Disclaimer: Los personajes de VK pertenecen a Matsuri Hino. Los OC's y la trama pertenecen a Lu Kyoraku, es decir, a mí.
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QUEEN VAMPIRE
Capítulo 2: Dentro del círculo oscuro
Un nuevo día daba inicio en la emblemática Academia Cross. Los estudiantes se apresuraban a entrar en sus diversas aulas. Avril y Nina caminaban al lado de Cat, quien estaba un tanto somnolienta y bostezaba a cada rato. El salón tenía los lugares seguidos, como en una universidad. Las señoritas nuevas se sentaron en la mitad, donde Cat les indicó.
―Espero que los maestros no sean muy exigentes –se preocupó Avril abriendo su cuaderno.
―Tranquila, casi todos son muy buenos –dijo Cat –, excepto por el maestro de Ética. En serio, lo van a odiar. El tipo trae algo contra mí, siempre me regaña en clase, ¡y yo ni siquiera hago nada! Por cierto –La pelinegra se volteó hacia atrás buscando a alguien entre los alumnos –, estúpido Zero, ¿por qué no ha llegado? –declaró malhumorada –Tiene mi cuaderno de la primera clase, si no llega a tiempo para entregármelo y me regañan por su culpa… ¡lo voy a matar!
―Cálmate, Cat, no digas esas cosas tan a la ligera –le recomendó Avril. Estaba diciendo eso cuando una chica de cabello cortito y de color miel se sentó a un lado de la azabache.
―Uh, hola, Yori-san –saludó Cat sonriente –Chicas, ella es Wakaba Sayori, es una de las mejores personas que tiene este lugar.
―Mucho gusto –dijeron las hermanas al mismo tiempo.
―Hola –dijo Yori sin muchos ánimos y empezó a sacar sus útiles sin ver a nadie. Las hermanas Arklay se quedaron un poco confundidas por esa actitud tan deprimente.
―Ella es así –les susurró Cat –Ah, oye, Yori-san, ¿tienes los apuntes de ciencias?
La prefecta Catherine Ouróboros, mejor conocida por simplemente Cat, empezó a pasar los apuntes como un rayo, además de otras tareas.
―Uhm, oye, Catherine –le habló Nina –. ¿Qué se necesita para ser prefecto?
―No tiene caso que lo sepas –respondió sin dejar de escribir como endemoniada.
―¿Por qué?
―Porque jamás llegarás a ser prefecta –contestó con obviedad.
Nina frunció el ceño, enojada.
―¡Qué grosera! –gritó.
―¿Tan temprano y ya estás haciendo enojar al mundo, Cathy? –se escuchó una voz masculina detrás de las cuatro chicas.
―¡Zero! –exclamó Nina, sonrojándose al ver que estaba sentado a sus espaldas, tenía la barbilla recargada contra la mano y el codo contra la mesa, admirándolas aburrido.
―¡No me digas así! ¡No me gusta que me llamen "Cathy"! –reclamó la prefecta sin voltearlo a ver –Y regrésame mi cuaderno.
―Ya lo quemé.
Cat volteó el rostro y le dirigió una mirada de pocos amigos. Después volvió a su posición para seguir copiando la tarea faltante. Cuando terminó de escribir le regresó el cuaderno a Yori amablemente y puso sus brazos y la cabeza contra la mesa, disponiéndose a dormir tranquilamente.
―Buenos días –saludó una voz ronca y gélida. Los alumnos se sentaron bien en sus asientos y hasta cuadraron los hombros.
Un hombre con aspecto de vaquero y ojos color lapislázuli había entrado al salón sujetando un libro bastante grueso, fue bajando por los escalones lentamente hasta que se detuvo a la mitad. Giró su cabeza y encontró a una chica profundamente dormida. El maestro frunció el ceño y se acercó.
―Cat, despierta, es Yagari-sensei –le susurraba Zero con discreción pero era imposible, la prefecta estaba en coma en pleno salón.
Yagari Toga dejó caer ruidosamente el libro que llevaba en la mano cerca de la alumna despreocupada y ésta lanzó un grito de susto. Levantó la vista y se encontró con su desgracia de Ética.
―¡Cien planas de "No debo dormir en el salón de clases"! –le espetó tan fuerte que sintió que se quedaba sorda –Bien, vamos a comenzar la clase ahora que la señorita Ouróboros se dignó a despertar –tomó su libro de vuelta y siguió su camino.
―Maldito, ¿por qué no me despertaste? –le reclamó al peliplateado detrás de ella.
―Te advertí, pero tú no duermes, tú te mueres.
―Mentiroso, y yo bien que te paso los apuntes…
―¡Ouróboros! ¡Cien planas de "No debo interrumpir la clase"! –le gritó Yagari.
Cat puso los ojos en blanco, sintiéndose desgraciada.
―¿Ven? Les dije que éste tipo la trae contra mí –se quejó mientras abría su libro de Ética.
.o.
La hora del almuerzo había llegado por fin. Bajo la sombra de un frondoso árbol Avril, Nina y Cat se encontraban degustando sus respectivos bentos. Zero también estaba con ellas, aunque un poco retirado. Estaba acostado sobre el césped y tenía los brazos detrás de la cabeza. Nina, sonrojada, lo veía de reojo. Le parecía físicamente muy guapo y encontraba su personalidad sería bastante misteriosa. A simple vista él parecía triste, o desanimado, como si el mañana fuera desalentador para él.
―…Sí, voy a ver ese manga –se rió Avril. Cat y ella eran otakus en potencia, así que nunca se aburrían a la hora de platicar –Suena muy bien. Oye, ¿ya terminaste de ver Holic?
―Lo siento, aún no, me traumé con otro manga, deberías verlo. ¡Es tan lindo! Se llama Dengeki Daisy, te lo voy a pasar por chat –prometía Cat.
Zero volteó ligeramente hacia las chicas y atrapó a Nina mirándolo fijamente. La chica de pequeña estatura dio casi un brinquito de sorpresa y luego se volteó hacia su hermana, sonrojándose profusamente. Un par de ojos negros observaron aquél movimiento… Cat se hizo la desentendida, como si no hubiera visto eso.
.o.
La noche por fin había llegado, y con ella la tan esperada hora de ir a la cama. Las Arklay habían pasado toda la tarde en la biblioteca, poniendoe al corriente con las materias, haciendo resúmenes, trabajos y realizando presentaciones dinámicas en un software para exponer mañana. Ahora ya era tarde, cerca de las dos de la mañana. Avril se había desvelado viendo un anime y Nina había estado leyendo. Como al día siguiente se iban a levantar temprano decidieron dejar sus actividades para otro día. Se dieron una ducha rápida y luego se fueron a la cama para dormir.
Con el paso del tiempo Nina se desesperó dando vueltas en su nueva cama. No podía conciliar el sueño por más que quería. Se levantó a la mitad para ver a su hermana mayor y la descubrió durmiendo plácidamente. La pequeña rechistó enojada y se levantó para tomar un libro del escritorio que estaba a un lado de la ventana. Cuando llegó ahí sus ojos rodaron un poco y observó por la ventana. Frunció el ceño, confundida, y se acercó más al notar dos siluetas caminando. Nina los vio desde su dormitorio, el cual se encontraba en el segundo piso.
Eran ellos nuevamente, caminando entre la noche como el día anterior. Nina los reconoció rápidamente entre la penumbra. Zero y la amiga de su hermana; Cat, eran quienes transitaban por la academia a altas horas de la noche. Observó el cielo oscuro y luego volteó a ver el reloj. Eran las tres de la madrugada. ¿Qué podrían estar haciendo ellos despiertos a esa hora otra vez? ¿Cuál era el verdadero rol de los prefectos en esa escuela?
Instintivamente se colocó las pantuflas y, comprobando que su hermana dormía, abrió la puerta lentamente para no ser escuchada. Caminó sigilosa por entre los pasillos. Cuando salió afuera, un viento fresco le recorrió el cuerpo, Nina volteó hacia abajo y vio que solo llevaba una bata blanca. Quiso regresar por un suéter pero después no le daría tiempo de encontrar a los prefectos. Se apresuró a caminar. La Academia estaba sola y lucía lúgubre a esa hora.
A lo lejos observó algo que la conmocionó. Algo salió de la mano de Cat, como si hubiera vomitado algo. Nina se talló los ojos y gracias a la luz de la luna pudo comprobar que se trataba de algo afilado y brillante… una espada. Zero al verla, corrió desesperadamente.
―¡Zero! –gritó preocupada. ¡Cat iba a matarlo!
―¡Nina!
.o.
Escuchó el rechinido de la puerta. Abril abrió grandes los ojos, asustada. Por un momento sintió miedo pero al ver la cama abandonada de su hermana, un profundo enojo sobrevino en su interior. La misma Cat les había dicho que no salieran de noche por nada del mundo, ¿y qué era lo primero que hacía su pequeña hermanita Nina? ¡Salía de noche, por supuesto!
―¡Nina, vuelve acá! –gritó enojada, calzándose unas zapatillas.
Abrió la puerta para seguirla pero ya su hermana había desaparecido. Bajó las escaleras trotando para darle alcance. Llegó afuera y de repente no se sintió tan segura de seguir su camino, pero Nina estaba lejos y tenía que encontrarla y meterla a la cama… ¡de por vida!
Finalmente había llegado a donde se encontraba su hermana menor.
―¡Zero!
―¡Nina! –gritaron al unísono. Nina se sobresaltó demasiado al ver a Avril llegando hasta ella – ¡¿Pero qué diablos estás haciendo afuera, Nina?!
―¡Rápido, Avril! ¡Cat matará Zero! ¡Tenemos que hacer algo!
―¿Qué te pasa? –frunció el ceño – ¡Estás hablando de Cat, mi amiga!
―¡Te lo puedo jurar, Avril! ¡Una espada salió de su mano! ¡De su mano! –gritaba histérica –. ¡Vamos, hermana! –y comenzó a correr en la dirección en que los prefectos desaparecieron.
―¡Nina, vuelve aquí! –intentó detenerla del brazo pero la pequeña castaña fue más rápida.
Las dos hermanas se adentraron por unos arbustos verdes que daban hacia un patio bonito y nocturno, con un hermoso jardín de flores blancas y una fuente de agua en medio. Se quedaron petrificadas.
Los ojos. Viendo. Ríos de sangre.
Había una chica de cabello ondulado color miel en el suelo, acostada, vestía con el uniforme negro de la Academia Cross, identificándola de inmediato como miembro de la clase diurna, además tenía la mirada fija en algún punto de cielo, tan fija y vacía como si estuviera muerta, de su cuello caían líneas delgadas de sangre. Su cabeza descansaba sobre las piernas flexionadas de otra señorita, ésta era de largo cabello castaño oscuro y portaba el uniforme blanco que la identificaba como miembro de la clase nocturna. Su boca estaba mordiendo con fuerza el cuello de su compañera.
―¿Qué…? –soltó Nina, anonadada. Sus manos temblaban furiosamente y de repente se vino abajo, cayendo de rodillas. Avril aún seguía en pie aunque estaba hecha piedra.
La castaña levantó la mirada, sus ojos eran de un rojo profundo como la sangre, observó a las hermanas y abrió los ojos como platos. Abrió la boca, dejando ver sus pronunciados colmillos manchados de sangre.
―¡Avril! –gritó Nina –. ¡¿Qué… es eso?! ¡Avril!
―Sa… Sayori-san –tartamudeó Avril sin poder creerlo.
Unos pasos fuertes se escucharon en medio del silencio. Avril giró su vista hacia la izquierda y se encontró con un hombre joven que portaba el uniforme blanco, pero él no la miraba a ella sino a la chica con sangre en la boca.
―¿Yuki? –musitó conmocionado – ¿Qué has hecho? –Era ella, su Yuki estaba en aquella escena de sangre. Concentró su oído, pero no pudo escuchar los latidos de Wakaba Sayori; la amiga de su novia.
―¡Kaname-sama! –gritó Ruka, llegando. Tras ella también venían otros uniformados de blanco, pertenecientes a la clase nocturna.
Akatsuki y Hanabusa se adelantaron rápidamente para detener a Yuki por los brazos. Ésta opuso resistencia y Shiki tuvo que sumarse en la ayuda.
―Kaname-sama, ellas… han visto todo –musitó Ruka.
Las dos humanas sintieron un aura amenazante cerniéndose sobre ellas. Todos allí parecían ser alumnos de la clase nocturna y las contemplaban fijamente con cierto descontento.
―¿Qué desea que hagamos, Kaname-sama? –se adelantó Rima, tronándose los huesos de la mano y del cuello.
―Debemos proteger el secreto de la clase nocturna –musitó Ichijou con algo de desaliento. A él no le gustaban ese tipo de disputas.
Avril y Nina sintieron que sus corazones latían tan rápido como si hubieran corrido por kilómetros. Estaban perdidas. ¡Había allí un asesinato! ¡Y los de la clase de noche no estaban tan sorprendidos! Al contrario, las miraban a ellas como si fueran algo de lo qué deshacerse.
De pronto escucharon unas pisadas detrás de ellas. Alguien caminaba lentamente a sus espaldas, pero ninguna de las hermanas podían voltear para ver de quién se trataba, pues estaban totalmente petrificadas.
―¿Hay fiesta? ¿Por qué no me dijeron para traer algo? Qué malos son –lamentó la voz de una chica. Avril observó que se trataba de alguien con el uniforme negro perteneciente a la clase diurna. La joven pasó por un lado de ella sin detenerse, tenía el cabello negro recogido en un moño y el flequillo de lado. Era Catherine Ouróboros.
―¡Yuki! ¡Yori! –exclamó un joven peliplateado llegando detrás de Cat.
―No solemos invitar a los de menor clase –contestó Ruka con los brazos cruzados y la mirada altiva.
―Auch, eso me dolió –se quejó Cat con sumo sarcasmo –Ya hablando en serio, ¿qué están haciendo aquí? –observó el cadáver de Yori a lo lejos –Ella no parece estar bien. Ara… Yuki-chan mostró su verdadera naturaleza.
―Cuida tus palabras, Ouróboros –siseó Kaname, mirándola con los ojos entrecerrados.
―Cuida a tus vampiros, Kuran –contraatacó.
―Lo mejor será borrar la memoria de éstas chicas –indicó Ichijou un tanto nervioso –Vamos, Kaname, agilicemos esto.
Kaname se les quedó viendo fríamente a los prefectos y luego de unos segundos éstos le abrieron el paso al castaño. El Kuran se acercó casi a un metro de las chicas humanas, quienes lo veían con miedo.
―Tranquilas, después de que haga esto no volverán a recordar ésta fatídica noche –Se concentró en quitarles esas memorias de la cabeza, los demás se mantuvieron un poco tensos, Kaname estaba tardando demasiado y las chicas no parecían entrar en trance hasta que de repente Kaname se mostró sorprendido –No puedo entrar en sus mentes.
―¿Qué? ¿De qué habla, Kaname-sama? –inquirió Ruka.
―¿No puedes borrar sus recuerdos? –preguntó Zero con curiosidad y vio a sus compañeras de clase con confusión.
―¿Las matamos? –preguntó Seiren fríamente y dio un paso al frente, junto a Rima y Ruka.
―¡Ni lo piensen, malditas criaturas de la noche! –ladró Cat, extendiendo la palma de su mano, una masa purpura salió disparada llegando a medir casi un metro, estando fuera se solidificó filosamente. Era una espada gruesa y delgada.
―¡Un paso atrás todos ustedes! –vociferó Zero con el ceño fruncido, actuando rápidamente para sacar a Bloddy Rose y con ella apuntar justo en la frente de Kuran Kaname.
Éste capítulo no es el original. Lo tuve que reescribir porque lo perdí accidentalmente, pero es fiel a la trama, lo prometo. Gracias por los reviews, LuKuran, mathy aritha y bluekeila, zolitharia y Yui Sparda.
¡Sayo!
Jueves 30 de Junio, 2016.
