Un oso grizzli, de todos los animales en la ciudad, tenía que tratarse de un grizzli…
Eso no impidió que Judy apuntara su arma al oso en medio de un grito — ¡ZPD! Las manos en la nuca…
El aludido estaba amenazando a una zarigüeya gris, lo tenía retenido contra la pared con una zarpa mientras que la otra se dirigía discretamente hacia su cinturón, en busca de su arma.
Secuestro
Quiero que sepan que los agradezco profundamente, todos y cada uno de los comentarios que pude leer en la página y también los que me están llegando a mi cuenta (De verdad son una gran inspiración para seguir).
Nos acercamos al final, el siguiente será la resolución de la historia. Espero hayan disfrutado leerla tanto como yo amé escribir cada palabra. Gracias de todo corazón por seguirla y por leerme, ha significado mucho.
—Oh, no, yo no haría eso si fuera tú. —Comentó Nick apuntando con su arma el cuello del oso. —La puntería que tiene Zanahorias es buenísima, sobre todo en distancias cortas. Así que… No, no lo haría si fuera tú. Es una coneja peligrosa.
—Son policías —Acusó repentinamente nervioso. — ¿Qué hacen aquí?
— ¿Aquí, aquí? ¿Te refieres a Tundra Town o al hotel en específico? —Soltó Nick fingiendo confusión, jugando con la inteligencia del oso, tratando de confundirlo para disuadirlo de su idea de alcanzar el arma. —Porque si hablas del hotel… bueno.
—Si Mr. Big se entera…
—No sabe quién eres. —Dijo incrédulo mirando a Judy, regresó la mirada al oso y luego miró a Judy de nuevo. —No puedo creerlo, no sabe quién eres. ¡No sabes quién es! —Espetó fingiendo indignación mientras miraba a la zarigüeya. — ¿No la reconoces? Es la madrina de la pequeña Judy, ¿La nieta adorada? No puedo creer que no te conozca. —Repuso defraudado, bajando el arma y mirando a Judy mientras negaba con la cabeza. —Mira. Éste es el trato. Debido a tu ignorancia, o estupidez, te perdonaremos ésta, pero tienes que hacernos un favor a cambio.
— ¿Por qué? —Soltó confundido, soltando a la zarigüeya y encarando a los oficiales.
—Por amenazar a la madrina favorita. ¡Cielos! ¿No sabes por qué lleva Judy ese nombre? —Y decidió jugársela un momento para salvar el pellejo, pero también para conseguir información, un movimiento en falso y se acababa la historia. —Judy ¿Te suena?
—La nieta del jefe.
—También, ella es la razón. Perdemos el tiempo, Zanahorias. —Espetó hastiado mientras le daba la espalda al oso. —Vámonos. —Dijo entre dientes pero manteniendo un tono informal.
Judy lo miró incrédula un momento antes de bajar el arma y mirar al Grizzli, que parecía tan perdido como ella. —Ha sido una noche larga. —Admitió la coneja mientras miraba a Nick.
—Ah, pero para que te dejemos ir sin que haya represalias… —Dijo Nick en tono de cansancio, mirando al oso como si aquellas palabras fueran una carga, como si fuera su obligación decirlas, añadió. —Tienes qué decirle a tu jefe que recuerde que sólo hay un proveedor, que no te den gato por liebre.
—No le haga caso. —Espetó la zarigüeya, mirando al oso suplicante. —No haga caso al rollo de la liebre, de verdad, mi jefe…
—Tu jefe no está emparentado con Mr. Big. —Espetó Nick en tono petulante.
—Puedo apostar que ellos tampoco. —Soltó en un alarido, casi una súplica por su vida.
— ¿Entonces qué hacen en el hotel? —Retó el grizzli cayendo un instante en el juego de Nick.
—Señor…
— ¡Suficiente todo el mundo! Ya sé. Como no te creo, y no les creo, me los llevaré a todos.
— ¿Cómo? —Soltó Judy sin aliento. Nick apretó la mandíbula tratando de pensar en su siguiente movimiento, sin embargo, cuando vio el arma del oso apuntar al pecho de Judy, su instinto se apoderó de él. Levantó el arma y disparó, la zarpa del oso, así como la pistola, dieron un latigazo hacia atrás, el animal herido apretó la mano contra el pecho mientras que la zarigüeya trató de salir corriendo, cuando se dio cuenta de qué pasaba, tres osos más habían aparecido en el fondo del pasillo y lo acorralaban, Judy y Nick retrocedieron hasta la otra punta del pasillo y se refugiaron en el giro que daba. A menos que quisieran saltar por la ventana del octavo piso, ahora estaban atrapados.
— ¿Por qué disparaste? —Soltó Judy histérica.
— ¡Era su mano o tu vida! No tardé mucho en decidir cuál era la prioridad.
—Ah, gracias. —Soltó sarcástica. —Ahora gracias a que salvaste mi vida, la de ambos corre peligro.
—Sí, sí. Eso ya lo sé. —Asomó un poco el rostro para ver y un par de disparos lo hicieron arrepentirse al instante, miró a Judy, que revisaba su cartucho con horror de comprobar que no tenía muchas municiones. Llegar a su habitación era un suicidio, saltar por la ventana también lo era, de todos modos estaba muerto, así que suspiró, tomó el rostro de Judy y tras plantarle un beso en la comisura de la boca, le arrebató la pistola y antes de salir corriendo a enfrentar solo a los osos, murmuró. —Te quiero también, Judy.
Le tomó un segundo reaccionar. Escuchó el primer disparo y salió de su escondite percatándose de que Nick se recargaba en la pared sosteniéndose un brazo con expresión de angustia. Vio casi en cámara lenta cómo el grizzli más cercano levantaba su zarpa con una pistola enredada ahí y no tuvo fuerzas para cerrar los ojos, si le iban a disparar a Nick, ella lo vería todo.
Y una voz al fondo, tajante y terrorífica, hizo que todo se paralizara un momento.
— ¡No! —Gritó avanzando a pasos calmados, con su traje gris Oxford y su camisa beige, sin el sombrero pero con un cigarrillo encendido en la comisura de la boca, caminando hacia el oso que sostenía la pistola. — ¿Qué te dije sobre los encargos? ¿Qué te dije sobre ser discreto?
—Lo siento jefe.
—Tony… —Murmuró Judy sin aire. No completamente segura de sentirse aliviada o frustrada, la confusión no tuvo tiempo de apoderarse de ella, quien, al oír el gemido gutural de Nick mientras se deslizaba hasta el suelo, reaccionó corriendo hasta el zorro. —Nick… —Murmuró pasmada pero repentinamente alerta. —Déjame ver. —El zorro descubrió su brazo mostrándole a Judy un flujo de sangre muy superficial. Suspiró aliviada y miró a su alrededor en busca de algo para vendarle el brazo. —Tony ¿Qué está pasando?
—Nada, preciosa, que no tenga solución. —Miró a su alrededor, evaluando la situación, antes de mirar al grizzli más cercano. —Súbanlos a mi auto, y que alguien atienda ésa herida. No quiero que se infecte. No si puede dañar a la señorita emocionalmente.
— ¿Qué? —Soltó Judy sin aire.
—Ah, y que el jefe no se entere.
Judy se levantó dando traspiés hasta encarar a Harewell a unos pasos. — ¿Qué está pasando aquí?
—Nada, querida, descuida; pronto todo habrá terminado.
—Así que tú eras el vendedor. —Espetó Nick levantándose con dificultad, recargando la espalda contra la pared para poder incorporarse. Adolorido y pasmado por el disparo en el brazo. Judy aprovechó que la atención de todos estaba puesta en Nick, miró a la zarigüeya y sin emitir sonido, articuló la palabra Vete. Al animal le tomó tres intentos completos comprender a la coneja, pero al final asintió agradecido y salió sigiloso, huyendo del lugar. Judy suspiró, al menos había un civil fuera de peligro, aunque fuera un traficante mediano. La voz de Nick la sacó del alivio y la regresó a la situación, tensa y apabullante. —Tenía mis dudas sobre ti, y pensar que estuve a punto de permitir… Pero no importa. En cuanto Daddy se entere de que uno de sus Junior le está jugando en contra…
—No tiene por qué enterarse. —Dijo Harewell quitándole importancia a las palabras de Nick, avanzando un paso hacia Judy y poniendo toda su atención en ella.
— ¿Por qué haces esto? —Soltó Judy pasmada e incrédula. — ¿Por qué no simplemente matarnos? ¿Qué ganas con eso?
(N/A: Una pequeña nota, o sugerencia, si gustan. Cuando escribí ésta parte del capítulo estaba escuchando la canción de Dangerous woman –Ariana. Por si quieren darle una escuchada para leerlo)
—Sencillo, preciosa. A ti. —En un movimiento fluido tenía a Judy presa de la cintura, retenida por la espalda y a su merced. Sus ojos grises la consumieron en un momento y al instante siguiente la besaba apasionadamente. Aturdida por el contacto, Judy tardó dos segundos en devolverle el beso, partiéndole el corazón a Nick por la mitad; el zorro pudo ver, con los primeros rayos del sol colándose en el ventanal del fondo, cómo un estremecimiento hacía que el pelaje de Judy se erizara ligeramente, se percató de cómo ella soltaba un suspiro en medio del beso y cómo sucumbía ante el encanto de la liebre, que parecía saber lo que hacía con los labios de su compañera. Vio además con horror cómo ella deslizaba un pie hacia atrás quedando en una postura de rendición y no comprendió lo que pasaba hasta que vio a Harewell retroceder del dolor por el rodillazo que acababa de meterle Hopps entre las piernas.
—Nunca vuelvas a besarme sin mi permiso. —Gruñó ella entre dientes retrocediendo medio paso y restregándose la boca con el dorso de la mano, con el pelaje erizado, sí, pero por la rabia que la consumía en aquel momento.
Con una mano alzada hacia sus guardias y la voz sofocada, Harewell emitió una orden dicha en un hilo de voz. —No, esperen. —Se enderezó con dificultad mientras Judy se arrodillaba junto a Nick, que estaba de nuevo en el suelo, ésta vez a causa del shock. —Me gusta que seas tan impetuosa. —Escupió la liebre antes de enderezarse en toda su estatura y soltar una risa gutural. —Es una lástima que seas tan estúpida, y eras casi perfecta; cuando te vi en la fiesta de anoche pensé que lo eras, que eras la indicada. No hay nada que no pueda solucionarse.
—Te equivocas, imbécil. —Soltó Nick furioso. —Ella ya es perfecta, sólo que tú eres demasiado idiota como para apreciarlo.
—No, mi amigo. Está lejos de serlo. Pero yo puedo ayudarla, si me deja… Terminará sucumbiendo, todas lo hacen. —Tronó los dedos y aquel simple hecho fue suficiente para que la furia de Nick se incrementara como un remolino o una tormenta en su interior. Alcanzó a Harewell y lo lanzó metro y medio lejos de el en el suelo de un puñetazo a la mandíbula, un oso lo levantó al vilo, apretando su brazo lacerado por la bala y arrancándole un aullido de dolor, Judy saltó para tratar de apoyar a su amigo pero también la atraparon al vuelo. Y harto de esa situación, Harewell gritó. — ¡Los quiero en el auto! Amordácenlos de ser necesario. Y vámonos ya antes de que esa musaraña asquerosa despierte… ¿Dónde está esa sabandija del contrabando? Encuentren a la zarigüeya cuanto antes. Quiero hablar con su jefe.
—Sí, señor. —Dijeron atropelladamente los osos mientras separaban a la coneja de su zorro.
—Y que alguien le revise el brazo en el trayecto, no quiero que nada haga que la señorita se moleste más conmigo. Ya me perdonará y me agradecerá que le perdone la vida a su adorado zorro mascota.
—Ése zorro es mi amigo. —Espetó rabiosa Judy, forcejeando aún contra el agarre de su captor, en vano por la diferencia de fuerza y tamaño. —Entiéndelo de una buena vez, Harewell, es mi amigo.
—Me gusta más cuando me llamas Tony, preciosa, pero ya hablaremos de eso.
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La liebre escupió a su lado y le dedicó otra mirada a Nick, quien no parecía dispuesto a ceder ante las amenazas de Harewell. —Debo admitir que eres duro. Pero me vas a decir qué sabes respecto a todo éste movimiento. —Espetó la liebre sacudiendo las patas antes de darle otro puñetazo a Nick en el estómago. El zorro sofocó otro grito y miró a la liebre con burla.
— ¿Es lo peor que tienes? —Musitó casi sin aire. — ¡Si orejas pega más duro que tú!
— ¡Déjalo ya, Anthony! —Gritó Judy forcejeando contra el grizzli que la sostenía, lejos del suelo e inmovilizada para que viera el método que la liebre usaba para sacarle la verdad a sus presas.
—Que me llames Anthony ya es una ventaja. Al menos ya dejaste el Harewell atrás. Preciosa, quiero hacer constar algo. —Dijo haciéndole una seña al oso para que bajara un poco a la coneja, casi quedó a la altura de su rostro. —La única razón por la que me he limitado a golpearlo es porque sé lo mucho que te importa su compañía, si no fuera por ti, ya lo habría hecho sangrar al menos, si no es que llorar y gemir por piedad.
—Eres un monstruo.
—Me lo han dicho. ¿Qué hacemos contigo, preciosa?
—Lo que sea que le hagan a él. —Espetó indignada señalando a Nick con la cabeza.
—Ay, no querida, no. Soy de mano muy pesada.
—Pega como hámster. —Escupió Nick consiguiendo que Judy esbozara una sonrisa de medio lado, mitad sorprendida por el aguante de su amigo y mitad divertida por ver que mantenía la actitud bromista a pesar de la situación.
—Señor. —Murmuró un jabalí vestido de traje, entrando con un celular en la mano. —Parece ser que un policía viene para acá.
—Gracias. —Miró su reloj de muñeca y sonrió mirándolos. —Incluso tú me tienes un poco harto, muñeca… ¿Alguno de los dos es claustrofóbico? Creo que en el peor de los casos tendré que matarlos a ambos. Ya sé. —Dijo golpeándose la boca como si acabara de percatarse de algo. —El armario. Los voy a guardar a ambos en el armario. Ya que no quieres entender que podrías ser mi reina oscura, justo lo que me hace falta, en una mano el imperio del crimen y en la otra, la justicia de la ciudad. Pero como tú gustes y mandes, preciosa.
— ¿En el armario? —Espetó Judy incrédula. — ¡En el armario! Liebre mañosa. ¿Nos vas a encerrar en un armario?
—Sí, en mi armario de escobas. Así que diviértete mucho ahí, Zanahorias.
—Sólo Nick tiene derecho a llamarme Zanahorias, idiota.
—Claro, y apuesto a que también puede besarte sin pedir permiso. Llévenselos.
Entre quejas y jaloneos, reclamos, insultos, mordidas y un sinnúmero de forcejeos, Judy y Nick fueron arrastrados hasta el ascensor para guardarlos en el último piso del edificio.
Harewell por su parte se acomodó las mangas, abotonó del todo su camisa y se dirigió a la entrada a recibir a su visitante. Se percató de que, aunque vestía como uno, no era un verdadero oficial de policía.
— ¿Qué pasa? —Quiso saber la liebre abriendo los brazos al reconocer al lobo. —Pensé que no te vería hasta dentro de tres días.
—Parece que alguien armó jaleo en el hotel de la fiesta, el jefe no está muy contento y está buscando a su estrellita adorada. No encuentran a Hopps ni a Wilde en ningún lado. Tú estabas muy interesado en la conejita.
—Aún lo estoy, es fascinante la señorita Hopps.
— ¿Sabes algo de ella? Nadie la ve desde anoche.
— ¿Está desaparecida?
—Más bien creo que fue secuestrada. Uno de los hospedados en habitaciones contiguas asegura haber escuchado una discusión anoche seguida de disparos y luego nada. Por ende…
—Podría ser un secuestro. —Fingió deducir. —Qué horror, cualquier cosa avísame de inmediato. ¿Sí? De verdad me interesa Hopps.
—De acuerdo, Harewell. Lamento haber interrumpido. Con permiso.
—Adelante.
.
Mr. Big miraba a su hija con expresión contrariada, la pequeña cargaba con su bebé mientras miraba un crucifijo en la pared, emitiendo rezos en silencio para rogar por su salvadora, rogando porque ella estuviera bien y que lo que el testigo había dicho fuera mentira. El viejo miró un momento el retrato de su abuela antes de asentir para Fru-Fru, que salió corriendo a buscar el teléfono, dejando a su hija en brazos de su esposo.
—Departamento de policía… —Murmuró ansiosa, tratando de serenarse por lo que estaba por decir. —Necesito saber si Judy Hopps se reportó a trabajar hoy. —Al ser las tres y media de la tarde, si la historia del testigo era cierta, ella tendría desaparecida entre nueve y diez horas, si ella no estaba en el departamento de policía, entonces era cierto; si no, el perro era animal muerto.
— ¿Hopps? —Preguntó Garraza al otro lado de la línea. —Ahora que lo pienso, no, no se ha reportado, se suponía que tenía un cumpleaños al qué ir a Tundra Town, pero debía reportarse al menos por medio de una llamada antes de las nueve. —Fru-Fru sintió un nudo en el estómago. Miró a su padre negando con la cabeza y esperó paciente mientras Garraza retomaba su llamada con la musaraña. — ¿Señora, sigue en la línea?
—Sí, aquí estoy.
— ¿Por qué el interés en la agente?
—Es madrina de mi bebé y quería invitarla a comer. —Mintió sonriendo, a sabiendas de que su voz cambiaba cuando lo hacía. —Seguro estará en algún caso importante. —Negó con la cabeza cuando su padre la miró efusivo, Mr. Big asintió temiendo lo peor y tronó los dedos, consiguiendo que su guardia principal se agachara a su lado.
—Prepárenlo todo. Y encuéntrenlos antes de que la policía lo haga. Si la secuestraron, el culpable pagará por ello. Responderá ante mí antes de ser entregado a la justicia.
—Sí, señor.
—En cuanto la vea, dígale que me busque. —Añadió Fru-Fru con lágrimas contenidas en los ojos, tratando de serenarse para colgar. —No puedo esperar a verla.
—No te preocupes, mi pequeña. —Murmuró Mr. Big tomando la mano de su hija y secándole una lágrima. —Papá la encontrará para ti.
—Sólo espero que lo hagamos a tiempo, señor. —Dijo el oso mirando a su jefe
—Santino, para eso siempre hemos tenido buena suerte. —Afirmó con determinación.
