Capítulo 2
Nuevo trabajo, nueva ciudad, nueva gente. Había cambiado de vida porque la que tenía anteriormente no me satisfacía. Estaba cansada de la gente falsa, que te complica la vida. Necesitaba respirar aire nuevo. Kioto era una bonita ciudad, pero el ambiente me asfixiaba. Decidí mudarme a Fuuka.
Mi currículum era lo suficientemente bueno como para permitirme entrar en una sólida compañía en esa ciudad. Y allí me fui, con poco equipaje, pero con muchos recuerdos de tiempos ya perdidos.
La primera vez que la vi fue en la fiesta de Navidad. Yo recién había llegado, y todavía no conocía a la gente de mi departamento al completo. Con quien más relación había entablado había sido con Tate. Era un chico abierto y sonriente, el cual me recibió el primer día y me enseñó el lugar. Tate tenía una novia, que trabajaba en un restaurante. Aunque aún no había tenido el placer de conocerla. Tate siempre hablaba muy bien de ella. Se notaba que estaba muy enamorado.
El caso es que mi coche estaba arreglándose el día de la fiesta de Navidad. Así que tuve que pedir que me llevara alguien para ir al lugar donde se celebraría la cena. Mi jefe, Yamada, me ofreció llevarme con él. Yo acepté. De todas formas, no conocía a mucha gente, y mi jefe parecía ser bastante amable.
Pero había alguien más que no tenía coche, a quien Yamada también iba a llevar. Nos pasamos por su despacho. Allí, en una pequeña habitación con un mobiliario minimalista, estaba la mujer que me quita el sueño.
- ¿Cómo te llamas? - Me preguntó en su voz de mezzo.
- Shizuru. Fujino Shizuru. - Respondí con mi sonrisa ensayada. - ¿Y tú?
- Natsuki. Kuga Natsuki. - Me dijo extendiéndome su pequeña mano.
- Encantada. - Apreté su mano suavemente.
- No eres de por aquí, ¿no? - Dijo con una leve sonrisa. - Tu acento no es de esta región.
- No. No soy de por aquí. Soy de Kioto.
- Estuve en Kioto. - Dijo en tono conversacional. - Pero yo era muy pequeña, y no me acuerdo mucho.
No parecía tener mucho interés en mí. Su conversación parecía un poco forzada. Como si no estuviera acostumbrada a mantener conversaciones banales. Yamada nos salvó del aburrimiento, llevándonos hasta su coche. Mi impresión en el coche era que ambos se conocían muy bien. Su interacción era fluida, y nada artificial. Yo, sin conocerlos mucho, me mantuve al margen en la parte de atrás del coche.
Una vez en el restaurante, vi a Tate que se sentaba con algunos conocidos del departamento. Me dirigí directamente a su mesa. Natsuki me siguió y, de alguna manera, se las arregló para sentarse a mi lado. Supongo que el hecho de haber compartido coche y haber llegado a la vez a la fiesta hizo que acabáramos en la misma mesa.
Yo intentaba seguir la conversación, pero la mayoría eran cotilleos, y yo no conocía tan bien a la gente. Observé que Natsuki se mantenía callada, con algún que otro comentario sin importancia. Bebía lo que Takeda había denominado un cóctel gay. Yo no conocía de qué cóctel se trataba. Con una sonrisa, Natsuki me ofreció probarlo, pero decliné la oferta. No acostumbro a beber de los vasos de otras personas. Aunque me picó un poco la curiosidad.
Tate acaparó la conversación. Hablaba sobre su afición al kendo, y contaba batallitas sobre cómo su amigo Takeda y él habían participado en competiciones en sus años de universidad. Yo mantenía mi sonrisa amable ante todos los comentarios, pero sin interesarme mucho la conversación.
También se sentaba con nosotros un tal Reito. Reito iba vestido de elfo, y llevaba una saco. Decía que llevaba dulces en él, pero nadie se atrevía a coger ninguno. Reito tenía la fama de gastar bromas pesadas, así que nadie quiso saber lo que contenía el saco.
Después de los postres fuimos a la zona de bar. El lugar era extraño. Había una pequeña habitación cerca de la barra con un pequeño fuego y unas pocas mesas. Me gustó el sitio, y me senté allí, disfrutando del calor del fuego y el ambiente hogareño.
Natsuki, de nuevo, se sentó en la misma mesa que yo. Me invitó a un vaso de sake, que decliné. No estoy acostumbrada a beber bebidas fuertes. Seguía con mi copa de vino tinto. Hubiera preferido una taza de té, pero no parecía apropiado cuando todo el mundo parecía beber ingentes cantidades de alcohol.
- Supongo que Fuuka te parecerá un poco pequeña para lo que estás acostumbrada. - Natsuki empezó la conversación.
- Sí, bueno. Me apetecía cambiar de aires. - No quería comentar sobre mis razones para mudarme. La verdad es que los últimos años habían sido horribles en el plano personal, y necesitaba un poco de aire fresco y comenzar de nuevo.
- Yo vivo en Tokio. - Natsuki parecía controlar la bebida bastante bien. No parecía borracha. Sólo un poco habladora. - ¿Conoces Tokio?
- La verdad es que no mucho. - Realmente no conocía mucho Tokio. Es la capital, y había ido como turista, pero nunca había vivido allí. Además, Tokio es una de las ciudades más grandes del mundo. Sin duda se necesitaría una vida para conocerlo a fondo.
- Siempre que quieras puedes venir y quedarte en mi apartamento. - Me sorprendió Natsuki.
Natsuki me ofreció su casa in ni siquiera conocerme. Le sonreí agradecida. La verdad es que lo primero que pensé es que era una persona muy amable. Parecía querer hacerme sentir bienvenida, y me ofreció su hospitalidad sin yo haberlo pedido.
A pesar de que Tate había sido muy amable hasta ese momento, no me había ofrecido su casa para poder quedarme mientras encontraba un lugar para vivir. Yo lo atribuí a que yo era una extraña, y él vivía con su novia. El hostal que me habían recomendado no era muy de mi agrado. Sobre todo por la dueña. Era una persona extraña, que no me permitía estar a ciertas horas en mi habitación, con la excusa de que tenía que limpiarla.
Así pues, el ofrecimiento de Natsuki me pareció muy dulce. Pero, justo inmediatamente después de pensar que había sido muy amable, se me pasó por la cabeza que su ofrecimiento podría tener también una componente más personal. Y fue justo al pensar en ello que me fijé en sus ojos. Esos ojos verdes tan expresivos y a los cuales he llegado a adorar. Me atrajo con su mirada, y con su sonrisa. Me fijé en su sedoso y largo pelo negro. Su piel blanca y perfecta. Y despertó en mí el deseo. Un deseo que hacía mucho tiempo no había sentido por nadie.
La miré preguntándome qué escondía ese ofrecimiento espontáneo. ¿Pura amabilidad, o algo más? Me quedé con las ganas, porque en ese momento aparecieron Tate y algunos otros del departamento. La fiesta se movió hacia la zona de discoteca, donde ya no se podían tener conversaciones.
La fiesta prometía ser memorable. Todos bailaban, incluso Yamada. Aunque más bien nadie se acordaría de ella, dado las ingentes cantidades de alcohol que se consumían. Me hubiera quedado hasta el final, pero tenía que levantarme temprano, a pesar de ser sábado, puesto que había encontrado un apartamento de mi gusto y tenía que trasladar mis cosas desde el incómodo hostal a lo que sería mi casa por un tiempo.
Me despedí de todos, con especial énfasis en Natsuki. Creo que todo el mundo se dio cuenta de mi atracción por ella. La próxima vez bebería menos. Es lo que hace el alcohol, que desinhibe. Como reza el adagio latino, in vino veritas.
Aquella noche me dormí con al imagen de esos ojos verdes sonriéndome. Seguramente podría hacer que me sonrieran de nuevo, ¿o no?
