El equipo se encontraba golpeando cosas, saltando y disparando de un lado del gimnasio al otro. Fury les había encomendado dedicar la mañana a entrenar.

-¡Al diablo con esto! Ninguno necesita entrenar.- Grito Tony después de dos horas.

Todos pararon con sus actividades dirigiendo su mirada al magnate que recogía sus cosas echándoselas al hombro.

-Yo no sé ustedes.- Comenzó nuevamente.- Pero me iré a disfrutar el último día de misiones "ligeras", porque en cuanto regresen el capi y la viuda de su bailecito matrimonial no tendremos descanso.

Tony camino hacia la puerta seguido por Thor y Barton, después se les unicó Bruce envuelto en una bata cubriendo la ropa desgarrada que le dejó su transformación en Hulk, el lugar quedó vacío ante la incrédula mirada de Steve y Natasha que miraban en silencio la puerta por la que había salido sus compañeros.

-¿Los acompañamos?

Natasha se encogió de hombros y comenzó a caminar a la salida seguida por Steve. Estaban todos en la cocina con una taza de café en mano, Pepper masajeaba los hombros de Tony y sonreía amablemente a todos. Natasha se sirvió una taza y se sentó junto a Clint, Steve se les unió enseguida.

-Es bueno.-Comentó Bruce después de un rato en referencia al café.- Pero nunca será tan bueno como el tuyo Steve.

Steve le dedicó una sonrisa de agradecimiento s Banner mientras tomaba otro sorbo de su café.

-Propongo algo.- Comentó Tony dejando su tasa sobre la mesa.- ¿Por qué no vamos todos a almorzar? Después de todo ustedes dos se van que ¿Hoy en la noche?

Steve y Natasha asintieron a la par. Todos se fueron a sus cuartos, solo quedaron Steve que terminaba de lavar su tasa y Thor que comía unos hotcakes.

-La quieres ¿Verdad Capitán?

Steve se giró confundido ante lo dicho por el dios, dejó con cuidado la tasa sobre el fregadero y se secó las manos sentándose al lado del rubio dios del trueno.

-¿A qué te refieres?

-La señorita Romanoff

El soldado guardó silencio, no sabía cómo o qué responderle, es que ¿estaba siendo muy obvio acaso? Una sonrisa amarga apareció en su cara, agachó la mirada fijándose en sus manos cruzadas sobre la mesa.

-Stark no me creía, pero yo me di cuenta por la forma en que la miras, igual que Stark mira a la señorita Pepper, cuando la mencionan se iluminan tus ojos como los de Barton cuando habla de su esposa, y sé que dejarías todo por ella, Natasha te quiere Steve, deberían hablarlo.

Thor se puso de pie y depositó su plato en el lavavajillas, salió del lugar dejando a un pensativo Steve. Después de unos minutos se dirigió a su habitación, empacó todo lo necesario para la misión. Horas después el Dr Banner tocaba a su puerta.

-Ya estamos todos listos Capitán.

Steve asintió y ambos caminaron en silencio por el pasillo, un silencio agradable que Steve disfrutaba, era justo lo que necesitaba, un compañero que no comentara nada respecto a su vida amorosa, era lo que admiraba de Bruce.

El restaurant al que fueron llevados no reflejaba para nada la personalidad de Tony, era tranquilo, pequeño y escondido, se sorprendieron todos al saber que él lo había elegido. No estuvieron mucho tiempo, Fury quería que regresasen temprano para que Steve y Natasha partieran a tiempo y llegaran temprano a Venecia y comenzaran las actividades de su misión.

-¿Decidieron algo respecto a su historia? –Preguntó Tony a mitad de la comida.

-S.H.I.E.L.D básicamente nos la armó toda, casados hace dos años, sin hijos, inversionistas, no es la gran cosa dado que solo será la comida con las esposas y el baile por la noche.-Respondió Natasha limpiándose la comisura de los labios.

-¿Cambiaran de nombres?

-Pensamos en eso, aunque realmente no los decidimos.

-Usen sus nombres, solo cambien el apellido, les sugiero Rushman.

Natasha fulminó a Tony con la mirada, Rushman fue el apellido que usó cuando S.H.I.E.L.D la envió de encubierta como su nueva asistente unos años atrás, vió como Pepper contenía una risita, si, ella también lo recordaba, giró los ojos, aunque se quedó considerando el apellido. Al final de la comida, cuando habían ya ordenado los postres, Tony se pusó de pie con su copa en la mano.

-Queridos compañeros y amada esposa.- Dijo después de aclararse dramáticamente la garganta.- Quisiera proponer un brindis por Steven y Natasha Rushman, que tengan éxito en su misión.

Todos alzaron las copas al término del brindis, después del postre se marcharon del lugar. Llegaron justo a recibir indicaciones de Maria Hill de dirigirse al helipuerto, después de notificarle su decisión sobre los nombres y recibir una mirada asesina por parte de la agente se puso a un equipo especializado que se encargaría de realizar los cambios en las reservaciones del hotel para que estuviera todo listo a su llegado y sin problemas.

El equipaje de Steve y Natasha ya estaba en el jet, se despidieron del resto de los vengadores.

-¡Disfruten Venecia! –Se alcanzó escuchar a Barton gritar antes de que las puertas se cerraran y el jet comenzara a tomar altura.

Siete horas después el jet avisaba sobre su llegada. El Hotel Cassiano parecía un palacio del siglo XIV, era todo tan lujoso, el piso de marfil y las paredes laminadas de oro te quitaban el aliento en cuanto entrabas. Tomados de la mano, metidos ya en su papel caminaron hacía la recepción.

-Buonanotte.- Habló Natasha con su mejor acento italiano.- Stanza di Steven e Natasha Rushman per favore.

L a recepcionista asintió y tecleó unas claves en el ordenador, introdujo los códigos necesarios en una tarjeta y se la entregó a Natasha junto con un repuesto.

-626, síganme por favor.-Pidió la recepcionista en inglés con un fuerte acento italiano marcado.

Steve y Natasha la siguieron mientras un botones acomodaba sus maletas en un carrito y se les unía al ascensor. Llegando al piso seis siguieron a la mujer hasta la puerta de su habitación, la suite matrimonial 626. La pareja agradeció las atenciones dejando una pequeña propina a sus acompañantes.

La habitación era hermosa, con un dejo de antigüedad y elegancia propia del hotel. Tenía una hermosa vista a los canales, Steve dejó sus maletas junto a la cama, la única cama en la habitación no dejaba de repetirse internamente, al menos tenía el sofá que podría utilizar para dormir y evitar incomodar a Natasha con su presencia.

-Iré a tomar un baño, estoy algo cansada por el viaje, después podremos recorres la ciudad y buscar algo que cenar.

Dijo la espía que hasta hacía unos segundos admiraba la majestuosidad de la habitación. Steve asintió viendo como la espía se acercaba a su maleta sacaba la ropa que utilizaría y su neceser de aseo. El soldado se recostó en la cama esperando a que Natasha estuviera lista, al poco rato el cansancio lo venció y se quedó dormido. Se despertó al sentir unos golpecitos en el hombro.

-Podemos ordenar a la habitación si estas muy cansado.- Le dijo Natasha cuyo rostro estaba a pocos centímetros del suyo.

-No, estoy bien, solo me daré un baño rápido para despertarme.

La espía esperó, quince minutos después Steve estaba listo, le ofreció su brazo y salieron juntos a recorrer las calles venecianas. Eligieron después de muchas vueltas un restaurant con vista al canal, cenaron a la luz de la luna.

-¿Hacemos algo más?

Preguntó Natasha pegándose más al cuerpo de Steve mientras continuaban su recorrido por las callejuelas admirando los edificios.

-Lo que tú elijas, yo te sigo.

Natasha sonrió ampliamente y jaló a Steve, corrieron de la mano, el siguiéndola, ella feliz. Llegaron hasta la rivera del rio, donde una hilera de góndolas adornaba la orilla con sus faroles.

-¿Damos un paseo?

El rubio le sonrió, ofreciéndole su mano para ayudarla a subir a la góndola que más le gusto. Fue un paseo tranquilo, el par se relajó dejándose llevar por el movimiento y sonido del agua, ni siquiera el canto desafinado del gondolero les molestaba; en algún momento del recorrido Natasha recargó su cabeza en el hombro de Steve, se quedaron así hasta que terminó.

Enseguida se devolvieron al hotel. Natasha entró rápidamente al baño preparándose para dormir, Steve simplemente se quitó los pantalones remplazándolos por lo de pijamas y una camisa que marcaba perfectamente los músculos de sus brazos y pecho. Tomó una almohada de la cama y buscó cobertores en el closet acomodándose en el sillón.

-¿Qué haces?- Preguntó la espía recargada en el marco de la puerta mientras se cepillaba el cabello.

-Acomodarme para dormir, no quería incomodarte así que te dejo la cama.

La espía rodó los ojos caminando hacía el soldado, de un jalón le quitó la almohada y el cobertor colocándolos en la cama.

-Estamos casados ¿recuerdas?

Steve no dijo más, se acomodó de un lado de la cama dejando encendidas solamente las luces de los burós, esperando a Natasha que terminaba su ritual de belleza. Cada quién durmió de su lado, dándose las espaldas, deseando poder estar más cerca el uno del otro.

Por la mañana decidieron desayunar en el restaurant del hotel. Terminado de comer Natasha se dedicó a prepararse para la comida con las esposas, esperaba encontrar a la Sra. Gardner, averiguar un poco más sobre los negocios de su esposo últimamente. Steve se quedó en el cuarto del hotel, realizando bosquejos de todo lo que veía para matar el tiempo.

Cerca de las seis de la tarde Natasha regresó, estaba confirmada la asistencia de la esposa al evento, por lo visto se veía bastante agotada, al parecer los últimos meses las actividades de su esposo involucraban a toda la familia, describió estas actividades como negocios muy importantes que podrían cambiar el mundo, citando las apalabras del Sr. Gardner. Si podían esa noche obtendrían el nombre del lugar donde todas esas actividades se estaban realizando.

Nueve en punto, tres horas después de su llegada, tres horas después de estar encerrada en el baño Natasha salió, portaba un vestido rosa claro, con escote en la espalda y peinado a los 50's con ondas de lado. Steve la miró de pies a cabeza, estaba sin habla deslumbrado por su belleza.

-Valió la pena el tiempo, te ves preciosa.

-Tú no te ves nada mal.- Respondió la espía contemplando al soldado enfundado en un smoking negro.

Abandonaron el lugar para dirigirse a la cena. Una limosina los esperaba ya a las puertas del hotel, llevándolos a una mansión, del otro lado de la ciudad. El lugar estaba adornado como para un baile renacentista. La pareja se presentó con varias personas, hablaban siempre buscando llegar a la familia Gardner. Después de la cena, las notas de lentas melodías comenzaron a sonar, Natasha se colgó del hombro de Steve como niña pequeña pidiendo pasara bailar.

-Sabes que no se me da muy bien el baile Nat.

-Ouh, vamos amor, uno y ya.

Le contestó la pelirroja haciendo pucheros ante la atenta mirada de las mujeres de su mesa, que desde su llegada devoraban a Steve con la mirada, a pesar de haber presumido a su fingido marido durante la comida, pareciese que sus descripciones se habían quedado cortas.

-Está bien.

Steve le tendió la mano poniéndose de pie y guiando a Natasha a la pista de baile. Después de la tercera canción sintió como alguien tocaba su hombro. Un señor cerca de los cincuenta años solicitaba bailar con Natasha, Steve se hizo a un lado asintiendo y entregando la mano de su falsa esposa.

-No te preocupes, la cuidare, Albert Gardner por cierto, mucho gusto.- Dijo tendiéndole la mano al rubio.

-Steven Rushman.-Steve la apretó con fuerza.

Se alejó sentándose donde había estado minutos antes, sin quitar la mirada del hombre que bailaba con Natasha. Acabada la cena volvieron al hotel, muy agotados.

-¿Lograste sacarle algo de información?- Preguntó Steve sentado en la orilla de la cama mientras se deshacía la corbata.

-Me dijo que tenía un proyecto muy importante en Rusia, una revolución al mundo, que trabajaba con tecnología muy innovadora nunca antes vista, obviamente la brindada por los chitauri; supongo que trataba de impresionarme.- Contestó Natasha quitándose la joyería.

-¿Qué te más te decía?

-Tontería de hombres viejos, ya sabes lo mismo de siempre, los preciosa que me vía, lo afortunado de mi marido, supuestos halagos. ¿Por qué? ¿Estás celoso acaso?

Steve hizo una mueca mostrando su disgusto, Natasha soltó una carcajada divertida de la cara del soldado, en un segundo sintió como jalaban su brazo, termino con la cara en el pecho de Steve, alzó la mirada solo para encontrarse con los ojos del rubio mirándola fijamente, Natasha se perdió en el zaul profundo, como lo había hecho muchas veces ya con anterioridad, por unos instantes pudo ver en sus ojos los recuerdos de seis años atrás, las risas en el departamento, los besos, bastó solo unos segundos para que sus labios se juntaran y unos más para que sus manos comenzaran el recorrido por la ropa del otro, en cuestión de minutos el smoking y el vestido habían desaparecido, dejándolos a los dos en ropa interior, sentados en la cama.

Se vieron a los ojos, eso basto para seguir en lo que estaban, Steve se deshizo del bra con manos hábiles, fue pasando sus manos desde sus hombros hasta sus muslos dándose cuenta que sus caderas estaban un poco más anchas de cómo recordaba pero prefirió no darle importancia, él quería disfrutar del momento. Natasha solo pensaba en cuanto lo amaba y cuento había ansiado este momento, se quitó las bragas y le quitó a él sus bóxers. Le acaricio sus musculosos brazos y paso delicadamente sus dedos por todo su marcado abdomen. Se vieron a los ojos y el poco a poco fue entrando en ella, primero empezaron moviéndose lentamente el vaivén era agradable, querían acoplar bien el uno al otro, fue subiendo poco a poco la intensidad y la velocidad de sus movimientos el pasaba sus manos de sus hombros hasta sus muslos deteniéndose en sus senos notando que también habían crecido, pero que se seguían acoplando perfectamente en sus manos, después de varias estocadas y gemidos por parte de los dos. Steve estaba dudoso sobre lo siguiente, nunca lo había hecho y temía ofender a Natasha con sus acciones, buscó en sus ojos la respuesta a su duda, con la pasión a flor de piel la pelirroja se acomodó dejándole espacio al rubio para que besase su abdomen y un poco más allá, Steve jugó un poco hasta que los gritos hicieron acto de presencia, la espía jaló de su cabello atrayéndolo nuevamente a sus labios para poder besarlo. Siguieron así hasta que les gano el cansancio y se quedaron abrazados. Steve acariciaba su cabello, susurrándole cuanto la amaba hasta que Natasha se quedó dormida.

Por la mañana ambos se despertaron muy temprano, Natasha se fue a dar un baño mientras Steve recogía todo. Estaba sumergido en sus felices pensamientos cuando un vibrar los sacó de ellos, era el celular de Natasha. Se acercó para ver de qué se trataba, viendo en la pantalla que tenía un nuevo mensaje en su bandeja del correo electrónico, pudo haberlo dejado ahí, pero le ganó la curiosidad.

De: Kimberly

Para: Natasha

Asuanto: ¿Cuándo regresas querida?

Nat, sabes que te adoro amiga, pero me urge saber cuándo regresas, me resultaría más rápido si tuvieras el celular encendido o contestaras a los mensajes. Tu hijos son unos angelitos y sabes que los amo, pero no se me da mucho eso de ser responsable de niños, de hecho creo que soy mal ejemplo.

Te extrañamos los tres.

Kim x.