Perdonen estaba ocupada con la escuela y otras cosas.

-¿Y bien?

Dijo la espía rompiendo el silencio después de varios minutos de nerviosas miradas, Steve se aclaró la garganta y se acercó un paso más a la pelirroja que se había recargado en la pared aún con los brazos cruzados.

-Quiero hablar contigo sobre tus hijos.

Natasha sintió su corazón detenerse y acelerarse de golpe, podía escuchar sus latidos, solo esperaba que Steve no lo hiciera, tragó en seco y se enderezó un poco tratando de disimular sus nervios.

-¿Qué pasa con ellos?

-¿Cuántos años tienen?

-Hace poco cumplieron cinco, ¿Por qué preguntas?

-Curiosidad, ¿Dónde está su padre?

El aire de sus pulmones desapareció en ese instante, aún no había decidido si decirle le verdad o no y el ya estaba adelantando los hechos.

-El…

-¿¡Mami!?

La pelirroja fijó su mirada en la puerta, esperando volver a escuchar el llamado de sus hijos.

-No creo que sea momento para hablar de eso.- contestó volviéndose a Steve.- ¿Hablamos después? Tengo que acostar a los niños.

-En otro momento será.- Contestó Steve con un dejo de decepción.

Natasha se despidió con la cabeza. Steve se quedó solo unos minutos en el pasillo mirando fijamente la puerta por la que la pelirroja había desaparecido entrando a un mundo diferente, uno que solo podía existir en sus sueños en el que Natasha era madre, pero en la realidad como él la conocía, no era la madre de sus hijos.

Cinco treinta se levantó la espía con cuidado de no despertar a sus hijos, camino cuidando no hacer mucho ruido hasta el piso de la cocina, dio un salto de sorpresa cuando después de encender las luces se encontró con Steve sentado con una taza de café en las manos, por un minuto había olvidado que ahora compartía casa con él.

-Buenos días.

-Buenos días.

Después de responder al saludo se dedicó a preparar el desayuno y el lunch de los niños en silencio, sintiendo la mirada de Steve a donde quiera que se moviese. Dejó todo listo para volver 15 minutos después con los pequeños que abrían los ojos con pesadez.

-Buenos días niños.- Saludó Steve en cuanto los hermanos se sentaron a la mesa justo enfrente de él.

-Buenos días Steve.- respondieron con la voz aún dormida.

Natasha observó el desayuno nerviosa, cambiando la mirada de sus hijos al soldado, sintió el alivio llenar su cuerpo cuando por fin se despidieron y salieron de la cocina, aún más cuando abandonaron la torre camino a la escuela.

El rubio se quedó más tiempo sentado en la cocina viendo fijamente su tasa vacía, salió de su transe cuando escuchó la puerta del refrigerador abrirse.

-Pensé que dormías con los ojos abiertos.- Saludó Tony.

-Solo pensaba, es extraño verte despierto tan temprano Tony, ¿Problemas para dormir?- Le contestó el soldado al magnate.

-No, me pasa lo mismo que a ti, pienso, desde la cena no he dejado de preguntarme sobre los hijos de Natasha, es decir, ¿no te parece extraño? Pensaba que era alérgica a cualquier muestra de afecto y ahora, ¡Es una madre cariñosa!, además me cuestiono el origen de esas criaturas, es decir ¿Quién podría ser el padre?

Steve dejó de escucharlo desde que mencionó la maternidad de Natasha, era una duda que llevaba atormentándolo desde que regresaron de Venecia, no hacía más que pensar en ellos.

-O, también podría ser alguien del equipo, aunque lo encuentro poco probable, de mi parte tengo la conciencia limpia.

-¿Qué fue lo último?

-Que el padre podría ser alguien del equipo, Thor, Barton o tú, son los únicos rubios, aunque lo encuentro imposible por muchas razones.

La palabra padre apareció en su mente, dibujada una y un millón de veces en diferentes tipografías y colores, flotando de un lado a otro. No es que no pensara en esa posibilidad, pero sonaba absurda solo con pensarlo, dicho era diferente, además, había hecho las cuentas después del intento de plática con Natasha, todo cuadraba, solo era algo que necesitaba confirmar, y de ese día no pasaba. Se disculpó y despidió de Tony. Estuvo toda la mañana encerrado en su piso, pensando que decirle a la pelirroja.

-Nat, por favor.

-No puedo Kim, en verdad, tengo que ir por los niños.- Contestó la pelirroja mientras se aseguraba que tenía todo dentro de su bolso.

-Nat, Nat, por favor, mira piénsalo así, si atiendes a estos clientes tendremos un gran ingreso, más dinero para las dos, cosas nuevas para los niños, personas felices con casa, ¡todos salimos ganando!

-¿Por qué no los atiendes tú?- Dijo mientras caminaba hacia la puerta.

La morena se interpuso en el camino y colocó una mano sobre el hombro de Natasha.

-Sabes que soy pésima para eso, además tengo unos papeles que entregar y hacer que firmen y blahblah, por favor atiéndelos, le puedes hablar a tu amigo ese que hace muchas preguntas para que los recoja, ¿sí?

- ¿A Clint?- Kimberly hizo los mejores ojos de cachorro que pudo, la pelirroja giró los ojos mientras sacaba su celular del bolso, mirando impaciente el piso esperando respuesta al otro lado de la línea.- ¿Jarvis? Habla Natasha, ¿Está Barton por ahí?, ¿Hay alguien en la torre?, necesito que le pidas de favor a quién este que pase por mis hijos, salen en media hora, gracias. Me la debes, marca para avisar que alguien más pasara por ellos.- Dijo la pelirroja al terminar las llamada, saliendo por la puerta camino a su auto y a la reunión con los clientes.

Cientos de posibles opciones sobre cómo sacar el tema de su posible paternidad con Natasha andaban por su mente cuando Jarvis lo interrumpió, y esas mismas se esfumaron cuando escucharon el favor que pedía la pelirroja, ¿No había acaso nadie más disponible en la torre? Aún no sabía que decirle a la espía y ahora tenía que recoger a sus posibles hijos del colegio, tendría que enfrentar incómodos momentos de un muy seguro silencio de vuelta a la torre, movió la cabeza tratando de alejar los pensamientos negativos, tomó su chaqueta y las llaves de su motocicleta, se maldijo camino al kínder al recordar que esta no era precisamente el transporte más seguro para niños, ya se las arreglaría en cuanto los tuviera de frente.

A pesar del tráfico el rubio llegó justo cuando sonaba el timbre de salida, estacionó la moto frente a la escuela y se bajo con cuidado. El kínder era pequeño en comparación al resto de la escuela, incluso su patio de juegos se veía más grande. Era la primera vez que iba a una escuela en plan de recoger niños, no estaba seguro de que hacer, caminó por los pasillos de la sección marcada por un enorme letrero como el jardín de niños asomándose por las pequeñas ventanas de las puertas, en busca de James y Natalie. Dio con ellos en el quinto salón, estaban sentados en un círculo con el resto de los niños, en espera que a que llegaran por ellos, tocó la puerta, una mujer de vestimenta alegre se acercó y le abrió con una sonrisa.

-¿Si?- Preguntó la mujer viéndolo de pies a cabeza.

-Ah hum, vengo por James y Natalie.

-Oh si, si, James, Natalie, es por ustedes corazones.- Anunció la maestra con voz chillona.

Los niños tomaron sus cosas y se despidieron de sus compañeros y la educadora, sonrieron al ver a Steve parado en la puerta, fue algo extraño para el rubio, no quería aceptarlo, no quería encariñarse a ellos de la manera equivocada, pero había algo que lo llamaba, algo había cambiado en él después de su conversación con Tony por la mañana, el soldado se ofreció a cargar sus pequeñas mochilas y salió de la institución siguiéndolos.