¿Era así?
¿Era amiga de Nick porque no le quedaba de otra?
No. Sí lo quería. Claro que lo quería. Era su mejor amigo. Siempre habían estado ahí el uno para el otro, cuando Nick había ingresado a la academia ella siempre había estado ahí para resolver sus dudas y ayudarlo a seguir preparándose. Le decía constantemente que los que estaban más al fondo eran los que tenían que mostrar que nada era imposible. Ellos debían ser los que llegaran más alto ya que nadie creía en ellos. Y así había sido.
¿Entonces por qué estaba en crisis? Sabía que lo quería.
— ¿Pero qué tanto lo quieres? —Había dicho Garraza cuando Judy le contó lo que Harewell le había dicho. —Sé que son muy unidos.
—Él es mi mejor amigo.
—No quiero meter una situación incómoda. —Admitió mirando a su alrededor y bajando la voz. —Es sólo que no creo que Nick te quiera sólo como amiga. Tendrías que ver la manera en que te mira. Y cómo te protege.
— ¡No! Nick y yo somos muy unidos, es mi mejor amigo.
— ¿Pero lo quieres sólo de mejor amigo?
Zorros y conejos
Nick azotó la puerta, cansado, y posó las manos en el volante.
—Bueno, Zanahorias. Esto oficialmente es una pérdida de tiempo. No hemos conseguido nada, ni testigos, ni nuevas, ni nada.
—No lo veas como una pérdida de tiempo, guapo. Velo como…
— ¿Tiempo desperdiciado?
—Eres imposible. —Espetó recargándose en su asiento, negando con la cabeza y tratando con todas sus fuerzas de ocultar la sonrisa que amenazaba con partirle el rostro.
— ¡Por favor, Orejas! Sabes que tengo razón.
—Bueno, tal vez no estemos obteniendo buenos resultados, pero no puede ser que se nos hayan terminado los testigos. Además ¿Qué no conocías a todo el mundo?
—Pues sí, pero se me agotaron las ideas.
— ¿De qué te sirve conocer a cada animal, adulto y bebé de la ciudad si no…?
— ¿Bebés? Acabo de pensar en alguien. —Dijo pisando a fondo el acelerador y encaminándose a su vieja zona de la ciudad. —No había pensado en algo. Cuando Finn y yo nos dedicábamos…
— ¿Finnic? ¿Estás pensando en contactar con ése zorro tramposo para ayudarnos?
—Recuerda que yo también soy un zorro, preciosa, cuidado a dónde apuntas tu pistola.
—Lo… Lo siento, no pensé lo que decía.
Nick aprovechó el alto para mirar de reojo a su compañera y decidió dejar pasar un momento el hecho de que la chica ahora lucía meditabunda y… triste.
—Confío en él.
—Yo no puedo. —Musitó en un suspiro, deseando con todas sus fuerzas que Nick no la hubiera escuchado. Y él le concedió el deseo, fingió demencia pues sabía que detrás de aquellas palabras había algo más.
.
Nick golpeó suavemente la puerta trasera de la camioneta.
— ¡Largo! No tengo tiempo para asuntos estúpidos.
— ¿Y qué tal para viejos amigos, pedazo de felpa?
— ¿Nick? —Soltó asomando la cabeza ente las puertas. — ¡Viejo mequetrefe! —Espetó bromista saliendo del camioncito y golpeándole a Nick las rodillas, él soltó una carcajada evadiendo los golpes de su antiguo colega y luego soltó con voz mimada.
— ¿Cómo está el bebé de papá?
— ¡Ah, vamos, viejo zorro! No te vayas a poner sentimental. Si me besas te arrancaré las orejas.
—Lo sé, pedacito de ternura.
—Así que tienes algo con los apodos tiernos. —Murmuró Judy volteando los ojos y mirando en otra dirección.
— ¿Qué hace la oficial Pelusa aquí?
Nick rio por lo bajo al ver la expresión hosca de Judy. —A la señorita no le gusta que la llamen así. Muestra algo de cordialidad.
— ¿Qué? ¿Por ese pedazo de algodón? No juegues Nick. Tampoco soy imbécil. —Judy le dedicó una mirada fulminante antes de darse la vuelta y plantarse de espaldas a ellos. — ¡Aw! Ahora me arrestará como a ti por herir sus sentimientos. —Y soltar una carcajada sonora; Nick suspiró, comenzando a irritarse ante los comentarios de su amigo. Suspiró quitándose los lentes y, murmuró.
— ¿Te molestaría mucho hablar conmigo? Andamos tras algo peligroso.
—Vaya, creía que lo de ser poli era un juego.
—Sabes que me gusta mucho jugar en serio. —Dijo quitándole importancia. Sin embargo, con voz seria, añadió. —Vamos, nos encontramos con un caso de sonambulismo. De verdad necesito tu ayuda para esto.
— ¿Sonambulismo? —Espetó antes de soltar un suspiro profundo y mirar el suelo a su alrededor, en busca de la excusa que lo sacara del aprieto. —Zully… —Murmuró.
—Sigue en prisión, Finn. Lo comprobé hoy mismo.
—De acuerdo, papá. Hablaré contigo. Pero no quiero al juguete de aparador presente.
—Finn, Judy es mi pareja. Si está ella, estoy yo. —Soltó serio.
—Está bien, Nick. —Dijo la aludida acercándose a ellos mientras depositaba en sus manos una libreta y la grabadora-bolígrafo. —Te esperaré en el auto.
—Judy…
—Descuida, si el zorro no me quiere… —Murmuró resentida. Sin embargo, respiró profundo y, serena, añadió. —Ya sabes cómo me gustan las notas, y si tiene algo interesante qué añadir respecto al caso, no me importa si no me quiere presente, con que nos acerquemos.
—Zanahorias…
Judy se dio la vuelta y se encaminó hacia la patrulla mientras Finnic abría la puerta trasera del camioncito e invitaba al zorro a pasar.
Judy se subió al lado del conductor y ajustó el retrovisor central para poder observarse la mejilla. Si no prestaban atención no se notaba, pero ella sabía perfectamente dónde estaban las marcas de su infancia. Se revolvió el pelaje de la mejilla para dejar más a la vista las cicatrices que Guideon Grey le había dejado alguna vez, años atrás. Se rascó la punta de la cabeza y se pasó las orejas hacia atrás con la pata. Suspiró y se reclinó hacia atrás en el asiento, encogiéndose en su lugar y tratando de suprimir las ganas de llorar.
.
Bien podrían haber sido cinco minutos o diez horas. Judy despertó sobresaltada cuando Nick azotó la puerta del copiloto y encaró a su compañera con una sonrisa radiante.
— ¡Tenemos distribuidores de Morfeo por todos lados! Sólo teníamos qué fijarnos bien.
— ¿De qué hablas? —Espetó más tranquila, tallándose un ojo.
—De que tenemos un APD
— ¿APD?
—Ardillas por doquier. Son las ardillas. Algunas de ellas, no todas. Tengo qué quitarme el uniforme, y tú también. Pero no la placa. No la dejes.
— ¿Qué?
—Mira, muñeca, ya hicimos esto a tu manera, necesito que confíes en mi un momento.
—No te sigo. ¿Qué tanto balbuceas?
—Necesito que confíes en mí, que hagamos esto a mi manera una vez. Funcionará. Lo prometo.
—De acuerdo, movámonos de prisa. ¿Qué conseguiste?
—Parece ser que las ardillas hablan de una nueva droga que está circulando en el mercado, ellos la llaman Morfeo, pero no es otra cosa más que lo que causa el sonambulismo. Me entregaron los resultados del análisis de sangre, nuestra víctima estaba dopada hasta la médula por la droga del sonambulismo, pero necesito saber si Morfeo es la misma droga.
— ¿Qué tiene de relevante?
—Que nos estaríamos acercando a los que le vendieron la droga y las armas a nuestros amigos.
—Zorro astuto. —Soltó la coneja enfilando por su calle. —Entonces me necesitas vestida de civil… ¿Y exactamente para qué?
—Ya verás. Iremos a mis dominios de la ciudad.
Subió corriendo y bajó aún más rápido con un pantalón de mezclilla y una camiseta violeta de un hombro caído. Nick la miró de pies a cabeza y luego negó con la cabeza. — ¿Qué?
—No vas a pasar desapercibida, pero no importa, te ves bonita y eso es más peligroso. Vamos.
Judy estaba acostumbrada a ver a Nick con el uniforme de la policía y recordaba perfectamente su atuendo verde y pantalón marrón, verlo de mezclilla, camiseta blanca, chaqueta de cuero negro y lentes oscuros fue un shock para ella.
¿Guapo? No.
Guapísimo.
— ¿Desde cuándo vistes así?
—Olvida la patrulla, preciosa. Flash me prestó su auto para esto. —Dijo mostrando sus llaves y haciéndola caminar al estacionamiento. —Ah, no visto así desde que… dejé los scouts del lado oscuro.
— ¿Scouts?
—Ya, lo admito, me juntaba con pandillas en mi adolescencia.
.
Estacionaron frente a un bar de los barrios bajos, frente a un bar de mala muerte en el que un jabalí cuidaba la entrada. Le dedicó una ojeada a los recién llegados, deteniéndose en Judy más de la cuenta, con una mirada suspicaz y desconfiada. Luego miró a Nick de nuevo y les cedió el paso, dejándolos entrar a un pasillo oscuro y estrecho, iluminado sólo por lámparas de luz negra en el techo.
—Preciosa, no digas nada. Deja que me encargue yo.
—Pero…
—No. Escúchame. —Pidió tomándola por los hombros y empujándola contra la pared y mirándola con intensidad. —No conoces éste mundo. No importa qué tan fuerte seas, no lo conoces, si muestras algo de luz, aunque sea un poco, te consumirá. Y no voy a permitir que te consuma.
— ¿Entones por qué me dejaste venir?
—Porque sé que quieres resolver el caso más que yo. —Admitió. —Ahora, vamos. Y deja que hable yo. Por favor.
—De… de acuerdo. —Tartamudeó dudosa. —Está bien. —Dijo al final, decidida a confiar.
Le plantó un beso en la frente y, con una sonrisa diáfana, murmuró. —Gracias, Zanahorias.
Adentro todo era similar. Luces blancas y negras. Al centro, una isla que servía de barra y otra barra al fondo. Animales de toda clase sentados en las mesas, demasiado abstraídos en lo suyo como para prestar atención a los recién llegados. Aunque Judy creyó que Nick se detendría en la isla, siguió avanzando hasta la barra del fondo, donde una luz parpadeaba, dándole a la pantera que atendía, un aire macabro.
— ¿Qué te sirvo, guapo? —Soltó aburrida.
— ¿Qué tienes para mí? —Respondió Nick sentándose y recargando los brazos en la barra.
—Depende de qué busques. —Contestó despectiva mientras tomaba un vaso de vidrio para pulirlo con su trapo.
— ¿Qué tal algo, ligeramente seco?
—Te ofrecería un trago en las rocas. —Repitió en el mismo tono.
— ¿Y algo más dulce para mi amiga?
— ¿Qué tal una caja de cartón? ¿De dónde la sacaste? Mira cómo mueve la nariz. —Repuso burlona. Judy jadeó un momento, de manera tan ligera que sólo Nick lo notó.
— ¿Por qué no mejor una pantera rosa? —Dijo amenazante. La pantera lo miró dudosa un momento pero ante la forma en que su nariz estaba erizada y su mirada feroz, no añadió ningún comentario.
—Mejor un Martini de fresa. —Dijo una voz familiar para ellos a espaldas de ambos. La pantera volteó los ojos, fastidiada, y se dispuso a preparar las bebidas. —La tuya yo la invito, preciosa.
Judy abrió los ojos como platos cuando Harewell se acercó hasta ellos con un vaso medio lleno en la mano.
— ¡Mira nada más! —Espetó Nick girando en su asiento y recargándose en los codos. —Pero si es el peluche de la gaceta. ¿No tienen animales más grandes a los qué enviar a los bares de mala muerte?
— ¿Y no sería de pésima reputación que alguien se enterara de que las estrellitas de Bogo están por éstos lares? De ti, lo creo. Pero Hopps. Esto tiene que ser cosa tuya, Wilde. ¿Qué haces? ¿Tratas de corromper al mejor elemento de tu equipo?
—Trato de entender algo.
—Vodka. —Soltó la pantera deslizando un vaso lleno de hielos y vodka hasta Nick, quien lo tomó y vació la mitad en un trago.
—Si te dejo sola un momento ¿Estará bien? —Murmuró tomándole una mano a Judy.
—Estaré bien.
— ¿Aunque te deje con el peluche de la gaceta?
—Estaré bien. —Prometió sentándose en el banco que había ocupado Nick instantes atrás. La liebre ocupó el sitio a su lado mientras Nick se alejaba al otro lado del bar. — ¿Qué hace por acá?
—Preciosa, no me hables de usted fuera de horario. Ya te pedí que me llamaras Tony.
—Lo sé. ¿Qué haces aquí? —Dijo al fin, recibiendo una bebida de color rosa pastel, olfateándola un poco y sonriendo. —No es un Martini. —Murmuró tratando de ocultar que sentía alivio al ver que la pantera había obedecido a Nick.
—Estaba cubriendo una nota sobre contrabando de bebidas adulteradas. Es interesante el mundo del periodismo, a decir verdad. Conoces muchas cosas.
— ¿Ah, sí? ¿Cómo qué?
—Animales muy interesantes. Cosas nuevas, animales con historias fascinantes para contar y sobre todo, esperanzas. Descubres los secretos más profundos de la sociedad, sus esperanzas y sucumbes ante la ilusión de cumplirlas o llevarlas a la luz para que otros las cumplan.
—Vaya, suena noble cuando lo planteas así.
—Es más noble de lo que piensas, Judy. —Y tras darle un trago largo a su bebida y guardar silencio durante instantes que se sintieron como siglos, Harewell miró de reojo a Judy y, en voz baja, preguntó. — ¿Puedo hacer una pregunta personal?
— ¿Es respecto a Nick?
—Pues sí.
Judy suspiró frustrada, harta, cansada de que los animales le preguntaran al respecto, dándose cuenta de cuán lejos estaban de comprender que las diferencias sólo estaban en las estaturas, a sabiendas de que nadie comprendería jamás lo que ellos trataban de construir. Pero ¡¿Cómo rayos quería que otros comprendieran algo que ella misma no terminaba de entender?!
— ¿Qué quieres saber? —Respondió serena.
—No entiendo qué los mantiene unidos. ¿Por qué eres su…?
—No somos distintos. —Dijo en tono seco. —No somos tan distintos, él y yo. Nos entendemos bastante bien y hemos pasado cosas similares.
—Llámame loco si quieres, pero lo que tienes en la mejilla no es hecho por conejos. —Murmuró llevándose el vaso a la boca. Judy sintió su respiración cortarse un momento antes de mirar a Harewell, suspicaz y desconfiada, pero al mismo tiempo muy curiosa respecto a lo que acababa de decirle. —Soy periodista, no lo olvides. —Repuso con una sonrisa amarga mirándola de frente cuando se percató de que lo estaba escudriñando. —No hay muchos detalles que pasen de largo frente a mis ojos grises… Y tengo una parecida. —Dijo al final levantándose la camisa y mostrándole que había tres cicatrices de lado a lado en su costado, mismas en las que no crecía pelaje. —Sé cómo hieren los de su especie.
—No pueden ser todos tan malos. —Murmuró ella tratando con todas sus fuerzas de aferrarse a ese argumento, sabiendo que era lo único que la mantenía al lado de Nick. Pensar que él era distinto a los otros, que él no era tan malo, que él era igual que ella. Pequeño y desequilibrado. Pensó divertida. Y de pronto se sumieron en una charla en la que detallaban el momento en el que habían recibido aquellas heridas que se convirtieron en cicatrices, y a su pesar, Judy descubrió que tampoco era tan distinta de Harewell.
Ninguno se enteró de que cierto zorro escuchaba la conversación con el corazón cayéndose en pedacitos, descubriendo algo que no había querido mirar nunca. Ella podía encontrar un lugar al qué pertenecer lejos de él.
