Había salido del bar hecho una furia. Si no hubiera sido por Harewell, Judy ni se habría percatado de que su compañero había estado a punto de abandonarla. Y no le preguntó qué tenía, respetó el espacio hasta que llegaron al convertible y él subió del lado del copiloto en lugar de aprovechar haber llegado primero para tomar el lado del conductor. Judy subió a toda prisa y lo miró preocupada, más preocupada todavía cuando él le dio el costado y bufó apretando la mandíbula. Permanecieron en silencio hasta que él murmuró.

—Conduce a tu departamento, de ahí le regresaré el auto a Ash.

—Nick…

—Conduce. —Repitió entre dientes, violento e insensible, inconsciente del daño que acababa de provocar, ignorante del hecho de que acababa de fracturarle a Judy el corazón.


Fiesta de gala

Sólo como comentario, estaba escuchando Say something y Heart Attack (De hecho) cuando escribí gran parte de esto. :D


No podía dormir, simplemente salió a caminar pensando en todo lo que había ocurrido días atrás, desde que Bogo les asignó el caso. Nick estaba raro con ella desde su ida al bar. Ni siquiera le había dicho qué había pasado. Le entregó la grabación con todos los detalles de Finnic, en los que relataba haberse enterado de que una banda de ardillas estaba haciendo circular una droga por el mercado negro. Morfeo.

Y había más cosas pero no mencionaban a mapaches para nada.

Suspiró frustrada abrasándose el vientre y dando vuelta en la esquina. Vio a lo lejos la figura de Nick dialogando a media luz con una ardilla. ¿Qué hacía Nick en el borde de un callejón a las tres de la mañana?

Sintiendo cómo la fractura que había aparecido se ensanchaba, Judy se ocultó rápidamente y esperó a que su colega se quedara solo. Inmediatamente después de que lo abandonaran y él comenzara a caminar, ella lo siguió.

Trató de ser sigilosa, de ocultarse en las sombras y de permanecer al asecho. Ella no era ninguna cazadora, no estaba en su sangre. Pero sí el ser precavida. Después de todo sólo era una presa.

No le valió. A dos cuadras de su departamento, Nick regresó sobre sus pasos y descubrió el escondite de Judy, mirándola molesto, harto del juego de persecución.

—Sé que me sigues desde que me quedé solo. Conozco el ruido que haces al caminar, sobre todo cuando todo es silencio. ¿Por qué me estás siguiendo?

—Porque compraste una droga. Conozco ése modus.

—Ajá, compré droga y qué más. ¿Por qué no corres con tu novio y se lo dices?

— ¿Qué novio? —Inquirió confundida al principio, pero luego cayó en cuenta de qué hablaba y espetó. — ¡Harewell no es ningún novio para mí! No seas ridículo y no quieras desviar mi atención de la droga. No soy estúpida.

— ¡No, Judy, el estúpido soy yo por creer que podría…! —Gritó fastidiado. Se llevó las manos a los bolsillos y al ver a la coneja tiritar, hizo un movimiento con la cabeza, invitándola a caminar con él y echándole su chamarra sobre los hombros. —Vamos, pongámonos a cubierto para que pueda explicarte mi incursión nocturna al mundo de las drogas.

—Esto no me gustará.

—De hecho creo que sí. Si mis sospechas son ciertas estamos acercándonos a algo más grande que un simple asesinato fortuito. ¿Te ofrezco algo? Café, ¿Té?

— ¿Tienes leche?

—Caliente, para ti. —Añadió con una sonrisa que no le llegó a los ojos mientras abría la puerta de su departamento y cediéndole el paso. Judy rápidamente se acomodó en el sofá y se envolvió en el embriagante aroma de la chamarra, mezcla del perfume de Nick, su jabón y sudor. Hacía tiempo que aquel aroma se había convertido en una droga para ella y simplemente se limitaba a disfrutarla.

Cuando Nick puso la taza caliente en sus manos y se sentó a su lado, ella sonrió sintiéndose tranquila repentinamente. Confiaba ciegamente en él. Y la fractura simplemente se hizo más pequeña, no como si sanara, sino como si nunca hubiera sido tan grande en realidad.

—Conseguí el nombre de un par de proveedores de Morfeo. —Dijo mostrándole un frasquito lleno de líquido verde fluorescente. —Mañana la llevaré para que le hagan un análisis a fondo. Y tendrán los resultados del forense, así que podremos trabajar en esto. Si nos va bien.

—Mañana es cumpleaños de Mr. Big… —Murmuró recordando aquel hecho como si fuera un delito haberlo olvidado. —Y nos invitó a su fiesta de cumpleaños por la noche.

—No sé si estoy de ánimos para una fiesta. —Soltó dejándose caer de lado, recargando su cabeza en el regazo de su amiga y envolviendo la taza con las manos para darse un poco de calor.

—Lo sé. Estoy igual. —Admitió soltándole la taza y acariciándole el pelaje de la frente para proceder a rascar tras sus orejas, sabía el poder que tenía sobre Nick cuando hacía eso, podía tranquilizarlo, hacerlo sonreír aunque lo consumiera la rabia y alejar la tristeza con aquel simple movimiento. En realidad lo conocía bastante mejor que eso. Bastante mejor de lo que habría querido admitir. Suspiró volviendo a acariciarle la frente y añadió. —Pero es su cumpleaños, y nos ha ayudado tanto…

—Sería una grosería no asistir.

—Sí.

Y guardaron silencio sin mirarse por largos minutos hasta que Judy cabeceó, resultado del sueño y de la bebida tibia bajando por su garganta.

— ¿Por qué no me lo habías dicho? —Soltó Nick al fin, mirando a Judy con expresión herida.

— ¿Qué cosa?

—Puedo ver las cicatrices en la oscuridad. —Murmuró acariciándole la mejilla y revolviéndole el pelaje para revelar las marcas sonrosadas de su mejilla.

— ¿Escuchaste mi charla con Tony?

—Sólo la parte en la que Grey te agredió. —Murmuró sintiendo aquella palabra como una traición. Tony. — ¿Por qué ocultarlo de mí?

Judy suspiró pensando bien su respuesta. —Porque no quería que creyeras que gracias a eso tenía paradigmas respecto a los zorros.

— ¡Por favor, Judy! ¿Es en serio? —Exclamó levantándose. —Si yo hubiera… —Se arrodilló frente a ella y le tomó ambas manos mirándola a los ojos con expresión suplicante. —Si hubiera sabido esto antes habría comprendido por qué preparaste el espray anti-zorros aquel día, habría comprendido tu desconfianza hacia Finn y sobre todo, habría entendido por qué siempre te guardabas cosas para ti misma. Habría sido todo más sencillo.

—Nos la hemos pasado guardando secretos y gritándonos estos días. —Dijo ella bajando de su asiento para arrodillarse entre las piernas de Nick y abrazarle la cintura. —Tú me contaste lo del bozal y yo no dije nada. No fue justo. Lo siento mucho, Nick. Y odio pelear contigo.

—Lo sé, Zanahorias.

—Te lo diré todo. —Murmuró levantándose y tendiéndole una mano.

—Primero ve a dormir. —Dijo al final. —A menos que seas un juguete de pila. —Añadió divertido acariciándole la cabeza.

— ¡Oye! —Y un bostezo se apoderó de ella. — ¿Dormir?

—En mi habitación, encontrarás ropa en los cajones si lo que llevas no te va cómodo.

— ¿Y tú?

—Dormiré aquí. Me encanta éste sillón. No te preocupes.

—Pero…

—No te voy a hacer cruzar los suburbios sólo por dormir. Mañana temprano iremos a tu departamento por ropa. Ahora duerme.

.

Judy despertó con el aroma del café recién preparado, sonrió al percatarse de que Nick servía el desayuno para ambos y sonrió aún más cuando el Zorro guiñó, cómplice.

— ¿Qué tal dormiste?

—Ya puedo entender por qué siempre llegas tarde. Tu cama es muy cómoda.

—Cuando quieras, Zanahorias. ¿Ya sabes qué te pondrás hoy en la Gala?

—No, supongo que un vestido de gala, cosa que no tengo. El señor B es muy formal para estas cosas.

—Lo sé. ¿No te desespera? Con sus trajecitos y corbatines. —Dijo con expresión contrariada mientras servía el desayuno en los platos. Judy soltó una risa por lo bajo y se sentó a la mesa percatándose de que la camisa del uniforme de Nick descansaba en el respaldo de su asiento. —Tendré que llevarte de compras ésta tarde.

—Me imagino que será un gran sacrificio. —Bromeó la coneja en tono sarcástico.

Nick jaló aire fingiendo sentirse ofendido mientras llevaba una pata al pecho. — ¿Sabes hablar sarcasmo?

— ¡Nick! ¿Por qué se te ocurrió que yo, con todo lo dulce e inocente que soy, conozco una lengua tan vulgar y peligrosa como lo es el sarcasmo?

Ambos soltaron una carcajada ante aquella sarta de palabras, tenían tiempo sin reír hasta que les doliera el estómago, así que, ante una simpleza como aquella, se desternillaron de risa sosteniendo sus estómagos y tratando, en vano, de controlarse.

— ¿Por qué no podemos reírnos así siempre? —Reclamó Judy golpeado ligeramente sus mejillas, las sentía entumidas.

—Porque somos policías. —Repuso Nick como si aquello fuera lo más obvio del planeta.

—Ah, sí. ¿Devolviste el auto?

—No, iremos en convertible a tu casa. Se lo dejaré a Ash por la noche.

—No es justo, pobre perezoso, lo tienes varado.

—Nah, viaja con Perezila, entonces está bien. Ellos se gustan pero son un poco lentos para esas cosas. En realidad para todas las cosas, pero no seré yo quien se los diga. —Ante las nuevas carcajadas de la coneja, Nick terminó su desayuno y se puso de pie ajustándose el uniforme.

—Vamos, orejas. No quiero llegar tarde.

— ¡Ja! Seguramente.

—Bueno, no quiero hacerte a ti llegar tarde por mi culpa.

En la entrada del departamento de Judy había una nutria sosteniendo un par de bolsas, miraba nerviosamente la estatura de la puerta cuando Nick y Judy llegaron al lugar, ambos se percataron de que había al menos ocho cajas de zapatos a su alrededor y tres bolsas más.

—Señorita Hopps, imagino. —Dijo la nerviosa nutria mientras se acercaba a la coneja. —Un placer, mi nombre es Anny Otter, vine a traer esto por parte de Mr. Big. Dijo que espera sea de su agrado y que le manda saludos, espera verla por la noche.

—Gracias. —Murmuró sorprendida recibiendo las bolsas y viendo cómo la nerviosa asistente se retiraba. —Qué raro. —Murmuró la coneja mirando las bolsas y descubriendo que pertenecían a los grandes imperios de la moda animal.

— ¿Qué es?

—Ropa. —Murmuró Judy sacando una falda negra relativamente corta de la bolsa que le acababan de entregar.

— ¿Para la gala de hoy? ¿No es esa la marca de tacones que representa Gazelle? —Dijo destapando una de las cajas. Judy abrió su departamento y metió todo, acomodándolo de manera que dejara espacio para caminar. —Oye Zanahorias ¿Cuándo te vas a cambiar a una vivienda de verdad? Creo que ya ganas lo suficiente para salir de éste agujero. A menos que te haga sentir como en casa.

—Ja, ja. Pronto, estoy guardando dinero para comprar un departamento.

—Cerca de mi hogar hay varios en venta y en renta. Oye, me adelantaré a la jefatura para llevar esto antes de que se enfríe más. ¿Te parece si te veo e la tarde en la jefatura? Toma tu tiempo para revisar todo esto.

—Pero… Nick, ¡Nick! —Exclamó cuando vio a su amigo caminar de espaldas a la puerta y comenzar a cerrarla. —No me dejes sola con esto.

—Eres una chulada, puedes sola. Nos vemos. —Y cerrar de un portazo antes de bajar corriendo. Bueno, Ash tendría que sobrevivir sin su convertible una última noche. No podía llegar en patrulla a la cena de Mr. Big. Decidió avisarle que su auto estaría decomisado un día más. Judy por su parte se dejó caer de sentón en la cama y miró agobiada las bolsas y cajas.

— ¿Y qué se supone que haga?

.

Nick, vestido de traje, esperaba los resultados de los análisis de la droga mientras charlaba alegremente con Garraza en recepción.

—Entonces encontraron a Harewell en ése bar. —Repitió entusiasmado. — ¡Qué emocionante! Es como una película de espías, no me sorprendería que esa liebre estuviera en royos ilegales, sería romántico incluso.

—Y a propósito de romanticismos. La cena de gala que organiza la comisaría…

—Ah, sería tu primer año asistiendo a la cena, ¿Verdad? Puedes llevar a una cita si quieres, al menos nos dan esa libertad. El año pasado Bogo llegó con su esposa, es muy guapa. Y Colmillar tenía un nuevo Crush, pero…

—Creo que le pediré a Hopps que sea mi cita de la cena.

— ¿Tu cita? No puedes hablar en plan romántico ¿O sí?

—Estoy hablando de invitarla a que sea mi cita de la gala, no a pedir su pata en matrimonio. Además, ¿Qué tendría de malo que la invitara?

—Creo que es momento de darte una nueva terapia, mi amigo. ¿Novio de Hopps? No está muy… ¿lejos de tu alcance? ¿Nick? —Repitió cuando él perdió la vista a la entrada de la jefatura, Garraza vio su expresión de sorpresa consternado pero compuso una expresión similar al ver a la coneja entrar.

Vestido rojo strapless con escote de corazón, entallado hasta las rodillas en donde se partía a la mitad dejando una cola de medio paso, zapatitos de tacón como los que Gazelle mostraba en sus anuncios para Preyda, un bolso dorado a juego con los zapatos, mismo en el que llevaba la placa y algo de dinero por si acaso, además de su celular.

— ¿Qué pasa? —Preguntó tímida mientras se alisaba las orejas hacia abajo. — ¿Cómo me veo?

—Como un millón de dólares, querida. —Murmuró Nick acercándose hasta ella y tomándole una mano para hacerla girar. Judy sonrió cuando Nick se retiró un par de pasos para mirarla bien y soltó una carcajada cuando Garraza le mostró amos pulgares arriba.

—Luces como si fueras a arrasar con la noche. —Añadió el recepcionista. — ¿Puedo preguntar a dónde van?

—A una fiesta de cumpleaños en Tundra Town. —Informó Nick mirando su reloj de muñeca. —Y será mejor que nos vayamos o no llegaremos a la cena.

—No tan rápido, agentes. —Espetó Bogo saliendo con un par de carpetas en las manos. —Los resultados están listos, Wilde. Y debe ser tu cumpleaños.

Nick se abalanzó sobre las carpetas y miró a su jefe cuando éste se las negó. —De manera providencial, necesito que mañana pasen por Tundra Town a revisar un par de lugares, parece ser que tenías razón sobre las ardillas y el Morfeo, y ha habido dos incidentes más el día de hoy con animales medianos que consumían ésa droga. Reclamaron el cuerpo de nuestra víctima en los suburbios de la tundra y, dado que ya se dirigen hacia allá… —Entregó las carpetas a Nick y luego le dedicó a Judy una mirada con la ceja alzada. —Hopps, ¿Por qué tan elegante?

—Vamos a una fiesta de cumpleaños. —Murmuró en tono tímido.

Mientras Bogo le dedicaba una mirada escudriñadora a la coneja, Nick revisaba las carpetas encontrando con los nombres de posibles sospechosos de tráfico de Morfeo, sonrió de medio lado percatándose de que algunos de los nombres estaban incluidos en la lista de invitados a la fiesta de Mr. Big y sonrió cuando Judy se encogió en su lugar, intimidada por su jefe.

—No puedo creer que ni con los tacones de Preyda me llegues a la punta de la nariz. Vamos, Zanahorias, o llegaremos tarde. Señor. Mañana temprano tendrá un reporte de los hechos. Pasaremos la noche en Tundra Town de ser preciso. Zanahorias, ve por tu cambio a los casilleros, te espero en el auto.

Y en cuanto Judy salió corriendo, Bogo relajó la mirada y echó un vistazo a Garraza, que miraba el punto en el que Judy se había perdido.

—Pues sí que es bonita. —Admitió el recepcionista mirando a Nick con suspicacia.

—Es más que eso. —Admitió con voz trémula y una sonrisa radiante. —Señor. —Dijo mirando a su jefe. —Con todo el dolor de mi corazón, usted sabe cómo adoro el póster de la entrada, pero voy a pedirle que lo quite unos días en lo que resolvemos el caso.

— ¿A qué debo su petición?

—Necesito dialogar con viejos colegas de la calle y mi foto en la entrada de la comisaría no es precisamente buena publicidad.

—Me pides demasiado, Wilde.

—Pero resolveremos el caso, señor.

Bogo lo pensó un momento y luego miró a Garraza asintiendo secamente.