacía eso…

— ¿Qué? —Espetó Nick. —Somos oficiales comunes y corrientes, ya lo dijo el peluche de la gaceta.

— ¿Y qué? El nuevo alcalde me dio carta blanca para asignar casos desde que los tengo a ustedes en mi equipo. Y adivinen qué. —Dijo con voz gutural y amenazadora. —Están asignados a éste caso. Ahora, si me disculpan. —Dijo acercándose a los oficiales que habían llegado primero.

— ¿Y qué, ahora resulta que está muy ocupado? —Espetó Nick en voz baja mientras Judy le alcanzaba unas pinzas y un algodón. — ¿Tiene que hacer otro video musical con Gazelle? Gracias, Zanahorias.

—Entonces tienen el caso. —Comentó Harewell acercándose a ellos mientras encendía un cigarrillo. El olor del cerillo golpeó la nariz de Judy, que tosió disimuladamente antes de encarar al periodista. Volteó los ojos al percatarse de la grabadora que sostenía frente a ella. —Dígame, oficial Hopps. ¿Tiene alguna pista fundamental sobre éste caso?

—Desafortunadamente, Harewell, no tenemos la autorización de revelar ningún detalle por el momento. Lo que ve es lo que hay. Espero encuentre información en otros espacios.

La liebre le dio una calada a su cigarrillo y, sin soltar el humo, comentó. —Una lástima. —Expulsó el humo del cigarrillo por la nariz y luego lanzó el mismo en dirección de Nick, que a duras penas tuvo espacio para desviar su trayecto ya que había estado a punto de caer en el charco de sangre. —Le queda bien estar cerca del suelo. —Comentó mirándolo. —Ups. Casi lo golpeo.

Judy se percató de que el pelaje de Nick estaba erizado, se agachó a su lado y, tras plantarle un beso en la mejilla, murmuró. —No vale la pena, Nick.

—Lo sé.

—Señorita Hopps, ¿Qué relación lleva con Wilde, exactamente?

— ¿De manera oficial? —Insinuó mirando la grabadora encendida, el periodista apagó el aparato y se lo ofreció a Judy para que ella misma comprobara que no estaba grabando. —Somos colegas en el ámbito laboral y en lo personal, es mi mejor amigo.

—Teniendo en cuenta que no tienes muchos amigos fuera de la comisaría, no me sorprende que su mejor amigo sea un zorro.

— ¿Qué quiere decir con eso? —Soltó ofendida entregándole la grabadora.

—Tuve suficiente de esto. —Espetó Nick por lo bajo mientras se levantaba. Tomó a Harewell por la espalda y lo jaloneó hasta el borde delimitado por las bandas amarillas, ignoró los reclamos de la liebre sobre lo que estaba haciendo y sonrió agradecido cuando Colmillar levantó la cinta permitiéndole a Nick empujar al periodista fuera del perímetro marcado.

—Acaba de cometer un grave error. —Amenazó Harewell apuntándolo con el dedo. —Y lo pagará caro.

—Sí, seguramente, ya he escuchado eso antes. Anthony Harewell, estaba sin autorización en una escena del crimen en un caso que fue asignado a mi compañera y a mí. Hasta donde tengo entendido, es anticonstitucional hacer eso. Así que, si no le molesta, lo voy a tener que invitar a que permanezca detrás de la raya. Como el resto.

— ¿Cómo podemos confiar en un zorro que abusa del poder de su placa? —Espetó encendiendo su grabadora y casi golpeando a Nick en la cara con ello. — ¡Queremos información!

—Informe esto. —Espetó mostrando los dientes. —Hubo un asesinato frente al Madisson y los agentes Hopps y Wilde tienen el caso. Y lo van a cerrar.

Nick le dio la espalda a Harewell para acercarse a Judy, quien permanecía pasmada. Colmillar le cerró el paso a la liebre cuando trató de meterse de nuevo a la zona.

— ¡Vamos! —Exclamó Harewell guardándose el aparato y mirando al lobo. — ¿Qué pasa, Tom?

—Odio admitir que Wilde tiene razón. —Musitó el aludido mirando a la liebre de reojo.

—Con que sí… De acuerdo. —Sacó una tarjeta de su saco y se la entregó al oficial. —Si sabes algo te voy a pedir que me llames.

—De acuerdo.

Judy parpadeó un par de veces antes de componer una expresión de molestia. Se agachó sobre el charco de sangre y recogió ella misma la prueba, ignorando dentro de lo posible a su compañero. Nick se agachó a su lado pero Judy se levantó a la carrera acercándose a otro de los oficiales para seguir haciendo preguntas.

¿Qué acababa de pasar?

.

Con la llegada del último rayo de sol seguido de la penumbra y la noche, harta del día que acababa de tener, Judy azotó la puerta y se puso el cinturón, cansada y ansiosa por irse a casa, a sabiendas de que todavía tenía que dejar la unidad en el estacionamiento de la jefatura.

— ¡Por favor! —Gritó Nick azotando también su puerta. — ¡No puedes simplemente estar así! —Trató de abrocharse el cinturón pero le temblaban las manos gracias a la rabia que lo consumía en aquel momento. Las manos de Judy le arrebataron el broche del cinturón y lo ajustó ella misma antes de recargarse en la ventana, cansada y decepcionada. — ¿Seguirás ignorándome?

—Fue anticonstitucional y grosero que hayas hecho eso. Abusaste del poder que te confiere la placa de policía para echar fuera a Harewell sólo porque te cae mal. Fuiste grosero y…

— ¿Yo fui el grosero? —Espetó desabrochándose el cinturón y girando en su asiento para observar a Judy, ofendido y herido de darse cuenta de que su propia compañera usaba sus palabras y las de Harewell en su contra. — ¿No escuchaste lo que te dijo? Él trató de insinuar que eras mi amiga porque no tenías otra opción más que serlo. Eso sí fue grosero, y tú te quedaste ahí, pasmada y quieta permitiendo que te… Que te convirtiera de nuevo en una presa.

Si creíste que confiaríamos en un zorro sin bozal !Eres más tonto de lo que pareces!

—No soy tu presa.

— ¡Por favor, oficial Pelusa! Todos creen que sí.

—No me llames así.

¡Quiere llorar!

— ¿Nunca has oído lo que dicen de nosotros en la jefatura? —Ni siquiera se dio cuenta de que estaba gritando, se sentó y tomó el volante con ambas manos, apretándolo hasta el punto en el que se hacía daño. —Si no resolviéramos tantos casos a la quincena seríamos la burla. Que estemos haciendo la diferencia no quiere decir que los animales vayan a aceptar lo que no comprenden. Y también eres mi mejor amiga pero…

—No me gusta cuando me llamas así. —Murmuró Judy antes de sollozar.

Nick la miró asustado. ¿Lloraba por su culpa?

Le desabrochó el cinturón y la cargó hasta acomodarla en su regazo, acunándola con ternura. No, tenía que ser el estrés. Ella solía llorar por estrés.

—Lo que dijo fue horrible. —Admitió ella. —Y no me gusta cuando me llamas Pelusa, quiere decir que estás molesto conmigo y no quiero que te enojes.

—No, no, no. No es así, no estoy molesto contigo. Sólo con el peluche de la gaceta. Fue horrible lo que dijo.

—Lo fue. Quiero ir a casa, Nick.

—Lo sé. Vámonos, Zanahorias.