Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, tercer tomo.


EL LIBRO DE LOS JUEGOS


Abrió perezosamente sus castaños ojos, aún empañados, y con un movimiento de su mano recorrió las finas telas del dosel. La fría habitación apenas estaba iluminada por la gris luz que entraba en las rendijas formadas entre las cortinas de los ventanales.

Alex estiró agotada sus brazos, se puso de pie y se asomó por el cristal… el paisaje era tan bello y siniestro como la mansión, fuera de los muros de la residencia Mallfoy, a su alrededor se extendía un despoblado bosque de coníferas; más lejos en el horizonte se podían vislumbrar cumbres de montañas lo que debía significar que la edificación también estaba en lo alto. El cielo nublado y opaco era triste, no permitía a los rayos del sol llegar a la superficie del suelo, aunque tampoco parecían intentarlo, era como si el sol se hubiera olvidado de la existencia de esa casa escondida.

Miró un reloj de plata que descansaba sobre la mesita de noche, marcaba las 7:00 horas.

Tomó una toalla y una bata de baño, abrió la puerta que la noche anterior había intuido que era el baño y en efecto lo era, entró y cerró la puerta detrás de ella: el baño era muy espacioso y apagado, el suelo era de madera y las paredes de color verde esmeralda; la bañera estaba en la parte más alta del suelo, elevado por amplios escalones y empotrada al suelo, tenía forma ovalada y era poco profunda, en la orilla había un par de grifos; habían dos lavabos frente a esta en color plata y espejos sobre ellos a juego. Llenó la bañera abriendo los grifos, uno era de agua tíbia y el otro de esencia y jabón. Se sumergió en ella y cerró los ojos.

Terminó su ducha, se cubrió con la bata de baño y la toalla la enrolló en su húmedo cabello. Al volver a la habitación pegó un grito ahogado cuando encontró el armario abierto, su ropa tirada y al elfo sentado en el suelo.

— ¡Rigge! ¿Qué ha pasado aquí? — preguntó calmándose.

— Rigge vino a ayudar a la señorita — respondió el elfo mirándola con sus enormes ojos.

— ¿Ayudarme a tirar mi ropa?

— A cambiarla, señorita, a Rigge no le pareció apropiado para la casa sus harapos muggles — dijo señalando el montón de ropa tirada — así que he cambiado su guardarropa.

— Oh, ya… olvidaba que lo muggle no es bien visto aquí, gracias, Rigge.

— El desayuno ya está por servirse, señorita, el comedor es la puerta de la izquierda en el vestíbulo.

El elfo salió de la habitación.

Alex abrió curiosa el armario y no le sorprendió encontrar sólo prendas negras en él, ya lo imaginaba puesto que los Malfoy siempre vestían de negro, los muebles eran negros… Cogió un vestido de cuello redondo con mangas cortas, tenía una cinta de tela negra ajustándolo poco arriba de la cintura y dejaba caer con suavidad las dos delgadas capas de tela de la falda, arriba de las rodillas. Calzó unos zapatos negros de terciopelo que tenían un pequeño tacón.

Salió de su recámara, bajó a la primera planta y se dirigió a la puerta que el elfo había indicado, colocó su mano nerviosa en el pomo de bronce y antes de que lo pudiera girar la puerta se abrió sola. Colocó ambas manos a sus costados y saludó aún nerviosa.

— Bu-buen día, señora Malfoy… buen día, Draco…

— Te estábamos esperando, acaban de servir el desayuno, siéntate aquí, querida.

Alex tomó asiento frente a Draco, quien le dedicó una alegre sonrisa; ya habían colocado su plato con varios emparedados muy bien decorados en la mesa. Bebió un sorbo de su copa, era vino.

— ¿Has dormido bien? — preguntó amable y con una sonrisa la mujer.

— Sí, muchas gracias — respondió cortés la castaña sin saber que más decir.

— Veo que Rigge te ha ayudado a vestirte, te asienta muy bien, Alexandra, si tuvieras el cabello rubio podrías pasar por una Malfoy…

Alex no supo que responder y se limitó a sonreírle y siguieron consumiendo sus alimentos sin más charla. Cuando los tres acabaron, un elfo doméstico que no había visto antes salió de la cocina y con su magia recogió los trastos.

— Alexandra, el señor Oscuro contactó conmigo ayer… en tres días a la medianoche solicita nuestra presencia en la Mansión Riddle — informó con el semblante serio — Quiere que todos vayamos.

— ¿Todos? — inquirió sorprendido Draco.

— Sí, hijo… tu tía Bellatrix también asistirá — sus ojos endurecidos reflejaban el pánico que ese "todos" le infundía.

Narcisa y Alex intercambiaron una mirada, los ojos azules volvían a pedirle ayuda a los ojos marrones, tal y como había sido la noche anterior.

— ¿Dónde se encuentra la Mansión Riddle? — preguntó Alex tratando de mantener su voz indiferente.

— En una villa muggle, Pequeño Hangleton…Ya estuviste ahí, en el cementerio.

Una fría corriente invadió sus venas al recordar ese sitio, a los enmascarados, Potter gritando, el cuerpo de Cedric sin vida, a Lord Voldemort… y lo volvería ver en ese mismo lugar.

. . .


— ¿Quieres dar un paseo? — una mano pálida se tendió frente a la castaña.

Russo tomó la suave mano de Malfoy y se dejó llevar por su amigo a los jardines de la mansión. Caminaron por el sendero de grava y a mitad del camino se desviaron y anduvieron por el césped entre los hermosos pavo reales que se paseaban: habían unos muy coloridos de pecho azul, y otros en menos cantidad totalmente blancos, parecían ángeles con su larga y brillante cola extendida.

El rubio la llevó detrás de unos altos setos donde se encontraba una hermosa fuente de mármol, que tenía tallado un pilar con dos serpientes en los costados.

Al lado de la pila había una mesita y dos sillas de jardín. Los dos muchachos se sentaron.

— Este lugar es muy hermoso — vitoreó encantada la bruja.

— Es muy antigua la fuente, pero sigue conservando todo su encanto — dijo arrastrando las palabras.

— ¿Siempre has vivido aquí?

— Sí, en esta mansión han vivido todos los Malfoy, Armand Malfoy la fundó cuando se mudó a Inglaterra.

— ¿Se mudó? ¿Entonces dónde vivía antes?

— En Francia, de allí somos originarios, Armand Malfoy emigró hacia aquí en el siglo XI tras la invasión normanda.

— ¡Vaya! Tu familia sí es muy antigua… — dijo impresionada.

— Lo es, y por lo que mi madre me ha contado, los Russo son contemporáneos a los Malfoy, con la diferencia que ustedes preceden de Italia.

— Pff, aún viven en Italia la mayoría.

— ¿Por qué tú vives en América, Alex? — inquirió curioso el rubio.

— Mi papá en su adolescencia viajaba mucho explorando, en uno de sus viajes con mi tío Kelbo, quiso ir a los Estados Unidos… y fue allí, en Manhattan, donde vio a mi madre y se enamoró, decidió quedarse allí con ella y no volver a Italia — hizo una pausa, luego prosiguió — El problema es que según las leyes mágicas en América, los magos no pueden casarse con los mortales o muggles… Así que tuvo que despedirse de sus poderes también.

— Interesante… — el semblante de Draco había adoptado un gesto aprobatorio — Creo que esas normas mágicas deberían ser utilizadas aquí en Europa, los muggles no tienen que inmiscuirse en el mundo de la magia.

— No concuerdo con eso, Draco, ellos también tienen derecho…

— Alex, ellos no pueden hacer magia, ¿Qué sentido tiene que se mezclen con nosotros si su naturaleza no se los permite?

Guardaron silencio por un momento. Las palabras del chico tenían sentido, pero la Russo no podía dejar de pensar que su mamá pertenecía a esos humanos sin magia, que sin ella no habría nacido… sin embargo, Alex nunca eligió que su madre fuera una muggle, pero la naturaleza sí decidió que ella fuera una bruja, Alexandra Russo pertenecía a ese mundo, en su sangre corría.

— Alex, ¿Quieres ver la biblioteca? — rompió el silencio Malfoy con una sonrisita.

— ¿Iguala a la de Hogwarts acaso? — respondió devolviendo la sonrisa.

— La diferencia es que la nuestra es más cómoda, elegante y sin una detestable bibliotecaria.

Entraron de vuelta a la mansión y subieron al tercer piso, caminaron por el pasillo pero hacia el lado contrario de donde se encontraban sus habitaciones; abrieron la puerta del fondo y dio lugar a una escalera oscura de piedra en forma de caracol que subía un piso más. Ascendieron por ella y abrieron otra puerta de madera.

La sala era mucho más iluminada que el resto de la casa. Las paredes estaban cubiertas por libreros negros con molduras de bronce, al cerrarse la entrada incluso ésta quedó oculta detrás de un librero. El suelo estaba totalmente alfombrado y había varias parejas de sillones negros con una mesa circular entre los dos. Cada mesita tenía un candelabro que por el momento, se encontraban apagados.

Dos escaleras curvas simétricas llevaban a un "segundo piso" formado de pasillos que recorrían el perímetro de la estancia y permitían tomar los libros colocados en esos anaqueles. Dos grandes ventanas habían en la parte más alta de las paredes, que eran las que permitían iluminar el lugar.

— Es… ¡Impresionante! — exclamó Alex muy contenta.

— Lo sé, y los libros te sorprenderán, son de alquimia, historia, magia blanca y negra, pociones... Es casi tan extensa como la de Hogwarts, con la diferencia que aquí no hay una sección prohibida para los libros de magia oscura.

— ¿Es por eso que pasas con Extraordinario sin necesidad de prestar atención en clase?

— Sí, porque lo que ven en el colegio yo ya lo sé; desde edad muy temprana mi padre me ponía a practicar con la escoba, memorizar sustancias y practicar embrujos, él es muy hábil, como toda la familia, tanto Malfoy como Black…

— ¿Familia Black? ¿Ellos que tienen que ver? — la castaña recordó el nombre de Sirius Black, el padrino de Harry Potter, en su mente se preguntaba si ellos estarían relacionados.

— Mi madre es una Black, y sí es lo que estás pensando… — dijo sonriendo divertido al ver la expresión de su amiga — Estoy emparentado con Sirius Black, era primo de mi madre, mi tío segundo.

— ¡No puede ser! — exclamó sorprendida Alex.

— Claro que sí, en estos tiempos la mayoría de las familias sangre-pura están conectadas, ¿No quedan muchas, sabes?

Sin tener más tema de conversación, los dos muchachos se limitaron a mirarse, fue alrededor de un minuto, pero para ellos fue una vida entera.

Alex observó atenta ese par de ojos grises y sintió como se hundía en ellos, lenguas de plata fundida se enrollaban en sus tobillos y la arrastraban al fondo, estaba inmóvil, su respiración disminuía, su corazón se aceleraba mientras era jalada a las oscuras pupilas… Las lenguas plateadas la liberaron, el oxígeno volvía a inundar sus pulmones pero aquel sentimiento oprimiendo su pecho no cesó.

Miró el jovial rostro del dueño de esos refulgentes ojos que tan bien destacaban con su piel pálida: volvió a sentir ese vuelco en el corazón, no sólo le parecía un chico muy atractivo, sentía la necesidad de abrazarse a él y sentirse protegida.

Protegida. El recuerdo de Lord Voldemort irrumpió su ensueño y las palabras que había dicho a la madre de ese rubio sentado al frente… Era ella quien lo iba a proteger a cualquier costo. Ahora estaba más convencida de hacerlo, jamás permitiría que esos ojos grises sufrieran, porque lo quería de verdad, era su mejor amigo, podría considerarlo su hermano.

El Malfoy sentado frente a esa castaña no podía dejar de observar esos ojos marrones que le devolvían la mirada, lo atraían hacia ella, lo envolvían; ¿A quién le importaba que fuera una mestiza? Después de todo, era descendiente directa de una estirpe mágica de hace siglos, su madre la aprobaba… Esos ojos cafés cambiaron repentinamente, parecían fríos, preocupados… luego decididos. Debía estar alucinando por embelesarse tanto, sería mejor interrumpir el momento...

— Alex… — la Russo parpadeó volviendo en sí — ¿Quieres ver un libro muy peculiar?

Draco se puso de pie, caminó a un librero de la esquina y tomó un libro del tamaño de media carta, pero bastante gordo y empolvado. El canto de sus hojas de pergamino era dorado y las pastas forradas de cuero café. En la portada estaba escrito con letras doradas "Découvertes".

— Es francés, significa "Descubre" — explicó el rubio, lo puso sobre la mesa y lo abrió. Sus amarillentas hojas estaban vacías.

— Está en blanco…

— Por ahora, es un libro de juegos, por así decirlo — sonrió divertido — Fue hecho en París pero responde en el idioma en que le escribas.

Tomó una pluma con tinta negra que estaba en la mesa y comenzó a escribir en la primera página con su elegante caligrafía: "Yo soy Draco Malfoy". Las letras desaparecieron y fueron sustituidas por la respuesta "Bienvenido de nuevo, Draco Malfoy, ¿Jugarás solo o con alguien más?".

— Escribe tu nombre, Alex — la bruja dio un respingo al escuchar su voz.

Tomó la pluma y la sumergió en la tinta, cuando sujetó el libro la página estaba vacía, así que escribió en el borde superior: "Yo soy Alexandra Russo".

Las letras de nueva cuenta desaparecieron y fueron sustituidas por la contestación del libro, "Bienvenidos, Draco Malfoy y Alexandra Russo, que empiece el juego".

Éstas palabras no se disiparon, se cambió de hoja automáticamente y una ráfaga de aire rodeó al libro, una base de madera apareció debajo de este y se escribieron instrucciones en la nueva página: "Retos tendrán que cumplir, aquél que gane más desafíos el vencedor será. (Las barras indican su puntaje)" Y debajo de eso aparecieron dos pequeños dibujos de sus rostros, y al lado de cada uno, el contorno de un rectángulo.

El escrito no se borró otra vez y la hoja se dio la vuelta. Se escribió otra vez.

"El juego empieza, vayamos despacio,
quiero algo que está en el patio,
el primero que me traiga una pluma de pavo real
ganará diez puntos al puntaje final."

Alex y Draco se miraron por un instante y salieron disparados a la puerta, la Russo lanzó por los aires sus incómodos zapatos y bajaron corriendo las escaleras de caracol, atravesaron el pasillo a toda velocidad; estuvieron a punto de tirar a un elfo doméstico que iba saliendo de la habitación de Draco. Saltaban los peldaños de dos en dos hasta llegar a la primera planta, en el vestíbulo el rubio se adelantó y abrió la puerta con el hombro, los dos chicos se aventaron a uno de los jardines pero por lo agitados que lucían los pavo reales se echaron a correr, no se dejaban tocar por el mago y la bruja; los movimientos felinos ágiles de Draco cazando a las aves, lo hacía parecer un gato salvaje.

Alex persiguió a un pavo real blanco, se sujetó a su cola y el animal la arrastró unos tres metros por el suelo, pero al final la pluma se desprendió de su cuerpo; la castaña saltó triunfal y corrió de regreso a la mansión. Al cruzar el umbral vio de reojo que el Malfoy corría de vuelta también para alcanzarla.

Subió la escalinata lo más rápido que sus descalzos pies le permitieron y en el tercer piso prácticamente voló a la puerta que llevaba a la Biblioteca, Draco le pisaba los talones; subieron la escalera de caracol a empujones y al abrir la entrada de la estancia, el mago le quitó la pluma de pavo real a la castaña, corrió a toda velocidad al libro y la colocó en él.

Luces azules salieron del interior del libro y aparecieron más letras en la página: "Draco Malfoy ha ganado la primer prueba".

— ¡Malfoy tramposo…! — exclamó enfurruñada la chica, respirando entrecortadamente.

— ¿Por qué? — reía a carcajadas el rubio.

— ¡Esa era mi pluma! ¿Por qué no pusiste la tuya? — soltó viéndolo con una mirada retadora.

— Simple, porque no me dio tiempo tomarla de un pavo real, cuando te vi correr de regreso entendí que tú ya llevabas una, sólo te la debía arrebatar — sonrió satisfecho Draco — Admite que ha sido divertido, Alex.

— Sí, lo ha sido — dijo soltando una risa.

Los dos muchachos estaban rojos y acalorados por haber corrido, con la ropa manchada de tierra por tirarse en el húmedo suelo, y en el caso de Alex, por haber sido arrastrada por un asustado pavo real.

— Y creo, Alex — agregó Draco — que deberías lavarte los pies — dijo derramando lágrimas por la risa y señalando los entierrados pies de la bruja.

Después de calzar un par de viejos y cómodos tenis, cumplieron dos pruebas más, una que constaba en llevar arrancado sin permiso un cabello blanco de un elfo: Alex y Draco estuvieron persiguiendo en la cocina a los asustados elfos que creían que los chicos habían enloquecido, Malfoy volvió a ganar; la otra prueba fue quien escalaba más rápido un alto árbol que estaba en el patio trasero de la mansión, Alex ganó en esa.

Tras un largo día de juegos, los dos regresaron a sus habitaciones y se ducharon para quitarse del cuerpo la suciedad. Esa noche Alex descansó muy bien.

Al día siguiente se encontraron desde temprano en la biblioteca para jugaran más desafíos: el libro no podía dictar otro reto si no era firmada la asistencia de ambos participantes, para que no hubieran trampas.

Tuvieron que buscar un libro azul con letras plateadas "que estaba perdido" en la biblioteca, pasaron toda la mañana y gran parte de la tarde rebuscándolo, el libro estaba tan empolvado que se veía café y no parecía tener escrito; quien lo encontró fue Alex y ganó los puntos. Las siguientes pruebas fueron dos preguntas y un acertijo, las preguntas eran sobre historia y las respondió Draco, Alex no tenía ni idea de lo que el libro interrogaba. El acertijo fue "¿Qué va para delante y para atrás, pero no va para ningún lado?", Draco respondió "La escoba de Longbottom" pero esa no era la respuesta, Alex contestó "Columpio" y los puntos fueron para ella. El ojigris protestó que no conocía los objetos muggles y que la respuesta de la escoba del Gryffindor era más sensata.

. . .

Llegó el día que irían ante Voldemort, el desayuno y la comida fueron muy silenciosos, la Russo no salió de su habitación y pasó horas acostada en su cama contemplando el alto techo de la recámara. El cielo se oscureció y la tenue luz grisácea que se colaba a la habitación por la ventana se esfumó. Se levantó y se dio un baño intentando relajarse, pasó una hora en la bañera, hasta que por fin decidió salir pero seguía sintiéndose igual de abrumada.

Cuando regresó a la habitación encontró a Rigge esperándola para arreglarla, le pasó un elegante vestido negro de cuello redondo con encajes; las mangas eran ¾ y ajustadas; tenía botones en la parte del frente y en la cintura se ajustaba; la falda era de olanes y llegaba arriba de las rodillas. Vistió unas medias negras y calzó unos botines de piel negros de agujeta que tenían un tacón de cinco centímetros.

El elfo la ayudó secando y alisando su brillante cabello café, le entregó una capa de viaje color negra y se la colocó en los hombros, a Alex le llegaba a los tobillos.

Miró su reflejo en un espejo de cuerpo completo que había en el armario… Parecía una aristócrata mortífaga, para los muggles podía pasar como una vampira "aterradora" de las que salen en las películas.

"Quien haya diseñado las ropas de los actores de esas populares películas de adolescentes donde hay vampiros y lobos, seguro que vio a un mortífago acechando a alguien…"

Bajó al vestíbulo, eran las 11:40 p.m. y ya estaba de pie Draco, engalanado con un pantalón y camisa negros, y una gabardina larga color negra. Se miraron nerviosos.

— Alex… te… ves espléndida — dijo Malfoy tendiéndole la mano para ayudarla a bajar los últimos escalones — Tu belleza es aterradora — sonrió.

— Lo mismo digo de ti, Draco, creo que incluso te ves más alto y pálido — rió Alex relajándose.

Narcisa salió del salón y llevaba puesto un vestido largo de terciopelo de manga larga, que tenía detalles plateados en el pecho. Se echó la capa de viaje sobre los hombros y se acercó a los dos que la esperaban de pie.

— Draco, Alexandra, sujétense a mí.

Todo se puso negro, sintió amarres en todo su cuerpo y como si sus ojos lucharan por salir expulsados de su rostro. En un segundo, Alex volvió a sentir la superficie debajo de sus pies pero ya no era el alfombrado piso de la mansión, ahora tenía sus botas sembradas sobre pasto húmedo. Alzó la vista y ahí estaba el lugar que había visitado hace un año. Los tres caminaron entre las tumbas, vio la lápida de Tom Riddle padre donde había estado atrapado Potter, cerca de donde a Cedric le lanzaron la maldición imperdonable, donde vio por primer vez a Lord Voldemort.

Caminaron sobre la colina siguiendo el descuidado sendero que llevaba a la gran mansión hasta llegar frente a las puertas, éstas se abrieron al instante por sí solas y los visitantes entraron. Las puertas se cerraron detrás de ellos dejándolos en una apesadumbrada oscuridad. Una sombra se movía frente a ellos, Bellatrix Lestrenge ya estaba ahí: era una bruja bastante aterradora, tenía la piel pálida y opaca, el semblante que evidentemente alguna vez fue bello ahora lucía muerto, y sus helados ojos negros enloquecidos miraron en la dirección de los llegados.

— Cissy, justo a tiempo — saludó a la señora Malfoy sacudiendo su despeinada melena castaña.

— Bella, ¿Está el señor Tenebroso en el salón? — preguntó inquieta.

— Acaba de llegar, quiere que entremos — dijo con su siseante voz.

Bellatrix miró descaradamente a Alex.

— ¿Esa es la mestiza? ¿La que el señor Tenebroso quiere? — inquirió casi escupiendo las palabras con asco.

— Así es, Bella — confirmó Narcisa — pero ella es descendiente de los Russo…

— ¡Una Russo pero con madre muggle! — gritó la desgreñada bruja — Es igual de impura que la hija de Andrómeda y el asqueroso muggle con el que se casó, JAJAJA — rió dejando ver sus descuidados y amarillentos dientes afilados.

— Tía Bellatrix, no ofenda a Alexandra, es una bruja excepcional, ¿Por qué cree que el Señor Oscuro desea que se reclute con sus hombres? — dijo desafiante Draco y la miró con frialdad.

— Pueden haber muchas otras razones, Draco… quizá la quiera para alimentar a Nagini — rió escandalosamente y torciendo hacia arriba sus carbonizados ojos.

— ¡Basta! Debemos hablar ahora con el Señor Tenebroso, contrólate, Bellatrix — habló imperativa la señora Malfoy y su loca hermana se tranquilizó.

Los cuatro avanzaron a la puerta del salón, un mortífago con su máscara de calavera estaba esperando en la entrada, los dejó pasar. Al atravesar al umbral tuvieron que cubrir sus ojos en lo que se adaptaban a la iluminada estancia.

— Me alegro que hayan accedido a mi invitación… — habló una estremecedora y sombría voz en algún lugar de la habitación — Temía que no acudieran a nuestra reunión…

— ¡Señor! — gritó extasiada Bellatrix y seguido de ello un sonido sordo que indicaba que se había tumbado de rodillas al suelo.

Lentamente Alex fue retirando su mano de sus ojos y abrió los párpados con lentitud, quería verlo de nuevo, quería ver si valía la pena estar ahí, apunto de entregar su lealtad a los ideales de ese mago.

La habitación estaba muy iluminada por una decena de candelabros voladores y una chimenea encendida; junto a la chimenea estaba situado un sillón verde esmeralda, Lord Voldemort estaba sentado sobre él, escudriñándolos con sus fieros ojos rojos y una complacida pero maliciosa sonrisa, en su mano sujetaba una copa de vino. A sus pies estaba tumbada Bellatrix observando maravillada a su amo.