Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, tercer tomo.


EL PRIMERO


A mediados de octubre tuvo lugar la primera excursión del curso a Hogsmeade. El día amaneció tormentoso, anunciaba que no sería bueno. Alex vistió una blusa y un suéter tejido negro de manga larga para evitar que llegara a ser vista la marca; por el clima se puso unos jeans grises y unas botas de agujeta de cuero negro.

Bajó al comedor donde vio a sus amigos, quería ir a Hogsmeade pero Blaise y Pansy ya habían quedado de ir juntos: desde que eran novios, derramaban miel por todos lados y nunca se separaban. Theo y Millicent argumentaron que ellos irían a comprar algunos artículos al boticario y que sería muy aburrido ir con ellos, excusa muy tonta, era evidente que era otra pareja que a diferencia de Blaise y Pansy, no gustaba de mostrarse sus sentimientos en público, o quizá aún no se declaraban.

Acabando el desayuno, sus amigos se fueron primero; la castaña se quedó un rato más observando por la ventana el incómodo clima que se debatía fuera del castillo. Aun así, con paso inseguro caminó hasta el vestíbulo dispuesta a salir y como de costumbre, Filch estaba plantado junto a las puertas de roble, delante de una larga fila de estudiantes entusiasmados por salir. El conserje comprobaba que sólo salieran alumnos que tuviesen permiso para salir, sin embargo por las actuales medidas más rigurosas de seguridad que se llevaban dentro de Hogwarts como por ejemplo, el chequeo del correo y las constantes vigilancias de los límites del colegio por aurores calificados, Filch registraba tres veces a todo el mundo con su sensor de ocultamiento.

El viento azotaba con fiereza a cada uno de los alumnos que salían por las puertas, éstos tenían que caminar agachados para poder moverse entre las fuertes ráfagas de aire frío. Alex se desanimó de ir a Hogsmeade, abandonó la fila y fue a vagar por los pasillos.

Draco no había estado en la hora del desayuno en el Gran Comedor y la castaña tampoco lo había visto en la sala común. Como si sus pensamientos salieran de su cabeza y se adhirieran a la realidad, caminando a un lado de la torre de Defensa Contra las Artes Oscuras escuchó una bien conocida estricta voz de mujer en el primer piso de la torre.

— Muy bien, señor Malfoy, ya lleva más de dos tercios de su castigo, pero lamento informarle que no podrá ir a Hogsmeade en esta ocasión.

— Sí, profesora — respondió una voz masculina con indiferencia.

Alex se asomó con precaución por la ventana que daba al despacho de la profesora McGonagall y vio que Draco estaba allí, sentado en una butaca frente al escritorio, escribiendo un largo ensayo en tinta negra sobre un pergamino.

Su cabello estaba sin peinar y se veía bastante agotado, aunque no parecía tomarle interés al hecho de que su primera expedición a Hogsmeade había sido cancelada. Draco paró repentinamente de escribir, como si tuviera la sensación de algo…

"Ho-oh, ¡Creo que ya me vio!".

La castaña se agachó para ocultarse del campo visual del chico y tuvo la impresión de que sus claros ojos grises perforaban con la mirada el muro de piedra que los separaba y la fulminaba directo a ella.

Después de unos segundos, se aventuró a observar una vez más por el empañado cristal de la ventana, y vio a su amigo tal y como estaba un minuto atrás, concentrado en su deber, como si nunca hubiese pausado.

Alex se retiró de ahí y se dirigió a la biblioteca, estaba un poco más aliviada por haber descubierto que no era la única de su grupo de amigos que se había quedado encerrada ese día en Hogwarts, sino también el príncipe de Slytherin, aunque se lamentaba que Draco tuviese que cumplir un castigo en su lugar.

La castaña pasó un par de horas indagando entre los libros algo que le pudiese parecer interesante, pero todo le parecía aburrido, y bajo la vigilancia de la señora Pince, era imposible acceder a la sección prohibida.

A la hora de la comida regresó al Gran Comedor, había unos cuantos jóvenes sentados ahí (que al parecer habían salido por sus ropas pesadas y llenas de nieve) pero decidieron volver temprano. Los niños de primer y segundo año ocupaban a sus anchas un sitio en el comedor.

Comió sólo un par de tartas y unas cucharadas de la sopa caliente que fue servida en la mesa y abandonó el lugar. Una idea brillante para matar tiempo cruzó por su cabeza, desde que había iniciado el curso no había utilizado el baño de prefectos por los incontables deberes, pero ahora que tenía un día libre era una buena ocasión.

Sin chistar, se dirigió escaleras arriba al quinto piso, detrás de la cuarta puerta a la izquierda de la estatua de Boris el Desconcertado. Los pasillos estaban totalmente desiertos, aun así Alex murmuró en voz baja la contraseña "Frescura de pino" y la puerta se abrió.

El cuarto de baño era muy amplio y limpio. A mitad de la sala se extendía una gran bañera del tamaño de una piscina empotrada al suelo y casi cien grifos de oro la rodeaban. Había usado esa bañera-piscina una vez en toda su estadía en el colegio Hogwarts, y no había sido como prefecta, de hecho fue en su primer año, cuarto curso, cuando erróneamente participó en el Torneo de los Tres Magos. Cedric Diggory es quien le había sugerido usar tal lugar…

Se acercó a un alto armario pegado a la derecha de donde estaban los puestos con inodoros, lo abrió y de él tomó una mullida toalla blanca y una bata de baño del mismo color. Del mismo mueble sacó un shampoo y un acondicionador con olor a fresas, y los colocó en el borde de mármol blanco de la bañera.

Alex seguía sin entender los numerosos grifos, así que abrió al menos unos diez al azar y dejó la bañera llenarse sola; en menos de dos minutos, ya estaba hasta el tope de coloridas burbujas y la superficie del agua cubierta por una espuma blanca que desprendía un embriagante aroma a flores primaverales.

La muchacha se desprendió de su atuendo, dobló su ropa y la dejó en el borde, y se sumergió lentamente en ese entorno acuoso. A su mente arribaron imágenes de recuerdos que parecían tan lejanos pero no tenían más de dos años… el torneo, el huevo de oro al abrirse, las sirenas, Justin en el fondo del lago, su fastidio al no obtener primer lugar en la prueba.

Hace poco menos de dos años ella era una adolescente de catorce años cuyas prioridades se limitaban a las bromas (aunque a decir verdad, había madurado bastante desde que entró a Hogwarts) y a impresionar con sus trucos y hechizos mágicos; de tal fecha a la actualidad, Alexandra Russo se había transformado en una bruja seria, con asuntos que se jugaban la vida y la muerte en el sentido literal total de la expresión. Incluso su aspecto era mayor, todo rastro infantil abandonó su ser; para cualquiera que la conociera desde la niñez, le resultaría difícil creer que aquella pequeñuela bronceada de cachetes redondeados, ojos pizpiretos y sonrisa imborrable de la Subestación de Waverly, era aquella muchacha alta larguirucha de músculos bien formados, lívida de rostro alargado con mejillas hundidas, que por más cordial fuese su comportamiento, no dejaba de intimidar con sus penetrantes ojos marrones.

No se percató de cuánto tiempo aguantó la respiración, pero sus pulmones llameaban desesperados exigiendo a gritos un poco de oxígeno en su interior. A toda prisa agitó brazos y piernas para impulsarse sobre la superficie; ya afuera inhaló enormes y agitadas bocanadas de aire que chocaban como proyectiles dentro de su pecho.

Una vez estabilizada su respiración Alex salió de la bañera, secó el agua escurriendo en su cuerpo con la mullida toalla, ya quitado el exceso se colocó encima la bata de baño anudándola por la cintura; se acercaba a uno de los espejos de los lavabos cuando…

"¡Zap!". El pestillo del pomo se corrió y la puerta quedó entreabierta. La castaña quedó plantada como estatua a unos pasos de la entrada, no se movía un ápice ni respiraba para evitar hacer ruido.

Un segundo… nadie entró. La varita de la bruja estaba enfundada entre sus ropas, no llegaría a tiempo si corriera por ella.

"Por Merlín, estoy desarmada… pero no puede ser algo tan malo, estoy dentro de Hogwarts… dentro de Hogwarts…"

Dos segundos… la quieta puerta se empezó a mover lentamente empujada por una fuerza del exterior, quien fuera que la había abierto ahora se disponía a entrar.

"Estoy dentro de Hogwarts… ¡Además yo soy mortífaga!, quien esté del otro lado debería temerme a mí…"

Tres segundos… Con un veloz empujón la puerta por fin se abrió por competo y antes de que Alex pudiese hacer un movimiento como correr hacia el intruso y cortar su yugular con un fragmento de espejo que habría roto una milésima de segundo antes de que su oponente lograra verla (táctica que imaginó mientras se agarrotaba al frío suelo indefensa), un joven mago cruzó el umbral al mismo tiempo que la puerta se cerraba tras de sí.

Se quedó de pie y posó sus arrogantes ojos grises sobre la figura femenina escarmentada que miraba en su dirección.

— Alex, si pretendías seducirme créeme que no hacía falta que me esperaras sola a mitad del baño con solo una pequeña bata puesta… — rompió el silencio el rubio con un presuntuoso arrastre al hablar — …Aunque la vista de tus largas y blancas piernas descubiertas es muy placentera…

El joven sonrió pícaramente e intensificó su escrutinio sobre la castaña, dando unos cuantos pasos lentamente hacia ella. La muchacha más colorada que el cabello de un Weasley, cruzó los brazos sobre su pecho en señal de protección y dio torpemente un paso atrás.

— ¡Eres un pervertido, Draco Malfoy! — exclamó con aire ofendido — ¡¿Qué haces aquí?! ¡Está ocupado!

— Yo he venido a ducharme ya que como prefecto de la gloriosa casa de Slytherin, tengo derecho a utilizar este baño…

— Te engrandeces con el título de prefecto cuando, te recuerdo, Draco, ¡No cumples con tus obligaciones a excepción de las rondas nocturnas!

— …Y no he necesitado más que decir la contraseña para accesar — prosiguió como si la castaña no lo hubiese interrumpido — ¿Cómo esperabas que me enterase que estaba ocupado? Existe algo llamado " Fermaportus", querida Alex…

— Oh — masculló apenada — lo olvidé…

— Con tu amplio conocimiento dudo que hayas pasado por alto algo tan básico como un encantamiento de cerradura, esto me parece más una bien planeada invitación — Draco le guiñó seductoramente un ojo y se acercó más a ella.

Alex roja como tomate, quiso alejarse del muchacho y trastabilló nerviosa, provocando que su amigo se doblara de la risa soltando una armoniosa carcajada.

— ¡JA JA JA! Mi bruja favorita, aún eres tan inocente — comentó secándose las lágrimas derramadas por tremenda risotada — Pero debes admitir que eres muy descuidada, de haber sido otro quien entrara, ya te habría visto el antebrazo…

La castaña bajó la vista, era cierto: la bata era de manga corta por lo que dejaba al descubierto su antebrazo izquierdo y lo que descansaba en él, la marca; rozó con la yema de sus dedos las oscuras líneas tatuadas.

Draco giró 180° con varita en mano y con un ágil movimiento lanzó un hechizo no verbal a la puerta para asegurarla. Se volvió de frente a Alex y volvió a hablar.

— Sólo he venido a ducharme. Yo te hacía a esta hora aún en Hogsmeade.

— No he ido, no quería ir sola… Blaise y Pansy, Theo y Millicent ya tenían sus propios planes y no quería estorbar…

— ¡Já! Theo y Millicent, ya se habían tardado — comentó sonriendo de lado.

La castaña lo miró, se veía tan agotado, sus refulgentes ojos casi transparentes paradójicamente se veían ensombrecidos pese a que su iris era como pulidos espejos reflejando todo rayo de luz. Pero aún veía esperanza en ese pálido rostro.

Alex no pudo contener un par de lágrimas que esa imagen le provocó, dejándolas escurrir por la tersa piel de sus mejillas y sin meditarlo un segundo más, se abalanzó al pecho del muchacho rodeándolo con los brazos.

— Draco… — susurró — Te extraño demasiado.

Él le correspondió el abrazo. Al joven lo embargó un extraño temblor por todo el cuerpo y en su pecho sentía una roca presionando sus huesos, ¿Era eso a lo que llamaban sentimientos? ¿Acaso era…? Podía oír su corazón latir desbocado sin haber realizado un esfuerzo físico, no podía respirar con normalidad, estúpida presión en su pecho, lo estaba asfixiando.

— Yo… — No supo de decir, quedó enmudecido.

Separó la cabeza de la bruja de su hombro y la miró directo a sus castaños ojos humedecidos: era demasiado hermosa, aún con el semblante alicaído, su fortaleza salía a la luz, no importaba que tan femenina pudiese lucir con sus largas cortinas de pestañas negras y esos finos labios rosados, cualquiera se pensaría más de tres veces antes de meterse en problemas con esa chica.

Guiado por aquella pesadumbre que sentía, Draco cerró los párpados y posó sus labios sobre los de Alex. El dolor en su pecho cesó, sentía su cuerpo aligerarse y por un momento se olvidó de respirar. Los labios de la castaña eran tan suaves y se movían al ritmo de los del muchacho, no los rechazaron como él llegó a temer.

Alex cerró los ojos y se dejó llevar por ese beso, era tan delicado cada roce en su piel que la hacía estremecer. Era su primer beso con Draco Malfoy, y era pefecto. El dolor y preocupación dentro de cada uno se apagó con la magia del amor que estaban sintiendo.

Draco acercó más el cuerpo de la Slytherin al suyo pero recordó el estado en que estaba ella, tan sólo cubierta por una bata de baño; se sintió apenado y la apartó con suavidad de él.

— Será mejor que te vistas, Alex — dijo con las mejillas sonrosadas. Imaginó la envidia que despertaría en todos los chicos del colegio si se enteraran de aquella escena con Alexandra Russo.

La castaña cayó en la cuenta y avergonzada corrió hacia el borde de la bañera donde descansaba su ropa, la tomó, caminó hasta un rincón detrás de una pared cerca del armario y ahí se cambió.

— Será mejor que te deje ducharte, Draco, te veo después — se despidió sonriendo con timidez al tiempo que abría la puerta para salir.

— Alex… — masculló cuando la bruja cruzaba el umbral — Te quiero.

— Te quiero, Draco.

. . .


El día del primer partido de Quidditch llegó. Gryffindor contra Slytherin.

Siempre los partidos entre esas dos casas eran los más esperados en Hogwarts, por ser enemigos naturales. Según las estadísticas de tres días antes de los Ravenclaw, Slytherin vencería puesto que contaban con Draco Malfoy y Alexandra Russo en el equipo; Gryffindor tenía a su jugador estrella Harry Potter pero Katie Bell, una competente cazadora, no jugaría puesto que en la excursión a Hogsmeade había sido embrujada, y tenían de guardián a Ronald Weasley, un fiasco total para el equipo.

Las estadísticas habrían continuado a su favor de no ser porque un día antes, Vaisey, uno de los cazadores de Slytherin, había sido golpeado con una bludger y estaba incapacitado, lo sustituiría Lament de cuarto año pero era pésimo acoplándose con el equipo.

Por si eso no fuera lo bastante malo, el día del partido, Draco anunció que no podría jugar porque estaba enfermo. ¡Draco nunca se atrevería a perderse un partido y menos contra los leones! Pero Alex debió intuir que algo así pasaría, ya que a los entrenamientos el rubio faltaba con frecuencia y entrenaba con ellos su sustituto, Harper.

Harper era un chico bastante agraciado de quinto año, rubio de ojos verdes, pero no era el mejor buscador que se pudiese decir.

A la hora del desayuno, Alex bajó temprano y se sorprendió de comprobar que la mesa de Slytherin ya estaba atestada, todos perfectamente formando una masa verde esmeralda y plata. En cuando puso un pie en la entrada, la muchedumbre rompió en aplausos y gritos.

Alex saludó a su casa con un movimiento de cabeza. Los otros seis jugadores ya estaban desayunando juntos, Urquhart se puso de pie y con un movimiento de mano la invitó a sentarse con ellos. Al no ver la cabeza rubia platinada de Draco por ningún sitio, hizo caso al llamado.

Era la única mujer en el equipo y por vez primera se sintió fuera de lugar. Tomó asiento al lado de Harper, era muy simpático y charlar con él la ayudó a relajarse.

A mitad de su zumo de calabaza, un niño de primer año le llevó un pergamino atado con cintillo morado del profesor Slughorn, le avisaba de que organizaría una fiesta de navidad para el Club de las Eminencias y que podían llevar un acompañante. Parecía prometedora ya que dejaba en claro que asistirían personas importantes también.

Conforme pasaban los minutos, el Gran Comedor se fue llenando por el resto de estudiantes de las otras casas, y como era tradición para las serpientes, cada vez que entraba un jugador del equipo de Gryffindor lo abucheaban ruidosamente.

Cuando entró Ronald Weasley, totalmente abatido, alguien de la masa verde esmeralda le gritó "¡Perdedor!".

— ¡Mira en qué estado viene Ron! — exclamó Goyle apuntándolo con el dedo mientras se burlaba del pelirrojo con el resto del equipo.

Draco seguía sin aparecer y tampoco estaba en la enfermería. Quería verlo antes de salir a jugar…

— El partido empieza dentro de cinco minutos, será mejor que se cambien ya — anunció el capitán.

Los siete jugadores salieron al campo en medio de siseos de ánimo y miradas desdeñosas. El cielo estaba completamente despejado, el clima estaba perfecto, quizá aún tuvieran una oportunidad de ganar.

De las gradas del estadio se podía distinguir con facilidad los partidarios de cada equipo, unos vestían escarlata con dorado y los otros verde esmeralda con plata. Alumnos de Hufflepuff y Ravenclaw también habían elegido partido.

Urquhart se dirigió a la señora Hooch, que hacía de árbitro y ya estaba preparada para soltar las pelotas de la caja. Alex se quedó de pie varios metros atrás de él.

— Estrechen sus manos, capitanes; monten en las escobas. Atentos al silbato. Tres… dos… uno…

Tan pronto sonó el silbato y todos se impulsaron con una fuerte patada en el helado suelo y echaron a volar. Una voz diferente a la que solía ser del comentarista, resonó por todo el campo.

— Bueno, allá van, y creo que a todos nos ha sorprendido el equipo que ha formado Potter este año. Muchos creían que Ronald Weasley, después de su irregular actuación el año pasado, quedaría descartado, pero, claro, siempre ayuda tener una buena amistad con el capitán…

Esas palabras fueron recibidas con burlas y aplausos en las gradas ocupadas por los simpatizantes de Slytherin.

Alex voló hacia Demelza Robins que tenía la quaffle, con un ágil giro alrededor de su escoba le arrebató la pelota. Voló deprisa hacia los aros, por muy poco Ginevra Weasley logra quitársela pero lanzó la quaffle a Urquhart y avanzó junto con él en formación V para protegerlo de los intentos por recuperarla de los cazadores leones.

— Ahí va el primer ataque de Slytherin. Urquhart cruza el campo como una centella y… ¡Paradón de Weasley! Bueno, supongo que todos tenemos suerte alguna vez…

Imposible. Le parecía que había sido imaginación suya, no podía creer que fuera realidad que Weasley parara un tiro tan perfecto como el que su capitán había lanzado.

Alex estaba muy segura de la precisión de sus lanzamientos y sin embargo, parecía que el pelirrojo pecoso leía sus movimientos, paró todos.

El partido iba mal para los Slytherin gracias a la impactante actuación del Weasley; para rematar, Lament era tan incompetente que jamás llegaba a mitad del campo sin que ya le hubiesen arrebatado la pelota. A la media hora de partido Gryffindor ganaba sesenta a cero; marcaban un gol tras otro, y Ronald paraba los lanzamientos con una facilidad asombrosa.

La castaña y daba por perdido el partido cuando una fugaz escoba ondeando una capa verde pasó a un par de metros de ella, seguida de un azabache de capa escarlata. Era Harper volando hacia… ¿La snitch? Sí, era la snitch. Y al parecer le llevaba ventaja a Potter, tal vez no era tan malo jugando y quizá ese rubio los llevaría a la victoria.

Por instinto, Alex voló rápido acercándose a donde se dirigían los buscadores, Harper estaba a sólo unos palmos de la reluciente pelota dorada, con el brazo estirado…

— ¡Eh, Harper! — gritó una voz desesperada, era Potter — ¿Cuánto te ha pagado Malfoy para que jugaras en su lugar?

Se le heló la sangre. Ese comentario también impactó en el chico, perdió la concentración y, al intentar coger la snitch, la pelota se le escapó entre los dedos y pasó de largo. Entonces Potter estiró un brazo y atrapó la diminuta pelota alada. Habían perdido.

Pero eso no le importó ahora a la castaña, ¿Por qué había dicho eso Potter? No negaba que ella también había llegado a esa conclusión porque conocía muy bien la situación de su blanquecino amigo… ¿Eso significaba que el cara rajada sabía o intuía algo bastante certero?

Hizo a un lado sus cavilaciones, miró a Harper que descendía con lentitud al suelo, su rostro apesadumbrado dejaban claro que aquél comentario del Gryffindor le habían dado justo en el orgullo,

"Al menos Draco no ha tenido el descaro de vender su puesto o pagar a alguien por sustituírlo…"

Las derrotadas serpientes caminaron directo al vestuario sin mirar a los espectadores. Ninguno intercambió un comentario, sólo Urquhart dijo algo como "Descuiden, ya lo haremos mejor en el siguiente partido" a lo que nadie respondió, se cambiaron en silencio y salieron de allí arrastrando sus escobas: unos iban al Gran Comedor, otros a su sala común.

Alex guardó su Nimbus 2001 en su habitación dentro de su baúl y salió a la sala, sus compañeros le recitaban amables comentarios y le obsequiaban aplausos y sonrisas; pese a haber perdido, los Slytherin la seguían apoyando.

— ¡Has jugado muy bien, Alex! — gritó Blaise desde el otro lado de la habitación mientras se acercaba, llevaba una bufanda con los colores de la casa — todo ha sido culpa de ese INÚTIL DE LAMENT QUE NO SABE SIQUIERA MONTAR UNA ESCOBA — levantó la voz a propósito para que el chico lo escuchara fuerte y claro.

— No ha sido solo eso — defendió la bruja, aunque en su interior ella también lo culpaba — Weasley ha jugado mejor de lo que cualquiera pudo esperar.

— Ya olvidemos ese partido, ven, Alex, siéntate — llamó Pansy tomando asiento en un sofá.

La castaña y el moreno la imitaron y se sentaron cerca de la ojiverde.

— ¿Te ha llegado la invitación a la fiesta de Slughorn? — preguntó Blaise.

— Oh, sí, parece bastante prometedora, ¿No? Irá un vampiro y gente importante… Intuyo que llevarás a Pansy — soltó con una sonrisa pícara.

— ¡Intuyes bien, Russo! — confirmó con una amplia sonrisa que dejaba entrever sus perfectos dientes.

— ¿A quién vas a invitar tú, Alex? — inquirió la pelinegra mientras acariciaba las puntas de su cabello.

— Pansyti, creo que sabemos la respuesta a eso, es obvio que invitará a Draco — respondió Blaise guiñando un ojo a la castaña. Alex se limitó a sonrojarse — ¿Verdad, Alex?

— No voy a negar que sí considero invitarlo — soltó con una risita nerviosa — pero…

— ¿Pero? ¿Un pero? ¿Qué es lo que estás dudando? ¿O quieres invitar a alguien más? — exclamó Pansy y optó su postura que solía poner al cotillear. Sus ojos verdes se abrieron enormemente como si no quisiera perderse un detalle de lo que su amiga diría.

— No, no es eso… es que Draco pasa mucho tiempo ensimismado en no sé dónde o castigado, y platicamos casi tan poco como ustedes con él…

Le entristeció recordar que desde aquel beso en el baño de prefectos no se habían dirigido más que un "Hola" a mitad de un pasillo o "Pásame la babosa cornuda que se ha pegado en tu cabello" en clase de Pociones.

El sol ya se había puesto, por fortunio ese día no tocaba hacer rondines nocturnos y podría descansar en paz después de un mal juego, sin embargo quiso salir a deambular unos minutos por los pasillos. Subió a la Torre de Astronomía con la esperanza de encontrarse a los gemelos Weasley ahí, apareciendo de improviso detrás de sus espaldas, pero ellos no estarían ahí, en su último año abandonaron el colegio convirtiéndose en leyenda.

Iba ya por el séptimo piso cuando escuchó unas suaves pisadas al frente, alguien venía.

"Espero que no sea el fastidioso de Filch con su bola de pelos…"

La persona que se aproximaba dio la vuelta al pasillo donde estaba plantada Alex, los grises ojos del pálido vieron a la castaña ahí y se acercó.

— ¡Draco! — se apresuró a hablar la Russo — ¿Qué haces por aquí?

— Podría preguntarte lo mismo — respondió arrastrando las palabras y on una ceja arqueada.

— Ya, bueno… Ahora que te veo, Slughorn hará una fiesta de navidad…

— ¿Para el Club de las Eminencias? — dijo en tono burlón recalcando la última palabra — Sí, ya me enteré, todos hablan de ella en el castillo, será el último día antes de vacaciones.

— Sí — confirmó con una pequeña sonrisa — Podemos llevar invitados… ¿Te gustaría ir conmigo? — soltó enrojeciendo estrepitosamente. Agradecía que la iluminación no fuera tan buena así podía ocultar un poco su vergüenza.

— Me encantaría. Pero tendré que rechazar tu invitación con pesar… El profesor Snape ha solicitado una reunión conmigo ese día, me disculpo, Alex… Puedes… invitar a alguien más para no aburrirte.

Draco sintió algo incómodo en su pecho, ¿Culpa? ¿Remordimiento?, no podía, él no era una persona sentimental, decidió ignorar esas sensaciones aunque era una tarea muy difícil teniendo enfrente a Alex.

Los dos chicos se despidieron, la bruja bajó directamente a las mazmorras arrastrando los pies, le había parecido oír un crujido dentro de su pecho cuando Draco dijo que tendría que rechazar su invitación, le habían dolido esas palabras, era una exagerada.

Entró en su sala común, estaba casi vacía, sólo había cuatro o cinco personas charlando con sus pijamas ya puestas. Iba a su dormitorio cuando un chico rubio la llamó.

— ¡Alexandra Russo! ¿Aún despierta? ¡Tienes mucha energía! — exclamó Harper entusiasmado con una amplia sonrisa mostrando sus blancos dientes.

"No más que tú al parecer…"

— Já, no creo, estoy bastante agotada — respondió con sinceridad.

— Oh, debería dejarte ir a dormir — repuso — Felicidades, jugaste muy bien hoy, es una lástima que no ganáramos… — agregó agachando la cabeza culpable.

— Tú también has jugado muy bien tu primer partido, mejoraste enormemente de los entrenamientos, pudiste atrapar la snitch de no ser por… — dejó incompleta su oración, vio de nuevo que el chico se encogía apenado.

Era un año menor a ella pero varios centímetros más alto. Era simpático y la mayor parte del tiempo sonreía, se sentía culpable de hacerlo empalidecer y agachar la mirada con sus comentarios tan impropios.

— ¿Te gustaría ir a la fiesta de navidad que organiza Slughorn conmigo?

Escupió las palabras sin pensar; el muchacho levantó la cabeza sorprendido por la repentina invitación. Una de sus acostumbradas sonrisas perfectas se dibujó en su rostro nuevamente pero ahora destilaban emoción. Aún no decía nada pero estaba claro para Alex que intentaba articular un "Sí".