Unos golpes en la puerta la despertaron. Se había quedado dormida poco después de colgar con sus hijos. Se levantó lentamente, aún con sueño y se lavó la cara y limpió con cuidado los rastros de maquillaje corrido que se marcaba debajo de sus ojos. Parado en la puerta estaba Steve que miraba a sus pies, alzó la vista en cuanto escuchó la puerta abrirse y le dedicó una sueva sonrisa a Natasha.
-Hola.- La saludó el soldado.
-Hola, ¿Pasa algo?
Steve la veía con una sonrisa tímida dibujada en su rostro, podía decirle un millón de cosas, pedirle explicaciones y culparse de muchas más, tal vez la cosa no había funcionado por él, pero no lo haría, ¿por qué desperdiciar el tiempo en discusiones?
-El Dr. Banner llegó.- Su mano se fue directo a la nuca y se despeinó un poco el cabello.- Tony quiere que vayamos todos a tomar algo, para celebrar la reunión, nos vamos en quince minutos.
-Está bien, enseguida voy, gracias…adiós.- Se despidió con timidez y cerró la puerta lentamente dedicándole una sonrisa.
Quince minutos, solo esperaba que Stark no tuviera la maravillosa idea de ir a un lugar elegante, no le daría tiempo de arreglarse para eso. Volteó su bolsa buscando que ponerse, terminó en jeans y una blusa negra, no más, acomodó sus tacones y tomó su bolsa. Estaban todos puntuales, esperando solo a Tony, partieron después a un bar, ya conocido por todos, escondido en callejuelas, cerca de Central Park.
Fue bueno que estuvieran todos juntos de nuevo, bromearon, recordaron viejos tiempos y se pusieron al corriente de lo perdido en seis años, no era mucho para todos, excepto para Natasha. Clint no paraba de hablar de Bárbara y su hijo, ahora sabían todos muy bien que la había conocido un año después de la separación de los vengadores, Bárbara o "Bobbi" como la llamaba de cariño, bióloga de profesión, trabajaba en un laboratorio y de vez en cuando lo ayudaba con la escuela de arquería, salieron durante un año y después se casaron, nueve meses después nació el pequeño Francis. Tony bromeó sobre lo irónico de su nombre, a Clint no le gustaba su segundo nombre y fue así como nombró a su hijo.
Thor iba y venía, de Asgard a la Tierra, aunque los últimos meses prefería la Tierra, su padre y madre insistían en que contrajera matrimonio con Sif, cosa a la que se negaba por estar enamorado de la humana Janes Foster. Banner no tenía mucho que contar, solo anécdotas de Calcuta, las cuales no eran muchas, ni muy interesantes argumentaba.
Tony no habló, y es que ¿Qué cosa no se sabría del famoso Tony Stark? Todo lo pasado en seis años de su vida estaba en periódicos, revistas, televisión e internet. Steve no habló mucho, contó sobre el departamento en que vivía en Brooklyn, su trabajo vigente en S.H.I.E.L.D y nada más, calló cuando Tony le pregunto si había alguna futura "Sra. Rogers". Natasha solo contó su vida de agente inmobiliaria, Barton la miró con desaprobación, esperaba que mencionara a sus hijos, pero no lo haría y menos ahí.
Poco a poco la barra se fue vaciando, Barton partía temprano junto con Thor al norte, en los límites con Canadá. El Dr. Banner se fue en cuento comenzó a sentirse mareado, no quería saber los efectos del alcohol sobre Hulk, poco después se fue Tony, a Potts no le gustaba que llegara tarde, menos si tenía que estar ella sola en la habitación de S.H.I.E.L.D.
Y así se quedaron Steve y Natasha solos, bebían a sorbos incómodamente de la cerveza que cada uno tenía en la mano. Y todo era justo como la primera vez, justo como el día en que Natasha se dio cuenta que amaba a Steve, el día en que Steve dijo sus sentimientos a una mujer por primera vez en setenta años…
El bar se iba vaciando, solo quedaban parejas y uno que otro borracho que lloraba por razones distintas, Natasha se sentía algo mareada, había tomado más de lo acostumbrado y le sonreía como idiota a Steve, no quería hablar, solo lo veía, sabía que si decía algo no pararía, vómito verbal, eso le iba a pasar, solo miraban a las parejas pararse y bailar y así evitaban verse fijamente.
-¿No bailas Steve?
Natasha rompió el silencio, y era la primera vez que lo llamaba así. Steve le dedicó una sonrisa triste, llena de nostalgia.
-Nunca lo he hecho.
-¿Nunca?
Steve negó con la cabeza.
-La única oportunidad que tuve para bailar con una mujer fué hace setenta años, y no pude llegar a la cita.
Natasha sabía muy bien que su pasado aún lo perseguía, y que no olvidaba a Peggy Carter, la mujer con la que quizá en algún momento Steve pudo haber estado y formar una vida, de repente la tristeza la golpeó, se comparó con ella, nunca sería como Peggy pensaba.
-Te ves cansada.- Le dijo Steve que terminó su cerveza de un trago y se puso de pie.- Vamos.
-Puedo pedir un taxi.
-Mi departamento está cerca del tuyo, y ya es muy tarde para dejar que te vayas sola en un taxi, yo te llevo.
Steve estiró el saco de Natasha, abriéndolo para que ella pudiera ponérselo, le sonrió, era en verdad un caballero. Metió un brazo, con el otro tuvo algo de dificultad pero Steve la ayudó. Afuera hacía frió, a pesar de su saco Natasha aún temblaba un poco, Steve se quitó su chamarra y se la ofreció.
-Puedo aguantar, son rusa, haya hace mucho frió, solo fue el choque térmico.
-Está bien.
El soldado le entregó un casco, al principio Natasha lo vio raro, pero después se lo puso. Steve se subió a la moto y la arrancó, esperando que Natasha lo siguiera, la pelirroja se colocó en la parte trasera, un poco incómoda, no sabía qué hacer.
-Sujétate bien. –Le dijo fuerte para que se escullara su voz a pesar del rujido del motor.
Natasha lo rodeó con sus brazos y recargo su mejilla en la espalda de Steve, cerró los ojos todo el viaje, se dejó llevar por el movimiento y el viento golpeando suavemente su rostro, estaba en calma, podría estar así toda la vida. Llegaron por fin al departamento de Natasha, esperó Steve que se bajara de la moto, y la ayudó a llegar hasta la puerta de su departamento. Natasha le sonrió y abrió la puerta de su departamento.
-Tengo una idea.- le dijo al soldado que estaba por marcharse.
-Dime.
-Te enseñare a bailar.
-¿Cómo? Si no hay música.-Le dedicó una sonrisa divertida, escucharla ligeramente en los efectos del alcohol le causaba algo de risa y ternura.
-No la necesitamos.
Natasha le sonrió y extendió su mano, Steve la tomó con delicadeza, y colocó su otra mano en su cintura, Natasha puso su mano en el hombro y comenzaron a balancearse torpemente por el departamento, después de un rato disminuyeron el ritmo, ahora bailaban una melodía mental lenta. Natasha rodeó el cuello de Steve con sus brazos y pego su cara al pecho, Steve la tomó suavemente por la cintura, se mecían con calma, de un lado a otro. Natasha alzó el rostro y Steve acortó la distancia entre ellos uniendo sus labios en un beso, la pelirroja se sorprendió, pero no lo rechazó, era un beso suave y tierno. El soldado rompió el beso, pidiendo perdón con la mirada, él la amaba, sabía que estaba enamorado de ella, y ella estaba confundida, toda su vida había pensado que el amor era cosa de niños y ahora estaba ahí con el corazón latiendo a mil por hora por un hombre del que nunca pensó enamorarse. Lo miró fijamente a los ojos y lo besó.
No paraban de besarse, subieron al cuarto, se recostaron y ella poco a poco empezó a desabrocharle la camisa, Steve le quito la blusa por encima de la cabeza, sabían lo que iba a pasar y no querían parar. Natasha le desabrocho el cinturón y el a ella, Steve no paraba de reír de los nervios. El se levantó de la cama para poder quitarse bien el pantalón y quedar sólo en bóxers mientras que ella se quitó los pantalones estando acostada en la cama, no podía dejar de verla, la contemplaba y por su mente pasaban pensamientos que nunca en su vida pensó iba a tener, era una criatura hermosa para él, toda ella era perfecta, desde su cabello rojizo hasta la punta de sus delicados pies, la empezó a besar y se acostó encima de ella y la acarició con delicadeza. No podía parar de besarlo y la verdad es que lo deseaba pero no sabía cómo decírselo. Se acomodaron bien en la le sonrió tiernamente.
Perdón, no deberíamos de estar haciendo esto, pero parare si tú me lo pides. Le dijo mirándola fijamente a los ojos, son la sinceridad refljada en ellos.
Ella se quedo dudando, sabía que estaba mal pero no quería perder la oportunidad de encontrar al que creía sería el amor de su vida. Ella sabía que no había palabras para responderle a eso, así que le puso los brazos alrededor del cuello y lo beso, Steve lo entendió y la fue acariciando más. La beso como sí no hubiera mañana y le dijo sin palabras todo el amor que sentía por ella, los besos fueron descendiendo a lo largo de su cuello y sus brazos, Natasha se sentía en el paraíso al estar así con él.
Cada que Steve iba a hacer algo que consideraba indebido, la veía a los ojos para ver si estaba bien o no seguir, así fue como muy delicadamente de desabrocho el bra de encaje transparente negro y muy despacio poso su mano arriba de uno de sus senos, se acoplaban perfecto a su mano. Los empezó a masajear y ella disfruto ese momento a más no poder, le besaba a los hombros y le tocaba todo su musculoso pecho, estaba fascinada con lo perfecto que era. Fue bajando un poco más sus manos hasta llegar al elástico de sus bóxers y se lo bajó, el hizo lo mismo, el bikini negro de encaje desapareció en un abrir y cerrar de ojos, mentalmente se dijo que de ahora en adelante amaría el encaje negro. Ella sabía que el momento decisivo había llegado, el se puso arriba para poder entrar bien y fue muy despacio y delicado, cuando ella se pudo acoplar a tenerlo dentro, empezaron de manera lenta hasta que poco a poco fue subiendo el ritmo y lograron llegar juntos al clímax. Se quedaron recostados un buen rato hasta que se durmieron, a la mañana siguiente Steve se levantó y la estuvo contemplando por un largo rato mientras ella dormía, no podía creer que hubiera hecho lo que hizo pero no se arrepentía de nada porque la amaba.
Se despidieron por la mañana y llevaron su romance por semanas en secreto, disfrutaron lo que pudieron.
Pero eso había quedado en el pasado, seis años atrás, ahora eran solo dos personas más en un bar, que se miraban fijamente con la melancolía de los recuerdos pintada en su mirada, deseándose el uno al otro, pero ocultándolo cobardemente. Era tarde ya, nuevamente, Steve terminó de un trago su cerveza, y miró a Natasha.
-Es tarde ya, ¿quieres que te lleve?
Natasha lo miró, justo como la primera vez, le sonrió y asintió, siguiéndolo después por la puerta, acomodándose minutos más tarde en la moto, abrazando al soldado justo como lo había hecho seis años atrás.
