Capítulo 6

Como siempre, Natsuki se escondía en su oficina. Yo me pasaba cuando hacíamos la ronda para ir a tomar café, pero ella nunca se apuntaba. Me parecía muy extraño. Parecía no querer mezclarse con la gente. Muchos decían que era porque se creía superior a los demás. La mayoría opinaba que estaba allí sólo porque era la hija del jefe. Pero lo poco que sabía de ella indicaba que era una persona muy inteligente y preparada. Me parecía que el hecho de ser la hija del jefe la aislaba de la gente.

- Vamos a ir al cine. ¿Te apetece venir? - Le dije apoyándome en el marco de la puerta.

- ¿Quiénes van? - Natsuki, directamente al grano.

- Sólo Tate, Mai y yo. - Puse mi mejor sonrisa especialmente para ella.

- ¿Qué película? - Bueno, parecía que estaba interesada.

- Doce años de esclavitud. - Le contesté siempre con mi sonrisa puesta.

- Vale. - Respondió después de pensárselo unos momentos.- ¿Dónde y cuando quedamos?

- Podemos ir después del trabajo. En el cine del centro. - Mai había decidido ir a una sesión temprana para luego ir a cenar tranquilamente.

- Muy bien. Hasta luego.- Me miró profundamente con sus ojos, y su dulce sonrisa adornándolo todo. Si yo fuera una de esas personas que se sonrojan, estaría roja como un tomate.

Las palomitas se acabaron demasiado rápido a mi parecer. La película era aburridísima, y muy triste. Pero sentía un gran regocijo interno al saber que Natsuki se sentaba a mi lado. Parecía estar muy atenta a la pantalla. La miraba de reojo, pero no me atrevía a más.

Cuando nos levantamos (por fin) para salir, vi con sorpresa que estaba llorando. No me lo podía creer.

- ¿Estás llorando? - Como siempre, yo y mi complejo de Capitán Obvio.

- Sí. - Dijo secándose las lágrimas. - ¿Te ha gustado?

Viendo cuán emocionaba estaba, lo más adecuado si quería algo con ella era decirle que sí. Pero mi sinceridad me puede, y no pude mentir sobre lo poco que me había gustado.

- La verdad es que no. - Me miró con cara sorprendida.- Me ha parecido muy lenta y triste. Me he aburrido. - Dije a modo de explicación - ¿Y a ti?

- Me ha encantado. - Aún le brillaban los ojos de haber llorado.

- Pero es muy triste. A mí no me van las cosas tan tristes. - Le quise explicar.

- Ya, pero no todo en esta vida es divertirse. - Me dijo con cara de convicción. - Mucha gente en el mundo sufre abusos y humillación.

- Yo vengo al cine sólo por las palomitas. - Es cierto, es una de las mayores razones por las que pago para ver películas en la gran pantalla.

Me sonrió, pero se calló lo que pensaba. Realmente soy toda una ligona. En vez de parecer culta y profunda, lo único que me salió fue un comentario totalmente superficial. A veces debería cerrar mi boquita. Aunque soy sincera, lo cual es una cualidad que seguramente mucha gente aprecia, mi coeficiente intelectual no se refleja en nada en la mayoría de mis comentarios. Aunque, sinceramente, me importa bien poco lo que piense la gente de mí.

Como Mai había planeado, después de la película fuimos a cenar. Como no podía ser de otro modo, comentamos la película.

- Yo no he parado de llorar. - Era muy esperable de Mai, que detrás de su fuerte carácter, es una persona muy sensible.

- Yo tampoco. - Dijo Natsuki mientras atacaba su carne bañada en mayonesa. No sabía si me sorprendía más que hubiera llorado tanto en una película, o la cantidad ingente de mayonesa que le había puesto al trozo de carne. Menos mal que el animalito ya estaba muerto. Si no hubiera sido una muerte lenta por ahogamiento en una sustancia grasienta.

- Pues yo me he aburrido mucho. - Dije sin contemplaciones. ¿Para qué andarse por las ramas?

- Uff, menos mal que alguien está conmigo. - Tate tampoco parecía haberse emocionado mucho con la película.

- Sois un par de insensibles. - Dijo Mai mientras se comía un tomate.

- Yo voy al cine a pasar un buen rato, no para pasarlo mal. - Yo veo películas para olvidarme de mis problemas. Sólo muy de vez en cuando me gusta ver una película un poco más profunda.

- Shizuru tiene razón. - Tate por lo menos me apoyaba.

- Sois unos zoquetes los dos. - Mai no dejaba de atacarme. Ella sabía que Natsuki me gustaba, y no ayudaba mucho en mi conquista. Bueno, para ser honestos, yo tampoco parecía aportar mucho a la causa.

Cuando Mai nos acusó de ser unos zoquetes, a Natsuki se le escapó una risita. Me miró de reojo mientras partía un trozo de su carne. Parecía que le hacía gracia la forma en la que Mai me trataba.

- Y vosotras sois unas blandengues. - Tate no sabía cuándo callarse. Mai lo miró de una forma que decía "esta noche no hay postre", pero el pobre realmente no se daba cuenta de lo que se le venía encima.

- Ya te demostraré lo blandengue que soy. - Mai tenía un carácter fuerte, y aparentemente se lo iba a demostrar esa noche a Tate. Yo me callé y me sonreí. Sólo esperaba que el pobre no durmiera en el sofá esa noche.

- Me apetece tomarme una cerveza en el nuevo local. ¿Alguien se apunta? - Natsuki preguntó cuando estábamos saliendo del restaurante. A pesar de no ser muy extrovertida, no era una persona tímida. Cuando le apetecía hacer algo no parecía tener problemas en decirlo claramente.

- Nosotros pasamos. - Mai me dirigió una mirada que decía "a por ella, tigre".

- Sí, nosotros nos vamos a casita. - Tate tenía unas esperanzas infundadas sobre lo que iba a pasar esa noche. El pobre creía que iba a tener postre.

- Yo me apunto. - Dije con una sonrisa dirigida a Natsuki. La sonrisa con la que me respondió le iluminó la cara. ¿Sería posible que estuviera interesada en mí?

El bar en el que estábamos era muy curioso. Se llamaba "La iglesia", y estaba amueblado con bancos de iglesia y mesas que parecían altares. Ese día no estaba muy concurrido, y pudimos sentarnos en el lugar más íntimo del bar: un cubículo que parecía un confesionario. Pero en vez de estar separadas por una puertecilla, nos separaba una mesa en la que descansaban nuestras pintas de cerveza.

- Curioso lugar. - Dije para comenzar la conversación de una forma casual.

- Sí. ¿No lo conocías? - Parecía que estaba un poco habladora. ¿O era la cerveza?

- No. No salgo mucho por aquí. - Le di un sorbito a la cerveza.

- Estamos en el confesionario. - Me dijo levantando una ceja. ¿Acaso quería que me pusiera a confesar mi atracción por ella?

- Nunca me ha parecido una gran idea contar mi vida a un extraño. - La verdad es que yo no era una persona muy religiosa. - Quizás las protagonistas de Maria Sama son puras, y no tienen gran cosa que confesar, pero yo no soy tan inocente. - Le dije con una sonrisa pícara.

- ¿No crees en Dios? - ¿Quería Natsuki tener una conversación lago más profunda?

- No, no creo. - La verdad es que soy una persona profundamente atea, y hablar de religión me molesta sobremanera. ¿Era Natsuki religiosa? - ¿Y tú?

- No, pero mi madre sí creía. - Sonrió para sí mientras bebía de su cerveza.

- La verdad es que soy muy atea. - Le dije para que quedara claro.

- ¿Eres de las que intenta convencer a los demás sobre la inexistencia de Dios?- Realmente quería hablar sobre ese tema. Así que, con mi usual sinceridad, le respondí.

- La verdad es que no. - Me puse seria. - La creencia en Dios es algo profundamente arraigado en lo que significa ser humanos. Sería como quitarle la esperanza alguien. Me parecería un crimen.

La mirada que recibí fue de sorpresa al principio, pero algo más que no supe descifrar al final. Se quedó unos segundos mirándome profundamente, como si hubiera descubierto un raro espécimen de insecto. Parecía intentar saber qué pasaba por mi cabeza. Si lo hubiera sabido, seguramente se hubiera puesto colorada. La mirada que me dirigió me encendió por dentro, y lo único en lo que podía pensar era en besarla y llevármela a la cama lo más pronto posible. Natuski cogió pensativa su pinta y se la llevó a la boca. En ese momento envidiaba a ese vaso. Iba a confesarle mi atracción en ese mismo instante, pero decidió hablar antes de que yo abriera la boca.

- Mañana tengo que trabajar. - ¿Qué? ¿A qué venía ese súbito cambio de conversación? ¿Estaba excusándose para irse?

- Sí, bueno, yo también. - ¿Qué podía responder? No me dejaba mucho margen.

- ¿Nos vamos? - Se acabó lo que le quedaba de cerveza y me miró, de nuevo sonriéndome.

- Claro. - Una de las cosas que mejor se me dan en esta vida es fingir. Curiosa combinación, ya que soy una de las personas más honestas cuando hablan. Realmente no entendía a Natsuki. Un momento parecía estar interesada en mí, y justo después actuaba como si nada.

Recogimos las cosas y nos fuimos a casa, cada una por su lado. Fue un adiós un tanto frío, a pesar de que ambas sonreíamos.

En el mundo de la ficción, en las películas, sabes en todo momento quiénes son los protagonistas, y que van a acabar juntos. Todo el guión está escrito para que surja el amor. En el mundo real, las cosas no son tan obvias. Una situación romántica aparece, y en una película todo acabaría en un beso, una declaración de amor o algo. Y creemos que debemos hacer lo mismo en la vida real. Nos han llenado la cabeza de historias que acaban bien. Pero en la vida real todo es más confuso. No hay guión, y estás perdido entre lo que quieres que suceda y lo lógico que suceda. Lo más lógico normalmente es que no pase nada.