Ah, Zanahorias. —Dijo Nick en cuanto ambos se subieron al auto. Sacó una cajita del bolsillo interior de su saco y la abrió mostrándole a Judy el contenido, un dije chapado en oro, ligeramente abombado en forma de zanahoria que se sostenía de la cadena por la punta y el rabo. —Quería agradecerte el hecho de que siempre… no sé. Siempre estás ahí. —Judy tomó la cajita mientras Nick le colocaba el dije y lo abrochaba delicadamente para luego dejar la cadena caer sobre el pelaje de su amiga con delicadeza. Sonrió cuando ella lució la zanahoria, estirando el cuello un poco y cerrando los ojos.

¿Qué tal luce?

Cuando lo compré me pareció bonito, pero en tu cuello, uf. —Dijo antes de besar la mejilla de su amiga y conseguir que ella respingara por la sorpresa. —Ahora, a la tundra.

La fiesta parecía recién salida de una película de espías, animales de todo tipo con los rostros envueltos en antifaces elegantes y pomposos, se habían reunido para celebrar el cumpleaños de Mr. Big y una mesa ya estaba saturada de regalos. Judy se sintió torpe cuando depositó en la mesa el cannoli casero decorado con listones y una nota de parte de ambos. La voz de su anfitrión los hizo girar sorprendidos y agradecidos de encontrarse, por fin, a alguien conocido.

—Pero miren nada más. —Dijo con su marcado acento mientras su guarura principal lo acercaba a los recién llegados. —Si es la salvadora de mi hija y un viejo amigo zorro. Bienvenidos. ¿Qué huelo?

—Hola, señor. —Murmuró Judy sonriente mientras permitía a la musaraña besarle las mejillas y posar su manita entre los ojos violetas. —Es cannoli casero. Pense…

— ¡Mi dulce niña! Ése sí es un detalle. Mejor que los miles gastados por el resto. —Añadió en voz baja cubriendo su boca de lado. —Pero vamos a la mesa, hay que ubicarlos cuanto antes.

Judy sonrió siguiendo al oso y, en última instancia, se percató de que en la mesa del fondo, entre un enorme rinoceronte y un oso pardo, Anthony Harewell charlaba distraídamente con uno de los animales con los que compartía mesa. No se detuvo a indagar y se ocultó detrás de su antifaz dorado para seguir a su compañero hasta la mesa.


Noche en Tundra Town


Just one Kiss and I will be hooked in her fire
Her flames are surrounding me now
As we watch as they light up the sky
We must stand up and fight…

Nick hacía girar a Judy con vehemencia al ritmo apasionado de la canción mientras la coneja miraba a su alrededor buscando los rostros que Nick le había descrito, aunque ella estaba absorta en su tarea de infiltrada, él simplemente no podía dejar de admirar los ojos encendidos en violeta de su colega.

Cause this love is not a game to me, we'll survive

Suspiró mirando a su alrededor un momento y luego miró a su compañera. —Te voy a reclinar, creo que atrás de ti baila alguien conocido. —Y al ritmo de la música la dejó colgando hacia atrás permitiéndole ver cómo Harewell charlaba misteriosamente con un rinoceronte que miraba a todo el mundo con mala cara.

— ¿Tony?

— ¿Desde cuándo lo llamas Tony?

She doesn't know the effect she can have…

—Desde el día del bar. Digamos que encontré… un par de similitudes entre su trabajo y el nuestro. Es buena liebre.

— ¿Le concederás la entrevista? —Dijo subiéndola de golpe.

—No lo he decidido. Y por cierto, no encuentro a tus sospechosos.

—Juro que estaban en la lista de invitados.

—Puede que no hayan venido. Digo, si sabían que estábamos en la lista.

—En fin, supongo que tendremos qué conformarnos con disfrutar del final de ésta pieza.

— ¿Cómo que conformarnos? Yo me la estoy pasando muy bien, Nick.

—Buenas noches. —Musitó Harewell en tono contenido.

—Creo que hablé demasiado pronto. —Espetó Nick.

— ¿Sería mucho pedir que la dejaras bailar conmigo? —Repuso en tono burlón mirando a Nick.

—Si la dama quiere. —Reprendió molesto.

—Papá ¿Puedo? —Bromeó Judy haciendo pucheros y consiguiendo que Nick soltara una risa floja, sin embargo, muy amarga mientras asentía besándole los nudillos y haciéndola girar una vez, dejándola de cara a Harewell.

—Pero regresa temprano a casa, que las señoritas decentes no pasan la noche fuera.

— ¿Qué quieres decir eso? —Espetó mientras veía a su amigo alejarse. Suspiró frustrada pero sonrió para Harewell, quien ya le había tomado la cintura para acercarla a sí y comenzar a bailar al ritmo de una nueva pieza.

Guess it's true I'm not good at a one night stay
But I still need love 'cause I'm just animal…

—La verdad es una sorpresa encontrarte por aquí, Judy. —Murmuró sonriente mientras Judy se ajustaba el antifaz un poco. —No sabía que estuvieras metida con el crimen organizado de la ciudad.

—Perdona, pero no estoy metida con el crimen organizado. —Murmuró molesta ante la acusación, permitiendo que él la guiara por el centro del salón. —Vine a la fiesta de cumpleaños de un viejo amigo. Por si no lo sabes, soy madrina de su nieta, no sé en qué negocios sucios puedan estar metidos.

— ¿Mr. Big? En ninguno, no te preocupes. —Repuso entre risas. —La verdad es que me da mucho gusto verte, el día del bar me quedé preocupado por tu salida repentina. Aunque sabía que buscarte en la comisaría no sería una buena idea del todo y te negaste rotundamente a darme un número al qué marcar. Creo que tu amigo es muy emocional, muy… Visceral.

— ¿Te parece? Él dice que somos nosotros los emocionales. ¿Qué haces aquí? ¿No tendrá que ver con el contrabando de bebidas adulteradas?

Harewell soltó una risa por lo bajo mientras hacía a Judy girar. —Sí, preciosa. Algo así. ¿Te puedo invitar a sentar a mi mesa?

—Sólo si hay espacio para dos. —Repuso cordial mientras negaba con la cabeza.

— ¡Ay, por favor, coneja! —Espetó incrédulo, sorprendido de la lealtad que la oficial había demostrado hasta la fecha con su compañero de guardias. — ¿Nick? ¿En serio quieres un espacio para él? —Judy dejó de bailar y se alejó un paso, mirando a Harewell ofendida. La liebre alzó las patas en señal de rendición y le tendió una a Judy con expresión dulce. —Ya, me excedí. Me incomoda lo que no conozco.

—Pues entonces eres una liebre muy prejuiciosa... ¿Por qué te incomoda tanto? —Murmuró Judy dudosa de aceptar la mano que le ofrecían, avanzando un paso a sabiendas de que podría encontrar en la liebre a un aliado fuerte y a un buen amigo si mantenía la diplomacia entre éste y su compañero.

—Me interesa protegerte. —Dijo tomándole la mano y acercándola más, tomándola por sorpresa y consiguiendo que ella diera un tirón para soltarse, en vano. —Eres fascinante y creo que corres peligro con él.

—No lo hago, no te preocupes por mí.

—Judy…

All along it was a fever…
A cold sweat hot-headed believer

— Zanahorias ¿Está todo en orden? —Llamó el zorro con voz gutural mientras jalaba a Judy por la cintura hasta situarla a su lado. La coneja le dedicó una breve mirada de gratitud mientras se abrazaba de su costado, asustada pero alerta.

— ¡No puedo creer que permitas que te llame Zanahorias, Judy! —Soltó como si tuviera tiempo construyendo aquella frase y sólo esperara el momento para soltarla. —Es denigrante.

—Todo bien, Nick. Gracias. —Un oso polar golpeó su copa con una cuchara pequeña y una oveja salió a anunciar que la cena estaba por servirse. Judy tomó la pata de Nick, hecha puño y sonrió asintiendo para que se tranquilizara. Luego miró a Harewell y sonrió con diplomacia antes de añadir. —Lo siento, Tony. Voy a mi lugar. A cenar tranquila.

—Adelante, preciosa. Pero recuerda que mi oferta sigue en pie. Para ti siempre está en pie.

— ¿Qué oferta? —Inquirió Nick cuando Harewell ya iba lejos y ellos se habían encaminado a su mesa. Judy volteó los ojos divertida y le tomó el brazo para seguir caminando hasta su mesa.

.

Mr. Big se había disculpado al menos quince veces cuando los asignaron a una misma habitación, alegando que había hecho tantas reservaciones en el Hotel en el que se había celebrado su fiesta de cumpleaños como invitados tenía en la lista, pero que Rinera había llevado invitados de más y a como estaban las cosas entre ellos, pelear no era muy buena idea en esos momentos.

De verdad lo siento. —Dijo con su marcado acento mientras ponía su manita sobre la de Judy en un gesto conciliador. —Y sólo quedó una habitación libre.

Descuide, nos acomodaremos, no hay problema. —Murmuró ligeramente afectada por el alcohol, deseando poder quitarse los tacones de una buena vez. —Buenas noches, señor.

Descansen.

El sonido de la fiesta aún retumbaba en sus oídos como un eco de lo que había ocurrido en la velada, todavía podía escuchar los acordes de la última pieza que había bailado con su compañera, una súplica para que se quedara con él. Y trataba de alejar su mente de aquellos pensamientos repasando una y otra vez la conversación que había escuchado mientras caminaba lejos de Judy para que ella bailara con Harewell.

¿No me tienes nada? No puedes haber venido hasta acá sin nada.

Tengo algo, señor. Un nuevo distribuidor para el Morfeo.

¿Ah sí?

Por favor, mañana lo veremos en donde siempre, si no los encuentra ahí puede matarme si quiere, verá que es verdad, es la red de mapaches de la ciudad, las ardillas trataron de robarles terreno hace un par de días y por eso tenemos un muerto, ellos sí saben lo que hacen.

No me sirven distribuidores que consuman el producto que…

Es que no lo consumen. El muerto y el otro que estaban contaminados ingirieron las cosas por orden de su jefe, quería ver los efectos por sí mismo y…

¿Y su jefe qué papel juega?

Tiene su propio laboratorio de drogas, pero le interesa el mercado del Morfeo, y dijo que está interesado en comprarle a usted.

¿Por qué estaría interesado en el Morfeo?

Porque encontró una nueva manera de distribuirlo. El alcohol. Es indetectable.

Y en medio de las conversaciones que repetía una y otra vez, por si había omitido algún detalle, Nick miraba el techo de su habitación desde la cama, separada apenas por metro y medio de la de su colega, preguntándose también si Judy estaría despierta, sin embargo, tampoco quería molestarla por nimiedades. Guardaría silencio hasta quedarse dormido o hasta que amaneciera, lo que ocurriera primero. Suspiró.

— ¿No te has dormido? —Inquirió ella girando en su cama y mirando a Nick al otro lado de la habitación. —Yo tampoco puedo dormir.

— ¿Te divertiste hoy?

—Mucho, Nick. Gracias.

—Hablo de cuando bailabas con Harewell, ¿Te divertías? Lucías feliz. ¿Te gusta la liebre?

— ¡Nick! —Exclamó ella levantándose sobre su codo para poder mirar a su compañero, sorprendida por aquellas palabras. — ¿Qué pasa?

—Es que estaba pensando en lo que dijiste de que no eran tan distintas nuestras profesiones, y yo nunca he sabido que tengas interés por ninguno de tus pretendientes, y Garraza el otro día mencionó la Gala de la jefatura, y entonces pensé que… que podrías… —Suspiró percatándose de que había dicho todo aquello demasiado rápido. Tomó aire de nuevo y añadió. —Invitar a Harewell… A que fuera contigo.

—No seas ridículo, Nick, no iría con él a la Gala.

—Bueno, es lo más parecido a un conejo que encontrarás en la ciudad.

Not really sure how to feel about it

— ¿Te gustaría que fuera con él a la gala?

I want you to stay

—Quiero que vayas con alguien que te haga feliz.

—Si es lo que quieres. —Dijo no muy convencida, levantándose de su cama y avanzando hasta donde Nick descansaba, apartó las sábanas y se hizo un ovillo encarando al zorro, que la miró sorprendido cuando ella se cubrió con las sábanas y le tomó las manos en la oscuridad. Ella no veía muy bien, pero él podía distinguir sus ojos oscurecidos a la falta de luz, en un tono morado precioso, mezcla de violeta, sombras y miedo. —Pero no creas que será Harewell, es buen animal y todo, pero… No me hace feliz.

—Pensé que te gustaba. —Murmuró con voz contenida, no sabiendo qué hacer con todas las emociones que se habían agolpado contra su pecho y su garganta. Si su pelaje no fuera rojizo seguramente estaría brillando como un faro en la oscuridad por su repentino enrojecimiento.

Makes me feel like I can't live without you

—No me gusta. Y de todos modos, si se trata de ir con alguien que me hiciera feliz, me divertí más bailando contigo que con él. —Nick tragó saliva en la oscuridad. Judy se acurrucó contra su pecho, escuchando el latido acelerado del corazón de su compañero y sintiendo cómo sus propios latidos se aceleraban. ¡¿Pero qué estaba haciendo?! El alcohol. Pensó contrariada. Esto tiene que ser efecto del alcohol, porque si no ¿De qué más? — ¿Te he dicho que te quiero?

—Alguna vez. —Admitió pasando sus manos alrededor del cuerpo de la conejita.

—Pues entonces no te pongas raro con todo el tema de Harewell. —Dijo en medio de un bostezo mientras se acomodaba bien entre los brazos del zorro. —Estamos bien, ¿Sí?

—Orejas. —Soltó en tono divertido, tratando de aligerar sus nervios. —Ya hasta suenas como una novia celosa, no te tomes tan a pecho lo de ser pareja. O los animales comenzarán a hablar de nosotros sin motivo.

—Ya hablan de nosotros. —Dijo adormecida, a punto de perderse en el mundo de los sueños.

—Mira cuánto me importa. Bu-uuuh. —Judy rio por lo bajo. —Hablan porque tienen boca, nada más. Pero de todos modos, creo que no tienes ni idea del efecto que puedes tener en las personas que te rodean, algo tienes que haces cambiar a los peores.

—No seas exagerado.

—No exagero, Zanahorias, de verdad. No sabes el efecto que tienes en las personas, eres una especie rara de…

— ¿Ampicilina?

—Ritalín. Te acabas de convertir en ritalín. No eres un antibiótico, Orejas. Eres algo más. Más como una medicina tranquilizadora y dulce que convierte a los más duros en tiernos conejitos. No me hagas caso, estoy delirando.

—Yo también, así que más vale que lo diga antes de que caiga en los brazos de Morfeo…

—No lo digas así, o te tomaré por drogadicta. —Reprendió divertido.

—Ja, ja. Descubrí algo importante respecto al caso. A propósito de drogas recetadas.

— ¿Qué cosa? —Inquirió divertido al escuchar la voz arrastrada de Judy, que luchaba fuertemente contra el sueño con tal de terminar su frase.

—Harewell dijo algo de bebidas alcohólicas adulteradas.

—Qué chistoso. —Murmuró con amargura. —Hablemos en la mañana de esto. ¿Quieres?

—Sí, claro. Descansa Nick.

—Duérmete, Zanahorias. Antes de que digas alguna otra tontería. Como que me amas, por ejemplo. Podrías decirlo.

—Zorro astuto.

.

En medio de la madrugada, a minutos del amanecer, un sonido sordo, hueco, los despertó, se quedaron quietos primero, completamente desorientados, ajenos del lugar en el que se encontraban y preguntándose quién era el que los sostenía.

Judy tardó un poco más en caer en cuenta de que Nick la apretaba contra su pecho como si tratara de protegerla, y como burbujas en medio de la oscuridad, los recuerdos de la fiesta de cumpleaños (La mascarada, como había comentado ella), la cena, su baile con Harewell y el diálogo sobre las bebidas adulteradas la golpearon poco a poco.

—Hay alguien afuera. —Murmuró Nick tratando de hacerlo lo más bajo posible.

—Acaban de golpear a alguien.

¡No estaban donde me prometiste! —Espetó una voz baja, ronca y profunda. — ¿Por qué me mientes si sabes que es tu vida la que está en juego?

Juro que no lo sé, señor. Pero mire, mire mis mensajes, mire mi teléfono. Él vendrá hoy mismo a hablar con usted.

El sueño la abandonó de golpe, se levantó sin percatarse de que Nick había tratado de defenderla antes de lanzarse por la mochila que yacía al lado de la cama, misma de la que sacó su placa y una pistola para seguirla.

Judy se olvidó por un momento de que sólo llevaba un short gris de licra y una camiseta de tiras con estampado de zanahorias, se lanzó hacia la puerta tomando su arma, abriendo de golpe y apuntando al pasillo gritó. — ¡ZPD! Las manos en la nuca…