Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, tercer tomo.


LA MISIÓN


— Alexandra, me alegra verte de nuevo, te han asentado muy bien estos últimos meses — saludó con cortesía — Toma asiento. Nuestra dichosa familia invitada debería acomodarse también…

Sin mover un músculo, Lord Voldemort acercó cuatro sillones frente a él y con la mano indicó que se sentaran.

— Entiendo que ya has considerado mi invitación, ¿Cuál es tu respuesta…?

El heredero de Slytherin hablaba siseante con suma calma, en cada palabra que pronunciaba parecía que escupiese veneno. Russo presionó su estómago contra su espalda y trató de hablar lo más firme que su temblorosa voz le permitió.

— Será un honor servirle, señor — hizo una reverencia con la cabeza.

— ¡Excelente! Sabía que no me decepcionarías… — dejó su copa de vino en el suelo y se levantó — De pie…

Alex obedeció. Voldemort extendió su largo brazo, tomó con delicadeza la mano izquierda de la castaña y la estiró hacia él. Recorrió con uno de sus delgados dedos el antebrazo de la muchacha delineando un ocho con su amarillenta y resquebrajada uña.

— Soy muy selectivo con mis fieles, no a todos les ofrezco la oportunidad de estar a mi lado… y menos de pertenecer a mi círculo más cercano.

En un abrir y cerrar de ojos sacó su varita de la túnica, aferró con fuerza la muñeca de Alex y colocó el brazo de la chica con la parte interior viendo hacia arriba. La bruja pasmada por el acto, usó todas sus fuerzas para no arrebatar el brazo y dejarlo a merced del cadavérico mago.

— Seguro que lo entiendes, Alexandra, así sabrás cuando necesite que vengas a mí…

Colocó la punta de su varita sobre la blanca piel de Russo y la deslizó sin despegar, trazando una figura.

Un grito desesperado salió del interior de su pecho, las rodillas le temblaron pero no cedió a ellas, cerró los ojos. El roce de aquel cilindro calcinaba su brazo, su delgada piel se fundía a sus huesos, podía sentir como si su dermis y epidermis se derritieran y resbalaran de su cuerpo ya líquidas; dejó de gritar, ahogó sus chillidos apretando la mandíbula hasta el punto de correr riesgo de fracturarla; los ojos le ardían por la presión que ejercía con sus párpados, una lágrima resbaló en su sien… y paró.

La sensación que ahora sentía en el brazo era ese frío abrasador que queda cuando has sufrido una quemadura… una quemadura de tercer grado, se podría decir. Su respiración era entrecortada pero silenciosa, abrió sus llorosos ojos y lo primero que hizo fue mirar su antebrazo que aún sujetaba ese mago tenebroso.

Observó la parte superior, la piel no estaba carbonizada pero sí más pálida de lo normal y con sangre escurrida, como si el lugar de ser quemada la hubiese tajado. Giró su antebrazo para ver la parte interior... se estremeció al ver en el tatuado un cráneo con una serpiente saliendo de su boca, la Marca Tenebrosa. La sangre brotaba de las recién hechas líneas negras.

— Tu lealtad ya está conmigo, Alexandra… — siseó con una sonrisa despiadada gozando verla doliente. Soltó bruscamente su brazo — Ya puedes sentarte — ordenó con tono amable.

La castaña metió su brazo izquierdo dentro de su capa y volvió al sillón. Voldemort hizo volar a su mano la copa de vino que en el suelo había dejado y bebió otros dos sorbos, escudriñando a los invitados; dejó su copa sobre la chimenea y volvió al frente.

— Narcisa, conoces muy bien la situación del reciente fracaso de algunos de mis hombres… Razón por la cual tu marido y Rodolphus están en Azkaban ahora mismo — hizo énfasis en "tu marido" para abatir a la señora Malfoy — Bella no tiene donde quedarse, ¿Puedes albergarla contigo?

— Por supuesto, señor.

— Excelente, esta reunión ya casi termina, ahora sólo una cosa más… — el Señor Oscuro posó sus eufóricos ojos de serpiente en el Malfoy menor — Tras la ausencia de Lucius necesitaré a alguien que sea… capaz de llevar a cabo la misión que él realizaría… ¿Qué tal tú, Draco?

— ¿Yo, señor…? — el rubio se sorprendió pero estaba seguro de sí — ¿Qué misión?

— Ah… la valentía de los jóvenes es admirable… — espetó sin parecer admirado — De pie, Draco…

Malfoy se levantó, Voldemort caminó hacia él y tomó su brazo izquierdo.

— Tu misión será… Asesinar a Albus Dumbledore — sonrió con crueldad.

El ambiente dentro de la sala se tensó más, esa no era una misión, era un suicidio.

— Señor, por favor — intervino su madre aterrada — Draco es un niño para esa tarea tan grande…

— Cállate, Cissy, deberías estar orgullosa que tu hijo sea elegido por el Señor Tenebroso — comentó Bellatrix.

— Es un muchacho fuerte y podrá cumplir — levantó la voz Voldemort — ¿O piensas decepcionarme como lo hizo tu padre, Draco? — se burló — Mis queridos Malfoy me han defraudado… Tú eres el único que me puede hacer cambiar de opinión sobre tu familia.

— Lo haré, señor — aceptó con firmeza el pálido chico.

— Bien respondido, tu lealtad estará conmigo… Una cosa más, está absolutamente prohibido que hablen de la misión, nadie más la debe conocer.

Arremangó la manga de Draco, colocó su varita en el antebrazo y dibujó con ella la misma marca que a Alex. El rubio no gritó, pero tensó la mandíbula y agachó la vista mientras corría su sangre entre la serpiente grabada en su pálida piel.

. . .

— ¡No debes ir, Cissy! — exclamaba Bellatrix Lestrenge ..en el vestíbulo de la Mansión Malfoy, sujetando de la capa a su hermana.

— ¡Suéltame, Bella! Ya tomé mi decisión — gruñía Narcisa forcejeando con la otra bruja.

— ¡Él no es de confiar…!

— El señor Tenebroso confía en él.

— ¡El señor Tenebroso se equivoca! — replicó Bellatrix — Además nos ordenó que no lo habláramos con nadie, esto sería traicionarlo…

Narcisa Malfoy cruzó la puerta principal de la residencia y bajo el gris cielo entristecido desapareció en una nube de polvo. La desgarbada bruja castaña gritó "¡Cissy!", salió al patio y en otra nube de polvo ella también desapareció.

Dos pisos más arriba, dos jóvenes descansaban cada uno en su habitación, recorriendo con sus dedos la Marca Tenebrosa que ahora formaba parte de sus cuerpos.

Draco caminaba en círculos preocupado exprimiendo su cerebro ideando una manera eficaz de matar a uno de los magos más poderosos… Contaba con la ventaja de poder traspasar los muros de Hogwarts, era hábil y astuto, sin embargo seguía siendo joven, todavía no terminaba ni el colegio y Dumbledore ya se había enfrentado a innumerables situaciones oscuras a lo largo de su anciana vida. Entrenaría de algún modo (ya que no podía usar magia por ser menor) para ser capaz de enfrentarse a Dumbledore; era diestro en Defensa Contra las Artes Oscuras, lo que ahora necesitaba era aprender las Artes Oscuras, y tenía a la persona correcta para ayudarlo con eso… La experta en maleficios, su tía Bellatrix Lestrange.

Alex miraba angustiada a través de la ventana, observaba las copas de los árboles sacudirse con el viento, de algún modo debía ayudar a Draco con la tarea que Lord Voldemort le había encomendado, pero no quería matar al profesor Dumbledore, no quería que su amigo manchase sus manos de sangre tan pronto. Vio a lo lejos aparecer de la nada dos figuras femeninas frente a la casa, la enorme verja se abrió y las dejó pasar, una tenía el cabello rubio y la otra castaño; caminaban con paso firme y veloz hacia la puerta de la residencia, Alex salió de su habitación en silencio y corrió escaleras abajo hasta llegar al vestíbulo; cuando llegó, las dos mujeres ya estaban ahí.

— Alexandra, al salón — djjo Narcisa en un hilo de voz.

La castaña sin decir más, entró por la puerta seguida de las dos hermanas Black, y cerraron la puerta detrás de ellas. La señora Malfoy susurró un "Muffliato" en la entrada.

— Imagino que ya sabrás lo que te diré — rompió el silencio Narcisa, Alex asintió.

— Es una sucia mestiza, no esperes nada de ella, ni siquiera merece el honor de portar la Marca en…

— ¡Guarda silencio, Bella! — exclamó.

Reprimió un sollozo, volvió a mirar a la joven y prosiguió.

— Al señor Oscuro no le importa si mi hijo muere… — sus ojos iban juntando lágrimas con cada palabra que pronunciaba — Quiere darle una lección a Lucius… Alexandra, te lo vuelvo a pedir, ayuda a Draco.

— Lo haré, señora — respondió.

— Jajajaja, ¿Tú? ¿Serías capaz de matar a Albus, niña? — se burló la otra bruja enseñando sus puntiagudos dientes.

— Si es necesario, sí, de todos modos estoy al servicio del señor Tenebroso — se defendió con la mirada llena de ira.

— Ya lo veremos, impura — musitó Bellatrix, y se echó a reír.

— Confía en Severus Snape, él también hará lo posible para proteger a mi hijo, está de nuestro lado.

A la castaña le dio un escalofrío al pensar que su profesor de Pociones era un mortífago, como ella, y estaría colaborando en la conspiración de asesinar al director.

. . .


Ya había transcurrido un mes de vacaciones, y las semanas que siguieron después de la visita a la mansión Riddle, Draco que apenas se dejaba ver, se pasaba todo el día encerrado en el estudio de la segunda planta con Bellatrix: salía arrastrándose de esa estancia cada ocaso, pues su tía le arrojaba maldiciones sin cesar para hacerlo fuerte y que aprendiera a dominarlas. Narcisa no aprobaba tal entrenamiento, que los últimos cuatro días ya no practicaban.

Una nublada mañana, como todas, Alex decidió saltarse el desayuno, se vistió con otro negro vestido que sacó primero del armario y caminó hacia la Biblioteca. Subió las escaleras de caracol, abrió la portezuela y se sorprendió de encontrar allí, sentado con un libro en la mano, a Draco.

En cuanto la castaña abrió la puerta, el rubio levantó la vista y le sonrió débilmente; se veía agotado, cargaba enormes ojeras debajo de sus ojos, su piel era más pálida sin vida y su cabello despeinado no brillaba como antes.

— Buenos días, Alex — saludó cortés.

— ¡Hola, Draco! Veo que practicar con tu tía no te ha asentado muy bien… — opinó en voz alta.

— Sí, fueron un poco arduas sus lecciones, deberías pedirle asesorías algún día — dijo con una sonrisa maliciosa.

— No es buena idea, aprovecharía para lanzarme una maldición asesina y así librarse de "la sangre impura que sobra en esta casa" — recitó abriendo exageradamente los ojos recordando lo que una vez la loca bruja le gritó en el jardín.

Un ulular conocido les llamó su atención. Por la ventana entraron dos lechuzas cada una con un sobre cuadrado.; se pusieron de pie, subieron por una de las escaleras y caminaron hasta el borde de la ventana.

Las lechuzas levantaron la pata derecha y permitieron que sus destinatarios desataran la correspondencia. Las lechuzas salieron por la misma ventana y emprendieron vuelo hasta perderse del campo de visión.

Los dos muchachos rompieron el sello de Hogwarts y abrieron sus sobres, eran los resultados de los TIMOs. Alex había olvidado por completo que los resultados llegarían en vacaciones, es más, había olvidado en sí la existencia de los TIMOs.

Sacó la hoja de pergamino que venía dentro, la alisó y leyó:

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TÍTULO INDISPENSABLE DE MAGIA ORDINARIA

APROBADOS:
Extraordinario (E)
Supera las expectativas (S)
Aceptable (A)

SUSPENSOS:
Insatisfactorio (I)
Desastroso (D)
Trol (T)

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RESULTADOS DE ALEXANDRA MARGARITA RUSSO

Aritmancia: E
Astronomía: S
Cuidado de Criaturas Mágicas: S
Encantamientos: E
Defensa Contra las Artes Oscuras: E
Herbología: E
Historia de la Magia: E
Pociones: E
Estudio de Runas Antiguas: S
Transformaciones: E

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— Vaya, ¡Aprobé todos y bastante bien! Siete Extraordinarios y tres Supera las expectativas — exclamó emocionada la castaña — Aunque creí que tendría un Extraordinario en Runas Antiguas, no un Supera las expectativas — frunció el ceño.

— Felicidades, Alex — dijo sonriéndole, y arrugando su pergamino.

— ¡No hagas eso! Yo quiero ver tus resultados.

Alex le arrebató a Draco su pergamino con sus calificaciones, lo alisó y al leerlo, profirió un pequeño grito de asombro.

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RESULTADOS DE DRACO LUCIUS MALFOY

Aritmancia: E
Astronomía: E
Cuidado de Criaturas Mágicas: E
Encantamientos: E
Defensa Contra las Artes Oscuras: E
Herbología: E
Historia de la Magia: E
Pociones: E
Estudio de Runas Antiguas: E
Transformaciones: E

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— Eres increíble, Draco, ¡En todo has tenido Extraordinario!

— Sí, bueno… imagino que Theo tiene los mismos resultados… — dijo sin ánimos.

— Con esto te vas asegurando todas las posibilidades para…

— ¡Oh, mira! ¡Ya llegó Poleuv! — la interrumpió aliviado.

Un elfo de enormes ojos verdes, y delgado entró por la puerta oculta de la Biblioteca cargando una bandeja con un apetitoso guisado. Dejó los alimentos en la mesita y se retiró. El mago y la bruja se dispusieron a desayunar tan basto almuerzo.

Draco le contó a Alex que Poleuv era su elfo personal, se encargaba de trabajar en la cocina y limpiar la residencia junto a los otros, pero lo atendía especialmente a él. También le mencionó la historia de un viejo sirviente llamado Dobby que era el elfo personal de su padre, sin embargo por culpa de Harry Potter había sido liberado.

. . .


Llegaron las cartas y listas de libros. El sábado Narcisa acompañó a Draco y Alex al callejón Diagon, Draco aceptó a regañadientes que su madre fuera pero le incomodaba que a sus dieciséis lo sobreprotegiera. Llevaron consigo a una elfina para que cargara las compras.

Al andar por el callejón, Alex notó que estaba mucho más vacío que los años pasados, las personas parecían temerosas y caminaban a toda velocidad sin reparar en nada.

En las paredes y aparadores de los negocios habían colocados llamativos letreros del Ministerio con supuestas medidas de seguridad para que los magos evitaran correr peligro en manos de mortífagos. Otros carteles en blanco y negro, eran fotografías de los mortífagos conocidos que andaban sueltos, como Bellatrix Lestrange por ejemplo.

"Esa maldita bruja atormenta hasta lejos de ella…" pensó con recelo.

El primer sitio al que fueron fue a Flourish y Blotts a comprar dos juegos idénticos de libros nuevos; la elfina con su magia, los encogió temporalmente para transportarlos con más facilidad, de ahí se dirigieron a Scribbulus a comprar pergaminos, plumas y tintas; luego a la Botica de Slug & Jigger por ingredientes para pociones.

Por último, para comprar nuevas túnicas negras y de gala fueron a Madame Malkin; Draco y su madre fueron a buscar unas para él, y Alex se desvió al aparador de túnicas para mujer. No tardó en elegir las apropiadas, pese a que había crecido varios centímetros más, a las túnicas no tuvieron que hacer muchos arreglos más que soltar dobladillos. Pagó sus compras, se dirigía a reunirse con los Malfoy cuando vio entrar al trío dorado que empezaron una discusión con ellos.

Harry Potter y Ronald Weasley apuntaban con su varita a Draco mientras se probaba una túnica de gala

— Guarden las varitas — exigió con frialdad Narcisa — Si vuelven a atacar a mi hijo, me encargaré de que sea lo último que hagan.

— ¿Lo dice en serio? — la desafió Potter — ¿Qué piensa hacer? ¿Pedirles a algunos mortífagos amigos suyos que nos liquiden?

"Buena idea, Potter, no me molestaría lanzarte un maleficio si no te retiras ahora mismo", se sorprendió Alex de pensarlo.

Madame Malkin soltó un gritito y se llevó las manos al pecho. —Chicos, no deberíais acusar… Es peligroso decir cosas así. ¡Guardad las varitas, por favor! Pero Harry no la bajó.

Narcisa esbozó una enorme sonrisa.

— Veo que ser el preferido de Dumbledore te ha dado una falsa sensación de seguridad, Harry Potter. Pero él no estará siempre a tu lado para protegerte.

— ¡Oh! — exclamó Potter, mirando con sorna alrededor — ¡Ahora no lo veo por aquí! ¿Por qué no lo intenta? ¡Quizá le encuentren una celda doble en Azkaban y pueda ir a hacerle compañía al fracasado de su marido!

Draco, furioso intentó abalanzarse pero tropezó con el dobladillo de la túnica que tenía puesta. Alex se acercó para intervenir pero con un imperceptible movimiento de cabeza, la señora Malfoy le indicó que saliera de la tienda, seguramente no quería que los vieran salir juntos.

— ¡No te atrevas a hablarle así a mi madre, Potter! — gruñó.

— No pasa nada, hijo — le colocó una de sus manos de delgados y blancos dedos en el hombro — Creo que Potter se reunirá con su querido Sirius antes de que yo vaya a hacer compañía a Lucius.

Alex salió con la elfina sin hacer ruido, pasó al lado de Hagrid que esperaba de pie en la entrada y avanzó varios locales más esperando que salieran los pálidos Malfoy.

Cuando estos salieron, se reunieron una esquina más abajo y se fueron directo a Twilfitt y Tatting para comprar las túnicas que no le habían podido comprar a Draco en Madame Malkin.

Se probó las túnicas que eligió, la dependienta colocó alfileres a la talla del rubio, había crecido bastante en ese año, además su espalda era más ancha. En lo que hacían los ajustes necesarios a sus túnicas, pidió permiso a su madre para ir a comprar algo que había visto en la tienda de Quidditch, Narcisa se lo pensó pero al final lo dejó ir.

— No tardes, hijo, yo esperaré en lo que terminan los arreglos.

. . .

Draco salió de la tienda y corrió calle arriba, miró en derredor y se desvió por el callejón Knockturn, la callejuela dedicada a las artes oscuras; estaba desierta, así que se apresuró a entrar en Borgin y Burkes, una tienda de objetos siniestros, antes de que alguien lo viera.

La campanilla colgada encima de la puerta tintineó con brío cuando abrió la puerta.

— Joven amo Malfoy, que placer verlo de nuevo por aquí — saludó muy adulador un hombre encorvado de cabello grasiento.

— Borgin — dijo con frialdad — No cuento con mucho tiempo. Tengo un armario similar a este… — dijo señalando un armario negro a sus espaldas — Pero está descompuesto… sabría arreglarlo?

— Es posible — contestó Borgin con tono evasivo — Pero necesito verlo. ¿Por qué no lo trae a la tienda?

— No puedo — repuso Malfoy — Tiene que quedarse donde está. Lo que necesito es que me indique cómo hacerlo.

Borgin se pasaba la lengua por los resecos labios, nervioso.

— Es que así, sin haberlo visto, va a ser un trabajo muy difícil, quizá imposible. No puedo garantizarle nada.

— ¿Ah, no? — dijo Draco, mirándolo con desdén — Tal vez esto lo haga decidirse.

Draco subió la manga izquierda de su capa y dejó al descubierto la Marca Tenebrosa tatuada en su pálido antebrazo; Borgin tembló detrás del mostrador.

— Si se lo cuenta a alguien — amenazó el rubio — habrá represalias. ¿Conoce a Fenrir Greyback? Es amigo de mi familia; pasará por aquí de vez en cuando para comprobar que usted le dedica toda su atención a este problema.

— No será necesario que…

— Eso lo decidiré yo — le espetó Draco — Bueno, me marcho. Guarde bien ése, lo necesitaré.

— ¿No quiere llevárselo ahora? — No, claro que no, estúpido. ¿Cómo voy a ir por la calle con eso? Pero no lo venda.

— Naturalmente que no… señor.

Borgin hizo una reverencia tan pronunciada que parecía que quebraría su espalda.

— Ni una palabra a nadie, Borgin, y eso incluye a mi madre, ¿Entendido?

— Por supuesto, por supuesto —murmuró Borgin, y volvió a hacer una reverencia.

La campanilla tintineó otra vez y Malfoy salió de la tienda muy ufano. Echó a correr otra vez y regresó de vuelta al callejón Diagon.

. . .

— Alexandra, ¿Podrías ir a buscar a Draco? Ya se ha tardado — dijo Narcisa coon un deje preocupado.

— Por supuesto, señora Malfoy, ¿A dónde fue? — inquirió la castaña.

— A la tienda de Quidditch. Esperenme allá, en un momento me reuniré con ustedes.

Alex salió de Twilfitt y Tatting, dobló varias esquinas hasta llegar al empedrado callejón y tras pasar varios establecimientos, llegó a la tienda de Quidditch: era un lugar pequeño, no tardó ni un minuto en recorrer cada uno de los pasillos formados por las estanterías y estuvo segura de que su amigo no estaba allí. Salía por la puerta preocupada intentando pensar a donde podría haber ido cuando un cuerpo más alto que el suyo se estampó contra ella y la tiró al suelo. Abrió los ojos para ver al culpable y ya que iba a empezar a reclamar, reconoció esa cabellera rubia platinada.

— ¡Draco! ¿Dónde estabas? — preguntó la bruja intentando ponerse de pie — Me ha dolido eso, ¿Sabes?

— Para qué te atraviesas en la entrada, Alex — respondió enfurruñado el chico levantándose.

Extendió su blanca mano para ayudar a Russo, la muchacha la sujetó y se incorporó.

— No me has respondido donde estabas, tu madre me envió a buscarte, dijo que estarías aquí… — señaló la tienda de Quidditch — pero es claro que no estabas, venías corriendo, estás despeinado, respiras agitado e incluso tus pálidas mejillas están enrojecidas..

— No dirás nada de esto a mi madre, ¿Verdad, Alex? — murmuró el ojigris como petición.

— No, Draco, pero espero que no te estés metiendo en líos…

— ¿Más líos de en los que ya estoy? — rió burlón pero su risa rápido se apagó.

— Al menos arréglate el cabello para que tu madre no sospeche…

— ¿Por qué? ¿No me veo bien así? — preguntó sacudiendo su cabello con suma gracia que lo hizo verse más atractivo. El corazón de Alex se aceleró pero lo controló de inmediato.

— Qué narcisista, arrogante y sobrevalorado eres, Malfoy — sonrió.

La castaña se irguió y extendió sus brazos para alcanzar su cabeza, reordenó su sedosa melena dejándola ligeramente despeinada porque así le parecía que le quedaba muy bien.

— Ahora debemos esperar a tu madre…

— No será necesario, ya viene — Como si quemara, Alex separó al instante sus manos de Draco, dio un giro de 180° y a pocos metros de distancia vio a la elegante señora Malfoy acercarse caminando, con la elfina a un lado cargando todas las pertenencias de los jóvenes.

— Me complace que ya estén aquí, deduzco que ya podemos marcharnos.

Alex y Draco colocaron sus manos en los hombros de Narcisa y tras una nube de polvo desapareció del despoblado callejón. La elfina doméstica desapareció junto con ellos en su propia pequeña nube polvorienta.