Capítulo 5

De nuevo Natsuki se encerró en su oficina. Era casi imposible verla. La mezcla de amabilidad cuando hablaba con ella, y la distancia que interponía entre ella y los demás me tenía muy confundida. Me era imposible predecir su comportamiento. El poco tiempo que habíamos conversado me hacía pensar que disfrutaba de la compañía. Pero el hecho de que al mismo tiempo no buscara compañía me resultaba contradictorio. No sabía cómo leerla.

Y eso es raro, porque en general se me da muy bien leer a la gente. Se me hace fácil entender las intenciones y las motivaciones de la gente. No es que lo use nunca a mi favor. Me parece horrible la gente que sabe leer a los demás y se aprovecha de ello. Tomoe era así. Siempre se aprovechaba de las debilidades de los demás. Yo fui tan tonta de estar cegada por el amor, y no lo supe ver a tiempo.

Pero dejemos de hablar de Tomoe. Hablemos mejor de Natsuki. Sí, Natsuki era un misterio para mí. Y precisamente eso fue lo que me fascinaba sobre ella. Quería saber más, quería saber qué metas tenía en la vida, en qué empleaba su tiempo, qué sueños tenía. Cuál era su principal motivación.

Es fácil saber qué aspiración principal tienen las personas: amor, como Mai, prestigio, como Nao, diversión, como Tate. Pero se me escapaba cuál era la de Natsuki. Parecía ser de ese tipo de personas que no necesitan del mundo para seguir adelante, porque tienen un mundo interior mucho más interesante. Y yo quería echar una ojeada a ese mundo. A veces encuentras personas que son mundos a explorar. Y me encanta ese tipo de personas.

Con esto no quiero decir que no me interese el resto del mundo. Me encanta pasar tiempo con mis amigos, con mi familia, pero me atrae lo desconocido. Cuando era pequeña solía mirar el atlas. Parecerá aburrido, pero yo me imaginaba cómo serían esos territorios inexplorados para mí, me imaginaba allí observando cada pequeño detalle. También solía leer historias de exploradores. Las maravillas que descubrían. Y también las dificultades que pasaban. Nunca hay que olvidar las dificultades. En uno de esos libros de aventuras, ya no recuerdo cuál, decía "Tu l'as voulu, George Dandin". No te quejes, tú lo quisiste.

Volviendo a mi historia. Natsuki estaba fuera de mi alcance. Y no sabía cómo hacer que esa situación cambiara.

- Voy a ir a la ópera – me dijo Nao en el pasillo mientras se limaba las uñas.

- ¿Sí? ¿Y qué ópera es? - Soy una fan de la ópera, y de vez en cuando voy a alguna representación. Así que tenía curiosidad.

- El castillo de Barbazul. - Me dijo Nao con una sonrisita.

- Lo siento, no la conozco. ¿De quién es? - Pregunté con curiosidad.

- De Bela Bartok. - Siguió limándose las uñas.

- Uf, lo siento. No soporto a Bela Bartok. - La verdad es que no me gusta ese compositor. Demasiado moderno para mí. Yo soy más del romanticismo.

- Pues Natsuki va a ir... - me dijo sonriendo.

- Lo siento, no me interesa. - Le respondí con mi patentada sonrisa falsa. Fue un golpe bajo. Nao había esperado a ver mi respuesta antes de darme el dato importante que me haría soportar unas horas de música de Bartok. Ya había dicho que no lo soportaba. Así que no había vuelta atrás. Nao se quedó muy satisfecha de sí misma y se fue hacia la oficina, dejándome un regusto amargo por saber que podría haber compartido la experiencia con Natsuki. Pero no quería parecer patética. Al menos, no más patética de lo que ya era.

Nao era una mujer observadora. Se había dado cuenta de mi interés por Natsuki, y le parecía gracioso. Se divertía a mi costa. ¿Tan evidente era mi atracción? Quizás alguna mirada furtiva en las reuniones hacia la chica de ojos esmeralda me había delatado. No podía evitarlo. Natsuki me parecía una mujer muy interesante, y mi corazón gravitaba hacia ella.

Toc, toc... Toqué la puerta de mi supervisora de proyecto. Midori era una mujer (aunque decía tener sólo 17 años) muy vivaracha, un poco dada a la bebida. Era responsable del proyecto en el que yo estaba trabajando. Aunque yo la veía más bien irresponsable. No parecía tomarse el trabajo demasiado en serio.

- Entra. - Me dijo con una sonrisa.

- Gracias.- Hice una reverencia y entré en la oficina.

- ¿Qué se te ofrece? - Midori me prestó toda su atención.

- Verás... me ha surgido un pequeño problema en el proyecto. - La verdad es que el "pequeño problema" me había estado dando la lata durante toda la semana. No podía avanzar en el proyecto debido a ello.

- ¡Oh! - La cara de Midori era de total sorpresa. - ¿En serio? ¿Y qué problema es ese? - Había captado toda su atención. Midori estaba acostumbrada a que no le vinieran con problemas, sino con soluciones.

- Pues tengo un problema con una función de un personaje. Cuando juego en un modo normal se comporta de forma diferente a cuando lo juego en modo pruebas. Y no sé por qué.

El asunto me había traído de cabeza ya un buen tiempo. Yo era la encargada de desarrollar las capacidades de los personajes haciendo uso de un lenguaje de programación interno de la empresa. Este lenguaje, "unmei", había sido desarrollado por antiguos trabajadores de la empresa para usarlo en el desarrollo de los distintos juegos que se creaban en los demás departamentos. Era un lenguaje muy flexible y, lo más importante, de la empresa. Yo había sido contratada para, precisamente, añadir algunas mejoras al software.

- Eso nunca ha pasado. - Me dijo Midori. - ¿Estás segura de que no es un fallo tuyo?

- Sólo ocurre bajo circunstancias muy especiales en el juego. No es tan obvio. - Dije con seguridad. No era algo que me hubiera inventado.

- Muéstramelo. - Me dijo Midori, la cual parecía un tanto escéptica.

Le mostré las diferencias de comportamiento de los personajes en ambos modos. Vio claramente que había una inconsistencia en el programa, así que fuimos al código fuente y repasamos línea por línea la función que daba problemas. Midori había empezado como programadora en la empresa, así que también sabía de qué iba la cosa. Estuvimos varias horas haciendo pruebas y cambiando expresiones, pero no encontramos el fallo. Nos dimos por vencidas cuando ya había más que pasado la hora de irse a casa. Al día siguiente continuaríamos con la búsqueda.

Mis ánimos no estaban muy altos al día siguiente. Pero una visita de Natsuki a mi oficina me hizo cambiar de humor. Llegó sin anunciarse.

- Shizuru. Midori nos quiere en su oficina ahora. - Me dijo con cara neutra, y se fue sin esperarme.

Me levanté deprisa y la seguí. Al llegar nos esperaba un pequeño comité de personas. Noté que todos éramos programadores.

- Sin rodeos. - Midori esperó a que nos sentáramos para hablar.- Aquí Shizuru ha encontrado un bug en el software que usamos en la empresa. Ayer intentamos mirar dónde estaba el error pero no llegamos a ninguna conclusión. Os explicaré qué es lo que ocurre.

Midori explicó extensamente la naturaleza del error, y por qué era tan difícil de detectar. No afectaba a al jugabilidad del juego, en general, pero bajo ciertas circunstancias el personaje no haría lo que se suponía que debía hacer. Había cierta inconsistencia entre los diversos modos de juego, y eso no nos gusta a los programadores.

El departamento de programación al completo se dedicó a una única tarea: encontrar dónde estaba el error de código.

Y fue precisamente Natsuki la que lo encontró. En realidad era algo muy simple. En un caso una variable no había sido inicializada correctamente.

La rapidez con la que Natsuki encontró el error me pareció sorprendente. Estaba claro que no estaba allí sólo porque fuera la hija del jefe, como la mayoría pensaba. Demostró un gran conocimiento y una gran inteligencia. Y el pozo en el que había caído se hacía más hondo. ¿Por qué tenía que ser, además de bella, culta e interesante, inteligente? No sé si a la gran mayoría de la gente le parece que la inteligencia es sexy, pero a mí me resulta tremendamente atrayente.

Ya sólo quedaba una tarea: decirle al departamento de diseño y desarrollo de juegos que tenían que cambiar la función. Y eso quería decir que había que decírselo a Nao. Nao estaba a cargo de esa función. Y, ¿cómo decirlo suavemente?, Nao no le caía bien a nadie.

- Puesto que tú encontraste el fallo, tú se lo dices. - Midori resolvió el problema en un abrir y cerrar de ojos.

Y allí me vi yo, enfrente de Nao, explicándole los detalles del problema.

- Pues siempre hemos usado el software y nunca hemos tenido problemas. - Me dijo Nao, cómo no, limándose las uñas.

- Ya. No es algo evidente, pero los personajes no harán lo que se supone que deben hacer. - Intentaba decirlo con el mayor tacto posible.

- Muy bien. Lo que tú digas. - Se dio la vuelta y me dejó allí sin ningún miramiento.

Me fui hacia mi oficina. Me hice un té, y empecé a tomármelo con calma. Natsuki me regaló con otra visita. Realmente estaba de suerte.

- Hola. - Me dijo con una sonrisa.

- Hola. - Mi sonrisa no era la falsa que ponía a todo el mundo, sino la genuina.

- ¿Sabes el rumor que va corriendo por ahí? - Natsuki parecía divertida. Pero no me parecía de esas personas cotillas. ¿Por qué venía a mi oficina a contarme los últimos cotilleos? Esta mujer cada vez me descolocaba más.

- No, ¿cuál? - La verdad es que me picaba la curiosidad. ¿Qué tipo de rumor hacía que Natuski viniera a mi oficina para contármelo?

- Bebes durante las horas de trabajo. - Me dijo con una carcajada.

- ¿Perdón? - No entendía nada.

- Sí. Nao va diciendo por ahí que bebes durante el trabajo. - Seguía riéndose a carcajada limpia.

- No entiendo. - Pro realmente no entendía por qué Nao decía eso, y por qué a Natsuki le parecía tan divertido.

- Verás. Dice que estás diciendo tonterías sobre el software, y que seguramente es porque hayas bebido algo. - Sus carcajadas iban a menos, pero los ojos seguían sonriendo.

- Bueno, alguien tenía que decirles lo del bug. - Le dije seriamente.

- Ya. Ha venido a preguntarme, porque no se lo creía. - Natsuki seguían sonriendo. En otras circunstancias me habría resultado humillantemente embriagador, pero se cuestionaba mi profesionalidad, y no me hacía gracia. - Le he explicado que era cierto lo que le habías contado.

- ¿Y aún dice que estaba borracha? - Mi sorpresa era enorme.

- No. Me lo dijo antes de preguntarme si era verdad. - Natsuki se puso un poco más seria.- Pero creo que lo ha soltado por más sitios antes de preguntarme a mí. No te preocupes. – Siguió. - Todo el mundo sabe lo que ha ocurrido. Pero me parecía muy gracioso y he venido a contártelo.

- Bueno. Me alegro de haber sido el objeto de tu diversión. - Le sonreí pícaramente, y le guiñé un ojo. Ella me respondió con una cara color tomate.

- Hum... bueno... me tengo que ir a seguir con lo mío...- Natsuki perecía estar incómoda. Se fue tan rápidamente como se había ido.

Otro punto para mí, pensé para mis adentros. El comentario de Nao sobre mis tendencias a beber hizo todo lo contrario a lo que ella intentaba. Todo el mundo me sonreía al verme y me creé más amigos. Era una buena forma de entablar conversación. La gente rompía a carcajadas con el episodio. Sin duda Nao por fin había hecho reír a la gente. Debería dejar de intentar contar chistes. Intentando socavar la reputación de alguien levantaba más risas.


NA: Gracias por los comentarios :)