Capítulo 4
Yamada estaba en el podio, agradeciendo a todos la asistencia al congreso.
- Y agradezco especialmente a todos los que han ayudado en la organización del congreso. - Dijo Yamada con una gran sonrisa.
El congreso había resultado ser todo un éxito. Aunque desde mi perspectiva había habido algunos momentos de tensión, afortunadamente no se mostraron a los asistentes.
- Así, pues, os espero a todos en el gran salón para la cena de clausura. - Anunció Yamada.
Todo el mundo se apresuró a dejar la sala de conferencias para dirigirse hacia el gran salón, donde se serviría la cena. El comité local, es decir, los que habíamos trabajado muy duro para que todo saliera bien, tenía una mesa reservada. Yo me dirigí hacia ella con Tate al lado. Pero, una vez en ella, de alguna manera me encontré a Natsuki a mi lado.
Me alegré de mi suerte. Podría hacer pasar mi interés por ella por mera educación. Es bien sabido que en una cena los comensales que se sientan al lado han de conversar. Estaba pensando qué decir para iniciar una conversación, cuando Natsuki se me adelantó.
- Esta música parece griega. - Me dijo con su voz de mezzo.
- Sí. Es cierto.- Respondí con mi sonrisa perfecta. Era una forma ideal de empezar una conversación, y conocer un poco más a esa mujer.- ¿Qué clase de música te gusta?
- Me gusta la música del siglo XVI. - Me respondió con cara de poker, un poco cortante.
Mi cabeza hacía cuentas. Ni siquiera llegaba a Bach. ¿Le gustaba la música renacentista? Yo no sabía nada sobre esa época. ¿Monteverdi, quizás? ¿Incluso antes? Pero no me atreví a seguir preguntando. Me imaginé que no quería hablar mucho, dada la respuesta que me dio. Así pues, tomé un sorbo de vino, y seguí comiendo de mi plato, sin seguir la conversación. Natsuki por su parte miró hacia el otro lado y comenzó a hablar con Tate, que se sentaba a su otro lado.
Natsuki 1 – Shizuru 1.
Yo, por mi parte, me dirigí hacia mi otro lado para encontrarme a Nao, que intentaba hacer reír a la gente contando chistes, pero sin ningún éxito. Me dediqué durante un rato a comer despacio y beber de vez en cuando un sorbo de vino.
Natsuki y Tate parecían enfrascados en alguna discusión técnica sobre el nuevo proyecto en el que estaban trabajando. Pero, por alguna razón, se dieron cuenta de los esfuerzos inútiles de Nao por contar chistes con gracia, y me preguntaron si me sabía alguno. Aún no conocía mucho a nadie, ni siquiera a Tate, así que no sabía qué clase de chistes serían apropiados para mi audiencia. Me decidí por mi vertiente geek:
- ¿Sabéis por qué Heisenberg tenía problemas sexuales? - Pregunté con malicia. Ninguno de los asistentes parecía conocer ese chiste. Así que proseguí. - Porque cuando encontraba el momento no encontraba la posición, y cuando encontraba la posición no encontraba el momento. Además, cuando tenía tiempo, no tenía energía, y viceversa.
Natsuki empezó a reír con muchas ganas. Alzó su copa, y propuso in brindis por mí. Me sentí halagada y feliz.
Shizuru 2 – Natsuki 1.
Tate tampoco dejaba de reír. El resto de comensales parecía no haberle encontrado la gracia. ¿Quizás demasiado geek para ellos?
Esa fue la primera vez que hice reír a Natsuki. Un agradable sentimiento se extendió por todo mi cuerpo. Y no, no era lujuria. Realmente quería hacerla reír hasta que no pudiera más.
Es curioso, que uno de los sentimientos más agradables es el de saber que has hecho reír a alguien. Sobre todo, si es alguien que te interesa. Se crea un vínculo con esa persona. Es como llamar a la puerta de su alma, con una ofrenda de bienvenida a la tuya.
Todo el mundo empezó a contar chistes, algunos con mayor o menor gracia. Yo me atreví con algunos otros, también bastante geeks. Me alegró que Natsuki compartiera mi mismo sentido del humor. Aunque ella no contó ninguno. Decía no tener memoria para contarlos bien.
La cena acabó, y todos decidimos irnos a descansar. El congreso había sido agotador, y el vino y la cerveza habían fluido durante toda la velada. Así pues cada uno se fue a su casa. Todos en taxis, por supuesto. Ya sabéis, si bebes, no conduzcas.
Los siguientes días pasaron sin que volviera a ver a Natsuki. De nuevo se atrincheraba en su oficina, sin deleitarme con su conversación.
Pero los programadores necesitamos gasolina para poder trabajar. Y esa gasolina es el café. Así pues, uno de esos días en que hice mi ronda para ver quién quería tomar café, me pasé por la oficina de Natsuki. Ya estaba acostumbrada a que dijera que no, pero quién sabe, algún día diría que sí. Y ese fue uno de esos afortunados días. Afortunadamente para mí, nadie nos acompañó en esta ocasión. La tenía toda para mí.
- ¿Qué tal el fin de semana? - Fue todo lo que se me ocurrió para entablar conversación. En lo más profundo quería saber en qué dedicaba su tiempo libre, como dice la canción.
- Muy bien. Fui al teatro. - Vaya, parecía que Natsuki tenía gustos selectos. - Nao también fue.
Vale, Nao me había invitado, pero, entre que la obra no me llamó la atención, y era Nao, no me decidí. Si hubiera sabido que Natsuki iba, me hubiera apuntado.
- ¿Qué obra era? - No recordaba el título.
- Un monólogo basado en De Profundis de Oscar Wilde. ¿Lo conoces? - Contestó Natsuki.
- Sí, lo leí, pero hace mucho tiempo. - Contesté. - Pero no fui. Pensé que sería muy aburrido. - No suelo censurarme en mis opiniones.
- Pues a mí me gustó mucho. - Respondió Natsuki con cara seria.
- No sé... siendo un monólogo... ¿no te aburriste? - Sí, esa es la forma de impresionar a una mujer, dejándole saber lo poco intelectual que eres. La verdad es que soy bastante intelectual. Lo que pasa es que después de tantos libros leídos, tantas obras vistas, empiezo a ser selectiva con en qué empleo mi tiempo. Todavía me horroriza pensar en esa Bella Durmiente mezclada con Drácula que se hacía pasar por el ballet de Tchaikovski. No tengo nada contra las apuestas modernas, pero dentro de unos límites.
- No, fue bastante bueno. - Me miró de reojo, y tomó un sorbo de café mientras volvíamos con las tazas a nuestro departamento. Natsuki probablemente ya pensaba que mi cociente intelectual era por debajo de la media.
Y así me encontré apuntándome a Otelo a la semana siguiente. Shakespeare siempre me ha gustado, y Natsuki iba a ir. Por supuesto, me informé antes de si iría o no. Quedamos un poco antes para tomarnos algo en el bar del teatro. Nos decidimos por una cerveza cada una.
- El proyecto que me han asignado es muy interesante. - Empecé a decir para entablar conversación. Cuando dos personas trabajan juntas, es fácil empezar a hablar sobre el trabajo.
Natsuki volteó sus ojos.
- Libros. ¿Qué libros te gusta leer? - Me preguntó Natsuki.
Al parecer no quería hablar sobre el trabajo. Yo la verdad es que tampoco soy una fan de hablar sobre mi trabajo si no es estrictamente necesario. No me malentendáis, mi trabajo me encanta, pero hablar sobre él fuera de las horas de trabajo me resulta aburrido. Así que me gustó el giro que dio nuestra conversación.
- Bueno, soy fan de Terry Pratchett. - Contesté con una sonrisa.
- Creo que he leído alguno, pero soy más de ciencia ficción. - Natsuki tanteaba el terreno. Supongo que ella sabía tanto como yo que se puede saber mucho sobre una persona a partir de sus gustos literarios.
- Yo he leído a algunos, como Lem, pero soy más de fantasía. - Me quedé pensando por algunos momentos. - ¿Harry Potter?
- ¡Me encanta! - Al parecer Natsuki era fan de la saga.
Empezamos a hablar sobre Harry Potter como si no hubiera un mañana. Noté que Natsuki se relajaba cada vez más. No sé si era por la cerveza, o por el hecho de hablar sobre algo que no fuera trabajo. Cada vez me fascinaba más esa mujer.
- Deberías leer Los Magos. - Le recomendé.
- ¿Los Magos? - Me preguntó con curiosidad.
- Sí. En su portada dice que Harry Potter es a Los Magos lo que una taza de té es al whisky. - Le solté con una sonrisa en la cara.
En ese momento me di cuenta de que Natsuki era una lectora empedernida, como yo. Y a todos los lectores empedernidos nos gusta recibir recomendaciones de otros lectores. Haber leído tanto te hace perderte entre la marasma de títulos que hay en el mercado. Si alguien que conoces te recomienda un título, es porque encontró algo interesante en él. Natsuki tomó nota de mi recomendación.
Aún no era la hora del comienzo de la obra. Natsuki hizo algo que me pareció adorable. Sacó de su bolso las obras completas de Shakespeare. Y comenzó a leer Otelo.
- Así sabrás cómo acaba.- Le dije bromeando.
Su respuesta fue una sonora carcajada.
Shizuru 3... va, ¿y quién lleva la cuenta ya?
NA: De nuevo, gracias por los comentarios ;)
