Natasha estaba acostada en la cama, sus piernas estaban sobre las de Steve y sus dedos tamborileaban sobre los de él, los entrelazaban, soltaban y volvían a juntar, acariciaba con sus yemas la palma y el dorso de la mano del soldado que sonreía cada que sentía un cosquilleo; la mano libre de Steve dibujaba formas sobre el brazo de Natasha, llevaban así horas, sin hacer nada. Natasha recostó su cabeza en el pecho de Steve, este la abrazó y besó su frente.
-¿Alguna vez has pensado que pasará cuando ya no tengamos que escondernos? –Preguntó el soldado que tenía la cabeza gacha buscando la mirada de Natasha.
La pelirroja no quería alzar la vista, y es que nunca había pensado en ello. Apenas un mes atrás se dieron cuenta que se amaban, no llevaban el tiempo suficiente juntos, pero tenía muy claro que la situación le incomodaba un poco a Steve, en sus tiempos las parejas salían un buen al rato y después se casaban apenas y pensaban en mantener relaciones pre-maritales. Natasha lo abrazó con fuerza y lo miró a los ojos.
-Pintaremos el cuarto azul.- Dijo evadiendo completamente el sentido de la pregunta de Steve.
-¿Pintaremos el cuarto de azul?
La respuesta tomó por sorpresa a Steve, que se sentó casi de un salto, Natasha se acomodó enfrente de él y le dedicó la sonrisa más tierna que pudo.
-Estaba pensando en líneas azul Prusia con uno más claro, mucho más claro.
-Natasha ¿entendiste lo que te dije?
-Sí, preguntaste que haríamos en cuanto dejáramos de escondernos, pintar el cuarto de azul estaría bien, así sabrían que tenemos un escondite agradable, nunca me gustó el color blanco en mi habitación.
-No, ¿en verdad me prestaste atención? – Natasha lo veía fijamente a los ojos.- ¿realmente me estas prestando atención? Nat…Nat, ¿estás escuchando? Natasha…
Una mano se agitó frente a los ojos de la pelirroja trayéndola de vuelta al presente, estaba sentada alrededor de la versión en miniatura de la mesa de la sala de operaciones, Steve tenía un plano frente a él, justo en medio de los dos, el soldado se acomodó de vuelta en su asiento.
-¿Escuchaste lo que te dije?
-Si.- Hizo una pausa y miró al rubio directo a los ojos.- Maria nos dejará a unos metros del techo, entraremos, es domingo así que probablemente solo estén uno o dos empleados de limpieza, deshabilitaremos las cámaras, entramos a la oficina del jefe, jackeo el programa con la información que debe de tener y nos vamos, ¿me faltó algo?
-Pensé que no me escuchabas.
-Siempre lo hago.
No dijo nada más, se puso de pie para después sentarse en los asientos del jet y abrocharse el cinturón, conocía su temperamento y el de él, si contestaba otra cosa o no contestaba acabarían en discusiones tontas, como la que vino a su mente mientras Steve le explicaba el plan. Esa fue la primera, a partir de ahí su relación fue en picada, era triste pensar que con tanto amor que se tenían y llevando juntos tan poco tiempo todo terminara, pero Steve insistía en hablar a planes a futuro y a ella simplemente le asustaba.
Steve se sentó silenciosamente en el lugar desocupado junto a ella, Natasha desvió la mirada por la ventana, el verlo ya comenzaba a dolerle, más de lo que esperaba, más de lo que creía.
-Prepárense para el descenso.
El silencio que comenzaba a volverse incómodo fue interrumpido por Maria. Los agentes asintieron, Natasha se acomodó el cierre de su traje, activó los disparos de "la mordida de la viuda" y checó sus armas, Steve se acomodó su escudo en el brazo y se aseguró de traer las armas listas para usarlas por si era necesario; la escotilla se abrió, estaban a unos quince metros del techo así que utilizaron una cuerda para bajar. Steve embistió unas tres veces antes de que la puerta cediera y se abriera.
Corrían por los pasillos evitando las cámaras, hasta que llegaron a la sala de control, desactivaron todas las cámaras y alarmas del edificio, de esta forma sería más fácil para ellos desplazarse sin temor. Pronto llegaron a la oficina central, y Natasha se dirigió directo al ordenador.
-Ve rápido, yo vigilo.
Le dijo Steve que se quedó en la puerta vigilando. Natasha corrió a la computadora, después de intentar con una serie de contraseñas dio con la correcta, buscó entre montones de carpetas hasta llegar a la que esperaba, inserto la memoria USB y comenzó la descarga de archivos.
-¿Falta mucho?
-Ya casi.- contestó la pelirroja.
Bastó de unos segundos más para que el archivo terminara de guardarse, salieron dejando todo tal cual y subieron nuevamente al techo para esperar la llegada del jet que los recogería. Había pasado ya una hora y el jet seguía sin aparecer, Natasha caminaba como león encerrado mientras Steve esperaba tranquilo sentado junto a la puerta, el viento comenzaba a correr y nubes negras aparecían de a poco en el cielo.
-¿Intestaste comunicarte de nuevo? –Preguntó Steve desde su lugar.
-Si Steve.- Dijo con un dejo de fastidio.- He marcado a la base de menos unas cuarenta veces y nadie contesta.
-Agente Romanoff…- Se escuchó a Maria entrecortada por el comunicador.
-Adelante.- Contestó la espía rápidamente.
-Perdonen la tardanza, el Director Fury me envió a la base de Nuevo México, el agente Barton está por salir a buscarlos, tal vez tarde un poco por el tiempo sean pacientes.
Paciencia era lo que menos le quedaba, contestó solo un entendido en respuesta y dejó caer su brazo con desgana, una gota de lluvia aterrizo en su nariz, seguida de dos, luego tres, en cuestión de segundos llovía a cantaros, Natasha se llevó una mano a la cara y apretó con frustración su puente nasal.
-Mierda, lo que me faltaba.
Prontó dejó de sentir la lluvia mojando su cuerpo, en cambio escuchaba las gotascaer sobre una superficie metálica, se giró lentamente para encontrarse a Steve que sostenía en alto su escudo protegiendo a ambos de la lluvia.
-Gracias.- Dijo Natasha.
-No hay de que, no quiero que te enfermes.- Le contestó el soldado.
La pelirroja le dedicó una sonrisa suave, y caminaron juntos hacia el pequeño techo que se formaba debajo de la puerta que dejaba un pequeño lugar seco lo justo para que se sentaran. Pasaron unos minutos en el que solo escuchaban el sonido de las gotas caer y sus respiraciones, Steve comenzó a juguetear con su escudo haciéndolo brincar, lo que provocó que Natasha riera por lo bajo.
-¿Qué pasa?-Le preguntó el soldado con una sonrisa de lado dibujada en sus labios, satisfecho de hacer reír a Natasha.
-Nada, solo me recordaste un poco a totoro.
-¿Quién?
-Un personaje de una película de anime, a veces la veo con…
Y se detuvo, por poco se le escapa mencionar a sus hijos, y no era el momento, el lugar ni la forma de decirle a Steve, además aun no estaba del todo segura de querer hacerlo.
-Es una película que pasan mucho en la televisión, suelo verla si no tengo nada mejor que hacer.- corrigió.
-Entonces, me parezco ¿a un anime?
-Solo en la forma en que jugueteas con tu escudo, el hacía lo mismo con una sombrilla.
Steve le sonrió tiernamente, Natasha le devolvió la sonrisa. No volvieron a pronunciar palabra, lo bueno es que esa platica, por más tonta que se repitiera la espía que fue había disminuido el silencio incómodo, ahora era soportable hasta el punto de llegar a ser ligeramente agradable. Hora y media después un jet hizo su aparición sobre el techó, esta vez estaba a menor altura, dejaron caer por la escotilla una escalera de cuerda, Natasha subió primero a petición de Steve.
-Nat, estas empapada.- Gritó Clint en cuanto la vio.
-No me digas.- Respondió sarcástica.
-¿Qué paso?
-Digamos que me desesperé porque no llegaban e hice un poco de corajes bajo la lluvia.
Clint se quitó su chaqueta y la colocó sobre los hombros de la espía dedicándole una amistosa sonrisa, Natasha se la devolvió y pasó a sentarse ante la mirada de un enojado Steve, en verdad, no entendía porque se enojaba, ¿No era obvio acaso que ella y Clint eran como hermanos?
-Tal vez tardemos un poco más en llegar a la base por el clima.- Dijo Clint desde el asiento de piloto.
-No hay problema.- Contestó Steve, aún con el ceño fruncido ligeramente.
Natasha lo veía de reojo de vez en cuando, y podía notar cuando Steve lo hacía. El viaje duró cuatro horas, en las que el silencio pasó de ser soportable a incómodo de nuevo, por ratos Clint trataba de hacer un chiste o mantener una plática para aminorar la tensión del ambiente, pero no tenía mucho éxito con sus intentos.
Después de aterrizar en el helipuerto de la base, Natasha corrió a su habitación y se dio un baño caliente, se vistió con ropa cómoda y se dispuso a dormir un rato, estaba por hacerlo, cuando el teléfono de su buró comenzó a sonar como loco.
-¿Diga?-Contestó la espía.
-Agente Romanoff, solicito su presencia en la sala de reuniones de su pasillo, no tardare mucho lo prometo. Se escuchó la voz del Director Fury al otro lado de la línea.
-Enseguida voy. Respondió la agente.
