Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, segundo tomo.


TIMOS


Lunes de nuevo, los días de asueto acabaron. Ese día en particular parecía muy prometedor respecto a ser aburrido y cargado de deberes como había sido casi todo el año... Esa paz en la tarde se desmoronó; al sonar la campana a las cinco, gritos y chillidos resonaron por todas partes, provenían de algún piso de arriba; los alumnos que salían de las aulas se paraban en seco y miraban con temor hacia el techo.

La profesora Umbridge abandonó precipitadamente su clase, caminó tan aprisa como le permitían sus cortas piernas. Los estudiantes curiosos corrían detrás de ella para mirar lo que ocurría.

En el quinto piso del ala este se extendía por los pasillos un pantano, alumnos que habían caído en él pataleaban desesperados por salir ya que se hundían a cada minuto. El agua estancada en la depresión apestaba más que veinte bombas fétidas. Filch sacó todos los palos de escoba que encontró en su cuarto de limpieza y ayudaba a los jóvenes a salir. La Brigada Inquisitorial hizo presencia en la escena del crimen y con sus insignias bien sujetas en la túnica se dispusieron a encontrar al responsable... Que en realidad eran dos, no uno, y tampoco demoraron en dar con ellos, pues los culpables seguían en el quinto piso desternillándose de risa en el suelo.

Draco y Pansy sujetaron a los gemelos Weasley de un brazo y los llevaron al vestíbulo. El colegio entero los siguió hasta allí, incluso profesores y fantasmas, que se pararon de pie formando un corro en torno a los infractores pelirrojos. Los miembros de la Brigada parecían muy satisfechos de sí mismos, Alex temía el castigo cruel que seguro la arpía les pondría a los muchachos pero los Weasley no parecían ni un tanto preocupados, al contrario, se veían orgullosos de su desastre.

— ¡Muy bien! — gritó triunfante la profesora Umbridge, que contemplaba a sus presas desde arriba a mitad de la escalera de mármol — ¿Les parece muy gracioso convertir un pasillo del colegio en un pantano?

— Pues sí, la verdad — contestó Fred, que miraba a la profesora sin dar señal alguna de temor.

Filch, que casi lloraba de felicidad, se abrió paso a empujones hasta la profesora Umbridge.

— Ya tengo el permiso, señora — anunció con voz ronca mientras agitaba el trozo de pergamino — Tengo el permiso y tengo las fustas preparadas. Déjeme hacerlo ahora, por favor...

— Muy bien, Argus — repuso ella — Ustedes dos — prosiguió sin dejar de mirar a los gemelos — Van a saber lo que les pasa a los alborotadores en mi colegio.

— ¿Sabe qué le digo? — replicó Fred — Me parece que no — Miró a su hermano y añadió — Creo que ya somos mayorcitos para estar internos en un colegio, George.

— Sí, yo también tengo esa impresión — coincidió George con desparpajo.

— Ya va siendo hora de que pongamos a prueba nuestro talento en el mundo real, ¿No? — le preguntó Fred.

— Desde luego — contestó George.

Y antes de que la profesora Umbridge pudiera decir ni una palabra, los gemelos Weasley levantaron sus varitas y gritaron juntos:

— ¡Accio escobas!

Se oyó un fuerte estrépito a lo lejos. Las escobas de Fred y George, volaban a toda pastilla por el pasillo hacia sus propietarios, una de ellas arrastraba una pesada cadena y una barra de hierro con las que claramente habían sido retenidas; se pararon en seco delante de los gemelos. El ruido que hizo la cadena al chocar contra las losas de piedra del suelo resonó por el vestíbulo.

— Suerte, Alex — susurraron con un deje de nostalgia ambos pelirrojos a la castaña serpiente que estaba de pie con la Brigada. Les correspondió con una sonrisa sincera.

— Hasta nunca — le dijo Fred a la profesora Umbridge, y pasó una pierna por encima de la escoba.

— Sí, no se moleste en enviarnos ninguna postal — añadió George, y también montó en su escoba.

Fred miró a los estudiantes que se habían congregado en el vestíbulo, que los observaban atentos y en silencio.

— Si a alguien le interesa comprar un pantano portátil como el que han visto arriba, nos encontrarán en Sortilegios Weasley, en el número noventa y tres del callejón Diagon — dijo en voz alta.

— Hacemos descuentos especiales a los estudiantes de Hogwarts que se comprometan a utilizar nuestros productos para deshacerse de esa vieja bruja — añadió George señalando a la profesora Umbridge.

— ¡DETENLOS! — chilló la mujer, pero ya era demasiado tarde.

Cuando la Brigada Inquisitorial empezó a cercarlos, Fred y George dieron un pisotón en el suelo y se elevaron a más de cuatro metros, mientras la barra de hierro oscilaba peligrosamente un poco más abajo. Fred miró hacia el otro extremo del vestíbulo, donde estaba suspendido el poltergeist Peeves, que cabeceaba a la misma altura que ellos, por encima de la multitud.

— Hazle la vida imposible por nosotros, Peeves.

El ser se quitó el sombrero con cascabeles de la cabeza e hizo una ostentosa reverencia al mismo tiempo que los gemelos daban una vuelta al vestíbulo en medio de un aplauso frenético de los estudiantes y salían volando por las puertas abiertas hacia una espléndida puesta de sol. La historia del vuelo hacia la libertad de Fred y George se contó tantas veces en los días siguientes que sin duda se convertiría en una de las leyendas de Hogwarts.

Al día siguiente Alex y Pansy tenían la entrevista de orientación académica con el profesor Snape. Llegaron puntuales al medio día a su mazmorra, tocaron la puerta y el profesor con su habitual porte de murciélago, semblante aburrido y frialdad al hablar las hizo pasar.

— Sientense — les indicó y esparció folletos por su mesa — Russo, Parkinson... Esta reunión es para hablar sobre las posibles carreras que hayan pensado estudiar, y para ayudarles a decidir qué asignaturas deberían cursar en sexto y en séptimo... — les explicó Snape — ¿Han pensado ya qué les apetece hacer cuando salgan de Hogwarts?

— Pues... — se miraron entre ellas, ninguna tenía idea.

— Ya me lo imaginaba... — rodó sus oscuros ojos — ¿Se han tomado la molestia de leer los folletos? No, definitivamente... Señorita Parkinson, tengo entendido que como líder se desenvuelve muy bien y las asignaturas en que mejor se desempeña son Pociones, Historia de la magia, Encantamientos, Transformaciones y Cuidado de Criaturas mágicas, aunque en el resto de sus asignaturas lleva una media de Supera las Expectativas... — rebuscó una gran cantidad de folletos y se los entregó a la ojiverde; luego prosiguió — Usted, Russo, tiene un alto rendimiento en Defensa Contra las Artes Oscuras, Transformaciones, Encantamientos, Herbología, Historia de la Magia, Aritmancia y Estudio de Runas Antiguas, en Pociones aún podría... mejorar, pero admito que va bastante bien, sin mencionar su singular... creatividad y potencia en sus hechizos, si fuera más disciplinada podría incluso aspirar a un puesto como auror...

— ¿Auror? ¿Qué es? — preguntó curiosa la castaña.

— Los aurores son magos altamente calificados que trabajan para el Ministerio de Magia. Su principal cometido es dar caza a los magos... tenebrosos. Es una carrera estricta, piden cinco ÉXTASIS como mínimo, y no aceptan notas inferiores a "Supera las expectativas". Además, es obligatorio someterse a rigurosas pruebas de personalidad y aptitudes en la Oficina de aurores — levantó sus oscuros ojos fríos y la miró directamente — Es una carrera difícil, sólo aceptan a los mejores.

— Sanación y la banca mágica me han interesado — exclamó Pansy.

— Muy bien... pero deberá mejorar su desempeño en Herbología o Aritmancia para aspirar a esas carreras... No creo que tenga problemas, señorita Parkinson.

— Yo... no sé, también me inclinaría por Sanación y... Auror.

— Como he mencionado antes, sus notas son buenas pero necesita mejorar su disciplina y dedicación para... tener la oportunidad de aspirar dichas carreras. Y mejorar en Pociones que seguramente lo haría si en mis clases en lugar de imitar a su compañero de mesa, se tomara la molestia de leer las instrucciones y seguirlas.

Alex se ruborizó ante ese último comentario ya que no imaginaba que el profesor Snape hubiera notado su forma de trabajar en la clase.

"¿Tendrá ojos en la espalda tal vez...?"

— Ya hemos terminado la consulta sobre orientación académica. Retírense.

Alex y Pansy se colgaron las mochilas del hombro y salieron de su despacho, como ya estaban en las mazmorras sólo debieron caminar un par de pasillos más para llegar a la entrada de la Sala común. Durante el resto de la semana, los alumnos de quinto fueron asistiendo a sus entrevistas en las que, alumnos tan petulantes como las encantadoras serpientes Malfoy y Zabini no se molestaban en encontrar una carrera justificándose con que su "nivel superior" les daba la seguridad de ser aceptados en cualquiera que desearan, o incluso que no necesitaban una, pues vivían en la opulencia.

Varias semanas habían pasado ya después de la partida de los gemelos Weasley y sus fieles seguidores intentaban tomar su lugar como los alborotadores de Hogwarts lo que ocasionó un caos total dentro del castillo: Alguien consiguió deslizar en la oficina de Umbridge un escarbato de hocico peludo que no tardó en destrozar el lugar en su búsqueda de objetos relucientes, saltó sobre la profesora cuando ésta entró en la habitación e intentó roer los anillos que llevaba en los regordetes dedos. Además, por los pasillos se tiraban tantas bombas fétidas que los alumnos adoptaron la nueva moda de hacerse encantamientos casco-burbuja antes de salir de las aulas, porque así podían respirar aire no contaminado, aunque eso les diera un aspecto muy peculiar: parecía que llevaban la cabeza metida en una pecera.

Filch rondaba por los pasillos con un látigo en la mano, ansioso por atrapar granujas, pero el problema era que había tantos que el conserje no sabía adónde mirar. La Brigada Inquisitorial hacía todo lo posible por ayudarlo, pero a sus miembros les ocurrían cosas extrañas sin parar; Warrington se presentó en la enfermería con una afección de la piel tan espantosa que parecía que lo habían recubierto de copos de maíz; a Pansy Parkinson le salieron cuernos y se perdió todas las clases del día.

Pero ninguno podía competir con el gran maestro del descalabro, Peeves, quien parecía haberse tomado muy en serio las palabras de despedida de Fred. Peeves rompía faroles y apagaba velas, hacía malabarismos con antorchas encendidas sobre las cabezas de los alarmados estudiantes, lograba que ordenados montones de hojas de pergamino cayeran en las chimeneas o salieran volando por las ventanas; inundó el segundo piso al arrancar todos los grifos de los lavabos, tiró una bolsa de tarántulas en medio del Gran Comedor a la hora del desayuno y, cuando le apetecía descansar un poco, pasaba horas flotando detrás de la profesora Umbridge y haciendo fuertes pedorretas cada vez que ella abría la boca para decir algo. Ningún miembro del profesorado parecía dispuesto a ayudar a la nueva directora.

En la guarida Slytherin las cosas no iban del todo normal, el capitán de Quidditch, Draco, había perdido interés en la Copa que, cedió su puesto de capitán al cazador Montague, inclusive faltó al partido de Gryffindor vs. Ravenclaw, en que vencieron los leones por la brillante e inusual actuación de Ronald Weasley.

El pálido rubio pasaba más tiempo de lo habitual sentado frente a la chimenea donde toda la pandilla lo acompañaba y recibía más a menudo cartas de su madre.

. . .


Los jardines del castillo relucían bajo la luz del sol como si acabaran de pintarlos; el cielo, sin una nube, se sonreía a sí mismo en la lisa y brillante superficie del lago; y una suave brisa rizaba de vez en cuando las satinadas y verdes extensiones de césped. Había llegado el mes de junio, pero para los alumnos de quinto curso eso sólo significaba una cosa: que se les habían cargado encima los TIMOS. Los profesores ya no les ponían deberes y las clases estaban íntegramente dedicadas a repasar los temas que ellos creían que con mayor probabilidad aparecerían en los exámenes.

— Los horarios de los TIMOs han salido ya, están repartidos en dos semanas consecutivas. Los exámenes teóricos son por la mañana y los prácticos por la tarde. El examen práctico de Astronomía es en la noche, por supuesto — informó Theodore a sus amigos reunidos.

— Excelente; deberíamos tomar estos días de descanso, si estudio más mi cabeza estallará — se quejó Millicent tumbándose sobre un sofá.

— Tiene razón, yo tampoco aguanto más — secundó Pansy.

A diferencia del resto de alumnos de quinto y séptimo que pasaban leyendo y practicando los ratos que no estaban en examen, los seis Slytherin estuvieron relajados conversando tranquilamente en sus horas libres.

El primer TIMO era de Encantamientos; a las nueve y media, los llamaron clase por clase para que entraran al Gran Comedor, habían retirado las cuatro mesas de las casas y en su lugar habían puesto muchas mesas individuales, encaradas hacia la de los profesores, desde donde los miraba la profesora McGonagall, que permanecía de pie. Cuando todos se hubieron sentado y se hubieron callado, la profesora McGonagall dijo:

— Ya pueden empezar — Y dio la vuelta a un enorme reloj de arena que había sobre la mesa.

A los seis amigos les pareció de lo más simple, conversaban animados que habían respondido correctamente en su pergamino todas las preguntas. Para el examen práctico tuvieron la misma suerte, los llamaban en orden alfabético y los observaban unos ancianos; realizaron cada encantamiento a la perfección.

Al siguiente día fue el de Transformaciones: igual que en el primer TIMO las serpientes pasaron limpiamente cada pregunta y prueba; quien evaluó a Alex le pidió entusiasmado que usara el mismo hechizo que había utilizado en el Torneo de los tres magos para transformarse en dragón, y con un sutil "Aminosa Espinosa" cumplió los deseos del mago convirtiéndose en una bestia aterradora.

El miércoles correspondió al examen de Herbología, demasiado sencillo para ellos, decían los Slytherin. Pansy se había esforzado los últimos días para mejorar en esa asignatura y estaba de segura de obtener un Extraordinario.

Jueves, Defensa Contra las Artes Oscuras. Fue incluso una prueba divertida especialmente para Draco y Alex que mostraban ser totalmente aptos con embrujos y contraembrujos; fueron de los únicos estudiantes que lograron sorprender a los examinadores por sus habilidades, el otro chico fue Harry Potter.

Viernes correspondió a Runas Antiguas que solamente a Russo, Malfoy, Zabini y Nott les tocaba presentar. Como en todos los exámenes hasta el momento, eran los primeros en acabar y los más confiados de sí.

Lunes de nuevo fue el TIMO de Pociones; Alex no había hecho caso a las indicaciones de Snape y no estudió en absoluto, el examen teórico lo había contestado sin problema alguno pero temía haber hecho mal su poción. Draco, Blaise y Theodore eran ases en esa asignatura, estaban más que confiados en que obtendrían la nota máxima.

Cuidado de Criaturas Mágicas fue martes, el examen práctico tuvo lugar por la tarde en la extensión de césped que había junto a la linde del Bosque Prohibido, la castaña admitía por vez primera que las extrañas criaturas de Hagrid eran más entretenidas que las que el plan de estudios indicaba.

Otro miércoles, pero con examen teórico de Astronomía, las preguntas eran fáciles, recordaban las respuestas de un ensayo que hacía meses habían tenido que escribir. El examen de Adivinación en la tarde Blaise, Pansy y Millicent lo hicieron como quisieron, con la profesora Trelawney no habían aprendido nada, y de todos modos esa materia no les importaba. Por su cuenta a la misma hora, Alex, Draco y Theodore hicieron el de Aritmancia, en el que los tres coincidieron que había estado mucho más fácil de lo que esperaban. En la noche a las once, montaron sus telescopios hacia la perfecta noche despejada y realizaron la prueba práctica de Astronomía, "relajante" la nominaron las seis serpientes. Acabaron con tiempo de ventaja pero no bajaron de la torre de Astronomía... Se oyó un rugido procedente de la lejana cabaña de el guardabosques, resonó en la oscuridad y llegó hasta lo alto de la torre. Varios alumnos se separaron de sus telescopios y miraron hacia la cabaña.

— Chicos, chicas, intenten concentrarse — dijo en voz baja el examinador — Ejem..., veinte minutos... — anunció.

Entonces se oyó un fuerte ¡PUM! que procedía de los jardines. La puerta de la cabaña de Hagrid se había abierto, y la luz que salía de dentro permitió ver con claridad: una figura de gran tamaño rugía y enarbolaba los puños, rodeada de seis personas, las cuales intentaban aturdirlo a juzgar por los finos rayos de luz roja que proyectaban hacia él, aunque parecían rebotarle;

el semi-gigante aún estaba en pie. Por los jardines resonaban gritos y un hombre bramó: «¡Sé razonable, Hagrid!».

— ¿Razonable? — rugió él — ¡Maldita sea, Dawlish, no me llevarán así!

El perro de Hagrid intentó defender a su amo y saltó repetidamente sobre los magos que rodeaban al guardabosques, hasta que el rayo de un hechizo aturdidor alcanzó al animal, que cayó al suelo. Hagrid soltó un furioso aullido y cogió al culpable y lo lanzó por el aire; el hombre recorrió unos tres metros volando y no volvió a levantarse.

Las puertas del castillo se abrieron, la luz iluminaba el oscuro jardín y una silueta cruzaba la extensión de césped.

— ¿¡Cómo se atreven!? — gritaba la solitaria figura mientras corría — ¿¡Cómo se atreven!? ¡Déjenlo en paz! ¡He dicho que lo dejen en paz! — repetía la profesora McGonagall en la oscuridad — ¿Con qué derecho lo atacan? Él no ha hecho nada, nada que justifique este...

Las figuras que había junto a la cabaña de Hagrid lanzaron al menos cuatro rayos aturdidores contra la profesora McGonagall. A medio camino entre la cabaña y el castillo, los rayos chocaron contra ella; en un primer momento, la profesora se iluminó y desprendió un brillo de un extraño color rojo; luego se despegó del suelo, cayó con fuerza sobre la espalda y no volvió a moverse.

— ¡COBARDES! — bramó Hagrid; su voz llegó con claridad hasta lo alto de la torre, y varias luces volvieron a encenderse dentro del castillo — ¡MALDITOS COBARDES! ¡TOMA ESTO! ¡Y ESTO!

Hagrid intentó dar un par de fuertes golpes a los agresores que tenía más cerca, a quienes, a juzgar por cómo se derrumbaron, dejó inconscientes. Pero luego se dobló por la cintura, como si finalmente el hechizo lo hubiera vencido. Al cabo de un instante, Hagrid volvió a estar de pie y cargó sobre los hombros el cuerpo inerte de su mascota.

— ¡Deténganlo! ¡Sujétenlo! — gritaba la profesora Umbridge, pero el único ayudante que le quedaba se mostraba muy reacio a ponerse al alcance de los puños de Hagrid; empezó a retroceder, tan deprisa que tropezó con uno de sus inconscientes colegas, y también cayó al suelo. El guardabosques, mientras tanto, se había dado la vuelta y había echado a correr con su perro en hombros. La profesora Umbridge le lanzó un último hechizo aturdidor, pero no dio en el blanco; y Hagrid, corriendo a toda velocidad hacia las lejanas verjas, desapareció en la oscuridad.

— ¿Qué demonios acaba de ocurrir? — preguntó la Russo mientras bajaba muy aprisa a las mazmorras junto con su grupo de amigos.

— Supongo que esa era su despedida — respondió Draco con voz indiferente pero en su mirada era obvia su curiosidad.

— Me pregunto como explicarán esto... — comentó Blaise.

Dejaron de lado el tema en sus conversaciones aunque difícilmente lo podían ignorar ya que el resto de estudiantes no dejaba de indagar sobre lo sucedido esa noche.

El último examen, el de Historia de la Magia, tuvo lugar hasta la tarde que al igual al resto de exámenes teóricos fue sencillo responder las preguntas en el pergamino. A los pocos minutos de que se agotara el tiempo, rompió el silencio un estrepitoso grito que lo siguió el sonido de un golpe sordo... Potter había caído de su banca y gritaba de dolor en el suelo, aunque no parecía que fuera por el golpe. Cuando el profesor se acercó y ayudó a ponerse de pie, el azabache objetaba haberse quedado dormido, pero a Alex no le parecía que fuese sincero. Por unos segundos la castaña sintió una punzada en la cabeza.

— ¿Vieron a Potty retorcerse en el suelo? Já, seguro que fue porque sabe que no aprobará — se burlaba Pansy llenando de lágrimas sus ojos verdes por la risa.

— Ya había pasado mucho tiempo sin que armara una escena — comentó Blaise.

— ¿Qué diablos pretendía? Cada vez que hace algo así, termina creando caos — resopló Millicent apoyando los codos en la Mesa del gran comedor, ya estaban de vuelta las mesas de las casas.

— Te apuesto un galeón a que no tardaremos en enterarnos — vociferó Zabini.

— ¡Necesito a mi Brigada! —entró corriendo torpemente la directora — ¡Están allanando mi oficina!

Los Slytherin con la insignia de BI corrieron detrás de la regordeta profesora escaleras arriba; a la Brigada los dividió en dos grupos: el primero, conformado por Draco, Pansy, Alex y Millicent, la acompañaron a su oficina y el otro subgrupo se encargó de recorrer los pasillos y atraparan a los que estuvieran implicados en la infracción.

Al cruzar la puerta del despacho rosado de la directora se encontraron con Hermione Granger de pie en una esquina y a Harry Potter con medio cuerpo dentro de la chimenea. La profesora Umbridge, tiró de él tomándolo del cabello y jaló su cuello hacia atrás como si fuera a degollarlo. Millicent apretujó a Granger contra la pared con fuerza.

— Quítale la varita — bramó la profesora Umbridge a Draco y éste hurgó el bolsillo interior de su túnica y sacó su varita — Y no te olvides de ella.

El rubio arrebató la varita a la hija de muggles y la miró desafiante; se apoyó en el alféizar de la ventana sonriendo pendenciero y jugueteó la varita de Potter lanzándola al aire y recuperándola con una mano. Se produjo un alboroto al otro lado de la puerta, y entonces entraron varios corpulentos alumnos de Slytherin arrastrando a Ronald y Ginevra Weasley, Luna Lovegood y a Neville Longbottom. Los habían amordazado a los cuatro.

— Los tenemos a todos — anunció Warrington reintegrándose, y empujó bruscamente a Ronald al centro del despacho — Éste — dijo señalando a Longbottom — ha intentado impedir que agarrara a ésa — señaló a Ginevra Weasley que pretendía pegar patadas a su captora — así que lo hemos pescado también.

La regordeta e iracunda directora asintió con la cabeza y se dirigió al chico que sujetaba del cuello.

— Muy bien, Potter — comenzó — Has colocado vigilantes alrededor de mi despacho y has enviado a ese payaso — señaló con la cabeza al Weasley; Draco se carcajeó sin mesura — para que me dijera que el poltergeist estaba provocando caos en el departamento de Transformaciones cuando yo sabía perfectamente que estaba manchando de tinta las miras de todos los telescopios del colegio, porque el señor Filch acababa de informarme de ello — tomó una bocanada de aire intentando recuperar su falsa sonrisa — Tenías la cabeza dentro de mi chimenea. ¿Con quién te comunicabas? ¿Con Dumbledore?

— No —contestó Potter e intentó soltarse.

—¡Mentira! —gritó la profesora Umbridge. Le dio un empujón, y lo estampó contra la mesa.

El blandengue rostro de la profesora Umbridge se tensó un poco.

— Muy bien — continuó con su dulce voz, más falsa y más peligrosa que nunca — No tengo otra alternativa que obligarlo a hablar. Draco, ve a buscar al profesor Snape.

El alto ojigris se guardó la varita de Potter en el bolsillo de la túnica y salió del despacho con una sonrisa en los labios. Los chicos capturados forcejeaban adoloridos intentando liberarse de los lastimosos agarres con los que los sujetaban las serpientes: Ronald Weasley sangraba del labio y Longbottom parecía estar al borde de la asfixia, la Lunática era la única que parecía no entender la situación.

"Esa arpía está loca, ya ni en Azkaban tratan tan mal..."

Draco entró de nuevo en el despacho y le aguantó la puerta a Snape.

— ¿Quería verme, directora? — preguntó éste, y miró a los forcejeantes alumnos con un gesto de absoluta indiferencia.

—¡Ah, profesor Snape! — exclamó la profesora Umbridge sonriendo de oreja a oreja — Sí, necesito otra botella de Veritaserum. Cuanto antes, por favor.

— Le di la última botella que tenía para que interrogara a Potter — contestó Snape observándola con frialdad — No la gastaría toda, ¿verdad? Ya le indiqué que bastaba con tres gotas — La profesora Umbridge se ruborizó — A menos que quiera envenenar a Potter, y le aseguro que si lo hiciera yo lo comprendería, no puedo ayudarla. El único problema es que la mayoría de los venenos actúan tan deprisa que la víctima no tiene mucho tiempo para confesar.

— ¡Está usted en periodo de prueba! — gritó Umbridge, y Snape volvió a mirarla con las cejas ligeramente arqueadas — ¡Se niega a colaborar! ¡Me ha decepcionado, profesor Snape; Lucius Malfoy siempre habla muy bien de usted! ¡Salga inmediatamente de mi despacho!

Snape hizo una irónica reverencia y se dio la vuelta para marcharse.

— ¡Tiene a Canuto! — gritó Potter de imprevisto — ¡Tiene a Canuto en el sitio donde la guardan!

Snape se paró con una mano sobre el picaporte de la puerta.

— ¿Canuto? — chilló la profesora Umbridge mirando ávidamente a Potter y luego a Snape — ¿Quién es Canuto? ¿Dónde guardan qué? ¿Qué ha querido decir, Snape?

— No tengo ni idea — respondió Snape sin inmutarse y cerró la puerta tras él haciendo un ruidito seco.

La profesora Umbridge, que parecía sentirse igual que él; la mujer respiraba agitadamente, llena de rabia y de frustración. Como si una idea la iluminara, transtornó repentinamente su cara con una expresión cruel, ansiosa y emocionada.

— Muy bien... No me queda otra alternativa — dijo la directora y sacó su varita mágica — Este asunto va más allá de la disciplina escolar, es un tema de seguridad del Ministerio... Sí, sí... — respiraba entrecortadamente —No me gusta nada tener que hacer esto, Potter, pero me has obligado... Seguro que la maldición Cruciatus te hará hablar — sentenció la profesora Umbridge con voz queda.

— ¡No! — gritó Granger — ¡Es ilegal, profesora Umbridge!

— Si Cornelius no se entera, no pasará nada — repuso. Inspiró hondo y gritó — ¡Cru...!

—¡NO! — chilló la joven que seguía siendo sujetada por Millicent — ¡No! ¡Dícelo, Harry, o le diré yo!

— ¡Vaya, vaya! — exclamó la profesora Umbridge, triunfante — ¡Doña Preguntitas nos va a dar algunas respuestas! ¡Adelante, niña, adelante! — agarró a la leona por los hombros y la sentó en una butaca — A ver, ¿con quién se estaba comunicando Potter hace un momento?

— Bueno — tragó saliva mientras intentaba recuperar la voz — intentaba hablar co... con el profesor Dumbledore...

La despeinada chica sollozaba desesperada pero no derramaba ni una lágrima; sus compañeros de uniforme escarlata la escuchaban atentos con gesto sorprendido. Alex que tenía todo un currículum en engaños, descubrió rápidamente que esa castaña no hacía más que fingir e improvisar, estaba arriesgando su pellejo, si la rechoncha bruja la descubría, las maldiciones serían para ella.

— ...Intentábamos decirle que... ya está lista, el arma — finalizó fingiendo arrepentimiento.

— ¿El arma? ¿Qué arma? — preguntó la profesora, cuyos ojos se salían de las órbitas a causa de la emoción — ¿Han desarrollado algún método de resistencia? ¿Un arma que podrían emplear contra el Ministerio? Por orden de Dumbledore, claro...

— ¡S… s… sí — farfulló la hija de muggles.

— Llévenme a donde está el arma, ustedes dos irán delante de mí y me enseñarán el camino — les ordenó Umbridge a Potter y Granger apuntándolos con su varita — Brigada, permanezcan aquí hasta que yo regrese y asegúrense que ninguno de éstos se escape.

La directora salió con sus dos alumnos por la puerta y dejó a sus agresivos amigos a cargo de los rehenes. Aunque Draco se regocijaba de placer con el acontecimiento, parecía que una parte de él permanecía ausente de esa alegría, en el fondo estaba preocupado, angustiado por algo... En su mordaz semblante quedaba explícito sus deseos de castigar con su propia mano a los Gryffindor apresados, pero sus profundos ojos grises expresaban deseos de marcharse.