Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, segundo tomo.


OTRA VIDA


— Y bien… ¿Qué haremos con éstos? — Preguntó Blaise con una sonrisa malévola en los labios.

— No lo sé, podríamos atarlos y darle a Filch el placer de verlos colgados de los pies — rió a carcajadas Pansy.

— Excelente idea, Pansyti.

Crabbe apretó más su agarre en el cuello de Longbottom que, se estaba poniendo morado y comenzaba a patalear desesperado por respirar. Ginevra al verlo, enfureció y con una fuerte patada se separó de Warringon y Pansy; al mismo tiempo, Ronald derribó con su peso a Theodore y Blaise, sacó su varita de la túnica de Nott, apuntó a Crabbe y con un Desmaius lo aturdió y liberó a Longbottom que inmediatamente se agachó y tomó su varita que descansaba en el suelo. Alex y Draco se apartaron del grupo, la castaña no tenía intención de luchar y extrañamente, Draco tampoco.

Ronald lanzó otro Desmaius a Warrington y con un Protego evadió el hechizo aturdidor que Millicent le había arrojado, pero la Slytherin se descuidó y Ginevra, quien tenía marcas de arañones en la cara por forcejear con Pansy, ya había recuperado su varita, aturdió a Millicent y desarmó a Blaise. Neville se levantó y con un Expelliarmus dirigido a Theodore, lo desarmó, pero su encantamiento rebotó en Draco y en Alex, quienes no mostraron señales de incluirse en la batalla. Montague se lanzó sobre Ronald Weasley, lo tumbó al suelo estampando su cara con brutalidad lo que ocasionó que el pelirrojo sangrara más de su herida en el labio; Goyle empujó contra la pared a Ginevra y a Longbottom le dio un puñetazo en el ojo, Lovegood, que hasta ese momento no se había inmutado, tomó su varita de la túnica de Goyle y lanzó un Desmaius al grandulón y Neville lanzó un embrujo paralizante a Montague. Ginevra se acercó hasta Draco dispuesta a atacarlo, pero este siguió con su gesto aburrido recargado en la pared y dejó que la pelirroja sacara de su túnica las varitas de Potter y Granger.

Los cuatro Gryffindor salieron corriendo de la oficina.

— ¡Draco! ¡¿Por qué no has hecho algo?! — recriminó Pansy levantándose del piso con dificultad — ¡Los dejaste escapar! Qué pusilánime…

— ¡Silencio, Parkinson! No te atrevas a llamarme así — reprendió arbitrario — Esta es mi oportunidad… No sé por qué no lo cavilé antes…

— ¿A qué te refieres… Draco? — interrogó confundida Alex.

— Cuando vi a Potter usando la chimenea entendí que era el medio adecuado para contactar a mi madre…

— ¿A tu madre? ¿Por qué no le envías cartas o...?

— Draco — interrumpió Theodore poniéndose de pie — ¿Tiene que ver con quien-tú-sabes?

— Sí, así que sabrás que esto también te concierne… — miró fijamente a la castaña — Y a ti, Alex.

Desvió la vista y tomó una cajita reluciente que contenía polvos flu.

— Que oportuno que esos ineptos y Millicent estén inconscientes…

— ¡No, Draco! Si Umbridge llega y ve que se han escapado esos cuatro y encima te pilla usando su chimenea, ¡Nosotros seremos los colgados de cabeza!

El rubio la ignoró y metió su cabeza dentro del fogón, tomó un puñado de polvos flu con su pálida mano y los lanzó en los troncos apilados; los polvos explotaron y al instante formaron unas relucientes flamas verde esmeralda.

— Mansión Malfoy, Wiltshire.

Draco no dijo más, o al menos lo que hablaba no se podía escuchar. Pasaron un par de minutos cuando el Slytherin sacó su cabeza de las llamas y se incorporó con sus espectadores amigos.

En menos de diez segundos, la chimenea prendió fuego con la diferencia de que eran llamas ordinarias, pero una cabeza se asomaba entre ellas.

— ¡Señora Malfoy! — exclamó sorprendida Pansy.

— Gusto verte, Pansy, Theodore, Blaise… Y tú debes ser Alexandra Russo, ¿Cierto? — la mujer tenía una entonación presuntuosa al hablar, muy parecida a la de Draco.

— Así es, señora Malfoy… — respondió dubitativa la muchacha.

— Me alegro que ustedes tres estén aquí — dijo refiriéndose a Alex, Theo y a su hijo — Ustedes dos ya están al tanto de que la señorita Russo es importante para el Señor Tenebroso, debes sentirte agradecida, Alexandra.

Las manos le sudaban a Alex, llegaban a su mente los vivos recuerdos de cuando lo vio resurgir en aquel cementerio y cuando escuchó su aterradora voz dentro de su mente.

— Por fortuna tengo la oportunidad de comunicarme ahora contigo…— la madre de Draco era imponente y causaba escalofríos en la joven bruja — …El señor Oscuro cree que el tiempo de espera ha llegado a su fin y me ha dado la tarea de ofrecerte nuevamente formar parte de sus fuerzas.

— Señora Malfoy, Alex aún es joven para integrarse a los mortífagos… — objetó Nott pero fue interrumpido.

— El señor Oscuro está consciente de ello, Theodore, sin embargo la considera muy capaz para trabajar a sus órdenes y cumplir su deber adecuadamente.

— Aún no estoy lista para dar una respuesta — contestó con firmeza la castaña — podría…

— Seré franca, Alexandra… no tienes alternativa. El señor Tenebroso no acepta un "No" como respuesta, lo pagas con tu vida y con la de tu familia. Deberías estar agradecida que ose enfilarte entre sus fieles.

Sabía de antemano que Lord Voldemort mataba no sin antes torturar tanto con medios mágicos como muggles a sus víctimas, y deducía acertadamente que si se había tomado la molestia de esperarla un año para escuchar su respuesta, mandar a un par de granujas a cruzar un océano para llegar a otro continente y matar a su familia no sería nada para él.

— ¿Qué es lo que debo hacer? — dijo Alex resignada. En el rostro de Narcisa Malfoy se dibujó una sonrisa victoriosa.

— En primera… No podrás regresar a América.

— ¡¿Qué?! ¿No volveré a mi casa? ¿Cómo puedo justificar ello? — inquirió alarmada.

— Tú sabrás como, puedes decir a tus padres que pretendes independizarte… Es común eso en los jóvenes muggles de dieciséis de ese lado del mundo, ¿No? Tu madre muggle se lo creerá — Agregó con desprecio la última frase — Te hospedarás en nuestra mansión, no tenemos ningún inconveniente a pesar de tu sangre mestiza… después de todo eres Russo, desciendes de una antigua familia mágica italiana.

— Entendido — aceptó Alex.

— Me agrada tu actitud, Alexandra.

— Madre, ¿Dónde está mi padre? — quiso saber el serio muchacho de cabellos rubios platinos.

— Ha salido a cumplir una misión junto con el padre de Theodore — respondió — Debo retirarme antes de que sean descubiertos.

Las llamas se extinguieron. Pasaron un buen rato sin hablar esperando a que despertaran sus desmayados compañeros; cuando estos reaccionaron se salieron del despacho de Umbridge directo a sus dormitorios.

. . .


Los últimos días de clase pasaron muy pronto aunque llenos de noticias: Dumbledore volvió como director del colegio, Umbridge regresó al castillo herida y fue expulsada de Hogwarts con un gran abucheo por parte del colegio, el trío dorado junto con Longbottom y la chica Weasley regresaron heridos a la escuela tras haber pelado contra mortífagos y la noticia más importante… fue reconocido en todos los medios, incluso en El Profeta, el regreso de Lord Voldemort.

El último heredero de Salazar Slytherin había sido visto dentro del Ministerio de Magia con sus secuaces, donde los Gryffindor y la Ravenclaw los combatieron, Sirius Black murió en la batalla y una decena de mortífagos fueron apresados, dentro de ellos estaban el papá de Draco, Lucius Malfoy, y los padres de Theodore, Crabbe y Goyle.

Draco pasó día, tarde y noche con un genio de los mil demonios, acechaba a Harry Potter seguido de Crabbe y Goyle, esperando un momento oportuno para golpearlo, lo culpaba por el encierro de su padre en Azkaban. Nunca había estado tan enfurecido en su vida, su mirada helaba la sangre.

Por la tarde del último día en Hogwarts, Alex decidió caminar un poco alrededor del lago Negro, se sentó en la orilla debajo de la sombra de un árbol y se quedó contemplando la superficie del agua, los jardínes del castillo estaban llenos de risueños estudiantes pero del otro lado del lago descubrió a un alumno solitario, sentado contemplando el agua tal y como ella estaba hace unos minutos, era Harry Potter.

Tenía el rostro pensativo, más bien deprimido.

La castaña desvió su vista del azabache, no era momento de tenerle lástima al chico, después de todo él sería su enemigo desde ahora, estaban en bandos opuestos en una guerra que ya comenzaba.

Aún se le hacía difícil pensar las atrocidades que haría por Lord Voldemort, de cuantos asesinatos sería autora…

"Pero serán por un bien, ¿No? Esto beneficiará a la comunidad mágica…"

El sol se puso, en poco iniciaría la última cena de ese curso escolar; se levantó y regresó al castillo pero no entró al Gran Comedor, se deslizó a las mazmorras, al nido de las serpientes.

Cruzó el umbral a su Sala común, estaba vacío. Entró en el dormitorio de las chicas y fue directo a su cama, recogió sus pertenencias y con un movimiento de su varita las colocó todas dentro de su baúl. Se recostó, cerró las cortinas del dosel y quedó profundamente dormida.

Al día siguiente el expreso llegó a la estación de Hogsmeade, donde todo el cuerpo estudiantil lo esperaba para volver a casa, lo abordaron. Draco, Alex, Pansy, Blaise, Theodore y Millicent ocuparon un mismo compartimiento; entre todos intentaban animar a Draco y Theo para que no se preocuparan tanto por la situación de sus padres, los alentaban diciendo que después de todo, en Azkaban ya ni siquiera había dementores, escaparían rápido.

El resto del viaje conversaban temas más animados riendo de accidentes de compañeros o comentando anécdotas como la de Montague cuando apareció en un retrete, hasta la fecha seguían sin saber cómo apareció allí. Por la ventana, Alex vio pasar a un pelinegro de ojos verdes caminando en el pasillo.

— Ya regreso, debo hablar con mi hermano…

La bruja salió del compartimiento y corrió hasta alcanzarlo.

— ¡Justin! Tengo que hablar contigo — exclamó seria la castaña.

— ¡Alex, que sorpresa! No me hablas desde la vez que me quitaste 50 puntos porque no te presté dinero — contestó resentido el chico — Pero ya no podrás, hermanita, ya que por fin me he graduado de Hogwarts y ahora…

— Necesito que me ayudes a hablar con mamá y papá — lo interrumpió — No volveré a casa esta vez…

— ¡¿Qué?! ¿Por qué? ¿A dónde piensas irte? — abrió los ojos como platos.

— Me iré a alguna posada para magos, yo me pagaré sola el colegio…

— No, Alex, no puedes quedarte viviendo sola en un lugar inseguro, ¡Y menos cuando El-que-no-debe-ser-nombrado ha vuelto! — exclamó alarmado el Russo.

— Justin, entiende, es necesario…

— ¿Por qué va a ser necesario? — escudriñó un momento el rostro de su hermana y como si alguien le hubiera soplado al oído la respuesta, se tensó — ¿Es por… él?

— Sí, lo es… — admitió resignada.

— De acuerdo, te ayudaré, pero será mejor que papá no se entere del por qué te quedarás en Londres — resopló — Rita Skeeter tenía razón, tú y el pedante de Malfoy…

— ¿Cómo? ¡No, no es por eso, Justin! — gritó sonrojada la castaña.

— Dile a papá que te quedarás aquí porque quieres convivir en un ambiente mágico para buscar oportunidades de trabajo, te creerá ya que ahora tú eres la hija modelo. Oh, y suerte con tu hurón.

Justin siguió su camino y Alex volvió a su compartimiento. Cuando creía que su hermano descubriría en tremendo lío oscuro en que se había metido, salió con una conclusión de lo más mentecata.

"Mejor que piense que me quedo por un chico y no porque me convertiré en… mortífaga…"

El tren se detuvo en la estación de King's Cross, Alex tomó su baúl y bajó al andén 9 ¾. Al pasar al lado de ella, Draco le susurró un "Te estaremos esperando en el lado norte del andén" y se mezcló entre la multitud. Theresa y Jerry Russo ya estaban esperando para recibir a sus hijos, era fácil distinguirlos, iban vestidos con camisetas de color azul y rojo con una estrella blanca y en letras plateadas tenía escrito "U.S.A."

Justin se había entretenido despidiéndose de sus excompañeros de Ravenclaw, así que la castaña aprovechó para platicar con sus padres.

— ¡Alex, querida! ¿Cómo te fue en el colegio? — habló Theresa abrazándola con fuerza.

— Nuestra campeona ya está con nosotros de nuevo — dijo Jerry emocionado — Sólo falta nuestro graduado…

— Mamá, papá… tengo que hablar seriamente con ustedes.

— ¿Qué pasa, querida? — sus padres la contemplaban intrigados.

— Esta vez no volveré a casa — soltó — quiero independizarme, ya saben… Pff, es común en los adolescentes de 16 años en América, jajaja — rió nerviosa.

— ¿Cómo que no piensas volver, Alex? — cuestionó serio su padre.

— Lo que pasa es que… — tomó una bocanada de aire y habló lo más formal que pudo — Quiero quedarme aquí, en este ambiente mágico de Londres para adaptarme y buscar oportunidades de trabajo.

"No va a resultar, no me va a creer…"

La joven bruja hacía sus mayores esfuerzos por mantener un gesto sereno, por su parte, sus padres la miraban intensamente como si buscaran penetrar en su mente y descubrir si era verdad o no.

— No me lo creo… — murmuró Jerry.

"¡Oh no! ¿Y ahora qué hago?"

— …No me lo creo… ¡Nuestra hijita ya maduró!

Theresa y Jerry se abalanzaron sobre Alex con lágrimas de emoción en los ojos.

— Siempre estuve esperando que tomaras decisiones adultas, Alex, y por fin llegó ese día… — sollozaba el Russo mayor — Toma — le entregó una bolsa llena con algunas centenas de galeones — Lo necesitarás.

La joven bruja estrujó con cariño a sus padres, esperaba que ese no fuera a ser su último abrazo por terminar encerrada de por vida en Azkaban o algo peor.

Sin decir más se apartó de ellos y tomó su propio camino. Al andar entre la gente vio a su hermano mayor; con un movimiento de cabeza y una cálida sonrisa se despidió de él.

Avanzó hasta la parte norte del andén y buscó una alta cabeza de cabellos rubios platinados, en su lugar, encontró dos. Se acercó arrastrando su baúl. La madre de Draco a pesar de tener alrededor de cuarenta años, conservaba una belleza excepcional, tenía unos bonitos ojos azules y era casi tan alta como Alex. Mantenía la cabeza en alto todo el tiempo, orgullosa de mostrar su descendencia aristócrata.

— Alexandra, un placer conocerte en persona, yo soy Narcisa Malfoy — saludó con un elegante movimiento de cabeza — Eres agraciada, bastante bonita, deduzco que por eso has encajado tan bien con mi hijo y sus amigos.

— El placer es mío, señora Malfoy, le doy las gracias por permitirme alojarme en su casa… — respondió tímida.

— No tienes que agradecer, estoy segura que tú nos ayudarás cuando lo requiramos, ahora que Lucius no está… — una mirada triste se asomó por sus resplandecientes ojos cristalinos — Será mejor irnos ya, aquí hay demasiadas miradas críticas, sujétense fuerte a mí.

Alex y Draco pusieron una mano en cada uno de sus hombros sin soltar sus pertenencias.

La siguiente cosa que sintió fue que estaba en un vacío todo negro, era presionada con mucha fuerza desde todas las direcciones; no podía respirar, sentía como si cintas de hierro se apretaran alrededor de su pecho, sus globos oculares estaban siendo retorcidos en su cabeza, sus tímpanos empujados en lo más profundo en su cráneo y luego… Tragó una gran bocanada de aire frío y abrió los ojos. La estación había desaparecido, ahora se encontraba de pie frente a lo que parecía un bosque, aunque con pinos y árboles más pequeños y escasos; el cielo era gris y estaba al punto del ocaso.

— ¿Qué… qué fue eso? — preguntó recobrando la compostura.

— Una aparición. Las primeras veces siempre son incómodas — explicó Draco, ayudándola a no caer.

Baúl locomotor — exclamó Narcisa yambos baúles de los jóvenes se movieron — Entremos.

Alex dio media vuelta y descubrió que justo a sus espaldas se erguía una elegante y lúgubre mansión solariega. Caminaron por un sendero flanqueado por altas paredes de setos hasta llegar a una alta verja que se abrió hacia dentro automáticamente. Siguieron por un camino recto de grava, Alex miraba de izquierda a derecha apreciando los enormes jardines de la residencia, estaban decorados con arbustos perfectamente recortados y pavo reales se paseaban entre ellos. Las ventanas del piso inferior tenían forma de diamantes.

Subieron unas amplias escaleras de piedra y con un toque de la varita de la señora Malfoy, las enormes puertas de la mansión se abrieron, los baúles ingresaron levitando seguido por los tres magos y las puertas se volvieron a cerrar. Dentro era más frío, al entrar quedaron de pie en un amplio vestíbulo, pobremente iluminado y suntuosamente decorado, con una gran alfombra que lo cubría en su mayoría. Las paredes eran de piedra forradas de caoba y en ellas habían retratos de antiguos miembros de la familia Malfoy. Todos tenían las mismas características que Draco, eran pálidos, de cabello rubio casi blanco y de rasgos finos.

— Draco, lleva a Alexandra al salón, ordenaré a Rigge que acomode sus cosas en las habitaciones.

— Sí, madre. Ven, Alex — hizo un ademán parecido a una reverencia y la condujo a una pesada puerta.

Tomó la manilla de bronce y abrió la entrada. El salón era una sala grande con una hermosa chimenea de mármol trasmontada por una ventana dorada, encima había colocado un espejo con marco dorado. El suelo pulido de la habitación estaba cubierto en parte por una fina alfombra marrón; una lámpara dorada de araña colgaba del techo. En las paredes habían más retratos colgados.

Draco le indicó que tomara asiento en uno de los varios sillones de estilo inglés colonial color negros que habían. El rubio se sentó frente a ella.

— Bienvenida a la mansión Malfoy, Alex — extendió los brazos y le dedicó una cordial sonrisa.

— Tienen una casa muy hermosa — comentó admirada observando la ostentosa decoración.

— No puedes esperar menos de los Malfoy — alardeó — Es bastante sombría… aunque con tu llegada, se ha iluminado como nunca lo ha estado.

Los dos muchachos se observaron y rieron. Draco se sentía complacido de de tener bajo su techo a aquella castaña, le daba fuerza tenerla cerca y ahora era cuando más lo necesitaba. La puerta se volvió a abrir y Narcisa entró.

— Draco, ¿Puedes dejarnos un momento? — pidió su madre.

— Por supuesto, estaré arriba — el ojigris salió del salón.

Narcisa ocupó el lugar en el que antes estuvo su hijo sentado, miró por unos segundos a Alex y por fin habló.

— Alexandra, sabes que hemos pasado un mal momento con el arresto de mi marido.. Es por eso que te he traído, necesitamos que estés de nuestro lado.

— Claro que estaré con ustedes, señora Malfoy…

— No entiendes — la interrumpió — El señor Tenebroso tiene esperanzas en ti, por lo que te escuchará más que a la mayoría… — respiró hondo y prosiguió — Lucius, junto con los mortífagos capturados fallaron su misión y el Señor Oscuro está enfadado con ellos, temo que tome represalias cotra mi hijo… Él es tu amigo, quiero que me ayudes a protegerlo.

No se podía negar a una petición de una madre en apuros preocupada por su hijo, un hijo al que ella también le tenía afecto, era su mejor amigo. Alex no sabía ni como podría sobrevivir ella misma, apenas tenía dieciséis y ya había sido obligada a unirse a un grupo de magos peligrosos y oscuros, pero no dejaría de hacer todo lo posible por mantener a salvo a ese pálido rubio narcisista.

— Haré hasta lo impensable por protegerlo — respondió.

— Confiaré en ti, Alexandra Russo. Supongo que querrás descansar, tu habitación está en el tercer piso junto a la de Draco, Rigge te llevará.

Rigge era un elfo doméstico con una estatura de menos de un metro, con enormes ojos azulados tristes y piel pálida sin pelo. Su vestimenta era una vieja manta sucia enrollada en su delgado cuerpo.

La castaña siguió a Rigge por las frías escaleras de piedra hasta llegar al tercer piso, caminaron por un largo pasillo oscuro con muchas puertas cerradas; llegaron al fondo, en una puerta había una reluciente placa de plata con el nombre de Draco grabado en ella. En la puerta de enfrente había una placa vacía pero con un chasquido de Rigge en ella se escribió "Alexandra Russo".

— Esta es su habitación, señorita, llámeme cuando necesite algo — dijo el elfo agachando la cabeza sumiso.

— Gracias, Rigge, que amable — murmuró al pequeño antes de cruzar la puerta.

La habitación era muy amplia y fría como el resto de la residencia: las largas ventanas estaban cubiertas con grandes cortinas color verde esmeralda, en las paredes habían murales en tonalidades marrones de paisajes solitarios y las cornisas color plata; en los pilares habían serpientes talladas que se enroscaban a lo largo de éste. El suelo estaba alfombrado en su totalidad. La cama era alta y las cortinas del dosel eran verde esmeralda; la puerta que debía ser del baño, los muebles y el sillón eran color negro.

La decoración le hizo recordar a su Sala común en las mazmorras, con la diferencia de que en esta habitación, el techo no era tan alto y no se observaba las profundidades de un lago.

En la pared opuesta a la cama estaba el armario, lo abrió y encontró su ropa acomodada dentro, rebuscó en los cajones y sacó una pijama color azul, se quitó su ropa y vistió sus prendas para dormir, apagó los candelabros, cerró las cortinas del dosel y se acomodó en el colchón; extrañaba a su familia, su casa… la subestación en Manhattan era muy diferente, era un lugar sencillo pero acogedor, alegre, cálido… mucho más pequeño que la mansión Malfoy pero tenía vida, difícilmente podría alguien sentirse solo allí.

Cerró sus castaños ojos y se quedó dormida.