Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).
LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, segundo tomo.
CLASES Y ESCOBAS
A la mañana siguiente, Alex despertó bastante mejorada, se duchó con agua caliente y se vistió el uniforme con unas medias negras ya que ese día amenazaba con enfriarse más. Al abrir su baúl para sacar sus prendas se encontró con una escoba dentro, una Nimbus, y una nota de sus padres:
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Querida Alex, te hemos comprado esta escoba como premio
por ser nombrada prefecta. Estamos muy orgullosos de ti y
has demostrado que puedes madurar. Te amamos.
Mamá y papá.
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Había oído hablar de que las escobas Nimbus eran las mejores, sus padres debían haber gastado una fortuna, sin duda debía agradecérselos. Ahora que lo pensaba, ella no había tenido el privilegio de volar en una escoba, a lo mucho había volado la alfombra mágica de su papá pero suponía que sería diferente, ansiaba tener una oportunidad para probarla.
Salió de su dormitorio y se encontró con Pansy y Draco frente a la chimenea de la sala común y subieron los tres al Gran Comedor. El techo encantado del recinto ese día estaba de un triste color gris, como el de las nubes de lluvia.
— Empezaremos pronto con las pruebas de Quidditch, nos hará falta un cazador y dos golpeadores — platicaba Draco — Yo he sido nombrado el nuevo capitán — presumió levantando más la cabeza.
— ¡Eres el mejor, tenías que ser tú! — aplaudió la Russo.
— ¡DRACO, FELICIDADES! — gritó Pansy orgullosa — ¡Crabbe y Goyle podrían ser los golpeadores! — sugería Parkinson animada.
— Gracias. Sí, los he considerado, ya les he ordenado que se presenten en las pruebas, tal vez así escalen un lugar arriba en la sociedad.
— ¿Qué hacen los cazadores? — preguntó interesada la castaña.
— Son los jugadores que deben introducir la Quaffle en los aros del equipo contrario — respondió el rubio mirando en su dirección.
— ¿Qua... quaffle?
— Es la pelota roja de cuero. ¿Por qué preguntas, Alex? ¿Acaso planeas unirte al equipo? — inquirió elevando una ceja y con una sonrisa traviesa.
— Tal vez... — le devolvió la misma sonrisa pícara.
En ese momento la profesora McGonagall pasó por la mesa repartiendo horarios.
— Tenemos... Encantamientos como primer hora, después clase doble de pociones... — leía Pansy.
— Excelente, con Snape — interrumpió Draco — vayamos a la clase de Flitwick, Nott ya debe estar ahí.
El profesor Filius Flitwick era un hombrecillo bajito con voz de pito, muy inteligente y era experto en duelos. Como todos los profesores recalcaba la gran importancia de los TIMOs (exámenes aplicados a los de quinto para determinar las clases que pueden seguir cursando y en un futuro, útiles también para encontrar un empleo) por lo que pasó media clase hablando de ellos.
— Lo que deben recordar — dijo el profesor Flitwick encaramado en un montón de libros para poder ver a sus alumnos — es que estos exámenes pueden influir en sus vidas en los años venideros. Si todavía no se han planteado seriamente qué carrera quieren hacer, éste es el momento. Mientras tanto, ¡Me temo que tendremos que trabajar más que nunca para asegurarnos de que todos ustedes rindan a la altura de su capacidad en el examen!
Al sonar la campana, el profesor despidió a los estudiantes no sin antes recordarles acerca de los TIMOs. Todas las serpientes tomaron sus cosas y bajaron a las mazmorras para su segunda clase, pociones; como la puerta del aula seguía cerrada, los jóvenes formaron una fila frente a la entrada en lo que Snape llegaba. Eventualmente fueron arribando también los chicos de Gryffindor que se unían a la formación.
La puerta de la mazmorra de Snape hizo un amenazador chirrido al abrirse y los alumnos ingresaron ordenadamente. Alex tomó asiento en una butaca de la segunda fila junto a Draco, Pansy se sentó detrás de ellos con Blaise.
— Silencio — ordenó Snape con voz cortante al cerrar la puerta tras él.
En realidad era totalmente innecesario ya que por lo general, la sola presencia de Snape bastaba para imponer silencio en el aula.
— Antes de empezar la clase de hoy — dijo el profesor desde su mesa, abarcando con la vista a todos los estudiantes y mirándolos fijamente — creo conveniente recordarles que el próximo mes de junio realizarán un importante examen en el que demostrarán cuánto han aprendido sobre la composición y el uso de las pociones mágicas. Pese a que algunos alumnos de esta clase son indudablemente imbéciles, espero que consigan un «Aceptable» en el TIMO si no quieren… contrariarme — su mirada se detuvo en Longbottom, que tragó saliva — Después de este curso, muchos de ustedes dejarán de estudiar conmigo, por supuesto — prosiguió — Yo sólo preparo a los mejores alumnos para el ÉXTASIS de Pociones, lo cual significa que tendré que despedirme de algunos de los presentes. Pero antes de que llegue el feliz momento de la despedida tenemos todo un año por delante — anunció Snape melodiosamente — Por ese motivo, tanto si piensan presentar los ÉXTASIS como si no, les recomiendo que concentren sus esfuerzos en mantener el alto nivel que espero de mis alumnos de TIMO. Hoy vamos a preparar una poción que suele salir en el examen de Título Indispensable de Magia Ordinaria: el Filtro de Paz, una poción para calmar la ansiedad y aliviar el nerviosismo. Pero les advierto: si no miden bien los ingredientes, pueden provocar un profundo y a veces irreversible sueño a la persona que la beba, de modo que tendrán que prestar mucha atención a lo que están haciendo. Los ingredientes y el método — Snape agitó su varita y aparecieron escritos — están en la pizarra. Encontrarán todo lo que necesiten en el armario del material. Tienen una hora y media. Ya pueden empezar.
Draco se puso manos a la obra inmediatamente y se movía ágil como un felino; su rostro estaba sereno y seguro de cada acto que realizaba, Alex lo vio como el indicado a imitar, y trataba de seguir cada uno de sus movimientos: Agregaba los ingredientes en el caldero en el orden y las cantidades precisas; removía la mezcla exactamente el número correcto de veces, primero en el sentido de las agujas del reloj y luego en el contrario; y bajaba el fuego, sobre el que la pócima hervía lentamente, hasta que alcanzara los grados adecuados durante un número determinado de minutos antes de añadir el último ingrediente. Cabía aclarar que la Russo no completaba los pasos a la perfección pero lo hacía lo mejor que podía.
— Ahora un débil vapor plateado debería empezar a salir de su poción — advirtió Snape cuando faltaban diez minutos para que concluyera el plazo.
Miró su caldero, emitía vapor gris, era bastante opaco para ser plateado pero se acercaba a lo que Snape había descrito. Decidió echar una mirada a la poción de su rubio compañero... era perfecta, en la superficie tenía una reluciente neblina de vapor plateado. Alzó la vista para felicitarlo pero al ver su rostro se quedó embelesada admirándolo: sabía que Draco era muy atractivo, pero ahora le parecía más guapo que como lo era el curso anterior; su pálido rostro estaba más delgado, alargado, sus facciones finas y delicadas ahora eran más masculinas; su nariz sutilmente respingada y pequeña se complementaba a la perfección con sus delgados labios ligeramente rosados. Desde el ángulo que lo observaba, podía apreciar sus largas, rizadas y castañas pestañas que hacían juego con sus tupidas cejas claras.
Un par de lacios mechones rubios platinos caían sobre su frente desordenados que, aunados a sus mangas arremangadas de la túnica y la corbata desajustada, le daban un estilo caótico, rebelde.
Su poción estaba terminada. Malfoy pretendía curiosear lo que la castaña hacía a su lado pero al momento de girar sus ojos grises en esa dirección, se encontró con una maravillada bruja contemplándolo sin parpadear. No pudo contener su sonrojo y una maja sonrisa se reveló en su semblante.
— ¿Ya has terminado, Alex? — preguntó con su aterciopelada voz.
— Oh... — despertó de su ensueño y trató de disimular su escrutinio — Algo así... Tu poción es impecable, eres muy bueno en esta materia.
— Lo sé. Tu poción es casi correcta... tienes potencial para replicar el trabajo de otros... — soltó una risotada — Sí, advertí que imitabas cada uno de mis movimientos y que no leíste más de dos líneas de las que Snape escribió en la pizarra.
Alex rió bajo imaginando lo acosadora que debió parecer vigilando cada paso que el Slytherin realizaba. La voz de Snape humillando a un estudiante al fondo del aula atrajo la atención y todos se voltearon alzando las cabezas expectantes.
— ¿Qué se supone que es esto, Potter?
— El Filtro de Paz — contestó el chico, muy tenso.
— Dime, Potter — repuso Snape con calma — ¿Sabes leer?
Draco no pudo contener la risa y lo secundaron Crabbe y Goyle.
— Sí, sé leer — respondió Potter con gesto duro.
— Léeme la tercera línea de las instrucciones, Potter.
— «Añadir polvo de ópalo, remover tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj, dejar hervir a fuego lento durante siete minutos y luego añadir dos gotas de jarabe de eléboro.»
— ¿Has hecho todo lo que se especifica en la tercera línea, Potter?... ¿Perdón?
— No — respondió — Me he olvidado del eléboro.
— Ya lo sé, Potter, y eso significa que este brebaje no sirve para nada. ¡Evanesco! — la pócima del Elegido desapareció dejando su caldero vacío — Los que hayan conseguido leer las instrucciones, llenen una botella con una muestra de su poción, etiquetenla con su nombre y dejenla en mi mesa para que yo la examine —indicó Snape — Deberes: treinta centímetros de pergamino sobre las propiedades del ópalo y sus usos en la fabricación de pociones, para entregar el jueves.
La castaña vertió cuidadosamente una muestra en una de las botellas, colocó firme un trozo de pergamino con su nombre, dejó la botella en el escritorio de Snape y se dirigió a la salida con sus cosas.
Decidió saltarse la próxima clase después de la hora de comida y se escabulló al campo de Quidditch con su escoba oculta dentro de su capa; se sentó un momento en las gradas mientras observaba el nublado cielo gris que amenazaba con empezar un diluvio a la menor provocación. Cerró los ojos y echó la cabeza atrás; sentir la fría brisa golpeando su cara la reconfortaba, la vida de la Russo no era complicada, iba sobre ruedas: hacía un año había dejado de tener problemas constantes en familia-colegio-mundo mágico, y exceptuando lo ocurrido en la tercer prueba del Torneo... cada vez estaba mejor.
Escuchó unos torpes pasos caminar a pocos metros de ella, abrió los párpados de sopetón para visualizar de quien provenían y cruzó la mirada con un Gryffindor azabache de anteojos redondos.
— ¡Potter! — exclamó con sorpresa.
— Alexandra, disculpa, no sabía que estabas aquí...
— No, yo lo lamento... ¿Tu equipo va a entrenar? — preguntó rebuscando de un lado a otro a otros leones.
— No, se supone que tengo clase de Adivinación ahora mismo — rodó sus ojos azules al pensar en la profesora Trelawney y sus absurdas predicciones.
— Así que faltando a clases, Elegido — rió la castaña.
— ¿Y tú? Se supone que también tienes clase... Prefecta — se burló el chico apuntando a la insignia de la túnica de la bruja.
— Já, no diré nada si tú tampoco lo haces — ambos sonrieron con complicidad y Harry se sentó a su lado — ¿Has venido a volar? ¿Es una Saeta de fuego? — preguntó posando sus ojos castaños en la escoba de Potter.
— Sí... volar me relaja... Lo es, me la regaló mi padrino — dijo formando una cálida sonrisa — ¿Esa es una Nimbus 2001? ¿También venías a volar?
— Sí, apenas me la compraron mis padres; eso planeaba pero nunca he volado en una escoba — se apenó admitiéndolo, Una idea cruzó su mente como rayo — Tú, eres muy bueno volando, ¿Me enseñarías?
— ¡¿Nunca?!... Eh... — titubeó un segundo — claro, yo puedo ayudarte.
Los dos jóvenes bajaron al campo, colocaron sus escobas en el césped y cada uno se paró al lado de ellas.
— Lo primero que tienes que hacer es elevar tu escoba y estabilizarla... así, ¡Arriba! — la Saeta de Harry respondió a su orden, se elevó a la altura de su mano derecha y se quedó firme allí.
— ¡Arriba! — la escoba de Alex obedeció a la perfección.
— ¡Muy bien! Tienes control, Alexandra — felicitó a su compañera — Ahora súbete a ella y mantén el equilibrio.
La bruja realizaba cada indicación sin vacilar, no era complicado en absoluto para ella, pareciese que siempre hubiera montado escobas. A Harry le recordaba su primera vez tomando una escoba, Alex tenía habilidad para volar. De imprevisto, la Russo colocó ambas manos en el mango y se propulsó a toda velocidad hacia las nubes: no se tambaleaba, su aceleración era uniforme, su forma de volar era tan liviana y despreocupada a pesar de ser la primera vez; observarla era como mirar una obra de arte en la que el cielo gris en lugar de provocar tristeza representaba paz. Potter sonrió para sí, era la primera vez en semanas que se olvidaba de sus problemas y volvía sentirse un adolescente de quince años, porque eso es lo que era.
Se elevó por los aires al lugar donde la maraña castaña se revolvía con el viento y se situó a su lado, quería sentir la felicidad que Alex irradiaba a su alrededor.
— ¿Segura que nunca habías volado? ¡Pareciese que lo hicieras de hace años! — exclamó con una amplia sonrisa.
— Sólo he volado sobre una alfombra de mi papá — decía mientras examinaba fascinada las grandes montañas a su alrededor.
— ¿Alfombra, como las de Oriente? ¡Deberías enseñarme a volar en una de esas!
— ¡Por supuesto! Sólo que es más aburrida, es semejante a conducir un auto viejo, sólo que los pedales, volante y palanca de velocidades los controlas levantando el borde con tus manos — explicó al ojiazul mirándolo directamente y se echaron a reír.
Para Harry era agradable poder conversar con alguien que no fuera Hermione, sobre artefactos muggles, sin tener que dar una definición y descripción completa de ellos.
— Maldición, mi clase con Umbridge empezará pronto, tú también deberías entrar a clases — dijo el azabache girando en dirección al castillo.
— Tienes razón, vamos.
El mago y la bruja emprendieron vuelo a los muros de piedra de Hogwarts, descendieron una vez que llegaron y se pararon uno frente al otro.
— Gracias por ayudarme, Potter.
— No me agradezcas, tú tienes talento, Alexandra — alabó el de anteojos — Eres una serpiente divertida, nos vemos luego — se despidió con una sonrisa y salió corriendo rumbo a su clase de Defensa.
Alex tomó camino a su Sala común para guardar su escoba antes de acudir a clases, pero una vez estando allí recordó que no sabía cuál era su próxima asignatura, así que optó por quedarse en las mazmorras. Estuvo frente a la chimenea hasta que sus compañeros comenzaron a llegar, entonces se mudó a su habitación y pronto la venció el sueño.
. . .
Conocer a la profesora Umbridge, la regordeta mujer que impartiría Defensa Contra las Artes Oscuras ese año, no fue grato. El día que les tocó clase por vez primera, tal y como lo hizo en el Gran Comedor, los trató como niños pequeños, los obligó a saludarla al unísono y ni hablar del libro que utilizarían... parecía un libro de lecturas fantásticas como los que repartían en las escuelas muggles en primer grado, cabía decir que las clases del falso Ojoloco del año pasado (el loco de remate que se había colado a Hogwarts disfrazado de Moody) eran más prometedoras... y por mucho.
Ya iba avanzada la semana y los alumnos de quinto se hundían en el fango por cuantiosa cantidad de deberes, cada clase sin excepción les dejaba tarea.
El día se había puesto frío y ventoso, gotas de lluvia les caían en la cara a las serpientes mientras se arrastraban hasta el borde del Bosque Prohibido para su clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. La profesora Grubbly-Plank esperaba de pie a los alumnos a unos diez metros de la puerta de la cabaña del guardabosques Hagrid, detrás de una larga mesa de caballete cubierta de ramitas. Era clase con los de Gryffindor, así que leones iban llegando a zancadas también.
— ¿Ya están todos? — gritó la profesora Grubbly-Plank cuando hubieron llegado los de Slytherin y los de Gryffindor — Entonces manos a la obra. ¿Quién puede decirme cómo se llaman estas cosas?
Señaló el montón de ramitas que tenía delante y Hermione Granger levantó una mano. Draco, que estaba detrás, sacó los dientes e hizo una imitación de Granger dando saltitos, ansiosa por contestar a la pregunta. Alex cubrió su boca con ambas manos para contener la risa pero Pansy no pudo y soltó una carcajada que casi de inmediato se convirtió en un grito, pues las ramitas que había encima de la mesa brincaron y resultaron ser algo así como diminutos duendecillos hechos de madera, con huesudos brazos y piernas de color marrón, dos delgados dedos en los extremos de cada mano y una curiosa cara plana, que parecía de corteza de árbol, en la que relucían un par de ojos de color marrón oscuro.
— ¡Oooooh! — exclamaron dos chicas de Gryffindor.
— ¡Hagan el favor de bajar la voz, señoritas! — ordenó la profesora Grubbly-Plank con severidad, y luego esparció un puñado de unos animales diminutos entre aquellos seres hechos de palitos, los cuales inmediatamente se abalanzaron sobre la comida — A ver, ¿alguien sabe cómo se llaman estas criaturas? ¿Señorita Granger?
— Bowtruckles — dijo la castaña de cabellos alborotados — Son guardianes de árboles; generalmente viven en los que sirven para hacer varitas.
— Cinco puntos para Gryffindor — replicó la profesora Grubbly-Plank — Efectivamente, son bowtruckles, y como muy bien dice la señorita Granger, generalmente viven en árboles cuya madera se emplea para la fabricación de varitas. ¿Alguien sabría decirme de qué se alimentan?
—De cochinillas —contestó Hermione de inmediato — Pero también de huevos de hada, si los encuentran.
— Muy bien, anótate cinco puntos más. Bien, siempre que necesiten hojas o madera de un árbol habitado por un bowtruckle, es recomendable tener a mano un puñado de cochinillas para distraerlo o apaciguarlo. Quizá no parezcan peligrosos, pero si los molestan intentarán sacarles los ojos con los dedos, que, como pueden ver, son muy afilados; por lo tanto, no conviene que se acerquen a nuestros globos oculares. De modo que si quieren aproximarse un poco… Tomen un puñado de cochinillas y un bowtruckle, hay uno para cada tres, y así podrán examinarlos mejor. Antes de que termine la clase quiero que cada uno de ustedes me entregue un dibujo con todas las partes del cuerpo señaladas.
Los alumnos se acercaron a la mesa de caballete. Draco, Pansy y Alex se agruparon para hacer la actividad.
— Tomemos ese — señaló Draco al bowtruckle más grande de todos.
Caminaron a por él y como estaba cerca del Elegido, alcanzaron a escuchar cuando Potter preguntó a la profesora por Hagrid, y esta respondió tajante negando la información.
El rubio, con una amplia sonrisa de suficiencia se acercó al azabache y murmuró algo que ni Pansy ni Alex pudieron escuchar, debía ser algo malo ya que el rostro de Harry se tensó como pocas veces lo habían visto, había dado en el blanco de algo. Los tres Slytherin se dieron la vuelta cargando a su criatura y se ubicaron en un área cerca de donde estaban Zabini, Crabbe y Goyle.
— ¿Qué le dijiste al cara rajada? — reía sin parar Parkinson.
— Nada... sólo algo que sabía le helaría la sangre — sonrió de lado el pálido mago.
El Trío Dorado se situó no muy lejos de ellos y Draco que nunca desaprovechaba una oportunidad de fastidiar a Potter, inició una conversación con Zabini en voz alta para ser escuchado por los tres leones.
— Sí — Arrastraba las palabras con presunción — mi padre habló con el ministro hace un par de días, y según parece el Ministerio está decidido a tomar enérgicas medidas contra la escasa calidad de la educación en este colegio. De modo que, aunque ese tarado gigantesco vuelva a presentarse por aquí, seguramente lo pondrán de patitas en la calle en el acto.
Eso le debió doler a Harry ya que soltó con fiereza a su bowtruckle y la criatura salió corriendo a toda velocidad hacia el bosque perdiéndose en los árboles. Crabbe y Goyle, que ya estaban riéndose a carcajadas ante la idea de que despidieran a Hagrid, se rieron con más entusiasmo al ver eso.
Al terminar la clase, Alex se apresuró a guardar sus cosas y esperó a ver a Draco solo. Una vez se alejó de Zabini y Parkinson, lo interceptó de prisa.
— ¡Draco! — exclamó mientras corría hacia él.
— ¿Qué sucede, Alex? — le sonrió al verla acercarse.
— ¿Qué... qué fue lo que le dijiste a Harry Potter?
— Una banalidad sobre su semi-gigante y peludo amigo Hagrid — rió al recordarlo — ¿Por qué el interés?
— Simple curiosidad — se limitó a responder — Por cierto, ¿Cuándo son las pruebas de Quidditch?
— ¡¿Asistirás a las pruebas de selección?! ¡Bien, Alex! — la rodeó con un brazo sobre sus hombros sin dejar de caminar — Serán mañana a las cuatro de la tarde. Creí que no habías jugado antes, Alex...
— Y nunca lo he hecho, por eso quiero ir — sonrió campante.
— Que osada, me gusta — le dirigió una intensa mirada y prosiguió hablando con un fingido tono más formal — Me complacerá tenerla en mi equipo, señorita Russo.
. . .
La tarde de la selección para el equipo de Quidditch llegó. Alex sustituyó la falda del uniforme por un pants deportivo color negro un poco holgado y los zapatos por unas botas negras de trabajo. En el campo le dieron entrega de un par de guantes y rodilleras, se los colocó y esperó su turno para jugar. Poco sabía de Quidditch; había pasado la noche anterior leyendo libros referente al juego y las reglas, especialmente los cazadores, pero nunca lo había puesto en práctica, sin contar que sólo había volado una vez."
"Veamos que tan efectivo ha sido volar con Potter..."
Crabbe y Goyle por una vez eran buenos en algo, defendían muy bien, ser corpulentos les daba ventaja. Fueron elegidos sin duda.
Para el puesto de Cazador, sólo habían llegado un chico y una chica, ambos de cuarto grado: la chica era un fiasco, estaba demasiado nerviosa como para mantener la escoba en control; el chico era bueno pero no se acoplaba con el resto del equipo, prefería jugar por su propia cuenta.
Era el turno de la castaña, empuñó bien su Nimbus, se subió en ella y se ubicó en su lugar para empezar el juego: tal y como lo había hecho con Potter, volaba con total naturalidad, era ágil y muy veloz; tenía buenos reflejos atrapando la Quaffle y puntería al lanzarla en los aros, además ser delgada le permitía esquivar fácil a los oponentes. La fuerza con que lanzaba la pelota de cuero no era la mejor pero podía mejorar.
Por decisión unánime de los integrantes del equipo, Alexandra Russo era la nueva Cazadora del equipo de Slytherin.
— Alex, me impresionas, desconocía tu talento para volar — expresó Malfoy con los ojos muy abiertos.
— Yo también, ¡Es mi segunda vez volando en escoba! — la castaña no cabía de emoción.
— ¿Segunda ve...?
— ¡Alexandra Russo!, soy Cassius Warrington, cazador, has estado excelente — se presentó un joven alto y delgado, de cabello castaño claro corto de los lados y un poco largo de la parte superior, tenía la piel clara y un par de ojos verdes; era bastante atractivo.
— Gracias, Warrington — agradeció complacida.
— Verás... como somos cazadores, junto con Montague, pensábamos que sería bueno salir en las tardes a practicar las jugadas y...
— No será necesario, Warrington, yo puedo encargarme de eso — interrumpió Draco a su compañero.
— De acuerdo — se encogió de hombros — aunque creíamos que era mejor si...
— Todo irá perfectamente, recuerda que soy el capitán — alardeó el pálido ojigris.
— Bien... ¡Te veré luego, Russo!, Malfoy — dedicó una última apagada sonrisa y se fue de vuelta con su compañero.
— Cassius Warrington... su último año, debería preocuparse más por aprobar sus ÉXTASIS en vez de coquetear con brujas fuera de su alcance — fulminó con la mirada al cazador y continuó dirigiéndose a Alex — Intentó participar en el Torneo de los tres magos pero como verás, Diggory fue elegido por encima de él.
— Fuiste muy petulante con ese chico, Draco, ¿Acaso te encelaste de su amabilidad? — cuestionó la castaña enarcando retadora una ceja.
— Eso es lo que codicias... Yo solo le he dado el trato que se merece... — respondió arrastrando fatuo las palabras — ¿Volvemos al castillo?
