Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, segundo tomo.


MÁS DECRETOS


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DECRETO EDUCACIONAL N°. 26

Se prohíbe a los profesores proporcionar a los alumnos cualquier información que no esté estrictamente relacionada con las asignaturas que cobran por impartir.

Firma: Dolores Jane Umbridge
Suma Inquisidora

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En consecuencia a la noticia de los fugitivos de Azkaban, en cada pasillo, aula o jardín de Hogwarts se podían escuchar conversaciones de los jóvenes magos y brujas hablando respecto a ella, cada vez eran más los que dudaban en la palabra del Ministerio. Para evitar que los estudiantes indagaran sobre el tema con los profesores surgió el decreto 26.

Este último decreto había sido objeto de gran número de bromas entre los estudiantes. Lee Jordan le comentó a la profesora Umbridge que, según la nueva norma, ella no estaba autorizada a regañar ni a Fred ni a George por jugar a los naipes explosivos en el fondo de la clase.

— ¡Los naipes explosivos no tienen nada que ver con la Defensa Contra las Artes Oscuras, profesora! ¡Esa información no está relacionada con su asignatura!

Jordan, junto con varios alumnos bromistas fueron vistos entrar y salir castigados frecuentmente de la oficina de Umbridge; al parecer sus castigos eran daños físicos ya que durante sus rondas nocturnas Alex vio a los sancionados cargar cicatrices sangrantes en el dorso de sus manos.

El mes de febrero llegó con un tiempo más húmedo pero menos frío, y la perspectiva de la segunda excursión del año a Hogsmeade. La mañana del día 14 Alex se vistió con leggins negros, una gabardina de manga tres cuartos color vino ajustada de la cintura y calzó un par de botines negros; Draco y Blaise como siempre vistieron completamente de negro y el resto usaba colores oscuros combinados con verde esmeralda, eran fieles a su casa.

Se pusieron en la fila de estudiantes que esperaban la autorización de Filch para salir del castillo, apetecían con fervor tomar una cerveza de mantequilla que no habían probado desde la excursión pasada.

Hacía un día fresco y ventoso, la calle principal estaba llena de estudiantes que paseaban tranquilamente por las aceras y contemplaban los escaparates de las tiendas, unos cuantos vecinos de Hogsmeade leían un cartel que ofrecía una recompensa de mil galeones a cualquier mago o bruja que pudiera aportar alguna información que sirviera para capturar a alguno de los diez reclusos fugados de Azkaban.

— Nosotros iremos a la Tienda de té de Madame Tudipié... ¿Los vemos más tarde en las Tres Escobas?

Pansy y Blaise se despidieron y se fueron tomados de la mano por una calle lateral, juntos se veían más felices que nunca. Millicent y Theodore dijeron que pasarían un momento a Dervish y Banges para arreglar un chivatoscopio de Nott aunque era evidente que buscaban un pretexto para estar solos un momento, así que Alex y Draco arribaron a las Tres Escobas antes.

— Y... ¿Cómo has pasado navidad? — rompió el silencio Alex mientras caminaban con la acera.

— Tuvimos un gran banquete ciertamente aunque fueron aburridos esos días, mi padre pasaba la mayor parte del tiempo afuera... ¿Cómo la pasaste tú en Hogwarts, Alex?

— Aburrida también... pasé casi todo el tiempo en la biblioteca.

— ¿Tú en la biblioteca? ¿Planeas usurpar el puesto de la sangre-sucia como la comelibros del año? — preguntó fingiendo asco y soltando una risa burlona.

— ¡Claro que no! —rió.

Entablaron una conversación amena, riéndose de los profesores y algunos compañeros, mientras avanzaban a la taberna; cuando cruzaron la puerta, de entre el mar de cabezas en las mesas distinguieron tres en particular sentadas en una misma mesa: dos descuidadas cabelleras, una castaña y otra rubia, junto a una mujer de cabello liso y rubio que pudieron reconocer como la fastidiosa Rita Skeeter.

— ¿Qué estará tramando la sangre-sucia? ¿Para qué estará con Lovegood y la reportera Skeeter? — Draco no dejaba de ver en su dirección, tomaron asiento en una mesa vacía y siguió observándolas.

Ordenaron dos cervezas de mantequilla y un cuarto de hora después de su llegada, entró por la puerta Harry Potter y se sentó con las tres féminas.

— Esto no me gusta, algo traen entre manos...

— Ignóralos, Draco, ¿Qué pueden hacer? — intentó tranquilizarlo la castaña.

Pansy y Blaise, que se habían encontrado a Millicent y Theodore en el camino, entraron a las Tres Escobas y se unieron a la mesa de las otras dos serpientes. Pansy todavía no se sentaba cuando impacientemente soltó un cotilleo que había presenciado con su acompañante.

— ¡Vimos al cara rajada con Cho Chang en la tienda de Madame Tudipié! — dio un sorbo a la cerveza que estaba frente a Draco y continuó — Chang hizo un escándalo, no dejaba de llorar, se enceló de que también había quedado de ver a la sangre-sucia y abandonó a Potty en la mesa.

— Y luego llegó aquí y se sentó con Granger — agregó el rubio ojigris moviendo la cabeza en dirección la mesa donde estaban los cuatro.

— ¡¿También está con Lunática y esa reportera?! — dijo abriendo los ojos como platos — Tal vez Chang no se equivocaba en si se había quedado de ver con más mujeres...

— Eso es una banalidad, Pansy, ellos están tramando algo.

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DECRETO EDUCACIONAL N°. 27

Cualquier estudiante al que se sorprenda en posesión de la revista El Quisquilloso será expulsado del colegio.

Firma: Dolores Jane Umbridge
Suma Inquisidora

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— ¿El Quisquilloso? ¿Quién compra esa basura? —se burló Blaise cuando había leído el nuevo aviso del mes de marzo pegado en la Sala común.

— Dicen que publicó un artículo sobre Harry Potter, una entrevista... está siendo polémica, lo escuché en el Gran Comedor — comentó Bulstrode tomando asiento en un sillón.

— ¿Qué pueden decir de él que no hayan dicho ya en El Profeta? — se carcajeó Zabini sentándose al lado de Draco.

— ¿Por qué no lo averiguan ustedes mismos...? Lean — Theodore cruzaba por la entrada de la Sala Común llevando consigo un ejemplar de El Quisquilloso, que arrojó al regazo del rubio platino. Su mirada fría desvaneció la sonrisa socarrona del moreno rostro de Blaise.

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HARRY POTTER HABLA POR FIN:

«TODA LA VERDAD SOBRE EL-QUE-NO-DEBE-SER-NOMBRADO
Y LA NOCHE QUE LO VI REGRESAR»

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Tras una diligente lectura a la nota por parte del pálido ojigris su semblante se trastornó sombrío y pesaroso, sus ojos se oscurecieron como la noche y sus facciones parecían más angulosas de lo normal. Con un firme "¡Crabbe, Goyle!" que pronunció, los dos tontos gorilones aparecieron frente a él en un par de segundos en respuesta al llamado. Draco sin decir una sola palabra más entregó la revista a ese par y señaló la publicación. Cuando habían terminado de leer, se lanzaron miradas asustadas entre ellos.

— ¿Qué ocurre? ¿Qué dice esa entrevista? — inquirió Pansy nerviosa.

— Nuestro querido Potter a señalado a mi padre, el de Draco y los de Crabbe y Goyle como mortífagos, cómplices de los eventos relacionados con el Señor Oscuro — explicó Nott a las miradas confundidas de sus amigos.

— ¡Es un incauto! Esto afectará a la reputación de mi padre con el Ministerio — exclamó Draco molesto.

— ¿Qué podemos hacer? No podemos impedir que lean sus declaraciones — comentó preocupada la Russo viendo el rostro de sus amigos.

— Ya nos vengaremos.

El grisáceo mes de marzo dejó paso a un borrascoso abril, los TIMOS cada vez estaban más cerca, algo que los profesores seguían recordando a los alumnos. Todos los de quinto estaban más o menos estresados; Hannah Abbott de Hufflepuff fue la primera en recibir una pócima calmante de la señora Pomfrey, después de echarse a llorar durante la clase de Herbología y afirmar, entre sollozos, que era demasiado tonta para aprobar los exámenes y que quería marcharse cuanto antes del colegio. Una noche después de terminar la cena, la profesora Umbridge se acercó a la mesa de Slytherin con su trivial sonrisa de sapo.

— Ejem...

— ¡Profesora Umbridge! — saludó Zabini jovial.

— Necesito que me ayuden en un asunto importante del colegio. Se me ha informado de un grupo ilegal formado por el señor Potter — explicó la profesora — Tengo muy buenas referencias del señor Malfoy y la señorita Parkinson, así que consideré apropiado pedirles a ustedes junto con sus amigos que me ayuden en la labor de atrapar a los implicados.

— Con todo gusto, profesora — Draco sonrió cómplice a Theodore — ¿Cuándo la ayudaremos?

— Ahora mismo.

Los Slytherin avanzaron detrás de Umbridge hasta el séptimo piso, les dio la indicación de detener a todo estudiante que encontraran allí y a Pansy le encargó introducirse en la Sala de los Menesteres. Cada uno se distribuyó por los pasillos, algunos como Draco se ocultaron para atrapar por sorpresa a quien pasara por donde se encontraba. Alex se paró a mitad del pasillo contemplando las paredes hasta que en un cruce chocó con el cuerpo de alguien y cayeron al suelo; cuando giró la cabeza se encontró de frente con Hermione Granger asustada, las dos se pusieron de pie inmediatamente pero la mirada alarmada de la Gryffindor le dio un vuelco a sus pensamientos y le dio la espalda, permitiéndole escapar. Regresando a donde habían quedado la mayoría de sus compañeros escuchó a Draco hablar y se acercó hasta él, lo encontró sujetando su varita con orgullo al lado de un chico azabache tendido en el suelo.

— ¡Embrujo zancadilla, Potter! — dijo — ¡Eh, profesora! ¡PROFESORA! ¡Ya tengo a uno!

La profesora Umbridge apareció jadeando por un extremo del pasillo, pero con una sonrisa de placer en los labios.

— ¡Es él! — exclamó con júbilo al ver a Potter en el suelo — ¡Excelente, Draco, excelente! ¡Muy bien! ¡Cincuenta puntos para Slytherin! Voy a sacarlo de aquí... ¡Levántate, Potter! — el chico se puso en pie y los miró con odio. La profesora Umbridge lo agarró fuertemente por un brazo y se volvió, sonriendo de oreja a oreja, hacia el rubio — Corre a ver si atrapas a unos cuantos más, Draco — le ordenó — Russo, di a los otros que busquen en la biblioteca, a ver si encuentran a alguien que se haya quedado sin aliento. Miren en los lavabos, usted con la señorita Parkinson pueden encargarse del de las chicas. ¡Deprisa!

Draco y Alex salieron disparados con el resto del grupo pero sin la intención de seguir buscando cómplices, después de todo ya habían entregado a Potter y a varios más, estaría en graves problemas, la serpiente ya había facturado parte de su venganza entregándolo él personalmente. Volvieron a su Sala común burlándose de los que habían atrapado.

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DECRETO EDUCACIONAL N°. 28

Dolores Jane Umbridge (Suma Inquisidora) sustituye a Albus Dumbledore como director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Firma: Cornelius Oswald Fudge
Ministro de Magia

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— ¡Por fin! El anciano de Dumbledore ya no fastidiará más — exclamó sin caber de alegría un rubio ojigris — Espero que lo capturen y lleven a Azkaban, aunque creo más prudente que lo lleven a San Mungo por demente.

— ¡Ahora sí habrá justicia en Hogwarts! — celebraba Zabini caminando en círculos.

— Ya puede irse despidiendo Potty de su favoritismo — sonrió triunfal Pansy.

Los carteles habían aparecido en el colegio durante la noche, pero todo el mundo, sin exceptuar a nadie en el castillo, ya sabía que el ex-director Albus Dumbledore había burlado a dos aurores, a la Suma Inquisidora, al Ministro de Magia y a su asistente júnior, y había escapado después de ser amenazado con ser arrestado. El único tema de conversación era la huida de Dumbledore, todos sabían que Potter y Marietta Edgecombe habían sido los únicos estudiantes que habían presenciado la escena en el despacho de Dumbledore.

Después de la publicación del nuevo decreto, los chicos Slytherin que habían ayudado en la caza del grupo ilícito de Harry Potter fueron llamados a la oficina de la Suma Inquisidora y como agradecimiento por su ayuda les otorgó pequeñas insignias con las letras «B» e «I» que los nombraba miembros de la "Brigada Inquisitorial". Orgullosos, a excepción de Alex que estaba contrariada por ayudar a la arpía que tan poca simpatía le tenía, alardearon de su nueva designación, ya que con ello tenían poderes como poder descontar puntos incluso a prefectos y registrar el correo.

Al entrar al Gran Comedor, Draco se quedó de pie en la puerta con Crabbe y Goyle oyendo con disimulo lo que el Trío Dorado que iba llegando al salón, conversaba con un chico de Hufflepuff.

— ... La profesora Umbridge trató de entrar en el despacho del director después de buscar a Dumbledore por todos los rincones del castillo y los jardines. Pero la gárgola no se apartó de la puerta. El despacho se había cerrado para impedirle la entrada — Macmillan sonrió con suficiencia — Por lo visto, le dio un berrinche de miedo.

— Seguro que le habría encantado sentarse en el despacho del director — dijo Granger con rabia mientras subían la escalera de piedra hacia el vestíbulo — No soporto la prepotencia con que trata a los demás profesores, la muy estúpida, engreída y arrogante...

— A ver, Granger, ¿Cómo termina esa frase? — Draco se deslizó frente a ellos, seguido de Crabbe y Goyle. La malicia iluminaba su pálido rostro — Me temo que tendré que descontar unos cuantos puntos a Gryffindor y a Hufflepuff — sentenció arrastrando las palabras.

— Los prefectos no pueden quitarles puntos a sus colegas, Malfoy — saltó Macmillan de inmediato.

— Ya sé que los prefectos no pueden descontarse puntos unos a otros — dijo Draco desdeñosamente. Sus secuaces rieron por lo bajo — Pero los miembros de la Brigada Inquisitorial...

— ¡¿La qué?! — exclamó la leona con aspereza.

— La Brigada Inquisitorial, Granger — repitió el rubio, señalando la nueva placa de su túnica, debajo de la insignia de prefecto — Un selecto grupo de estudiantes que apoyan al Ministerio de Magia, cuidadosamente seleccionados por la profesora Umbridge. Los miembros de la Brigada Inquisitorial tienen autoridad para descontar puntos. Así que, Granger, a ti te voy a quitar cinco por hacer comentarios groseros sobre nuestra nueva directora. Macmillan, cinco puntos menos por llevarme la contraria. Y a ti otros cinco porque me caes mal, Potter. Weasley, llevas la camisa fuera de los pantalones, tendré que quitarte cinco puntos por eso. Ah, sí, se me olvidaba, eres una sangre-sucia, Granger: diez puntos menos.

Ronald sacó su varita mágica, pero Granger lo apartó.

— Una actitud muy prudente, Granger — musitó Draco — Nueva directora, nuevas reglas... Pórtense bien, Pipi-pote, Rey Weasley...

Dicho esto se alejó a carcajadas y se sentó con su grupito al lado de Alex, riendo por la numerosa cantidad de puntos que ya habían descontado al resto de las casas. Un ¡PUM! proveniente del vestíbulo captó la atención de todas las mesas. Otro ¡PUM!.

Las enormes puertas se abrieron y decenas de fuegos artificiales encantados explotaron y entraron también al comedor; por los pasillos revoloteaban dragones compuestos de chispas verdes y doradas que despedían fogonazos y producían potentes explosiones; girándulas de color rosa fosforito de un metro y medio de diámetro pasaban zumbando como platillos volantes; cohetes con largas colas de brillantes estrellas plateadas rebotaban contra las paredes; las bengalas escribían palabrotas en el aire; los petardos explotaban como minas donde sea que se mirase, y en lugar de consumirse y apagarse poco a poco, esos milagros pirotécnicos parecían adquirir cada vez más fuerza y energía y cada vez perseguían con más avidez a los alumnos, que se refugiaban sonrientes debajo de las mesas, detrás de las puertas o cualquier lugar desde el que pudieran seguir observando el espectáculo.

— Maravilloso cohetes, deben ser Weasley, ¡Jajá! — habló para sí Alex, reteniendo en su mente la imagen de los gemelos retorciéndose de risa, como seguro estarían en ese momento.

Filch y la profesora Umbridge se quedaron petrificados en mitad de la escalera. Una de las girándulas más grandes fue dando vueltas hacia donde estaban la profesora Umbridge y el conserje, emitiendo un siniestro «¡liiiiuuuuu!». Ambos gritaron de miedo y se agacharon, y la girándula salió volando por la ventana que tenían detrás y fue a parar a los jardines. Entre tanto, varios dragones y un enorme murciélago de color morado, que humeaba amenazadoramente, aprovecharon que había una puerta abierta al final del pasillo para escapar por ella hacia el segundo piso.

— ¡Corra, Filch, corra! — gritó la profesora Umbridge — ¡Si no hacemos algo se dispersarán por todo el colegio! ¡Desmaius!

Un chorro de luz roja salió del extremo de su varita y fue a parar contra uno de los cohetes. En lugar de quedarse parado en el aire, éste explotó con tanta fuerza que hizo un agujero en el cuadro de una bruja de aspecto bobalicón, retratada en medio de un prado.

— ¡No los aturda, Filch! — gritó furiosa la profesora Umbridge, como si el conjuro lo hubiera pronunciado él.

— ¡Como usted diga, señora! — exclamó resollando el conserje. Corrió hacia un armario cercano, sacó de él una escoba y empezó a golpear con ella los fuegos artificiales. Unos segundos más tarde, la parte delantera de la escoba estaba en llamas.

Aquella tarde los fuegos artificiales siguieron ardiendo y extendiéndose por el colegio. Pese a que ocasionaron graves trastornos, sobre todo los petardos, a los otros profesores no pareció importarles mucho. El resultado de aquel jaleo fue que la profesora Umbridge se pasó la primera tarde como directora corriendo por el colegio y acudiendo a los llamamientos de los otros profesores, ninguno de los cuales parecía capaz de echar de su aula a los fuegos artificiales sin su ayuda.

Cuando tuvo un momento a solas, Alex se escabulló lejos de los estudiantes y se fue en dirección a la Torre de Astronomía, le apetecía estar un momento lejos de la "nueva directora", sin su tonto cargo de la B.I., sin escuchar los regodeos de sus amigos y los comentarios adulares hacia la arpía cara de sapo de Dolores Umbridge. Entró en la desierta aula en la que hace mucho no había puesto un pie, ni cuando cruzaba para ir al salón de arriba al asistir a sus clases se tomaba un minuto para recorrer ese abandonado y tranquilo lugar. Se sentó en el frío suelo empolvado y se recargo en la pared de piedra, cerró sus ojos un momento... aguzó sus oídos, quería escuchar el débil viento chocando y colándose por las aberturas de las ventanas...

— ¿Russo?

— Ho-hola... Fred, George... — agachó la cabeza.

Tenían tiempo sin hablar y las últimas dos veces que habían estado cerca eran cuando los Slytherin se burlaron de su práctica y en el juego en el que Malfoy los insultó y luego ellos fueron suspendidos.

— Quiero disculparme... por todo, he participado en crueles bromas e injusticias con todos los de Gryffindor, sobre todo hacia su hermano Ronald y...

— No digas nada, Alexandra — interrumpió uno de los pelirrojos.

— Ya esperábamos algo así, eres una serpiente.

— Igual que el resto... sólo sigues a Malfoy.

— Creímos que serías diferente — en sus rostros era evidente lo decepcionados que estaban.

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Para uno de los entrenamientos de Quidditch de Slytherin se dieron cuenta que uno de los cazadores, Montague, no había asistido. En realidad no lo habían visto desde hace un par de días ni en clases ni en la Sala común pero hasta ese momento nadie le había tomado importancia, creían que estaría haciendo algo que le llevaba mucho tiempo por eso no llegaba a dormir. Una tarde, la profesora Umbridge abordó corriendo a Draco.

— ¡Draco, aquí estás...! Necesito que... — jadeaba por el evidente esfuerzo que había hecho al correr — Que... vayas por el profesor Snape... lo encontré.

El rubio acudió inmediatamente al despacho del profesor que ni siquiera reparó en llamar a la puerta y entró atropelladamente.

— Profesor Snape, señor... ¡Oh, lo siento!

Draco encontró a Potter dentro del aula junto con Snape; se quedó observándolos sin poder ocultar su gesto de incredulidad.

— No pasa nada, Draco — lo tranquilizó el hombre, y bajó la varita — Potter ha venido a repasar pociones curativas.

Una chispa de felicidad lo invadió por completo al escuchar tal noticia, estaba más contento que cuando lo atrapó con el embrujo zancadilla.

— No lo sabía — masculló mirando con gesto burlón a Potter, que se había puesto muy colorado.

— ¿Qué ocurre, Draco? — preguntó Snape.

— Es la profesora Umbridge, señor. Han encontrado a Montague, señor, ha aparecido dentro de un retrete del cuarto piso.

— ¿Cómo llegó allí?

— No lo sé, señor. Está un poco aturdido.

— Está bien, está bien. Potter — dijo Snape — Continuaremos la clase mañana por la noche.

Y tras pronunciar esas palabras Snape salió pisando fuerte del despacho. Cuando el profesor estaba de espaldas, Draco miró a Potter y, moviendo los labios sin emitir ningún sonido, dijo: «¿Pociones curativas?»; luego siguió a Snape. En cuanto llegó a su Sala común, informó el accidente de Montague como si fuera algo insignificante, eso sí no se cohibió cuando relató la nueva de la que se había enterado.

— ¡Potter es tan patético que recibe clases particulares de... POCIONES CURATIVAS! — exclamaba el príncipe de Slytherin enérgico a todos sus compañeros — Imaginen que tan imbécil debe ser como para que el profesor Snape se atreviera a brindarle esas clases.

— ¿Y qué pasó con Montague? ¿Cómo es que apareció en los inodoros? — preguntó un chico de segundo año admirado por Draco.

— Ni idea, estaba totalmente confundido — respondió cortante — ¡POCIONES CURATIVAS! ¡Ni Longbottom ha recibido clases particulares! — Toda la casa se rió del Gryffindor.

Las vacaciones de pascua iniciaron, pero a medida que avanzaba la semana, el tiempo se hizo más ventoso, soleado y cálido, clima más que perfecto para salir y disfrutar al aire libre pero Alex y el resto de su pandilla estaban atrapados dentro del castillo, como el resto de los alumnos de quinto y séptimo, sin más ocupación que repasar e ir y venir de la biblioteca, el malhumor reinaba en el castillo. Los TIMOs y ÉXTASIS estaban a la vuelta de la esquina. El equipo de Quidditch incluso dejó de practicar, como eran los favoritos a ganar no creían necesario entrenar, y aunque se empeñaran en enmascararlo, las serpientes eran una clase de "empollones": fingían que no les importaba sus calificaciones, que les bastaba con ser reconocidos pero... sí que les importaba tener excelentes notas.

Paradójicamente camuflaban su alto desempeño (ya que la nota media en toda la casa era una S), por eso mismo es que en el colegio no consideraban a Slytherin tan sobresaliente académicamente, pasaban desapercibidos en ese detalle.

Para subrayar la importancia de los próximos exámenes, una serie de folletos, prospectos y anuncios relacionados con varias carreras mágicas aparecieron encima de las mesas de las mazmorras de Slytherin poco después de que las vacaciones finalizasen, y en el tablón de anuncios colgaron un letrero que decía:

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ORIENTACIÓN ACADÉMICA

Todos los alumnos de quinto curso tendrán, durante la primera semana del trimestre de verano, una breve entrevista con el jefe de su casa para hablar de las futuras carreras. Las fechas y las horas de las entrevistas se indican a continuación.

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— Oh, Alex, nos tocará ir al mismo tiempo — comentó Pansy —Nos han asignado con Snape el martes a las 12:00.