Aclaro que los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling (Harry Potter), y a Disney Channel (Wizards of Waverly Place).

LOS HECHICEROS DE HOGWARTS, tercer tomo.


NAVIDAD


A primera hora del siguiente día, todo el colegio sabía que Alex iría a la fiesta de Slughorn con el buscador sustituto de Slytherin, Harper.

Las paredes no solo tenían oídos, también enormes bocas que difundían las noticias como si sus vidas dependieran de ello.

A las ocho en punto el día de la fiesta, Alex bajó a la sala común con un bonito vestido verde esmeralda de manga larga decorado con piedras plateadas, con encaje negro en la falda que se extendía hasta sus rodillas; sobre los hombros se colocó una túnica negra por si hacía frío, aunque dudaba que en alguna parte del castillo el clima fuera más bajo que en la sala común de Slytherin.

— ¡Ho-ola, Alexandra Russo…! — saludó nervioso el chico con una amplia sonrisa.

Llevaba una túnica negra y camisa color granate que contrastaban con su rubio cabello y ojos verdes.

— Hola, ¿Nos vamos? — dijo cortés la bruja — La fiesta es en el despacho de Slughorn.

Caminaron hacia el despacho del profesor intercambiando monótonas preguntas y respuestas sobre el clima y las clases. Ya estaban llegando y el rumor de risas, música y conversaciones iba creciendo. El lugar era bastante amplio, probablemente Slughorn lo había ampliado mediante algún truco mágico.

Tanto el techo como las paredes estaban adornados con colgaduras verde esmeralda, carmesí y dorado, lo que daba la impresión de estar en una tienda. La habitación, abarrotada y con un ambiente muy cargado, estaba bañada por la luz rojiza que proyectaba una barroca lámpara dorada, colgada del centro del techo, en la que aleteaban hadas de verdad que, vistas desde abajo, parecían relucientes motas de luz. Desde un rincón apartado llegaban cánticos acompañados por instrumentos que recordaban las mandolinas; una nube de humo de pipa flotaba suspendida sobre las cabezas de unos magos ancianos que conversaban animadamente, y, dando chillidos, varios elfos domésticos intentaban abrirse paso entre un bosque de rodillas, pero, como quedaban ocultos por las pesadas bandejas de plata llenas de comida que transportaban, tenían el aspecto de mesitas móviles.

— ¡Alexandra, querida! — exclamó el profesor inflando su enorme panza y acomodando su sombrero de terciopelo cuando ella entró con su acompañante — ¡Pasa, pasa! ¡Hay un montón de gente que quiero presentarte!

Slughorn la tomó del brazo pero justo en ese momento llegó Harry Potter con Lunática Lovegood y el profesor olvidando la presencia de los Slytherin, se abalanzó a él cual ave de rapiña a su presa.

La velada no iba del todo mal, la música era agradable: Las brujas de Macbeth tocaba en vivo. Sanguini, el vampiro invitado esa noche, alto, demacrado y con marcadas ojeras que parecía aburrirse dedicó una sonrisa a la castaña, se separó del grupo de chicas que lo observaba, caminó hacia ella y la saludó con una reverencia, Harper quedó mudo intimidado ante el chupasangre.

— Señorita Russo, desde que la vi participar en el Torneo de los tres magos he querido conocerla… Yo soy Sanguini, vampiro amigo de Eldred Worple.

Siempre la recordaban por eso, a Alex le disgustaba que pareciera que era lo único que había hecho, aunque realmente era lo único.

— Conozco a los de tu clase, ¿Cómo es que te controlas para no succionar la sangre de aquellas chicas… — dijo señalando al grupito que lo miraba con curiosidad —…o la mía?

— Estoy acostumbrado supongo — respondió con desdén — ¿Cómo es que nos "conoces"?

— La novia de mi hermano es vampiro, congeniamos bien pero un par de veces intentó morderme mientras dormía — explicó.

— Oh, vampiros americanos, siempre sedientos… típico en ellos.

Los profesores e invitados tenían los rostros ya colorados por tomar tantos sorbos de hidromiel, podía distinguirse su grado de embriaguez en las conversaciones que entablaban unos con otros, el único que parecía no beber era el profesor Snape que solía no mezclarse o celebrar ni en fiestas.

"Un momento… ¿Snape? ¿No se supone que estaría con Draco justo ahora?"

— Tienes una habilidad natural para el quidditch — decía Harper creando una charla con su compañera — Mi equipo favorito son Las avispas de Wimbourne, no sé si los conoces, juegan en la Liga de Inglaterra e Irlanda…

Alex movía la cabeza en señal de que lo escuchaba pero no tenía interés en oír su plática.

"¿Acaso la reunión acabó demasiado pronto de lo esperado? ¿O apenas lo harán?..."

— No sé ni lo que digo, ¡Por supuesto que los conoces! Ludo Bagman fue golpeador de la Liga inglesa en los mejores años del equipo, y tú tuviste contacto con él durante el Torneo ¿No?

La castaña asintió.

— ¿Cuál es tu equipo favorito de quidditch? ¡Debes tener uno!

— Ah… en realidad no tengo uno… — dijo, viendo como el rostro de Harper hacía una mueca de sorpresa y se preparaba para interrogarla —…pero me impresionan Las arpías de Holyhead — añadió tratando de evadir el interrogatorio que veía venir.

— ¡Oh sí! ¡El equipo femenil! Escuché que en una de las reuniones del Club de las Eminencias Slughorn llevó de invitada a Gwenog Jones, la actual capitana, yo estuve presente en la entrevista que la prensa le hizo en el último partido que…

Al parecer el muchacho era capaz de mantener estimulante la conversación él solo.

Un ensordecedor ruido de la puerta del despacho abriéndose de un empujón llamó la atención de los invitados. Argus Filch llevaba arrastrando por la oreja a Draco, el rubio avanzaba quebrando el cuerpo porque el conserje era al menos un palmo más bajo que él.

— Profesor Slughorn — dijo Filch con su jadeante voz; le temblaban los carrillos y en sus ojos saltones brillaba la obsesión por detectar travesuras — Acabo de descubrir a este joven merodeando en un pasillo de arriba, afirmó que había sido invitado a su fiesta.

Malfoy se soltó con un tirón.

— ¡Está bien, me invité solo! — reconoció a regañadientes — ¿Feliz?

— No pasa nada, Argus — lo apaciguó Slughorn agitando una mano — Es Navidad, y querer entrar en una fiesta no es ningún crimen. Por esta vez no lo castigaremos. Puedes quedarte, Draco.

"¿Me ha rechazado para venir él por su propia cuenta?", pensó contrariada la muchacha. Lo miró, se veía decepcionado a pesar de que el profesor lo invitó a estar en la fiesta.

"¿O acaso tenía algo mejor que hacer que estar aquí…?"

Draco sonrió y le dio las gracias a Slughorn por su generosidad. Al parecer había logrado tener una charla con el profesor y este la aceptaba con gusto, efectos del hidromiel. Lo miró con más atención, el chico ya no se veía pálido, sino albino, su piel era tan transparente que se veía del mismo color de su cabello blanquecino. Lo único que destacaba era el color oscuro de sus ojeras que combinaban con la túnica negra.

Snape se acercó a ellos y en segundos, se marchó con Draco siguiéndole los pasos con cara de pocos amigos. Harry Potter los miraba con la misma avidez que Alex y al verlos irse se separó de su pareja y se escabulló de la fiesta. La castaña no pasó desapercibido tal acto y si sus suposiciones eran ciertas acerca de las sospechas de cara rajada, debía hacer algo.

— Iré al tocador, ya vuelvo, Harper…

— ¡Está bien! — respondió el chico que parecía estar pasándola muy bien.

En cuanto logró salir del despacho sin ser vista, se llevó la sorpresa de que nadie estaba en el pasillo. Sólo llevaba de diferencia unos cuantos segundos a la salida de Potter pero este había desaparecido.

Merodeó recorriendo cada esquina, cada pasillo, pero no vio rastros de Potter ni Draco ni Snape.

Cuando se disponía a volver a la fiesta, se topó con el rubio que avanzaba a grandes zancadas y el rostro enfurecido de vuelta a su sala común.

— ¡Hey… Draco! — lo llamó la muchacha — ¿Estás bien?

— A ti eso que te importa, vuelve a tu fiestecita con Harper, debes estar ansiosa de volver con él — escupió iracundo el ojigris sin mirarla.

— Al menos él no me ha rechazado con mentiras — soltó resentida apartándose de su camino.

— Apuesto a que ya habías invitado a alguien antes que a mí pero también te rechazó, o quien sabe cuántos más te habían dicho que no.

El pálido caminó más rápido y se perdió de vista tras una esquina dejándola sola en medio de un silencio escalofriante y el bullicio proveniente de la oficina de Slughorn.

Unos pasos se aproximaban a donde se encontraba la castaña, temía que fuese Snape y la regañara por vagar entre los pasillos, bastante le incomodaría al profesor tener que lidiar con la vergüenza de que dos de sus estudiantes fueran atrapados por el conserje en esa misma noche.

Pero no fue la túnica ondeando como murciélago la que vislumbró, sino la elegante túnica de gala de un despeinado azabache, que avanzaba con pasos inseguros sumido en sus pensamientos. A un metro de Alex, Potter se percató de su presencia por su dulce perfume que había inhalado.

El ojiverde planteó irse sin dirigirle la palabra pero su deseo por descubrir al rubio lo impulsó a hablar. Pretendía ser cuidadoso con las palabras para no causar desconfianza y obtener algo de información de la "mano derecha" de la serpiente albina.

— ¿Qué es lo que está tramando Malfoy? ¿Es un mortífago? — masculló fracasando en su cometido.

— ¿De qué hablas, Potter? — respondió fingiendo desconcierto. De pronto la sangre se le convirtió en filosas agujas que arañaban el interior de sus venas.

— Sabes de lo que hablo, ¿Cuál es su misión? ¿Lo ha enviado Voldemort?

Alex sintió un escalofrío a la mención de aquél nombre con tanto atrevimiento; no gustaba ser del grupo de supersticiosos que temían nombrar al señor Oscuro por miedo a que sus palabras llegasen a oídos del aterrador mago, pero después de su intromisión en la mente de Alex en quinto año, esa podía ser la excepción.

— Ya imaginaba que no responderías, proteges a tu señor Malfoy — bramó con desagrado cara rajada — A no ser que…

— Deja en paz a Draco, Potter, ocúpate de tus asuntos — exclamó la castaña harta del entrometimiento del azabache.

— … Tú eres una de ellos — conjeturó — ¿También te han hecho la marca? ¿Es por eso que siempre cubres tus brazos ahora?

El chico señaló los delgados brazos de Alex, que hacía mucho no habían tomado un poco de sol. La muchacha apartó al Gryffindor con fuerza que por poco lo tira al suelo y volvió a la fiesta, prefería adormilarse con la conversación de Harper que estar un segundo más con el fizgón y perspicaz Elegido.

. . .


En el expreso de vuelta a casa, o mejor dicho, a la Residencia Malfoy, Alex tuvo que compartir vagón con un muy malhumorado Draco, el muchacho tenía deseos de permanecer en el colegio esas navidades pero su madre había insistido en que volviera a la mansión, el rubio aceptó con desgano. Para su desgracia compartiría su techo con la castaña que lo había sacado de quicio.

La bruja no sabía cómo decirle acerca de su "charla" con Potter el día de la fiesta, estaba tan enfadada y dolida con él… se lo diría a Narcisa, después de todo ella no era testaruda y sabría dar la mejor solución al obstáculo escarlata.

El silencio era tan incómodo y palpable que ni Blaise quiso entrar al compartimiento de sus amigos.

A algunos cuantos metros, dentro del mismo vagón, un pelinegro conversaba con una comadreja. Potter estiraba sus piernas sobre el sillón y recargaba la espalda en la ventana. Llevaba en sus manos un dichoso libro de texto muy desgastado que desde el inicio de curso no soltaba ni para ir al baño.

— Hombre, admito que ahora yo también pienso que Malfoy puede ser un mortífago, y lo de Snape… ¿Te has puesto a pensar lo que dirá la Orden?

— Sí, saldrán en su defensa porque Dumbledore confía en él — resopló — Lo que ahora temo es que Russo también sea uno de ellos.

— Creo que exageras Harry, tal vez solo es otra enamorada de Malfoy, ¿Dos mortífagos en Hogwarts? — tembló el pecoso.

— O tres…

Hicieron una pausa, Ronald no estaba de acuerdo en que la Slytherin resultara ser del bando opuesto, ¿Para qué podría querer Lord Voldemort a una niña?

— ¿Juramento inquebrantable? ¿Seguro de que Snape dijo eso? — preguntó el pelirrojo evadiendo el tema acerca de Russo.

— Absolutamente, ¿Por qué?

— Po-porque no puedes… romper ese juramento — explicó con temblor en la voz.

— Extrañamente eso ya lo había deducido — hizo un mohín arrugando la frente. Irguió la espalda y plantó sus piernas al suelo, recobrando la postura — ¿Y qué pasa? ¿Qué pasa si rompes un juramento inquebrantable?

— Te mueres… — respondió llanamente.

. . .

El día de Nochebuena los Weasley y sus invitados estaban pasando uno de sus escasos días libres dentro de la Madriguera, que había sido decorada tan magníficamente que parecía una exposición de cadenetas de papel. Molly Weasley preparaba la cena escuchando en la radio un programa navideño interpretado por su cantante favorita, Celestina Warbeck, mientras obligaba a su hijo varón menor, Ronald, a ayudarlo. Fred y George jugaban naipes explosivos con su única hermana, Ginevra.

En la sala se habían establecido Remus Lupin, Nymphadora Tonks, Arthur Weasley y Harry Potter en una pequeña reunión, la señora Weasley no estaba para nada contenta con que un día como ese los magos quisieran hablar temas preocupantes.

— ¿Voldemort escogió a Draco Malfoy para una misión? — preguntó el ex profesor de DCAO.

— Sé que sueña extraño…

— Harry, ¿Se te ha ocurrido que Snape podría estar fingiendo ofrecerle ayuda a Draco para averiguar lo que trama?

— No sonó a eso — dijo el menor fastidiado de escuchar siempre lo mismo.

— Harry podría tener razón — terció Tonks — Hacer un juramento inquebrantable es…

— Se resume en si confían en el juicio de Dumbledore o no — interrumpió Lupin con firmeza — Dumbledore confía en Snape, por lo tanto también yo.

— Dumbledore se puede equivocar, él mismo lo admi…

— Estás obsesionado por el odio — cortó el hombre castaño.

— No es cierto…

— ¡Claro que sí! — resopló — Desaparecen personas todos los días, Harry, podemos confiar en muy poca gente y si peleamos entre nosotros estamos perdidos.

Ante la negativa de Remus Lupin a ceder a las sospechas del muchacho, éste cambió la conversación.

— ¿Qué ha estado haciendo usted últimamente? — le preguntó Potter.

— He estado trabajando en la clandestinidad — respondió Lupin — Por eso no he podido escribirte; de haberlo hecho me habría expuesto a que me descubrieran.

— ¿Qué quiere decir?

— He estado viviendo entre mis semejantes — explicó — Con los hombres lobo — añadió al ver que el azabache no entendía — Casi todos están en el bando de Voldemort. Me ha costado ganarme su confianza. No puedo disimular que he vivido entre los magos, ¿Comprendes? Los hombres lobo han rechazado la sociedad normal y viven marginados, roban y a veces incluso matan para comer.

— ¿Por qué apoyan a Voldemort? —Creen que vivirán mejor bajo su gobierno. Y no es fácil discutir con Greyback sobre estos temas…

— ¿Quién es Greyback?

— ¿No has oído hablar de él? — Lupin cerró sus temblorosas manos sobre el regazo — Creo que no me equivoco si afirmo que Fenrir Greyback es el hombre lobo más salvaje que existe actualmente. Considera que su misión en esta vida es morder y contaminar a tanta gente como sea posible; quiere crear suficientes hombres lobo para derrotar a los magos. Voldemort le ha prometido presas a cambio de sus servicios. Greyback es especialista en niños… Dice que hay que morderlos cuando son pequeños y criarlos lejos de sus padres para enseñarles a odiar a los magos normales. Voldemort ha amenazado con darle carta blanca para que desate su violencia sobre los niños; es una amenaza que suele dar buen resultado — hizo una pausa, y agregó — A mí me mordió el propio Greyback.

Molly se acercó a ellos argumentando que era de mal gusto hablar temas como esos en Noche Buena, y que pronto sería hora de cenar. La velada transcurrió afable, los Weasley sin excepción se retacaron los estómagos con tanta comida que alcanzaría para cinco personas con apetitos normales

La hora de retirada de Lupin y Tonks llegó, el señor y la señora Weasley abrieron la puerta para despedir a sus dos compañeros y amigos.

— Estuvo delicioso, Molly, gracias.

— ¿Seguros que no se quedan? — preguntó la regordeta mujer preocupada.

— Tenemos que irnos, la última noche del ciclo es la peor.

— ¿Remus? — Arthur pronunció dubitativo, veía al hombre lobo mirar con inquietud hacia la maleza que se extendía alrededor de la Madriguera.

Las dos mujeres prestaron atención a la actitud desconfiada del castaño y guardaron silencio, sólo se podía escuchar el sonido del viento chocando contra las altas hierbas…

Una bola de fuego apareció de la nada y chocó contra el patio de la humilde morada, encerrando la casa en un círculo de fuego que amenazaba con expandirse e incendiar todo a su paso.

. . .


Las navidades en la Mansión Malfoy no solían ser como en la Subestación Waverly. No había adornos, los residentes se hablaban lo necesario, no convivían. Si de por sí era frío el ambiente aún en festividades, en la de ese año era más tenso ya que Lucius seguía en Azkaban y Draco encomendado a una misión suicida.

Alex prefería pasar las 24 horas del día encerrada en la habitación que tenía asignada, era mejor que salir de ella y toparse con Bellatrix lanzándole insultos como "¡Maldita impura!", "Eres una vergüenza para la sangre mágica, ¡Asquerosa Mestiza!" o "Serás la cena de Nagini, ¿Para qué más serviría alguien como tú?". Aunque cabía decir que la "señorita" Lestrange casi no se veía paseándose por la casa, pasaba día y noche encerrada con Draco en el estudio del segundo piso entrenándolo; aun así era mejor asegurarse.

El día que llegó a esa asquerosamente elegante casa con la señora Malfoy y su hijo después de bajar del tren, comentó a Narcisa lo ocurrido con Potter en el corredor.

— Así que ese petulante entrometido no hace más que seguir a mi hijo… lo envidia, no hay duda, sin embargo pone en peligro toda la misión, está hambriento de venganza contra toda nuestra familia… — los ojos azules de Narcisa se humedecieron pero no derramó una sola lágrima — Apártalo, Alex, pide ayuda a Severus, no se lo digas a Draco o puede cometer otra imprudencia.

— Lo haré — prometió.

Definitivamente mantener callado eso a Draco no le causaría ningún problema, de por sí no se hablaban desde hace semanas.

En Noche Buena sabía que no podría esperar un banquete especial para celebrar, pero tampoco esperaba oír tan desagradable noticia, no estaba lista. Bellatrix había salido en la mañana llamada por su señor y cuando ya oscurecía volvió a la mansión. Se reunió con Narcisa en el vestíbulo.

— ¿Qué te ha dicho, Bella? ¿Es algo sobre la misión? — preguntó temblorosa la rubia. La despeinada bruja profirió una radiante y enferma sonrisa.

— El señor Tenebroso nos ha encargado otra labor para esta noche — escupió mostrando su lengua de serpiente.

— ¿Nos? — preguntó asustada.

— Así es, Cissy, a Draco, a mí y a la mestiza — respondió dando vueltas alrededor de su hermana como si fuese una niña a quien acababan de darle una estrella dorada — ¡DRAAAAACOOO! ¡IMPURAAAAA! — gritó con su voz cantarina en las escaleras — ¡TÍA BELLA HA TRAÍDO REGALOS!

— ¿De qué se trata, Bella? Dime.

— No, hermanita, deben saber ellos primero — contestó con su fastidiosa sonrisa.

— Entonces dinos — terció una potente voz masculina y jovial.

El menor de los Malfoy bajaba por las escaleras seguido por una castaña que miraba atenta a la loca de la familia.

— Enhorabuena, sobrino, te alegrarás: el señor Tenebroso nos ha asignado una tarea esta noche — sacudió sus brazos como si tocara un tambor imaginario — Iremos a la casa de los pordioseros traidores a la sangre, con Greyback. Dijo que sólo debíamos escarmentarlos pero un par de víctimas no estarían mal — rió — Aquí están sus obsequios… — de su túnica, la bruja sacó dos máscaras en forma de calavera y se las lanzó.

Los dos jóvenes sin hablar, subieron a sus recámaras, cambiaron sus atuendos: Alex se vistió un pantalón y una blusa de manga corta ajustada de color negro, encima se puso una falda de cortes desiguales triangulares, que las puntas más largas rozaban sus tobillos y se ató un corsé de cuero de cintura, los antebrazos los cubrió con guantes negros; por último calzó unas botas altas de agujeta y se puso una túnica negra. Al verse al espejo sintió desprecio de que su reflejo se pareciera tanto a Bellatrix Lestrange. Guardó su varita en un bolsillo interno.

Bajó al recibidor, ya la esperaban los Malfoy, Draco cargaba una gabardina negra hasta las rodillas, botas de cuero y la túnica.

— ¿Listos? — siseó la bruja mayor.

Los muchachos se colocaron la máscara de calavera en los rostros y asintieron. Salieron fuera de los límites de la mansión, tomaron del brazo a Bellatrix que hizo gesto de asco cuando la castaña la tocó a través de su guante, y desaparecieron.

Esa desastrosa sensación de nuevo. Abrieron los ojos, estaban de pie en medio de matorrales altos que los ocultaban de vistas curiosas. A lo lejos se veía una casucha de madera que rompía todas las leyes de la física, algunos pisos superiores eran más grandes que los de abajo y se sujetaban por delgados troncos. Sólo se podía escuchar el sonido del viento chocando contra las altas hierbas.

— Ustedes esperen aquí — siseó la desgreñada — cuando de la señal, ataquen.

La bruja salió corriendo sigilosamente en dirección a la casa y se perdió de vista.

— ¿Atacar? Pero no podemos usar magia si somos menores de edad… — susurró para sí la joven.

— Podemos, el ministerio no sabe con exactitud cuándo y quien es el culpable de la magia, estamos en territorio Weasley, así que no podrán averiguar que fuimos nosotros — musitó el rubio.

Alex se sorprendió, sinceramente no esperaba una respuesta. Pero lo que Draco le dijo la hizo entender algo, "Así que después de todo, si usas magia en tus entrenamientos…".

Una bola de fuego apareció de la nada y chocó contra el patio de la humilde morada, las llamas elevándose varios metros arriba se podían ver desde donde se ocultaban los jóvenes.

— Esa es la señal — exclamó el rubio, que cubría su cabello con el gorro de la túnica.

Ambos se separaron y corrieron internándose en la maleza hacia el lugar de donde provenían gritos cantarines de Bellatrix.

— ¡Yo maté a Sirius Black! ¡A que no me alcanzas! ¡Ja JA JÁ Ja!

A pocos metros de distancia, Harry Potter pasó corriendo frente a la Russo, pero no la vió, estaba tan concentrado en atrapar a la demente bruja asesina de su padrino…

— Ven por mí… — se escuchó un último susurro.

Potter estaba llegando a un punto muerto y no iba solo… una cabellera larga y roja iba en la misma dirección.

Alex los miraba a poca distancia; del otro lado estaba Draco con Bellatrix, y cerca de ella apareció Greyback, un hombre muy alto y peludo, parecía haber quedado atorado en la transición de humano a licántropo: lo que más impresionaba de su apariencia eran sus voraces ojos azules con una orilla negra exageradamente gruesa.

Los dos Gryffindor estaban de pie sobre un suelo fangoso y rodeados por los cuatro mortífagos. Greyback se dejó ver primero; Potter lanzó un "Desmaius" que el hombre lobo sin hablar, con un movimiento de su varita desvió el ataque y se volvió a ocultar en la hierba.

Bellatrix atacó, Draco la imitó. Alex ante la opresiva mirada del otro mortífago lanzó encantamientos de ataque también. En algunas ocasiones tenía que susurrar los hechizos ya que no dominaba los no-verbales.

El oscuro cielo se iluminó con haces rojos y azules que salían de las varitas de los combatientes, a pesar de ser cuatro contra dos, aún no aturdían a alguno.

— ¡HARRY! ¡GINNY! — gritaron.

Dos hombres (uno de ellos el papá de los Weasley) y una mujer se unieron a la batalla, ahora eran cuatro contra cinco, Bellatrix anunció la retirada.

— ¡Quemen la casa de los Weasley! — musitó a los menores y se elevó por los aires con Greyback, dando vuelta sobre las cabezas de los que antes habían estado acorralados.

Draco y Alex corrieron a toda velocidad donde se erguía la extraña y desproporcionada vivienda; estando a una distancia aceptable, los dos magos apuntaron la casa con sus varitas y exclamaron:

— ¡Incendio!

— ¡Incendiooo!

El fuego apareció sobre los cuartos de madera y empezaron a consumirse. De la casa salieron corriendo la señora Weasley, Ronald, Fred y George. La castaña dejó escapar un suspiro asustado debajo de su máscara, el pecho le ardía tanto como la madera vieja de la residencia de los Weasley, no esperaba que aquellos pelirrojos iguales que alguna vez fueron sus amigos, llegasen a ser víctimas de su primer ataque por órdenes del señor Tenebroso.

Corrió detrás del blanquecino para reunirse con su loca tía, la única que los podía sacar de ahí. Una vez se encontraron con ella, la tomaron de los brazos y desaparecieron del lugar.