Natasha y Steve se movían con sigilosa cautela entre los pasillos que se formaban de bodega a bodega, buscaban el número treinta y cinco, que según los archivos hackeados era la perteneciente al Sr. Gardner y en la que se guardaba el aparato creado a base del Tesserac.

Una vez que dieron con la bodega la espía retrocedió unos pasos mientras el soldado golpeaba con fuerza el candado que mantenía la puerta cerrada. Entraron con cuidado, mirando de un lado a otro, atentos a cualquier cosa que podría ponerlos en peligro. Nada. Ahí no había nada, no era más que un enorme cuarto en tinieblas.

-Director.- Dijo Steve al comunicador.

-Capitán, ¿Hay algún problema?

-La bodega está vacía señor.

Esperó unos segundos en silencio a la respuesta del director. Salió después corriendo rápidamente de la bodega seguido de una confundida Natasha, corrían por los pasillos, pasando de largo las bodegas hasta que las dejaron atrás.

-Steve ¿Qué pasa?-Cuestionó la espía al notar que disminuía el ritmo de los pasos de Steve.

-Fury cree que colocaron una hora falsa en los archivos para despistar, los barcos parten en veinte minutos, tenemos que buscar el muelle quince.

No dijo más, comenzaron a caminar a paso apresurado, once, doce, trece, su ritmo iba disminuyendo, catorce… Se detuvieron frente al barco en el muelle quince, rogando que hubiera guardias dentro, por las dudas cargaron sus armas y abordaron el navío.

Caminaban por los pasillos con calma y cautela, listos por si recibían un ataque. El lugar parecía vacio, no había tripulación ni guardias, siguieron avanzando hasta llegar al último pasillo, se asomaron ligeramente viendo que dos guardias custodiaban una puerta, Natasha dirigió la vista a Steve solicitando permiso para usar las nuevas armas que le dieron, el soldado asintió entendiendo su mirada, Natasha presionó un botón de su brazalete, un pequeño dardo salió disparado aterrizando en el cuello del primer viaje, para cuando el otro intentó reaccionar un segundo dardo lo derribó.

El par se apresuró a entrar, en medio de la habitación estaba la máquina, era grande, con botones por todos lados y pantallas que darían los resultado, un enorme aro estaba conectado a ella, supusieron seria lo que dispararía el rayo y abriría el portal a un nuevo ejército alienígena. Steve sacó de uno de los bolsillos de su cinturón un círculo metálico, que colocaron sobre el control de la máquina, las luces de esta se encendieron y miles de números comenzaron a aparecer en la pantalla, segundos después los números desaparecieron y el circulo de metal se desprendió de la máquina cayendo a los pies de Steve, lo recogieron y salieron del lugar, tomándose la molestia de dejar a los guardias en la cocina, sentados a la mesa con unas botellas casi vacías de variados alcoholes, esa sería su explicación del porque no recuerdan nada.

-¿Qué es lo siguiente?- Preguntó Steve mientras dejaban el lugar.

-Asumimos nuestros papeles de encubiertos, iremos a la ciudad a conseguir la ropa para la misión, tendrás que dejar tus camisas a cuadros por un rato.

Horas después la pareja caminaba por el centro comercial, deteniéndose a mirar por los escaparates de las tiendas y entrando a una que otra en busca de las prendas necesarias para la misión, tenían que simular ser un matrimonio de alta sociedad y tendrían que vestirse como tal. Iban del brazo algo incómodos pues su relación se había oxidado con los años, de vez en cuando se rozaban las manos. Después de unas horas de ir de un lado a otro la tensión disminuyo, de ir del brazo pasaron a caminar de las manos, Steve tenía una sorisa enorme dibujada en el rostro, la misión iba mejor de lo que esperaba, quizá era justo lo que necesitaba, pareciese que esos seis años separados nunca existieron.

-Entremos a esa.

Dijo Natasha señalando a una tienda enorme de ropa femenina. Steve miró con horror a la cantidad de mujeres que corrían de un lado a otro de la tienda seguidas por sus parejas cargando las bolsas, unas iban en grupo de amigas, algunas tristemente solas. Enseguida entraron la pelirroja comenzó a mirar vestidos, blusas, pantalones y zapatos. Sería un largo día se dijo mentalmente Steve mientras caminaba detrás de la espía que llevaba ya una montaña de ropa en sus brazos.

-Tendrás que acompañarme y darme tu opinión como esposo.

La espía sonrió al terminar su oración, más por la cara que puso Steve, sabía que realmente la moda del siglo XXI no era lo suyo. Natasha lo arrastro hasta los probadores, el rubio se sentó en una pequeña silla dentro del probador, junto a la rapa que Natasha había escogido, estaba asustado, consideraba inapropiado estar dentro de un probador con una mujer,después recordó la misión, esa mujer era su supuesta esposa, sonrió levemente, solo se tendría que preocupar por no ponerse rojo cada que hiciera cambio de ropa.

-Me gusta esta ¿Qué dices?- Dijó Natasha viéndose en el espejo por todos los ángulos como lucía una blusa roja georgette que acababa de probarse.- Tal vez para la comida del viernes con las esposas.

-¿Um?

-La blusa ¿qué te parece?

-Es bonita, pero no es algo ¿transparente?

-Así es la tela… Creó que llevare esta.

Varias blusas y vestidos después las compras estaban terminadas, Natasha llevaba lo suficiente para aparentar ser una mujer pretensiosa y había elegido varios trajes, camisas y pantalones para que Steve hiciera lo mismo.

Para la noche estaban de vuelta en la base de S.H.I.E.L.D.

-Nat…

La espía se giró con una mano en su perilla ante el llamado de Steve.

-¿Quieres ir a cenar?

-¿Solo nosotros dos?

-Sí, bueno si tú quieres, pensé que podríamos platicar sobre la misión ya que nos quedan tan poco días para planearla.

Le tomó unos segundos responder, pero terminó aceptando, acordaron encontrarse en el elevador a las ocho en punto.

Steve estaba nervioso y no sabía que usar, contrario a como estaba horas antes ahora tranpiraba nerviosismo, en Miami podía controlarse con solo concentrarse en tomar el papel de esposo, pero ahora serían Steve y Natasha, sin misión en cubierta, sin actuaciones, solo ellos dos. Terminó usando una de las tantas camisas que la pelirroja le había escogido horas antes, se hecho al hombro su conocida cazadora y salió de su habitación. Iba por los pasillos camino al elevador, cuando se topó de frente con Tony, Bruce, Clint y Thor.

-Íbamos por unos tragos ¿no vienes?

-Gracias por la invitación Thor, pero me temo que no puedo.

-Oh vamos anciano, tengo la noche libre Potts se ha dormido.

-Ahora no puedo Stark.

Tony alzó una ceja preguntándose cuál sería el plan de Steve para rechazar salir con ellos, en especial sabiendo que él no era de salir mucho, la mayoría de las veces tenían que llevarlo casi a la fuerza o por las largas horas que Thor dedicaba a convencerlo.

-Tal vez te puedas unir a nosotros más tarde.- Sugirió Bruce.

-Veré que puedo hacer.

-¿Por qué tanto misterio Rogers? ¿Con quién saldrás?

-Ire a cenar con Natasha.

La quijada de Tony pudo haber tocado el piso del asombro, la sonrisa de Clint iluminar un pueblo entero y las miradas de confusión de Bruce y Thor contagiar a todos a su alrededor.

-¿Tienes una cita con la arañita?- Grito Tony después de unos segundos.

-No es una cita, solo iremos a cenar.

-Llevaras a una mujer a cenar, eso suena bastante a cita, ¿podemos ir?

-No

-Entonces es una cita.

La sonrisa de triunfo de Tony se dibujó en su rostro aún más que en otras ocasiones, Stebe bufó y se despidió del cuarteto, recibiendo un gritado ¡Suerte! A medio pasillo por parte de Clint, que hasta donde tenía entendido era el único que sabía sobre lo que hubo entre él y Natasha.

Llegó al elevador pocos minutos antes de la ocho, después a la hora acordada apareció Natasha que lucía hermosa a los ojos de Steve incluso en una simple blusa y pantalón- Se fueron en la moto del rubio en busca de restaurants en la ciudad, eligieron al final uno pequeño de estilo hogareño. La mayor parte del tiempo hablaron sobre la misión, acordaron cambian sus nombres, aunque no sabía con exactitud cuales usar, pero principalmente, la historia que contarían a todo mundo sobre su matrimonio.

Caminaban de regreso a la moto cerca de las doce, la noche comenzaba a enfrescar, iban en silencio enfundados cada uno en su cazadora. De regreso Natasha estaba tan cansada que comenzó a tener dificultad para mantener los ojos abiertos, Steve la ayudó a llegar a su habitación, le quitó con cuidado los zapatos y la acomodó en la cama, arropándola, después se dirigió a su cuarto, feliz por el día que había pasado junto a Natasha.

Se despertó la mañana siguiente ante la llamada de Fury para encontrarse con todo en el centro de entremaiento.